El caparazón de Daphne Greengrass

Hermione tocó la puerta. Nada, sólo se escuchaba un tenue gimoteo desde el otro lado.

—Pansy, soy yo, abre, por favor.

Silencio. Atónita, se percató de que la puerta ya estaba abierta. Se adentró, nerviosa. Vio a Pansy saliendo hacia el balcón y la siguió, un tanto temerosa por si hacía una locura.

Al salir, se quedó en el mismo lugar que estuvo la primera vez que entró en la habitación, en la puerta del balcón. Pansy estaba llorando, dándole la espalda y con ambos codos apoyados en la baranda. Hermione dejó que se desahogara. Fue acercándose a pasos inseguros, frotándose las manos y dando bocanadas de aire, para terminar descansando su mejilla en la espalda que se movía por los espasmos del lloriqueo. Acabó por acurrucar su rostro, apenas apoyando las manos en ella. Hasta que notó la tranquilidad que embargaba a la morena. Ésta seguía dando sutiles hipidos, pero ya no lloraba. O eso creía, no le podía ver directamente la cara. Hermione la abrazó por detrás, meciéndola.

—¿Qué tal ha sido llorar por primera vez en público? —susurró, procurando romper el hielo.

—Doloroso y un tanto humillante. Llorar enfrente de esa comadreja de Weasley... ¡cómo se me ocurre!

La Slytherin viró el cuerpo hacia ella sin mirar a ningún sitio en concreto, descansando el peso corporal sobre la baranda además de corresponder el abrazo. Permitió que la cálida brisa desviara sutilmente las últimas lágrimas, alzando el rostro hacia el cielo.

Hermione, con la cabeza sobre su pecho, admiró de reojo el rostro ruborizado y húmedo de su novia. Se apartó hacia atrás, manteniendo las pelvis en contacto, y secó las mejillas con los pulgares. Se le escapó una dulce sonrisa rebosante de orgullo. ¡Al fin Parkinson demostraba un cambio real en su carácter tan frío!

—¿Cómo estás? —le preguntó de nuevo, encontrándose con aquella mirada avellana la cual, gracias a las lágrimas y los rayos solares que caían directos sobre ella, resaltaban los colores verdosos y amarillentos.

—Muy buena, no hace falta que preguntes, puedes verlo por ti misma —Pansy intentó mantenerse seria, sin éxito. Rió entre dientes. No sabía muy bien si sentirse avergonzada por lo que había ocurrido o aliviada.

—Menudo progreso has hecho —dijo a Gryffindor posando un beso en su mejilla—, deberías de sentirte muy orgullosa de lo que has sido y en lo que te has convertido.

—Oh, sí, en una preciosa regadera —señaló sus lágrimas, ya secas.

—En una preciosa y valiente Slytherin. Poco a poco te vas abriendo más y más —frotó lentamente el esternón de Pansy—, eres increíble, ¿ves como tienes un corazón de oro?

—¿Y ya está? —fingió molestia, introduciendo sus manos en los bolsillos traseros del pantalón de Hermione. La acercó hacia sí misma, cerciorándose de apretarle bien las nalgas—. Después de los orgasmos que te he dado y me felicitas por llorar. Maravilloso.

—Supongo que sigues siendo la misma idiota de siempre —rodó los ojos.

—Sí, y nunca me cansaré de decirte que soy tu idiota preferida —negó con la cabeza, divertida por el enfurruñamiento de su novia, quien seguía acurrucando el rostro en su pecho—. Gra-... —agarró aire—. Gracias por aceptarme como soy.

Hermione alzó la mirada, sorprendida. Espera, ¿qué?

—Quiero decir, mmh... —manteniendo una mano en el bolsillo trasero de la Gryffindor, con la libre, se rascó detrás de la oreja—. Hasta yo sé lo tozuda, fría, sarcástica y experta en tocar lo que no suena que era en Hogwarts. Por no añadir impaciente cuando se trataba de aguantar a los demás, mentirosa en los inmensos casos que debía de hablar de lo que sentía, cabrona y ambiciosa para conseguir lo que deseaba, orgullosa por no admitir que mis pensamientos estaban entre patearte el culo o tocártelo...

—Ya está, Pansy, ya sabemos que estabas al tanto de lo que hacías. La cuestión es que estás mejorando, ¿verdad que es así? El pasado sólo sirve para aprender de él y no en sufrir al recordarlo ¿de acuerdo? No quiero que vuelvas a hacerte daño diciéndote estas cosas.

Parkinson frunció el ceño.

—Ah, ¿en serio crees que me duele recordarlo? Fue maravillosa esa época, sí, es cierto que vivía en un ambiente lleno de hipócritas y no me hacía ningún bien ser como ellos, pero... —sus ojos se perdieron en la bóveda azul—, todo lo que soy y tengo, proviene de ahí. Me guste o n-

Calló al notar una mano tapándole la boca.

—¿Has hablado con tus padres antes de que te hayan declarado muerta?

—No.

—¿Qué pensarán tus padres, Pans?

—Si se lo creen, que morí siendo una mortífaga fiel a sus principios y a su sangre.

Acabó con una carcajada, incrédula. Del bando oscuro únicamente Bellatrix era consciente de la relación que tenía con Granger y ahora estaba bajo una poción de amor. Sólo esperaba que sus dos amigos y los conocidos de la Gryffindor no se les ocurriera hablar de ello fuera de la casa.

Un amargo escalofrío le recorrió todo el cuerpo.

Bellatrix no era la única que lo sabía. El Señor también estaba al tanto de ello. Y aquello sólo significaba una cosa: a huir como si el mismísimo diablo le estuviera pisando los talones. Quitando el 'como'.

—Cambio de planes —informó la Slytherin—. Nos mudamos a una casa muggle.

—¿Qué? ¿adónde exactamente?

Hermione apenas pudo mantener el desequilibrio que provocó el tirón que hizo su novia al agarrarle de la muñeca. Siguió a Pansy, apartando la cortina hacia un lado, y sentándose en el borde del amplio colchón mientras la Slytherin se precipitaba hacia el gran armario.

—No sé, a un sitio muggle, alejado de la sociedad mágica —abrió el armario y sacó la maleta escondida en el fondo.

—No servirá de nada, Pans, ellos creen que estás muerta. No hace falta que estés luchando en la guerra si no quieres que te descubran hasta que acabe todo, puedes quedarte aquí o...

—Espera, ¿no vendrás conmigo?

Hermione boqueó, quedándose sin palabras. La idea de no verse con ella y querer luchar por sus ideales la había trastocado. Se levantó de la cama para acercarse poco a poco a la joven.

El rostro de la Slytherin estaba descompuesto.

—¿Gatita...? ¿De verdad, te quedarás?

—Oh, Pans...

Rodeó con los antebrazos el cuello de Parkinson, colgándose de él una vez sus caderas se unieron.

—Me conoces, no puedo escapar de esto. Estoy con Harry y todos, vamos a luchar y ganaremos de una vez por todas.

—¡Y sigue pensando que ganará! —rodó los ojos, enfadada—. Os espera un futuro muy oscuro, ni siquiera tienes ni idea de cómo funcionamos.

—¿De cómo funcionáis? ¿Te refieres a la ambición de poder, a saber si eres mejor que otros y sus sucedáneos? —gruñó, bufando y descolgándose. Se cruzó de brazos.

—Te has desviado totalmente, pero si hablamos de mí, pensaba que tú ya lo sabías. Y diciendo eso me refiero a que —soltó una carcajada—, la mayoría de las veces que te reté en Hogwarts derivan de mi necesidad por saber de si yo era mejor que tú y poder controlarte a base de "di todo lo que tú quieras, pero te he ganado". Para mí en esos tiempos tú eras un maldito huracán incontrolable con su propia fuente de energía, por lo tanto... Se me hacía inevitable querer ganarte "Con Granger derrotada, un problema menos"

—¿Yo? ¿Un problema? ¿Vivías en un mundo paralelo? Eras tú el estúpido problema siempre.

—Para ti sí, niña-que-sólo-ve-su-punto-de-vista, pero para mí tú eras mucho más peligrosa.

Hermione se carcajeó sin poderse creer lo que escuchaba.

—¿Peligrosa? Ojalá hubiera tenido el coraje de hechizarte en vez de pensar en las consecuencias con Umbridge, entonces sí que habría sido peligrosa.

Granger, por muchas veces que ataques de esa forma a un Slytherin, seguirá siendo igual de capullo al día siguiente.

—Entonces no capto lo de peligrosa, sinceramente, me lo tomo como una ofensa —cruzó ambos brazos y viró su cuerpo, apoyándose en el torso de Pansy con la espalda. ¿Cuándo, a la hora de discutir, habían pasado de alejarse y gritarse, a hablar y tener contacto físico?

—Peligrosa para mi propio mundo y mis ideales. No quería salir de mi zona de confort y sabía que tú lograrías que lo hiciera —contestó, abrazando a Hermione por detrás. Dio un largo bufido.

—¿Zona de confort?

—De mi familia y conocidos, del único mundo que yo conocía. Sabía que si me quedaba prendada de ti, por muy tozuda y pesada que yo fuera, tendría que ir a tu mundo y a tu sociedad porque la mía nunca te aceptaría.

Hermione asintió con las cejas alzadas y los labios ligeramente entreabiertos. Ahora mismo no es que Pansy se encontrara rodeada de pureza de sangre... Ah, en realidad, sí, entre la familia Weasley, su tío, Lestrange, Daphne y Draco, Tonks... Nada mal, se podría hablar de traidores en vez de estar relacionada con muggles o los sangre sucia. Si se eliminaba el hecho de que su novia era una de ellos, claro.

—Perdón.

El hilo de voz llegó al tímpano de Pansy.

—Ha sido mi decisión, créeme. He ido variando, pero...

—Te entiendo, tranquila. Al igual que también entiendo que quieras huir, o por la cara que ahora pones parece ser que ya no quieres... Decisión que me alegra —susurró Hermione, esbozando una sonrisa al tiempo que se giraba para besarla. Alejó su rostro y la señaló—. Pero sigo insistiendo en que ganaremos la guerra.

Pfff, recuérdame más tarde de tachar en mi lista de esperanzas que algún día dejes de ser tan terca.

—¿Qué tal si primero te preguntas por qué estás aquí? —le oprimió la nariz con la yema de su dedo índice—. Cuando encuentres la respuesta ya le daré las gracias a mi tozudez de tu parte.

-0-

Al regresar al salón, Ginny y Ron continuaban comiendo en la mesa mientras que los demás integrantes de la Orden se habían dispersado por la casa. Hermione se sentó enfrente de ellos; Pansy la imitó.

—Os he calentado la sopa —informó el pelirrojo, dando comienzo a una segunda comida al darle un enorme bocado al pan—. La carne sigue templada.

Su amiga le sonrió, aliviada de que el mago al fin viera que no era un peligro estar con la Slytherin.

—Gracias, Ron, ¿han reaccionado bien a... lo nuestro? —inquirió Hermione, enviando una fugaz mirada de reojo a Pansy, quien estaba entretenida en alimentarse.

—Ojoloco no muy bien, dice que hay que seguir vigilando a los mortífagos para evitar traiciones posibles, incluyendo a Malfoy. Y los demás les importa bien poco con quién estés mientras no te pase nada ni le expliques información de la Orden o planes —contestó Ginny.

—Mi madre ha querido pedir perdón a Parkinson por lo de ayer, pero no ha habido oportunidad —añadió Ron.

—¡Cuidado, 'mione!

Hermione dio un brinco ante el aviso justo cuando un gato grande y negro, de raza Maine Coon, saltó encima de la mesa para olisquear la cubertería ronroneando. Jamás vio semejante tamaño en un felino, era mucho más largo que Crookshanks, aunque compartían el mismo pelaje de peluche peludo. Excepto que este era negro.

—¿Q-qué demonios...? —balbuceó, al notar que el felino le golpeaba la mandíbula con su cabeza.

Levantó el plato por encima de él con la intención de evitar que metiera sus patas dentro.

—Ah, sí, te presento a tu nuevo gato, 'mione —Ginny se contuvo la risa, estirándose para agarrar una manzana. Su hermano también escondió la cara—. Mamá ha dicho que podías tomarlo como un regalo de su parte para que Parkinson y tú pudierais estar juntas sin que Bellatrix la matara, así que... Mirando el lado bueno, no causará tantos problemas como antes.

La castaña frunció el entrecejo con preocupación y dejó el plato lejos de ella, alzando ambos brazos para permitir que el enorme gato negro se acomodara en su regazo. El ronroneo se escuchaba con claridad.

—Dime que esta gran bola peluda no es Lestrange —Pansy alzó una ceja. Bufó por el asentimiento de los Weasley—. Dime que esta gran bola de pelo no va a dormir con nosotras.

—La encerraremos en otra habitación, si se deja —suspiró Hermione—. Es más mona de esta forma, ¿no crees?

Le rascó la oreja y rió al comprobar lo bien que respondía Bellatrix ante sus caricias. La Slytherin entrecerró los ojos al fijarse en cómo el animal hacía el ademán de mostrar su estómago con dificultad por culpa de su tamaño y el escaso espacio que había.

—Increíble, la mortífaga más peligrosa ronroneando como gata en celo, lo que hay que ver —siseó Pansy.

Oiish, pero mírala, Pans, mírala —levantó a Bellatrix, poniéndola sobre sus dos patas traseras encima del regazo—. Mira qué hocico y qué ojitos tan bonitos ¿no es una monada?

Hermione, demostrando que su debilidad eran los animales, estrujó a Bellatrix contra su pecho profiriendo ruidos infantiles. La maga oscura se dejó mimar con gusto.

—Es un gato estúpido y pronto acabará gordo y mimado. Aunque ya lo está. Eh, tú, ella sigue siendo mí-

El animal se lanzó a los brazos de Parkinson, quien se puso en pie gritando al percatarse de que las afiladas y gruesas garras se deslizaban por el vestido, rasgándolo a medida que Bellatrix iba cayendo por su peso corporal. Los Gryffindors miraron petrificados la escena.

—¡No, Bella, fuera! —ordenó la castaña.

La gata se retiró impulsándose contra el cuerpo de la Slytherin y aterrizando con elegancia en el regazo de Hermione.

—¡Maldita seas, pelusa de pacotilla! ¡Me ha destrozado el vestido!

—Gata mala, no se hace eso —dio un ligero toque en el morro de Bellatrix, quien estornudó.

Hermione se contuvo las ganas de achucharla. Era tan diferente antes de ahora... Ahora tenía en sus manos a una monada de gata.

—¿Y no le vas a hacer nada más? ¡Podría haberme arañado la cara!

—No te hubiera hecho daño, ya aprendió de ayer, ¿a que sí? —recibió un agudo maullido de aprobación.

—Ya he tenido suficiente con que casi me mate como para soportar que mimes a una loca enfrente de mí —agarró con tres dedos el plato y la cuchara con la otra mano—. Y me gustaría comer en paz.

Con la barbilla alzada, Parkinson se retiró escaleras arriba. Los tres Leones unieron miradas.

—Es muy rara, ¿no creéis? —dijo Ron.

—Tiene demasiados cambios de humor, espero que en la cama no sea así —acabó Ginny, riendo con su hermano.

A Hermione no le provocó gracia alguna.

—Es normal que haya reaccionado de esta forma, es Bellatrix Lestrange y la trato como si nunca me hubiera hecho nada.

—Deberías sentir vergüenza —la voz de Ginny se impregnó de seriedad. Una seriedad que parecería real si no fuera porque ya la conocía.

—Se te tendría que caer la cara de vergüenza, tratar así a una enemiga... ¡Como si fuera una Slytherin que se metía contigo en Hogwarts desde primero! Ni punto de comparación de cómo tratar a cada una, eh.

La menor dio una palmada al hombro de su hermano, dándole a entender que había dado en el clavo. Los ojos de Hermione continuaron aburridos observando a la pareja que se carcajeaba con gusto al tiempo que acariciaba a Bella.

—No tiene gracia.

—Demasiada, quién iba a decirnos que acabaríamos en la casa del tío de Parkinson con ésta, Malfoy y Greengrass de traidores, y tú saliendo con la peor elección de todas —acató Ron.

—¿Hubieras preferido que yo saliera con Malfoy? Imagínate a Malfoy en vez de a Pansy cuando interrumpiste en la habitación y nos encontraste... como nos encontraste.

Ron paró de masticar. Miró a su hermana. Después a Hermione.

—Retiro lo dicho.

-0-

Pansy abrió la puerta de su habitación con la mano que sujetaba la cuchara. Draco y Daphne se encontraban conversando cuando giraron la cabeza para dar la bienvenida a la nueva integrante.

—Te estábamos esperando.

—¿Para qué?

—Para hablar sobre nuestros... pensamientos.

Parkinson frunció el ceño y se acomodó en el hueco cercano al Slytherin. Dio varias cucharadas, poniendo atención a lo que iban a decir.

—Yo quiero volver con mi familia —concluyó Greengrass—, y eso supone borrarme la memoria e implantarme nuevos recuerdos.

—Te pondrás en peligro para qué, ¿para que te torturen aunque no tengas ni idea de lo que pasa?

—Podré con ello.

Pansy rodó los ojos, impotente por no hablar al haber tomado una cucharada de sopa.

—Yo lucharé con Harry, protegiéndole la espalda. Voy a tardar mucho tiempo en que confíen lo suficiente en mí como para que me dejen verlo en persona, pero no voy a desistir.

—¿Y tú...? —preguntó en un susurró Daphne a Pansy.

—Está claro que seguiré la corriente de aire que crean las nalgas de Granger al caminar —acabó, secándose el borde de la boca.

—En ese caso... Draco se encargará de mi memoria antes de que cualquiera intervenga, otra vez, en mis planes.

—Daphne —llamó Pansy—, no seas tan imbécil de arriesgar tu vida sólo porque estás frustrada de que la relación con Weasley no vaya tan bien como esperabas.

Draco se tapó la boca en cuanto creó una expresión de diversión.

—Yo no pedí que me secuestraran —el tono seco no afectó lo más mínimo a la joven que seguía comiendo con aburrimiento.

—Pues tengo una nueva noticia para ti: estás secuestrada, y no tienes posibilidad de volver. Siendo como tú eres, no entiendo por qué ves el regreso con tu familia como opción: aunque ellos se crean que estás muerta, si vuelves sin memoria será tan sospechoso que nunca te dejarán en paz y ni siquiera tendrás ni idea de porqué te hacen sufrir tanto si no sabes nada. Además —alzó una ceja—, estarán como locos buscando a Lestrange y eso hará que tu regreso sea un infierno para ti porque querrán buscar alguna relación entre lo que le ha pasado y tu situación.

—Lo sé —dijo sin más.

—Llevas fatal el tema del rechazo, eh.

—Cállate, Draco —"es más que eso"

—Él tiene razón, se nota demasiado que por ella serías capaz hasta de regalar la enorme estatua de oro que quieres que tu padre te construya en el jardín de tu mansión—la risotada de Pansy se unió con la del mago.

Las manos de Daphne golpearon el colchón cuando hicieron presión para poder levantar el cuerpo de ahí. A los dos pasos que dio hacia el espacio libre más cercano a la chimenea, Daphne se rascó la mejilla manteniendo la mirada de orgullo herido en los tablones de parqué. Al segundo, empezó a mover los labios para murmurarse algo a sí misma -gesto que hizo que los otros dos Slytherins se miraran entre sí por no poder escuchar lo que su amiga decía- y retiró hacia atrás los flecos de cabello dorado que caían sobre su cara.

Nada más bufar al levantar el rostro hasta que este se orientara al techo, echó una mirada de reojo a los dos que seguían sentados sobre la cama.

—¿Por qué os metéis conmigo cuando yo no dije nada sobre vuestros malditos asuntos románticos? —espetó. Intentó contener el enfado de sus palabras dando un pisotón al suelo.

—Porque ni siquiera reconoces que te gusta Weasley, Di —Draco se echó hacia atrás hasta que sus codos aguantaron el peso corporal apoyándose en el colchón—, y está claro que nos encantaría que lo reconocieras.

—Por eso somos unos capullos que no paran de molestarte para que explotes de una vez y te quedes sin ningún secreto que guardar.

Pese a que Daphne hubiera vendido su alma para evitar que sus mejillas empezaran a teñirse de un rojo intenso, se habría olvidado de las orejas que, en esos momentos, también quisieron delatar a su dueña.

—Vamos, D —Pansy inclinó el torso para apoyar un codo en la rodilla de la pierna que estaba por encima de la otra. Dejó el plato encima de la mesilla de noche—, los dos sabemos que has estado años y años creando un personaje de ficción porque no querías que nadie supiera todo de ti y lo utilizara en tu contra. Pero a los amigos que te conocen desde que empezaste a caminar porque nuestros padres eran amigos, no se les puede engañar, y el amor es tan cabrón que hace evidente lo que uno quiere esconder.

—No me ha gustado Weasley desde hace años —replicó la bruja, ofendida.

—¿Eh? —la mirada confusa de Parkinson fue directa al mago que seguía con el cuerpo estirado a su lado—, yo no he dicho eso.

—Pansy se refería a que ahora se hace evidente que Weasley es para ti algo más que una pequeña pelirroja terca y rebelde. Cuando ha dicho que has estado años construyendo un personaje, lo decía en general, no para ocultar lo que sientes por Weasley, ¿ves cómo el amor hace más evidente lo que uno quiere esconder?

El vientre de Pansy comenzó a contraerse por la oleada de carcajadas que le provocó oír eso. Tal fue el ataque de risa, que necesitó dejar caer su cuerpo hacia atrás para que el aire pudiera salir mejor de su interior. Con lágrimas de felicidad en sus ojos, acabó golpeando con el dorso de la mano el hombro de Draco que la observaba con una enorme sonrisa.

Malfoy miró a Daphne y le señaló la joven que seguía riendo.

—Su risa viene de tu inutilidad de defenderte, no de reírse de ti.

Daphne no paró ni un segundo -ni intención tenía de hacerlo mientras estuviera en aquella habitación- de caminar hacia un lado y otro por delante de la chimenea que había comenzado a revivir el fuego gracias a un conjuro permanente que Perseus usaba como sustituto de la calefacción muggle. Sin parar de caminar, con los ojos azules atentos al suelo y con miles de pensamientos repensando otros pensamientos, fue escuchando como podía a sus compañeros.

—Vaaaamos, D —Parkinson intentó cerrar la boca para ponerse más seria. Pero se le escapó una risa entre dientes—, estás hablando con tus dos mejores amigos: uno que está saliendo con el archienemigo del Señor, y la otra con la archienemiga de los ideales de nuestras familias. No puedes ser tan cerrada como para no afirmarnos lo que ya sabemos.

—Aunque tu mente no pare de juzgarse, y de juzgar los sentimientos que tienes... —Draco levantó las dos palmas al no saber cómo explicar algo tan evidente—. Vamos que no tienes que preocuparte por ello cuando estás en una nueva sociedad que aceptaría ese amor y que nosotros nunca te dejaríamos a un lado porque te guste una traidora.

—Incluso si lo piensas, tú estás en mejor condición que nosotros, ¡te gusta una sangre pura, idiota!

—Es más aún, te gusta una sangre pura que es guapa, inteligente y sabe patear culos —su amigo le guiñó un ojo, aunque Daphne continuaba caminando y no miraba a ninguno—, ¿cuántas veces habremos oído en Hogwarts que si no fuera una traidora sería la chica perfecta?

—Exacto —Pansy, que continuaba estirada junto a Draco, le dio una palmada en el hombro como felicitación por haber traído el tema—, si no fuera por los prejuicios que nos ha inculcado nuestra sociedad, en esa situación sería muy fácil interesarse por Weasley.

—¿Muy fácil? —Draco arqueó las cejas y sonrió—, estoy seguro de que si hubiera entrado en Slytherin, hubiera llegado a lo alto de la cadena de popularidad entre los nuestros.

—Eh, eh —soltó Pansy—, a mí no me hubiera ganado ni de lejos.

—Claro que sí, tú hubieras sido la primera en besarle el culo.

—Pues claro, de alguna forma tendría que acercarme a ella para llevármela a la cama, ¿no?

Draco liberó una carcajada irónica.

—Dudo que Weasley hubiera caído en tus patrañas.

—Ha caído la gran tozuda de Hermione y me dices que no caería su amiga —el ruido de burla murió en su garganta.

—Granger se interesó por ti porque era y es tan estricta con todo a su alrededor que para ella tú supusiste un respiro de su propia dictadura.

La boca de Pansy se abrió para contestar, pero acabó cerrándose para mostrar una expresión de aturdimiento.

Wow...—murmuró, pensándolo—, no lo había visto de esa forma.

—¿En serio? Pensaba que habías utilizado esa táctica para conquistarla —con un ligero empuje, puso el cuerpo de lado apoyándose sólo con un codo. Observó con atención a Parkinson, quien tenía la cara orientada al techo—. Si no es así, ¿cómo lo conseguiste?

—¿Sinceramente? —sus dilatadas pupilas cayeron en las curiosas de Draco—, no tengo ni puta idea. No estaba cada noche planeando mi siguiente movimiento, estaba más bien pensando en cómo hacer desaparecer lo que sentía.

—Pero eso es normal, era parte de lo que teníamos que hacer como "sangre pura perfectos y fieles a su sangre", después de esa fase venía la de '¿cómo mierda me acerco a este fruto prohibido sin hacer saltar sus alarmas ni de las personas que están a mi alrededor?'

—Ah, sí, esa fase para mí fue un "Primer paso: molestar a Granger. Segundo paso: seguir molestando a Granger. Tercer paso: comentario sexual inapropiado. Cuarto paso: seguir molestando a Granger"

Draco apenas tuvo la suficiente rapidez de taparse toda la cara con la palma de su mano al reírse de aquel desastre.

—¡No puede ser que seas así de despreocupada! —se le formaron un par de hoyuelos cerca de sus comisuras al reír—. Va, Pansy, algún plan-

—Que no, que no. Que no había plan, que yo dejé que las cosas pasaran. Más bien dejé que los problemas y desafíos pasaran, pero bueno. ¿Y tú? —sonrió al darse cuenta de la mueca de Draco cuando se le fue devuelta la pregunta—, ¿qué plan has usado para que Potter dejara de odiarte?

Justo al acabar de escuchar la última palabra, el mago puso su mejor cara de orgullo y soberbia.

—Ahí, señorita Parkinson, es donde reside la diferencia entre el éxito y el fracaso —se pasó los dedos por su pelo con lentitud en un acto coqueto y de suficiencia—, porque lo que definió mi éxito fue que Potter nunca me ha odiado —frunció el ceño al oír las estridentes carcajadas de su amiga.

—Usaste primero una poción de amor, ¿verdad?

El estado de prepotencia de Draco se disolvió en cuestión de segundos. Con una Pansy sonriendo descaradamente, él alzó la mirada.

—Ehm... —acabó suspirando, decepcionado consigo mismo—, esa fue mi primera idea. Pero cada movimiento de regalarle algo de comida o bebida fue inútil porque se pensaba que quería envenenarlo, y cuando más tarde intenté darle unos bollos a una de Gryffindor para que se lo diera, ésta terminó comiéndoselos.

—Oh, sí, me acuerdo de que te seguía una de pelo negro por todas partes, ¿verdad?

—Sí.

—Draco —el nombrado clavó sus ojos en el rostro de Pansy sin muchas ganas. Ya se esperaba que rompiera a reír de nuevo—, eres un pringado.

—Gracias, Pansy, lo escribiré en mi tumba.

—¿Es que a quién se le ocurre empezar por ahí?

—Pues al idiota que siempre lo ha tenido todo con sólo chasquear los dedos...

—Va, continúa, que no me reiré. Segundo paso:

—Fue Daphne.

—¿Qué?!

Con la boca desencajada, la pelinegra levantó el torso para incluir en la conversación, con una mirada, a Daphne. Sin embargo, Greengrass parecía estar en un bucle dentro de su cabeza porque no había parado ni un momento de caminar por la habitación, inmersa en su mundo. Pansy movió la mano como un gesto de desinterés hacia la rubia y pidió al mago que siguiera hablando.

—No sé cómo lo hizo exactamente... Hasta mucho más tarde, hacia San Valentín, no me explicó que le dijo a un "contacto" de Hufflepuff que dijera a otro de Gryffindor el rumor de que yo en realidad quería hacer las paces pero que era muy orgulloso, y este Gryffindor se lo comentó a Harry. Y a partir de ahí todo fue más fácil para mí...

—¿Me estás diciendo que D usó a sus clientes, los movió como le dio la real gana, para que tú pudieras acercarte a él?

—Sí, pero lo hizo porque quería obtener más información del Ejército de Dumbledore de la que ya tenía —a Draco no pareció importarle nada—. Yo hubiera hecho lo mismo, en verdad ya lo hacía porque lo que sabía se lo iba diciendo a Míster Elegido para que fuera confiando más en mí.

—Vaya dos compañeros que tengo —chasqueó la lengua antes de mantener la mirada de su amigo—. ¿Era la única que no estaba al tanto de la guerra silenciosa entre la Brigada y el Ejército o qué?

—Ninguno tenía idea de lo que se movía detrás del telón, yo y Daphne íbamos por caminos separados con el mismo objetivo, aunque con diferentes razones.

—¡Merlín, Daphne! ¿Puedes dejar de una vez de caminar y prestarnos atención? —vociferó Pansy, harta. No había podido ignorar ni queriendo al saco de nervios que no paraba de moverse; por el rabillo del ojo veía demasiado movimiento como para hacerlo.

Para sorpresa de los dos, Greengrass obedeció. La melena dorada imitó como si fuera un látigo el giro de cabeza que hizo para encararlos.

—No sé qué hacer —su voz era baja pese a que estaba cargada de frustración y pánico—. ¡Nunca me había pasado esto!

—¿E-el qué?

—¡Pensar y no tener solución alguna, ni opciones! ¡Todas son inútiles, estúpidas, sin sentido! —de nuevo, sin esperar a que las caras atónitas de los que presenciaban la escena cambiaran, se puso a caminar sin dejar de hablar rápido para sí misma en voz alta—. No puedo hacer ningún paso, ni pensar en un plan que llegue al objetivo a través de una reacción en cadena, ni manipular a alguien, ni sobornar, ni nada de nada. ¡Nada! Estoy atada de manos y de mente, estoy-estoy... ¡Por primera vez no tengo siquiera ni por dónde empezar para ir abriéndome camino!

—¿Por qu-

—¡¿Cómo que por qué?! ¡Porque el objetivo es Ginny y Ginny me odia! No tengo nada con lo que maniobrar porque el fin está completamente bloqueado a mí, ¿no lo entendéis? Aunque pueda convencer o comerle la cabeza, yo qué sé, a su hermano por ejemplo, por mucho que él acabe convencido de que soy la pareja perfecta para ella, Ginny seguirá inmune a esa estúpida táctica, y-

—¿Y si simplemente la enamoras siendo tú y no te matas más neuronas pensando en que Weasley es una meta en la que tienes que llegar usando todos los métodos posibles? —interrumpió Draco, con un matiz de mofa en sus palabras.

—Eso, D, deja tu lado Slytherin descansando y sal tú misma a luchar.

—¿Estáis mal de la cabeza? —frenó en seco y tuvo que equilibrarse porque el tobillo se le había torcido.

—Tú eres la que está mal aquí, ¿no te das cuenta de lo que estás haciendo?

—Weasley no es una meta, D...

—Es la persona que amas —acabó Draco. Aquello pareció calmar el ambiente—, y no vas a llegar a ella si no te muestras tú, si no apartas de ti tu lado más lógico y calculador. Y si no te puedes ganar su confianza, no podrás tirártela, y-

—¡Pero-!

—¡Pero nada, pesada! —el salto que dio Pansy de la cama al suelo obligó a Daphne a dar un paso atrás, hacia la chimenea—. ¡¿Cuándo mierdas te vas a dar cuenta de que lo que te enamoró de Weasley era que no podías acercarte a ella como siempre lo hacías con todo y todos? ¡¿Cuándo tu estúpida mente va a entender que el corazón es más sabio que ella?! ¿Es que no lo entiendes?! ¡Te has enamorado de alguien que no puede sucumbir ante tus asquerosos planes porque es lo mejor para ti! ¡Porque el corazón quiere de una vez por todas tener su propia voz y no ser callado por tus pensamientos! ¡Quiere que seas tú, Daphne Greengrass, la joven promesa del Comercio Mágico que es capaz de hacer lo imposible por sus seres queridos, y no la joven que se ciega por la ambición y los objetivos! Mierda, Daphne, actúa ya como deberías de hacer, actúa como mejor te vas a sentir: siendo sincera contigo misma. Y si eso no te sirve, porque me acabas de rodar los ojos y como lo vuelvas a hacer te clavo la lámpara en el culo, que sepas que el mayor don de Weasley es que es capaz de ver las verdaderas intenciones de las personas por muy buenas actrices que sean, así que si quieres estar con ella, empieza por mostrarle quién eres y no cómo quieres que te vean los demás —dio una profunda bocanada y levantó la mano para cortar las lentas palmadas que empezaba a dar Draco, asombrado. Ni se inmutó ante el temblor del labio inferior de Daphne—. El personaje que has creado desde pequeña para engañar a los sangre pura ya es más inservible que regalarle a Voldy un peine, ¿captas mi mensaje o vuelvo a repetírtelo mientras creo una banda sonora de fondo dándote de bofetadas hasta que se me caiga la mano? ¡Aquí ya no puedes engañar a nadie, aquí no sirven las máscaras! Aquí te giran la cara si llevas una, Daphne —ya no pudo siquiera mantener la fuerza en la voz cuando vio, por fin, a su amiga tapándose la cara para que no vieran salir las lágrimas. Susurró—: ...Aquí tu verdadero Yo está a salvo, y Weasley sólo quiere escuchar lo que tu corazón se ha callado durante años, no le interesa lo más mínimo lo que tu ego quiere decirle, porque sabe que no es lo que de verdad quieres mostrarle.

El resto, la continuación de aquel discurso, fue invadido únicamente por los sollozos que Daphne intentaba silenciar por orgullo pese a que las emociones que recorrían por su corazón se lo impedía sin dificultad. El crepitar del fuego, que a más bañaba de luz dorada su alrededor hasta que acababa difuminándose en los zapatos de Draco en el borde de la cama, se convirtió en la tranquila melodía que acompañaban los hipidos.

No hubo ningún aplauso que expresara admiración ni victoria; el simple hecho de ver cómo habían afectado las palabras en la coraza de Greengrass significaba mucho más. Y Pansy y Draco, en el instante en el que mantuvieron contacto visual, lo supieron. Supieron que habían logrado plantar la semilla en su amiga para que ésta pudiera ir regándola, para que pudiera ir rompiendo el cascarón en el que se había estado refugiando tanto tiempo.

Volvieron a prestar atención a Daphne al notar por el rabillo del ojo cómo apartaba las manos de su rostro, dejando ver uno empapado de lágrimas. Sus labios temblaban mientras intentaba hablar:

—N-no sé lo digáis —con el dorso del pulgar, intentó desprenderse de las lágrimas más cercanas a los ojos.

—¿Decirle qué a quién, Di? —susurró el mago. Hacía ya rato que se encontraba sentado y no tumbado.

—No le-le digáis a Ginny, por favor... —rompió a llorar, en silencio, como ella estaba acostumbrada, antes siquiera de poderse explicar. "No le diremos que has llorado, tranquila", escuchó decir de Pansy. Negó con la cabeza al intentar dar una bocanada de aire puesto que se había quedado sin por hacer el esfuerzo de no hacer ruido—. No-no, no le digáis que... que me gusta. No estoy prepar-ada para soportar su rechazo.

La suave risa entre dientes de Malfoy se unió a la dulce de Pansy como respuesta.

—Te podemos asegurar que si te acercas a ella sin máscara, no hará falta ni que la vayas a buscar. Vendrá por sí sola —hizo una pausa donde sus ojos se movieron a un lado sin mirar nada en concreto. Los fijó en Daphne—. Se está muriendo de ganas de poder acercarse a ti sin que su intuición le grite, sólo queda hacer tu parte, Di.

Parkinson afirmó lo que había escuchado con un asentimiento rápido, aunque sus ojos se entrecerraron al observar los ojos en blanco de su amiga. Sonrió de lado.

—Tú todavía no te das cuenta de la química que tenéis, ¿verdad? Desde aquí, el lado de los espectadores perfectos y con una belleza sin igual, es taaaan evidente la atracción sexual y lo que sentís la una por la otra aunque lo neguéis, que dan ganas de tirar bombas por todas partes cuando os enfadáis por tonterías. O cuando Weasley monta un drama, más bien.

—Y me temo que todavía faltan unos cuantos antes de que Daphne se libere de sus cadenas y Weasley confíe.

—Razón no te falta, Draco. Daphne tiene el don oculto de cagarla sin que se dé cuenta, y Weasley de captar en cámara lenta esas meteduras de pata para decirse a sí misma que no se enamore de ella.

—Muy cierto, muy cierto.

—¿Podéis dejar de hablar de mí como si no estuviera presente? —tiró el pañuelo en el que se había sonado a la chimenea.

—¿Podrás pronto confesar a Weasley q-

—¡NO!

—En fin —Pansy suspiró—, seguimos en las mismas.


asdghjkl cuando tenga más tiempo os intentaré contestar que ando un tanto ajetreada :3 ¡Nos leemos el sábado que viene, amores! (consejo vital: a la hora de admitir los sentimientos, no seáis un Slytherin -aunque lo seáis en la realidad- tadadá :D)