Phew… en cierto modo estoy orgullosa de mi misma, he logrado no decepcionaros y traer un capi "relativamente" pronto (y que tenia las amenazas de Kaotik flotando sobre mi cabeza… os aseguro, esta chica es capaz de haceros hacer lo que ella quiera…). El caso es… ¡es mi primer capi como mujer adulta! (lo que a mi madre le trae de cabeza, me llama infantil, pero bueno, ¿a mi que me importa? Si no le gusta como soy que se aguante).
Como siempre, espero que os guste este capi, la gran mayoría de las cosas aquí presentes no nos pertenecen (hay algunas que si) y prevengo como en el capitulo anterior, de que posiblemente por exámenes y estudios en general, me sea difícil pasar por aquí, aunque lo intentare.
¡Adelante capitulo!
Capítulo 49: respuestasEl lugar era oscuro, pero agradable, incluso acogedor. Caminaba con tranquilidad y elegancia, mirando de un lado para otro cuando el ruido de un motor la obligó a voltearse justo para ver llegar una gran moto oscura.
-Ah, eres tú –dijo con tranquilidad.
-¿Quién esperabas que fuese? –Belzemon bajó de su vehículo y se acercó lentamente −. ¿Es que no ha venido aún?
-No, aún no hay ni rastro de él. Pero poco me preocupa –añadió volteándose y caminando de nuevo.
-Es algo que él no sabe, Lilithmon –rió el otro alcanzándola −. ¿Tienes idea de a dónde fue?
-A eliminar a esos Guardianes… Otra vez –sonrió divertida.
-Nunca aprenderá –se encogió de hombros mientras ambos llegaban a una puerta.
Iban a acceder cuando otro sonido tras ellos les alertó y obligó a volverse. Lucemon descendió al suelo y empezó a caminar, con gran furia, hacia donde ellos dos estaban para acceder a la siguiente sala.
-Ya estoy harto… ¡Esos malditos ángeles no van a eliminar ese estúpido club de los Guardianes! –chilló.
-Oh, ahí vienen las quejas de nuevo –susurró Belzemon apartándose justo para no ser arrollado por el ángel caído.
-¿Qué han dicho ahora, Lucemon? –preguntó Lilithmon con suavidad y dulzura.
-¡Que es bueno tener un grupo que funcione como "policía" del Digimundo! –gritó volviéndose hacia ellos −. ¡Y no! ¡Las cosas no son así! –siguió gritando −. Los eliminaré a todos con mis propias manos…
-Ellos no tienen ni idea de cómo deben ser las cosas. Sólo tu gran mente podría poder orden a este lugar –empezó a decir Lilithmon, aunque aquellas palabras eran algo difíciles de pronunciar para ella.
-¡Y esos tres malditos Guardianes allí presentes, junto a los dichosos ángeles! –gritó de nuevo −. Debo pensar en una forma mejor de deshacerme de ellos para poder dominar el mundo digital entero…
-Oh, venga, Lucemon –habló Belzemon −, está claro que esos Guardianes están para eliminarte a ti. Ir tú a por ellos es inútil. ¡Deja que otros se ocupen de ellos!
Las palabras alcanzaron al ángel caído, que se quedó quieto, de espaldas a los otros dos. Lilithmon le lanzó una mirada llena de odio al otro digimon mientras éste daba cortos pasos hacia atrás.
-¿Sabéis? –habló con voz grave Lucemon −. Belzemon tiene razón –ambos digimons relajaron sus posiciones −. Les demostraré que soy más útil que ellos haciendo que caigan en manos de seres inferiores –se volteó, con una gran sonrisa en el rostro −. Pero para ello, debo llamar a unos amigos.
Dicho aquello, volvió a salir por donde había llegado, dejando a Belzemon suspirando aliviado por haberse librado de lo que podría haber sido su muerte por insinuar que Lucemon era débil y a Lilithmon pensativa, algo preocupada.
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Neila y BlackGatomon despertaron sudando frío. Justo amanecía cuando aquel recuerdo las hizo sentir horriblemente mal. Se miraron entre ellas, aún asustadas por lo que habían visto. Ninguna se atrevía a decir absolutamente nada ni a moverse hasta que sus respiraciones se calmaron. En silencio, se levantaron de la cama, Neila buscó una chaqueta con la que cubrirse y su digimon cargó con las zapatillas de la chica.
Abandonaron en silencio la habitación y, tras comprobar que no había nadie en los pasillos, bajaron las escaleras en el más absoluto silencio, hasta llegar a la puerta. BlackGatomon dejó las zapatillas en el suelo y Neila empezó a calzarse a toda prisa, con la ayuda de la gata negra, cuando un ruido a su espalda las dejó congeladas en el sitio.
-¿Qué hacéis despiertas a estas horas, chicas?
-Ah… es… es que no tenemos más sueño –sonrió Neila mientras acababa de ponerse la zapatilla −. Íbamos a dar una vuelta…
-¿Seguro? –insistió Daniel acercándose a ellas.
-Sí, por supuesto… Es que Neila da muchas vueltas y no se duerme, así que le he dicho de caminar –sonrió BlackGatomon.
-¿Pesadillas? –quiso saber el adulto.
-No, no… Bueno, algo así… Pero no… –empezaron a balbucear las dos.
-Ah, venid las dos a la cocina, que os prepararé una tila –las cogió del brazo y empezó a llevarlas hacia la cocina, aunque ambas intentaban resistirse.
-En verdad, que no hace falta…
-¿Qué pasa? –Ignitemon acababa de despertarse por los ruidos −. ¿Nos atacan? –preguntó intentando despejarse.
-No, tranquilo. Simplemente que no pueden dormir –respondió Daniel acabando de meter a las dos en la cocina. Ignitemon les siguió −. Va, contadme qué ha pasado. Las pesadillas contadas son mejor que calladas.
-Es… es que… En serio, que no hace falta. Con un paseo, nos bastará –insistió Neila, aunque no se dio cuenta que había hablado fuerte y ya empezaba a oírse jaleo por encima.
-No son horas para salir por el Digimundo tal y como está ahora –advirtió Daniel mientras se ponía a preparar la tila −. A estas horas, los Bakemons aún rondan por el Digimundo revisando las torres activadas.
-Pero…
-Eh, hay gente que intenta dormir arriba –protestó Takuya, frotándose los ojos. A su lado, Flamon hacía sus mismos gestos.
-Es cierto… Aún no ha salido del todo el sol –bostezó Teruo.
-Justo me han fastidiado el sueño –apareció Chiaki, cruzando el espacio hasta la cocina y abriendo la nevera para servirse leche −. ¿Algún motivo especial para ello?
-Vuestra amiguita… ¿Neila era? –la chica asintió con la cabeza −. Bien, ya me voy acordando –sonrió −. Bueno, Neila ha tenido una pesadilla y no puede dormir ahora.
-¿Una pesadilla? –preguntó Takuya dudoso −. ¿Seguro que no era un recuerdo?
-Eh… Bueno… –empezó a decir la chica.
-¿Qué has recordado? –preguntó Teruo tomando asiento en uno de los taburetes.
-Yo… No, nada importante –sonrió intentando librarse del tema.
-El recuerdo de Yumi tampoco fue importante, simplemente nos enseñó que teníamos que ser cuidadosos con los Crossedmons –recordó Chiaki bebiendo el vaso de un golpe −. Seguro que el tuyo también nos previene de algo.
-Es que nosotras… Bueno… Ya casi no nos acordamos –intentó escaparse BlackGatomon.
-Eso no me lo creo ni yo –bostezó Flamon.
-¡Te digo la verdad! –le gritó la gata negra. Enseguida se tapó la boca, pero no sirvió de nada. Toda la casa empezaba a levantarse, con algunas protestas.
-¿Qué ocurre, hermana? –preguntó Tailmon, intentando no meterse entre las piernas de Leire y tirarla al suelo.
-Es… esto… Hola –saludó tontamente.
-¿Qué pasa? ¿Por qué ha chillado? –preguntó molesto Odd.
-Creo que han recordado algo y no nos lo quieren decir –señaló Chiaki.
-¿Es que es algo vergonzoso? –preguntó Teruo −. ¿Como aquello que mencionaron los Crossedmons sobre Sakuyamon en la bañera?
-Teruo, cállate si no quieres que te golpee –amenazó Yumi, ya preparada.
-No, no, nada de eso… Es… Yo… bueno, nosotras dos… ¡No podemos estar aquí! –chilló al fin Neila.
-¿Y eso a qué fin? Tienes una habitación, a tu hermana, a tu prima, a todos nosotros –señaló Aelita. Su tono era algo duro no porque había sido despertada, sino porque aún deseaba encontrar a su padre para gritarle y no lograba dar con él, por lo que descargaba su furia sobre los demás.
-Yo… Yo era Lilithmon y… estaba en… –empezó a pronunciar BlackGatomon.
-¿En dónde? –preguntó Sissi.
-No lo sé… Pero estaba Belzemon… Y también… es… estaba…
-Oh, venga, no te quedes ahí, dinos quién más estaba –pidió Leire acercándose a ambas, pero las dos se levantaron de los taburetes y se alejaron unos pasos −. ¿Neila?
-¡Yo era compañera de Lucemon! ¡Era un ser malvado y despreciable que seguía a ese digimon que atrapó a Leire! –gritó estallando en lágrimas Neila −. ¡Y ahora, por lo que nos han dicho, ese tipo está llamando a sus amigos! ¿Es que no lo veis? ¡Yo era una de sus amistades!
-Pero Neila…
-¡Nos encontrará, hará que vayamos con él! –siguió gritando Neila −. Y muy posiblemente haga chantaje usándoos a vosotros… ¡Yo no quiero que os pase absolutamente nada!
-Neila, cálmate, por favor –pidió Leire intentando acercarse.
-¡No! ¡No te acerques, por favor! No quiero que… que…
-Seguro que se podrá encontrar un modo para evitar que te llame –comentó Teruo.
-¡No, no lo hay! ¡Él confiaba en mí lo suficiente como para hacer planes delante de mí! ¡Confiaba lo suficiente como para decirme que pretendía matar a los Guardianes! ¡Y por si no os acordáis, soy hermana de una de las Guardianas…! –siguió gritando.
-¡Ya basta! –alzó la voz Gatomon, haciéndose paso entre el grupo y subiéndose a la mesa.
-¡No! –gritaron Neila y BlackGatomon.
-¡Hermana, cállate! –ordenó la gata blanca, asustando a todos los presentes y obligándolos a incluso silenciar sus respiraciones −. Sí, es cierto, eras una de las amistades de Lucemon, miembro de su grupo, seguías sus instrucciones como si fuesen leyes –Neila iba a protestar, pero alzó un brazo pidiéndole silencio −. Lilithmon no es precisamente una digimon angelical. Solo necesitas ver la digievolución de BlackGatomon para darte cuenta de ello. Pero por mucho que tu aspecto era malévolo, que actuabas como una maldita demonio, te escapabas de aquel lugar y acudías a visitarme a mí.
-Pero…
-Belzemon está más claro que el agua que traicionó a Lucemon. Todos lo hemos visto, con compañeros humanos y todos –recordó la gata, saltando al suelo y acercándose a su versión oscura −. Y Lucemon sabía de esa traición, por lo que antes que él fuese derrotado, ya empezó a perseguirlo para eliminarle. Pero nunca se dio cuenta que otra de sus amistades también le traicionaba desde el primer momento en que se juntaron.
-¿A qué te refieres? –preguntó Arya.
-Lilithmon, aun estando donde estaba, nunca dejó de visitarme. Siempre lograba escaparse de aquel lugar para saludarnos tanto a mí como a Tailmon y a Mikemon. Es más, si lograron vencer a Lucemon fue porque ella se escabulló de aquel lugar y acudió a mí para informarme de dónde y cuando iba a estar el día que fue derrotado –terminó de relatar.
-Entonces…
-Si Lucemon te buscase, podrías luchar contra él porque nunca caíste tan bajo como para atacar a tu familia –sonrió Gatomon −. No hay necesidad de que abandones este lugar, porque ahora mismo eres igual a como eras: fiel a los que quieres. A demás, no todo lo oscuro es malvado –dijo indicando con la cabeza a los gemelos.
-Sí… Tienes razón –bajó la cabeza avergonzada la gatita negra.
-Quizás no debí haber despertado de golpe y podría haber visto más cosas –suspiró también avergonzada Neila −. Lo siento, chicos… Siento haberos despertado por nada…
-Un recuerdo como ése sí es algo, Neila –sonrió Chiaki.
-Bueno, ahora que está todo solucionado, mejor regresemos a las camas –bostezó Katsuharu −. Aún quedan unas horitas para aprovechar.
-Y esta vez, no te asustes si vuelves a ver a Lucemon en sueños –recomendó JP subiendo escaleras.
-Muy gracioso…
-No le hagas caso –negó con la cabeza Teruo −. Reza para que tenga una tortura como recuerdo y estaréis en paz.
-Y tampoco todo lo que se ve como santo es bueno –rió BlackGatomon. Gatomon también se apuntó a las risas, dejando confundido al del metal.
-Venga, todos a las camas –empezó a empujar Daniel −. Y Neila…
-¿Sí? –se volteó la chica.
-Tu tila –le entregó la taza −. Te irá bien, ya lo verás.
-Gracias… Hasta luego.
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El sol al fin hacía rato que había salido cuando todos empezaron a salir de la cama completamente descansados. Incluso Neila y BlackGatomon habían logrado dormir de nuevo, sin soñar con nada ni recordar nuevos fragmentos del pasado.
Daniel e Ignitemon ya tenían el desayuno preparado y todo organizado cuando empezaron a bajar los chicos y sus digimons dispuestos a tomar el primer bocado del día.
-Comed tranquilos vosotros tres –señaló el adulto a Odd, Takuya y Dracomon −. Si queréis repetir, os traeré más, pero tenéis que comer con calma que no estáis solos en el mundo.
-Por una vez en la vida, me alegro de que haya un adulto alrededor –comentó Koichi untando mermelada en una tostada −. Al menos, impone un poco de orden en ese trío.
-Sí, es más eficaz que William, JP o yo –suspiró Yumi tomando asiento.
-¿Has podido descansar más, Neila? –preguntó Zoe cuando la chica y su digimon tomaron asiento.
-Sí. Ya estamos mucho mejor –sonrió agradecida.
-Si en algún momento recordáis algo más y necesitáis chillar con alguien sobre lo tonto y poco serio que era Lucemon, Yla y yo estaremos encantadas de escucharos. Al fin y al cabo, al saber de lo que hablas, podremos daros la razón –sonrió el clon del viento mientras la del agua afirmaba con la cabeza.
-Gracias a las dos, de verdad –respondió BlackGatomon.
-Bueno, vamos a comer que tenemos todavía mucho trabajo por delante –recordó Tommy, llevándose una cucharada de cereales a la boca y siendo imitado por su Bearmon.
-Es curioso –sonrió Daniel −. Salvo Dracomon, Labramon y Flamon, los demás imitáis a la perfección a vuestros humanos.
-Bueno, tanto como que Flamon no hace lo mismo que Takuya… –comentó Strabimon mirando de reojo y con las orejas bajadas al del fuego.
-Se controla porque sabe que si le regañamos, se queda sin comida –indicó su hermano.
-O porque sabe que yo se la puedo quitar –sonrió Timy, alcanzando un bollito de la fuente.
-¡Ese lo he visto yo! –gritó de pronto Odd.
-Mira cómo me asusto… Tal y como decía mamá, "perro ladrador, poco mordedor".
-¡Será posible! –protestó el rubio, pero por más que intentó atrapar a la dorada, ésta se le escapaba.
-¡Della Robia! ¡Hay más bollos en la fuente! –regañó Sissi, armada con el cuchillo de untar.
-Ay, señor… seré un buen digimon –murmuró Ignitemon.
-Sissi, será mejor que se lo lances si quieres que pare –propuso Aelita. Sólo las palabras paralizaron a todos, incluso a Odd.
-Eh, Aelita, con las cosas de comer no se juega… No me obligues a… –empezó Daniel, pero se quedó varios segundos pensativo, dudando entre si continuar la frase o no −. No me obligues a dejarte sin desayuno.
-Lo siento…
-Eso está mejor –sonrió satisfecho −. Bueno, cuando acabéis, sé que no debería portarme como un mandón, pero tenéis que recoger la mesa, hacer camas y continuar con las reformas. Igni y yo os ayudaremos, no os preocupéis, pero no se pueden dejar las cosas a medias, ya lo sabéis.
Aunque hacía tiempo que no recibían órdenes de adultos, todos hicieron lo mandado sin protestar. Eran cosas básicas, como recoger lo que había por el medio, hacer las camas o pasar la escoba. Cosas que habían estado haciendo incluso sin un adulto en casa que lo recordase.
La gran mayoría de los digimons cooperaban con la construcción de nuevos espacios en el cuartel. Algunos digievolucionaban, mayormente de entre el grupo de guerreros legendarios; otros permanecían en el nivel que estaban y apartaban cosas del medio. Incluso Patamon y Lopmon cooperaban llevando material mientras Gatomon ayudaba con la limpieza y vigilaba que Neemon y Dracomon no la liaran. Por otro lado, Bokomon se entretenía estudiando cerca de Jeremy, quien revisaba de tanto en tanto en el ordenador por si recibía alguna alerta desde la Tierra.
Pasaba del mediodía cuando Daniel dejó al grupo con la construcción y fue a darse una ducha rápida antes de ponerse a cocinar. También Sissi, Emily y Neila dejaron la faena para ducharse rápidas y ayudar en la cocina.
-Vaya –observó Neila al llegar al salón −, Jeremy ha decidido hacer más músculos.
-¿Jeremy? –preguntó aguantando la risa Sissi.
-No está en el ordenador, así que estará fuera dándole martillazos a todo.
-Eso si no está todavía calculando en qué punto exacto clavarlos –comentó Emily mientras entraban a la cocina.
-Eh, chicas, ¿qué hace tanta gracia? –quiso saber el adulto.
-No gran cosa, que Jeremy no está en el ordenador –respondió Neila.
-¿Y eso es de reír?
-No por nada le llamamos Einstein –se encogió de hombros Sissi −. Ya es raro verle pelear, por lo que no te quiero decir mancharse de cemento para construir una pared.
-Ah, ya veo –sonrió Daniel −. Bueno, no le vendrá mal separarse del ordenador un rato.
-Cierto –asintió Emily −. Cambiando de tema, ¿te ayudamos en algo?
Pasaron una hora entera en la cocina preparándolo todo cuando el aroma de la comida empezó a atraer a los demás, quienes se asomaban a la ventana a ver qué se cocía.
-¿Cuánto falta? –preguntó Teppei, asomándose a la ventana con total naturalidad.
-Unos minutos solamente –respondió Emily.
-Espero que sea así… Tenemos a Takuya, a Odd y a Dracomon atados porque el olor los tiene totalmente despistados.
-No falla… Es oler a comida y se olvidan de lo demás –gruñó Sissi.
-¿Quién les vigila? –preguntó Neila apartando una sartén del fuego.
-Sus compañeros –respondió el chico intentando atrapar un pedazo de pan −. Por suerte, somos como una familia, pero igualmente la vergüenza que sienten no se la quita nadie de encima.
-Pobres –rió Daniel mientras Sissi apartaba lentamente el pan del alcance de Teppei −. Bueno, no queda nada, así que podéis ir lavándoos las manos.
-Hecho –dijo el de la ventana apartándose de ella −. ¡Eh! ¡Vamos a lavarnos las manos, que a la comida le queda nada!
-¡Genial! –saltó feliz Tommy.
-Ya es hora de llenar el estómago de nuevo –sonrió Ace mientras Timy daba saltitos y empezaba a correr hacia la casa.
-¡Eh! ¡Os olvidáis de algo! –gritó Takuya mientras todos se dirigían a la casa.
-¿El qué? –sonrió Kouji acercándose.
-El soltarnos, claro está…
-Sí, ahora mismo os soltamos. Espera que voy a por un machete para cortar las cuerdas… Yo no sé deshacer los nudos de Yumi –dijo caminando tranquilamente tras los demás.
-¡No te vayas! ¡Vuelve! ¡No nos dejes aquí! –gritó Takuya.
-¡Seremos buenos, lo prometemos! –gritó también Odd, pero por más que intentaban persuadir al grupo, nadie regresaba −. ¡Einstein! ¡Tú no permitirías que nos deshidratáramos al sol abrasador!
-No le llames Einstein, que así a lo mejor se enfada y no viene –regañó Takuya cogiendo aire −. ¡Jeremy! ¡Muéstrales a todos el buen corazón que tienes y ven a soltarnos!
Un gran silencio se hizo alrededor. Pasaron cinco eternos minutos hasta que Yumi salió, acompañada de Renamon y un cubo de agua. Los dos chicos temblaron asustados mientras la morena y la digimon se acercaban.
-Entraréis en casa en cuanto os lavéis las manos en el cubo –señaló la geisha.
-De acuerdo –dijeron los dos a la vez.
-Yumi, mira –señaló Renamon.
-Será posible… Dracomon, despierta… Venga, que es hora de comer –lo sacudió suavemente la chica.
-¿Eh? ¿Qué? ¿Comida? –empezó a despertar el dragoncito.
-Deberías prestar más atención, Dracomon –suspiró la chica soltándolo −. Va, lávate las zarpas y a la mesa.
Dracomon obedeció, sin necesidad de ser forzado. Cuando acabó de limpiarse bien las manos, corrió impulsándose con las alas hacia el cuartel, al grito de "¡comida, comida!". Yumi miró entonces a los dos chicos todavía atados seriamente antes de soltarles. Ambos intentaron escapar de allí en cuanto estuvieron libres, pero la mirada amenazante de Renamon les obligó a permanecer quietos y lavarse las manos en aquel cubo antes de ir hacia el cuartel detrás de ellas dos.
-¡Eh! –se asomó Ulrich −. ¿Está por ahí Jeremy?
-¿Jeremy? –preguntó extrañada Yumi volviéndose hacia la zona de construcción −. Por aquí no se le ve…
-¿Se habrá quedado atrapado en la pared? –preguntó risueño Odd.
-Si es así, os haré liberarlo ahora mismo y no os dejaré ir a comer hasta que hayáis vuelto a poner todo como estaba –amenazó Yumi.
-¡Vale, vale, nosotros no hemos emparedado a nadie! –exclamaron los dos.
-Hm… No sé yo –murmuró Yumi mirando de reojo a Renamon. La digimon asintió con la cabeza y desapareció del lugar, regresando al poco y negando con la cabeza −. Vale… Vamos a dentro.
-¡Sí! ¡Comida! –gritaron los dos, corriendo ya a la mesa.
-¡Odd, compórtate como un chico de tu edad! –chilló Sissi.
-¡Takuya, por favor, que pareces un crío! –regañó Leire.
-Ya llegaron los cerdos –murmuró William.
-¿No está Jeremy por allí? –preguntó Arya.
-No –negó Yumi.
-Ahora que me fijo… Tampoco están Aelita, Lunamon y Gaomon –observó Kouji.
-No será que…
-¿Ya ha vuelto a esfumarse mi sobrina? –preguntó Daniel −. Dios, qué traviesa es…
-¿Les esperamos un poco antes de empezar a comer? –preguntó JP.
-Bueno, Dracomon se ha quedado quieto y esos dos están recibiendo un sermón cada uno –señaló William −. Podemos esperar hasta que se descontrolen y empiecen a comer.
-Está bien. Pero tampoco demasiado que la comida fría no vale nada –advirtió el adulto de la casa.
Tan solo lograron aguantar cinco minutos sin sentarse en la mesa para comer lo que ciertos elementos ya amenazaban con devorar sin compartir con nadie. Intentaron ponerse en contacto con los dos que faltaban, pero nadie respondía a sus llamadas, ni tan siquiera los dos digimons que de seguro estaban con ellos.
-En serio, Aelita se ha metido en la cabeza que ha de chillarle a su padre y no descansará hasta que lo haya conseguido –comentó Zoe.
-A mí me preocupa Waldo –dijo Daniel tranquilamente −. Vale que lo vi como un digimon fuerte y que desde cierto ángulo podría dar miedo, pero ayer Aelita no parecía precisamente una angelita…
-Más le vale esconderse toda la vida de su hija si quiere sobrevivir a su ira –rió William mientras impedía que Dracomon repitiese por tercera vez −. Dracomon, que aún falta gente para comer. Si quieres, te cedo mi postre, pero contrólate.
-Vale, ya no como más –susurró tristemente.
-Bueno, yo me voy a empezar a fregar –se levantó Daniel −. Me lo vais trayendo todo, ¿vale?
-De acuerdo –coreó la gran mayoría.
No pasaron ni cinco minutos cuando el sonido de motores en el exterior hizo suspirar a todos los allí presentes, y más aún cuando reconocieron los pasos que iban adentrándose a la casa. Aelita llegó hecha una furia al cuartel tras una segunda búsqueda sin resultados de su padre. Unos muy cansados Jeremy, Lunamon y Gaomon la seguían.
-Aelita… ¿No has ido muy rápido?
-¿¡Que qué!? ¡Dios santo, Jeremy! ¡Llevo el año que llevamos saliendo intentando cambiarte la flojera y sigues igual! –el grito de la pelirrosa provocó el silencio absoluto en la casa, roto por un sonido seco en la cocina procedente de la sartén que Daniel estaba limpiando.
En ese momento, un mismo pensamiento pasó por la mente de todos: interrogatorio a Jeremy cuando Aelita no esté. Ni tan siquiera las miradas pícaras de más de uno (especialmente de las chicas) llamó la atención de ninguno de los recién llegados. Aelita se sentó, saludando con un gruñido, y empezó a servirse la comida mientras los otros tres, asfixiados, la imitaban e intentaban servirse algo para acallar los rugidos de sus estómagos.
-¿A dónde habéis ido? –preguntó Sissi intentando contener las ganas de decir lo que realmente pensaba.
-Hemos perseguido a Aelita hasta la ciudad de metal –suspiró Gaomon.
-¿Y habéis encontrado a quien buscaba? –intentó contener la risa Yumi.
-No… Es como si la tierra se lo hubiese tragado –suspiró Lunamon empezando a pinchar la comida en el tenedor.
-La próxima vez, avisa que sales, Aelita –le dijo Koichi con tranquilidad a la pelirrosa, pero sólo recibió una mirada casi asesina −. Bueno, vale, pues avisas tú, Jeremy.
-Yo no vuelvo a perseguirla –dijo abatido el de gafas. Ante aquella afirmación, las sonrisas que ninguno de los cuatro había notado aún se ensancharon más.
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En la ciudad del metal, varios Trailmons se mostraban enojados en la estación hasta que al fin se sintieron libres de lo que los retenía.
-Es increíble que nos usen de escudos… ¡No sólo quieren que los llevemos, ahora también necesitan que seamos sus escondites! –chilló uno mientras aceleraba.
-¡Se supone que eres un digimon valiente! –gritó otro alejándose.
-Me da vergüenza hasta a mí –comentó un tercero acelerando también.
Cuando todos hubieron abandonado el sitio, un Sagitarimon se acercó hasta el fondo del lugar, encontrándose a Alphamon, sentado y con la cabeza agachada.
-¿Se puede saber por qué el líder de los Caballeros Reales, un digimon tan poderoso como tú, está escondido detrás de los Trailmons? –preguntó entre sorprendido y extrañado.
-Por mi hija –confesó aún cabizbajo −. Está realmente furiosa y eso asusta.
-¿Tu hija? –preguntó asustado el del arco acercándose −. ¿La pelirrosa que parecía capaz de destrozar el Digimundo entero sólo con la mirada?
-Sí, esa misma…
-Bu… Bueno… Pues ya puedes salir, que hace un rato que ha pasado e iba perseguida…
-¿La has visto? –preguntó Alphamon alzando al fin la vista.
-Ya… Ya sabes que soy un digimon un poco… digamos que no soy éticamente correcto y…
-Sí, eres un ladronzuelo, lo sé. Muchos dicen que robas ropa –dijo algo relajado el negro.
-¡Yo no robo ropa! Fueron esos memos de los Guerreros Legendarios los que, como están sordos…
-Que sí, Sagitarimon –cortó Alphamon.
-Sí… Bueno, pues que iba a detenerla para robarle –confesó −. Eh, de haber sabido que era tu hija, ni lo pensaba –añadió rápidamente −. Pero cuando he visto la expresión de su rostro, me he acobardado –comentó con una sonrisa tonta.
-Entonces ya sabes por qué me escondía como un gusano detrás de los Trailmons.
-Debe de haberte costado convencerles…
-Me he hecho el dormido al fondo del todo para que no me pudiesen mover… Pero están muy enojados conmigo ahora –suspiró levantándose.
-Ya imagino… Te aconsejo que marches… Si están enojados contigo y protestando, aún lo escuchará tu hija y regresará –advirtió Sagitarimon.
-¡Cielos, es verdad! –exclamó empezando a correr lo más rápido que pudo.
-¡Eh! –gritó el otro digimon, pero ya no le escuchaba −. Mira que soy tonto… En vez de robarle, le doy consejos…
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Minervamon llamó a la puerta del salón principal. Tras ella, dos figuras esperaban en completo silencio hasta que, desde el interior, se oyó la voz de Xana-Lucemon.
-Con permiso, mi señor –entró Minervamon, quedándose junto a la puerta.
-¿Qué ocurre, Minervamon? –preguntó el ángel caído desde su trono.
-Dos de los digimons a los que ha hecho llamar han llegado, señor –informó aún sin moverse de la puerta.
-Oh, hazlos pasar, rápido –indicó con una sonrisa de satisfacción mientras se ponía en pie.
-Como ordene –se inclinó la digimon y abrió más la puerta −. Adelante. El amo los espera.
Un digimon humanoide, de pantalón rojo, amplias mangas rosadas y manos como estoques entró seguido de otro digimon de camisa roja, pantalón verde y botas amarillas con cuatro espadas cruzadas a la espalda. Minervamon esperó junto a la puerta hasta que, tras un gesto con la mano de Xana-Lucemon, se retiró cerrando la puerta tras los dos recién llegados.
-Amigos míos –empezó a pronunciar el ángel caído −, hacía tiempo que no os veía.
-Lo mismo podemos decir sobre ti –pronunciaron los dos con una suave risa que erizaba la piel de cualquiera.
-Mi querido Matadormon, todo un experto en asesinatos –empezó a decir Xana-Lucemon −. Enhorabuena por el trabajo que hiciste; me encantó cómo lo realizaste.
-Un honor, mi señor.
-Bienvenido tú también, Piedmon –se volvió hacia el otro digimon −. También debo felicitarte por tus trabajos.
-Desgraciadamente, no fueron tan exitosos como los de Matadormon –comentó el payaso con una leve reverencia.
-Oh, podrás desquitarte de aquello con el nuevo trabajo que os tengo para vosotros con los malditos Guardianes –dijo con una mueca.
-No sé si será lo mismo –comentó Piedmon pensativo.
-Te dejo a esos niñatos en tus manos. Puedes convertirlos en llaveros de tu colección. A demás, si les atacas, muy posiblemente esos malditos humanos que te enviaron lejos del Digimundo aparezcan y, entonces, podrás deshacerte de ellos también –animó con un brillo maligno en los ojos el ángel caído.
-Sin lugar a dudas, me encanta tu plan –sonrió satisfecho Piedmon −. ¿Cuándo empezamos?
-Me alegra saber que puedo contar con vosotros para esta misión –dijo Xana-Lucemon moviéndose de un lado a otro ante su sillón −. Sin embargo, seguro que estáis agotados del viaje… Piedmon, sin duda debes estar algo… oxidado… por culpa de aquellos niñatos. No tengo ni la menor duda que eres el gran Payaso del Infierno y que eres poderoso –dijo al ver que el digimon iba a protestar −. Sin embargo, las cosas han cambiado. Yo puedo ofrecerte una ayuda para hacerte más poderoso aún y ser aún más temido. Y ninguno de aquellos niños elegidos podrá hacerte nada jamás.
-Una gran oferta, ciertamente –dijo relajándose −. Quizás sí me vendría bien descansar un poco y aceptar esa ayuda que dices.
-Estupendo –sonrió volviéndose ahora hacia Matadormon −. Sin lugar a dudas, has podido encontrar la forma de traer a Piedmon y te estoy agradecido.
-Lo que ordene, lo haré, señor –dijo con una reverencia.
-Quisiera que me ayudases a localizar a otro viejo amigo –sonrió más pronunciado −. Pero por ahora, id a descansar –añadió mirando hacia la puerta −. ¡Mervamon!
En pocos segundos, la digimon apareció en la puerta, seria, inclinándose ligeramente en una reverencia.
-¿Me ha llamado, amo Xana-Lucemon? –preguntó.
-Muéstrales a nuestros dos invitados el castillo y después, llévales a sus habitaciones para que descanses.
-Como ordene, amo –dijo alzándose y mirando a los dos digimons allí presentes −. Si hacen el favor de acompañarme, les mostraré la Rosa de las Estrellas.
Los dos salieron de la sala, esperando a que Mervamon cerrase la puerta antes de hacerles unos gestos para que la siguieran por uno de los pasillos. Lo que ninguno de los tres había notado es que, por otro pasillo, se asomaba una figura, completamente tensa y apretando los dientes por la rabia que sentía en esos instantes. Myotismon, refugiado en las sombras del pasillo, observaba cómo aquellos dos digimons recién llegados empezaban a recibir más atenciones que él y, muy seguramente, ya tenían una misión.
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Aelita volvió a salir en moto, con Lunamon sentada tras ella, dispuesta a dar caza a Alphamon. Poco más atrás, Arya conducía su jet, con Ace sentado en su posición y Timy digievolucionada sobre el vehículo, con ambas cadenas preparadas para atrapar a la pelirrosa y su digimon en cualquier momento.
-¡Aelita, por favor, ve más despacio! –pidió Arya, preocupada no sólo por la seguridad de su digimon, de pie sobre el jet, sino también por la de la propia chica montada en moto.
-Mi padre se conoce el Digimundo perfectamente. No puedo entretenerme yendo lenta, ¿entiendes? –gritó sin voltearse.
-¡Pero eso no significa que conduzcas tan temerariamente! –agregó Ace.
-¿La freno ya? –preguntó Timy.
-No, aún no hagas nada –advirtió Arya.
-Aelita, por favor, deberías relajarte –pidió Lunamon.
-En cuanto hable con mi padre me relajaré –dijo abandonando los árboles −. ¡Ahí está!
Ante ellas, Alphamon se encontraba de espaldas, ajeno a lo que ocurría hasta que el ruido de los motores le obligó a voltearse.
-Oh, no –susurró sintiéndose atrapado.
-Ya te tengo –susurró Aelita con una sonrisa victoriosa, pero aún el rostro marcado por el enojo.
-Ay, es Alphamon –dijo Timy usando las cadenas para agarrarse al jet que frenó algo bruscamente.
-Lo siento, Timy, ¿estás bien? –preguntó Arya mirando hacia arriba.
-Sí, tranquila…
-Ahora quien preocupa es Alphamon –señaló Ace.
-Hola, Aelita. ¿Cómo estás? –preguntó Alphamon intentando retroceder.
-¿Cómo estoy? –dijo desmontando y acercándose lentamente −. ¿Que cómo estoy?
-Aelita, tranquila –susurró Lunamon.
-¿AÚN ME PREGUNTAS CÓMO ESTOY CUANDO LO SABES PERFECTAMENTE? ¡ESTOY SEGURA QUE EL BOBO DE LORDKNIGHTMON TE LO CONTÓ TODO Y DESDE ENTONCES ME ESQUIVAS! ¡CONFIÉSALO DE UNA VEZ!
-Aelita…
-¿QUÉ CREES QUE HACÍAS CUANDO DECIDISTE OCULTARME QUE NO SÓLO MINERVAMON ERA REALMENTE ANTHEA, MI MADRE, SINO QUE EL RESTO DE DIGIMONS SON FAMILIARES MÍOS? ¿ALGÚN DÍA ME IBAS A DECIR QUE TENÍA UN HERMANO? ¿EN QUÉ DEMONIOS PENSABAS? –fue chillando Aelita mientras, ante ella, el digimon se envolvía en digicódigo y, al desaparecer, Dorumon corría a esconderse tras Arya mientras Franz Hopper escuchaba a su hija chillar −. Es increíble… ¡E incluso antes de virtualizarnos en Lyoko sabías que tenía tíos! ¿ES QUE TENGO QUE LIBERAR A UN DIGIMON PARA ENTERARME QUE ES MI TÍO Y QUE EL RESTO DE LA FAMILIA, NO SÓLO MI MADRE, ESTÁN ATRAPADOS EN LAS GARRAS DE XANA?
-Arya –susurró Timy. Cogidos a sus manos, estaban Ace y Dorumon temblando de miedo, sacudiendo aún más los brazos de la ya temblorosa digimon del tiempo −, tengo mucho miedo…
-Y yo… Pero mantente firme…
-Ya… ya lo intento –dijo intentando no dedigievolucionar y salir corriendo "pies para qué os quiero" lejos de aquel lugar.
-Aelita –habló con calma Hopper.
-¡NO! ¡NO HE ACABADO! –se volvió hacia él Aelita −. ¿SABES QUE HE SOÑADO CON MI HERMANO? Ah, espera, no, porque no te lo conté… Da igual. ¿SABES TÚ LA DE DUDAS QUE HE TENIDO PORQUE NO SABÍA NADA Y NO ME ATREVÍA A PREGUNTARTE NADA PORQUE NO ESTABA SEGURA? ¿SABES QUE CADA VEZ PIERDO MÁS CONFIANZA EN TI? –su padre suspiró, dejándola hablar, mientras los otros cuatro se mantenían a más distancia −. ¿O ES QUE ERES TÚ QUIEN NO CONFÍA EN MÍ? Porque ya no sé qué pensar –dijo apretando los puños y sintiendo cómo sus ojos se empañaban por las lágrimas −. ¿Es que hasta que no libere a otro y me diga "¡hola, Aelita, soy tu tío!" no tengo derecho a saber sobre mi familia?
Aelita se dejó caer al suelo de rodillas, ocultando el rostro mientras notaba las lágrimas escapar traicioneras de sus ojos verdes. Ya no podía chillar más, sentía que le ardía la garganta y que, de chillar otra vez, podría perder la voz para siempre.
-Aelita –la llamó Hopper. Ella no levantó la cabeza −. No es que no confiase en ti, simplemente temía por ti –empezó a decir −. Sí, puede que me equivocase al no decirte que no sólo Anthea estaba en este mundo con aspecto de digimon, pero justo acababa de perderla cuando pude hablar contigo por primera vez. Sí, sabía de la existencia aquí de los demás, incluso de tu propio hermano, Alexander… Pero no sabía dónde estaban. Y luego me enteré que ellos también fueron capturados –Aelita miró de reojo, intentando distinguirlo todo de entre el agua de sus ojos −. Fui un tonto ocultándote la verdad, pero no quería perderte a ti también. Tu hermano y tu madre tienen a dos digimons muy fuertes con ellos, podrían hacerte daño o incluso atraparte a ti también. No quería que tú también fueses una marioneta de XANA, por lo que, aunque me dolía, te oculté la verdad, te oculté sobre tu familia.
-Me hablaste de mamá…
-Tuve el descuido de llamarla por su nombre ante ti y ella tampoco es que me llamase Alphamon –recordó −. No me quedó más remedio que revelar una parte de la verdad. Créeme, Aelita, de no haber habido peligro, te hubiese dicho dónde estaban todos y te habría acompañado personalmente a visitarlos. Pero temía perderte a ti también, temía que, si te decía que existían unos digimons que en realidad eran tus tíos y tu hermano pequeño pero que estaban poseídos, salieses a buscarlos sin importar qué e intentases hablar con ellos. Las palabras son inútiles para XANA, ya lo sabes mejor que nadie, por lo que ninguno de ellos te escucharía. Ya ves tu madre, las veces que nos hemos cruzado no ha atendido a razones –dijo haciendo una breve pausa, esperando que Aelita dijese algo, pero la chica siguió en silencio −. Me gustaría que todo volviese a ser normal y estar todos juntos… Y también que me perdones por haberte ocultado tal secreto.
Hopper se quedó mirando a Aelita en silencio. La chica seguía arrodillada en el sueño, con los puños apretados contra el suelo. Por detrás, Arya y Timy se limpiaban las lágrimas con el dorso de la mano mientras Ace y Dorumon se apartaban aún más para evitar contagiarse con aquella llantera. Cuando parecía que había pasado una eternidad, el hombre se acercó a la pelirrosa hasta quedar ante ella.
-Mal… Mal… –empezó a decir casi en susurros la chica −. Mal…
-¿Aelita?
-¡MALDITO SEAS, XANA-LUCEMON DE LAS NARICES! ¡MALDITOS SEÁIS TÚ Y TUS ESTÚPIDOS TRUCOS! ¡TE ARREPENTIRÁS DEL DÍA QUE NACISTE, MISERABLE ESCORIA! –gritó con rabia y fuerza, asustando a Hopper, quien retrocedió un par de pasos mientras la chica se ponía en pie −. ¡MALDITO SEAS POR QUITARME A MI FAMILIA, INMUNDO VIRUS INFORMÁTICO! –empezó a coger aire, como si en realidad acabase de correr una maratón. Con un único suspiro, normalizó su respiración antes de lanzarse contra su padre en un abrazo y romper a llorar de nuevo.
-Tranquila, Aelita, estoy contigo –susurró Hopper acariciando su pelo.
Por detrás, Timy dedigievolucionó y se puso a perseguir a su hermano, también llorando, mientras gritaba cosas sobre "cariño familiar", haciendo reír ligeramente a Arya, quien aún se secaba las lágrimas mientras Dorumon se acercaba a ella y esperaba pacientemente nuevas órdenes.
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Apollomon caminaba meditabundo por la Rosa de las Estrellas. Al estar los demás ocupados, no podía hacer los entrenamientos en grupo como siempre habían hecho, bajo las directrices de Duftmon, quien les montaba estrategias y posiciones para atacar. Sabía el paradero de Minervamon, pero también sabía que, por estar donde estaba, no podría acercarse a ella al menos hasta un par de horas más tarde como mínimo, por lo que se encontraba solo después de que ShineGreymon decidiese echarse una siesta.
Mientras paseaba por aquellos pasillos, se oía de fondo a todos los habitantes de aquel castillo. Bakemons flotando de un lado para otro cargando con objetos o comida, Phantomons que también estaban trabajando por órdenes de Xana-Lucemon, el propio ángel caído murmurando sobre una tal Lilithmon con un tono demasiado penoso pero que no llamó la atención de Apollomon en ese momento…
-Y aquí tenemos los calabozos, donde se supone que se mantienen encerrados a los presos –sintió casi a su lado. Alzó la vista y descubrió a Mervamon acompañada por un digimon que, intuyó, era nuevo en el lugar.
-¿De cuántos presos disponemos? –preguntó Matadormon. Apollomon juraría que se relamió ante la idea de presos en aquel lugar.
-Por suerte o desgracia, sólo un Phantomon cuya misión acabó con resultado desconocido –dijo cansinamente. Casi como por arte de magia, una voz del interior llegó hasta ellos estridentemente.
-¡SOLA EN EL SILENCIO ME SIENTO SIN TIIIIII!
-¡Oh, vamos, Phanto, colega, que sigo aquí y te estoy hablando! –respondió a la canción su interrogador.
-¿Qué ocurre? –preguntó Matadormon señalando hacia el interior.
-Zamielmon, es quien hace… hablar al preso –dijo la digimon esquivando el verbo "cantar".
Apollomon no pudo evitar soltar una leve risa mientras se volteaba y continuaba su camino. Sin siquiera darse cuenta, llegó a las cocinas justo cuando sintió su estómago protestar levemente. Sonrió y alzó un brazo para abrir la puerta cuando otra voz conocida le llegó a sus oídos impidiéndole moverse.
-Es que no me puedo creer la mala suerte que tengo –lloriqueaba Myotismon. Apollomon abrió ligeramente y observó, pero aparentemente el vampiro hablaba solo −. No sólo las únicas féminas de este lugar me ignoran y tratan como escoria, sino que todo el que llega es superior a mí… ¡Incluso el bueno para nada de Duskmon es más importante que yo y no tiene ningún clon más para guiar! –siguió con su lamento el digimon −. Y para acabar de fastidiarlo, ha llegado Piedmon presumiendo de haber logrado vencer a los niños elegidos, aunque al final acabó peor que yo… ¡En el olvido! –gritó pegando un puñetazo a la mesa −. Pero sí logró más que yo… Ahora no se cansa de restregármelo cada vez que me lo cruzo por el pasillo… ¡Y no lleva ni 24 horas aquí! –volvió a golpear la mesa −. Lo peor es que ahora con Puppetmon por aquí se dedican a señalarme…
Apollomon, conteniendo ahora la risa, decidió dejar la búsqueda de aperitivos para otro momento en cuanto el vampiro digimon abandonase la cocina. Suspiró divertido y siguió su camino mientras por su mente se cruzaba la imagen de una chica pelirrosa con su digimon, aquella que había visto en sueños y contra la que se había enfrentado hacía poco. Tanto ocupaba esa chica en su mente que no se dio cuenta cuando entró en uno de los salones de la presencia de dos digimon que jamás había visto hasta ese entonces.
-¡Ese maldito de TK no quiso jugar conmigo! –pataleó la marioneta de madera.
-¡Ni me menciones a ese mocoso! –pidió el payaso alzando una mano hacia el rostro de su compañero −. Por culpa de su estúpido digimon, acabé siendo derrotado…
-Debí haberle pegado el tiro en vez de hacerle bailar al son de las balas –apretó los puños con fuerza.
-Debí haberle cortado a él en vez de cortar la cuerda por encima de la otra estúpida niña… No, ¡debí haber convertido a aquel estúpido ángel en un llavero en vez de lanzarle un golpe que lo tirase del balcón!
-Piedmon, eres idiota –dijo de pronto Puppetmon.
-¿Yo? A ver, listillo, al cual un niño llorón le destrozó sus juguetes, ¿por qué soy un idiota? –preguntó tocando un punto doloroso para el digimon marioneta.
-¡Tiraste a un ángel con alas de un balcón! ¡Antes le tendrías que haber arrancado las alas par que no pudiese volar! ¡Hasta los digimons bebés lo saben! –pataleó el digimon.
-¡Qué me sabía yo que ese estúpido ángel digievolucionaría! Y menos que podría liberar mis trofeos…
-Oye, nuestro enemigo al fin y al cabo es el mismo…
-No, perdona, a mí ese llorón no me importa –interrumpió Piedmon −. Yo con quien quiero saldar deudas es con MagnaAngemon.
-Vale –asintió Puppetmon −. Y MagnaAngemon aparecerá si su querido TK está en peligro… Por lo que…
-Si tú atacas a TK, MagnaAngemon a la fuerza acudirá y yo podré vengarme de él –empezó a entender el Payaso del Infierno −. Muy bien, Puppetmon, le diremos nuestra idea al señor Xana-Lucemon y trabajaremos juntos… Al menos, hasta que lleguen los otros dos…
-Cierto, ¿dónde estarán?
Apollomon sacudió la cabeza y abandonó el lugar sin que lo notaran. Aún podían oírse las canciones a gritos del Phantomon y las incoherencias de Zamielmon por todos los pasillos, como si no hubiese nada ni nadie más en la Rosa de las Estrellas. A Apollomon poco le importó, seguía demasiado pensativo en la chica pelirrosa hasta que volvió a sentir la voz de Xana-Lucemon demasiado lastimosa. Sobresaltado, pegó la oreja a la puerta.
-Lilithmon… ¿qué hice para que te largases? ¿Por qué me abandonaste y te fuiste con esos niñatos? ¿Qué tienen ellos que no tengo yo? Yo podía darte toda la perversidad que quisieras… ¡Te lo daría todo! ¿Por qué me traicionaste por esos niños?
Apollomon se apartó sorprendido. ¿Xana-Lucemon, el amo y soberano de aquel lugar, llorando por una digimon? Era demasiado para creerlo, incluso llegó a borrar por un instante la imagen de la pelirrosa y su digimon coneja. Sacudió la cabeza y empezó a alejarse del lugar. No le convenía ser pillado en aquel lugar y menos escuchando los lamentos del ser más peligroso del castillo, el que había reunido y controlado a todos los allí presentes. Sin embargo, decidió volver a centrar todos sus pensamientos en la Guardiana con la que había trabado amistad en sueños.
-¡Apollomon! –su nombre gritado lo asustó y obligó a mirar al frente. Con los brazos en jarra, Minervamon lo miraba fijamente −. ¿Se puede saber qué te pasa que estás tan pensativo últimamente?
-Ah… Yo… Pues verás…
-¿Qué has visto o escuchado ya? –preguntó Minervamon mirándolo seriamente.
-Es que me preguntó qué pudo fallar de nuestro ataque para perder a Ignitemon… Ahora en los entrenamientos hemos de abrir más nuestras posiciones…
-¿Seguro? –preguntó desconfiada la más bajita.
-Me preguntaba si alguno de esos digimons que han llegado hoy se apuntarán con nosotros o algo… Porque tendríamos que adaptarnos a él también –dijo. Minervamon suspiró.
-Sea lo que sea lo que tenga que pasar, no deberías pensar tanto –comentó tranquila la digimon pasando junto al rojizo −. Tú obedece y todo irá bien.
-Sí, madre…
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Una sonrisa afloró en muchos rostros cuando, pasados quince minutos de la partida de Aelita, Arya y sus respectivos digimons, Jeremy decidió al fin abandonar su tarea sobre el mapa del Digimundo y unirse al grupo de trabajo en el exterior. Daniel aprovechó ese momento para entrar hacia la cocina a preparar una merienda con la ayuda de las chicas, quienes no hacían desaparecer ni un milímetro de sus perversas sonrisas.
-¡Chicos! ¡La merienda está lista! –gritó Zoe desde la puerta haciendo gestos con las manos.
-¡Ya vamos! –respondió Kouji mientras a más de uno se les iluminaba el rostro con más sonrisas y se acercaban a un improvisado grifo que habían montado en el exterior para lavarse las manos.
-Si seguimos así, mañana podremos ir al mercado de Akiba y comprar lo necesario para las camas –comentó Jeremy limpiándose las manos.
-Sí… Al mercado –susurró Teppei con media sonrisa pasando ya hacia el interior.
Las chicas, Daniel y sus digimons ya estaban sentados, esperando con demasiada felicidad a los chicos, los cuales también tomaron asiento con sonrisas, cosa que ya empezó a alarmar a Jeremy, quien sintió de pronto las manos de Daniel tirando de él para sentarlo.
-Bueno, bueno, que son bocadillos calentitos de jamón y queso y con esto empezamos a quedarnos sin reservas en los armarios. Vamos a comer y ya después veremos qué hacemos.
-¡Que aproveche! –gritaron Odd, Takuya y Dracomon.
-Ya empiezan –rió Jeremy. Para su desgracia, nadie más rió −. Chicos, ¿qué pasa?
-Oh, Jeremy, bien que lo sabes –sonrió Yumi −. ¿Qué pasó ayer?
-¿Ayer? ¿Cuándo?
-Sí, claro, que te fuiste con Aelita –empezó a animar Koichi.
-Así, de repente y sin avisar –añadió su gemelo mientras todas las chicas afirmaban con la cabeza.
-La vi salir y como nadie más parecía haberla visto, la seguí… Ya sabéis, no podemos dejar que se vaya sola por… –dijo nervioso el informático.
-Sí, bueno, y está claro que no disteis con Alphamon porque mi sobrina estaba tremendamente furiosa –interrumpió Daniel −. Sin embargo, al regresar aún pudo decir ciertas cosillas…
-¿El qué? –preguntó aún más nervioso.
-¿Desde cuándo sois novios? –empezaron la tirada de preguntas Sissi y Emily.
-¿En serio salíais a escondidas de nosotros? –siguieron Ulrich y Yumi.
-¿A dónde la llevaste? –preguntó Daniel con la mirada seria.
-¿Cómo fue? –sorprendentemente, Odd y Takuya habían dejado de comer para prestar atención y preguntar.
-¿Qué ha habido en todo este tiempo que no hayáis contado aún? –preguntaron Leire y Neila.
-¿En serio salís juntos? –Neemon y su despistada mente aparecieron en ese momento en la conversación.
-¡Anda! ¿Me cuentas cómo pasó? –Bokomon y su libro abierto casi se subieron a la mesa.
-Yo… Esto… –intentó hablar Jeremy, pero las preguntas aún caían.
-¿Cuántos regalos a parte del de cumpleaños o Navidad le has hecho ya? –Zoe y Chiaki.
-Y el qué has regalado –apuntaron ambos gemelos.
-¿Cómo es posible que nadie se haya dado cuenta hasta ayer? –preguntó Tommy mientras Katsuharu se encogía de hombros.
-¿Pero cómo puede ser que salgáis si aún sois críos? –se exasperó JP. Teppei negaba con la cabeza, intentando evitar decir algo.
-¿En serio nunca pensasteis en decirlo a los demás? –preguntó Teruo mientras las chicas casi se lanzaban encima de la mesa junto al tío de la pelirrosa.
-Yo… Son demasiadas preguntas…
-Vale, te ayudaremos un poco, Einstein –dijo William −. Vamos al principio: exactamente cuándo y cómo empezasteis a salir vosotros dos, par de tórtolos.
-Ah… Pues… En serio, no me miréis todos como si fueseis a matarme…
-¡Venga y responde ya, Belpois! –apremió Sissi.
Jeremy no sabía qué decir. A todo eso, había que sumarle que, aunque William parecía haber puesto un repentino orden, el mismo se había destruido y volvían a llover preguntas e intervenciones de todos.
