53. En plena forma
Hospital. Zona de la UCI
Escondido en un pequeño cuarto de limpieza, un enfermero no dudaba en hacerse con su teléfono móvil y ejecutar un aviso. Rápido y escueto. Susurrado con ansias y torpeza.
Sumamente alarmante tanto para el emisor como el receptor de dicho mensaje.
- Tío, el chaval ha despertado.
"¡No me jodas! ¡Pues haz algo, hostias!"
- ¡¿Y qué cojones hago?!
"Pues yo que sé...¡apáñatelas! "
- ¡Apáñatelas tú! ¡Yo no tengo por qué sacarte las castañas del fuego!
"¡Eh, no me jodas ahora! ¡A mí me arañó defendiéndose! ¡Seguro que la pasma encontró pruebas que me inculparían! ¡A ti no!"
- Para que lo sepas, la pasma acaba de llegar. Algún medico desgraciado les ha avisado...
"Tendrías que haberle desconectado las máquinas que tiene enchufadas antes de que ésto ocurriera...o meterle más marcha a la medicación...yo qué sé...¡pero haber hecho algo, joder! ¡No era tan difícil!"
- ¡Yo no soy ningún asesino! ¡Ésto se está yendo de las manos!
"¡Hace tiempo que esto se nos fue de las manos, Aia_
Un forcejeo en la puerta precavidamente atrancada ocasionó que el teléfono cayera al suelo, que la conversación se cortara en seco y que el joven de cabello oscuro escondido allí tuviera que aterrizar con prisas sobre su rol de enfermero, armándose una excusa en tiempo récord que justificara su presencia en un espacio que ningún sanitario tenía por qué pisar.
El dispositivo se desventró con la colisión contra el pavimento, y la puerta seguía siendo forzada con insistencia, acorralando al joven que a duras penas recogía la tapa posterior del teléfono, la batería y se olvidaba de algún resto resquebrajado que ya sería inútil intentar unir de nuevo.
Al otro lado de la puerta, un par de voces femeninas se extrañaban ante tal atasco mientras a base de cabezonería habían conseguido hacer medio caer el palo de escoba que impedía su acceso, adecuadamente posicionado para obstruirla a consciencia. Y allí el muchacho tuvo que rendirse y encomendarse a los poderes divinos que fueran para salir del cuarto sin alzar ningún tipo de revuelo. Se guardó los restos del móvil dentro del bolsillo de la holgada camisa azul que le vestía, retiró el palo de escoba con rapidez y se preparó para recibir el portazo de rigor, descubriendo frente a él a dos responsables de la limpieza hospitalaria.
- ¡Ahh!
- ¡¿Quién eres tú?! ¡¿Qué haces aquí?!
Ambas mujeres tardaron unos segundos a recuperarse del susto que les supuso hallar a un inesperado visitante dentro de su cuartito del material higiénico, quizás los mismos que apenas demoraron en comenzar a reprenderle en aras de la defensa más sólida e imaginable de sus exclusivos dominios.
- ¡Éste no es lugar para el personal de enfermería!
- Disculpen...es que...
- ¡Largo de aquí!
- Ya me voy...pero es que en el baño de hombres no había papel higiénico y he pensado que quizás lo encontraría aquí...- Se justificó el joven enfermero, viendo aparecer ante si la excusa más simple, agarrándose literalmente a ella sin pensar.
- ¡Pues cuando suceden cosas así hay que anunciarlo en la recepción de cada planta y ya nos pasan el aviso!- Aclaró tajantemente la mujer más mayor de las dos, sin reprimirse el impulso de posar su regordeta y trabajada mano sobre el hombro del desconocido enfermero, con toda la amable intención de ayudarle a salir de allí.
- Lo siento...disculpen...
El joven salió del cuartito acarreando con él un rollo de papel de wc tamaño industrial, procurando no olvidarse una carpeta con papeles clipados en ella que supuestamente contenía informes de varios pacientes alojados en dicha planta. Sin volver la vista atrás caminó directo hacia el final del pasillo, decidiendo internarse en el aseo para otorgar más veracidad a la excusa que había armado sin apenas respirar. Y tropezándose sin querer con el séquito policial que acudía a hacer una visita lejos de poder ser catalogada como de cortesía.
Una vez dentro de la habitación de almacenaje de los productos de limpieza, la mujer más joven prendió la luz, y seguidamente ambas comenzaron a abastecer el carrito que les acompañaría durante toda su jornada laboral, en la que lavarían el rostro de esa sección hospitalaria reservada a pacientes de muy larga estancia.
- ¿Te suena de algo este enfermero? - Preguntó, mirándose extrañada a su compañera.- Ni siquiera había prendido la luz...y luego nos tenemos que fiar de esta juventud que sube...
- Hace días que le veo por aquí...- Respondió la más mayor, sin darle mucha importancia.- Debe ser uno de éstos de la nueva oleada de enfermería en prácticas...Siempre hay caras nuevas en este hospital...
El paquete que recién había perdido un rollo de papel higiénico copó la capacidad de almacenaje del carrito, y las dos salieron de sus dominios procurando, ahora sí, dejarlos bien cerrados con llave.- Siempre hay caras nuevas, menos las nuestras, que ya forman parte de la decoración...
Una estridente risa asaltó a la veterana, quién se resignó a seguir formando parte de los rostros de ese hospital por mucho tiempo.- Sí chica, ¡y ojalá que así sigamos!...con lo negros que están los tiempos...
Sus pasos comenzaron a recorrer toda la longitud del frío pasillo, pasando al lado del médico responsable de la UCI, quién comenzaba a mantener una protocolaria charla informativa con la siempre engorrosa presencia de la policía.
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La consciencia había regresado a Bennu de madrugada. Los médicos que llevaban días velando su profundo sueño corroboraron con profesional alegría que el muchacho respondía a su nombre, que se reconocía en él. Que coordinaba la mirada con estudiados estímulos visuales y en definitiva, que su cerebro no se auguraba dañado.
Pero Kagaho, durante los instantes posteriores a su despertar, no pudo emitir palabra. No todavía, y se ignoraba cuándo este hecho podría tener lugar.
Camus lo comprendió, pero la urgencia por aclarar algunos aspectos de su investigación le impidieron ser todo lo respetuoso que la situación del muchacho requería. Exigió verle, aunque en el momento de su llegada el chico se hallara durmiendo un sueño muy distinto del que le había mantenido tan lejos durante esos tediosos días de espera.
- Le permito entrar cinco minutos, inspector, pero no voy a tolerar que le presione. Aquí usted carece de autoridad.
La advertencia del doctor fue directa y clara. Y su cercana presencia al lado de Camus le demostraba que pensaba cumplir con sus directrices a rajatabla. Los constantes pitidos de las máquinas conectadas por todo el cuerpo del chaval marcaban un ritmo lento, pero agradable a los oídos de quienes habían luchado día y noche para conseguir que así fuera. Y ahora Bennu parecía dormir plácidamente. La respiración asistida había sido retirada, y los pulmones se alimentaban con su propio esfuerzo, mostrando unos labios entreabiertos y cortados por la sequedad.
- ¿Puedo despertarle?
- Puede esperar a que lo haga.- La aspereza de trato del doctor no dejaba lugar a dudas. Menos aún la alertante mirada con la que seguía todos los movimientos de Camus, aunque éstos solamente le llevaran a sentarse en la silla que estaba dispuesta al lado de la articulada cama dónde descansaba el cuerpo del muchacho.- Estaremos aquí sólo cinco minutos. Pasado este tiempo podrá quedarse observándole desde fuera todo el rato que le plazca.
El francés se vio obligado a asentir a regañadientes, asumiendo que ciertamente él ahí no poseía ninguna autoridad.
Justo en el limbo indicado por el doctor, Milo y DeathMask no perdían detalle de lo que sucedía dentro de la UCI, aunque a los dos la mente se les transitaba por senderos distintos. A DM todavía le costaba asimilar qué hacía allí, aunque no renegaba en absoluto del ofrecimiento recibido por quién ahora ocupaba su lugar en la Comisaría. Y por su parte, Milo tenía la atención centralizada en otros detalles que en ese momento Camus no estaba en disposición de controlar.
El olfato que poseía Milo para detectar detalles anómalos o importantes era extremadamente fino, y no le había hecho falta andar más de dos pasos para reparar en la presencia un tanto extraña de uno de los enfermeros que deambulaban por esa planta. No le había llamado la atención su juventud, pero sí algo en ella que le hacía parecer perdido. Quizás había sido su vacío de mirada al tropezarse con ellos...Quizás la inexistencia de un oportuno "perdón" o "disculpe" a rostro alzado, nada fuera de lo común en situaciones como ésa...O quizás fue la celeridad con la que desapareció en el aseo para los visitantes...o las gotas de sudor que perlaban una frente pálida...
El sub-inspector no sabía en realidad qué era que olía mal en ese muchacho, pero algo no le encajaba en toda la colección de expresiones corporales que le radiografió en cuestión de segundos. Solo tenía la certeza que mantendría un ojo sobre él. El otro se mantendría cerca de las pesquisas que pudiera llevar a cabo su superior, aunque aparentemente iban a salir de allí sin información alguna. El doctor había sido fríamente claro, y Bennu no se presentaba en disposición de abandonar ese nuevo sueño que ahora le mecía, y menos aún de responder a un interrogatorio satisfactorio.
DeathMask se paseaba siguiendo el compás de aquellos que se sienten fuera de lugar y que necesitan disfrazar su incomodidad de alguna manera, optando por dirigirse al baño con la excusa de hacer tiempo y descifrar qué utilidad tenía su presencia allí. Camus le había pedido colaboración, pero no le había expuesto de qué tipo, y el sub-inspector se le presentaba como un tipo de aspecto desenfadado, pero poseedor de pocas palabras que ayudaran a relajar la tensión que él solo se estaba creando.
- Ahora vuelvo...- Dijo, sin detallar más sus intenciones.
- ¿A dónde vas? - Le interpeló Milo, observándole con el ceño fruncido y tuteándole con total descaro.
- A mear, joder. ¿Puedo? - DeathMask dejó salir una migaja de su innata desfachatez, enarcando una ceja al momento de fingir pedir un permiso que no necesitaba para hacer lo que le venía en gana.
- El muchacho que se ha cruzado con nosotros...- Comenzó a explicarse Milo, virando su vista hacia la puerta de los aseos.-...todavía no ha salido.
- ¿Te refieres al enfermero?
- Exacto. Si es que en realidad es enfermero...- La atención que profería el sub-inspector hacia la dirección que DM estaba dispuesto a emprender captó la curiosidad del italiano, que se acercó a él dispuesto a dejarse iluminar un poco más.- Hace rato que ha entrado allí y aún no ha salido...
- Estará atascado, digo yo...A veces pasa.
Milo se encogió de hombros al tiempo que se enfundaba los pulgares de las manos dentro de los bolsillos delanteros de los ajustados jeans, dejando el resto de los dedos a la vista, rozándole las ingles y aprovechando el momento para apoyarse de espalda contra la pared y cruzar un pie frente al que sostenía todo su peso.- Ya que vas allí, vigílale.
- ¿Y le ayudo a desatascarse también? - Replicó DeathMask, sintiéndose repentinamente molesto por recibir órdenes de quién, por jerarquía en el cuerpo de policía, aún estaba por debajo de él.
- Si te hace ilusión...allá tú.
DM chasqueó la lengua en señal de toda respuesta y se alejó de ese engreído que osaba igualarle en insolencia y descaro, dejando a Milo con una sutil sonrisa esbozada sobre sus labios, y desaparecida al momento de fijarse en la sublime siesta que seguía disfrutando el joven Bennu, en contrapunto a la creciente impaciencia que comenzaba a vislumbrar en el ceñudo rostro de Camus, encarcelados ambos en un espacio esterilizado que seguía custodiando el arisco doctor al mando.
Al acceder en la zona de los aseos, el enfurruñado DeathMask no halló señal alguna de vida cerca de los urinarios, pero sí se percató que una de las puertas que salvaguardaban la intimidad de las aguas mayores estaba cerrada. Solamente le bastó agacharse un poco para comprobar que ese cubículo estaba ocupado por alguien que ni siquiera parecía estar respirando.
No había señal alguna que los pantalones estuvieran bajados para facilitar la tarea de desguace, y la falta absoluta de movimiento fue suficiente para que el apartado inspector comenzara a dar veracidad a las sospechas de Milo. Quién fuera que estuviera metido allí parecía esconderse, pero era obvio que no podría seguir haciéndolo durante toda la mañana, así que DeathMask decidió fingir una liberación directa en el urinario que tampoco le vino mal.
Acto seguido procedió a lavarse las manos, espiando el reflejo que el espejo le ofrecía de la puerta aún cerrada.
- ¿Se encuentra bien, amigo? - Preguntó para acelerar cualquier acontecimiento que pudiera tener lugar, impacientándose por momentos.
- Sí..sí...no se preocupe...- La voz que surgió tras el amparo de la puerta sonó insegura. Inexperta en la mentira procesada con demasiadas prisas y todavía más nervios. Inevitablemente delatora.- El estómago...- siguió mintiendo la voz, con la esperanza que el intruso desapareciera del aseo.- Debí comer algo que me sentó mal...
- Puedo avisar a algún médico, amigo...Tiene suerte de encontrarse mal en un hospital.
- No..no se preocupe. No hace falta...
La cisterna fue descargada para seguir acompañando las mentiras que derrochaba el joven enfermero en apuros, pero para su desgracia DM había decidido convertirse en alguien terriblemente amable y altruista.- Insisto, no se vaya, voy a avisar a alguien...
La adrenalina comenzó a regar las venas de DeathMask como en sus mejores tiempos, y escenificando una marcha que avalaría la huida del recluso en el wc, permaneció cerca de la puerta, alertando a Milo con la mirada y un adecuado alzamiento de su mentón, indicándole en lenguaje policial que efectivamente allí algo pasaba.
No pasaron muchos segundos hasta que la puerta principal de los aseos se abrió para dejar paso a un asustado enfermero, el cuál se hallaba regido más por el miedo que por la cordura. Al salir no prestó atención a la presencia de DeathMask al lado del acceso, y un inesperado sobresalto le congeló en el tiempo cuando sintió una mano posarse sobre su hombro.
- No se vaya, muchacho...Ahora mismo acude un médico a verle...- Dijo DeathMask, inspeccionándole las contracciones involuntarias que sufría el pálido rostro de ese muchacho acorralado.
- Le he dicho que no se preocupe. Ya me siento mejor...
El chaval quiso irse. Intentó zafarse del contacto que pensadamente DM ejercía sobre él, y más palideció cuando vio cómo la otra mano del inspector se asía a un collar de tela que pendía de su cuello y que seguramente escondía su identificación como enfermero del hospital, manteniéndola a buen recaudo en las interioridades de su pecho, cubiertas por la tela de la camisa azul. Cediendo a un inadecuado acto reflejo, el muchacho azotó la mano del italiano para impedir que descubriera lo que en realidad era la tarjeta de usuario de la red de bibliotecas públicas, y echó a correr.
- ¡Eh! ¡Detente, maldito! - Exclamó DeathMask, hallándose sorprendido por dicha desesperada e infantil reacción.
Con tres zancadas, el enfermero alcanzó la posición de Milo, a quién arrolló en su huida, y siguió corriendo por todo el pasillo sin importarle tropezar con el carro de la limpieza, el cuál tuvo el acierto de volcar adrede para dificultar su persecución y caza.
- ¡Mierda! ¡Creía que le tenías! - Se enfadó Milo, echando a correr tras él, esperando ser seguido por un desentrenado DeathMask.
- !No creí que...! ¡Mierda!
Al escuchar tremendo alboroto, las mujeres de la limpieza salieron de la sala que estaban adecentando, echándose las manos a la cabeza al ver todos sus productos esparcidos por el suelo, y enfadándose aún más al ver como un apuesto joven saltaba el carro como si fuera un atleta de alto nivel y otro hombre más maduro le seguía propinando patadas a todo lo que pudiera evitar esquivar saltando.
Camus y el médico que le vigilaba más a él que al Bennu también fueron partícipes del revuelo alzado fuera, y olvidándose del interrogatorio que deseaba llevar a cabo, el inspector al mando no dudó en unirse a la fiesta que se había armado en un santiamén y sin ser invitado a ella.
El enfermero alcanzó la salida de emergencia con velocidad felina, y se comió los escalones de dos en cuatro en su descenso hacia no sabía qué. Solo corría y corría, escuchando apuñalar su espalda la temidas palabras "¡Detente! ¡Policía!".
Milo había desenfundado su arma aunque únicamente fuera para asustar y amedrentar la evasión, y DeathMask también hizo lo propio, recordando el extraño erotismo que le ocasionaba rozar ese metal cuando la adrenalina de la delincuencia así lo demandaba.
La necesidad de escapar que gobernaba el alma del muchacho obraba el milagro de dotar a sus piernas de energía infinita, y una vez se vio escupido al exterior, su visión topó con una muralla de contenedores de ropa de cama sucia que obstaculizaban el calibrado de las siguientes acciones a emprender. La voz de Milo volvió a acuchillarle los oídos, y apenas avistando a sus espaldas, se halló con un arma apuntando a sus piernas y una orden demandándole rendición.
Una rendición que su estupidez ya no asumía posible.
Sin pensar en exceso emprendió la carrera otra vez, asiéndose de uno de los contenedores de ropa para moverlo y obstaculizar la llegada del perseguidor más joven, y pese a sus expectativas, consiguiéndolo.
Con la fuerza del tirón el contenedor volcó, y Milo se halló repentinamente enterrado entre montones de sábanas que olían de mil maneras distintas, ninguna de las cuáles calificable como agradable.
El muchacho creía haberlo conseguido. Incluso avistaba un callejón serpenteante frente a sí, y sus piernas cobraron todavía más velocidad para alcanzar ese salvador laberinto de callejuelas lo más rápido posible, pero un inesperado disparo ensordeció sus oídos y oscureció su visión. Un segudo disparo ocasionó una avalancha de objetos desconocidos que le sepultó de imprevisto, abortando su cursa hacia la evasión de la autoridad.
Las balas impactaron con precisión milimétrica contra un andamio de obras abandonadas durante el tiempo de crisis, ocasionando que éste se desmoronara sobre el cuerpo del chaval, deteniendo así su nefasta e inexperta fuga.
DeathMask no pudo evitar sonreírse al comprobar que su puntería seguía gozando de salud exquisita, y echando a correr se acercó a Milo, quién todavía trataba de sacarse de encima montones de tela sucia.
- ¿Estás bien, camarada? - Preguntó el italiano, tendiendo la mano que no sostenía el revólver al sub-inspector, quién la aceptó sin reservas.
- Sí, estoy bien. ¿Le has herido?
- La bala no iba para él, pero un andamio viejo y derrumbado no le retendrá en exceso.
Una vez Milo estuvo en pie corrió hacia el foco del desastre, hallando al muchacho forcejeando con los escombros que habían conseguido atascarle. Sin dudarlo, y haciendo gala de una amabilidad inexistente, tiró del chaval para apartarlo de entre tanto amasijo de tablas y tablones, tendiéndole de panza al suelo, posicionándose a horcajadas sobre él y apresurándose a juntarle las manos en la espalda.
- ¡Déjame, cabrón! ¡Yo no he hecho nada! - Exclamó el joven enfermero, alzando el rostro con esfuerzo para no verse con la mejilla saboreando el líquido de difícil definición que inundaba el sucio pavimento.
- ¡Cállate!- Replicó Milo, esposándole con sublime agilidad.- Quién no ha hecho nada no sale corriendo.
- De verdad...yo...yo no he hecho nada...os equivocáis...
- ¿Ah, sí? - Intervino DM, posicionándose frente él antes de agacharse, aún sosteniendo el revólver recién disparado en su diestra mientras con la zurda tiraba del collar que supuestamente contenía su acreditación como profesional sanitario.- Vaya, no sabía que ahora el carné de las bibliotecas públicas te permitía ejercer de enfermero en la UCI. Interseante...muy interesante, Aiacos...
#Continuará#
