No sir, no están soñando. ¡Qué más quisiera yo! Porque si esto fuera un sueño, sería indudablemente una pesadilla, de la que afortunadamente despertaría en el momento más truculento y luego padecería un insomnio de encanto hasta el despuntar del alba, hora en que me entraría el sueño pero que no sería apropiada para dormir y por tanto estaría desmañada como de costumbre.

Pero tengo claros e irrefutables indicios de que no es un sueño.

Primeramente, al comenzar esto estaba yo haciendo algo normal: alimentar a mi perro. Ciertamente todos mis sueños comienzan sin sobresalto ni anormalidad alguna. Entonces siguió suavemente, con mis cavilaciones acostumbradas, maquinando tramas en mi retorcida sesera para entretener y recrear a ustedes, mis gentiles damas y dulces caballeros, incluyendo cualquier punto y contrapunto intermedios tales como damas dulces, caballeros gentiles, suripantas declaradas y gamberros patanísimos.

Como es natural, volvió a mi mente una frase que he usado tanto que ya me doy asco "el apetecible trasero del buen camarada Kai".

Porque tan cierto como el alza de los precios, el calentamiento global y el agotamiento de las reservas de petróleo, si bien mucho más agradable, .¿hay alguien entre los presentes a quien no le deleite la pupila ese espejo y cima de la redondez y apapachabilidad, amén de perfección, que representa el postifaz del buen camarada Kai?

Bueno, aparte de aquellos a quienes les desagrada lo suficiente su personalidad como para resistirse al encanto de su persona, cuya opinión es respetabilísima y este monólogo será de su total agrado.

Porque no voy a ensalzar la región glútea de Hiwatari, no sir. Más bien todo lo contrario, pues de repente he caído en un pozo de desesperanza.

Estaba, como ya he dicho, alimentando al cánido acompañante mío de tantos años, cuando algún mal espíritu (probablemente uno de esos enemigos internos que todos tenemos; o quizá mi altamente apreciado por todos demonio de la guarda) me susurró al oído una frase tan cargada de veneno, que de sólo recordarla siento deseos de llorar, gritar, correr en círculos, reconocer al peje como presidente legítimo y darme de cabezadas contra la pared. Reproduzco todos los horrores que la antecitada voz me refirió, junto con las débiles defensas que argüí, que de nada valieron y vime vencida humillantemente.

Bueno, bueno, .¿pero a ti quién te asegura que Kai tenga un buen trasero? Acá entre nos, no hay ninguna evidencia que lo sustente.

¿Evidencias? .¡Evidencias! Las hay de sobra y con gusto las enumeraré. Primeramente, al dirigir la mirada al punto donde la espalda del buen camarada Kai pierde su digno nombre, inmediatamente notaremos cierta turgencia que…

Que no existe, porque no importa qué tan hipermetromiope estés, no puedes ver colinas do la naturaleza creó llanuras, y las posaderas del tal Kai son como tablas; no por firmes, sino por planas.

Bueno, bien puede ser que esa impresión dé, ya que con esos pantalones bombachos queda completamente a la imaginación la figura del buen camarada Kai de la cintura para abajo.

Sí, claro, los mismos pantalones bombachos que se desinflaron tremendamente en la tercera temporada y aún así no ceñían ni rozaban las extremidades de quien los portaba.

Como hombre que es, le gusta estar cómodo. He visto una ingente cantidad de bóxers en mi vida porque los caballeros que los usan llevan pantalones que les quedan flojos y no usan cinto que los mantenga arriba.

Suena como si te quejaras, lo cual es incomprensible.

No me quejo en absoluto. Aplaudo el sentido común de los hombres, que no se torturan con zapatos de tacón, ni abrochándose sostenes por la espalda, ni usando cera caliente para remover vellosidades indeseadas.

Como sea, ése no es el punto. ¿Cómo puedes decir que le gusta estar cómodo a quien usa bufanda en el verano más caliente de Egipto, que usa un cinto apretadísimo y de un grosor considerable, además de haberse perforado la oreja a una edad en que recordaría el dolor por el resto de su vida, para después mandar al garete y nunca usar nuevamente la dicha perforación?

Por la misma razón que las mujeres nos torturamos: la belleza cuesta, las modas cambian, y un buen día a uno le da la gana de ponerse perforaciones y luego descubre que no le favorecen en lo más mínimo.

Estás diciendo que Kai es metrosexual.

Un poco, tal vez. Si no, .¿a santo de qué, a la moza y venturosa edad de 14 años, ponerse a desarrollar musculatura bien definida y exhibirla tan gallardamente como sólo él sabe con esa camisa sin mangas y tan ajustada que a muchas y muchos nos hizo babear como a las cataratas del Niágara?

He ahí otro punto en contra tuya. ¿Cómo alguien tan exhibicionista ocultaría un buen trasero y unas piernas de campeonato, que presupones que posee?

Modestia natural.

Kai será cualquier cosa, menos modesto.

Bueno, temía verse acosado por la sarta de pervertidos y pervertidas que abundan por ahí.

De todas formas lo es.

Además, se vería, dicho sea con perdón, "¡Putaaaaaaazo!"

Pues te diré…

Pues no dirás nada, que no me da la gana escuchar tus insolencias y herejías. ¡Venirme a mí con el cuento de que el apetecible trasero del buen camarada Kai es una quimera! A otra con esa sandez, que yo no me la trago aunque la acompañe un tarro gigante de leche con pocholatito Morelia®, néctar y ambrosía de los dioses.

Amén de todo lo que he dicho, hay otra razón por la cual no es plausible considerar que Kai tenga ese tan soñado trasero precioso y firme que le adjudicas.

¡Desde ahora la declaro baladí!

Declara lo que quieras. El hecho es que Kai no tiene ninguna razón ni propósito útil para sí mismo que le haga ejercitarse de la cintura para abajo. ¿Es acaso maratonista? .¿Nadador? .¿Carterista simple? No, nada de eso. Su deporte, si así puede llamarse, es el beyblade, y para eso no necesita ejercitar nada más que los brazos y los músculos pectorales y de la espalda, además del diafragma y los pulmones para gritarle apropiadamente al trompito para que funcione.

… por amor al arte, que ésa es la primera y más elevada de todas las razones para hacer cualquier cosa, desde esculpirse la región glútea hasta mandar unos cuantos bombazos a Irak, pasando por asaltar un banco y aprender a tocar un violín gigante.

Y para rematar mi punto y dejar bien en claro que tu creencia es equívoca, señalo que los únicos testimonios que se tienen a su favor son los que han hecho otros y otras fans, que lo único que hacen es escribir lo que quieren ver como verdad, que como tal no la han visto de ninguna forma.

¡Ah, mal seguidor de Santo Tomás! Hay que creer más por las obras que por las palabras, y ya que el buen camarada Kai es una obra tan rematadamente buena, hay que suponer que todo en él es de la misma categoría.

Pero para asegurar eso tienes que haber visto y revisto todo lo que en él hay que ver, y hasta tentarlo para estar bien segura, y ya que ni tú ni nadie puede hacer tal cosa, harás bien en desistir de tu intento de defender lo indefendible, ya que el peso de la razón y el poder de la lógica están de mi parte, y lo único que haces es esgrimir argumentos poco sólidos que algunos podrán tener por excelentes excusas, pero serían incapaces de ganar la aprobación de ninguna renombrada academia. Y para que no se me quede ninguna cosa en la lengua, y para que no puedas tener paz ni sosiego ni inocente recreación jamás, te informo que ninguno de los rusos (de los que aparecen en beyblade, se entiende) tiene el tan antecitado trasero bonito; ni los europeos ni los chinos ni los gringos ni los de ninguna nacionalidad. El que tiene mayor posibilidad de poseerlo es Tyson, y sólo en la primera temporada, pues está relleno de relleno y bien puede tener algo de adiposidad generosamente distribuida por esa zona. En cuanto a todos los demás, nones.

Pero un postifaz constituido en su mayor parte de tejido adiposo no es apetecible.

Sí, pobres de todos ustedes. Es por esas y otras razones que, al llamar perfecto al trasero de Kai Hiwatari, han dado en el clavo: porque lo perfecto no existe y la antes citada región glútea tampoco.

Diciendo tal cosa, aquel vestigio murmurador me abandonó, dejándome sumida en el más profundo hoyo de la desesperanza del que les hablaba en antecedentes. Tal revelación, sustentada por tantas razones (sobre todo lo de que para jugar beyblade no debes ejercitar nada de la cintura para abajo) me ha causado tal pasmo que ni siquiera acierto a correr en círculos gritando como histérica.

Por eso pido a ustedes, dulces caballeros y gentiles damas, y viceversa, y puntos y contrapuntos intermedios y circunvecinos, me reconforten aportando pruebas fehacientes e irrefutables de aquello en los que hemos depositado nuestra fe incuestionablemente: que el postifaz de Hiwatari existe, es pródigo en materia constituyente y está esculpido con tal sutileza y perfección que no existen palabras en idioma humano para describirlo. Quiero las antedichas pruebas, claro, para restregárselas en la cara a aquel perverso espíritu, socavador de ánimos y demoledor de ilusiones.