Solo les pido una cosa, mantengan la mente abierta a todo, no esperen nada de nadie... mucho menos de mi, para así no defraudarse. No quiero que lleguen aquí con esperanzas de que pase algo, y que luego no suceda nada en absoluto. Créanme, lo he visto miles de veces, y cada vez duele como la anterior, aún cuando lo esperamos de todos modos. Este es un Fic sobre Sasuke Uchiha, lo que pase en su vida amorosa que no las desespere, es un consejo a las fans de Sasusaku. Quizás encuentres un hermoso amor eterno entre ellos, uno epico, o quizás no. Las cosas no pasan siempre como lo planeamos, y aunque haya planeado el que Sakura se quede con Sasuke, cosa que admito desde ya, quizás pasen algunas cosas en el camino que los hagan cambiar para siempre, y que los separen... sin vuelta atrás.
Deje a Sakura en su casa, y han pasado dos horas desde que volví a la mía, tal y como había cumplido a Corinne. Mi padre e Itachi ya están en sus habitación durmiendo y Chiyo-basama le había indicado al personal que se retirara.
Estoy sentado en la sala frente a la chimenea, solo. He pasado exactamente veinte minutos mirando el mismo tronco desvanecerse en el fuego, ¿Dónde está Corinne? Sentí una opresión en el pecho. Mire inquisitivamente la puerta, ahora tenía que ocuparme de Corinne, que en estos momentos esta estacionando su BMW S1000 junto a las grandes escaleras de la entrada.
Abrí la puerta y la encontré de pie junto a su súper deportiva, examinando el exterior de la casa, primero con unos anteojos de sol puestos y luego sin ellos. La expresión de Corinne indicaba que no existía demasiada diferencia se le mirase como se le mirase.
Pero aquella no era mi principal inquietud, sino el semblante que tenía y lo que emanaban sus ojos.
- ¿Que has estado haciendo? - Le pregunte sin rodeos, estaba demasiado escandalizado para ofrecer un saludo rutinario.
Corinne me dedico una sonrisa confidente.
- Mirando antigüedades - Dijo, y suspiro - Ah, y fui de compras - Se palpó un nuevo cinturón de cuero, se tocó los bolsillos y se echó hacia atrás los Ray-Ban - Puedes creerlo, en este pueblucho hay unos negocios más que interesantes. Me encanta ir de compras. Y también a cenar.
- ¿A estas horas? - Le pregunte molesto - Y no andas con dinero, lo sé. Entonces te encanta robar, querrás decir. ¿Estás loca?
- Estaba hambrienta, sólo eso - Respondió cortésmente, inspeccionando aún la fachada de la casa - Y ¿qué ha sido de las normas básicas de cortesía, a todo esto? ¿Me molesto en volver hasta aquí y recibo un Hola, Corinne o un Me alegra que vuelvas? No. En su lugar oigo: ¿Que has estado haciendo? - Proporcionó a la imitación en un quejumbroso giro burlón - Me pregunto qué pensara el signore Yan de eso, primito.
- El signore Yan - Dije entre dientes, preguntándome cómo conseguía Corinne sacarme de quicio siempre, esta vez con una referencia a nuestro antiguo tutor de etiqueta - lleva varios años convertido en polvo. Lo que no tiene nada que ver con esta conversación, Corinne. Te he preguntado qué habías estado haciendo, y sabes a qué me refería con ello, que has hecho con esa mujer que estaba en el funeral, y porque te has demorado tanto en volver, ¿cenando a estas horas?
- Estaba hambrienta - Reconvino, alzando un dedo en jocoso ademán - Deberíamos ser políticamente correctos, después de todo. Y a lo mejor tú deberías echarle una mirada a tu dieta. Si te alimentaras como yo, tal vez empezarías a engordar un poco. ¿Quién sabe?
- ¿Si me alimentara mejor? - Existían varios modos de finalizar la frase, pero eso no iba al asunto - Y ahora, por qué no me cuentas qué estás haciendo aquí, después de decir que te molestas en volver.
- Estoy aquí porque quiero recuperar mis computadoras - Respondió en tono categórico.
- ¿Por qué no te limitas a robar otr...?
Me interrumpí al encontrarme de improviso tambaleándome hacia atrás y luego inmovilizado contra las crujientes tablas de la puerta, justo con Corinne ante mi cara.
- No robé estas cosas, primito. Pagué por ellas... con mi propia moneda. Con sueños, fantasías y placeres procedentes de más allá de este mundo - Pronuncio las últimas palabras con énfasis, ya que sabía que me enfurecerían.
En efecto, me sentí enfurecido, ¿qué demonios había hecho Corinne para obtener todas esas cosas?
Pero justo en aquel momento pude ver un destello extraño en los ojos de Corinne, sus ojos ya no eran grises, eran de un negro sobre negro, oscuros... los grises y violetas habían desaparecido por completo. Y lo que fuese que Corinne hubiese estado haciendo esta noche era anormal. No sabía que pasaba, pero sabía exactamente cómo iba a ponerle fin Corinne.
- No tengo porque pagar por lo que tome - Decía Corinne en el más hiriente de sus tonos. Ella levanto su mano derecha y mostro un anillo de un reluciente oro con el emblema de nuestra familia, un nuevo anillo. Y entonces, cuando hice un movimiento, Corinne uso aquella mano para inmovilizar mi muñeca contra la puerta.
Hice fuerza con la izquierda y luego me abalancé a la derecha para liberarme de la garra de Corinne. Pero esta se movió rápido como una serpiente, no, más rápido. Mucho más rápido. Veloz y fuerte gracias a todos esos entrenamientos que le habían otorgado una vez que había abandonado a nuestra familia.
- Corinne, tu...
Estaba tan furioso que por un breve instante fui incapaz de razonar e intente desestabilizar las piernas de Corinne con el pie y hacerla caer.
- Sí, soy yo, Corinne - Dijo con un exultante veneno - Y no pago si no tengo ganas de hacerlo; me limito a tomar. Tomo lo que quiero, y no doy nada a cambio.
Peligrosamente ella acercó sus labios a los míos, clave la mirada en aquellos acalorados ojos negros sobre negro, buscando hasta el más mínimo color gris, sin encontrar nada. Corinne siempre atacaba a la menor provocación, se ofendía por lo más mínimo. Pero no de este modo. La había conocido el tiempo suficiente para saber que algo no iba bien; que sucedía algo. Corinne parecía casi febril. La mire intentando buscar respuestas, intentando averiguar que era diferente.
- Si, veo que has captado la idea, pero no llegaras a ninguna parte de ese modo - Dijo irónicamente
- Corinne, ¿Qué te pasa? - Le pregunte casi sin poder respirar.
Tenía que permanecer frio y racional; tenía que seguir pensando, no limitarme tan solo a reaccionar. Corinne era mujer, no podía hacerle daño, y la quería.
Efectué un leve movimiento, torciendo el cuello a un lado, mirando en dirección al gran ventanal victoriano al lado de las puertas de entrada. Ojala Itachi estuviera allí...
- Corinne, se supone que debemos cuidar el uno del otro... nos ayudaríamos...
- Si, y ahora mismo voy a ocuparme de ti.
Cambio de lugar su peso y me tiro contra el suelo, cayendo de golpe con ella sobre mí.
Fue aún más doloroso que esa vez cuando me apalearon y Corinne había llegado a ayudar, esta vez ella estaba lastimándome, mirándome directamente sin quitar esa sonrisa lobuna.
- Vamos Sasuke, no quiero hacerlo si no pones de tu parte - Murmuro en mi oído y dejándome respirar el aroma de su cabello.
- ¿Que harás Corinne? - Le pregunte mientras ella aún tenía sus labios en mi oreja.
- Nada que no te guste, lo prometo.
Tomo mis muñecas dejándolas sobre mi cabeza, su agarre ya me estaba dejando marcas. Se acercó a mi cuello y respiro profundamente, luego roso sus labrios sobre mi piel y pasó su lengua lentamente.
- Corinne, si no te quitas de encima lo hare yo, y no lo hare con delicadeza - Le dije mientras ella elevaba su cabeza para mirarme a la cara.
- ¿Eso harás? - Pregunto mientras volvía a ocultar su cabeza en mi cuello y exhalaba, su aliento cálido hizo que una corriente eléctrica recorriera mi cuerpo. Mi respiración era rápida y entrecortada. Me mantuve cuidadosamente inmóvil durante el proceso, rehusando forcejear.
Corinne me malinterpreto y soltó mis muñecas, se enderezo y con sus piernas abiertas se sentó sobre mí, puso sus manos sobre mi pecho y sonrió triunfante.
- ¡Corinne, dime que es lo que te sucede! - Le exigí mientras me reincorporaba pero ella paso sus manos frías bajo mi camisa y suspiro.
- ¿No ves que es lo que me pasa? - Pregunto inquisitiva y acercó su rostro al mío - ¡Tú eres mi problema, Sasuke Uchiha! - Termino en un susurro y alargando las palabras.
Pasó su mano detrás de mi cabeza tomando mi cabello con fuerza, pude ver como sus ojos negros se entrecerraban y su respiración se aceleraba. Se acercó más y más sin quitar su otra mano debajo de mi camisa, sentí sus uñas en mi abdomen y como cargaba su peso sobre el mío. Ahora de espalda en el suelo nuestros labios se unieron lentamente, besándome de una forma exigente y demandante, sin necesitar respirar... sin dejar de besarme, sin dejar de sentir su sabor dulce y sus labios suaves.
Ahora jugaba con su lengua y sus manos ya no estaban en los antiguos lugares, estaban quitándose su chaqueta y segundos después quitando fuertemente mis botones.
- Corinne - Dije apenas pero esta me beso nuevamente, ya no forcejeaba, ahora le correspondía a esta Corinne que era sumamente desconocida.
- Sasuke - Dijo quitando unos segundos sus labios y tomando mi cabellos con fuerza.
Tome su cintura para quitarla de encima pero su peso volvió a caer sobre mí, ya no tenía su chaqueta... su delgada camisa me dejaba sentir todo el calor de su cuerpo. Jamás había besado de esta forma, tan liberalmente y salvaje, como si el cuerpo de Corinne se fuera a deshacer en mis manos, y me perteneciera.
El corazón me martillaba en los oídos mientras me retorcía bajo sus labios.
Empezaba a preguntarme si ella había perdido realmente el juicio y tenía intenciones de humillarme cuando por fin con un empujón que la hizo perder el equilibrio, Corinne me soltó. Me puse en pie despacio. Sabía que ella debía de estar observando todo ya que estaba junto a mí, afirmándose en la puerta. Ella saboreaba todo esto: Mi humillación, mi ropa arrugada y mi voluntad hecha trizas.
Pero solo se limitó a sonreír, a tomar mi mano y a empujarme dentro de la casa, hacerme subir las escaleras y tirarme dentro de mi habitación.
- Qué callado estás - Comento, y jugando con su chaqueta en la mano - ¿No tienes una respuesta insolente? ¿Ni siquiera una palabrota?
- Solo quédate en silencio, y cuando vuelvas a la normalidad... me vuelves a hablar. Ahora vete a tu habitación…
Tenía dificultades para conseguir que las piernas me obedecieran, así que me lance sobre mi cama. Mala idea, lo único que supe después fue que Corinne estaba nuevamente sobre mí, y esta vez… había ganado.
El corazón se me alborotó, el deseo remplazaba de inmediato a la inquietud, me recorrió la sangre y se instaló, oscuro e intenso, en mi abdomen. Le recorría su cuerpo desnudo enroscándome en su pecho. Puse mi mano en su nuca y la arrastre dolorosamente por su columna vertebral. Su tacto arañaba mi piel. Se alteraba mi respiración, se vuelve menos honda, precipitada, llena de expectativas.
Tengo sus dedos en mis hombros, los baja terriblemente despacio, mientras sus labios se deslizan, lamiendo, besando, succionando hasta mi garganta. Eso le sale seductoramente bien. Ahora su cuerpo vibra, y empieza a estremecerse lánguidamente bajo mis caricias. Alargo mis manos y le tomo los pechos, y sus pezones se yerguen bajo mi tacto. Sus pechos se acomodan perfectamente en mi mano; los pezones se endurecen aún más. Hundo mis dedos en su cabeza y, con mayor delicadeza, le tiro suavemente el pelo. Ladea la cabeza para facilitarme el acceso a su cuello. Ronronea detrás de mí oreja, mientras empiezo a pellizcarle los pezones con mis dedos largos, imitando lo movimientos de sus manos en mi pelo. Percibo la sensación con nitidez en el entrepiernas, y gimo. Ella arquea la espalda para acomodar sus pechos en mis manos expertas, expertas de ella.
Jadeo por el exquisito y agudo dolor placentero. La noto pegada a mí. Gime y me tira el pelo con fuerza. Vuelvo a centrar mis dedos en sus pezones, tirano, retorciéndolos, masajeándolos. Me aprieto contra su cuerpo, y lo muevo de un lado a otro. Noto su sonrisa en mi cuello mientras mis manos se desplazan a sus caderas
Muchas cosas me ocurren… veo la Diosa que lleva dentro cuando ruge y, no sé bien como, fruto de la frustración, el deseo y la pura valentía la monte sobre mí y, sintiéndose victoriosa… la observo desde abajo.
Cuando la penetro… gruñe cuando la dilato, llenándola, y la boca se me descaja ante esa sensación abrumadora, agonizante, sublime y dulce.
Por favor… y se lo tengo dentro… ensartado hasta el fondo, y la tengo inmóvil, segundos… minutos… no tengo ni idea… mirándola fijamente a sus ojos.
Hago que doble y mece las caderas con ritmo, y gime… madre mía… la sensación se propaga por todo mi abdomen… a todas partes. ¡Mierda!
Sonrió despacio y la complazco.
Me agarro con fuerza, como si me fuera la vida en ello. Muy despacio, hago que suba y vuelva a bajar. Me arden los ojos de salvaje ansiedad. Su respiración es entrecortada, como la mía, y levanto la pelvis cuando ella baja, haciéndola subir de nuevo.
Encontramos el ritmo… arriba, abajo, arriba, abajo… una y otra vez… y es placenteramente estrecha, y me encanta, me gusta mucho.
Entre mis jadeos, la penetración honda y desbordante, la ardiente sensación que me recorre entero y que crece rápidamente, la miro, nuestras miradas se encuentran… y veo asombro en sus ojos, asombro de mí.
Estamos haciendo el amor, por primera vez. Mando yo. Eres mía, y yo soy tuyo, todo tuyo. La idea me empuja, me exalta, me catapulta, y así… poco a poco… el mundo exterior invade mis sentidos y, madre mía, tremenda invasión.
El calor me pega directo en el rostro, y mientras me muevo buscando una posición más cómoda escucho una pequeña risita que me saca del empecimiento.
- ¿Te hice esperar mucho tiempo, muchacho? - me pregunta apoyada en el sillón, frente a la chimenea, tiene una extraña expresión en el rostro.
Di un salto, lo primero en mirar fue el tronco que se desvanecía en el fuego, por su estado me percate que no había pasado mucho tiempo desde que había cerrado los ojos.
Fue un sueño, un maldito sueño. ¿Pero cómo era posible que lo haya sentido tan real?
Estoy confundido, y en lo único en que podía pensar era en todo el odio que estaba sintiendo. ¿Fue un simple sueño o fue producto de la mente desquiciada de Corinne? ¿Es eso siquiera posible?
- Tú estabas… - observe la puerta - Ahí, afuera… luego…
- ¿Luego?
- Nosotros… - cerré los ojos, y rebobine…
- Me ha dado mucho sueño - Dijo Corinne mientras se levantaba.
Sonrió satisfecha.
- Tú me hiciste algo… ¡No te acerques...! – Ella había pretendido acercarse, no podía dejarla estar ni a centímetros de mí. Le grite el tono más amenazador que tenía, y ella se espantó y luego soltó una risita cantarina.
- No lo hare, descuida.
Y subió las escaleras detrás de mí, ella entro a su habitación y yo a la mía.
Hoy había algo extraño en ella. No sé qué. Pero ahora mismo no me importa.
Sasuke Uchiha
