CAPÍTULO 052
Richard no sentía sus extremidades. Había sido incapaz de dormir. Así que decidió que lo mejor sería ir a dar un paseo por el jardín, visitar aquellos rosales que habían sido testigo de tantas historias. Sentía que Kate, por mucho tiempo que pasase, nunca terminaría de confiar plenamente en él. Y le partió en dos. Recordó aquella tarde en la que Sorenson, tras ser consciente de que nunca volvería a recuperar a Kate, lo visitó. Y desde el umbral de la puerta se jactó de una relación de confianza que jamás, Kate, sería capaz de volver a tener.
Flashback
- ¿Qué quieres Sorenson? - Richard se plantó firme en la entrada para no dejarlo pasar.
- Solo quería confirmar lo que vi hace un par de días con mis propios ojos.
- ¿Y qué viste?
- A Kate, en la puerta de un colegio, contigo y con tu hija.
- ¿Me vigilas?
- No, para nada. - le soltó con una media sonrisa.
- ¿Vigilas a Kate? - se encaró enfadado.
- Solo quería saber el motivo de su rechazo.
- Entonces, ya lo sabes. No tenemos nada de qué hablar.
- ¿En serio crees que ella aguantará a tu lado?
- ¿Por qué no?
- Tú, simplemente, eres una fantasía. Un amor platónico. Nada más.
- Di lo que quieras. - fue a cerrar la puerta pero Sorenson puso el pie, deteniéndolo.
- Ahora estás feliz junto a ella, crees que ella confía en tí, pero, con el paso del tiempo, verás que tú eres capaz de confiar y que ella te sigue ocultando información de su pasado. El único que sabe todo lo relacionado con su madre soy yo... - le sonrió provocativamente - Sé cada detalle de su infancia, el hobbie que compartió con su madre, el motivo por el cual dejó de hacerlo, en qué momento sus padres estuvieron a punto de separarse, la obsesión de su madre por el trabajo, el miedo de Kate de convertirse en ella... - se dio la vuelta y tras dos paso se giró hacia Richard de nuevo - Sé mucho más de lo que tú nunca serás capaz de averiguar.
Fin Flashback
Richard se sumergió en sus miedos. Y, por un instante, volvió a recuperar su extrema vulnerabilidad. Y se escondió. Llegó a aquel jardín y se sentó. Junto a sus rosales. Mientras la lluvia arreciaba. Creyendo que aquellas gotas, que caían a lo largo de su cuerpo, se llevarían su angustia.
No supo, exactamente, el tiempo que estuvo encogido, aferrado a sus piernas. Cerró sus ojos y se dejó llevar por sus recuerdos. Los malos. Los peligrosos. Los que le hacían sentirse completamente perdido.
- Rick... - escuchó su voz, creyendo que era un sueño. Cuando abrió los ojos, comprobó que Kate, estaba frente a él. Había ido a buscarle. - Ven conmigo... - tendió su mano.
- Kate... yo... - se sintió cohibido.
- Vamos dentro, a casa.
- Hmmm... - asintió sin oponerse.
Kate apretó su mano y lo arrastró hasta el interior de la casa. Entraron al salón, lo plantó frente al fuego. Atizó los leños y colocó alguno más. Las llamas crecieron y el calor aumentó proporcionalmente. Se volvió hacia él. Richard agachó su mirada, avergonzado. Pero, ella, no se detuvo. Comenzó a desnudarse. Su camiseta. Su sujetador. Su pantalón. Y finalmente, sus braguitas. Completamente desnuda ante él. Richard, perplejo, la miró. Tímido, se encogió de hombros. Kate le sonrió. Se acercó hasta él y comenzó a desnudarlo. Primero su pantalón. Después sus bóxer. - Kate... - susurró.
- Lo siento, Rick... - se abrazó a él.
- Yo también. No debí hacer lo que hice.
- ¿Por qué te castigas, Rick? - notó como se tensó ante su pregunta.
- Es una historia larga Kate... - desplomó sus brazos a los lados sin poder abrazarla.
- Rick... - sintió morirse al notar como era incapaz de tocarla.
- Estoy bien, Kate... Ha sido una tontería hacerlo. - respiró profundamente - Será mejor que nos vayamos a dormir. Mañana aprovecharemos el día. Podemos ir a que conozcas un par de sitios de por aquí que son una maravilla.
- No quiero ir a ningún lado. Quiero quedarme aquí.
- Entonces, nos quedaremos aquí.
- Quiero hablar contigo.
- Hablaremos.
- Quiero que me escuches.
- Te escucharé.
Pasaron un minuto en el que Richard siguió sin ser capaz de rodearla con sus brazos. - He cometido un error. Y te he alejado de mí. Pero me cuesta mucho abrirme a la gente...
- No, Kate... - la apartó de él. Cogió su ropa y se la volvió a poner.
- Rick...
- No... - negó con la cabeza sin mirarla - Puedo ser todo lo comprensible que quieras. Puedo esperar todo el tiempo del mundo. Pero lo puedo hacer si eres sincera conmigo. Sino, me cuesta la vida. Sabes como soy. Sabes mis miedos, todo lo que ellos me provocan...
- Lo siento...
- Lo sé... Lo malo, es que lo sé. - se volvió hacia la puerta - Quizá dormir nos venga bien a ambos.
- Te quiero... - susurró la inspectora como si fuese la última oportunidad de retenerlo.
- Entonces... - se volvió completamente derrotado - Si me quieres... ¿Por qué me alejas de tí? ¿Por qué hay una parte de ti que no podré ver nunca?
- No es nunca... es ahora. No me encuentro lista.
- Ya...
- ¿A qué tienes miedo?
- A que ese mañana, nunca llegue.
- Lo hará.
- No confías en mí.
- No es por ti. Soy yo.
- Si no es por mí... - apretó su mandíbula - ¿Por qué él sí sabe cosas de ti que yo no sé?
- Cuando me pediste matrimonio no te importó esa parte. - lanzó sin pensar.
- Joder, Kate... ¿En serio?
- Rick... - dándose cuenta del error.
- No... - detuvo su acercamiento hacia él - Te pedí matrimonio porque me has robado el corazón. Porque miro a mi futuro y no soy capaz de verme sin ti. Porque si mañana desaparecieses de mi vida, una parte de mí moriría por completo. Porque vivo por ti. Porque tú me enseñaste a confiar. A recuperar la alegría de creer. De tener fe. No tener miedo. Apostar. Apostar por ti. Por mí. Por los dos. Te pedí matrimonio porque lo quiero todo contigo, Kate. Todo. Y creí que tú también lo querías.
- Lo quiero todo contigo, Rick. - le aseguró sin poder evitar varias de sus lágrimas caer. Richard siguió inmóvil. Mirando al frente. Sin apartar sus ojos de los de ella. - ¿Puedo acercarme? - le preguntó la inspectora con cautela.
El escritor no se hizo esperar. Fue él quien se encaminó hacia ella. Y a un escaso paso de distancia, Kate alargó sus brazos hacia la goma de su pantalón. Richard la frenó. Y se desnudó. - Esperaré Kate. Esperaré lo que necesites. Lo haré. - asintió sin poder apartar la tristeza de su mirada, pero con convicción - Me duele. Y no quiero mentirte. Pero, también te creo. Y siento que hay una razón importante para no poder confiar en mí. Puedo esperar.
- Rick... - levantó su mano para acariciar su torso - Él solo sabe lo que, una noche, una borracha, no pudo contener, ante el dolor que sentía.
- ¿Te sacó la información?
- Hmmm... - asintió con vergüenza. Richard no pudo controlar más su distancia auto impuesta y la abrazó. La estrechó contra él. - Rick... - susurró Kate, acomodándose en él - Estás helado.
- Un poquito. - sonrió.
- Espera... - se alejó de él. Colocó una de las mantas en el suelo, varios cojines y otra manta, la conservó en sus manos. Richard comprendió al momento y se echó, esperando por ella. Kate, se acomodó a su lado y los tapó a ambos. - No podría perdonarme jamás perderte. He comenzado a vivir cuando llegaste a mi mundo, Rick. Antes, solo respiraba.
