Editado en julio del 2019
Capítulo 43: Aferrada con uñas y dientes
'Me aferro a mí mismo.
Es lo que hay'
-Charles Butowski.
…
-¿Y? -cruzó una pierna sobre la otra y ladeó su cabeza- ¿Dónde estabas?
Su mirada estaba fija en sus ojos, en aquella reluciente y brillante tonalidad perlada. Sin el antifaz distrayéndole, podía decir, con toda seguridad, que eran los ojos más angelicales que hubiese visto. Claro que él no era un ángel.
-Fui a recoger un paquete especial.
-¿Un paquete?
-Un regalo. -aclaró Joel- Para ti, claro.
Se inclinó hacia adelante, su plato había sido retirado hace unos minutos pero su copa seguía allí, medio llena. La agarró y le dio un sorbo, esperó que él se explicara.
-En cuatro días tengo que partir a un lugar, quería que tuvieras tu regalo antes de eso para que me quedara más tranquilo.
-¿Ah, sí?
-Ya estás en condiciones de luchar, sería bueno que entrenases para recobrar tu ritmo. -comentó- Claro que para protegerte estoy yo, pero sé que disfrutas del combate.
-No lo recuerdo. -admitió- Pero no me opongo a tu idea, después de todo, algún día tendré que salir de estas cuatro paredes y valerme por mí misma.
La sonrisa de Joel se tensó, pero asintió.
-Además, el Pilar del infierno cuenta con enemigos. -recordó el Gerard- No está de más ser precavidos.
Ahora fue ella quien se tensó, el agarre sobre su copa se afianzó y sus ojos se fruncieron ante aquél recuerdo. Sus caballeros, Kamuy y Camille, eran también sus enemigos ahora.
-En una hora te veo en el subsuelo, en tu cuarto han dejado ropa apropiada.
Ella asintió y él se retiró del salón comedor, su sonrisa se ensanchó, expectante. Su plan sería puesto en marcha esa misma noche, ni un día más pasaría sin su anhelada reina de la destrucción.
…
Exhaló y una gran nube de vaho se formó delante de su nariz colorada, el invierno se alzaba con fuerza allí. Volteó hacia atrás, sus cuatro acompañantes se habían quedado en la retaguardia, o, tal vez, ella había estado demasiado emocionada de regresar allí.
-¿Qué clase de lugar es este? -espetó Shaoran, cubierto de pies a cabeza en kilos de tela.
-Tiene muchos nombres. -respondió Matt, él a penas llevaba una chaqueta y unos vaqueros, además de botas para la nieve.
-La mayoría lo conoce como El Zoológico. -comentó Ángel- Otros, le dicen El Bestiario.
Eriol dio una vuelta sobre su propio eje, contempló el paisaje a su alrededor y tuvo una leve idea del por qué de aquellos nombres. El grosor de aquellos pinos era monumental, tal vez de un radio de siete o diez metros, con una altura de ochenta metros. Algunos, entre sus ramas, portaban nidos hechos de paja y barro. Podía oír aleteos, pisadas y picoteos. Habían viejas huellas de lo que parecían ser lobos, eran casi tan grandes como lo sería una huella de Matt.
-¿Aquí viven los lobos? -inquirió Shaoran.
-Aquí viven todas las bestias, pero sí; en este bosque, el Bosque Blanco, vive el clan del Norte. -asintió Matt.
-¿Debemos cuidarnos? -volvió a preguntar.
-Mi padre es el alfa del clan. -informó- Sin embargo, la ley que rige al Zoológico es la de la supervivencia del más apto. -observó hacia las copas de los árboles- Varias aves son carnívoras por aquí.
-¡Bien! -Ángel detuvo el paso y los encaró a todos- ¡A partir de aquí, apresuraremos el paso!
Antes de que pudieran hacer otra pregunta los magos, padre e hijo rompieron su piel humana y la reemplazaron por una más gruesa y cubierta de pelo. Un lobezno albino y un lobo azabache impusieron su presencia en el bosque del Norte con un gran rugido cada uno, la rubia se tapó los oídos con una gran sonrisa en sus labios, mientras que Shaoran y Eriol lo hicieron con una ceja alzada y un signo de interrogación claro en sus rostros.
-¡Suban, rápido!
Matt se hincó delante de los magos y éstos observaron al Pilar, extrañados.
-Suban, Jonás puede llevarme. -los relajó.
Ante sus palabras, el lobezno cerró los ojos y sus huesos crujieron mientras luchaban por extender más y así ganar algo más de altura, aunque no del calibre de su padre. Así mismo, la rubia no era ni muy alta ni muy pesada, así que estarían bien.
Y así, el grupo emprendió camino.
'-¿Gia? -inquirió Eriol.
-¿Y ella quién es? – cuestionó el chino.
-No quién, sino qué. -aclaró- Gia es una figura, una representación de la naturaleza. De la naturaleza sobrenatural. -aclaró.
-Y tú crees que ella puede revocarnos el sello. -dedujo.
-Puede intentarlo, podemos intentarlo. -se corrigió- Momentos decisivos se acercan, necesitamos toda la fuerza que podamos reunir.
-¿De qué hablas? -inquirió, curioso.
-¿Skull vio algo?
-Un viejo amigo me llamó esta mañana…'
Eriol se aferró con más fuerza de la debida al pelaje azabache de la bestia, iban a toda marcha, al mismo ritmo de su corazón, salvajes.
El sello que tenía él no era el mismo que el de Shaoran o el de otro mago, su sello lo había reforzado su antepasado con el fin de mantener su gran poder dormido para no llamar la atención y causarle daño; temía que no pudiera ser liberado de aquella guarda.
Si quería ayudar a los suyos, si quería salvarlos y mantenerlos a salvo, debía tener acceso a los poderes del mago Reed Clow.
-Eriol…
Volvió a la tierra y prestó atención a su alrededor.
-Mira allí. -señaló su amigo.
Entre las ramas de un pino en especial podía apreciarse el contorno de una mujer, sus curvas estaba ocultas debajo de plumas caoba, el mismo color de sus risos salvajes. Sus ojos eran anormalmente grandes, sus dedos eran demasiado largos y sus pies tenían garras afiladas.
-Ella es…
En cuanto sintió que había sido descubierta, se dio la media vuelta y se lanzó en caída libre, Eriol pensó que su cuerpo quedaría esparcido en la inmaculada nieve, pero no. De un segundo a otro, la mujer se convirtió en una especie de águila, alzó vuelo hacia el Oeste.
-Es un águila coronada, son hoscas.
Ambos dirigieron su atención a la rubia.
-Tenía forma humanoide, debe ser de la primera casa. -explicó.
-Creí que todas las bestias tenían forma humana. Como Matt y Kamuy. -y agregó- O Jonás. -expresó el Li.
-No todas tienen permitido mostrarla en público. -informó- Otras, niegan hacer uso de ella y permanecen como bestias para siempre.
-¿Y ellos tres por qué lo hacen? -quiso saber Eriol, curioso ante este nuevo mundo.
-Es conveniente para los Pilares, más cómodo, la forma humanoide. -se rascó la nariz- Matt y Kamuy son parte de lo que aquí es conocido como primera casa o rama principal. Las cabezas de la manada, o, en caso de las aves, bandadas.
-¿Matt y Kamuy son hermanos? -se sorprendió Shaoran.
-Primos hermanos. -gruñó el lobo azabache- Nuestros padres son alfas de sus respectivas manadas, Norte y Sur, y son hermanos.
-¿Y Jonás? -preguntó, esta vez, Eriol.
-Es un caballero, ¿recuerdas? -le sonrió, el agarre sobre el lobezno se intensificó. De reojo, Jonás observó a Eriol por el rabillo de sus ojos celestes- Estamos cerca.
Todos habían tenido sus sospechas desde la aparición del pequeño niño que podía convertirse en un feroz lobezno albino y, ciertamente, habían incrementado con la noticia de que era un caballero. Sus actitudes respecto al tema, el misterio que envolvía al trío, incluso la posición de Skull desde el primer día. La herida que descubrió en el vientre de Ángel había sido la pista definitiva que encaminó su hipótesis, la pareja había tenido un hijo y ese hijo era el pequeño castaño de siete años. Sí, los números estaban algo ajustados y varias preguntas más se le venían a la cabeza, pero era un teoría bastante convincente para el mago.
'-Un viejo amigo me llamó esta mañana…
-¿Qué te dijo?
Sus ojos turquesas se opacaron por un segundo, su temple se enserió y un aura de preocupación la rodeó.
-Una batalla se avecina, Joel tiene un pequeño pero poderoso ejercito a la espera.
-¿A la espera de qué? -preguntó el castaño.
-A la espera de Aaron. -hizo una pausa- Joel y los ancianos del Consejo van tras Aaron y cualquiera que esté de su lado.'
…
Estaba atando las agujetas de sus nuevas deportivas cuando, por el rabillo del ojo, notó un aleteo. Curiosa, se acercó y abrió las cortinas de la ventana. Tenía unas alas hermosas, sus plumas eran bellísimas, feroces. El pico era filoso, podía notarlo por la manera en la que brillaba bajo la luz de su habitación. Ella observó al ave y el ave la observó a ella.
Con su dedo dio unos golpecitos al cristal, el ave agitó sus alas y ladeó la cabeza con curiosidad. Sonrió, no supo por qué, pero sonrió.
-¿Señorita?
Jem golpeó su puerta y ella frunció el ceño, volvió a cerrar las cortinas y caminó hacia la puerta.
-¿Qué?
-Su caballero la aguarda en el subsuelo. -respondió el ilusionista, su mirada baja.
-Bien. -espetó ella y pasó abriéndose paso, su hombro golpeó al adolescente haciendo que este chocara contra la pared del pasillo.
No le agradaban, aquellos extraños no le agradaban para nada. No tenían su sangre, ni su confianza. No sabía de dónde venían, por qué aceptaron el trabajo. Además, no le gustaba que la tuvieran vigilada.
Los pasillos estaban calefaccionados, como el resto de la casa, así que no se congeló en el camino al subsuelo. Joel no le había especificado la habitación y ella tampoco las conocía todas, así que agradeció que dejara la puerta abierta para que supiera a cuál de todas adentrarse.
-¿Es de tu agrado? -preguntó su caballero.
-Es… Apropiado. -respondió.
Era una habitación bastante amplia, rectangular. Paredes de granito, el suelo era de concreto macizo. A la derecha de la puerta la pared estaba equipada con distintas armas, de corto y largo alcance, allí es donde Joel la estaba esperando. Habían lanzas, arcos, cuchillas y espadas, navajas y agujas.
-Aquí está tu regalo. -dijo y le entregó una caja negra con un lazo rojo- Espero que te gusten.
La rubia, curiosa, se apresuró a deshacer el lazo y abrió la caja, se detuvo al ver los objetos en su interior.
-Son-
-Son sai. -terminó de decir ella por él.
-Correcto. -sonrió.
Era una especie de daga larga y afilada con dos dagas a los laterales más cortas, el mango era antideslizante y de color negro. Le tendió la caja a su caballero y probó el peso de ambas armas en sus manos, admiró el filo del metal reluciente y sonrió.
-¿Yo utilizaba esta arma habitualmente? -inquirió mientras cortaba el aire una y otra vez.
-Antes, sí. -asintió mientras dejaba la caja por allí y tomaba una espada de la pared- Hace algunos años, antes de ser un Pilar, solías utilizar esa arma. -se posicionó delante de ella y la observó acostumbrase a su arma, a acoplarse- Decían que era una extensión de tu mano, parte de ti.
-¿Sí?
-Luciana, la muerte escarlata. -cantó- Tu cabello se teñía con la sangre de tus enemigos, -narró mientras acariciaba su cabello con la punta de sus dedos- y tus ojos brillaban con pasión, y tu alma vibraba, extasiada.
'-Tenemos un trabajo.
Era tarde en la noche cuando su hermana regresó de su reunión con el Consejo, ella y Sofía habían ido en busca de una nueva pista tras el fiasco de su último intento.
-En el Pantano de la Cruz existe una gran bestia monstruosa, se ha escapado de sus ataduras y temen que escape de allí. -informó la rubia de cabellera infinita- Joel.
-Sí. -dio un paso adelante.
-Quiero que te encargues del asunto. -solicitó- Vuelve a atarla, la quieren viva.
-Entendido.
Al alba marchó hacia la tierra de los monstruos, solo. Siguió las indicaciones de su hermana y llegó hasta la cárcel de la bestia, allí encontró sus esposas y cadenas, ambas intactas. Los ancianos no habían ahondado en detalle sobre la bestia y su escape, pero aquél detalle llamó verdaderamente su atención. Desde allí, siguió sus grandes huellas y los destrozos que había dejado atrás.
A medida que avanzaba, los pasos de la bestia parecían más calculados, con un destino encontrado. Él se subió a la copa de un árbol para tomar distancia y tener una vista más panorámica del lugar. Allí, a unos kilómetros, parecía situarse una aldea pequeña. Si mal no recordaba, aquella aldea le pertenecía a demonios menores, esbirros y diablillos.
-Qué extraño. -pensó Joel- En vez de resguardarse en el bosque, la bestia corre hacia una aldea.
Se apresuró a llegar, el demonio tenía gran ventaja y lo necesitaba con vida. No quería que aquellos seres despreciables le causaran el más mínimo rasguño, por experiencia propia sabía lo quisquillosos y embaucadores que eran los del Consejo, no quería que su trato corriera peligro.
Era un zorro de cola de fuego, su pelaje naranja chillón se equiparaba al sol del ocaso en verano. Garras y colmillos feroces, podía notar por las marcas en su pelaje dónde habían estado las esposas y el daño que le había causado.
-¡Si no quieren morir, ya saben lo que tienen que hacer! -gritaba una joven en el lomo de la bestia- ¡No quiero tener que volver a este mugroso lugar!
La joven saltó de encima de la bestia y el zorro dio un gran salto y comenzó a destrozar las cabañas.
-¡Lo sabemos, lo sabemos! -gruñía uno de los esbirros- Ya deja de destruir la aldea.
-Este es su castigo. -espetó ella mientras se encaminaba a aquél que había osado hablarle- Y es uno benevolente.
El demonio le sacaba fácilmente una cabeza de altura, era fornido y estaba respaldado por una docena de aldeanos. Ella era menuda, iba descalza y lucía indomable, en su espalda baja tenía guardada dos armas, dos sai. Los demonios tenían garras, una fuerza superior e iban armados con espadas y lanzas, pero ella seguía altiva y con el cuello erguido.
-¡Llévate a la bestia y deja la aldea en paz, mocosa! -rugió otro de los demonios.
-Ve y hazte la dura con otro clan, aquí solo te harás de problemas.
-¿Ah, sí? -llevó una de sus manos a su cadera y con la otra se acomodó el cabello- ¿Y me los darás tú, inútil? -se burló- Pagarás con tu sangre, demonio.
-¡Te cortaré esa cabeza dura que tienes!
Observó como el demonio de piel grisácea movió su lanza por el aire y, luego, cortó hacia abajo con fuerza para dar con el suelo. Cuando se dio la vuelta, la muchacha lo recibió con una sonrisa y una patada en el estómago que lo arrojó varios metro atrás.
-¡Maldita mocosa! -gruñó el líder y se arrojó con su espada en alto.
-¡Woah! -ella lo bloqueó con sus sais- ¿Qué sucede, quieres pelea?
-¡Estoy seguro que tienes órdenes de no matar! -siseó el demonio de color marrón- No le servimos muertos, ¿verdad? -y soltó una sonrisa mientras seguía empujando con su espada.
-…yo no sigo órdenes. -respondió ella- No te confundas.
Observó como los ojos de ella se encendieron como luces en la oscuridad, eran de un rojo escarlata, un fuego apasionado, las llamas del infierno. Cortó, clavó, degolló y decapitó tres docenas de demonios menores mientras el zorro siguió embistiendo e incinerando las cabañas. El movimiento de su cuerpo en combate era una danza sensual y pasional, llena de sinceridad y verdad, fluía como la seda.
Cuando finalizó con su obra de arte, él la aplaudió, ella estaba empapada de sangre cuando volteó a verlo. Su pálida piel y su cabello dorado bañados en carmín.
-¿Quién eres? -inquirió mientras se deshacía de la sangre en la empuñadura de sus armas. El zorro descansaba en el suelo detrás de ella, lamiendo sus patas.
-Un admirador. -dijo y ella se carcajeó.
-¿Qué eres? -preguntó entonces, envainando sus armas.
-Un perro, un simple servidor.
Su lengua se movía por sí sola, la palabras brotaban de su garganta por voluntad propia.
-Un perro, ya veo. -se limitó a decir- ¿Y estás aquí, por qué?
Sus ojos se dirigieron a la bestia y las cadenas tintinearon en su manos, medidas por el viento, oyó al zorro gruñir por lo bajo.
-Ya veo… -comentó- Supongo que no lo dejarán correr libremente.
-No todos pueden obtener su libertad, no es tan fácil.
-Cierto. -aceptó y desvío su mirada al mamífero, se acercó y acarició sus orejas y le susurró- Lo siento, vendré a jugar pronto. -la bestia aulló por lo bajo- Sí, como siempre.
Se dio la vuelta y comenzó a caminar lejos del animal, el Gerard comenzó a caminar hacia su objetivo y ambos se encontraron a la mitad del camino, ella no se detuvo, tampoco le dedicó una segunda mirada. Para cuando Joel se dio vuelta, ella había desaparecido.'
Aquella fue la primer vez que se cruzó en su camino, pero, tal y como el destino lo quiso, no fue la última. No sabía su nombre, tampoco conocía su historia o su origen, su presente ni porvenir, pero… En su interior, Joel supo que unos ojos como aquellos sólo podían anunciar una nueva era, una nueva era a la cual él quería ayudar a surgir.
…
Los árboles se encontraban cada más espaciados entre ellos, observó Eriol. Y parecía que en aquél lugar hacía más frío, el viento cortaba su piel como una navaja. Matt y Jonás habían comenzado a aminorar el paso, lo cual podría significar que estaban llegando a su destino.
-¡Miren allí! -señaló el Pilar- ¡Espero que sepan escalar, chicos!
Notó que la rubia estaba de un humor animoso, algo que hace tiempo no había presenciado. Desde que habían llegado al Zoológico que no paraba de chillar y bromear, de sonreír y reír. Observó la dirección que señalaba, en efecto había un gran árbol para escalar. Grueso, más gruesos que los otros -que de por sí eran gruesos. Era del tamaño de una montaña, parecía llegar al cielo.
-¿Hablas en serio? -inquirió Shaoran a sus espaldas.
-¿Acaso ves una escalera?
Las bestias de detuvieron y todos desmontaron, Matt y el cachorro volvieron a sus formas ordinarias y observaron el árbol al igual que ellos.
-Es alto… -escuchó el murmullo del infante.
-Decir alto es un eufemismo. -comentó él- ¿Cómo se supone que lo escalaremos?
-¿En serio vamos a escalarlo? -seguía insistiendo el chino.
-¡Por supuesto que vamos a escalarlo! -se ofendió la rubia- Gia vive en la copa de este árbol, debemos escalarlo si queremos reunirnos con ella.
-¿Cómo haremos esto? -preguntó, esta vez al caballero de ojos azules.
-¿Tienes armas? Cuchillas, dagas.
-¿Esto sirve?
Hizo aparecer en cada una de sus manos una especie de mini lanza hecha de rayos eléctricos, aquellos con los que se estaba perfeccionando.
-Sí. -sintió- ¿Tú?
Esta vez fue el turno de Shaoran de enseñar su espada, pero Matt negó.
-Eso no te servirá para escalar. -y agregó- Traje esto, ten. -de su cintura sacó un juego de cuchillas y se las tendió.
-¿Pero tú que vas a utilizar entonces? -inquirió, consternado al aceptar las armas.
-No las necesito. -les enseñó sus manos, sus dedos se alargaron y su piel se endureció, sus uñas crecieron y se convirtieron en garras, filosas garras.
-Impúlsense con magia tipo viento, estaremos allí arriba en un santiamén. -indicó mientras, de los sellos de sus muñecas, sacaba sus espadas cortas.
Jonás trepó hacia arriba de la espalda de Matt, el mayor de los caballeros los llevaría a cuestas. Todos tomaron sus lugares frente al árbol y comenzaron a impulsarse hacia arriba, escalando. La tarea les resultó algo complicada al principio a los card-captors, pero mientras más se alejaban del suelo más fácil resultaba escalar hacia la cima. El Pilar del cielo no tenía dificultades, era la más rápida de los cuatro y la que más parecía estar disfrutando aquello. Matt la seguía de cerca, cuidando su retaguardia y cerca de los dos magos, el niño en su espalda comenzó a cantar en un murmullo bajo.
-¡Falta poco! -informó la rubia.
-¿Arriba hay lobos? -inquirió el cachorro, todos pudieron oírlo.
-No, pero debe haber aves. -respondió Matt.
-¿Bestias? -preguntó Shaoran.
-En el zoológico sólo hay bestias. -y agregó- Aquí no existen animales si no bestias.
-Bestias que pueden tomar forma humana. -recalcó Eriol- Creo que Shaoran preguntaba si aquellas aves que mencionaste tienen o no forma humana.
-Gia no se lleva muy bien con las bestias con forma humanoide. -comentó el Pilar, aminorando el paso para estar a la misma altura que ellos- Prefiere que utilicen su verdadera forma.
-¿Eso quiere decir que no tolera humanos? -preguntó el chino.
-Ninguno de nosotros es humano. -le sonrió- Los verdaderos humanos no pueden llegar al Zoológico.
-¡Ah, allí!
El pequeño chilló emocionado, por encima de sus cabezas se extendían varias hojas verdes que formaban una especie de barrera. Todos pudieron sentir como la temperatura ascendía algunos grados a esa altura.
-Voy a hacer una abertura, sujétense. -advirtió el Pilar.
Una ráfaga de aire ascendió desde sus espaldas, pudieron sentir su fuerza empujarlos hacia el tronco del árbol, tuvieron que sujetarse con fuerza. Las hojas se sacudieron por el viento y la ráfaga penetró entre ellas creando una entrada.
Recorrieron los últimos metros, Ángel, de nuevo a la cabeza, fue quien pasó a través de la abertura y cargó a Jonás para que Matt pudiera ascender sin dificultades y ayudar a Shaoran y Eriol. Una vez todos a salvo sobre el suelo de hojas, la abertura se cerró. Ramas y hojas se extendieron con una rapidez sobrenatural y cubrieron el hoyo por el que se abrieron paso.
-Muy bien, Jonás y Matt, ya saben qué hacer. -dijo y ambos volvieron a retorcerse y adoptar su forma lobuna. Esta vez, su tamaño era menor, similar al de un perro grande -en el caso del mayor- y un cachorro -en el caso del lobezno.
Escucharon el trinar de unas aves y todos voltearon hacia la derecha, tres aves tenían sus ojos puestos en ellos y ladeaban sus cabezas, curiosas.
-Tranquilas todas, tenemos invitados. -tranquilizó una voz desconocida.
-Gia, tiempo sin oír tu voz. -dijo la rubia, sus ojos, al igual que el de todos, revoloteaban por el área en busca del origen de la voz.
-Tiempo sin ver tus ojos, Ángel.
Ambos magos soltaron una exclamación cuando, de la nada, una figura se materializó en las narices de la rubia. Sus manos, de un color verde claro, se aferraban a las mejillas de Ángel, sus dedos -sin uñas- estaban clavados profundamente en su piel.
-Hazlos brillar para mí, ¿quieres? -pidió.
-Como desees. -respondió la rubia, calmada y solícita.
Gia podría confundirse con algún habitante del zoológico fácilmente, pensé Eriol. Tenía forma humanoide, sí, pero no la apariencia de uno. Su piel portaba una gama de verdes, desde el más claro y traslucido hasta el más oscuro. Sus ojos eran más parecidos a los de un gato, de un color marrón claro. Su cabello le llegaba por encima de los hombros, era brillante y lleno de pequeños caireles de colores dorados, ámbar y terracota. Sus labios era de un azul profundo como el mar. No llevaba ropa puesta que cubriera su desnudez, pero tampoco tenía curvas que indicaran su sexo.
Una vez que Ángel encendió sus ojos como linternas, una gran sonrisa se formó en el rostro de Gia, quien retrocedió complacida y recayó en los otro cuatro visitantes.
-¡Por la madre, trajiste dos hijos! -sus manos fueron a parar a sus mejillas su boca formó una perfecta o- ¡Trajiste dos hijos y dos bestias! -agregó.
-Dos hijos… -murmuró Eriol, curioso.
-Somos magos. -comentó Shaoran, temeroso de corregir a la persona que podría ayudarlos.
-¡Y son exquisitos! -volvió a exclamar. Extendió sus manos hacia el rostro del castaño, sus dedos a penas y rozaban su piel, Shaoran se quedó tieso como una tabla- Tus ojos son del color de la tierra fértil, ¿sabes lo difícil que es encontrar unos ojos así? -inquirió en un murmullo.
-…no. -soltó luego de unos segundos.
-Ojos así, puros y vivaces, sólo los tienen aquellos con las manos limpias de sangre. -le sonrió, sus dientes eran blancos, como nubes esponjosas, y su aliento se asemejaba a un prado de flores en primavera- Las manos limpias, pero la consciencia muy sucia. -agregó en un tono más bajo.
Shaoran, temeroso, retrocedió un paso, pero sus pies se enredaron entre sí y cayó sobre su trasero, Jonás se acercó y se posicionó a su derecha, atento.
-¡Bendito seas, pequeño hijo! -volvió exclamar con voz dulce y chillona- Siempre rodeada de seres curiosos, pequeño angelito. -le comentó a la rubia.
-Madre, tengo que pedirle su ayuda. -dijo y su rodilla izquierda dio a parar con el suelo, se había reverenciado.
-¿Qué puedo hacer por la niña de los cielos? -inquirió, una de las aves extendió sus alas y voló hasta su mano, donde encontró refugio.
-Necesito que libere a sus hijos, a éstos dos hijos suyos. -extendió sus brazos, cada uno señalando a los magos que la acompañaban.
-¿Liberarlos, dices? -su cabeza se ladeó hacia un lado, curiosa- Son jóvenes, ¡mira sus bellos ojos, mi niña! -pidió, encantada- Los regalos que les doy a mis pequeños son para que puedan vivir seguros, para que no tengan que ser adultos tan pronto y vivan en paz.
-¡Madre, la paz ha sido quebrada! -objetó.
-Mis hijos no serán peones en tu batalla, Ángel Daidouji. -respondió con firmeza. Una sonrisa adornaba sus labios, pero sus ojos eran fríos como el polo.
-No es mi batalla. -aclaró, aún desde el suelo.
-Los Pilares siempre han despreciado a las brujas y magos, eso nunca me agradó. -comentó mientras extendía sus brazos y las otras dos aves se acercaron- Mis hijos e hijas, todos tienen un pedazo del cielo y uno del infierno. Corre… -comenzó a dar vueltas, a danzar sobre las hoja- Los alimenta, les da vida. Los nutre a todos…
-Gia. -intentó llamarla, pero aquél ser siguió hablando.
-Pilares, dioses y demonios han utilizado a mis hijos como se les ha dado la gana. -hizo una pausa y una gran sonrisa tiró de sus labios- ¡Oh, pero brujas y magos no han de ser subestimados! -le advirtió a la rubia, pero sus ojos estaban fijos en los de Eriol- Brujas y magos son inteligentes, astutos. Su instinto de supervivencia es afilado, feroz… Tu sabes de lo que hablo, ¿verdad, hijo?
-No quiero llevarle la contraria, … -no supo cómo referirse a ella.
-Madre. -ofreció ella- Puedes referirte a mí como madre, hijo.
-Madre, entonces. -aceptó- No quiero llevarle la contraria, pero Ángel dice la verdad: no vinimos hasta aquí para poder pelear en su guerra.
-¿Ah, no? -las aves se posaron en sus hombros mientras ella volvía a acercarse hacia el grupo. En pilar de cielo se incorporó del suelo, cauta- Dime tus motivos, joven mago.
-Una guerra se acerca, -apretó sus puños- necesito estar preparado.
-La solución fácil es. -le sonrió, sus ojos se cerraron- ¡Mis niños quédense lejos de la guerra! Los demonios solo atacan a quienes los atacan, así de sencillo.
-Esa no es ninguna solución. -se quejó Shaoran, su ceño se frunció, aún estaba en el suelo.
-Una madre se preocupa por sus hijos. -afirmó mientras se acuclillaba a su altura- No me agradaría que mis hijos se arriesgasen.
-Si eres nuestra madre, si te preocupas por nosotros, ¿dónde estabas cuando Sakura te necesitó? -espetó.
-Shaoran… -advirtió ella.
-Dioses y demonios, son la misma cosa. -agregó- ¡Nunca están cuando en verdad se los necesita!
-Basta, Shaoran. -rogó.
-Estás enojado.
-¿Tú crees? -se burló.
-…si les resolviera todos sus problemas, ¿cómo aprenderían siquiera algo de la vida? -los pajarillos soltaron vuelo, se alejaron. Su voz dulce y melodiosa tomó un tinte melancólico- No soy un dios, pero tampoco un demonio. -extendió su mano, él se negó a tomarla- Siento tu dolor, Xiao Lang.
-¿Cómo…
-No te culpes, no me culpes. -rogó- La culpa no es un motor que te lleve a buen puerto.
-Él no quiso-
-Silencio. -ordenó y la rubia calló- Sé que tienen buenos sentimientos. Sentimientos nobles, hermosos… -volvió a extender su mano y el dudó- Ven, vengan ambos. -observó a Eriol- Hablemos, quiero que hablemos antes de decidir si los libero o no de mi regalo.
…
-¿Lista?
Ella asintió.
-Recuerda, sin-
-Sin magia, lo sé. -terminó de decir por él.
-Entonces… -de su mano derecha salió un humo oscuro y comenzó a tomar la forma de una espada- ¡Ahora!
Decidió esperarla con la guardia en alta, no quería perderse nada de lo que estaba a punto de suceder.
Ella estaba allí, sus ojos estaban encendidos, emocionados por este reto, en sus labios había una pequeña sonrisa que intentaba ocultar, pero fallaba. Su cuerpo estaba atento, se dejaba guiar por los estímulos que recibía, sus oídos y ojos estaban atentos, expectantes.
Entonces, ella comenzó a correr hacia él, ambas armas en posición de ataque.
Entonces, ella estaba frente a él, a su derecha, sobre él, a su izquierda.
El metal se encontró y salieron chispas, ejerció presión sobre su espada e intentó derribarla, pero Luciana era persistente. Dio un salto, retrocediendo. Perdió estabilidad, pero utilizo eso a su favor y salió disparada hacia él otra vez. Joel logró encontrar cada uno de sus mandobles, salvaguardándose, pero Luciana no se rindió y siguió atacando, cada vez con mayor velocidad. Estaba intentando encontrar una ventana mediante la cual pudiera dar un golpe, pero Luciana seguía oxidada a comparación de Joel.
Igualmente, el caballero estaba sorprendido. No sabía si era memoria muscular, instinto de supervivencia o qué, pero Luciana se encontraba en un estado mejor del que esperaba.
La rubia tenía una ventaja la cual Joel ignoraba, estaba siendo subestimada y lo sabía. Tomando ventaja de aquello comenzó a atacar siguiendo un patrón, con variaciones casi nulas y tomando nota de cómo el rubio se acoplaba a ello. Cuando estuvo segura de que había comenzado a adelantarse a sus ataques, cambió el patrón. Él se sorprendió cuando rozó su mejilla y rasgó su muñeca.
-Una buena estratega. -elogió mientras tomó distancia.
-O tú eres blando.
Hizo girar ambos sais en sus manos y lo siguió sin prisa alrededor de la sala.
-Pensé que habrías olvidado como moverte. -admitió- Fue mi error.
-Supongo que tuve un buen maestro. -especuló, sus ojos seguían los ojos perlas de su caballero, que estaba ideando su próximo movimiento.
-Nunca supe quién te entrenó como Pilar. -confesó, curioso- ¿Tu recuerdas algo sobre eso?
-…no.
Ella dudó, bajó la guardia y él se lanzó al ataque, perdió uno de sus sais. Joel comenzó a atacar su flanco izquierdo, el desprotegido y ella comenzó a retroceder ante sus ataques.
-No bajes la guardia. -dijo él- Tu enemigo no perdonará un error así.
Frunció el ceño e intentó derribarlo con un barrido, se arriesgó demasiado y dejó expuesto su cuello, pudo observar sus propios ojos reflejados en el filo de su espada.
-No te dejes llevar por tus emociones, razón sobre emociones. -observó mientras hizo retroceder su espada y la hizo desaparecer.
'-Razón sobre emoción, debes ser una roca.'
-Una… roca. -repitió, aún desde el suelo.
Joel se había alejado para recoger el arma que había escapado de sus manos, cuando se dio la vuelta para entregársela la encontró con los ojos tan rojos como dos rubíes, hecho que no sucedía hace tiempo.
-¿Luciana? -llamó, curioso.
-'Tu corazón debe ser de piedra, tu cerebro debe ser el órgano más importante, el que controle tus acciones' -parpadeó, el agarre sobre su arma perdió fuerza y esta cayó al suelo, el metal resonó contra el concreto- 'Cuando aprendas esto, serás indestructible…'
La voz de Luciana había salido en un tono grave, monótono y autómata. Sus ojos, como dos linternas, estaban perdidos en la nada, desenfocados. Joel se puso a su altura y tomó una de sus manos, estaba fría.
-Luciana, despierta. -pidió con firmeza.
'-Y, recuerda esto, Luciana. -hizo una pausa- Recuerda esto por el resto de tu vida, ¿entendido?
-¿Qué cosa?
-Sólo te tienes a ti misma, ¿me oyes? -gruñó- Aférrate, aférrate a ti. Después de todo… -sonrió- Eres todo lo que tienes en esta vida.'
-Voy a aferrarme… -masculló, sumida en aquél recuerdo.
-Luciana. -tiró de su mano, ésta estaba dormida y sin fuerza o resistencia, como peso muerto- Luciana despierta.
-…con uñas y dientes, Aaron.
Joel se congeló en su sitio, el nombre de aquél ser escapó de los labios de su reina. ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Por qué ahora? El shock no le duró demasiado, ya que los ojos de ella se apagaron y volvieron a aquél rojo oscuro y opaco, sin vida, al mismo tiempo que se iban hacia atrás y su cuerpo seguía el mismo camino.
-¡Luciana!
Sujetó con fuerza su mano y tiró de ella, con su otro brazo la rodeó por la cintura e impidió que su cuerpo diera contra en suelo.
-¡Luciana, Luciana!
Sus ojos seguían dados vueltas, su cuerpo cayó varios grados a pesar de la calefacción encendida. Sus labios temblaban, sus dientes castañeaban levemente.
-¡Maldita sea!
La alzó en sus brazos y comenzó a encaminarse hacia la puerta.
-¡Tasha! -llamó a gritos- ¡TASHA! ¡TASHA!
Voló por los pasillos con Luciana a cuestas.
-…rojo…el cuarto rojo…
-¡TASHA, MALDITA SEA!
-El…el cuarto rojo…
-¿Luciana? -dejó de gritar, pero no aminoró el paso.
-N-no…el cuarto rojo no…
-¡¿Qué sucede!?
Jem llegó a todas prisas, sus pies descalzos y su pecho descubierto. Evidentemente había salido directamente de su cama, despertado ante los gritos de Joel.
-Espera, espera. -espetó con prisas- Haz silencio.
El rostro del adolescente se contorsionó, confundido. Joel acercó su oído más cerca de la boca de Luciana.
-Rojo… el… cuarto… rojo…
-¿El cuarto rojo? -repitió, confuso.
-¡Tasha no está! -comentó Jem, confundido y preocupado ante la situación frente a él- ¿Qué sucede?
-Búscala. -espetó- ¡TRAELA DE INMEDIATO!
El perro de titiritero comenzó con su carrera de nuevo, no tomó el pasillo que dirigía hacia la planta alta, en cambio, se dirigió a la planta baja. El ilusionista iba unos pasos por delante e iba abriéndole las puertas con la mano que no tenía ocupada con su teléfono.
-Tienes que volver. -espetó con tal rapidez que no había pausa entre una palabra y la otra- No sé, pero tienes que volver. -escupió- Luciana. Joel la está cargando. Murmullos, ojos idos. -lanzó palabra sin sentido tras palabra sin sentido. Una pausa- ¡NO LO SÉ, QUE NO LO SÉ!
-Si no está aquí en dos minutos, dile que se esconda donde no pueda encontrarla. -gruñó mientras llegaban a la sala de la planta baja.
-¡Dos minutos! -y colgó.
Joel se dirigió hacia la cocina y Jem se adelantó a su idea y barrió con su brazo todo lo que estaba en la mesa, el caballero recostó a su Pilar con cuidado y el adolescente comenzó a abrir los cajones en busca de rejillas para poner debajo de su cabeza.
-¿Qué sucedió? -se atrevió a preguntar mientras le tendía las rejillas de algodón.
-Yo… -apretó sus labios en una línea- Yo no lo sé. -se limitó decir y colocó con cuidado los retazos de tela debajo de su cabeza como si de una almohada se tratase.
Ambos se quedaron en silencio, el único ruido en la sala a esas horas de la madrugada era el que hacían las manos de Luciana sobre la madera pulida.
-Rojo…
Y el de sus murmullos.
-El cuarto rojo.
Jem se acercó, curioso, para poder oír con claridad.
-No me lleves… -siguió murmurando- No me lleves al cuarto rojo… No… No, Aaron.
-Dijo, ella dijo-
-Si sabes lo que te conviene, cierra la boca. -advirtió, iracundo.
-Aquí estoy.
Ambos hombres voltearon hacia la entrada, la bruja de piel oscura y cabello trenzado se abrió camino con rapidez y llegó a su lado, inmediatamente comenzó a examinar a la rubia.
-¿Qué fue lo que le sucedió?
-No lo sé.
Colocó su mano sobre su frente y notó su baja temperatura, examinó sus ojos y acarició su mandíbula, que no paraba de temblar.
-Esto no funciona así, debes decirme que sucedió. -indicó, fiera.
-¡Estábamos entrenando! -gruñó- Me di la vuelta y sus ojos se activaron, comenzó a murmurar cosas-
-¿Qué cosas?
-¡Cosas! -repitió, entre dientes- Sus ojos se fueron hacia atrás, se desmayó y siguió murmurando cosas inteligibles.
-Cuarto rojo. -comentó Jem, el perro lo fulminó con la mirada- Ella dijo algo sobre un cuarto rojo. -terminó de explicar, preocupado.
La bruja africana colocó sus manos sobre sus sienes y cerró sus ojos, comenzó a hablar en su lengua nativa.
-Creo que… -dijo, luego de unos segundos, largos segundos- Tiene un bloqueo.
-¿Y eso qué significa?
-Significa que no eres neurólogo, Joel. -abrió sus ojos y lo observó fijamente- Te metiste en su cabeza, ¿tienes idea de lo que has hecho?
-No es la primera vez que se somete a un reinicio. -argumentó.
-Sí, eso es lo peor de todo. -se burló- Su cerebro es básicamente puré.
-No, imposible. -objetó- Arréglala, ayúdala. -ordenó- ¡ELLA ESTABA BIEN, ELLA-
-¡Esto escapa de mis manos! -se quejó- ¡No soy Dios, ni siquiera soy curandera, Joel! -le recordó.
-¡Entonces deja de estorbar!
Sus ojos perlas se cubrieron del velo escarlata característico de los caballeros de infierno, su visión se tiñó del mismo velo que sus ojos. Su mano dio con el cuello de la bruja, sus garras perforaron su piel y la sangre fluyó hacia abajo.
-¡Señor! -intentó frenarlo el adolescente.
Los ojos de Joel, al rojo vivo, dieron con los ónix del ilusionista y Jem se quedó paralizado en su lugar, al otro lado de la mesa, frente a él.
-No… estorbes.
Arrojó el cuerpo de la bruja a través del umbral, hacia la sala. Un sonido sordo salió de su garganta, con una mano sobre su herida y la otra sobre el suelo comenzó a alejarse arrastras.
-Luciana, Luciana. -intentó llamarla.
Su mano, manchada con la sangre de Tasha, se acomodó sobre su mejilla izquierda, sus dedos quedaron marcado en rojo sobre su pálida piel.
-Rojo… -murmuró ella- Aaron, el cuarto rojo…
Jem aprovechó aquél instante para salir huyendo de la cocina despavorido, procurando no llamar la atención del perro de titiritero.
-Luciana, no… -su otra mano se cerró con fuerza- Maldición…
Se alejó de su lado y extendió la mano hacia uno de los primeros cajones a su derecha, uno de los cuchillos del cocinero fue lo que sacó de allí. Lo colocó sobre la palma de su mano y lo deslizó hacia abajo, volvió al lado de la rubia y posicionó su mano a centímetros de sus labios entreabiertos.
-El cuarto rojo…
-Tranquila. -colocó su otra mano de vuelta en su mejilla- No volverás a ese lugar.
Cerró su mano herida y la sangre cayó sobre sus labios, manchó sus dientes y se deslizó hacia abajo sobre su garganta.
-Estoy aquí, estoy aquí, Luciana. -acarició su cabello mientras dejaba su sangre fluir.
No era la forma en la que lo había planeado, pero de todas forma así iba a terminar la noche: con su sangre fluyendo dentro de ella.
-Rojo… El cuarto, el cuarto rojo.
-Sh, sh. -su mano, temblorosa, siguió acariciando su cabello mientras la arrullaba.
…
Inclinó su cabeza hacia un lado, sus orejas lo imitaron y dio un paso, luego otro.
-No, amor.
Su madre se apresuró a bloquearle el paso, Jonás aulló por lo bajo.
-Tenemos que quedarnos aquí.
-Ma…
El lobo azabache gruñó y el lobo albino hizo silencio.
-Pa…
-Haz caso. -ordenó, su voz firme pero sin ser brusco- No nos compete a nosotros.
El pequeño de ojos celestes observó como Shaoran y Eriol se alejaban, Gia les estaba indicando el camino hacia un lugar en el que podrían conversar más cómodamente. Por supuesto, la madre de lo sobrenatural había exceptuado al Pilar y sus caballeros.
-Ella no va a hacerles daño. -intentó tranquilizar a su hijo- No debes preocuparte.
Aunque su madre lo afirmara, él no podía confiar en que aquél ser no les hiciera daño. Le daba mala espina, su piel se erizaba y su instinto le decía que mantuviera la guardia en alto, que estuviera preparado para atacar, para huir.
Dio otro paso hacia delante, no podía evitarlo.
-Jonás. -soltó Matt por lo bajo, en advertencia.
-Ven, amor. -lo alzó entre sus brazos, con algo de dificultad debido a su tamaño- Vamos a ver a las aves.
Se lo llevó consigo hacia el lado contrario al que se dirigían Gia y los otros, Matt los siguió de cerca. Pero, aún en los brazos cálidos de su madre, no pudo evitar observar con ojos afligidos hacia aquellos magos a los que les había comenzado a tomar cariño.
…
¿Qué clase de árbol era aquél? No uno ordinario, claro estaba. Se suponía que estaban cerca de su copa, pero parecía que se encontraban en un valle primaveral, a pesar del crudo invierno varios metros abajo.
-¿Qué clase de lugar es este? -soltó por lo bajo el mago procedente de China.
-Es maravilloso, ¿verdad? -exclamó Gia- Hace algunos años que me topé con el, nunca pensé que en el Bosque Blanco existiera un lugar tan cálido y lleno de luz como este. -les confesó.
Las ramas se extendían y abrazaban entre ellas, se torcían y formaban estructuras que, luego, cubrían con brotes verdes. Se adentraron en una de ellas, era a penas lo suficientemente alta como para que no tuvieran que agacharse y amplía para un puñado de personas. Había una mesa y tres sillas, ambos muebles formados por aquellas ramas.
-Es la primera vez que visitan el Zoológico. -afirmó ella mientras tomaba asiento, ellos la imitaron- Yo también tenía aquella cara cuando llegué aquí.
-Pensé que este era tu hogar. -confesó Eriol.
-¿Hogar? ¿Qué es eso, pequeño mago? -inquirió, curiosa.
Eriol pensó que le estaba tomando el pelo, pero sus ojos amarronados seguían observándolo, ella esperaba una respuesta.
-Hogar, el lugar en el que creces y vives. -dijo- Tú, tu familia.
-Yo no tengo algo así. -negó, divertida- Yo solo ocupo espacios bellos y distantes por períodos de tiempo fluctuantes. Soy un espíritu, conjunto de sentimientos y deseos, susurros del alma y magia. -se inclinó hacia adelante- Soy el origen de las fuerza sobrenaturales, la madre de lo sobrenatural. Madre de las bruja y magos, los sacerdotes y sacerdotisas, los ilusionistas y de los otros bellos seres que pueblan la tierra.
-Los espíritus no tienen formas, tú sí. -objetó el mago de lentes, su curiosidad tan despierta como siempre.
-Ah, pero eso es porque he decidido tomarla. -apoyó sus codos sobre la pequeña mesa y sostuvo el peso de su cabeza por sus mejillas- Podría tomar cualquier otra forma. -confesó- Por ejemplo… -desapareció por un instante.
Ambos se sorprendieron, aunque habían sido testigos de aquella habilidad de desparecer y reaparecer a penas llegaron, lo repentino de su acción los tomó desprevenidos.
-Esta. -susurró en su oído y soltó un soplido, Eriol saltó sobre su asiento y ella soltó una carcajada divertida- ¿Prefieres esta forma?
Allí, junto a Eriol, se encontraba una copia perfecta de Tomoyo. Ojos amatistas y cabello oscuro, un vestido azul veraniego cubría su cuerpo.
-Tú…
-Debe ser aterrador que alguien pueda leerte sin siquiera tocarte. -dijo, su voz idéntica a la de la verdadera Tomoyo.
-¿Cómo es que lo haces? -exigió saber Shaoran.
-Soy su madre. -levantó una ceja, sus ojos duros- Y una madre sabe lo que su niño siente.
-Entonces, si lo sabes, debes comprender por qué vinimos hasta aquí.
-Sí. -asintió y volvió a desaparecer.
Volvieron su vista hacia su asiento, pero éste se encontraba vacío.
-Lo sé.
Obstruyendo su vista, sentada allí sobre la mesa, estaba Gia. Esta vez, su cabello era castaño claro y sus ojos, grandes y expresivos, eran esmeraldas.
-¡Puedes dejar de hacer esto!
Sorprendido y disgustado, se levantó de su asiento. Su ceño fruncido y sus manos hechas puños.
-No es la primera vez que Aaron se lleva a una de mis hijas, ¿sabes? -inquirió, era muy shoqueante oír la voz de Sakura y saber que no era ella, sino otra- Se las lleva consigo al infierno y las corrompe, saca lo peor de ellas.
-¡¿Y si no es la primera, por qué no-
-¡Lo he intentado todo! -lo interrumpió, su ceño igual de fruncido- Pero todos tenemos nuestros límites, incluso los dioses. No puedo hacerle frente a un señor demonio, mucho menos a Aaron.
-Nosotros queremos intentarlo. -comentó Eriol.
-¡Y eso es un suicidio! -le dijo y volvió a desaparecer.
-¡No me importa, yo voy a traer a Sakura de regreso! -insistió.
-El Zoológico es la casa de las bestias. -comentó Gia desde su haciendo, su apariencia había vuelto a cambiar otra vez. Labios azules, ojos marrones y rizos ámbares y caramelos- Nido de serpientes y toda clase de aves, cueva de lobos y perros. En sus montañas, entre las grietas y bifurcaciones, viven osos, gatos y leones. -y volvió a decir:- El zoológico es la casa de las bestias, él saca sus soldados de aquí.
-Las… -murmuró Eriol, recordando lo que Jonás vez había dicho Jonás- Las cinco puntas.
-Cinco generales, cinco clanes, cinco especies de bestias distintas. -gruñó entre dientes- Un solo ejército.
-Voy a enfrentarme a lo que sea que se me ponga adelante. -reafirmó, sus manos dieron con la mesa e inclinó su peso hacia adelante- No la voy a dejar sola. Nunca lo hice, no voy a comenzar a hacerlo ahora. -negó- ¿No vas a ayudarnos? No me importa. -la miró de arriba abajo, volvió a negar- Nunca necesitamos la ayuda de terceros, de todas formas.
Se dio la vuelta, su porte firme y sus mirada encendida. Eriol volvió a observar a Gia antes de darse la vuelta y seguirlo.
-Gracias por la información, de todas formas. -se acomodó sus lentes y agregó- Adiós, madre. -soltó, medio burlón medio despectivo.
Entrecerró sus ojos, curiosa. Lo sentía burbujeando en su interior, hace tiempo que nadie le hacía sentirse así. Lo había olvidado, hace mucho que no recibía visitas tan jóvenes. Hijos, sobre todo.
Sonrió y se desvaneció.
-No es común que reciba visitas…
-No me imagino por qué. -soltó, ácido. Pasó a un lado de ella, ignorándola.
-Y las que recibo, nunca se quedan lo suficiente. -agregó, observando a Eriol. Él la observó y luego volvió su vista al camino, pasando de ella- Lo sé, no necesitan decirlo en voz alta para que lo sepa: soy cruda. Incluso, puedo parecer inocentemente cruel. -insistió, siguiéndolos.
-¿Por qué nos trajiste hasta aquí si tu intención nunca fue la de ayudarnos? -inquirió, detuvo su paso y volteó para observarla- Sabes cómo nos sentimos, sabes que vinimos hasta aquí, esperanzados y desesperados, porque queremos ayudar a las personas que amamos. -esperó por una respuesta, pero los labios de ella se tornaron en una línea firme y apretada- Por eso tomaste la forma de Tomoyo y Sakura, nos estabas probando; querías ver nuestras reacciones.
-…sí. -admitió, vacilante.
-¿Y bien? -insistió.
-Si lo que querías es saber nuestros motivos, mejor hubieras preguntado. -soltó entre dientes, acercándose- ¿Qué pensabas de nosotros? -quiso saber el Li.
-Nada discordante, no hacía falta que dijeran nada para que yo estuviese en contra. -admitió- ¿Saben por qué tienen ese sello? -señaló el ojo derecho de Eriol.
-Sí, para que nuestros poderes se mantengan a salvo hasta la mayoría de edad.
-No, quiero decir: ¿Por qué ustedes, descendientes de Reed Clow, tienen el sello? -ninguno pudo responder- Cada hijo mío es especial a su manera, es una verdad absoluta que no todos son iguales. -comenzó a explicar- Pero, además, la fuerza, el poder, de la magia que los hace ser hijos míos es distinto en cada uno. No todos tienen un sello porque no todos lo necesitan, no todos llegarán a hacer grandes cosas con su don. Sólo aquellos que tienen una decisión que tomar, si hacer algo significativo o no con ella, tienen un sello.
Por un minuto se dedicó a observar las aves que reinaban a unos metros de ellos.
-Si les quito el sello y los libero de toda barrera que mantenga resguardado su poder, podrán tomar su decisión. -concluyó- Estamos en guerra, sé eso. Si los libero, correrán directo hacia ella.
-Sólo queremos protegerlos. -insistió Eriol.
-Sí, a eso me refiero. -asintió- Al vivir en la tierra, con los humanos, ya que no poseen un espacio, como el Zoológico lo es para las bestias, se han contagiado de ellos. -frunció el ceño- Viven como humanos, piensan como humanos.
-Los humanos-
-Se guían por esto. -señaló su pecho- No esto. -señaló su cabeza- Si bien, a veces, eso es bueno, no lo es siempre. Una buena acción, por más buena y noble intención que la guíe, puede desatar graves consecuencia.
Shaoran bajó su mirada, pensativo.
-Te entiendo. -asintió Eriol- Sin embargo, sigo firme: necesito ese poder. Necesito esa libertad, poder decidir qué hacer cuando yo quiera.
-Y lo sé. -asintió Gia- Lo sé desde el momento que pisaron este lugar: no van a dar marcha atrás.
-Debemos irnos. -espetó Shaoran, su mirada evitaba encontrarse con la del espíritu.
-Es verdad. -apoyó Eriol.
-¡Esperen! -los detuvo- Antes, tengo un obsequio para ustedes. -les sonrió, soltó un silbido agudo y dos petirrojos se acercaron- Tengan, acéptenlo.
Ambos petirrojos se situaron en uno de sus brazos y, con el contrario, tomó una pluma de cada uno y luego levantaron vuelo. Le tendió una pluma a cada uno.
-¡Son bienvenidos cuando quieran, hijos míos! -exclamó- Voy a estar observándolos desde aquí, y, llegado el momento, estaré a su lado cuando fijen el rumbo de sus vidas.
…
¡Hola! ¿Cómo se encuentran? Espero que bien. Un pequeño dato a color que olvidé mencionar en el capítulo anterior. No es una elección aleatoria la de haber colocado el sello en el ojo derecho, ¿alguno a oído acerca de Tsubasa reservoir chronicles? ¿No? Es un manga/anime de CLAMP, las creadoras de SCC. Pueden googlearlo, utiliza varios personajes de CLAMP: XXXolic, SCC, entre otros. La historia gira en torno a Sakura -sí, nuestra Sakura- y Shaoran, un grupo singular y una aventura a través del tiempo y el espacio. Ambos tienen una apariencia adolescente, son súper tiernos y te dan unas ganas de abrazarlos. En fin, si alguno conoce este manga/anime, sabrá porqué el sello es en el ojo ;)
¿No es noviembre? ¿No? Bueno… este cap salió del horno antes de tiempo y quiero avanzar con la historia. No se acostumbren. No, no. No termino la universidad hasta principio de diciembre, así que no prometo que esto se dé seguido.
En fin, entrenado en la historia este cap se centró en Luciana y Shaoran con Eriol, y aunque no tiene romance o acción, tiene su encanto. Ya sabrán decirlo en sus comentarios.
En el próximo veremos en qué se encuentra Tomoyo y un pequeño vistazo a Sakura. El encuentro está pautado para el capítulo que le sigue a ese, no a este.
Quiero agradecer a Alice, siempre tan amorosa en sus comentarios, y los seguidores de la historia que se sumaron en el cap pasado: Lily18AC y pati-todai, ¡espero se unan a los comentarios!
Mucha, pero mucha fuerza a aquellos que se encuentren en El Salvador, Honduras y México, sé que el Éxodo a Estados Unidos no es fácil. También, a todos los Venezolanos, hermanos de Latinoamérica que vienen sufriendo hace tiempo. Fuerza.
