NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE NICK, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO HISTORIAS.
¡Hola! ¿Cómo han estado? ^^ Yo estoy realmente feliz porque cada vez está más cerca la navidad. Y por eso estoy escribiendo tan rápido como puedo este fic ¡Quiero terminarlo!
GRACIAS A:
Mafalda Black, Kathany, marilyn, fabi, Katarita, SammyKataangTwilight, Nikolas Sur, sakura, mariifabii44.
Lamento no poder contestarles como es debido, pero bendito sea el señor cada vez que quiero actualizar esta historia tengo poco tiempo. Ojalá puedan comprenderme y me despido deseándoles que realmente les agrade el capítulo. Es más de explicación que otra cosa.
Capitulo 52.
Un solo mensaje: Paz.
Los vientos eran aterradoramente fuertes y empujaban a las personas con claro deseo de tumbarlas. Pero, al mismo tiempo, unas paredes de piedra muy altas encerraron a todo el Equipo Avatar. Pudieron ver a Aang, con las flechas brillándole y los ojos abiertos; sabían que acababa de encerrarlos para protegerlos.
Entonces, encima de un remolino de aire, se alzó hasta tremendas alturas en donde ejecutó pequeños movimientos con consecuencias impresionantes. La tierra tembló hasta derribar lo poco que aún quedaba en pie del Palacio de la Nación de Fuego; los rebeldes y soldados traidores comenzaron a hundirse en el suelo mientras llamaradas enormes que provenían de sus manos se ocupaban de que nadie se escapara.
Los remolinos d agua congelándose alrededor hicieron la misma función que las llamas. Atrapados en un territorio donde el Avatar tenía completo control, los rebeldes quisieron tontamente hacerle frente al Maestro de los cuatro elementos.
Aang no batalló. Estaba cansado de tanta violencia irracional, de la guerra; así que con más temblores y asustándolos con unas llamas los hundió hasta el cuello en el suelo. A los que eran maestros tierra les congeló su cuerpo entero. Todo esto en no menos de cinco minutos.
Cinco minutos en que el pueblo entero de la Nación de Fuego, en que los soldados, y en que sus amigos, contemplaron al poder absoluto de la naturaleza reunido en una sola persona. El respeto que ya se le tenía al Avatar Aang aumentó de manera considerable hasta convertirse casi en idolatría. ¡Era impresionante!
Y, de no haber sido por los vientos tan extenuantes que no pararon con nada, hubiese el Equipo Avatar permanecido consciente. Rindiéndose, pues, cada vez más a la inconsciencia de quien ha peleado arduamente casi toda su vida por la justicia.
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A la mañana siguiente seguía algo peor: el recuento de los daños. El Palacio Real estaba completamente destruido, salvo unas cuantas habitaciones cuyas paredes seguían en pie milagrosamente. Zuko acepto aquello y hasta bromeó diciendo que ahora podría construirse un Palacio más moderno y más hermoso, mejor equipado para todas sus funciones.
La Ciudad capital no estaba mucho mejor. Después de todo, muchas personas habían escapado debido al incendio que azotó buena parte de las casas y mercados. Afortunadamente no se habían perdido realmente muchas construcciones gracias a la Orden del Loto Blanco que bien pudo controlar el fuego antes de que se disipara por más partes.
¡Y mejor aún! No había muertos. Se contaron solamente ciento cincuenta heridos que ya estaban siendo atendidos por unidades médicas prontamente llamadas. Los Soldados del Reino Tierra y unos cuantos de las Tribus Agua que habían llegado para ayudar estaban en perfectas condiciones y jubilosos de haber podido participar en tan importante pelea.
Quizá lo peor sería ahora dictar los castigos impuestos. El Avatar había sido claro desde el momento en que la guerra había sido detenida: cualquier persona o conjunto de personas que se atreviese a atentar contra la paz, sería castigada como si hubiese atentado para destruir al mundo. Eso quiere decir, un gran y fuerte castigo.
Bajo los escombros de la Nación de Fuego estaba el Palacio subterráneo, parcialmente destrozado, que por razones buenas o malas, depende la perspectiva, había dado asilo a toda la asociación de los Cinco Espadachines. Iniciada la batalla, quisieron escapar por los túneles hacia el pie del mismo volcán por donde entraron Zuko y cía. La prevención del Señor del Fuego le hizo colocar parte de su ejército y mandar soldados del Reino Tierra a cubrir esa puerta secreta, atrapando inmediatamente a los rebeldes en su fuga.
Y aquellos rebeldes que permanecieron peleando, a favor de los Cinco, habían sido exitosamente capturados por Aang. Todos fueron llevados a la Prisión de la Ciudad Capital, colocados desde mazmorras hasta celdas, procurando que ninguno quedara en el mismo lugar, se contaron doscientos cincuenta rebeldes. Así permanecerían hasta que Aang, con sus amigos y otros importantes políticos, decidieran qué hacer con ellos.
Fue laborioso, mejor dicho, tardado, porque los Jefes de las Tribus Agua y el Rey Tierra demoraron cuatro días en llegar. Mai prestó la casa de su familia, una enorme mansión cerca de los restos del Palacio donde pudieron sentarse a dialogar alrededor de una mesa. Los gobernantes de las naciones y el Avatar sopesaron por varias horas lo que se debía hacer. Unas decisiones ya estaban tomadas, pero faltaban otras.
Los Cinco Espadachines habían decidido seguir con sus ideales vengativos en contra de la Nación de Fuego. Así pues, Aang les aplicó un severo castigo para que nadie más pudiera seguirlos. Frente a todos sus seguidores, uno por uno fue quitándoles sus dominios elementales. Exhausto, Aang pidió entonces que se les llevara a una celda de máxima seguridad. Los Espadachines, desprendidos de sus adorados poderes, sufrieron por ello un duro golpe de humildad.
Sabiendo que no podrían tener a casi trescientos prisioneros de por vida sin el riesgo de que escaparan, pensaron crear una nueva prisión. Esa idea fue automáticamente descartada, pues la convivencia entre ellos aun en espacios de pocas horas no era nada bueno. Después, pensaron en separarlos, y mandarlos a diferentes naciones. Aang fue quien les recordó que eran personas, no objetos, que había cometido crímenes pero no por ello debían perder todos sus derechos.
Tardaron dos días más en sacar un veredicto real. Zuko y Aang fundaron entonces el Real Centro de Sanación Pos-Guerra con sede en la Capital de la Nación de Fuego. Sería colocado un centro en la Tribu Agua del Norte, la del Sur y en Ba Sing Se. Todos esos edificios tendrían un mismo propósito y seguirían los mismos principios.
El centro sería una especia de hospital mental, sin llegar a ese extremo. Los seguidores de los Cinco Espadachines serían tratados por especialistas para que dejaran a un lado sus traumas, se reconquistaran consigo mismos y pudieran volver a ser integrados en la sociedad ya con pensamientos armoniosos. Claro está, que esos rebeldes serían instruidos en la meditación y más pasatiempos, pero a la vez vigilados por guardias de alta seguridad y no podrían salir del edificio hasta terminada su recuperación.
Además, como había mucha más gente que aún no recuperaba del todo su integridad mental perdida en la guerra, los centros colocados en todas las Naciones ofrecerían ese mismo servicio a quienes fueran a pedirlo. De ahora en adelante, los que quebranten la ley bajo argumentos vengativos contra la Nación de Fuego serían mandados a esos centros de ayuda.
El presupuesto se formó de las cuatro naciones. Aang se ofreció a ser quien creara el programa básico de salud mental basado en las enseñanzas de los antiguos Monjes del Aire. Fue un trabajo realmente laborioso, pero tras una semana, Aang tenía escritos cinco largos pergaminos con las instrucciones precisas para cada caso distintito. Y en ese mismo tiempo Zuko ya llevaba construido buena parte del primer edificio central en la Capital.
Con esta decisión, Aang dejó muy en claro que no se buscaba ni guerra ni castigos, si no paz. A los rebeldes se les ofrecería esa segunda oportunidad siempre y cuando terminaran con el programa. Los Cinco Espadachines igualmente lo llevarían y se esperaba que también pudieran ver la luz.
Fueron semanas de mucho trabajo. Dos meses después de haber detenido a los espadachines, éstos y sus seguidores fueron trasladados de la prisión hasta el Real Centro de Sanación Pos-Guerra, recién terminado y equipado con guardias, soldados, enfermeras, doctores y demás.
Ya concluido todo ese trabajo, Aang y Zuko tuvieron un poco de descanso para poder convivir finalmente con sus familiares y amigos. Iroh, que había regresado durante la batalla liderando a la Orden del Loto Blanco, estuvo presente en las juntas y ayudó mucho a su sobrino y al Avatar entre todas las construcciones.
La Casa de Mai era ahora el provisional Palacio Real en lo que los escombros eran limpiados y construido el nuevo Palacio. La mansión daba espacio suficiente para que ahí viviera Zuko, Aang, Sokka, Katara, Toph, Mamuro, Iroh y las niñas. Y hasta sobraban habitaciones.
Katara estaba sentada en una de las terrazas con una pequeña mesa enfrente, una taza de té caliente encima de ésta y viendo el paisaje. Se podía ver perfectamente a los trabajadores limpiando el terreno en donde antaño estaba el Palacio Real. Seguro tardarían años en construir uno nuevo.
Casi inconscientemente llevó una mano hacia su vientre y ahí la posó. Casi no había visto a Aang esos meses pero estaba segura de que las cosas mejorarían. Tenía esa firme convicción. Y lo sabía no solo por el pequeño que estaba creciendo en su vientre, todavía plano; si no por el collar azul divinamente tallado que colgaba de cuello.
Fue para la Maestra Agua toda una sorpresa cuando, terminada la batalla y después de un buen sermón de Aang (el pobre estaba preocupado y algo molesto de que su novia hubiese ido a la pelea estando embarazada) el Avatar la llevara a una herosa cita en la isla tan especial para los dos.
Ahí, dentro de la cueva llena de joyas, Katara recibió en un cofre pequeño el precioso collar que combinaba los símbolos del aire y del agua. Fuera por la emoción o por las hormonas, lloró de emoción cuando Aang le colocó su collar de compromiso.
-Estaré muy ocupado tan pronto lleguen los diplomáticos—le dijo ese día—¿Te parece bien que planeemos la boda para dentro de tres meses?
Ella estaba feliz simplemente porque se irían a casar.
Cabe destacar, que todos los felicitaron. Acordaron celebrar la unión en el Polo Sur. Dictaron una fecha y para ese día tan especial faltaba solamente un mes. Tomando lentamente de su té, no pudo evitar sorprenderse cuando una corriente de aire hizo aparecer casi de la nada a su futuro esposo.
-¿Lista para irnos?—preguntó Aang, mientras le daba la mano para ayudarla a que se parara.
-Claro.
Ya de pie, Aang la cargó mientras saltaba con su aire-control hacia Appa. La silla del bisonte estaba llena de maletas. Ese día partirían a la Tribu Agua del Sur.
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En el pórtico de la Casa estaban Zuko, Mai, Toph, Mamuro, Sokka, Suki, Iorh y las tres hermanas despidiéndose con alegría de la pareja. El bisonte volador pronto se perdió entre las nubes y ya pasado un buen rato, entraron todos a la mansión. Ya en unos días podrían cada quien irse al Sur para la fiesta, pero por el momento, había muchas cosas por hacer en la Nación de Fuego.
Sango y Naoko hablaron emocionadas ante la idea de estar presentes en la que, de seguro, sería la boda más importante del año. ¡El Avatar Aang se casaba con la Maestra Katara! No pasaba que el Avatar se casara todos los días.
Estaban felices por su maestro y fueron inmediatamente a sus cuartos para sacar de los enormes armarios todas sus prendas, escogiendo ya con tiempo lo que usarían en el evento.
Momoko estaba tumbada en su cama viéndolas sin participar. Aang y todos los demás la habían perdonado, aunque no pudieron salvarla del castigo de la traición. Aang le tuvo que quitar sus poderes, para evitar que fuera a la cárcel. Ahora era una mujer simple, normal, y aunque tenía el apoyo de sus hermanas, de sus maestros, hasta del mismísimo Señor de Fuego, Momoko sentía que no se lo merecía.
-Anda hermana ¡Ven y ayúdanos!—le pidió Sango—¿Este azul o el rosado?
Le mostró dos vestidos muy diferentes y realmente hermosos, pero eso no la tentó. Se encogió de hombros al verlos y después cubrió el rostro con la almohada.
-El azul me parece más lindo—dijo, voz ahogada por las mantas.
Naoko fue quien se sentó a su lado con un salto y la movió bruscamente.
-¡Anda, alégrate! El Avatar Aang se va a casar y somos invitadas de honor ¿No es grandioso?
Estaba ya llorando y empapando la almohada cuando su hermana mencionó aquello.
-Sí… pero no creo ir.
El asombro era enorme. Sango y Naoko se miraron entre ellas pensando qué hacer para animarla. Pero en ese momento que permanecieron calladas, Momoko se puso de pie. Limpió con su mano las lágrimas en su rostro y después las miró de frente.
-No merezco ir a la esa boda ni vivir en un Palacio, siendo tratada como de la nobleza—comenzó—Yo soy una traidora que merece estar en prisión.
-No, no lo eres.
Sango quiso darle un abrazo, Momoko se apartó.
-Necesito reconstruir mi honor.
Y dicho esto salió de la recámara.
Quizá si Momoko no fuese tan orgullosa hubiese aceptado mejor que había cometido un error y que de él debía aprender. Pero estaba completamente anonadada. Había perdido sus poderes, era incapaz ahora de mover una simple roca ¿Cómo podía ella valer? No merecía ni el perdón, porque había cometido delitos espantosos por el simple hecho de estar a merced de Azula.
¡Azula! La pobre princesa quedó confinada a un Sanatorio Mental en una isla de la Tribu Agua del Norte, rodeada del hielo para no causar más problemas. No tenía ya ningún poder ni nada por el estilo, Aang le había quitado a ella su Fuego-Control antes que a nadie. Pero enloquecida como quedó y con el cerebro completamente lavado, no había manera ya de rescatarla. Ella misma se suicidó cuando, tratando de escapar, se dejó caer a las turbulentas olas del mar tras romper una ventana. Encontraron su cuerpo, congelado, dos días después.
Momoko tocó su brazo lleno de cicatrices por la quemadura y se estremeció al recordarla. Al menos ya no podían hacerle daño, nada ni nadie. Pero era indigna de cualquier trato decente.
Al día siguiente, Sango y Naoko encontraron sobre la cama de Momoko una carta de despedida dirigida a ellas y otra para Aang que no abrieron. Lloraron por su hermana y rezaron para que encontrara lo mejor donde sea que estuviera.
Pero no pasaron mucho tiempo tristes. Porque, a las pocas semanas, subieron a un barco rumbo a la Tribu Agua del Sur.
FictionNews:
La autora Nefertari Queen ha subido un capítulo más a su historia más larga de Avatar, declarando que solamente le faltan dos capítulos más para terminar de una buena vez este fic que tanto trabajo y felicidad le ha causado escribir "Espero de todo corazón que el final les guste a mis seguidores" expresó.
Además, confirmó un proyecto recién empezado que tiene planes se publicar después de navidades, titulado "La Princesa del Sur" según sus palabras "Me enamoré de la idea apenas la concebí y la manera en que estoy escribiéndolo me encanta. Cuando lo suba, espero que también sea del agrado del público" sobre la secuela, ella afirma "Será cosa de las ninfas. Porque, realmente, no tengo inspiración para escribirla"
Así y sin más noticias que dar, nos despedimos deseándoles una grata lectura y bienestar.
chao!
