Disclairmer: Tanto la historia como los personajes me pertenecen, cualquiera que quiera publicarla en otro sitio necesita de mi autorización. Este fics también está publicado en Potterfics.

Summary: Priscilla Witman, una chica con un poder excepcional que odia, siente que su vida es un asco, pero no podía estar más equivocada. Luego de conocer a Benjamin Rusin su mundo se quiebra para dar lugar a una pesadilla de la cual no sabe si podrá escapar. La única certeza que tiene es que su don la ha conducido a aquel destino desalentador. T por escenas de violencia.


Capítulo 44: Último aliento

Desde el momento en que había conocido a Benjamin ambos dos sabíamos lo que ocurriría si moría por eso, y por muchas otras razones, no comprendía por qué amenazaba con descolocarme el cuello.

Pude ver la reacción de los súbditos de Ingrid, uno por uno, todos mirando amenazadoramente a la criatura que estaba detrás de mí. Arrugando sus ceños, mostrando los dientes y flexionando sus cuerpos para atacar en el segundo indicado. Aunque un segundo sería necesario para que me sacaran la cabeza.

-¿Peter?- llamó y a la vez inquirió la mujer que iba a la cabeza del grupo con los ojos disparando fuego.

El lacayo sólo asintió al llamado como confirmando algo, recordé que él podía saber si se le mentía, su propia ama lo había dicho a penas nos conocimos unos cuantos minutos antes de toda esta locura. Seguramente Ingrid quería cerciorarse de que Benjamin me mataría si se nos acercaba, al parecer estaba en lo cierto y aquello no hizo más que acelerarme el corazón, no quería retroceder otra vez, no ahora que sabía en donde estaba Caroline, aunque al menos le daría otros minutos de vida si pasaba.

-¿Qué estás haciendo?- susurré resollando a Benjamin, aunque su brazo no hacía fuerza me estaba cortando la respiración ¿Sería eso un incentivo para nuestros oponentes?

-Sh- me cortó en un leve seseo sin decir más.

¿Qué quería conseguir con todo esto? Si llegaba a hacerlo, cosa que no se lo perdonaría nunca, ya había tenido bastante con las primeras dos veces que me había matado, no tendríamos escapatoria lo más probable fuera que retrocediera uno momentos antes, no una semana como acababa de hacer poco antes de que Peter me descubriera.

-¿Qué conseguirías con matarla, Benjamin? ¿Qué todos los vampiros quieran acecinarte por destruir el tesoro por el cual hemos luchado?- preguntó con elocuencia la pelinegra, parecía querer retener la furia en sus ojos para que no se le notara la desesperación que tenía en su voz.

-No- admitió el chico rotundamente acercándose más a mí si es que se podía.

Peter se plantó al lado de su mentora, seguramente tomaría el puesto de detector de mentiras y por lo qué podía ver no había ninguna.

Me enfadé. Era como si yo realmente fuera una cosa por la cual todos peleaban no una persona con vida y sentimientos, yo era un trofeo, una ventaja, un arma muy peligrosa. Nuevamente tuve ganas de ser Serena poder demostrarles que podía ser más que sus repugnantes vidas inmortales llenas de nada, ahora comprendía a la perfección porque mi tutora los odiaba tanto.

-No te sigo muchacho. Ya no tienes nada. Sí la matas serás desdichado por todo lo que te queda de vida- comentó pacientemente Ingrid- y yo me aseguraré de que sea larga, no me importa a cuantos vampiros deba matar para proteger tu desgraciada eternidad con tal de que sufras por haberle quitado la vida a lo que más deseó- amenazó bajando el tono de su voz hasta convertirla en un siseó similar al de Benjamin. La crueldad estaba grabada en sus palabras.

-Quiero verte intentándolo- retó el aludido al vampiro.

Una vez él mismo me había explicado que sólo existían dos bandos de vampiros: el de Alemania, al cual pertenecían Tiffany y su primo, o sea, este mismo; y el de Asia del norte, aunque Benjamin siempre se refería a ellos como los nómades del oriente, al que debía pertenecer el vampiro Egollas del que había hablado la hermosa mujer que teníamos enfrente. Hacía hincapié en aquellos recuerdos ya que me resultaba ilógico que Benjamin, un don nadie para Ingrid, un simple humano que había tenido suerte, estuviera desafiando a la, por así decirlo, reina del imperio. Me resultaba lo más estúpido y temerario que Benjamin podría hacer, él siempre había sido precavido cuando se trataba de mí seguridad y ahora perecía haberse vuelto loco, tal vez así era.

-Benjamin, por favor…- intenté pararle, al menos debía hacerlo aunque estaba segura que mi suplica le daría más incentiva.

-Pri, es lo mejor para ti- susurró en mi oído. Pude sentir su exquisito aliento rosando mi nariz y sus cabellos rubios acariciando el costado de mi rostro- no dejaré que te conviertan en vampiro y menos bajo su mando- agregó, supe que tenía los dientes apretados ya que volvía a sisear.

Mi corazón volvió a acelerarse al comprender lo que decía, él lo haría de todos modos, dieran o no Ingrid los pasos hacía nosotros. Tal vez fuera la única que notaba lo que él tenía en mente, al menos una parte, puesto que el hecho de matarme no serviría para nada a mi parecer.

Lo único que jugaba a mi favor en aquel duelo era que Ingrid no tenía idea de cómo funcionaba mi don, era una de las pocas cosas que podía agradecer, y que apenas volvieran las luces a mí ella estaría completamente perpleja por el retroceso, yo ya estaba lo suficientemente acostumbrada a los destellos, tal vez tuviera unos escasos segundos para escapar, sin embargo no lo veía posible.

-Te equivocas, Benjamin. Tu también los escuchas- añadió entonces Graff Weissbeck- si él la encuentra no durará un segundo en hincarle los dientes, yo te estoy dando la oportunidad de seguir junto a ella, olvidando tu traición- explicó luego, aunque me era imposible saber a que se estaba refiriendo. La conversación iba más allá de mis conocimientos, lo único que podría llegar a comprender era la última frase.

Pasaron los segundos y parecía que había chispas en el aire, era como si todos se hubieran evaporado y se lo existiéramos Benjamin, Ingrid y yo en un círculo vicioso, aunque yo era la única indefensa, sin elección y acorralada por cualquiera de los dos.

No sabía lo que mi novio se proponía pero no me gustaba para nada que me utilizara para ello, aunque sabía que detrás de todo seguía protegiéndome está no era la forma que yo entendí como adecuada para hacerlo.

-No podrás salir vivo de aquí- comentó al final la mujer sin emoción en la voz, no podía saber si deseaba que aquello sucediera o se apenaba por que iba a suceder.

-Tu tampoco- agregó Benjamin en un susurro. Estuve casi convencida de que se dirigía a las dos.

Entonces me partió el cuello.

Siquiera tuve tiempo a decir nada, ni escuchar el horrendo y tortuoso sonido de mis huesos romperse. Nunca hubiera creído que moriría por tercera vez a manos de Benjamin. Mentira. Siempre que estábamos juntos cabía la posibilidad de morir pero nunca de esta forma, él me había jurado que se odiaría si me volvía a hacer daño, al parecer había cambiado de actitud con respecto a ello.

No tuve mucho tiempo más para cavilar en las cosas que haría o no haría Benjamin ya que los destellos de luz no se hicieron de rogar para comenzar a volar por entre la oscuridad que me rodeaba. Había sido una suerte que aquella muerte hubiera sido tan rápida ya que no sentí casi nada cuando mi cuello volvió a su posición original, aunque noté un desconcertante chasquido cuando mis vertebras volvieron a su lugar.

Tuve un buen plano de Ingrid al ver lo que sucedía, estaba desesperada y había soltado un grito, no escuché el sonido pero noté como moví los labios. Caroline había visto toda la escena desde su lecho, con los ojos aterrorizados puesto en Benjamin. No podía verlo a él, a quien más quería apreciar, no había podido ver su rostro mientras me quitaba la vida por tercera vez.

Las acciones comenzaron a retroceder con rapidez y de un segundo a otro ya no me encontraba entre los brazos de mi novio, volvía a estar al lado de Caroline, mirando con odio al vampiro que me había obligado a retroceder cuando había querido acercarme a Benjamin, mi amiga siendo arrastrada saliendo de la habitación. Rebobiné unos pocos minutos pero en ellos habían sucedido tantas cosas que me alcancé a marear, no tanto como hacía poco cuando había saltado desde la piscina del instituto a la salida con mis amigas una semana antes, pero todavía no sabía cuando ni donde se detendría aquello ¿Cuándo sería el momento adecuado para cambiar los hechos? No creía que se pudieran cambiar en este lugar.

Entonces frenó. Caroline no estaba en la gran sala, aquello me asustó ¿Cómo haría para encontrarla y sacarla de allí en el estado en que estaba? No veía una posibilidad, siquiera la más remota, para ellos. Benjamin volvía a esta escoltado por dos vampiros y mirando cabizbajo el suelo de mármol, sabía que recordaría a la perfección lo que había hecho, y si sobrevivíamos le recordaría durante el resto de nuestra vida lo que había me había hecho. Ingrid estaba posada en una columna no muy lejos de mí, recordé la escena en pocos segundos, estábamos hablando de la paciencia luego de ella haber llamado a buscar a mi compañera animadora.

El destello de luz me cegó por un escaso segundo, el suficiente tiempo para dar rienda suelta a una nueva pelea que pude oír. Al abrir los ojos noté que Benjamin, nuevamente, se había liberado de sus guardias sólo que de los dos a la vez ya que no estaba preparados para lo que había ocurrido. La mayoría de los no muertos estaban estupefactos y desconcertados, lo que le die tiempo a mi vampiro para matar a todos los que estaban cerca suyo, pero no mío.

Era el caos. Había cuerpos sin cabeza por el suelo, no había sangre en ellos, pero la imagen me resultaba tan o más perturbadora como si la hubiera. Reconocí la cabeza de una vampiro que se había encargado de traer a Benjamin hacia el recinto, ahora rodaba sin control por el suelo enredando su cabello rubio.

Mientras que Rusin seguía luchado contra todos para llegar a Ingrid yo aproveché el momento de distracción para colarme entre los cuerpos desmembrados y huir por la puerta de roble. Seguramente, de haberlo podido decirlo, Benjamin me habría gritado que huyera. Aunque no quería salvar mi vida, aquello era muchísimo más fácil que lo que me proponía. Quería encontrar a Caroline, ella merecía salir de aquel horrible lugar. Ella nunca debía haber pisado siquiera esa mansión.

Pero antes de llegar a la entrada del salón esta se abrió de par en par y la imagen de un centenar de vampiros del otro lado de la puerta me hizo estremecer y retroceder unos pasos hasta quedarme quita en medio de la sala. Toda la furia que había sentido había quedado en el olvido al tener a un montón de ojos rojos mirándome. Ya que sí, sólo me observaban a mí, no a la lucha que seguía a mis espaldas.

Un escalofrió me recorrió toda la espalda al posar mi mirada en el hombre que estaba a la cabeza del grupo. Era alto y esbelto, tenía la cabellera más larga y rubia que le hubiera visto a un hombre portar, su piel era blanca como la nieve y sus ojos rojos escurecidos me decían que había encontrado fácilmente lo que buscaba: A mí.

-¡Egollas!- gritó la vampiro desde el centro del cuarto, el control que había tenido al principio de nuestra conversación se había reducido a cenizas. No tenía ni un rasguño pero ya más de la mitad de sus hombres estaba en el suelo, muertos, entre ellos Peter, el que parecía ser su favorito.

No pasó ni medio segundo para que volviera a estar rodeada de unos brazos que me mantenían pegada al cuerpo de mi captor, pero este no se trataba de Benjamin y eso me hizo temblar.

-Hola, Ingrid- saludó la voz del hombre rubio, sabía que era él porque su largo cabello se posaba en mis hombros, como si hubiera entrado a una subasta y se hubiese encontrado con una vieja amiga.

Dicho aquello, y como había predicho Ingrid Graff Weissbeck, sin siquiera decirme nada, Egollas aprovechó los pocos segundos para clavarme sus colmillo en el cuello desnudo y con él su veneno.

-¡No!- escuché que gritaba Benjamin desde lejos aunque ya era tarde.

Sentí el ardiente veneno entrar en mi torrente sanguíneo como si de fuego se tratase. El vampiro me soltó y caí completamente rendida a sus pies palpándome la herida del cuello y jadeando por los espeluznantes espasmos de dolor que comenzaba a acrecentarse en mi cuerpo, en mi cabeza en mi mente.

Mis gritos invadieron el lugar y lo último que realmente vi fue a un montón de personas observándome mientras me retorcía de dolor en el suelo. Algunas tenían la decepción escrita en el rostro, otras una sonrisa fanfarrona, pero sólo una estaba poblada de angustia y desesperación.

Benjamin se había acercado a mí y me susurraba algo pero no podía escucharlo, ya no podía hacer nada más que sentir dolor.

Perdí la noción del tiempo y el espacio no podía ver nada más allá del fuego de mis ojos, no escuchaba otra cosa que mis propios gritos y lamentos no sentía nada más que el abrazador calor que me fundía el cuerpo.

Era horrible y no sabía cuánto duraría, Benjamin nuca había especificado en eso, de lo que sí estaba muy segura era que un segundo de aquella tortura parecía durar una eternidad ¿Cómo habían podido pasar por esto todas aquellas personas y querer que otra lo sufriera únicamente para obtener su poder? Me resultaba aberrante, y ya no importaba quien había sido el culpable de aquel fuego que me recorría. Todos y cada uno de ellos pagaría por el sufrimiento.

Mi corazón se aceleraba con el correr del tiempo y noté que el calor comenzaba a concentrarse en mi pecho, quería acabar con mi vida. No pude más que pensar en Benjamin en lo enojada que estaba con él antes de que el veneno comenzara a recorrerme. Ahora siquiera podía pensar que lo odiaba, sólo quería protegerme, ese había sido su plan desde siempre y a tiempos desesperados medidas desesperadas. Aunque no había servido de nada. Ingrid no había logrado convertirme, pero Egollas sí.

Sentí los últimos latidos de mi corazón avecinarse y un lejano recuerdo cruzo mi mente: una vez me había preguntado si con el correr del tiempo mis muertes serían cada vez peores. Y ahora tenía la respuesta, no podía haber peor muerte que esta.

Justo cuando escuché el último y lastimoso latido de mi incinerado corazón la oscuridad volvió a atraparme.