˜ Capítulo 43: Una fiesta de cumpleaños
Después de sobrevivir al paseo en globo aerostático, simplemente nos encontrábamos descansando en el verde césped de aquel parque, disfrutando de un pequeño lago en el centro y de una banda a nuestra derecha, tocando música de orquesta. Rose se había alejado sólo un poco, arrojando un poco de pan para los patos que se acercaban a la orilla, con una bolsa que nos había costado sólo dos libras.
Me había recostado sobre las piernas de Severus, mientras me acariciaba el hombro que tenía más cerca y miraba a Rose con suma atención, para que no se perdiera de vista. No podía negar que después de su juicio, me sentía mucho más relajada y me gustaba estar así, sin preocupaciones y disfrutando de un día de campo con ella y el profesor. Nada podría perturbar la paz que sentía, ni siquiera el terrible maleficio sobre mi cuerpo.
- Creo que ya es hora de marcharnos. - escuché la suave voz del profesor Snape, amortiguada por el sonido del lago y los patos, a unos pocos metros de nosotros. Alcé un poco la cabeza para darme cuenta de que Rose acariciaba a un perro que una mujer paseaba. - Supongo que Weasley nos espera.
- Tienes razón, aunque ha sido un día tan encantador. Tengo que admitir que los ingleses por supuesto que no son tan buenos para preparar pizzas, como los italianos.
Severus me sonrió, besando mi frente y asegurándose de sostenerme con firmeza, al momento de levantarse del césped en el que estábamos sentados. Aún no dejaba de sorprenderme lo diferente de su comportamiento y humor, estando enamorado. Era un hombre totalmente diferente, quizá todavía un poco tímido, pero muy lejos de aquel que había conocido en mi época como estudiante y en mis primeros días de matrimonio.
Se veía joven e incluso encantador, sosteniendo la mano de Rose y un pequeño molino de papel con la otra, moviéndose velozmente por el soplo del viento aún frío, aunque hubiese un sol radiante sobre nosotros.
- Hermione, mira lo que Severus me regaló. - me dijo, señalando el molino de papel con gran entusiasmo. - y te compró uno también.
Sonreí al sentir las manos de Severus sobre mi cabello, mientras colocaba el molino de papel sobre mis rizos y así, yo pudiera escuchar el sonido mientras giraba con el soplido del clima.
Al momento de volver a nuestro hogar, Severus tenía razón y Ron ya nos esperaba. Mientras Ron sostenía a nuestra hija y escuchaba toda la explicación de nuestro día, extendió un pergamino en mi dirección, sellado con la firma húmeda del Wizengamot.
Estimada señora Snape Granger y señor Weasley
Tras la sentencia dictaminada ayer por la mañana, la infante Rose Weasley pasa a ser responsabilidad de sus progenitores y en ellos recae la potestad de escoger con cuál de las familias vivirá de ahora en adelante. La niña en cuestión, podrá ser inscrita en el registro mágico, según mutuo acuerdo y podrá recibir todos los beneficios mágicos que cualquier otro ciudadano de la comunidad. Sin embargo, la existencia de la infante Rose Weasley, no privará a la pareja de tener hijos. Sin excepción.
- No te importa si la registramos Lavander y yo, ¿cierto? Quiero decir, es nuestra hija pero no estamos casados y ya sabes... Rose cree que Lavander es su madre.
Me sentí realmente incómoda con aquella conversación y agradecí que Rose estuviera distraída con Severus y su nuevo muñeco de felpa, intentando ponerle un nuevo nombre y con la ayuda del profesor. En verdad deseaba poder tener la oportunidad de criarla, pero supuse que Ron tenía razón y que mi hija no estaría feliz, si vivía con nosotros.
Sabía que tenía que decirlo, pero realmente lo encontraba tan difícil y doloroso. Acaricié el brazo con las palabras "sangre sucia"y al parecer de manera inconsciente, con mi otra mano. Tenía mi mirada fija sobre mis pies y tuve que asentir apenas visiblemente, mordiéndome el labio inferior.
- De todos modos continuará sabiendo que eres su madre y sé que en algún momento, te lo dirá y ambas tendrán ese trato de madre e hija.
No supe qué decir y sólo observé a Rose mientras corría hacia Ronald y él la alzaba entre sus brazos, escuchando que Severus y ella, finalmente habían podido ponerle un nombre al perro de felpa.
- Es una perrita y se llamará Mione como Hermione. Así podrá hacerle compañía a Severus el conejo.
- ¡Me parece estupendo! Aunque ahora debemos despedirnos. Se hace tarde para almorzar con mamá Lav. ¿Por qué no le das un gran abrazo y un beso, a mamá Mione? Y no olvides despedirte del profesor Snape.
Se arrojó a nuestros brazos con el cariño de siempre y al momento de besar su pequeño y pecoso rostro, no pude evitar sentir que la perdía nuevamente y ésta vez para siempre. A los ojos de todos, así fuese mi hija, tendría el apellido de Lavander y crecería llevándolo con orgullo. Lavander no era una mala mujer, pero igual me lastimaba, esa dolorosa imagen del futuro.
Para ese momento, sentí mis esperanzas derrumbarse y como si me encontrara en un laberinto sin salida. La voz de Severus tras de mí, con sus grandes y fuertes manos sobre mis hombros, me sobresaltó al estar inmersa en mis pensamientos más profundos.
- Vamos, tomemos un baño...
Asentí en silencio y permití que me condujera hasta la habitación que ahora compartíamos, tomando un par de batas de baño color blanco del guardarropa y blandiendo su varita con suavidad, de modo que la tina se ensanchara un poco más y nos permitiera movilizarnos libremente.
Nunca olvidaría su expresión de sorpresa, deseo, mientras yo desabrochaba los botones de mi túnica y lentamente exponía mi cuerpo ante sus negros ojos. Prácticamente como si me devorara con la vista y desde la base de mi cuello, pasando su mirada por mis pechos y el pequeño valle de rizos entre mis piernas, hasta la punta de los pies. Sus ojos sobre mi cuerpo me hacía olvidar en parte, todos los problemas que tenía.
- Estaba pensando... - me dijo con voz muy suave, mientras nos encontrábamos de rodillas en la tina y disfrutando de una copa con la mejor cosecha de vino de elfo, que hubiese probado jamás. - que quizá podamos darle un nuevo uso a la habitación desocupada que ahora tenemos. Creo que podrías hacer un par de arreglos y convertirla en la habitación perfecta para Rose.
Apenas y lo creí, que Severus tuviera una idea semejante y que al mismo tiempo, se jactara de su inteligencia y mientras bebía de su copa, mirándome con una media sonrisa y un gesto de satisfacción ante mí expresión de sorpresa y maravilla.
- ¡Así podría quedarse a dormir un día o dos! - pensé por unos segundos nada más. - podría adornar su cuarto como un pequeño laboratorio de pociones... ¡o tal vez pintar una selva y armar una tienda bajo las estrellas.
SSHG
Me sentí realmente relajada, mientras me encontraba en aquellas aguas llenas de burbujas y sales de baño, con diferentes y atractivos aromas. Los fuertes pero delgados brazos de Severus, me sostenían con mucho cuidado, alrededor de mi cintura, mientras yo tenía mi rostro sumergido en sus largos y aceitosos cabellos negros como el ébano. Mantenía mis ojos cerrados y mis oídos se inundaban con el tranquilizante sonido de su suave respiración y el vaivén natural de su pecho que le acompañaba.
Era agradable permanecer así y sin preocupaciones, olvidando al resto del mundo tras aquellas paredes de piedra. La calma que sentía, me permitía pensar mejor en las cosas y quizá, verlas desde otra perspectiva.
- Severus... - dije y por un momento me pregunté si no se había quedado dormido, ya que habíamos pasado tanto tiempo en silencio. - He estado pensando...
- ¿Qué cosa? - me respondió tras un par de minutos, inclinándose suavemente hacia uno de los costados, para tomar su copa que mágicamente volvía a llenarse de vino.
- ¿Podría organizar una fiesta de cumpleaños para Rose? No estoy segura de cuál sería el lugar ideal, pero sé que tiene que ser con unicornios y cebras. - reí un poco y percibí que Severus pensaba en mi pregunta, inspirando ampliamente.
- Creo que está bien, pero supongo que tendría que conversarlo con Weasley. De seguro, ya tendrán planes y así no los tomará por sorpresa...
Asentí aún con mi rostro hundido entre sus cabellos y de alguna forma me las arreglé para empujarme hacia adelante y girarme un poco, sosteniendo su rostro entre mis húmedas y ligeramente arrugadas manos. Sus oscuros ojos me observaban con una expresión que se me hacía tan difícil de explicar, ya que era algo totalmente nuevo en sus rasgos faciales. Como si fuese asombro, un poco de temor y ese mismo deseo sin explotar, una pasión desbordante que intentaba aprender a controlar.
Tomé la copa de sus manos, que casi se estrelló contra el suelo, deslizándose entre mis jabonosos dedos, para colocarla en una pequeña charola de plata sobre un taburete. Arrojé mis brazos alrededor de su cuello y tomé posesión de sus labios, sin arrepentimientos de alguna clase. Sus brazos me rodearon en respuesta y sin abandonar mis labios, consiguió enderezarme y apegarme a su cuerpo, deleitándose con mis pezones frotándose contra los suyos.
Mi mente viajaba como en un espiral de emociones y colores, luces y sonidos, encontrando difícil el poder enfocarme en una sola cosa, además de sus labios y su húmeda lengua, danzando junto la mía. Deseaba tanto, darle una prueba de mí amor por él y sólo se me ocurrió una forma de que lo entendiera.
- Severus... - alcancé a murmurar tras recuperar el aliento y separarnos un par de centímetros. - por favor... siéntate en la esquina de la bañera.
Aún con sus brazos a mí alrededor, me miró con incredulidad pero no se atrevió a discutir mientras lo observaba sin vacilar e insistiendo con la idea. Sonreí por lo bajo al ver su rostro ruborizarse ante mi atención sobre la erección que se erguía frente a mí, tensando las piernas y pensando en cubrir la vista. Me parecía un poco... ¿tierno?, que aún tuviera vergüenza de su aspecto físico y lo que yo pudiera pensar al verlo.
No lo pude evitar de todos modos, acariciando la punta con uno de mis pulgares y escuchando su tranquilo gemido, mientras un par de gotas brillantes, comenzaban a emerger de la punta. Intencionalmente, lamí mi dedo bajo su atenta mirada y me sentí complacida al escuchar otro gemido y observar más gotas de aquel líquido pre - orgasmo. Presté la debida atención a su pálido miembro, con un par de venas sobresaliendo aquí y allá, además de ligeramente púrpura pero no demasiado y me atrevía a decir, que del color adecuado. Acaricié su vello púbico con suavidad, enroscando mis dedos un poco e intentando infundirle confianza, mientras sus manos permanecían rígidas en el borde de la tina y casi que tornándose blancas por el esfuerzo.
Aparté sus piernas de la mejor forma que pude y sin dejar de susurrarle que se relajara un poco, para mirar más de cerca. Intencionalmente exhalé un poco de aire sobre su erección y sonreí al verla temblar, lo que me dio todo el valor que necesitaba para acallar las pocas dudas que quedaban al respecto.
Tentativamente lamí desde la base hasta la punta y percibí las manos de Severus, sobre mis cabellos, de forma casi compulsiva. Sus tranquilos gemidos mientras repetía el proceso a la inversa, desde la punta y hasta la base, resultaba una sinfonía realmente incomparable. Jamás había disfrutado tanto, el oír a alguien gemir de placer, como con el profesor.
Decidí no perder más tiempo en los juegos previos, quería que lo disfrutara un poco más y antes de alcanzar el orgasmo. Había estado conteniendo la respiración por un par de minutos y me preocupaba que alcanzara la meta, incluso antes que yo.
Con esa idea en mente, me separé ligeramente y relamiendo mis labios en preparación, me dispuse a introducirlo en mi boca y tanto como pude. Me resultaba complicado, jamás lo había hecho con Ronald y muy pronto me atacó el reflejo de las náuseas, aunque traté de ignorarlo. Sentí las manos de Severus, aún más afianzadas entre mis cabellos y enredándose entre mis rizos, mientras yo subía y bajaba con su erección en mi boca. Casi permitiendo que escapara de mí, algunas veces, para enrollar mi lengua en ella, para luego volver a introducirla completamente en mi boca.
¿Qué podía resultar más íntimo que esto? ¿Qué otra cosa podía decir cuánto lo amaba, que nuestras miradas fijas sobre el otro y diciéndonos, al menos corporalmente, lo que sentíamos por cada uno? Su cabeza ligeramente echada hacia atrás y la forma como se mordía el labio inferior, era toda la imagen que necesitaba para sentir que hacía lo correcto.
Al final de cuentas, él era hasta capaz de arriesgar su vida por mí y si bien mi retribución no estaba a la misma altura, al menos podía comenzar con algo.
Con mi lengua tracé cada una de las venas que saltaban a relucir, mientras que con mis dedos acariciaba un poco sus testículos.
- Déjate llevar. - le dije con una sonrisa. - yo me haré cargo del resto.
Sentí su erección palpitando en mi boca y me preparé para lo inminente. El profesor tembló súbitamente, acelerando un poco el ritmo pero no lo suficiente como para ahogarme y muy pronto escuché una especie de gemido ahogado, mientras percibía el ligeramente salado sabor de su orgasmo en mi boca. Definitivamente que resultaba diferente de todo lo que hubiese leído o pensado al respecto y en definitiva, tendría que acostumbrarme. Aún así, continúe lamiendo su miembro y hasta limpiarlo de la mejor forma que pude.
Sentí las manos del profesor levantándome del agua con gran fuerza y besándome con gran pasión, recorriendo mi cuerpo con rápidas caricias.
- Permíteme... devolverte el favor... alguna vez. - me sonrió entre jadeos y yo asentí, más que dispuesta.
SSHG
Tras el baño, nos secábamos aún el cabello y mientras compartimos un almuerzo juntos. Había decidido comenzar mi carta para Ronald sobre el cumpleaños de Rose, mientras Severus leía la lista de nombres a interrogar en el profeta, e intentaba descubrir si interfería con mis planes.
- Ya están muy cerca, asumo que en dos días ya debería ser mi turno. - me confirmó mientras yo doblaba el pergamino y lo colocaba en un sobre. - aunque no estoy seguro de que nos interroguen a ambos en el mismo día.
- Eso me recuerda... - dije mientras me mordía el labio inferior y alzaba mi pequeña campana, para llamar a uno de los elfos a nuestro servicio. -Winky... ¿podrías traerme un vaso de jugo de calabaza?
La elfina asintió de inmediato, mientras yo me giraba en dirección del profesor Snape e intentaba encontrar el valor para decirlo. Me ponía realmente nerviosa, pero tenía que ser fuerte y superarlo.
- ¿Podrías traer un poco de veritaserum, Severus? Si debo practicar, pues que sea ahora.
Me obedeció de inmediato y mientras se alejaba, me hice una rápida pregunta.
¿Cómo podría esconder todo eso que no quería que Severus supiera? Y mucho más importante aún...
¿Qué consideraba yo, que no tenía que saber él? Un sin fin de pensamientos se agolparon en mi mente, los pocos que quedaban tras el coma tan prolongado, pero sin tiempo para escoger qué debía ocultar y qué no.
El profesor Snape ya preparaba mi vaso con veritaserum y lo mejor que podía pasar, era que él valorara mí honestidad.
- Listo, adelante... pregunta. - le dije tras beberme el jugo, un poco sonrojada y aún más, mirando su expresión de concentración.
- Muy bien... - meditó con un dedo en su barbilla. - Hermione, ¿realmente me amas?
Comencé a sentir un par de gotas de sudor y tuve que admitir que resistirse resultaba realmente difícil. Era como si todo tu cuerpo conspirara en tu contra y te obligara a decir la verdad. Un incómodo cosquilleo en tu garganta, que no podías evadir.
- Sí... - respiré hondamente pero al parecer lo hice de forma inconsciente. - al principio le odiaba con todas mis fuerzas y no podía esperar para volver con Ron. Pero ahora... Ronald sólo me confunde un poco puesto que supongo que todavía no he dejado de amarlo del todo, pero estoy enamorada de usted y lucho por olvidarlo.
Demonios, por qué dije precisamente eso. La expresión en el rostro de Severus, no me gustó en absoluto y me hizo desear que pudiera encontrar una forma de solucionarlo. Ligeramente herido, decepcionado.
- ¿Quisieras estar con él, ahora mismo?
Fruncí el ceño e intenté resistirme lo mejor que pude, aferrándome a las sábanas.
- No. Creo con seguridad que lograré olvidarlo, que estoy mejor a su lado. Quiero quedarme aquí, comenzar una nueva vida. Y sé que usted me ayudará a empezar de nuevo, no quisiera que fuese de otro modo.
La expresión de alivio que observé en su rostro, de alguna forma logró conmoverme y deseé que el efecto cesara pronto, para poder besarlo y reafirmarle que hablaba enserio. Aunque no había mejor confirmación que una poción de la verdad y sin embargo yo prefería una caricia que hablara por mí.
- ¿Confías en mí? - preguntó y aunque me resistía a responderle por todos los medios posibles, las palabras continuaron saliendo de mi boca.
- No lo sé, me sentí realmente engañada cuando me ocultaste la verdad sobre el maleficio. Incluso intenté aventurarme por mí misma en tu laboratorio y descubrir lo que realmente sucedía. Me sentí terrible y pensé que estábamos juntos en todo este asunto. Creí que me veías como si fuese inútil, incapaz de ayudarte. No sabes lo mucho que temo por tu vida, que algo terrible ocurra y sea por mi culpa. Ya te he causado tanto daño.
No supe cómo ni cuándo, pero me di cuenta de que mi cuerpo se encontraba aprisionado en el colchón bajo nosotros y gracias al delgado ser de Severus sobre el mío. Sus besos apasionados, apenas y me permitían hablar.
- Tomé veritaserum... - alcancé a decir en su oído, con mi voz amortiguada por mis labios en su cuello.
- No me importa... puedo resistirme bastante bien a sus efectos.
Se sentía muy bien decir finalmente, todo lo que oprimía mi pecho. Ahora podía ser libre.
