LI. Los grises
"We've become desolate; it's not enough, it never is
But I will go on until the end…"
Until the End-Breaking Benjamin
Había pasado toda la noche despierto con la pizarra de vidrio que mandó a traer desde su antiguo despacho, llenándola de círculos y flechas, conjeturas y sospechas, conexiones y motivos. Desde Asahina hasta Hatori, incluyendo a Nowaki, Takano (aunque no lo soportara) Onodera y hasta los mismos Miyagi, Shinobu y Hiroki.
Con una cantidad incontable de tazas de café en el organismo Zen Kirishima había vuelto a sus días de fiscal del ministerio público luego de la jugada de Usami. Elaboraba teorías y las volvía a tachar, para luego escribir otras mucho más intrincadas y complejas; tanto, que podrían ser usadas en una novela de suspenso policial.
― Señor Kirishima, traje los papeles que me pidió… pero ¿No cree usted qué no debería estar haciendo esto?
El sensato Ishi trató de contagiarle su perspectiva del asunto a través de consejos, pero Kirishima no parecía escuchar. Hacedos días Usami había escapado, quien sabe con ayuda de quien, y se había encerrado en esa oficina a hacer lo que nadie más en su posición había hecho: Sacar conclusiones de un caso donde servía de árbitro, poniendo en riesgo su posición y su reputación. Sin mencionar su trabajo, porque lo que hacía era ilegal en primer lugar.
― Lo sé, Ishi, pero simplemente no puedo sentarme a firmar papeles mientras este… sujeto anda por ahí burlándose de mí.― respondió, borrando de nuevo la pizarra para pararse frente a ella y mirarla como un crítico a una obra de arte.
Ishi suspiró.
― Si el fiscal de distrito se enterase de esto-
― El fiscal de distrito ya lo sabe― interrumpió respondiéndole.
― ¿Cómo?
― Su hijo está encerrado por ayudar a Usami, ¿Recuerdas?― volvió a escribir― Si mantenemos esto lejos de los periódicos y le evitamos el escándalo, entonces ganamos algunos beneficios.
Ishi no respondió pero hizo un obvio gesto de preocupación ante su confirmada obsesión por Akihiko Usami. Tenía poco menos de dos años trabajando para él y nunca lo había visto tan empecinado en un caso. Como si, más que hacer justicia quisiera vengarse de él.
Estuvo a punto de decir algo más, cuando Takafumi abrió la puerta con una expresión de preocupación mucho más grave que la suya.
Quizás era demasiado suspicaz, pero la llegada de su guardaespaldas fue lo único que hizo que Kirishima desviara la mirada de la pizarra.
― ¿Puedes dejarnos solos un momento, Ishi?― inquirió con tranquilidad.
― Sí, claro― respondió antes de marchar hacia la puerta, dándole un par de palmadas al escolta; una forma muy sutil de decirle suerte con eso.
― Menos mal que viniste― dijo Zen―, así me ayudarías a decidir por dónde empezar.
― Por ir a tu casa, darte un baño, ver a tu hija y dejarle esto a Miyagi es por donde deberías comenzar― dijo con reproche.
― Si quisiera reclamos habría llamado a mi madre― respondió agrio; en otras circunstancias, Takafumi lo habría mandado al diablo y se habría marchado. Pero ahora estaba más preocupado que herido por sus comentarios.
― Hiyo comprende que tengas trabajo, pero está preocupada por ti aunque no lo diga― comenzó en voz un poco más conciliadora―… y yo también.
Zen dejó el marcador en el escritorio y se acercó a él.
― No puedo permitirme descansar mientras él está allá afuera, mientras tiene la ventaja de conocernos a todos y a cada una de nuestras vulnerabilidades.― bajó un poco la guardia― Por eso dejé a Hiyo en tus manos, pero si les pasara algo… no podría perdonármelo.
― ¿Qué te hace pensar qué-?
― Porque Fujikawa murió y él huyó estando yo aquí, ¡Lo hizo todo en mis narices!― exclamó frustrado― No he podido hacer nada para detenerlo y cada vez que siento que estoy cerca de hacerlo, demuestra que está un paso delante de mi… que él es quien controla el juego.
― Esto no es un juego, Zen.
― Para nosotros no, pero para él, y quien sea que también esté tras él, sí lo es.
Takafumi tomó aire.
― Esto no te corresponde
― Por supuesto que sí.
― Zen, por favor. Basta
― Tengo que detenerlo.
― ¡¿NO ENTIENDES QUE TAMBIÉN TE ESTÁS EXPONIENDO?!
Perdió los estribos ante su persistencia y gritó lo que sentía antes de poder ponerse un freno considerando el entorno donde estaban.
Zen lo miró entre sorprendido y avergonzado y comprendió que, más allá de sentir celos por conocer el trasfondo de todo aquello, él también estaba asustado.
― No ves donde te ha puesto esto, ¿Verdad?― Yokozawa bajó la voz, pero sonaba mucho más triste que cuando gritó. Eso le dio mucha rabia, mostrarse tan débil, tan molesto.
Por el contrario, a Zen semejante mirada le había contraído el corazón dentro del pecho.
― Takafumi…
― No quiero representar una carga para tu trabajo y no quiero que termines en problemas por mi culpa, pero si tengo que sacarte de esta oficina a rastras para que no te pongas peor de lo que estás por culpa de Akihiko Usami, créeme que lo haré sin pensarlo dos veces. Porque Hiyo y tú son lo que más me importa en este mundo y no quiero perderlos.
Zen dio un suspiro. Tuvo que haberle preocupado mucho para que se pusiera en ese estado.
― Dilo de nuevo― hurgó en sus bolsillos hasta sacar su teléfono celular― y déjame grabarte esta vez.
Takafumi lo miró con expresión severa. No estaba para juegos.
― Ni de chiste― soltó― y más importante aún, mírate. Supongo no has comido, ni te has bañado.
― En realidad no― respondió frotándose el cabello como el niño grande que era― pero ya que me invitas…
― ¡Yo no he hecho tal cosa!― exclamó colorándose hasta lo insoportable.
― Oh, vamos, no está mal de vez en cuando― dijo acercándose.
― Tú siempre tan pesado, no sé para qué me preocu-
Dejó la frase a la mitad cuando los brazos de Zen lo envolvieron con fuerza, más de la que había aplicado alguna vez desde que lo había conocido.
― Yo no sé qué haría sin ti― susurró casi con la voz quebrada.
Takafumi le devolvió el abrazo, permitiéndose ese desliz por tratarse de una ocasión excepcional… bueno, aunque si era franco, todo junto a Zen se volvía excepcional.
― Yo tampoco― se dejó llevar por la sinceridad―, por eso no quiero verte así, no quiero perderte… porque no hallo mi vida junto a nadie más. Tienes que ser tú.
Zen levantó el rostro de sus hombros y lo miró extrañado.
Te amo― completó. Y sus ojos del color de la miel se abrieron a una anchura casi imposible desde una perspectiva anatómica.
― Tramposo― dijo en respuesta―, no se vale decirlo así cuando no estoy preparado.
― Una de cal por las que van de arena― le sonrió tenuemente―: No eres el único con derecho de decir cosas así.
Zen rio un poco y le besó tenuemente en los labios.
― Lo único que te salva es que estoy muy cansado― sentenció― Porque de lo contrario, podríamos a prueba lo que se me acaba de ocurrir.
― ¿Qué cosa?
― Sexo en la oficina― respondió resuelto.
― ¿Te has vuelto loco?― exclamó incrédulo― No voy a hacer eso.
― ¡Oh, vamos! Tenemos que intentarlo alguna vez― hizo una especie de pataleta.
― Camina, vamos para que duermas al menos un par de horas… ya estás alucinando.
Abrió la puerta para sacarlo del despacho.
― Esta bien, está bien…― cedió, emprendiendo la marcha delante de él. Quizás se tomaría las cosas con un poco más de calma porque Takafumi así se lo había pedido. Pero eso no quería decir que le daría tregua a Usami.
― ¿Volver a trabajar?― preguntó de nuevo. Aun no podía creer lo que le estaba pidiendo― ¿Aquí?
― Por supuesto, Onodera ― contestó totalmente seguro de su propuesta―, siemprehas sido uno de nuestros mejores reporteros. Y sabes bien que no hay nadie con tanto empeño e intuición como la que tú tienes para hacer este trabajo… entiendo si no quieres hacerlo por lo que ha sucedido; ahora que se rumora que Usami escapó…
La noticia había sido una bomba nuclear a niveles periodísticos: un atentado en la fiscalía por segunda vez en menos de seis meses, solo los encargados del caso Usami estaban adentro, solo una víctima fatal y Usami había escapado sin dejar un solo rastro. Una joya para la prensa sensacionalista, una verdadera mina de dinero por algunos días.
Claro, muchos tomaban aquel suceso como solo rumores, pero Ritsu sabía que no era así… cuando Hiroki se los dijo, la cara de Masamune se tornó un poema; incluso por un momento pensó que le pediría de nuevo que huyeran, pero no lo hizo.
En vez de eso, simplemente apretó los puños y dijo:
"Entonces preparémonos para la guerra"
Incluso después de todos esos años, Masamune seguía siendo un poco complicado de entender y eso lo desalentaba. A veces era un completo enigma saber qué estaba pensando cuando se abstraía mientras miraba por la ventana, incluso cuando estaba por salir esa mañana, que lo encontró practicado de nuevo con la espada en la sala con las cortinas cerradas.
― Voy a salir un momento― dijo solamente para informarle, no tenía la más mínima intención de seguir encerrado aunque él se lo pidiese… ya no podía con el aislamiento, o con el abatimiento de reducir su vida a las cuatro paredes de aquel departamento como si ellos hubiesen hecho algo malo.
Masamune se detuvo por unos instantes, tomó algo de la mesa de la sala y se acercó a él.
― De acuerdo, toma esto― puso lo que había tomado entre sus manos. Era un celular― y ten mucho cuidado.
Ritsu quedó estupefacto, por un momento pensó que le prohibiría salir.
― Pero…
― No puedo tenerte encerrado aquí siempre― le dijo con aplomo― y tampoco es que pueda evitar que te suceda algo de ese modo…
No supo que contestarle, a veces actuaba de maneras realmente impredecibles .
― Eso sí― puntualizó―, te llamaré cada media hora y si no contestas saldré a buscarte. El teléfono tiene un localizador, así que puedo hallarte donde estés.
El castaño no pudo evitar sonreír ante esa declaración, y supuso que para él representaba un gran esfuerzo dejarlo ir así.
― Gracias― sonrió un poco― por confiar en mí.
― Siempre lo he hecho― respondió pasando las manos por sus cabellos― es solo que no quiero que huyas de nuevo… o te aparten de mí. La sola idea me aterra.
― Estaré bien― respondió entornando los ojos― No soy un niño.
― Lo sé… pero siempre tienes la guardia baja.
― Si me mantengo alerta, sospecho de todo el mundo y contesto cada media hora el teléfono, ¿Estarás tranquilo?
― Un poco.
― Esta bien, lo haré― dijo, guardando el celular en su bolsillo― me voy entonces.
Caminó hacia la puerta, pero cuando estuvo a punto de salir sus manos lo retuvieron.
― Ten cuidado.
― Sí, sí― se giró para reprocharle que siguiera repitiendo lo mismo, pero cuando lo miró a los ojos y evidenció su franca preocupación se sintió abrumado e invadido por una ola de sentimientos cálidos, que a veces le frustraban porque solamente él lo hacía tan vulnerable.
Pasó la mano por su mejilla en un gesto que Masamune encontró un poco extraño debido a que casi nunca lo hacía, pero igual disfrutó mientras lo llenaba por completo.
Te prometo que estaré bien― le sonrió― tú también cuídate. No seas tan confiado en esa cosa.
Señaló la espada empuñada en su mano.
― De acuerdo― tomó su mano y la besó con gentileza.
Ritsu reunió todas sus fuerzas para terminar de cruzar la puerta porque si permanecía un minuto más allí, no iba a querer salir.
― ¿Entonces aceptas?― el director del diario recuperó su atención reafirmando su propuesta.
― Sí, claro que sí― respondió con seguridad. Amaba al periodismo, el olor de los diarios recién impresos, la adrenalina producida por la caza de las noticias, el saber que a través de sus denuncias aportaba algo a la sociedad buscando hacer justicia.
Quizás esa misma característica lo había envuelto en tantos problemas; pero igual no podía impedirle esa pasión que le despertaba.
― Excelente― el director golpeó la mesa emocionado― prepararé tu ingreso para mañana mismo. Es un placer tenerte de vuelta, Onodera .
Se levantó y estrechó su mano con energía y Ritsu intentó mantenerle el paso a pesar de su incomodidad. Solo esperaba que Masamune no armara una escena cuando le comentara al respecto.
― Creo que con esto nuestros planes deben ser reformulados totalmente― dijo Miyagi mientras miraba el montón de documentos esparcidos en su escritorio. Desde los informes de las autopsias de Yukina, Kisa, Fujikawa y Asahina, hasta los documentos que Hatori le había entregado a Nowaki; pasando por la carta de Isaka, el video de Yui y las declaraciones de Ritsu y Shinobu.
Tenemos todo, pero no tenemos nada― dejó escapar en un suspiro de frustración mientras se peinaba los cabellos hacia atrás con los dedos.
Comenzó de nuevo, si algo no podía permitirse, era darse por vencido. Le debía esto a muchísima gente: A Hiroki, a su padre y mentor, a Risako y a su madre, víctimas de un conflicto del que nadie les preguntó si merecían formar parte; a Shinobu y a sí mismo.
Recordó la forma en que Nowaki lloró sobre el cadáver de Yui y admitió que quizás él también merecía un poco de justicia y paz.
Tomó el expediente improvisado que había hecho sobre él y lo observó con detenimiento.
― ¿Qué pasará contigo cuando termine todo esto?― preguntó para sí como si estuviese hablando con él.
Más que por él, sentía pena por Hiroki. Desde que lo conoció había cambiado por completo; ahora era más firme, pero menos amargo, más amable y compasivo, pero sin perder la determinación.
Supuso que el amor hacia esas cosas… cambia por completo a la gente, como lo había cambiado a él cuando conoció a Shinobu.
― Esto es lo que quedaba en el archivo― Dejó dos carpetas frente a él y ocupó su lugar en su propio escritorio.
Desde que Shinobu vio morir a Fujikawa lucía contrariado. Bueno, en realidad todos se sintieron como si de repente cayesen en un punto muerto. Una delgada línea donde en cada extremo había una posibilidad horrenda: dejar las cosas de ese tamaño y olvidarlo todo (incluso a sus propios muertos) o lanzarse con todas contra Usami, así todos se reunieran después en el otro mundo.
Pero contrario a lo que él esperaba, el chico lució tranquilo, casi resignado… y eso ,a decir verdad lo asustó un poco. Shinobu era impulsivo y a veces actuaba sin pensar, pero cuando le escuchó decir aquello en el momento en que se llevaban a la asesina de su padre a la morgue, entendió que quizás, solo quizás… Shinobu había cambiado después de ver el sufrimiento de Nowaki.
"Miyagi, vamos a la oficina… tenemos que comenzar desde cero…"
― ¿Qué pasa?― le preguntó con la ceja arqueada. Supuso llevaba demasiado rato mirándolo.
― Ah, nada― respondió, volviendo al presente― solo pensaba en algunas cosas.
― A ver… ¿En qué?― preguntó.
― Nada en especial.
― Miyagi― le inspeccionó con la mirada. De la misma forma que lo hacía en los interrogatorios― no me mientas.
― Es solo que pensé que reaccionarías distinto cuando Fujikawa murió, eso todo.
Shinobu suspiró.
― No podía alegrarme o llenarme de rabia al verlo así― Bajó la mirada y Miyagi supo que ambos habían pensado lo mismo― Habría deseado que dejara de ser tan soberbia y colaborase, pero… morir de esa forma tan cruel… no es algo que alguien merezca.
Miyagi sonrió tenuemente.
― ¿Tú qué crees?― preguntó.
― ¿Acerca de qué?
― Sé que hemos manejado la teoría de que hay alguien más detrás de Usami… pero quiero saber si tú estás de acuerdo.
― ¿Y eso a qué viene? pensé que ya estaba establecido.
― Lo establecimos basados en una declaración de Hatori, pero nadie te preguntó― comentó―, tú también eres parte de esto y quiero saber tu opinión.
Shinobu se sonrojó solo un poco. Amaba mucho que Miyagi lo considerara su igual, pero eso era algo que mantenía en secreto. Al menos, eso creía él.
― Bueno, a juzgar por lo que Hatori nos dijo… pues tiene sentido― comenzó después de aclarar su garganta― Además, anoche volví a revisar los informes de balística y… tengo una teoría.
― Te escucho.
― La persona que le disparó a Asahina lo hizo con una pistola, pero el tiro fue limpio. Sabía lo que hacía. El disparo de Yui a Isaka fue accidental, ella no pensaba matarlo así, pero se puso nerviosa por algo y en un impulso disparó.
― Interesante― agregó Miyagi― por favor continúa.
― A mi padre lo envenenaron. Eso fue planificado, Fujikawa fue más fría en esa ocasión… ya había recibido órdenes.
― Pero con Isaka también.
― Si, pero él le dijo algo que la alteró, porque que el disparo a Kamijō fue igual: torpe y descuidado.
Matar a Yukina era una torpeza, pero era la única forma en la que los grises harían que nos diéramos cuenta que existen.
― ¿Los grises?― preguntó Miyagi.
― Sí. Partiendo del hecho de que Usami es el negro por ser el criminal y nosotros los blancos por ser quienes queremos arrestarlo; mi teoría parte de que existe un bando gris que quiere deshacerse de Usami, pero no para entregarlo, sino para recuperar algo, o vengarse.
― Quieren matarlo.
― Si, pero antes quieren destruirlo. A él y a quienes trabajen para él. Lo de Yukina fue una advertencia.
― ¿Para quién?
― Para Usami y el resto de los Conejos Negros… querían que supieran que van por ellos. Por eso Hatori les dijo lo que les dijo: está buscando protegerse.
Miyagi reflexionó unos momentos.
― Hay algo más, ¿Verdad?
Shinobu asintió.
― Los grises existen, y están infiltrados en la policía, incluso en el tribunal. Yo no quería decir esto delante de Shinoda, pero… me temo que la persona que le disparó a Yukina si está en la policía.
― ¿Por qué lo piensas?― No quería dudar de lo que Shinobu había concluido pues él también, en el fondo, lo sospechaba; pero Shinoda era un viejo amigo y tenía plena confianza en "sus muchachos" como él los llamaba.
Shinobu se levantó de su escritorio y se acercó al suyo, llevando la foto de la autopsia de Yukina.
― Este es el informe de balística. Como bien sabes, el disparo vino de donde estaban los hombres de Shinoda, y con sus mismas balas.
―Sí, por eso los suspendieron― respondió.
― Observa esto― señaló una foto del disparo― esto es un tiro demasiado limpio. Esto solo pudo hacerlo un francotirador. Y este tipo de disparos…
Miyagi observó con cuidado.
― Solo los hace el escudaron anti asaltos― concluyó desalentado. Shinobu tenía razón.
― No se lo digas a Shinoda, no podemos ponerlo sobre aviso― le pidió.
― Está bien― suspiró decepcionado. Estaban más rodeados de lo que alguna vez llegó a imaginar. Aquello de verdad era una guerra. Una muy sucia además.― Voy a averiguar todo lo que pueda sobre los hombres de Shinoda sin que se entere. Solo espero que después pueda perdonarme.
Shinobu apretó su hombro con un rostro de disculpa.
― No te disculpes― le dijo― Si esto es lo que intuyes, te escucharé. En cualquier caso, si estos grises quieren acabar con los hombres de Usami…
― Takano y Nowaki están en peligro― completó Shinobu con preocupación.
― ¿Sigue sin contestar?― preguntó de nuevo Kirishima comenzando a imaginarse lo peor. Ishi negó con la cabeza.
El que Misaki no se hubiera aparecido en los días que le sucedieron a la huida de Usami pudo parecer una total casualidad, pero Kirishima no creía en las casualidades. A pesar de la sospecha, quiso mantenerse tranquilo y evitar ser paranoico. Esos muchachos habían sido sus manos derecha e izquierda desde hacía mucho tiempo. Debía confiar en ellos.
Pero ya habían pasado tres días… y Misaki no contestaba el teléfono.
― Llámalo a su casa― ordenó, comenzando a impacientarse. Ishi tomó el aparato y marcó el número que había registrado como el de su casa.
O de la que ellos creían, era su casa.
― "El número que usted ha marcado no existe. Verifíquelo, e intente su llamada nuevamente"
Ishi quedó de piedra.
― Señor… el número no existe― dijo un poco nervioso, pero aun así compuesto. Podía llegar a ser muy frío a veces.
― ¿Cómo?
Ishi le alcanzó el auricular y volvió a llamar. El mensaje se repitió luego de unos segundos.
― ¿Tú nunca lo habías llamado al número local?― preguntó.
― Nunca me había visto en la necesidad: siempre contestaba el celular.
El cerebro de Zen trabajó a la velocidad de la luz, llenándose de teorías conspirativas que habrían desesperado a cualquiera. Incluso a él.
― Llama al programa de internado y que te den su expediente― ordenó de nuevo y pese a su desaliento, comenzó a pensar que Misaki Takahashi había sido todo el tiempo un traidor.
― ¿Por qué me llamaste?― preguntó asustado y agitado― ¿Le pasó algo a Chiaki?
― Cálmate, Hatori― dijo Tsumori con absoluta calma― ya lo peor ocurrió.
― Entonces sí le pasó algo― lo miró con severidad.
― Tuvo una crisis, pero ya está estable― respondió sin moverse de su asiento.
― ¡¿Por qué no me lo dijiste?!
― ¿Qué ibas a hacer?― devolvió la pregunta― Tienes órdenes explicitas de no salir de aquí y sabes que estas no las puedes evadir, si sabes lo que te conviene. Así que te sugiero que te calmes y confíes en mí; ya Yoshino está estable. Su situación es delicada, pero no se ha agravado más. Y eso es bueno.
― ¿Qué causó la crisis? Su condición había mejorado― comenzó a sentirse culpable― déjame verle, Tsumori… está así porque piensa que lo abandoné.
― En realidad…― comenzó― Lo que propició su crisis fue que… se enteró de la verdad.
Las piernas de Hatori flaquearon y comenzó a sentir una debilidad casi inaguantable.
― ¿Q-qué quieres decir?― preguntó con la voz débil. Suplicando internamente que no fuera lo que estaba pensando.
― Sabe que la policía te está buscando… y lo que hacías para Usami.
Se desplomó sobre la silla. Lo que había evitado durante años ya era un hecho. El corazón se le contrajo dentro del pecho en un dolor que jamás había sentido; supuso que no era ni la mitad de lo que había sentido Chiaki.
― P-pero ¿Cómo?
― Hatori… hay algo que debo decirte― comenzó, pero el repique del teléfono interrumpió lo que parecía ser una confesión.
Tsumori tomó el auricular con pesadez. Como odiaba ser parte de algo tan cruel.
Hatori lo vio hablar durante unos minutos, pero no prestó mucha atención a lo que decía. En su mente solo estaba el rostro lleno de decepción de Chiaki y eso era suficiente para hacerlo llorar de angustia. Sobre todo el no poder explicarle que esto lo hacía solo por su bien, para mantenerlo vivo.
Y buscando protegerlo había terminado en una posición peor que no le permitía siquiera verlo.
Casi sin darse cuenta se le llenaron los ojos de lágrimas.
― De acuerdo― asintió casi sin ganas antes de colgar.― Hatori…
El aludido subió la mirada. Tsumori casi se sintió contagiado nada más de ver su expresión llena de desasosiego.
Hay nuevas órdenes: todo tu registro fue borrado. Igual que los cargos por lo de Usami; en palabras simples, jamás trabajaste para él pues no hay ningún documento que así lo certifique.
Hatori se sorprendió un poco: esa persona tenía tanto o más poder que Akihiko.
― Es decir que…
― Si, puedes ver a Chiaki si quieres― Tsumori vio cómo su rostro se iluminaba un poco.― sin embargo… hay alguien con quien debes cooperar.
― ¿Quién?― preguntó.
Tsumori tomó aire.
― Hatori… Él es tu nuevo compañero― señaló tras él, hacia el rincón. Cuando se volvió a mirar, sintió que el karma por todas las malas decisiones que había tomado en su vida caía sobre él como una cruz pesada e inamovible.
Sus ojos felinos lo miraron con desdén. Si esto era un castigo por lo que le había causado a Chiaki, entonces estaba dispuesto a soportarlo con determinación. Solo le pedía paciencia a cualquier divinidad que se apiadara de alguien como él. Por su parte, Hatori fue asaltado con la misma determinación.
Ambos tenían una meta clara: Mantendrían vivo a Chiaki a cualquier costo.
Saliendo de las sombras con traje de policía estaba Yanase Yuu.
― Y este es tu puesto― le señaló un escritorio completamente nuevo, mucho más grande del que llegó a tener la primera vez que trabajó allí.
― Muchas gracias― sonrió alegre. Haría lo que más le gustaba hacer en el mundo.
― No tienes por qué darlas― le palmeó el director― solo haz lo que mejor sabes hacer… ¡encontrar noticias!
Ritsu rió ante su entusiasmo, y el director se marchó hacia su oficina con paso bonachón.
― No te acostumbres― dijo alguien desde el puesto de junto― ,si te relajas demasiado comenzará a azotarte.
― Lo sé… ya trabajé aquí― respondió con una sonrisa incómoda― Yo soy…
― Ritsu Onodera― completó antes de que terminase―. Sé quién eres. Eres una leyenda en este lugar; el primero que puso al descubierto a la corporación Usami.
Dijo aquella última frase formando una franja con las manos imitando un enorme titular.
Eres bastante arriesgado, si me permites decir― añadió con una sonrisa pícara―y hace falta más gente como tú en este negocio.
Ritsu se sonrojó un poco. No era de los que estaba acostumbrado a recibir tantos elogios sobre su trabajo.
― A propósito… ¿Tú eres?
― Disculpa― rió un poco antes de extenderle la mano― Soy Shin. Shin Haitani.
― Un placer, Haitani― le extendió la mano de regreso y la estrechó con energía, claro, mucho menos de la que había aplicado el director.
Ritsu iba a agregar algo, pero el celular comenzó a vibrar en su bolsillo. Ya era la tercera llamada.
― Oh, lo siento. Tengo que contestar― Haitani le indicó con la mano que no le molestaba y salió hasta donde pudiera hablar en privado.
― Te encontré― susurró divertido Haitani.
¡Hola! voy a aclararle algunas dudas para quienes no estén leyendo el manga de Junjou Romantica o Sekaiichi Hatsukoi y estén perdidos con algunos personajes.
Shizuku Ishii es la mano derecha de Zen Kirishima en cuanto a edición de Japun. Solía ser el editor auxiliar de Ijuiin junto a Kirishima hasta que este último decidió dejar de editar e Ishii quedó a cargo de Ijuiin. No es muy simpático o cálido que digamos. Al parecer tiene el cabello negro y los ojos marrones, es bajo de estatura y delgado.
Shin Haitani por su parte es uno de los editores de una revista de manga Shonen donde Takano solía trabajar antes de irse a Marukawa. Al parecer tiene algunos conflictos sin resolver con Masamune. Es muy alto y de cabellos castaños según se presume, tiene contextura fuerte, como si hiciera ejercicio.
Espero que esto haya aclarado sus dudas; además les digo que esta será la ultima actualización del año, para dedicarme a las fiestas y eso. Espero que todos la pasen muy bien junto a su familia y espero contar con su compañía el próximo año.
Por cierto, muchas gracias a todos quienes han leído la historia y la han recomendado. Me siento muy honrada y agradecida. Que el año que viene esté lleno de muchos éxitos para todos ustedes!
¡Besos con labial rojo!
