Capítulo 53
La cena de ensayo de la boda estaba muy concurrida. Charlotte y Ava estaban muy entusiasmadas con la preparación de la boda de su primo.
-¿Les gusta como ha quedado todo?-preguntó Charlotte a los novios-. Me aseguré de que la decoración fuera la misma que puso mi madre en el matrimonio de mi tío Christian y Ana.
-A mí me gusta-dijo Ted abrazando a Katrina por los hombros-. ¿A ti te gusta, nena?
-Es muy bonito-repuso ella sonriendo-. Me encantan los colores.
-Rosa pálido-Ana apareció detrás de los muchachos que observaban la decoración bajo la carpa que habían mandado poner para evitar alguna de las famosas lluvias de Seattle-. Según Christian dice que ese fue el color que tomó mi piel cuando nos vimos por primera vez.
Ted se echó a reír y le dio un beso en la sien a Katrina. Ella lo miró, enamorada y Ted le devolvió la mirada. Ava gritó de emoción
-Se ven tan hermosos-dijo, abrazándolos y miró a Katrina-. Espero que tengas mano fuerte con este hombre y lo pongas a caminar derechito.
-Ava-Ted la miró con el ceño fruncido.
-Lo siento, Ted pero necesitas que alguien te enderece el camino-replicó Ava-. Además, tu hijo necesita una madre.
-Vamos a casarnos mañana-replicó Ted-. Creo que ya me ha enderezado la vida.
-Aún te falta-repuso Katrina mirándolo-. Quiero que seas un ejemplo de padre.
-Soy un buen padre-dijo Ted frunciendo el ceño-. Ian está en un buen colegio, toma sus clases de piano y no le falta un hogar amoroso y una cama caliente para dormir en las noches-dijo con orgullo.
-Todo eso está muy bien pero me parece que te falta un poco de mano dura con tu pequeño hijo-dijo Katrina con suficiencia-. No me gustó el relajito que hicieron los dos anoche mientras jugaban con la consola.
-¿Por qué no te gustó?-preguntó Ted confundido-. Solo quería jugar con mi hijo. Hacía tiempo que no compartía un momento con él.
-Estaba agotada, Ted y ustedes dos hacían mucho ruido-dijo la chica frunciendo el ceño- No pude dormir bien.
-Lo siento-se disculpó el muchacho-. No sabía que estuvieras cansada.
-Llegue y me recosté y traté de dormir pero parecías un niño chiquito, gritando cada cosa que hacías en el juego-repuso ella riendo-. Me molesté pero era placentero escuchar a tu niño interno.
Ted sonrió y volvió a mirar hacia el inmenso salón improvisado que sus primas habían preparado.
La pequeña reunión era muy emotiva. Leonard y Jake se dedicaron a hacerle bromas a Ted toda la velada, siendo secundados por Nick. Ava y Charlotte se dedicaron a hacerle recomendaciones a Katrina para seducir a Ted en su noche de bodas. Los enamorados se lanzaban constantes miradas desde lejos y él le mandaba besos en secreto sonriendo por verla sonrojarse.
Christian se encontraba reunido en otra mesa con sus hermanos, Kate y su hermano Ethan, su esposa Ana y Sergei.
-Hubiera sido genial tener una boda doble, ¿no cree, Christian?-dijo Sergei un poco animado por las copas que había ingerido.
-No creo estar preparado para ver a mi pequeña casarse-replicó Christian buscando la mano de su esposa-. ¿Y tú, nena?
-Yo preferiría que fuera ella quien estuviera a punto de casarse-repuso Ana-. Todavía no me creo que Ted vaya a desposar a Katrina. Ni siquiera soportaría que Nick pensara en casarse. Me agrada que le guste estar en el seno familiar.
-Es un muchacho muy hogareño-comentó Kate-. Aunque es bastante extraño que no les haya presentado una novia todavía.
-Tal vez Nick sea el gay de la familia-dijo Elliot con su habitual sentido de humor negro.
Christian lo fulminó con la mirada.
-Mi hijo no es gay-replicó enojado-. Solo hay que darle tiempo.
-Tiempo para que se dé cuenta de que es gay-Elliot se rió con fuerza.
Mia le dio un golpe en la cabeza y todos se echaron a reír animados. Ana se dio cuenta que las copas ya estaban haciendo estragos en los caballeros de la familia. El único que se mantenía algo estable era Ethan.
-Vamos a dormir, Grey-le dijo Ana a Christian ayudándolo a caminar.
-Tengo que despedirme del muchacho, nena-dijo Christian arrastrando la voz.
Ted se acercaba en ese momento con Katrina y observó con el ceño fruncido el lamentable estado en que se encontraba su papá.
-Que tengas buena noche, papá-dijo el muchacho mirándolo con una ceja levantada.
-Te veo mañana, muchacho-dijo demasiado sonriente.
-Tu papá está un poco ebrio-comentó Katrina al oído de Ted.
Ted se acercó a su padre y le dio un abrazo.
-Pórtate bien esta noche-le dijo-. Voy a dejar a mi chica a tu cargo. Necesito que la cuides.
-Ve al Escala-le dijo Ana a su hijo-. Yo me encargo de Katrina. Nick pasará a recogerlos en la mañana.
-¿Recogernos?-preguntó Ted confundido.
-¿No vas a llevarte a Ian?-preguntó ella.
-Claro-dijo anonadado-. Había olvidado a Ian. Creí que iba a irse con tía Mia para probarse el vestido de pajecito.
-Ya no será él el paje-intervino Katrina-. Dylan, el hijo de Emily y Richard será quien lleve los anillos.
-¿Por qué no Ian?
-Él llevará la cola de mi vestido-dijo Katrina sonrojada-. Además, quiero que este junto a mi todo el día.
-Como quieras, bonita-le dio un beso en la cabeza-. Te amo. Nos vemos mañana.
-Descansa, amor.
Ted se adentró en la casa y se despidió de todo el mundo. Ian corría de un lado a otro huyendo de Bastián que intentaba hacerle cosquillas. Lo cogió por los brazos y lo levantó antes de que su cuñado lo alcanzara.
-Papi-Ian se abrazó al cuello de Ted.
-Hola, Ian-le saludó el muchacho mirando a Bastián-. ¿Qué hacían?-preguntó.
-Jugando-repuso Bastián de inmediato-. ¿Ya se van?
-Si-repuso Ted-. Necesito descansar y se me hará un poco difícil sin tu hermana a mi lado pero haré mi mejor esfuerzo.
-Nos vemos mañana-replicó Ted y desapareció.
Ya en el apartamento, Ted le puso el pijama a su hijo.
-Por fin llegó el día-comentó a su hijo-. ¿Crees que estoy haciendo lo correcto?
-Sí, papi-dijo el niño metiéndose debajo de las cobijas.
-¿Seguro?
Ian asintió con la cabeza y estiró los brazos. Ted le alcanzó su peluche y le dio un beso que hizo reír a Ian en la mejilla.
-Eres un buen papá-dijo el niño sonriendo-. Me alegra que me hayas encontrado.
-Gracias, pequeño.
Ted salió de la habitación de Ian, dejando la luz apagada y la puerta entre abierta para escucharlo a media noche por si necesitaba algo. Se dirigió a su habitación y se arregló para dormir. El móvil vibró en su mesa de noche cuando estaba apagando la luz.
-Grey-respondió en un tono ronco.
-¿Así saludas a la mujer con la que te vas a casar?-la voz divertida de Katrina resonó por el otro lado de la línea.
-Discúlpame, nena-le rogó Ted-. Es que estoy un poco enojado.
-¿Puedo saber el motivo?
-No estás en mi cama-respondió con la voz ronca-. Estoy desesperado por hacerte mía de nuevo.
-Faltan pocas para nuestro matrimonio, Ted-le dijo ella para calmarlo un poco-. No desesperes
-Hubiera sido genial que mi madre me hubiera dejado quedar-replicó él en un tono travieso-. Sería divertido jugar a pasar a hurtadillas a tu habitación por enfrente de la de mi madre y mi abuela
-Nos hubiéramos encontrado a mitad de camino, entonces-comentó ella siguiéndole el juego-Puesto que yo tampoco habría resistido la tentación de ir a buscarte.
-Y seguramente nos habrían descubierto-dijo Ted riéndose-. Te amo tanto, Katrina.
-Yo también te amo, mi Teddy hermoso-dijo soñolienta-. ¿Compraste los anillos que escogimos juntos?
-Por supuesto, nena-respondió cariñoso-. Te vas a sorprender con lo que mande a tallar en ellos.
-¿Los tienes tú?
-Emily los tiene-respondió-. Recuerda que Dylan será quien lleve los anillos.
-De acuerdo, tonto-bostezó-. Mejor vamos a dormir. Mañana será un largo día.
-Descansa ahora que puedes porque no te voy a dejar dormir mañana-dijo Ted travieso-. La noche no será para dormir.
-Descansa, Ted-le dijo y colgó.
Ted miró por un momento el móvil y sonrió enamorado. Con una enorme sonrisa en la cara y la esperanza de una nueva vida junto a la mujer que amaba, se quedó dormido.
Despertó a la mañana siguiente con el sonido del despertador. Se sentó en la cama y miró hacia todos lados. Su mirada se detuvo en la pequeña cabeza de Ian que reposaba en la almohada del lado.
-Levántate, chiquitín-le dijo al oído con una sonrisa en el rostro-. Es hora de ponernos bien lindos para Katrina.
Ian se removió y se sentó en la cama, restregándose los ojos y sin soltar a su peludo amigo de peluche.
-Hola, papá-lo saludó mientras salía de la cama y caminaba hacia la puerta.
-¿Necesitas ayuda para vestirte?-preguntó Ted siguiéndolo.
-No.
Ted vio que Ian se metía al baño después de haberse quitado la ropa de dormir y dejarla en el cesto de la ropa sucia junto a sus pequeños pantaloncillos. Ted rió al ver el pequeño trasero del niño al aire.
-Es mi hijo-susurró para sí mismo-. De eso no hay duda.
Se acercó a la cama del niño y la arregló. A lo lejos escuchó la ducha y el agua correr. Cuando terminó con la cama, buscó en el armario la réplica exacta de su traje de boda pero en versión pequeña. Lo puso todo sobre la cama y dejó en el baño una camiseta blanca y unos pantaloncillos. Lo vio salir unos minutos después en ropa interior y todavía restregándose los ojos.
-No te restriegues tanto los ojos-le advirtió su papá-. No quiero que te hagas daño.
-Es que tengo sueño-replicó el niño poniéndose la camisa blanca y los pantalones.
-Ven acá-Ted le ayudó a ponerse la corbata gris plata y el chaleco negro-. Te ves bien. Todo un Grey.
-Gracias, papá.
-Espérame en la sala-le ordenó a su pequeño, dándole un pequeño zape en la cola.
-Auch-se quejó Ian y salió corriendo.
Ted fue a prepararse para su día especial. Iba a desayunar en casa de sus padres aunque no vería a Katrina hasta la hora de la boda. En cuanto estuvo listo, salió a la sala y vio a Ian sentado en el piano tocando una bonita canción.
-Hora de irnos, pequeño-lo levantó en sus brazos-. El tío Nick nos espera.
Bajaron juntos al estacionamiento y encontraron a Nick esperándolos junto al Audi de Christian. Ted arrugó el ceño cuando reconoció el auto de su padre.
-¿Papá te dejó traer su Audi?-preguntó sin creerlo.
-Se entretuvo con mamá anoche y todavía no se levanta-repuso Nick-. Mamá me dio las llaves del auto y me pidió que me apresurará. Mueve el culo y súbete al auto.
-¡Nick!-exclamó Ted mirándolo con el ceño fruncido-. Cuida esa boca. El niño.
Nick observó a Ian que se divertía jugando a ser Michael Schumacher en el Audi de su abuelo.
-Está bien-levantó las manos-. No volveré a decir groserías enfrente de tu hijo. Ahora súbete al auto y vámonos.
-Por supuesto, pequeño gruñón.
El par de hermanos se dieron unos golpes amistosos. Nick se apoderó del volante y puso el auto en marcha. Llegaron una media hora después a casa de sus padres y se dirigieron de inmediato a la cocina.
-Hola-saludaron los tres al tiempo, espantando a Ana que servía el desayuno.
-¡Dios! ¡Me asustaron!-exclamó mirándolos con el ceño fruncido.
Nick y Ted se echaron a reír mientras Ian corría abrazarla.
-Hola, abuelita-la saludó pegado a sus piernas y a su lindo delantal.
-Hola, mi amor-lo levantó en sus brazos-. ¿Tienes mucha hambre?
-Sí, señora-repuso y miró a Ted-. Mi papá me ayudó a vestirme.
-Te ves muy guapo-le dijo dándole un beso en la mejilla y miró a su buen gusto, Ted.
-Gracias, mamá.
Ana dejó al niño en el piso y Nick se lo llevó para el segundo piso. Ted se acercó a su madre y le cogió las manos. La notó nerviosa y algo acongojada.
-Voy a estar bien, mamá-dijo con una sonrisa en el rostro.
-Sé que vas a estar bien-replicó con la voz quebrada-. Es solo que no me hago a la idea de que ya seas tan grande. Hace apenas unos años corrías asustado a nuestra cama cuando te asustaba un mal sueño. Ahora cuando estés asustado, correrás a brazos de tu esposa.
-Más bien ella correrá a mis brazos-dijo Ted sonriendo-. Así que yo necesitaré a mi mami cuando me sienta agobiado y triste.
Ana sonrió y abrazó a su hijo.
-No tarden en darnos otro nieto-le rogó-. No queremos malcriar a Ian.
-Malcríenlo todo lo que quieran-dijo Ted sonriendo.
