Este es un spin-off de The Digital World Chronicles. Piensen que estos últimos tres capítulos (es decir, éste y los próximos 2) se sitúan un año después de todos los acontecimientos ocurridos a lo largo de los 47 capítulos anteriores. Ya vienen más actualizaciones de "The Digital World Chronicles 2". Si no lo han leído, ¿qué están esperando?
48. El último vigilante (parte 1)
Hola, mi nombre es Daisuke Yanami, tengo 11 años y vivo en Ciudad del Valle. Hace casi dos años que me mudé aquí, y desde entonces estudio en la primaria de la ciudad... Bueno, estudiaba. En un mes entro inmediatamente a la secundaria de la ciudad. Ojalá, me toque estar con mis viejos amigos, ahora que por pura casualidad a todos nos tocó estar en el sexto grado.
-¿Qué es esto? –dije mientras hacía la limpieza de archivos en mi computadora.
Abrí dicha carpeta, y recordé absolutamente todo lo que era.
-No tiene caso que siga teniendo esto… Eso ya pasó… hace un año. –me dije a mí mismo, borrando esos archivos instantáneamente. No valía la pena seguir recordando tantas desgracias.
-No funciona... -dije guardando mi Digivice de color negro en el bolsillo, apagando la computadora en el instante.
-¡Daisuke! -gritó mi padre desde el otro lado de la puerta. -¡Apúrate que se te hace tarde!
-¡Ya voy papá! -grité.
Tomé una maleta y la arrastré con algo de dificultad desde mi cuarto hasta la planta baja. El auto estaba ahí, esperando a que me subiera en él. Al igual que mi madre y Ayano-chan.
-¿Qué rayos es lo que te pasa, Daisuke? -preguntó mi padre al ver mi semblante. -¡Has estado hablando de este viaje por tres meses seguidos, y ahora que es el día, te veo con esa cara!
-No, nada... -dije abriendo la puerta del auto y sentándome al instante sobre el asiento.
-Estos niños de hoy en día son difíciles de entender... -escuché como decía mi padre por lo bajo.
Mi padre se subió al asiento del conductor, encendió el motor del auto y comenzamos la marcha, amenizada por la única estación de la ciudad.
-¿Por qué no puedo ir al viaje, onii-chan? -preguntó Ayano-chan, quien iba al lado mío.
-Porque es un viaje de fin de estudios de tu hermano. -contestó mi madre. -Cuando salgas de la primaria, seguramente tendrás el tuyo.
-Ojalá hubieran hecho algo así en nuestros tiempos. -dijo mi padre. -Hubiesen sido buenos momentos para recordar con los amigos.
-Bueno, hemos tenido mejores aventuras que esas. -dije. -¿No es así, Ayano-chan?
-Tienes razón. -dijo. -Pero también me gusta viajar.
Y en menos de 20 minutos, llegamos a la terminal de autobuses de la ciudad.
-Profesor, ya llegó el que faltaba. -gritó uno de mis compañeros.
-Sasaki-san, no se burle de sus compañeros. -contestó el profesor. -Yanami-san, llegas tarde.
-Lo sé. -dije. -Me va a castigar, ¿cierto?
-No. -dijo el profesor. -Pero técnicamente ya eres un alumno de secundaria, al igual que tus compañeros. Allá no te van a tolerar un retraso como éste. ¿Entendieron todos?
-Sí, profesor. -contestamos todos.
-En fin, ahora que estamos todos, ¿trajeron sus permisos de viaje?
-Sí. -contestamos todos.
-Entonces, adelante, Ciudad Roja nos espera.
El conductor emprendió la marcha, no sin antes ver a nuestras familias despidiéndose de nosotros. Y no era para menos: iba a ser una excursión de 3 días a Ciudad Roja y a parte de sus atractivos históricos.
-De vuelta a Ciudad Roja… -dije mirando hacia la ventana.
-¡Cierto! –gritó un chico de nuestra clase que se encontraba atrás de nosotros. -¡Yanami-kun! Tú eres de Ciudad Roja, ¿cierto?
-Ehh… sí, podría decirse que sí. –dije un poco apenado.
-¿Podrías decirnos qué lugares hay para visitar allá? –preguntó una de las chicas que se encontraba sentada delante de mí.
-Bueno… -dije. –Está el templo del dragón y la princesa Hiromi, también tiene dos centros comerciales y una hermosa vista al río.
-¡Interesante! –contestó Rina, quien estaba al frente del grupo. –Este viaje va a ser espectacular.
-Sí, muy espectacular… -contesté echándome a mi asiento.
-¿Te pasa algo, Daisuke? –preguntó Akio, quien estaba sentado a un lado mío.
-No, nada… -le dije apresuradamente mientras tomaba mi Digivice entre mis manos. –Solo me preguntaba… ¿Cómo sería si hubiésemos invitado a Gotsumon y a los demás?
-¿No los invitaste? –preguntó Akio. –Pensé que los ibas a traer.
-Guarda silencio. –le dije en voz baja. –Iba a hacerlo, pero… hace un mes que no puedo entrar al Digital World.
-¿Cómo que no puedes entrar al Digital World? –gritó Akio algo sorprendido.
-¡Por favor, baja la voz! –le dije en voz baja, casi a punto de taparle la boca. –No quería alarmar a nadie, pero ya que preguntaste… Así es, no puedo entrar al Digital World, y no sé por qué.
-Pero… ¿y el pase de Vigilante que tienes?
-Eso es lo que no entiendo. –le dije. –Tengo el pase, pero no reacciona. Es como si hubieran cerrado todos los Digital Gates de Ciudad del Valle.
-Siempre es lo mismo. –dijo Hiroshi, quien estaba sentado frente a nosotros, volteando hacia atrás. –Nunca nos dices nada, y cuando te descubrimos, ya es demasiado tarde. ¿Acaso no podemos ayudar?
-En este caso lo dudo. –contesté. –Al fin y al cabo, yo soy el Vigilante.
Me recosté nuevamente en el asiento y miré el paisaje. Realmente no recordaba mucho el camino de Ciudad del Valle a Ciudad Roja.
-Y pensar que antes yo era el malo… –dije suspirando.
Cerré mis ojos y caí en un profundo sueño. No recuerdo nada de lo que pasó en ese instante, excepto que cuando desperté, ya estábamos dentro de la ciudad, únicamente esperando a llegar a nuestro primer destino, el mirador del parque.
-¡No puedo creerlo! –grité al ver el parque de la ciudad. -¿Tan pronto estamos por aquí?
-Te dormiste tres horas. –dijo Akio. –Y la mera verdad, no recordaba que roncaras.
-Despierten muchachos. –nos dijo el profesor quien se paseaba por el corredor. –Ya llegamos a Ciudad Roja. Favor de reunirse en grupos de cinco para la excursión.
-¿Puedo ser tu compañero de equipo, Daisuke? –preguntó Hiroshi.
-Pero solo si yo los acompaño. –dijo Akio tratando de interponerse, de una forma bastante literal, entre nosotros dos.
-Basta, basta… -dije un poco avergonzado. –Hiroshi, ¿puedes invitar a Rina y a Mizuki?
-Por supuesto, ahora regreso. –contestó Hiroshi levantándose de su asiento.
Sí, todo había cambiado desde aquel incidente… Mis amigos, mi familia, todo. Por eso no dudé en aceptar la propuesta del Digimon de mi padre de ser un Vigilante honorario. Bueno, en realidad dudaba en poder realizar mi trabajo correctamente, pero a lo largo de un año me convertí en capitán del continente Folder. Aunque no habría podido lograrlo sin ayuda de Gotsumon. Miré mi Digivice y pasé una por una todas las medallas ganadas. La de resistencia por haber vencido a toda una manada de Fugamon, la del valor por haber resistido casi 24 horas de guardia, la de patrullaje por haber recorrido todo Folder sin descanso… Realmente había tomado mi papel de Vigilante muy en serio. Sabía que Gargadomon estaba confiando demasiado en mí, y no podía defraudarlo.
-Bien, Abe-san, Inoue-san, Chiba-san, Sasaki-san y Yanami-san serán un solo equipo. –comenzó a hablar el profesor. –El siguiente equipo serán Sato-san, Watanabe-san, Goto-san, Kobayashi-san y…
-Entonces, ¿qué haremos? –preguntó Rina.
-Hay muchos lugares para visitar por aquí. –dije. -¿Qué les parece si empezamos por el mirador del parque?
Y así lo hicimos. Pasamos por los templos, los grandes rascacielos, y los parques de la ciudad. Inclusive logré visualizar mi vieja casa durante el recorrido. Una numerosa familia la ocupaba, los niños correteando por el patio, mientras la señora de la casa secaba las sábanas en el techo.
-¿Saben? –dije aprovechando el momento. –Aunque aquí fue donde nací, nunca me sentí más en casa como en Ciudad del Valle.
-Nunca había escuchado a alguien hablar así de la ciudad. –contestó Mizuki.
-Me hace recordar al Digital World… -contestó Rina tomando entre sus manos su Digivice.
Les quiero recordar que el Digivice eran nuestros teléfonos celulares, así que era más motivo para llevarlos todo el tiempo consigo.
-Esto... -dije un poco temeroso.
-Díselos. -me contestó Hiroshi poniéndome una mano sobre mi hombro. -Al fin y al cabo, no es culpa tuya.
-Creo que tienes razón. -contesté. -Rina, Mizuki... Quería darles la sorpresa de traer a nuestros Digimon para el viaje, pero no pude hacerlo. Es más, no puedo entrar desde el mes pasado y no entiendo el por qué.
-Tranquilo, Daisuke. -dijo Rina. -¿Por qué no nos dijiste antes?
-No quería incomodarlos y hacerles preocupar por cosas totalmente mías. -contesté.
Mizuki tomó aire y dijo:
-¡Ya sé qué podemos hacer! -gritó. -¡Busquemos alguna computadora con Internet en la ciudad para ver si podemos entrar! A lo mejor tu Digital Gate está bloqueado, pero podríamos intentar desde otro punto de acceso.
-¡Cierto! -contesté asombrado. -¿Por qué no lo pensé antes?
Nuestro viaje de paseo por la ciudad se convirtió en una búsqueda de ciber-cafés, uno por uno probamos todas las computadoras públicas de Ciudad Roja, pero fue una pérdida de tiempo. Nada, ni una computadora reaccionaba al pase de Vigilante que me habían otorgado para entrar al Digital World. Y mi Digivice solo marcaba la leyenda "No se puede conectar". Ahora, había otra cosa más, ninguno de nuestros Digimon aparecían como disponibles.
-¿¡Qué vamos a hacer!? –grité desesperado, llamando la atención de todos los clientes del último ciber-café que habíamos visitado, más de lo que llamaba la atención ver a 5 niños recorriendo una por una todas las computadoras del local.
-Cálmate Daisuke… -contestó Akio tratando de tranquilizarme. –Por lo que parece, no es algo que sea tu culpa, de lo contrario, ninguno de nosotros recordaríamos algo sobre el Digital World.
-En eso tienes razón… ¡Pero eso me preocupa más! ¿Por qué no podemos entrar?
-Eh… -contestó Hiroshi. –Creo que este lugar no es el ideal para preocuparse sobre el Digital World.
-¿Por qué lo…?
Al voltear, vimos a toda la gente un poco consternada, algo inquieta, y otras bastante molestas por no dejarlas trabajar a gusto. Todos ellos mirándonos a nosotros.
Aquella noche no pudimos dormir. El pequeño hotel donde nos hospedábamos era genial. Con vista al parque de la ciudad, era como tener la experiencia del bosque en la urbe. Pero pensar que nuestros Digimon se encontraban en problemas no nos dejaba disfrutar del viaje.
-¿No puedes dormir? –escuché que alguien me preguntaba.
-Rina-chan… -le dije sin siquiera voltear.
-Te estuve buscando por todos lados. Y supe que aquí estabas.
-Sí… -le dije algo desanimado. -¿El Digivice, cierto?
-Al menos eso es lo único que sigue funcionando en este mundo. –dijo sentándose a un lado mío.
-Eso parece. –contesté. -¿Sabes? Cuando estaba más pequeño, mis padres me traían a este lugar. Y… este lugar me recuerda a la zona donde caímos la primera vez, allí donde conocí a Gotsumon. ¡Me da rabia pensar que no sé siquiera cómo está!
-Quisiera ayudar, pero no sé ni cómo. Es decir, tú eres el único que puede entrar al Digital World sin problemas… pero…
-Creo que no ganaremos nada quedándonos dormidos… Pero, me siento impotente en estos momentos.
-Todos nos sentimos así. –contestó Rina. –Hiroshi me dijo que habló con su padre antes de dormir, y le contó lo que estaba pasando. Su padre está investigando lo que pasa, pero creo que no eres el único del problema.
-¿No lo soy?
-El padre de Hiroshi le dijo que todos los Digital Gate se descompusieron exactamente hace un mes.
-¿Se descompusieron? –pregunté.
-No exactamente, sino que ni siquiera prenden. Dicen que lo han estado intentando reparar, pero no han tenido éxito alguno, es como si se hubieran apagado para siempre.
-Esto es más grave de lo que suponía.
Comencé a atar los cabos sueltos. Era como si pareciese que alguien intentara evitar que viajáramos a ese mundo. ¿Pero por qué? Además, ya habría sido avisado a través del canal de los #Vigilantes.
-Creo que será mejor regresar al hotel. –seguí hablando. –Espero que mañana en la mañana se me ocurra otra manera de regresar al Digital World.
A la mañana siguiente, todos fuimos al vestíbulo del restaurante a desayunar.
-Gotsumon... -dije en voz baja mientras veía el puré de papa que me sirvieron.
-Deberíamos hacer algo para buscar la manera de regresar al Digital World… -escuché que Rina decía por lo bajo.
-¿Dijeron algo? –preguntó nuestro profesor. Al parecer Rina se había olvidado de que estábamos comiendo junto con el resto del grupo.
-No, nada. –intentó apresurarse Rina.
-¿Qué es eso? –preguntó uno de nuestros compañeros.
En ese momento, se empezó a escuchar el sonido del tren.
-¿Un tren? –preguntó el profesor. -¿En este lugar?
-Debe ser el televisor. –respondió Akio.
Pero el sonido del tren comenzó a hacerse más y más fuerte.
-Creo que está viniendo hacia nosotros. –dijo Hiroshi.
-¡No digas tonterías, Hiroshi! –le reprendí. –Un momento… ¡Reconozco ese sonido de tren!
En ese instante, el suelo comenzó a temblar, como si el tren fuese a pasar junto a nosotros. Escuchamos entonces el sonido de un silbato, el cual reconocí perfectamente.
-El Trailmon de los condenados… ¿Pero qué hace aquí?
Un estruendo provocó el tren cuando se estampó frente a una de las paredes del hotel, provocando que todos corriéramos asustados hacia un rincón del comedor.
-¿Qué es lo que está…? ¡Ah! –gritó la cocinera al ver el tren estampado en una de las paredes.
-Venimos a arrestar al ex-capitán Yanami Daisuke, por delitos contra la integridad del Digital World.
En ese instante sentí que todas las miradas se posaban sobre mí. Era feo, sobre todo porque no recordaba haber hecho algo malo últimamente. El profesor y el resto de mis compañeros estaban atónitos ante el tipo de voz que emanaba de dentro del Trailmon.
-Sí, ese soy yo. Quisiera saber de qué se me acusa específicamente. –contesté, dando unos pasos al frente, certeros, pero a la vez temerosos.
De pronto, un par de Demon, de túnica oscura, salieron del Trailmon impactado, colocándome unas esposas para evitar que intentara escapar, ante el asombro de todos mis compañeros.
-¡No sé quién seas! –gritó el profesor del viaje. -¡Pero no dejaré que unos monstruos se lleven a uno de mis alumnos!
-¡Profesor, no se meta en esto! –grité. -¡No ponga en riesgo a mis compañeros!
-¡Flame Inferno! –soltó uno de los Demon, encerrando a todos mis compañeros, al profesor y a mis amigos dentro de unas flamas que no eran normales.
-Daisuke... –dijo Rina asustada y algo molesta. -¡Dinos la verdad! ¿Qué fue lo que hiciste esta vez?
-¡Juro que no he hecho nada! –grité, intentando calmar a Rina. -¡No se preocupen! ¡Saldré de esta! ¡Solo busquen a Steve y a Ayano-chan!
-¡Adentro! –gritó uno de mis captores, al ver que estaba hablando sin parar.
En ese instante, el Trailmon partió, y pude ver cómo en el cielo se abría un Digital Gate, lo que parecía indicar que el Digital World estaba abierto, pero…
-¿Quiénes son ustedes? –pregunté. –Ustedes no son celadores.
-Es muy inteligente, ex-capitán Yanami Daisuke. –dijo uno de mis captores. –Digamos que usted es el último Vigilante que faltaba en ser eliminado.
-¿Eliminado? –bajé la mirada preocupado. -¿Eso significa…? ¿Una rebelión?
-Disfrute del viaje, Vigilante. –dijo uno de los Demon antes de dejarme en aquel vagón solo.
Con algo de astucia, pude tomar mi Digivice sin que me vieran, y realicé varias cosas a la vez. La primera, escribir una carta lo más pronto posible. Si entraba al Digital World, no sabía si podría comunicarme con mis amigos, dada la imposibilidad de ver a mi Digimon. La segunda, que ocurrió justo después de entrar al Digital World, tratar de averiguar si Gotsumon estaba vivo. Lo estaba. Pero… ¿a dónde me estaban llevando?
Continuará...
Tema de cierre: "Dream5 – Shekimeki!"
Faltan 2 capítulos para el fin de The Digital World Chronicles.
