Capítulo 52: El principio del final

*Cuando por fin llegaron al riachuelo junto al resto de la jauría, lo primero que hizo Shenzi, fue intentar convencer al resto de la jauría para que aceptara regresar al Cementerio De Elefantes; al principio le fue difícil, pero al final y gracias a un milagro, lo consiguió.

De vuelta al riachuelo, y de ahí a casa

Habían pasado dos días de la divertida competencia, cuando de pronto, el sonido de agua corriendo embriagó los oídos de nuestros cuatro amigos hiénidos viajeros.

"¡Escucharon eso!", exclamó Diótima, feliz. "¡Hemos llegado!"

Diótima corrió, y así el resto del grupo la siguió por detrás. Shenzi y Banzai habían reconocido el olor de la jauría. ¡Por fin se reunirían con la familia otra vez!

Al llegar al riachuelo, Shenzi, Banzai y Diótima quedaron impactados, pues éste –que de por sí, nunca se caracterizó por su abundancia- ahora tenía casi el absurdo tamaño de un charco. Todos agradecieron a Roh´kash haber llegado justo a tiempo.

La primera en recibirlos fue Leasha, la madre de Toby. Al verlos regresar, Leasha sintió un gran alivio.

"¡Al fin llegaron!", dijo, acercándose rápidamente a Banzai, y frotando amistosamente su rostro al de él. "estaba tan preocupada", decía. "Se estaban tardando tanto, que creí que algo malo les había sucedido durante el viaje".

Después Leasha se acercó a Diótima: "Su santísima excelencia", dijo, mientras le hacía una reverencia con la cabeza, inclinándola hacia abajo.

Por último se acercó a Shenzi. Su expresión era un poco seria. Shenzi, sin embargo, al verla, sonrió. Cuando se le acercó lo suficiente, en voz baja, Leasha dijo:

"Shenzi, sé que en ocasiones llegué a ser muy dura e insolente contigo… pero, ahora que me quedé a cargo de la manada durante estos días me di cuenta de lo difícil que es estar a cargo. Eres una gran lideresa Roh´mach y quiero decirte… que en verdad lo siento". Acto seguido, Leasha, para demostrar su gran respeto y admiración por Shenzi, le hizo una gran reverencia, cerrando sus ojos e inclinando su cabeza hacia abajo elegantemente, dos veces seguidas.

"¡Tía Shenzi!", se escuchó la voz de un niño, detrás; era Toboe, quien al ver a Shenzi, corrió hacia ella, como si fuera un bólido. Al llegar a ella, la llenó de tiernos lametazos que Shenzi le devolvió igualmente.

"¡Toby!", exclamó Shenzi, "¡Mi pequeño!"

"¡Te extrañé mucho!, dijo Toboe, con lágrimas en los ojos. "¡Me alegra que ya estés de vuelta!"

El tercer gran momento, y esta vez no sólo para Shenzi, sino para Banzai, fue cuando Edd, su amado hermano los recibió; apenas los vio, se alegró mucho, y fue corriendo, primero hacia Banzai, lanzándose hacia él, como hacen los perros emocionados al ver a sus dueños regresar a casa tras haber estado fuera, lo tumbó al suelo y comenzó a darle de lametazos cariñosos:

"¡Changos!", exclamó Banzai, entre risas. "ya extrañaba estas babas tuyas".

Entonces la lunática hiena, asintió bruscamente con la cabeza, con la lengua de fuera, y soltando saliva a causa del movimiento de su cabeza.

Al ver a Shenzi, en el rostro de Edd se dibujó tremenda sonrisa de oreja a oreja. Su cola se movía tanto, que incluso la parte baja de su cuerpo comenzó a desplazarse de un lado a otro de manera impetuosa también, y aunque sin hablar, podía verse en su mirada su inmenso gozo al ver a su querida hermana otra vez. Así pues, con toda la velocidad que sus patas le permitían, corrió y se abalanzó sobre Shenzi, tirándola al suelo con cómica violencia, y como un can contento comenzó a lamer el rostro de ella con gran ímpetu.

Shenzi reía a carcajadas. "Te quiero, hermano, te quiero mucho". Le decía una y otra vez, mientras sentía el calor de la lengua rasposa de Edd por todo su rostro. "Eres el mejor hermano del mundo, Eddy". Agregó.

Después de esto, el resto de la jauría se acercó a saludar a los recién llegados con gran júbilo.

"¿Y, quién es ella?", preguntaban todos al ver a Wema. La nueva miembra de la jauría se presentaba amablemente, ganándose la simpatía de todos.

Por otro lado, todos estaban muy felices de que su lideresa estuviera de vuelta. En verdad apreciaban demasiado a Shenzi.

Después de tan emotivo reencuentro, Shenzi les pidió a todos que se reunieran, pues les daría una noticia muy importante:

"Sé que esto puede parecer extraño, y muy difícil, pero créanme, es lo mejor que podemos hacer".

Toda la jauría se preguntaba de qué estaba hablando, y a qué se refería con eso. Se miraban unos a otros.

"Pero…", continuaba Shenzi. Comenzaba a titubear y a sudar por la frente. Le daba muchos nervios decir lo que iba a decirles, y que nadie lo aceptara, pero debía intentarlo, "pero será el fin de muchos de nuestros infortunios", entonces finalmente se los soltó:

"Regresaremos a Las Tierras Del Reino y le diremos al rey que nos restableceremos en El cementerio de Elefantes".

Las protestas no se hicieron esperar. Todos pasaron de felices, a molestos... en especial Leasha.

"¡Esto sí que no!", gritó furiosa. "Tal vez nosotros mismos decidimos irnos de ese lugar, pero es claro que a nadie allí le alegrará vernos."

"Lo sé, pero es un riesgo, que tenemos que correr", le respondió Shenzi, muy segura de sí misma.

Y así, toda la jauría comenzó a bombardear a la pobre Roh´mach con diferentes preguntas. Shenzi se quedó callada. Tenía que pensar muy bien lo que diría a continuación. Permaneció pensativa, hasta que una de las hienas inquirió:

"Además, ¿Qué hay de bueno en regresar allá? ¿Qué hay de bueno en regresar al Cementerio de Elefantes?"

Fue gracias a esa pregunta, que a Shenzi finalmente se le ocurrió una buena respuesta; pero para expresarla, primero debía captar la atención de todos:

"¡Silencio, por favor!", gritó tan rotunda y firmemente, que todos obedecieron, adoptando una postura derecha, mirando a todos con supremacía, y levantando sus orejas como antenas, pues a pesar de todo, Shenzi era la Roh´mach aquí, y todos respetaban eso. Cuando por fin se hizo el silencio, Shenzi aprovechó para hablar.

"Antes de decirles esto, quiero que sepan que todo es verdadero, y me sucedió justo en el templo de la sacerdotisa Radarana."

Todos, aunque callados, se miraron unos a otros. La intriga se reflejaba en sus rostros. Shenzi prosiguió:

"Mientras estuve inconsciente, y mi cuerpo se liberaba del Makei que me poseyó, tuve una importante visión: vi a Fabana, es decir, a mi madre, y a la hiena que por tantos años fue lideresa de todos ustedes."

'¡Imposible!', se escuchó que murmuraban algunos, '¿Pero cómo?', se preguntaban otros. Shenzi intentaba hacer caso omiso a la palabrería. "Mi madre hizo una revelación: regresar a Las Tierras Del Reino será la salvación para nuestra jauría, por ello es que yo considero que…"

Entonces Shenzi notó que de pronto, la gran mayoría comenzaron a mirarla raro: eran miradas de curiosidad, y otras más de fascinación que a Shenzi la incomodaron un poco. Incluso Banzai y Edd también habían fijado mucho sus ojos en ella. Así, fue remotamente consciente de que a su alrededor se oían unos inquietantes susurros, y de alguna manera ella estaba segura de que no había sido por el discurso que estaba presentando… era algo más.

Tras un desconcertante silencio, de pronto alguien bramó: "¡Esto es un milagro!"

"¡¿Qué?!", preguntó Shenzi, estupefacta, por aquel extraño grito.

"¡Sí!", exclamó de pronto Leasha, y agregó en un tono algo misterioso: "Ahora, después de ésta señal divina, más que nunca, ¡oh, gran Roh´mach!, te creemos, y tu precepto de regresar a donde están Las Tierras Del Reino, será incuestionable."

"¡Es muy cierto!", vociferó otra hiena, más atrás.

Shenzi entonces se sintió embrollada: hacía sólo unos segundos, todos estaban en su contra, y ahora su pauta de regresar a Las Tierras Del Reino y decir al rey que se restablecerían en El Cementerio de Elefantes era más que indiscutible para todos. "¡¿Pero qué mosca les picó?!", se preguntó. Sin embargo aquel raro suceso era su oportunidad para terminar de convencerlos, así que ella reanudó su discurso para poder brindar una buena y convincente conclusión. Se aclaró la garganta y habló:

"Es… toda una maravillosa e inesperada sorpresa que ustedes aceptaran tan bien la idea de regresar. Yo les garantizo que es la mejor decisión para esta jauría. Además hay una buena noticia que aún no les he dicho; el protegido de Scar, Kovu, es ahora el nuevo rey de Las Tierras Del Reino. Esto me lo reveló mi madre, también."

Todos ovacionaron llenos de satisfacción; esa sí que era una buena noticia. A diferencia de los leones o del resto del pueblo, en aquel lugar, las hienas tenían en mente que, a pesar de que Scar había sido su tutor, recordemos que el cobarde león traicionó a la jauría, Kovu en cambio las había ayudado y apreciado siempre, al igual que su hermana Vitani. Si regresaban allá se aumentaba la posibilidad de que fueran recibidas de buena manera… o al menos de la mejor forma posible.

Así pues, cuando la audiencia llegó a su fin, Shenzi no pudo sentirse más que satisfecha. Todo había salido maravillosamente; por fin ella había vuelto a casa, y todos la habían recibido bien, pero había un detalle que la alegraba e intrigaba al mismo tiempo: ¿Qué había ocurrido para que la miraran así, y cómo es que bastaron sólo unos segundos para que todos aceptaran tan rápidamente, y sin rechistar la idea?

Entonces, al llegar la noche, cuando ya todos dormían, y una preciosa luna menguante parecía sonreír desde el cielo a toda áfrica.

Shenzi, quien había permanecido toda la noche despierta, buscando respuestas a sus preguntas, se sentó junto al riachuelo –o lo poco que quedaba de él-, miró hacia abajo y se quedó un rato observando fijamente su reflejo en el agua, hasta que de pronto una segunda cara de hiena se reflejó en el líquido vital junto a su rostro… y después una tercera; Shenzi miró hacia atrás y sonrió, pues Banzai y la sacerdotisa Diótima estaban con ella.

"¡Diótima!, ¡Hermano!, ¿Qué hacen despiertos?"

"Lo mismo te preguntamos", respondió la sacerdotisa con una sonrisa.

"Hermanita", comenzó a decir Banzai. "Hoy durante tu discurso, te pasó algo extraordinario…, que te lo explique mejor Diótima".

Al oír esto, Shenzi quedó atónita. Tal vez sus preguntas parecían tener respuesta.

Después, Diótima, con singular alegría, comenzó su explicación hacia Shenzi:

"Shenzi… hoy por la tarde, tuviste una ligerísima fusión con un espíritu por algunos segundos".

"¿En serio?", preguntó Shenzi, con una cómica expresión de sorpresa en la cara, "Y… ¿Cómo fue eso?"

Automáticamente, entonces, Banzai le respondió:

"Shenzi, mientras hablabas con todos, tu cara cambió de forma… a la de mamá".

Shenzi quedó petrificada de la impresión. Se quedó boquiabierta, asombrada.

"¡Sí!", agregó Diótima, entusiasmada. "Tomaste la forma por unos segundos de la antigua Roh´mach de esta jauría; Fabana, tu madre."

"Es por eso que todos creyeron en mí", susurró Shenzi, presurosa, luego sonrió, y miró a su hermano con un brillo especial en los ojos. "Mi mamá me ayudó". Agregó extasiada.

"Sí", le dijo Diótima, colocando una pata delantera en el hombro de Shenzi de manera amistosa. "Ella te ayudó a dar el mensaje".

"Mamá siempre ha estado protegiéndonos". Expresó Banzai con total sinceridad, frotando su rostro contra el de su hermana con mucho amor.

Cuando los primeros rayos del sol tocaron los sagrados suelos africanos, Shenzi reunió a toda la jauría:

"Hoy partiremos a nuestro destino", vociferaba Shenzi con mucha decisión, firmeza e ímpeto, parecía un candidato político hablando a sus seguidores. "posiblemente no sea fácil, pero al final triunfaremos, y nuestras vidas mejorarán. Dejaremos de ser errantes, y volveremos a tener un hogar estable y feliz… volveremos a reír como las hienas que somos, pero en ésta ocasión no de ironía, sino de inmensa felicidad".

Ante estas palabras, todos quedaron conmovidos, los ánimos se contagiaron a todos los miembros de la jauría, y el entusiasmo se difundió.

Todas las hienas, comandadas por Shenzi a la cabeza, Banzai y Edd a su lado derecho, y Diótima y Wema a su lado izquierdo, iniciaban la mejor travesía de sus vidas; ¡Volverían a casa!

*Fue un difícil, pero también bello y emotivo regreso para las hienas:

Era una tarde de lluvia en Las Tierras Del Reino; Desde el cielo, las nubes negrísimas cubrían con un manto sombrío los alrededores. Sólo las luces destellantes de los truenos iluminaban de vez en cuando el lúgubre paisaje.

El nuevo Rey León Kovu estaba preocupado, parado en la entrada de la cueva real, viendo las gotas caer, tenía un presentimiento.

"Kovu… ven conmigo, ya no estés ahí parado como árbol." Decía su esposa, la reina Kiara, recostada en el suelo. Ella estaba acompañada por las leonas ex pertenecientes al grupo de Zira, toda la cuadrilla de caza, y por supuesto de Vitani, quien por cierto, apoyó a Kiara en lo que había dicho.

"Sí hermano, Kiara tiene razón, ven con nosotros. Nada lograrás si estás preocupado y parado allí viendo la lluvia caer".

Entonces Kovu tomó aire con fuerza, y aun con una expresión de frustración en el rostro, se sentó junto a las leonas.

"Al menos tu embarazo va bien", dijo el ojiverde a su esposa en un suspiro.

Kiara sonrió sin decirle nada más.

Repentinamente, Kovu vio tres extrañas siluetas surgiendo de entre las sombras en la entrada de la cueva real. Seis ojos amarillos y brillantes se aproximaban cada vez más a él. El león estaba muy espantado hasta que de pronto, un relámpago iluminó aquellas misteriosas siluetas. Fue entonces cuando el león finalmente los reconoció; eran Shenzi, Banzai y Ed, quienes, conforme iban adentrándose en la cueva, se sacudían con sus cuerpos el agua de la lluvia tal como hacen los perros mojados.

"¿Tía Shenzi?", dijo estupefacto. "¿Tío Banzai? ¿Edd?... ¿En verdad son ustedes?"

"Sí", susurró Shenzi. "Somos nosotros".

Entonces, alguien más se acercó a saludarlos… era Vitani.

"Creí que jamás volverían", dijo con lágrimas en los ojos.

"Pues… aquí estamos". Expresó Shenzi, con una cálida mirada.

"¡Sobrinos!", exclamó Banzai con una sonrisa de oreja a oreja, acercándose atrabancadamente a los dos leones. "¡Cuánto tiempo! ¡No los había visto desde que eran unos chilpayates1!"

"¡Tío Banzai!", exclamó Vitani muy feliz. Las dos hienas comenzaron a frotar sus rostros contra los de los dos leones afectuosamente, y pronto una tercera hiena se acercó a los felinos.

"¡Tío Edd!", gritaron al unísono Vitani y Kovu. La alocada hiena entonces se abalanzó hacia ambos y comenzó a llenarlos de lametazos, como lo haría un perro emocionado al recibir a su dueño después de que éste hubiese estado fuera de casa por largo rato.

Así, los leones iniciaron una conversación con Shenzi. De pronto todos empezaron a llorar de felicidad. La alegría se apoderó de todos, embriagando sus corazones de una inmensa paz. Vitani y Kovu no podían creerlo: aquellos a quienes no habían visto en años, aquellos "tíos hiénidos" a quienes habían querido tanto, de pronto estaban ahí, justo frente a ellos, después de que, con el tiempo, las esperanzas de un reencuentro se habían casi deshecho.

La reunión de una familia… una familia no unida por lazos sanguíneos ni de especie, pero sí por el lazo y los recuerdos…

Aquella era en verdad una regocijante escena. Todos, en aquellos minutos demostraron, que pese al tiempo y a la distancia, el cariño y la fraternidad entre ellos jamás se había extinguido. Las hienas eran y siempre habían sido parte de la familia de Kovu y de Vitani… y siempre lo sería.

"Yo era una cachorrita, pero todavía me acuerdo de lo que me dijiste, tía Shenzi; Nos volveremos a ver".

"Te dije que cumpliría mi promesa, Vitani", dijo Shenzi.

"¡Pero si ya son todos unos adultos!", exclamó Banzai. "¡Cuando los dejamos de ver, eran apenas unas diminutas bolas de pelos!"

Edd asintió con la cabeza, de una excéntrica manera ante las palabras de su hermano.

"¡Nuka era el único que se veía más grande!", dijo Shenzi. "Por cierto, ¿Dónde está él?"

Al escuchar esto, Vitani bajó la cabeza, y se entristeció un poco.

"Él… se fue…"

"¿Quieres decir que…?", dijo Shenzi, sin dar crédito a sus oídos.

Vitani, sin poder emitir palabra alguna, ya sólo pudo asentir con la cabeza. El hecho de hablar de él la ponía mal.

Los hiénidos se quedaron en silencio. No podían creer lo que habían escuchado.

"Era tan joven", dijo Banzai en un suspiro.

Pero entonces de pronto, varios gruñidos surgieron desde el fondo de la cueva real, distrayendo la atención de todos; la cuadrilla de caza, el resto de las leonas de la ex manada, y todas comandadas por Kiara, empezaron a acechar a las hienas:

"¿Qué diablos hacen aquí, escorias?", vociferó la actual reina.

Pero entonces, tanto Kovu como Vitani (incluyendo también los ex seguidores de Zira) salieron en defensa de los hiénidos, emitiendo potentes rugidos.

"Nadie aquí les hará daño. Ellos son nuestra familia". Vociferaron de manera potente, haciendo énfasis en la palabra 'familia'. La cuadrilla, y el resto de leonas de la manada se detuvieron en seco, y quedaron sin saber qué hacer. Pero Kiara, no podía estar más enojada:

"Kovu, Vitani, ¡explíquenme qué significa todo esto!, ¿No saben acaso lo que estos seres intentaron hacerle a mis padres cuando ellos eran unos cachorros?... ¿Y qué hay de la destrucción que provocaron mientras Scar estuvo en el poder?"

Justo cuando Kovu iba a abrir la boca en apología de las hienas, Shenzi, en un tono de voz firme, se le adelantó:

"Es cierto. Nosotros hicimos mucho daño en el pasado, y estamos arrepentidos. Es por eso que hemos venido hasta aquí".

"Pero ustedes…", empezó a replicar Kiara. Mas Vitani la interrumpió, con voz muy serena:

"Kiara, por favor, escúchalos… hazlo por mí".

Kiara, al recordar cómo Vitani había sido la primera en habérsele unido a detener la guerra entre Zira y su padre, y también de la vez que su padre Simba se había negado a escuchar a Kovu mientras ella se lo rogaba, suavizó su actitud y finalmente cedió un poco.

"Desde que dejamos estas tierras, mi gente y yo hemos sido víctimas del hambre, del frío, de la traición, del miedo y de todo lo que el Gran Mundo implica. Es por todo ello que, arrepentidos absolutamente de los daños causados, y comprometidos a cambiar para bien, venimos a ustedes humildemente para hacerles una petición." explicaba Shenzi.

Kiara lanzo a la hiena una mirada de sospecha. "¿Qué clase de petición?", preguntó la leona.

"A nombre de toda la jauría, y como Lideresa Roh´mach que soy de ella, solicito a ustedes, Reina Kiara y Rey Kovu, nuestra reinserción en Las Tierras Del Reino. Tenemos entendido que desde que Scar estaba en el poder, El Cementerio de Elefantes pasó a formar parte de Las Tierras del Reino nuevamente después de la separación que se dio entre ambos territorios desde el gobierno del rey Mufasa, y que esta re-unión de territorios se ha mantenido así hasta el día de hoy, ¿estoy en lo correcto?"

"Así es. La ley de Scar sobre la unión del Cementerio de Elefantes con Las Tierras del Reino se ha mantenido intacta", afirmó Kiara con mucha seriedad. Shenzi continuó su discurso:

"Ahora, por ley sabemos que no es ilegal nuestro regreso, pero sabemos también que para ustedes puede ser difícil, y por eso es que pese a ello, hemos decidido consultarlo con ustedes." Dijo Shenzi con mucha seguridad.

Ésta petición pareció haberle caído a Kiara como un balde de agua helada; muy por el contrario de Vitani y Kovu, quienes se regocijaron con ella.

"Pero Shenzi", dijo Kovu. "A ustedes, nadie las corrió de aquí. Tal como has dicho, siempre han podido regresar".

"Lo sabemos", respondió la Lideresa, asintiendo suavemente. "Pero como he dicho, ha sido demasiado tiempo el que hemos estado fuera, y nadie nunca nos quiso. Sé que nuestro regreso puede ser rechazado, después de una larga vida sin nosotros. Sólo mírate; te dejamos de ver de cachorro, y hoy eres el rey de aquí".

"No las dejaremos regresar", sentenció Kiara, tajantemente, con el ceño fruncido. "Sería un retroceso para este reino".

Pero Vitani, preocupada, se acercó a Kiara con mirada de súplica:

"Por favor, Kiara, sé que pasaron muchas cosas en el pasado, pero… ¿no fue igual con los míos?... cuando le dijiste a tu padre que todos somos uno, comprendí que así debemos ser todos los seres de este mundo. Vamos, dales una oportunidad, por favor… ellos son parte de mi familia."

Entonces ocurrió algo; las leonas pertenecientes a la ex manada de Zira, que como ya sabemos, se unieron al clan de Simba en ese entonces- ahora traspasado a Kovu y Kiara- comenzaron a sentarse al lado de Vitani en símbolo de apoyo.

"Vamos Kiara", dijo Lazy-Eye de pronto. "Acéptalas, así como en su momento nos aceptaste a nosotros".

"Dales una oportunidad", dijo Spotty, una leona quien en tiempos pasados había pasado de ser la mejor amiga de Zira a decepcionarse totalmente de su actitud malvada y ambiciosa. "Así como hiciste con nosotros".

Kiara guardo silencio por unos momentos. Ella sabía mejor que nadie que todos merecían una oportunidad. Incluso… ella y su esposo, pues hasta ahora nadie en el reino estaba conforme con que Kovu y ella fueran reyes, y eso los había estado poniendo tristes a ambos.

Tal vez Aiheu le estaba poniendo una prueba; si ella misma quería que los súbditos le dieran una oportunidad a su esposo y a ella, entonces debía hacer lo mismo con las hienas.

"Está bien, acepto". Dijo Kiara al fin, sin preocuparse por lo que mamá Nala y Papá Simba pensaran cuando se enteraran, además, de alguna manera sentía orgullo al saber que ésta sería la primera vez que tomaría una decisión seria, difícil e importante, como actual reina, y también estaba consciente de que asumiría toda la responsabilidad sobre ella. "Pero volverán, tal como me habían contado mis padres que la ley les había marcado a ustedes: reubicándose en El Cementerio de Elefantes, lugar que se volvió propiedad de Las Tierras Del Reino a partir del gobierno de Scar, siendo que hasta antes de eso, solía ser un lugar independiente de Las Tierras del Reino."

Shenzi, Banzai y Edd sintieron alivio; Tal vez no era el lugar más habitable y acogedor del mundo, pero después de voltear al pasado y recordar por todas las cosas difíciles que tuvieron que pasar, y los horribles lugares donde se vieron obligados a buscar refugio, El Cementerio de Elefantes era el mismísimo cielo, además, después de tantos años de haber vivido en aquel lugar, la jauría estaba muy bien adaptada a las condiciones difíciles del sitio.

Todos se pusieron muy contentos, en especial Kovu y Vitani. Las muestras de agradecimiento por parte de las hienas, y de las leonas ex miembras de la manada de Zira, no se hicieron esperar.

Mientras todo esto ocurría, Shenzi había pedido al resto de la jauría que buscaran una cueva vacía para refugiarse de la lluvia, y así lo habían hecho. Todos esperaban expectantes las noticias de Shenzi; querían saber si habían sido o no aceptados en el reino. Shenzi los encontró por medio del olfato, y les dio la buena nueva. Todos regocijados, rieron para festejar.

Una nueva y más tranquila vida comenzaría para toda la Jauría de Hienas en El Cementerio De Elefantes.

*Aunque al principio se presentaron algunas pocas dificultades, al final, gracias a la bondad del Rey Kovu y La Reina Kiara, e igualmente gracias a una buena obra que la jauría de hienas realizó por el reino, los hiénidos se ganaron la simpatía de los súbditos, el perdón de Simba, Nala y Kiara, y recuperaron la unión y convivencia que siempre habían tenido con Kovu y Vitani.

También Shenzi, Banzai, Edd y el resto de la jauría se reinsertaron felizmente en El Cementerio De Elefantes a vivir, y a partir de ese momento los hiénidos prometieron respetar las reglas del Reino y no romper el equilibrio natural de dichas tierras.

*Recordando, querido lector, que a partir de la ascensión de Scar/Taka al trono, El Cementerio De Elefantes pasa a formar parte una vez más de Las Tierras Del Reino, por lo que regresar al Cementerio De Elefantes equivalía/implicaba regresar a Las Tierras Del Reino.

1 CHILPAYATES: Modismo mexicano para decir "niño", "infantes".