Hola a todo el mundo ^_^
Los personajes pertenecen a Rowling, la historia es mía.
Vamos allá:

-Acompáñame- dijo Severus, en cuanto los hermanos habían salido de escena. Lanzó varios hechizos a la puerta. Pasaron por detrás del escritorio, llegando a la pequeña sala-biblioteca, tomaron la escalera de caracol y ascendieron, dejando una puerta atrás, y llegando a la segunda, al final de la escalera. El dormitorio del director era una habitación redonda, con una amplia ventana, muebles muy ornamentados, pero no pesados. ¿Cómo era posible que fuese lujosa y sencilla a la vez? Un armario, un secreter, una librería llena, un par de sillas medallón con reposabrazos a conjunto de una pequeña mesa redonda al lado de la chimenea. La cama. En lo que Aurora se maravillaba con la estancia, oyó que Severus susurraba varios hechizos. Se aproximó a ella y se estudiaron mutuamente. Se atrevió a pegarse más a la mujer.

-¿Puedo abrazarte?- preguntó él con suavidad. Como respuesta, ella se abalanzó sobre él, rodeándolo del cuello con los brazos y besándolo con fiereza. Él la agarró de la cintura, aproximando sus caderas. Se comieron a besos. Las últimas veces, daba la sensación que lo hacían como si de verdad fuese a ser la última vez. Él fue quien paró, antes de llegar a más- Creo que esto responde a mi pregunta.

-Severus- Aurora volvió a la carga, pero él se volvió a separar- Dioses, es demasiado complicado. Y no debe ser ni la punta del iceberg por lo que hayas pasado todos estos años- le abrazó con suavidad- mi valiente marido. Mi hombre valiente.

-Quién me iba a decir que mi mayor apoyo, mi amante esposa, iba a ser la primera en darme problemas- dijo él con sorna- Pero te pido, por favor, que reduzcas al máximo los comentarios y anécdotas muggles, al menos delante de los Slytherin, los más potencialmente partidarios en esta situación.

-Volvemos a los tiempos de la Inquisición y la caza de brujas- comentó la mujer- aunque ya se sabe, ten a los amigos cerca, y a los enemigos aún más cerca.

-¿Y tú eres mi enemiga? No serías capaz de hacerle daño a nadie- dijo él con ironía.

-Alguien me enseñó un par de trucos de combate- le guiñó ella el ojo. Cuando hizo aquél gesto, recordó lo que había pasado hacía un rato en el despacho. Se puso tensa y él se separó, al notar el cambio de actitud en ella.

-¿Qué te pasa?- preguntó él.

-Es por algo que ha dicho antes esa…mujer, ¿por qué me odia tanto?

-Eras miembro de la Orden, luchaste contra ella, llegaste a herirla. Porque me gustas, y es más que evidente que te prefiero antes que a ella.

-No sé, creo que hay algo más… Se lo noté en la primera reunión de profesores- miró de manera interrogante a Snape. Éste acabó suspirando.

-Es por tu tono de piel- se sinceró él- Al Señor Oscuro le da igual, pero… para los más radicales- arrugó la nariz de disgusto- da igual la pureza de tu sangre.

-Pero a su hermano eso no perecía disgustarle- respondió ella con rabia.

-Ah- Severus asintió. Le sonrió con superioridad- creo que ya sé lo que te molesta de verdad- se echó a reir. Ella le golpeó en el pecho.

-No te rías, ¡soy una cornuda! De cervatillo asustadizo de las mujeres a usarlas como si fuesen pañuelos de papel, ¡es asqueroso!- Severus seguía riéndose- ¡Me prometiste que no te volverías a reír de mí!

-Es verdad, perdóname, Aurora, cálmate ¿De verdad me crees capaz de hacer algo así?

-Eres mi marido y sigo sin saber ni la mitad de ti. Pero no- se paró a pensarlo un momento- Tienes razón, ¿entonces…qué?

-Siempre esas ansias de conocimientos, tan Ravenclaw…

-Severus, no me cambies de tema.

-Sí, le acompañaba a esos sitios. Sí, estaba a solas con una mujer. Sí, las pagaba. Y nunca les puse la mano encima. A ninguna. Ni antes de empezar a trabajar aquí, ni durante nuestro "noviazgo", ni desde que he vuelto al club de los mortífagos.

-¿Y qué hacías con ellas? No es que no te crea…

-Pues hablar, o dormirlas con alguna poción, modificarlas la memoria para que mi reputación estuviese bien alta- arqueó la boca, con su sonrisa ladeada favorita- Solo he estado con una mujer en toda mi vida sexual activa, y eres tú. Aunque en la pasiva haya estado con dos…- Aurora entrecerró los ojos, disgustada, pero estalló a carcajadas cuando él levantó ambas manos y las movió de manera muy explícita.

-Vale, vale… pero aún tengo el segundo puesto en tu corazón.

-El segundo no, mujer. El corazón tiene dos lados…tú ocupas el izquierdo- dijo él mordaz, ella le volvió a golpearlo, entre enfadada y juguetona. Ambos miraron de reojo la cama.

-Tiene pinta de ser la cama más cómoda del mundo- susurró ella lujuriosamente.

-Lo es- afirmó él, con pleno convencimiento- Ni te imaginas las ventajas de ser director. Si lo llego a saber primero, me hubiese cargado a Dumbledore antes- afirmó, asintiendo con la cabeza. Aurora se quedó lívida- Me encanta poder seguir asustándote- se rió él, besó a su esposa de manera fogosa- ¿Quieres averiguar cuan blanda es la cama?- susurró él de manera sugerente, ella asintió- ¿eres alérgica a las plumas de cisne?- la mujer negó- Entonces, quítate la ropa…

-Sí, bwana- respondió ella sumisa e irónica. Al director le brillaron los ojos.

-¿Bwana, eh? Me gusta. Tal vez te obligue a que me llames así siempre- susurró, y ayudó a su mujer a desvestirse, antes de quitarse él la suya.

OooO

El principio del curso no se desarrolló tan diferente a años anteriores. Hasta que un estúpido y valiente Gryffindor puso a prueba la paciencia de los hermanos. Por lo que había escuchado a otros profesores, Neville Longbottom había hablado más de la cuenta en una de las clases de Estudios Muggles, desatando la ira de Alecto, y la cólera física de Amycus, mostrando al fin cuales iban a ser los métodos de castigo. Snape consiguió que no aplicasen al muchacho la maldición Cruciatus, pero a cambio, el chico paseó con orgullo un ojo morado y el labio partido por todo el castillo.

Otras marcas que surgieron, de manera "misteriosa", fueron pintadas a favor del "Ejército de Dumbledore".

Aurora notó que los otros profesores, aunque seguían hablando con ella con normalidad, no tenían el mismo trato, excepto Séptima. Su mejor amiga la animaba y la apoyaba, lo cual era de agradecer.

Estaba una tarde Aurora en el despacho de McGonagall. La profesora de Transformaciones la instruía un par de veces a la semana sobre las tareas de sub-directora. Aurora nunca supo cuánto trabajo había detrás de tal cargo hasta que la asignaron.

-¿Y qué es lo que hace el director?- se le escapó a Aurora en tono jocoso- Da la sensación que la que llevaba el colegio en realidad eras tú en la sombra, con la pila de papeleo que hay que rellenar, solicitudes, cartas, presupuestos…

-Bueno, ya sabes la actitud despreocupada que tenía Dumbledore en ciertos aspectos- respondió la mujer mayor, amagando una sonrisa por unos breves segundos. Lapso de tiempo suficiente para que ambas mujeres conectasen de una manera íntima e inexplicable.

-Minerva- comenzó a decir la profesora de Astronomía, pero la animaga levantó una mano para hacerla callar.

-No hace falta que te justifiques, Aurora- esta iba a responder, pero la mujer mayor la lanzó su mirada de "no me interrumpas mientras hablo"- Desde hace años Snape y tú mantenéis una amistad tan arraigada que, pese a sus actos, no se ha roto. ¿Por qué?

Evidentemente, Aurora no iba a desvelar las verdaderas intenciones de su esposo y los planes había pactado con Dumbledore, pero si era capaz de plantar la semilla de la duda en alguien como Minerva McGonagall…

-Yo creía en Dumbledore, él confiaba en Snape, me pidió que hiciera lo mismo. Sólo decidí seguir su consejo- sonrió con añoranza- Severus cambió por arrepentimiento y- McGonagall soltó un soplido por la nariz.

-Eso es lo que nos contó Potter después de… Venga, Aurora, Snape odiaba a James.

-Si sufres abusos de dos, tres o cuatro contra uno, lógico que no les tengas aprecio. Pero- Aurora puso todo el poder de su voz en las siguientes palabras- No sólo James murió aquella noche, Minerva.

Ahí estaba, cómo cruzaba la sombra de la duda por los ojos de McGonagall. Había plantado la semilla, poco a poco habría que ir regándola, hasta que la flor brotase. Una flor de lirio. La animaga agitó la cabeza y recobró la compostura.

-Albus creía en lo mejor de cada persona, pero también era humano y se equivocaba…- respondió. Aurora levantó una ceja, diciendo sin palabras "¿de verdad crees que se equivocaba "sin querer"?" Minerva comprendió y suspiró a modo de aceptación- Como bien has dicho, Dumbledore creía en él y mira cómo acabó- McGonagall estiró la mano, para posarla encima de las de Aurora. Gesto que sorprendió a ambas mujeres, en realidad- sólo espero que no acabes tú igual.

Aurora se levantó e inclinó la cabeza a modo de saludo antes de irse.

Si no fue porque la vio mover los labios, no se creería que la animaga había hablado en voz alta.

-Snape es un cabrón con suerte- dijo McGonagall. Aurora se quedó sorprendidísima con esas palabras, con la boca abierta. Tardó en recomponerse y se echó a reír.

-Severus puede ser muchas cosas, pero no… un hombre con suerte- afirmó Aurora- siempre se ha labrado su propio destino.

-De verdad, deseo que tu amistad con él no te convierta en polvo de estrellas antes de tiempo, Aurora.

-¿Conoces a Arthur Conan Doyle?- preguntó súbitamente Aurora.

-Por supuesto, es de mi tierra- afirmó McGonagall- ¿qué tiene que ver?

-Severus me prestó un libro suyo, El Sabueso de Basquerville. En el libro hay una frase que me dejó pensativa.

-¿A sí?- preguntó curiosa la animaga- ¿Cuál?

-"Malo es, realmente, el hombre que no tiene una mujer que llore por él".

La profesora de Transformaciones se quedó también pensativa. Un poco de agua a la semilla de la duda.

-Es curioso cómo se cierra el círculo -dijo Minerva. Otra vez, Aurora se quedó pillada.

-¿A qué te refieres?

-¿Quién crees que presentó a Snape y al señor Sherlock Holmes?- sonrió con superioridad la mujer mayor.