Saludos desde Ecuador para mis lectores.
Después de más de un mes de ausencia, aquí me tienen con una entrega más de la historia. En compensación les dejaré este capítulo que por su extensión y por las sorpresas que lleva, equivale a dos entregas juntas.
Antes de empezar solo quiero agradecer a las personas que se toman su tiempo para leer este fic y también a quienes tuvieron la amabilidad de dejarme sus reviews. Gracias lobunaluna, Hikaru Kino88, val825 y Crys por sus comentarios ^^
[Saint Seiya/ Los Caballeros del Zodiaco] – Saga: CATACLISMO 2012
Escrito en Ecuador por José-V. Sayago Gallardo
CAPÍTULO 49: ¡SAGA VERSUS KANON! EL MORTAL COMBATE DE DIMENSIONES
==Santuario de Atenea, Campos de Entrenamiento==
La Tierra y el Santuario de Atenea disfrutaban de una pasajera época de paz hace treinta y nueve años. Fue precisamente en este lugar sagrado donde dos jóvenes aspirantes a Santos entrenaban con ahínco bajo las tenues luces anaranjadas del crepúsculo vespertino.
Con cada golpe que cada uno de ellos asestaba a su rival, grandes porciones de polvo se elevaban desde el árido terreno. Era sobrehumana la potencia con la que venía reforzada cada arremetida.
—¡Nada mal! —exclamó con júbilo el de corta cabellera azulada, conteniendo un puñetazo con la mano abierta—. ¡Has mejorado mucho desde la última vez que nos enfrentamos!
—¡No hables como si fueras más fuerte que yo! —le reprochó en medio de la conmoción del combate su compañera: Una muchacha enmascarada de corta melena color vino tinto, ataviada en destartaladas ropas de entrenamiento —¡Verás que seré yo quien obtenga el derecho de portar aquella armadura sagrada!
Desde niños, Saga y Alalá crecieron juntos en el recinto de la diosa protectora del planeta. El destino los juntó desde una edad muy tierna cuando Shion, el Patriarca y antaño Santo de Aries, les otorgó a ambos una vida digna junto con los demás niños que entrenaban para llegar a ser Caballeros.
Debido a todo lo que representaba, Saga profesaba una arraigada admiración y respeto hacia el hombre que regía el Santuario de su diosa. Para él no había ser humano más recto y justo que Shion y, por ese motivo, su anhelo más grande era portar la armadura de plata perteneciente al legendario guerrero que apoyaba al sumo sacerdote en cada Guerra Santa: El Caballero de la constelación de Altar.
Por su parte, la joven Alalá consideraba al Patriarca como su verdadero padre y lo idolatraba como su salvador. Su perspectiva no era exagerada, ya que para ella fue todo un milagro encontrarse con un hombre tan bondadoso y amable; cuando a sus tiernos ocho años perdió a su familia entera en un fatal incendio. Su sentimiento de gratitud creció junto con ella, y le obligó a no descansar un solo día en su entrenamiento para obtener el derecho de vestir la misma cloth que Saga anhelaba portar.
Así nació una evidente rivalidad entre ambos jóvenes, pero fue precisamente aquello lo que afianzó su amistad durante los años, motivándolos a la vez a ser mejores cada día. Lo riguroso de los entrenamientos en el Santuario mancilló sus cuerpos, pero también fortaleció sus espíritus.
—Algo te sucede, Alalá —le comentó el adolescente, evadiendo hábilmente uno de los golpes que le lanzó la jovencita—. Te noto demasiado desconcentrada el día de hoy.
—¡Pues alucinas, Saga! —replicó muy decidida ella, sin dejar de atacar—. ¡Eres tú quien intenta distraerme del entrenamiento!
La lucha se estaba tornando cada vez más intensa, así que Saga decidió tomar ventaja no con sus técnicas, sino con sus palabras…
—Te equivocas. Si mi objetivo fuera desconcentrarte, te diría que siempre me ha gustado tu forma de ser…
La enmascarada jamás habría imaginado escuchar una frase como esa de su siempre reservado amigo, por lo tanto no pudo evitar distraerse por unos segundos y dejar su guardia completamente abierta. Saga no dejó pasar desapercibido el momento y logró asestarle un contundente golpe en el centro de la frente, el cual terminó la lid de una manera abrupta.
—Eso no fue nada honesto —le recriminó la agredida, apenas pudiendo levantarse tras el golpe que la aturdió—. Decirme ese tipo de cosas cuando estamos peleando seriamente es…
La griega enmudeció cuando sintió que su máscara se agrietó para luego partirse. Su reacción inmediata fue cubrir su faz desnuda con ambas manos, evitando así que el atónito Saga pueda contemplarla.
—¡No me mires! —le exigió exasperada tras darle las espaldas.
—Alalá, discúlpame. Te aseguro que no vi nada y que mi intención no era romper tu máscara —se excusó él con sincero arrepentimiento—. Te compensaré por esto, lo prometo. De alguna forma la repararé y…
—¿En serio no lo hiciste a propósito? —le preguntó de repente, interrumpiéndolo.
El joven de quince años sintió que el corazón le dio un vuelco al escuchar aquella interpelación proferida con tanta seriedad. No tenía la certeza para responder, pero sí varias emociones guardadas, las cuales decidió expresar tras armarse de valor:
—Pues… te confieso que sí deseo ver tu rostro después de tanto —manifestó él con timidez e inseguridad, tras retirar sonrojado la mirada—. La última vez que pude contemplar tu sonrisa, fue hace ya cinco años, cuando el Patriarca te trajo por primera vez al Santuario. Te confieso que cada día he imaginado lo hermosa que te habrás vuelto en todo este tiempo.
Completamente perpleja, la futura Casiopea se quedó sin aliento tras escuchar que, por primera vez, su compañero pronunciaba palabras dulces. El corazón le latía con ímpetu y podía sentir como su rostro se ruborizaba y calentaba entre sus manos.
—Lo… lo que me dijiste antes de romper mi máscara —le dijo titubeando y girándose para mirarlo entre las aberturas de los dedos que cubrían su semblante—. ¿En verdad… te gusta mi forma de ser…?
—Sí —le respondió enseguida Saga, dejando la inseguridad a un lado—. Siempre has sido una chica generosa que da mucho más de lo que recibe. Y es precisamente aquello lo que más me gusta de ti.
El futuro Dorado empezó a caminar lentamente hacia la nerviosa jovencita, quien maravillada y en silencio, contempló la radiante figura del Geminiano siendo resaltada por la caricia de la brisa y la tenue luz naranja del crepúsculo, la cual le otorgaba un bello contraste a su corta cabellera añil.
—Nos conocemos demasiado, Alalá —continuó diciendo él con cierto dejo de añoranza—. Hemos compartido tantas alegrías, dolor y frustraciones; que ya las palabras casi no nos hacen falta para comunicarnos lo que sentimos.
—Entonces quieres decir que…
—Exactamente… Siempre supe que mis sentimientos hacia ti eran correspondidos —Saga tomó a la inmóvil aspirante a Amazona desde ambas muñecas y clavó su brillante y ansiosa mirada azulada sobre ella—. Me trataste como a un rival, pero siempre tenías sutiles detalles que me demostraban lo mucho que te importaba. Me diste a entender que querías abrirme tu corazón en varias ocasiones, pero jamás te atreviste a ello a pesar de la confianza que entablamos durante todos estos años.
La chica se encontraba abrumada. Todo estaba ocurriendo tan rápido y por esa razón no supo cómo reaccionar al tener tan cerca al valiente muchacho que le abrió su corazón, y además, al saber que sus sentimientos habían sido desvelados desde hace mucho tiempo ya.
—Pero ya es suficiente de titubeos para mí. Ha llegado el momento de comportarme como un hombre y dar el primer paso contigo.
Ocultando su nerviosismo, empezó a bajar delicadamente sus manos junto con las que cubrían el rostro de Alalá.
Tan maravillada estaba la doncella, que no opuso resistencia cuando Saga descubrió por completo sus facciones. En medio de sus ensoñaciones, para ella solo resaltó el embelesado y feliz semblante de quien en poco sería un Santo de Oro.
—Eres hermosa… —la elogió embobado en un suspiro—. Valió la pena sacrificar mi vida si acaso decides matarme y no amarme…
Por única vez en su vida, Alalá se sintió libre al estar despojada de la máscara que ocultaba sus emociones. Solo en ese instante tuvo la seguridad para hablar con total soltura, al estar en contacto directo con sus pasiones más ocultas e intensas.
—Saga… —lo llamó nerviosa la ruborizada jovencita, posando su emocionada mirada resplandeciente sobre la de él—. Todo lo que has dicho es cierto…
Los ojos del aludido casi se desorbitaron cuando escuchó la confesión. En ese momento fue él quien enmudeció a causa de un desbordante júbilo que también fue notorio en su cara.
—Cada vez que intentaba manifestarte lo que sentía, mis inseguridades me lo impedían. Creía que el vínculo que desarrollamos con los años era suficiente para que interpretaras mis emociones, pero ahora, más que señales y las mismas palabras; dejaré que las acciones hablen por mí.
Un repentino movimiento y la chica de cabellera vino tinto ya tenía entre sus brazos a la persona que más quería en este mundo. El abrazo transmitía tanta calidez y cariño, que Saga no pudo evitar dejarse llevar por tan emotivo momento.
—¿Sabes algo? —continuó diciendo ella, riendo sutilmente al sentirse reconfortada por los latidos de corazón de Saga, quien para esos momentos había respondido al gesto rodeando también con sus brazos a la chica—. En varias ocasiones incluso tuve el impulso de dejar caer a propósito mi máscara para ver tu reacción.
Una vez más la joven levantó la mirada para contemplar al futuro Dorado. Lentamente le fue acercando su rostro, y en especial sus labios. Se sentía embriagada por la calidez y la respiración agitada del muchacho.
—Me has dicho que soy una mujer que siempre da más de lo que recibe… Y ya que te has armado de valor para confesarme que te gusto, yo te diré algo más grande al aceptar que te am…
Justo cuando los labios de ambos estuvieron a punto de fundirse en un apasionado beso, las pupilas de Alalá se dilataron al recordar la cándida figura de Téngfēi de Tigre Blanco…
Todos los recuerdos de Amazona de Casiopea golpearon su mente en un segundo, a la vez que el tiempo se paralizaba por completo.
—«Yo… yo me encontraba batallando en territorio de los dioses —recordó anonadada, quien repentinamente se encontró en un cuerpo más joven—. Lo último que recuerdo, fue la evocación del nombre la técnica de ese Guardián».
Apenas ella fue consciente de la realidad, el Santuario entero se desvaneció en la nada. Dejando solo a Alalá y Saga en medio de un infinito, silencioso y vacío espacio blanco.
—La felicidad que siento es falsa —profirió con decepción—. Saga nunca fue tan expresivo con sus sentimientos, ni yo tampoco…
—Mi diosa Nü Wa tenía razón. Ustedes los humanos siempre son tan exigentes —intervino desde la nada la simulada voz del guerrero chino que provocó la ilusión—. Deberías disfrutar el privilegio que te ofrece el tigre Baihu con su técnica pacífica.
—Te agradezco por permitirme ver nuevamente a Saga, Téngfēi —le dijo la Amazona sonriendo amable en su forma juvenil, mientras posaba por instinto su mano en la mejilla del inmovilizado joven de melena azulada—. Me disculpas, pero no puedo permanecer en el pasado…
—No lo entiendo… —añadió el regente del otoño con su característica calma—. Siempre deseaste que el hombre que amas sea más cariñoso contigo, y aquí lo tienes frente a ti con una personalidad perfecta…
—Y sin embargo éste no es el chico del que me enamoré en ese entonces —complementó implacable la aludida—. Con todo y sus defectos y virtudes, yo amo a Saga tal y como es.
—Pero… ¿por qué conformarte con eso? Sí se puede vivir en el pasado y cambiarlo para que sea más amigable con uno. Ése es un privilegio que solo yo puedo darte. Así que sé libre de rehacer tu vida desde treinta y nueve años atrás junto con él, con Saga…
—No puedo… Eres muy amable al querer otorgarme una felicidad perfecta, pero mi misión como Amazona está sobre mis deseos personales. Primero está el bienestar de Atenea y de la humanidad y luego habré de encontrar a Saga en tu territorio.
—Ya veo —manifestó la voz de Téngfēi con una mezcla de comprensión y decepción—. Lo lamento pero… también tengo una misión que cumplir y por lo tanto no puedo liberarte de la ilusión. Me acabas de obligar a utilizar métodos más persuasivos contigo…
Una fuerte luz blanca cegó a la versión adolescente de Alalá, haciéndola desaparecer del lugar.
==Maravilla Suprema. Jardín de K'uen-Luen, Entrada al Monte Penglai==
—¡'Guī Jiǎké, La Coraza Invernal'! —exclamó solemne la Guardiana oriental.
Gotas de lluvia empezaron a precipitarse delicadamente sobre ambas contendientes, cubriéndolas con una fina capa de brillante rocío. Poco después, el agua recién caída pareció cobrar vida propia y se dirigió en conjunto hacia el cuerpo de quien la invocó.
No pasó mucho tiempo para que una cristalina cubierta de hielo se forme sobre el ser entero de Jíngfēi de Xuanwu, otorgándole a la vez una apariencia casi divina al resaltarse su belleza por la del agua congelada.
—Atácame si así lo deseas, Guerrera —le retó con total calma y seguridad la quimera negra—. No me molestaré en defenderme…
Al ver que su rival tenía la guardia completamente abierta, la Geminiana de nombre desconocido no hizo caso omiso a la petición y, sin demora, arremetió enseguida con su mano izquierda abierta a manera de garra. Su objetivo era arrancarle el corazón a la Sì Shòu, utilizando la misma modalidad que empleó para asesinar a Renshū de Qinglong hace unos minutos. No obstante, su esfuerzo fue infructuoso, ya que apenas sus dedos hicieron contacto con el pecho de la guerrera de Nü Wa, la simple resistencia de la armadura blanca y negra fue suficiente para neutralizar por completo el mortal embate.
—Sería imposible que al menos logres rasguñarme —declaró la joven de la nueva especie, agarrando fuertemente por el brazo atacante a quien intentó matarla—. Mi técnica concentra el agua del ambiente para producir una capa congelada, la cual incrementa miles de veces la resistencia de todo mi ser. Mi cuerpo y armadura acaban de ganar una consistencia similar a la que poseen los ropajes sagrados de los dioses.
Al verse cerca de su contendiente, la pelirroja en cloth dorada, aprovechó el momento para dirigir su mano libre hacia el cuello de quien la atenazaba con firmeza. Por desgracia para ella, su intento por asfixiar a Jíngfēi resultó en fracaso, al ser también su piel tan dura como el más resistente metal.
—¡Te repito que es inútil el que intentes herirme! —insistió exasperada la de cabellera azul oscuro, clavando una implacable mirada celeste sobre su oponente—. ¡Ahora exijo contemplar la cara del monstruo sediento de sangre que se atrevió a asesinar a uno de mis compañeros!
Justo cuando la protectora del norte estuvo a punto de retirar la máscara dorada del rostro de la misteriosa mujer que enfrentaba, ésta utilizó su prodigiosa velocidad para soltarse y desaparecer de la vista de su rival.
En las milésimas de segundo en las que se desarrolló la acción, Xuanwu intentó sentir la presencia de la desaparecida Amazona, mas en su fugaz momento de distracción, no notó que Géminis ya se encontraba a sus espaldas, sigilosa cual asesina de las sombras; posando de manera imperceptible la palma de la mano sobre la espalda baja de su víctima.
Nada pudo hacer la tortuga-serpiente para evitar que un fuerte impulso de luz impacte de lleno contra su ser. La fuerza cósmica con la que el ataque vino reforzado fue tal, que propulsó con violencia a la joven asiática directamente hacia el masivo portón que marcaba la entrada a la montaña de jade. Como consecuencia del devastador choque, el umbral adornado por decoraciones autóctonas chinas se desplomó sobre sus cimientos, enterrando a la vez a la chica que colisionó sobre él.
Encorvando el cuerpo en una postura poco natural, la dama envuelta en dorado empezó a caminar lentamente hacia los escombros que resultaron del choque. Estaba dispuesta a continuar tras sentir la desaparición del cosmos de su oponente. Sin embargo, no pasó mucho tiempo para que la más joven emergiera enérgica desde los pesados restos de roca.
—No seré derrotada con un ataque tan débil —aseguró la contrariada Guardiana, respirando agitada—. Mi defensa es perfecta gracias a la coraza de Xuanwu que…
Jíngfēi enmudeció al sentir que, irónicamente, la capa de hielo de la que alardeaba, crujió para luego fragmentarse y hacerse añicos ante su atónita mirada celeste claro. Su incredulidad fue mayor al sentir que algo tibio resbalaba a un costado de su frente, tras esto, solo dolor… Al acercar la mano a la cabeza, notó la presencia de una profunda herida que sangraba copiosamente a través de su cabello azulado.
—No… no puede ser… —balbuceó con las pupilas dilatadas la de armadura blanca, al ver su mano manchada con su propia sangre—. ¿A qué momento fui…?
—Ton… Tonta… —le imprecó tartamudeando la enmascarada Géminis en un tono macabro—. Tu… defensa no… no es perfecta… Tu coraza tiene un… punto débil… y eso te… costará la vida…
En silencio la Guardiana del invierno entendió aquellas erráticas palabras. Apenas en ese momento se percató de que cuando la coraza de hielo se cerraba sobre su cuerpo, ésta lo hacía en conjunto en un solo punto de su espalda baja, dejando en el proceso una casi imperceptible y vulnerable abertura. Tarde entendió por qué la Amazona la atacó de una forma tan específica.
—«Está ocurriendo nuevamente… —reflexionó la protectora más fiel de la diosa de la creación, apretando puños y dientes por la frustración de ver intacta a su antagonista—. Una vez más me siento acorralada e indefensa ante este monstruo…»
Jíngfēi permitió que el miedo la invadiera por unos segundos, tras los cuales intentó recobrar la calma al rememorar sus orígenes:
—Nacimos como seres de naturaleza tranquila y bondadosa —se recordó a sí misma, tras cerrar los párpados en un gesto de serenidad—. Nuestra misión es repoblar la Tierra para que renazca en un perpetua era de paz. Por esa razón no permitiremos que un ser malvado se interponga en nuestra noble causa.
El aura cósmica grisácea de la guerrera china la cubrió nuevamente. Estaba lista para ejecutar nuevamente su ken:
—¡'La Sentencia de Zhàyǔ'!
En esa ocasión, la Sì Shòu no usó su aro luminoso para rodear y detener a su rival, sino que lo transmutó en decenas de aureolas cortantes que arrojó veloz a quien a paso lento la acechaba con la clara intención de exterminarla.
—Dos técnicas no… no funcionan dos veces en… un Caballero —susurró la Ateniense protectora del Tercer Templo del zodiaco, extendiendo confiada la palma de la mano.
El objetivo de Géminis era destrozar los anillos de luz con tan solo su fuerza física, tal como lo había hecho con la primera versión del ken de su oponente; mas en esa segunda ocasión, los anillos venían reforzados con la creciente fuerza cósmica de una de las cuatro bestias legendarias de la mitología china.
Apenas el primer círculo brillante hizo contacto con los dedos de la misteriosa dama, éste los amputó limpiamente…Meñique y anular izquierdos de la humana fueron cercenados, produciendo tras esto una abundante hemorragia…
Solo al estar consciente de un intenso dolor en el área de sus cortes, en milisegundos la sádica pelirroja notó el peligro que representaban aquellos nuevos halos, así que en una desesperada maniobra, intentó esquivarlos con su prodigiosa velocidad. Por desgracia para ella, algunas arremetidas de luz sí lograron rozarla y otras rebanar profundamente su carne a pesar de estar vistiendo una armadura de oro.
Amainados los efectos de la técnica ancestral, la ya quieta Géminis simplemente se desplomó de rodillas sobre el camino enjoyado, sangrando profusamente a través de cada herida. Por primera vez era su propio líquido vital el que opacaba al brillante tono áureo de su cloth, entremezclándose con el rojo intenso de la sangre de quien asesinó hace poco, la cual aún resbalaba por las piezas de metal que portaba.
A través de su máscara, la silente Ateniense observó con indiferencia su destrozada mano izquierda despojada de dos dedos. Ni siquiera ante tal circunstancia emitió el más ligero sonido de sorpresa o sufrimiento. Parecía no importarle el hecho de que se estaba desangrando.
Algo en su mente le ordenaba continuar con el ataque. En tales momentos críticos le fue imposible saber si era ella misma quien se auto infligía tan intensos sentimientos de ansias por arrebatarle la vida a su oponente. No sabía si era su instinto animal y mecánico el que le obligaba a arrastrarse sobre su vientre hacia la joven oriental. Poco le importaba verse limitada de movimientos a causa de las heridas, y formar con su agónico avance una grotesca estela de sangre que embarraba las alhajas del sendero.
—Ya es suficiente —habló Jíngfēi con una mezcla de disgusto y lástima, al ser testigo del lento martirio de su rival—. A final de cuentas, parece ser que no eres invencible…
Convencida ya de su victoria, Xuanwu vio seguro acercase a menos de un metro de la postrada mujer herida. Con sus tristes ojos celestes posados en la deprimente figura que se encontraba a su merced, la de enjoyada armadura blanca le dedicó unas palabras llenas de sincera pena:
—¿Sabes algo? A pesar de todo, te perdono por haber matado a Renshū —le dijo con actitud digna—. Por esa misma razón te otorgaré el noble descanso que un Santo de Atenea merece, aunque muy en el fondo siga creyendo que eres un demonio despiadado.
Al escuchar esas palabras, la aludida levantó su tapado rostro y echó la cabeza hacia su hombro en su clásico gesto de curiosidad. Parecía ser que la extraña mujer reaccionó a la piedad mostrada por su adversaria.
—No… no soy un demonio… —pronunció Géminis con más dificultad que de costumbre—. Soy la humana que… te destripará en nombre de Atenea…
La lesionada Amazona empleó toda la fuerza física que le restaba para dar un repentino y veloz salto horizontal hacia quien la había herido. Su propósito era enterrar su mano sana cual espada en el abdomen de su víctima, quien al encontrarse distraída y con la guardia abierta; no tuvo tiempo de reaccionar ante la fatal acometida.
Justo cuando las uñas de la Dorada estuvieron a punto de incrustarse en las entrañas de la defensora del norte, una providencial intervención logró salvaguardar su vida. Un hombre de lacia cabellera color avellana apareció entre la vegetación para asestar un certero puñetazo en el centro del rostro enmascarado de la pelirroja. La violencia del golpe fue tal, que la mandó a volar en línea recta a varios metros lejos de la escena.
—¿Te encuentras bien, Jíngfēi? —le preguntó el guerrero ataviado en armadura blanca, plantándose frente a ella en actitud protectora mientras le daba las espaldas.
—Téngfēi… —masculló sorprendida en un suspiro la aludida—. No debiste abandonar el 'Melocotonero de los Ocho Inmortales' solo para rescatarme…
Al escuchar esas palabras, el apacible guerrero de tigre blanco giró el rostro para mirar a su compañera y regalarle una tranquilizadora sonrisa. Para la joven aquella imagen lució sublime al estar armónicamente combinada con el verde puro de los ojos del Guardián.
—No te preocupes. Después de terminar aquí, me acompañarás a mi territorio, ¿cierto? —sugirió él en tono amable y condescendiente—.Ya después pensaremos en qué haremos tú y yo en mi jardín para compensarme por el favor…
La hermosa chica de cabellera azulada se encogió de hombros sonrojada y le retiró la mirada. Acababa de malinterpretar las palabras del primer hombre de su misma especie y, además, de quien suponía deseaba adelantar el proceso de repoblar el planeta junto con ella…
—Sin duda vamos a hacerlo, Téngfēi… —profirió embelesada la guerrera de quimera negra, con la mirada perdida en el radiante y sereno rostro que tenía enfrente—. ¡Me refiero a proteger tu jardín! —se corrigió alarmada, percatándose de lo que había dicho una frase antes.
Sin embargo, su nada experimentado compañero no fue capaz de leer el involuntario doble sentido de sus palabras.
Tras observar a Jíngfēi con inocente duda por unos segundos, el joven protector del oeste reemplazó su actitud amena por una más seria. La poco agradable imagen que observó retorciéndose sobre el camino multicolor, logró perturbarlo tras llamar su atención.
—¿Qué es esa cosa que te estaba atacando?
—Es una humana, una Guerrera de Oro de Atenea —le comunicó su coterránea, regresando nuevamente a la realidad tras lanzar una mirada furtiva hacia la escena que contemplaba con atención el tigre albo—. Y es bastante peligrosa… Descuidarme en la lucha casi me cuesta la vida…
Baihu y Xuanwu se juntaron hombro con hombro, esperando muy atentos a los movimientos de la impredecible Geminiana de nombre desconocido, quien en silencio logró reincorporarse a pesar de sus heridas.
Agónico fue su esfuerzo de caminar tambaleándose hacia los dos protectores de Nü Wa.
—Ustedes los Guardianes chinos… no son seres malvados… pero, por desgracia… debo exterminarlos y… y cumplir con mi misión —manifestó la sangrante dama con voz gutural, mientras avanzaba lentamente cual muerto en vida—. Es una lástima, pero… me acaban de… de facilitar la victoria al… enfrentarme dos a la vez. Yo… yo no perdono…ese tipo de errores tácticos…
Por primera vez desde que arribó a la Maravilla Suprema, la Amazona de Oro desplegó su cosmos dorado hasta el Séptimo Sentido, para luego enviarlo con vehemencia a su mano derecha.
—'Satán… Imperial…'
La fina descarga de energía en la que fue arrojado aquel temido ken psicológico, atravesó rauda el cerebro de Jíngfēi de Xuanwu.
==Maravilla Suprema. Corazón del Jardín de K'uen-Luen==
—Extrañaba contemplar esa mirada fulgente en tu rostro, hermano —manifestó socarrón Kanon, al ser testigo del intenso resplandor que le daba una aire amenazante a los ojos de su contraparte—. Apuesto a que ansías arrebatarme la vida solo por el hecho de mencionar con este tono a esa mujer…
—¿Cómo es que sabes sobre ella? —preguntó el de cloth oscura, apretando los dientes con desdén.
—No seas ingenuo, Saga. ¡Era obvio lo que sentías por ella! —el antaño General de Dragón Marino hizo una pausa que le ayudó a evocar el pasado—. No podría olvidar nuestra juventud juntos en el Santuario. Recuerdo que, a causa de tus buenas acciones y de tu rostro amable y tranquilo; toda la gente de Rodorio te respetaba e idolatraba como si fueses un bondadoso dios encarnado en la Tierra. Sin embargo, tu comportamiento era sutilmente diferente cuando te encontrabas con aquella mujer… ¿Cuál era su nombre?
—Alalá… —pronunció el de melena azulada con notoria rabia.
—Cierto, Alalá… Para todos en el Santuario habrá pasado desapercibido, pero no para mí, quien como tu hermano te ha conocido desde siempre… Podía notar claramente como tu sonrisa mostraba auténtico regocijo con el simple hecho de encontrarte a su lado.
Saga enmudeció por unos segundos y retiró su frustrada mirada de la de su gemelo. Ya había aceptado que lo que Kanon decía era cierto al recordarle el nombre de la Amazona de Casiopea.
—Quieres correr para reunirte con ella ¿cierto? —inquirió con malicia el de mirada carmesí—. Ansías reencontrarte después de tantos años con la única mujer que apreciaste desde la infancia, ¡y sabes que para lograrlo primero deberás matar a tu propio hermano!
—¡Cállate!
Géminis Negro se sintió acorralado psicológicamente. Emociones encontradas invadían su ser con cada hiriente palabra que profería el de melena gris oscuro.
—Esta vez no me silenciarás —reaccionó el revivido por Morrigan, entrecerrando los ojos con desprecio—. Recuerda que en estos momentos nos encontramos en igualdad de condiciones, y solo lograrás romper ese equilibrio si despiertas tus verdaderos colores.
Los desesperados impulsos de Saga le obligaron a propinar una veloz y potente patada en el rostro del menor de los gemelos. Golpe que fue aplicado con tanto resentimiento, que fue capaz de proyectar con violencia al de cloth blanca y revolcarlo salvajemente sobre una porción de flores del terreno.
Tras la conmoción, Géminis Blanco se reincorporó ignorando la acumulación de heridas y la sangre que escapaba por las comisuras de sus labios. A punto estuvo de responder al repentino ataque con la misma violencia, pero se detuvo para reír satisfecho al contemplar ligeros destellos rojos en los orbes del mayor de los Santos revividos.
—¡Eso es, hermano! ¡Saca al demonio que llevas dentro y muéstrame a la vil entidad que intentó asesinar a una inocente bebita con una daga!
—¡Jamás! ¡Ya no albergo maldad en mi interior! ¡Mi cuerpo ya fue purificado de la corrupción por la luz del escudo de Atenea!
—Pues entonces tendré que demostrarte que te equivocas… —replicó Kanon, recuperando la calma—. En poco ambos nos veremos como auténticos gemelos al lucir cabelleras grises y ojos escarlata que desbordarán ansias de poder. La maldad nunca abandona completamente los corazones de los seres humanos, incluso si es una diosa quien intenta cambiar su verdadera naturaleza…
En otra maniobra inesperada, Saga dejó libre una vez más su portentoso cosmos negro.
—Ya veo…entonces así son las cosas —dijo el antaño Patriarca, cerrando los ojos con seriedad—. Pues ya que aseguras que despertarás un inexistente lado corrupto en mí, ¡yo te juro que desapareceré la maldad de tu cuerpo y alma! ¡Las miradas y cabelleras de ambos volverán a rebosar del azul con el que nacimos!
Al ser testigo de la actitud decidida de su gemelo, el menor de ellos imitó sus acciones y, por primera vez desde que empezaron a batallar; encendió enormemente su cosmos. Tan asombrosa expansión de energía alba se manifestaba con la misma intensidad que la de la oscura creciente.
—Más te vale que lo dices sea cierto, Saga, porque si no logras superarme esta vez, desapareceré todo este territorio y a la mujer que amas junto con él.
La concentración en ambos ex Caballeros era abrumadora. El implacable cruce de sus miradas parecía representar el funesto presagio de lo que estaba a punto de acontecer con el incremento descontrolado del par de auras.
—Alguna vez me preguntaste qué ocurriría si dos técnicas de Géminis tuvieran la infortuna de encontrarse entre sí… —rememoró el guerrero negro con aparente calma—. En esos momentos no tuve la certeza para responderte, pero creo que acaba de llegar el momento de resolver esa duda para ambos…
—¡Me leíste la mente, "hermanito"! ¡De hecho ejecutar un ken similar al mío, será tu única opción para detener el caos que estoy a punto de desatar!
Los predios centrales del territorio chino empezaron a temblar con frenesí, mientras que tiempo y espacio se distorsionaban y retorcían en confusas realidades. El otrora bello jardín de Nü Wa se vio devastado de manera horrible, al ser esparcidas y desintegradas las flores que lo adornaban. Atrás quedó la paz que manaba el ambiente natural en K'uen-Luen, tras ser mancillada de manera irreversible la vida vegetal que rebosaba en él. Pétalos y hojas multicolores invadieron el aire en una triste danza de plantas muertas dispersadas en el viento.
Apenas las auras cósmicas blanca y negra hicieron ligero contacto, el notorio contraste en la naturaleza de ambas produjo fuertes estallidos de energía relampagueante, los cuales por poco incluso llegaron a lastimar de gravedad a quienes los produjeron.
Ninguno claudicó a pesar de lo difuso que se había tornado el escenario. En sus mentes solo prevalecía la idea de exterminar de una vez a su respectiva contraparte, así que ninguno de los dos se distrajo con la conmoción del ambiente. Mientras que el gemelo mayor observaba al menor con abrumadora seriedad, el otro hacía lo propio pero con una arrogante media sonrisa que denotaba confianza en sí mismo.
—¡Que lo infinito del espacio profundo purifique tu alma, hermano mío! —exclamó Saga con todas sus fuerzas, como preludio a la técnica que se proponía ejecutar—: ¡'OTRA DIMENSIÓN'!
—¡Consúmete eternamente en la desesperación de vagar de manera perpetua en el limbo estelar! —vociferó Kanon con júbilo desbordado—: ¡'TRIÁNGULO DORADO'!
Evocados y desplegados al mismo tiempo ambos kens, la realidad se desgarró y abrió de manera horizontal, mostrando al oscuro y misterioso espacio exterior a espaldas de Saga; y a una extraña dimensión blanca con estrellas distantes, planetas y demás astros negros detrás Kanon.
Caos y descontrol reinaron en la sección principal del jardín. Ya no eran solamente flores muertas las que devoraban las dimensiones desconocidas. Grandes porciones de tierra se arrancaban desde el suelo y también eran tragadas por la fuerza de atracción de los espacios blanco y negro.
Los hermanos se resistían con desesperación a ser absorbidos por el confuso ken convocado por el otro, pero tanta era la fuerza de ambos desgarros en tiempo-espacio, que los pies de los involucrados empezaban a arrastrarse sin remedio sobre el ya árido terreno.
—¡Deja de luchar, Saga! —le exigió su gemelo ampliando su sonrisa malintencionada, al tiempo que se esforzaba por contrarrestar con su peso al arrastre que ejercía sobre él una cuadrícula de luz—. ¡Tendrás mucho tiempo para reflexionar cuando deambules para siempre en el vacío de mi dimensión!
—¡Jamás me rendiré! —replicó el de melena azulada cayendo sobre una rodilla, pero todavía extendiendo valientemente el brazo en un intento por reforzar su técnica con el máximo cosmos que fue capaz de manifestar—. ¡Si se me dio una segunda oportunidad en este mundo, aprovecharé cada instante de mi vida! ¡Por Atenea y… por Alalá!
El poder de la 'Otra Dimensión' de Saga y del 'Triángulo Dorado' de Kanon, llegaron a tal punto de descontrol, que ninguno de los dos hermanos fue capaz de contener sus respectivas técnicas. Tan inmensas eran las dos grietas espacio-tiempo que llegaron al extremo de abrirse súbitamente y, apenas la una dimensión hizo ligero contacto con la otra, un insólito fenómeno tuvo lugar: Toda materia a varios metros a la redonda empezó a comprimirse, mientras nacía una extraña y confusa combinación de realidades alternas.
Ambos Géminis fueron engullidos enseguida por el caos de la implosión…
La calma volvió al desaparecer los dos contendientes y sus kens sin dejar rastro. Solo un estéril terreno en el centro del territorio chino permaneció como mudo testigo del mortal combate que acababa de acontecer…
==Fusión de dimensiones de Géminis==
Saga abrió lentamente sus pesados párpados solo para notar alarmado su situación: Se encontraba flotando sin rumbo en un distorsionado espacio, el cual estaba densamente poblado por infinidad de cuerpos celestes de irreales formas.
Le fue bastante dificultoso recuperar su capacidad de orientación, ya que aquella realidad aturdía su mente con cada intermitente y drástico cambio de tonalidad. Por segundos el vacío y los astros lucían oscuros, para luego tornarse repentinamente en un luminoso blanco que deslumbraba la vista.
—«La situación es extremadamente crítica —reflexionó el de cloth azabache, intentando nivelar su trayectoria para no continuar avanzando sin rumbo—. Nuestras técnicas combinadas son demasiado inestables y acabarán colapsando en cualquier momento…»
Sus deducciones le fueron confirmadas tras presenciar innumerables cataclismos astrales en la distancia. Con notorio asombro vislumbró el choque de planetas, el nacimiento de quásares, la veloz dispersión de asteroides y meteoros, la hermosa y a la vez aterradora extinción de cometas, estrellas y galaxias.
—Habré de abandonar esta realidad lo más pronto posible, o de lo contrario…
No pudo concluir sus elucubraciones. Su perplejidad fue grande al percatarse del hecho de que su armadura y su ser material entero empezaban a desintegrarse y a esparcirse en la forma de pequeñas motas de luz. Su reacción instintiva al verse víctima del efecto de la combinación de espacios, fue intentar utilizar su cosmos restante para abrir una grieta dimensional que lo ayude a escapar de aquel dañino escenario; mas se detuvo al ver que, no muy lejos de él, estaba flotando a la deriva su hermano Kanon.
—Todavía se mantiene con vida, pero ha perdido completamente el conocimiento —se dijo a sí mismo, tras acercarse al de cloth blanca y tomarlo en brazos—. Aunque a juzgar por su apariencia, todavía sigue corrompido por la maldad…
Era la oportunidad perfecta. Su malvado gemelo se encontraba completamente indefenso a su merced y a tan solo un simple movimiento que le arrebataría la vida. Así que al no ver más opción que aquella, Saga elevó su brazo derecho cual verdugo alzando el hacha para ejecutar a un cautivo.
—Perdóname, Kanon —se disculpó entre sinceras lágrimas—. Te juré que te liberaría del mal, incluso si aquello significaba matarte.
Veloz, Géminis Negro dirigió su mano abierta hacia cuello descubierto del antaño General Marino, no obstante, fue el amor fraternal que todavía le profesaba, el que le impidió terminar la acción de fratricidio.
—¡Maldición! ¡No puedo hacerlo! —se recriminó a sí mismo, tapándose el rostro con la mano en un gesto que denotaba frustración extrema.
El menor de los hermanos parecía dormir plácidamente, imagen que logró conmover profundamente al mayor de ellos. Habían pasado varias décadas desde que no lo veía con un semblante tan sereno.
—Ya encontraré una forma de liberarte de la perversidad que te ha corrompido… o simplemente buscaré un método para encerrarte nuevamente, tal y como lo hice hace años…
Sosteniendo firmemente al de albos atavíos en un abrazo protector, el Caballero oscuro evitó con su cosmos que ambos continuaran levitando sin rumbo. Sin embargo, su alivio no duró mucho, ya que al poco tiempo la dimensión incrementó sus efectos nocivos sobre la pareja de guerreros.
—«¡De… Demonios! —maldijo mentalmente el que aún mantenía la consciencia—. Nuestros cuerpos y almas han… comenzado un proceso de desdoblamiento».
En efecto, las existencias materiales y espirituales de los gemelos luchaban por separarse, siendo atraídas éstas por las diferentes corrientes de energía originadas en el perturbador escenario.
En medio del martirio de sentir su esencia siendo arracada de cuajo, Saga notó algo sumamente extraño en su aún desmayado hermano. Solo con el efecto de la combinación de kens dorados, claramente logró percibir la presencia de la ajena entidad inmaterial que invadía el cuerpo del hombre de larga melena gris…
—¡Kanon, despierta! —le exigió con desesperación, al tiempo que lo sacudía vehementemente—. ¡Deshazte del ruin espíritu que está poseyendo al tuyo propio!
Al no ver la más ligera reacción en su gemelo, el antaño Santo de Géminis decidió tomar medidas drásticas para de una u otra forma 'exorcizar' al malvado ser inmaterial que ocupaba el cuerpo de Kanon. No le importaba si ambos morían en el proceso. Si aquello le permitía recuperar al menos por unos segundos a su hermano, estaba dispuesto a sacrificar la poca energía que le restaba.
Con profunda concentración, empezó la tarea de transmitirle su cosmos, el cual a pesar de lucir un espeso negro; manaba a la vez la bondad y sentido de justicia que le atribuían desde que se convirtió en Santo de Oro hace ya treinta y nueve años.
Los efectos no se hicieron esperar y Géminis Blanco empezó a convulsionar y prorrumpir desgarradores gritos de dolor a pesar de aún mantenerse inconsciente. La tortura solo terminó cuando una especie de vapor oscuro salió expulsado desde el cuerpo del poseso guerrero.
Tan violento fue el desalojo de aquel ser informe, que consiguió alejar varios metros a Saga y aturdirlo en el proceso.
—Pero qué…
Su confusión fue grande en ese momento, y más al ver que aquella amorfa masa espiritual rodeaba latente a su hermano y, además, emitía incomprensibles e inquietantes sonidos.
Curiosamente, la calma invadió la escena. Pareció ser que todo en aquel universo hizo silencio en señal de respeto por el recién manifestado ente.
—Hu… Humano… —lo llamó aquel efluvio con una voz gutural que retumbó en el vacío del espacio—. Te has atrevido a maltratar mi esencia…
El aludido no se amedrentó a pesar de escuchar tan tenebrosa voz, ya que al ver a su gemelo aún a la merced de aquel espíritu; perdió la calma y lo desafió sin temor:
—No buscaba solo maltratarte, vil abominación… ¡Ansiaba acabar con tu existencia!
Al contemplar esos decididos ojos azules clavados con ira sobre sus imprecisas y fluctuantes formas, el ente cambió el tono de su voz al suyo original:
—Deberías tener más cuidado con lo que dices, Caballero —profirió arrogante el ser incorpóreo, con el hablar más suave de una joven fémina—. No tienes idea de lo que desatarás si te atreves a enfurecerme…
Paralizado por el más terrible temor que había sentido en toda su existencia, Saga fue estremecido por el creciente poder macabro que derrochaba el espíritu que hace poco ocupó el cuerpo del hombre en cloth alba.
—Pero qué cosmos más inmenso y poderoso —murmuró en un suspiro que le apretujó el corazón y los pulmones cuando fue exhalado—. La energía que emana esta cosa me recuerda a la de la misma Atenea, solo que la suya transmite un pútrido sentimiento de maldad… No hay duda… Me encuentro frente a… un ser divino…
—Justamente —le dio la razón con un hablar jactancioso la regente de las sombras en su forma espiritual—. Mi nombre es Morrigan. Soy la diosa celta de la muerte y la oscuridad.
Las pupilas del Geminiano se dilataron tras conocer la identidad de la misteriosa deidad. Le fue difícil asimilar que tenía enfrente suyo a una de las máximas enemigas de la humanidad.
—¡Entonces fuiste tú quien revivió a mi hermano y a mis otros compañeros de generación! —le gritó descontrolado, tras olvidar el miedo que le inspiró ella en primera instancia—. ¡Solo el más cruel de los dioses se atrevería a manipular a los seres humanos como si de marionetas se tratase!
—No se trata de crueldad, sino de una demostración de poderío —aseguró Morrigan entre irritantes risas—. Ante ti tienes el alcance de la magnificencia de nosotros los dioses, quienes somos capaces de jugar con la vida y la muerte de los seres inferiores… pero, aunque fue bastante divertido utilizar las emociones, recuerdos y viejas rencillas que se alojaban en este cuerpo; me siento bastante incómoda al seguir ocupando el cadáver en vida de tu querido hermanito.
—¡Maldita seas! —reaccionó furioso el humano resucitado, intentando atacar impulsivamente a su interlocutora—. ¡Casi me veo a obligado a asesinar a mi hermano por tu culpa! ¡Y no solo eso, pagarás por haber causado el conflicto de dos guerreros leales a Atenea!
Una ligera porción de su poder divino le fue suficiente para detener en seco los movimientos de su maltrecho agresor.
—Eres fuerte. Lo admito, humano. No cualquiera crearía una combinación tan terrible de realidades y sería capaz incluso de expulsar mi existencia espiritual de la material de Kanon; pero en la deplorable situación en la que te encuentras ahora, ¡no eres más que un inútil despojo!
—No mereces… ser llamada 'diosa'… —le imprecó el inmóvil Géminis con la voz entrecortada—. Solo eres un… demonio con aires de grandeza…
A Morrigan difícilmente la alterarían las palabras de un humano, así que no se dignó a responder a los improperios. La nube de vapor negro en la que había transmutado, más bien insistía en rodear con curiosidad a su víctima con lentos movimientos circulares.
—Fue bastante entretenido, ¿sabes?... poseer el cuerpo de tu hermano gemelo —la cética hizo una pausa para reír de manera estridente—. De todos los que reviví, él fue quien más resistencia opuso. Insistía con uñas y dientes a no dejarse dominar por mi influencia divina, hasta que en un punto me vi obligada a ingresar en su cuerpo para ganar por completo su obediencia…
Saga luchaba por liberarse de la parálisis, pero en ese momento su fuerza no se comparaba con la de la malvada Morrigan. En silencio y bastante contrariado, se resignó a continuar escuchándola:
—No hay nada más delicioso que presenciar el sufrimiento humano que nace de una guerra —continuó regodeándose la dama oscura—. Además, el toque emotivo de la lucha de dos poderosos hermanos, era algo que no podía perderme, por lo tanto no imaginas el inmenso placer que sentí al observar las reacciones del espíritu encerrado de Kanon, mientras lo obligaba a ejercer violentas acciones y a proferir tantas blasfemias y palabras crueles contra su hermano… Solo hubo algo que logró perturbarme… —Morrigan dejó su actitud socarrona para reemplazarla con una nada usual seriedad—. Tu gemelo por poco logra expulsarme de su cuerpo… Su espíritu reaccionó cuando lágrimas tuyas hicieron contacto con su rostro durante la lucha, y mucho más cuando te vio llorando…
—Hermano…
—Pero ya es suficiente de juegos por hoy. Me he cansado de permanecer en un cuerpo con emociones tan intensas, y cuando yo me canso de jugar de algo, ¡convierto en polvo a todo lo que lo rodea!
Transformando sus formas indefinidas en unas más amenazantes, la celta arremetió veloz contra el Santo Negro. Ansiaba quitarle la vida de una vez al arrancarle el espíritu con sus poderes oscuros, no obstante, se detuvo en seco y cesó la agresión a pocos centímetros del decidido rostro que tenía enfrente.
—Esos ojos… por alguna razón me parecen familiares… —le dijo analizando minuciosamente su mirada—. Parece ser que a final de cuentas tu hermano no estaba tan errado en sus deducciones… En efecto, falta muy poco para que se manifieste lo que habita en tu interior…
—¿A… a qué te refieres? —le preguntó nervioso el aludido, todavía luchando por soltarse de la parálisis.
Agudas carcajadas de la diosa llenaron nuevamente el cambiante escenario.
—Arruinaría la diversión si te lo dijera, Santo de Atenea. Así que por el momento solo te conviene saber una cosa: Les permitiré vivir…
Sumido en la confusión y el misterio, Saga apenas pudo reaccionar cuando el poder divino de Morrigan se expandió completamente hacia la combinación de dimensiones.
—¡Regresen a la Maravilla Suprema, humanos! ¡Será la ingenua de Nü Wa y su ejército de inútiles pacifistas, quienes tendrán que enfrentar a la verdadera amenaza del territorio chino!
Exclamado esto con verdadero júbilo, la más densa oscuridad se tragó a los gemelos y al ambiente espacial entero.
—Fue bastante astuto de tu parte regresar en tales momentos de confusión —se dijo a sí misma la deidad de la muerte, tras verse sola en aquel nuevo ambiente vacío y silencioso—. Estoy ansiosa por presenciar la destrucción que desatarás… Ares…
Continuará…
Y eso es todo por hoy. Espero que les hayan gustado la entrega de hoy y que me disculpen una vez más por la larga ausencia.
Gracias por leer este capítulo y acompañarme una semana más en esta aventura. Nos leemos en el próximo capítulo que ya sería el 50. ¡Ya casi tenemos medio volumen 3 completo!
Gracias especiales también a Alalá por permitirme usar su personaje en la trama. Me cayó del cielo cuando no tenía ideas para desarrollar la lucha en territorio chino, y pues, solo espero estar manejándola correctamente ^^
De aquí cualquier noticia sobre actualizaciones de capítulos o dibujos la estaré comunicando por la página en facebook.
¡Un abrazo desde Ecuador!
