DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

SUEÑOS AJENOS

CAPITULO 50

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Mayo 20, 1993

Edward siempre se burla de mi obsesión por Cumbres Borrascosas, pero hoy, entré a su habitación sin que me esperara y lo encontré con mi libro en sus manos.

La frase de Heathcliff en sus labios me sobrecogió.

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Un mes después se encontraron instalados en un exquisito ático dúplex de 230 metros cuadrados, con terraza y piscina en Tribeca.

Se habían enamorado de él nada más verlo y lo habían comprado de inmediato, después de vender sus respectivos apartamentos.

Atrás habían dejado sus vidas anteriores, en la Quinta Avenida, Bella y en el SoHo, Edward.

- Al final Esme tenía razón – comentó Bella en el asiento del acompañante, con la foto de la ecografía que le acababan de dar.

Sonrió al ver la sonrisa sardónica de su novio que intentaba colarse en el tráfico matinal.

Tenía diecisiete semanas de embarazo y su vientre ya se hacía notar.

Esa mañana, en su consulta con el médico, les habían confirmado que esperaban una niña y estaban ansiosos por contárselo a la familia.

- Pues parece que sí – comentó Edward irónico

- Tantos años en la facultad de medicina no te dieron tantos conocimientos – se burló la chica

- Búrlate – le riñó divertido – Debería pasarme por la agencia de viajes antes de ir a comer

- Está bien. Puedo aguantar hasta entonces.

- Glotona – dijo con cariño ganándose que le sacara la lengua en un gesto infantil.

La boda estaba fijada para ese fin de semana.

Habían planeado algo íntimo, sólo la familia y unos pocos amigos, en el jardín de la casa de los Cullen en Los Hamptons.

Renée no se presentó.

Un día después marcharían de luna de miel a Forks.

Cuando Edward le había preguntado dónde le gustaría pasar la luna de miel, la respuesta fue clara, Forks.

Bella no había vuelto desde que había marchado, llevada por su madre y Garrett rumbo a Londres.

Tenía ganas de volver a su pueblo. Ver la que había sido su casa, y visitar, por vez primera, la tumba de su padre.

Cuando finalmente subieron al avión que los llevaría al aeropuerto de Olympia ambos estaban emocionados.

- Sabes, no sé cuántas veces en mi vida imaginé este momento.

- ¿Qué momento? – preguntó somnolienta recostada en su hombro

- Éste. Tú y yo yéndonos de luna de miel. Aún recuerdo la primera vez que te vi.

- ¿La primera vez? – preguntó curiosa, ya que al haber vivido en un pueblo pequeño, se habían conocido toda la vida.

- Sí. La primera vez que te vi como una mujer. Sin ver a la hija del jefe de policía – explicó y ella levantó la mirada para observarlo intrigada – Fue en el instituto. Tú estabas con Angela. Salías de la cafetería cargada con tus libros, tropezaste con el vano de la puerta y tus libros cayeron. Por la sorpresa te quedaste observándolos ruborizada. Antes de que te dieras cuenta, Jacob Black estaba a tu lado recogiéndolos.

- ¿De verdad?

- Sí. Nunca me había fijado en ti, hasta que vi la forma en que Jake te observaba cuando te alejaste de él. Tú ni siquiera lo notaste, se lo agradeciste y te fuiste.

- ¿De qué hablas?

- Jacob Black estaba loco por ti.

- ¡Qué tontería! Sólo le conocía porque su padre era amigo de Charlie.

- Estaba loco por ti. En ese momento, te miré, supongo que queriendo descubrir qué era lo que él veía en ti.

- ¿Y lo descubriste? – indagó con una sonrisa

- Creo que me enamoré de ti antes de acabar la semana.

- No es verdad.

- Ya lo creo que lo es. Desde entonces te seguía por todas partes, aunque nunca me veías, hasta que finalmente logré que Angela me invitara a aquella fiesta en su casa.

- Me sorprendí muchísimo cuando ofreciste acompañarme a casa. Eras el chico más guapo del instituto. Todas las chicas morían por ti. Yo incluida, pero no me imaginaba que pudieras estar interesado en mí, teniendo en cuenta que Jane Vulturi estaba loquita por ti...

- Y yo estaba loco por ti – aseguró antes de besarla con ternura

- ¿Crees que Jacob aún viva en Forks?

- ¿Cuál es tu interés? – preguntó mirándola con fingida ofensa – ¿Estás interesada ahora que sabes que estaba loquito por ti?

- Tonto – dijo dándole un pequeño golpe en el pecho que le hizo reír

- Montó un taller mecánico un par de años después de acabar el instituto. La última vez que le vi estaba casado con Leah Clearwater

- ¿De verdad?

- Sí. Tenían tres niños entonces y ella estaba embarazada nuevamente.

- Vaya. Jake casado con Leah y con cuatro niños.

- ¿Crees que nosotros hubiéramos tenido tantos si no nos hubiésemos separado?

- No lo sé. Me encantan los niños, y no quisiera que nuestra bebé fuese hija única. Pero cuatro... no lo sé...

- De momento tengamos una, luego ya veremos

Se hospedaron en el Breaking Dawn y durante una semana visitaron los lugares que habían marcado sus vidas.

La casa de Charlie, la mansión Cullen, el instituto.

Pasearon por los alrededores, se encontraron con antiguos amigos y compañeros de colegio, que se emocionaron al conocer su historia.

La segunda semana se instalaron en la casa de los Cullen en La Push.

- Tengo un regalo para ti.

Estaban tumbados frente al fuego acostados sobre la alfombra y rodeados por cojines y mantas.

- ¿Para mí? – preguntó somnolienta acariciando el brazo de Edward que descansaba sobre su levemente curvado vientre. – No puedes darme más cosas, Edward.

- Te gustará – prometió dándole un suave beso antes de levantarse para acercarse a su maleta.

Sacó de ella un paquete que le llamó la atención.

Bella sonrió al cogerlo sentándose sobre la alfombra.

- ¿Qué es? – preguntó intrigada

Edward se sentó a sus espaldas y la recargó contra su pecho, entrelazando las manos sobre el vientre que escondía a su pequeña hija.

Deshizo el lazo y abrió el envoltorio.

Las lágrimas rodearon por sus mejillas al reconocerlo.

– "¡Quédate conmigo para siempre, toma cualquier forma, vuélveme loco! Pero, ¡Por favor! ¡No me dejes en este abismo donde no puedo hallarte!" – recitó Edward en su oído – "¡Oh, dios mío! ¿Cómo decírtelo? ¡Yo no puedo vivir sin mi vida!... ¡Yo no puedo vivir sin mi alma!"

- "Él nunca sabrá cuánto le amo, y no es porque sea guapo, sino porque hay más de mí en él que en mí misma. De lo que sea que nuestras almas estén hechas, la suya y la mía son lo mismo" – replicó dejando el libro en la alfombra, antes de voltearse para besarlo con amor, mientras rodeaba su cuello aferrándose a él.


Hola a todos!

Así llegamos al final. Mis disculpas por no haber podido publicar antes, pero ya había comentado mis problemas con el ordenador y los capis, así que... aquí estoy por fin.

Antes que nada agradecer a todos y todas por el apoyo a este fic, gracias por los reviews, alertas y favoritos y gracias por leerme una vez más.

Espero que nos sigamos encontrando en otros locuras.

Besitos y hasta el epílogo.