Reacción

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Miré a Edward con un nudo en la garganta. ¿Desde cuándo estaba embarazada? ¿Por qué no me había dado cuenta antes de que estuviera embarazada? ¿Siempre iba a ser así? Hasta que no me pasa algo me doy cuenta de que tengo un bebé en mi interior pero ahora… ese bebé ya no estaba más.

Apenas y podía tener un mes y tanto de embarazo, no podía tener más porque si hacía las cuentas exactas desde que Edward y yo tuvimos sexo la noche de brujas hasta ahora… se cumplía un mes y diez días. ¿En la primera vez había quedado embarazada? Probablemente. En ese tiempo yo no estaba usando ningún tipo de protección hasta tres días después que comencé con la píldora, lo recordaba muy bien.

Aparté mi mano de las suyas en un movimiento brusco. Apenas y podía mirarlo por las lágrimas en mis ojos, mi labio inferior comenzó a temblar al igual que todo mi cuerpo y apenas podía respirar.

¿Por qué me estaba sucediendo todo esto a mí? Tenía tres hijos por quien luchar. Tenía a alguien que me quería a mi lado también. Tenía un trabajo. Tenía planes para éstas temporadas. Y ahora todo esto me estaba causando un revoltijo de emociones solo por escuchar aquellas palabras provenientes de Edward.

Llevé mis manos a mi vientre. Estaba completamente plano. Ni siquiera había señales en mi cuerpo de que había estado embarazada antes. Perdí al menos dos kilos en las últimas tres semanas por el estrés que estaba obteniendo, Mark y Edward me lo habían señalado. Aidan también lo comentó la vez que fui a visitar a Molly y él estaba allí.

Yo estaba haciendo todo mal. Definitivamente todo lo que estaba haciendo no lo estaba haciendo bien. Nada funcionaba. Y todo era una maldita mierda. Todo.

-Bella… - alcé la mirada a Edward y parpadee varias veces para poder enfocarlo mejor. Sentí el sabor de las lágrimas saladas en mis labios.

-¿Puedes dejarme un momento sola? – murmuré con mi voz apenas audible.

-Si quieres hablarlo…

-¡No! No quiero hablar con nadie, quiero que me dejes sola. Tampoco quiero que alguien venga, no quiero nada. Dedícate a tus asuntos y déjame sola – casi le grité con histeria. Miré como se debatía si debía hacerme caso o no; después de pensarlo muy bien se puso de pie y desapareció por la puerta sin decir nada más.

Estaba siendo mala en ese aspecto con él. No sabía lo que él estaba sintiendo en esos momentos pero sí sabía lo que yo sentía. Era su hijo también, ¿o hija?

Varias imágenes de bebés se colaron en mi mente haciéndome tener un estremecimiento. Un hermoso bebé de ojos verdes y cabellos dorados como mi pequeño Anthony. Otro bebé con los cabellos y los ojos de color chocolate como mi pequeña Elizabeth. También estaban más imágenes de niños iguales a Anthony pero con los ojos de color chocolate y otra niña igual que Elizabeth y con los ojos del color de su padre. ¿Cómo sería el bebé si hubiera cumplido con su ciclo normal? ¿Travieso? ¿Entusiasta? ¿Tímido? ¿Muy quieto? ¿Qué hábitos tendría?

Yo lo amaría sin importarme para nada como fuera. Porque era mi hijo. Mi bebé… que ya no estaba conmigo en estos momentos.

Si tan solo me hubiera dado cuenta de todos los síntomas que tenía y que eso no era normal. Si tan solo me hubiera organizado un poco más con los horarios, poner atención a los niños y darles órdenes. Si tan solo hubiera aceptado la ayuda que Edward me ofreció acerca de una niñera o alguien que me ayudara con la casa. Sin tan solo me hubiera cuidado un poco más en ese aspecto. Sin tan solo me hubiera dado cuenta de que el sangrado no era normal…

Sin tan solo me hubiera dado cuenta de todo eso estaría gozando ahora de saber que tendría otro bebé conmigo.

Pero todo era mi culpa por estar bastante distraída con tantas cosas en mi cabeza. Ya tenía tres niños en casa que me necesitaban el tiempo completo. Uno de ellos estaba entrando en la adolescencia y tenía sus propios problemas emocionales al igual que sus intereses; ese niño me había visto mientras su pequeñito hermano desaparecía y dejaba de existir…

Otro de los niños era irracionalmente travieso. Nada podía detenerlo, cuando él tenía una idea la ponía aprueba sin importarle las consecuencias de eso porque aún era muy pequeñito al igual que su hermana. Mi pequeña niña que era todo un encanto e igual a mí; ella era tan hermosa y tan calmada.

¿Cómo tomarían la noticia de que iban a tener un hermanito? Imaginaba la reacción de Elizabeth, ella amaba a los bebés, ella estaría entusiasmada con eso. Anthony se podría completamente celoso al saber que otro bebé ocuparía a su mamá un poco más de lo debido por ser más pequeño. Y Mark… no sabía cómo lo tomaría él, estaba pasando ahora mismo por algo que le hacía sentir cosas extrañas y decía que no le ponía atención por mirar más a los mellizos que a él. ¿Entonces estaba bien que no se realizara el otro bebé?

No podía ni siquiera pensar que eso estaba bien. Probablemente yo no estaba lista para tener otro bebé y por eso no se había logrado. Probablemente era una señal de que ese bebé no iba a ser extrañamente adecuado en esos momentos. Pero no era su culpa. Estaba tan chiquito dentro de mí.

Cinco milímetros. Edward había dicho cinco milímetros. ¿Qué se le podía parecer a eso? Nada. Esos cinco milímetros se convertirían en grandes centímetros conforme avanzaba el tiempo y su corazón comenzaría a latir y todo su cuerpo comenzaría a formarse y yo engordaría lo suficiente para poder darle todo lo que ese bebé necesitara.

¿Y si era más de uno como la primera vez? Esa idea me aterraba bastante. No podía soportar el hecho de haber perdido uno… ¿Qué pasaba si era más de uno? ¿Y si eran mellizos? ¿Trillizos? Simplemente más de uno… No podría ni siquiera conmigo misma.

Debería preocuparme también por cómo se sentía Edward ahora mismo aunque no lo supiera; después de todo ese también era su bebé. No quería que me dejara ahora por no poder darle otro bebé. ¿Y si él quería uno? ¿O no le importaba? No, Edward no podía pensar así, ¿o sí?

Apreté fuertemente las sabanas que estaba sobre mi estómago y volví a sentir las grandes lagrimas caer por mi rostro hasta la horrible bata de hospital que llevaba puesta. No tenía un maldito dolor físico, el dolor que estaba sintiendo era completamente emocional y me estaba matando lentamente.

Un aborto.

¿Por qué era tan estúpida y no me di cuenta antes? ¿Por qué siempre tenían que salir las cosas mal?

La imagen de Anthony recién nacido y en la incubadora invadió mi mente. ¿Qué pasaba si el otro bebé también tendría dificultades? Me partía el alma recordar esa imagen y probablemente me enfrentaría de nuevo a eso para que mi bebé siguiera con vida. Pero ni siquiera a eso me acerqué.

Alcé la mirada al percatarme de que alguien había entrado a la habitación. Me apresuré a limpiar las lágrimas que caían por mis mejillas pero fue imposible debido a que yo no podía parar. Finalmente sorbí mi nariz y divisé a un hombre de avanzada edad con una bata blanca. Supuse que era un doctor. No quería ver a nadie ahora mismo.

-Buenas tardes, señora Cullen – me saludó con voz calmada y cautelosa.

Lo miré sin ni siquiera responderle. No tenía palabras para decir ahora mismo. Solo quería ir a mi casa y hundirme en mi cama, sin que nadie me molestara y pensar en cómo hubiera seguido mi vida con otro bebé junto a mí. Un bonito bebé.

-Su esposo me informó que había despertado, ¿Cómo se encuentra?

¿Por qué me preguntaba eso? ¿acaso no creía o no se imaginaba una manera de cómo podía sentirme ahora mismo después de enterarme que perdí a una persona que estaba a punto de formarse y después ser parte de mi vida para amarlo por siempre?

-Bien – me limité a responder - ¿Cuándo puedo volver a mi casa?

Me las arreglé muy bien para poder dejar de llorar, ahora solo sentía mis ojos hinchados y mis manos estaban muy apretadas sobre las sabanas, intentando contener todo el coraje que me tenía ahora mismo por no ser capaz de lograr el embarazo.

-Esta noche puede volver, si así lo desea – asentí débilmente – Su salida puede ser rápida. El embrión era lo suficientemente pequeño y no se necesitó una cirugía para retirar lo que quedaba en su útero. Fue un lavado, simplemente. La hemorragia era bastante grande pero pudimos pararla a tiempo. Su desmayo se debió a la pérdida de sangre.

Escuché con atención todo lo que me decía sin ni siquiera mirarlo a los ojos. Yo solo tenía la mirada en mis manos que jugaban entre si sobre mi regazo. Tomé una gran respiración.

-¿Por qué sucedió el aborto? – murmuré lo suficiente alto para que él pudiera escucharme.

-Más que nada fue por el estrés que llevaba. Cuidar a más niños, hacerse cargo de una casa y de un trabajo, eso es bastante además de todas las emociones que tuvo y sus alteraciones de humor. Era bastante para usted.

-¿Puede decirme cuanto tiempo tenía? Estuve tomando la píldora.

-Algunas veces no funciona. No es un método anticonceptivo cien por ciento seguros. El embrión tenía alrededor de tres semanas o tal vez cuatro. Apenas comenzaba a formarse, no se le podía denominar como un feto aun. Y supongo que usted tiene todos esos conocimientos.

-Sé cuando es llamado feto y cuando no – asentí – pero eso no quita el hecho de que era mi bebé.

-Señora, sé que es difícil para usted todo esto y más aún si no sabía que estaba embarazada. Son casos que ocurren día con día.

Alcé la mirada de nuevo hacia a él con los ojos llorosos. Sabía que esto sucedía día con día, estaba consciente de eso pero esas palabras no evitaban el dolor que estaba sintiendo.

-¿Cuáles son las actividades que puedo realizar? ¿Puedo cargar niños? ¿Hacer la limpieza domestica? ¿Trabajar?

-Por ahora es recomendable que guarde un poco de reposo – aseguró y comenzó a escribir en una tabla con papeles. Suponía que ese era mi archivo – Iré a autorizar el alta, ¿le parece bien?

-Sí, cuanto antes, por favor.

-¿Quiere que le diga a su esposo que entre?

¿Quería que Edward estuviera aquí?

-Sí, por favor – contesté de nuevo y me incorporé en mi lugar.

Mis músculos se quejaron por la falta de movimiento. Edward había mencionado que pasé un día entero dormida así que tal vez por eso me sentía tan entumecida. Saqué una almohada que estaba en mi espalda y la coloqué sobre mi regazo, abrazándola hacia a mí con cierto temor.

Casi de inmediato Edward entró a la habitación una vez que el doctor salió de allí. Su mirada estaba sobre mí, preocupada y con tristeza. No parecía el Edward de todos los días. Él era el Edward vulnerable ahora mismo. Me sentí mal de solo pensar el hecho que no se veía afectado con lo que ocurrido.

Lo miré durante unos largos segundos y el sentimiento me invadió de nuevo. Él estaba sufriendo una perdida igual que yo, igual de doloroso, porque también iba a ser su bebé. Las lágrimas corrieron de nuevo por mis mejillas sin detenerse en ningún momento y mi labio inferior estaba de nuevo temblando. Edward, al verme de esa manera, se acercó rápidamente hasta a mí, moviendo sus manos alrededor, sin saber que hacer o como tocarme.

Lancé la almohada lejos de mí y lo abracé en cuanto se inclinó. No sabía que necesitaba tanto de él hasta que lo tuve entre mis brazos. Lo había tratado mal cuando desperté y él no me dijo nada, él solo lo aceptó. Él sabía por lo que estaba pasando porque también le dolía. Sentí como se movían en la cama que estaba acostada y me colocó sobre su regazo, tomando cuidado con no enredarse con los cables que seguían conectados en mis manos y pecho.

No le dije nada, no paneaba decirle nada y no quería decirle nada, simplemente quería abrazarlo con todas mis fuerzas. Él lo acepto con las mismas ganas. Tenía sus brazos alrededor de mi cintura, acercándome hacia a él con cuidado, tal vez pensando que podría hacerme daño ahora. Sin embargo, yo le estaba rodeando el torso con mis brazos con toda la fuerza que tenía ahora mismo. Él y yo habíamos pasado por grandes cosas con anterioridad pero ninguna de ellas se asemejaba a lo que teníamos ahora. Una pérdida. La pérdida más horrible que pude imaginar hasta ahora.

No sabía cuánto tiempo pasé abrazada a él, pero su ropa terminó mojada gracias a la humedad de mis lágrimas porque mi rostro estaba contra su pecho. Me estremecía contra él cada vez que un sollozo se escapaba de mis labios.

-Lo lamento – murmuré contra su pecho y de nuevo las lágrimas rodaron por mis mejillas – Lamento no haber podido seguir con eso. No me di cuenta antes, debí saberlo, debí poner más atención en lo que me estaba pasando… - solté rápidamente las palabras y sorbí mi nariz – Lo lamento y lo quiero de vuelta conmigo, con nosotros y entonces me dedicaría a darle una muy buena salud, seríamos una enorme familia y…

-Bella, no sigas – Edward tomó mi rostro entre sus manos para fijar la vista en mí. Sus ojos también estaban rojos y un poco húmedos pero se estaba resistiendo porque yo ahora mismo no podía hacerlo. Alguien de los dos tenía que ser – No fue tu culpa, no tienes que lamentar nada. Son cosas que pasan y lamentablemente nosotros fuimos los afectados esta vez – apartó suavemente el cabello de mi rostro y me miró directamente – Duele, cariño, sé que duele esto, y no tengo ni la más mínima idea de cómo te sientes ahora porque no puedo ponerme en tu lugar e imaginármelo, aun si lo hiciera no lo entendería… Pero no fue tu culpa y no te estoy culpando de nada.

-Todo saldría bien si me hubiera dado cuenta antes… yo debí poner atención – él se apresuró a negar con la cabeza y colocó uno de sus dedos en mi boca para silenciarme.

-No fue tu culpa, no eres responsable de que eso haya sucedido. Era bastante estrés el que tenías encima y ni siquiera ninguno de los dos pudimos imaginárnoslo. No te culpo de nada. Si esto sucedió así entonces es por algo, ¿no lo crees? Por algo pasan las cosas, Bella.

Yo no podía imaginar que él no me culpara por eso. Yo era responsable del bebé mientras estuviera dentro de mí y no pude lograrlo. Pero él estaba aquí, dándome su apoyo y no gritándome que todo esto había sido por mi culpa.

-No va a ser fácil de llevarlo – continuó – Pero estaré a tu lado todo el tiempo que me necesites. No puedo pedirte esta vez que no llores, tampoco puedo pedirte que no te sientas mal porque es inevitable. No eres culpable. Vamos a salir adelante porque tenemos tres hijos más que nos necesitan – lo miré directamente a los ojos y mi corazón se oprimió con fuerza – Tenemos que hacerlo. No me separaré de ustedes, porque los amo, y te amo, y son lo más importante para mí.

Ni siquiera sabía cómo reaccionar ahora. Él enserio estaba aquí para mí y me estaba demostrando que era cierto lo que estaba diciendo. Me quería y mucho, me amaba y yo también lo hacía porque me estaba apoyando. Intentaríamos superar esto porque aun teníamos a tres hijos más que necesitaban de nosotros y yo no podía ser débil frente a ellos.

-Gracias – murmuré y recargué mi frente en su hombro, con mis ojos cerrados fuertemente. Era lo único que podía decirle ahora.

Ahora me encontraba acostada en la cama, después de tomar un relajante baño durante más de una hora en la bañera. Edward había intentado ayudarme pero ni siquiera quería que me viera desnuda. No tenía ganas de nada, tan solo quería estar en la cama y ya. Él había insistido muchas veces al ver lo lento que me movía, pero después de convencerlo de que estaba perfectamente lo aceptó.

Eran las dos de la mañana y yo no podía dormir, si lo hacía entonces me veía invadida por varias imágenes de bebés y eso me deprimía aún más de lo que ya estaba. Edward se acostó hacia una hora. Había estado trabajando hasta tarde porque el día de mañana se levantaría temprano para llevar a los niños a todas las actividades. Ahora se encontraba a mi lado, con su cuerpo ligeramente inclinado hacia a mí.

En el recorrido a casa se había portado realmente atento a todo lo que yo necesitaba pero lo único que quería era estar sola. Él decía que no tenía que cerrarme de esa manera, que debía pensar en los niños y que no le gustaba verme de esa manera. Sabía cuál era su punto. Él no quería que cayera en una depresión tan grande.

Él no tenía la culpa de nada. No era culpable de las cosas que sucedieron, y decía que yo tampoco era la culpable de eso, pero no podía verlo de otra manera más que esa. Él estaba conmigo ahora, aquí, dándome su apoyo, recargando sus energías para un día ajetreado de mañana. Y me dijo que me amaba; yo también lo hacía, ahora más que nada lo hacía porque miraba su apoyo y sus ganas de querer ayudarme.

Oh Edward, a veces complicas mucho las cosas, pero sé que es con el fin de hacer el bien a nuestra familia.

Me incliné levemente hacía a él y acaricié sus cabellos, aspirando su aroma. Olía a limpio, a fresco. Olía realmente bien. El olor del shampoo mezclado con su propio aroma era algo que me hacía sentir bien y de una manera agradable.

Mi estómago comenzó a rugir, causando un cierto malestar. ¿Cuánto tiempo había estado sin probar un bocado? Mi aspecto no era nada agradable, poco a poco me estaba convirtiendo en huesos y eso no era saludable, ni tampoco era una imagen que sería agradable que mis hijos vieran. Tampoco podía imaginar a Edward viéndome así. Estaba horrible. Necesitaba atenderme un poco.

Nadie aseguraba cuanto era el dolor que sentía en estos momentos. Nadie sabía lo que estaba sintiendo ahora. Había perdido un bebé. Un bebé que estaba a punto de formarse y que ya era parte de nuestra familia aunque nosotros ni siquiera estuviéramos enterados.

Si tan solo hubiera sabido que ya era parte de la familia…

Me apresuré a apartar esos pensamientos de la cabeza. No podía seguir torturándome de esa manera. Debía aceptar el dolor, debía aceptar mi pérdida. Era inevitable no hacerlo. Pero una familia esperaba por mí. Edward esperaba por mí porque él estaba completamente perdido y no podría hacer todo lo que yo hago, él necesitaría mi ayuda. Y por supuesto que estaban mis bebés, mis tres hermosos hijos esperando por mí. No sabía que era lo que se les había dicho a Elizabeth y Anthony pero seguro que estaba desconcertados por no ver a mamá durante mucho tiempo. Y después estaba Mark… ¿Cómo estaría después de verme de esa manera? ¿Por qué permití que él me viera de esa manera? También podía imaginar que estaba asustado y desconcertado por todo esto.

Asegurándome de que Edward no se despertara, me levanté de la cama en silencio, sin emitir ningún sonido. Tomé la almohada más grande disponible y la coloqué a su lado, reemplazando mi lugar; él, de inmediato la tomó entre sus brazos y la apretó contra su cuerpo de manera inconsciente.

Salí de la habitación silenciosamente, no quería que nadie se despertara. Caminé a la habitación de Mark, pasando de largo por la de los más pequeños. Al entrar allí me encontré con mi hijo de once años durmiendo, completamente ajeno a cualquier cosa que pudiera pasar a su alrededor. Me acerqué a su cama y me senté a su lado. Pasé mis dedos por su cabello y él se removió en su lugar hasta que parpadeó un par de veces y me miró con sorpresa.

-¡Mamá! – Exclamó y rápidamente se incorporó en su lugar para rodearme con sus brazos – Mamá – repitió contra mi pecho.

La última vez que había visto a mi hijo no era algo que quisiera recordar de nuevo. Tenía bastantes cosas en la cabeza para comenzar a pensar en eso. Lo rodee con mis brazos también, acercándolo a mí con todas las fuerzas que tenía ahora. Le estaba haciendo pasar por tantas cosas que un niño no se merecía y lo amaba tanto. Lo único que quería era protegerlo de cualquier cosa que le dañara tanto física como mentalmente.

Acaricié su espalda en silencio cuando sentí sus lágrimas contra mi pecho. No podía tirarme a llorar ahora. No quería volver a hacerlo, mucho menos frente a él.

Lucha por tus hijos. Me recordé.

-Ya está, cariño, no llores – le murmuré suavemente sin despegarme de él – estoy bien, mami está bien. No llores, todos estamos muy bien – tomé su cabeza entre mis manos y alcé su rostro para poder mirarlo – Mírame, estoy aquí contigo.

-Creí que te estaba pasando algo muy feo – las orillas de sus ojos se arrugaron cuando volvió a llorar y eso le hacía un poco difícil hablar – Y cuando cerraste los ojos creí que… que ya no estarías conmigo.

Sentí un nudo en la garganta al escucharle decir eso. Él estaba asustado, estaba asustado como yo. Él creía que no volvería a verme. No sabía cómo sentirme ahora al causar tanto daño. Le causé la muerte a alguien que comenzaba a vivir dentro de mí, le causé daño y preocupación a Edward, y ahora le estaba causando daño a mi hijo.

-No pienses eso. Mírame – volví a alzar su rostro – Aquí estoy, solo quería venir a verte, no me voy a ir a ninguna parte si tú no lo quieres, ¿entiendes? Estoy contigo, cariño – me incliné hacia a él y besé su frente.

-Pero creí que no te vería mas. Era mucha sangre, mamá – tomé una gran respiración y lo abracé más a mi cuando recargó su cabeza en mi pecho.

-Pero estoy bien, amor – repetí – Todos estamos bien. Son cosas que pasan – murmuré mientras acariciaba su cabello – No quiero que llores, estás conmigo ahora.

Pasamos un largo rato allí sentados. Sentía como él sollozaba contra mí, apretando sus brazos a mi alrededor, manteniéndome cerca de sí mismo tanto como podía. Yo no podía soltarlo, él me necesitaba tanto como yo a él. Sin embargo yo no podía echarme a llorar ahora. La fuerte aquí debía ser yo, aunque todas mis emociones estaban revolucionadas.

-Papá me dijo lo que pasó… - murmuró después de un largo rato, su respiración ya estaba calmada, tanto, que creí que se había quedado dormido – Y lo lamento mucho. Enserio – su voz era temblorosa. Mi respiración se cortó, sin embargo no lo solté – Creí que no te volvería a ver otra vez… Y sé que pasan muchas cosas de esas todos los días. Te quiero mucho y te voy apoyar en todo – volvió a apretarse contra mí.

-Eres bastante valiente al afrontar esto también. Yo estoy bien, sé que eres un niño grande y quieres hacer muchas cosas pero ten un poquito de paciencia conmigo, ¿sí? – Pasé mis dedos por su cabello de nuevo – Ahora vamos a dormir, ¿sí? Te ayudaré a dormir porque mañana tienes escuela y debes ayudar a papá con muchas cosas.

Esperé a que él volviera a tomar su lugar, acostado en su cama, y me coloqué a su lado, con mi brazo sobre él.

-Te amo, mamá – murmuró contra mí y coloqué mi cabeza sobre la suya, levemente.

-También te amo, pequeño - le murmuré de vuelta - Buenas noches.

Me quedé escuchando su respiración durante un largo rato, esperando a que se quedara dormido de nuevo. No iba a dejar que pasara la noche sin dormir solo por querer conversar conmigo. No podía permitir eso. Una vez que su respiración se hizo bastante acompasada me separé de él, dándole un beso en la frente. Después salí de la habitación.

Mi estómago estaba rugiendo bastante. No creí que pudiera tener tanta hambre pero así era. Pasé mucho tiempo sin probar un poco de comida. Miré la puerta de color blanco abierta, donde se encontraban los mellizos durmiendo. Tal vez les podría hacer una visita más tarde, después de que mi estómago estuviera completamente lleno.

A la mitad de las escaleras escuché un ruido proveniente de la cocina. No podía ser alguien que quisiera robar algo… ¿o sí? Bronson había tomado el turno nocturno. Estaba allá afuera, aunque me parecía completamente injusto, no le había tomado bastante importancia. Me apresuré a bajar las escaleras en silencio. Recordé que el dolor de cabeza que tenía era porque mi estómago estaba vacío pero ahora lo sentía revuelto por los nervios.

Al entrar a la cocina el refrigerador estaba completamente abierto. Eché un vistazo alrededor, esperando encontrarme con alguna persona pero no encontré nada, era algo que me estaba desconcertando. Probablemente era mi mente que estaba revolucionada en esos momentos. Me estaba comportando de una manera ridícula. Tal vez debería subir a la cama de nuevo e intentar descansar, los recuerdos de hacía dos días inundarían mi mente pero debía intentar descansar.

Tomé una gran respiración y rodee la barra de desayunos para poder ir a cerrar el refrigerador y en cuanto quedé al frente me encontré con Anthony.

Él estaba sentado en el suelo de madera, vistiendo su pijama de Batman. La luz que desprendía el interior del refrigerador lo alumbraba y podía observar cómo se estaba bebiendo la leche directo del envase. No recordaba cuando había sido el día en que él aprendió a beber directamente del envase. Sospeché que había sido un día que pasó con su padre. Él siempre bebía del envase y eso me molestaba bastante.

-¿Qué estás haciendo allí, pequeño? – le pregunté con una pequeña sonrisa. ¿Cómo es que había logrado bajar las escaleras a la mitad de la noche y abrir el refrigerador? - ¿Tienes hambre?

Él rápidamente soltó el envase, haciendo que se regara por todo el piso e hice una mueca. Tenía pintada una leve marca de leche en el labio superior. En cuanto me vio sonrió en grande, soltando un alegre "¡Mamá!". Se levantó tan rápido como pudo y corrió hasta poder abrazar mis piernas, intentando no resbalar con los calcetines.

-Hola, cariño, ¿Por qué estas levantado tan noche? – me incliné un poco, dispuesta a tomarlo entre mis brazos pero recordé lo que me habida dicho el doctor: Nada de cargar niños. Si quería hacerlo pronto debía recuperarme - ¿Vamos a dormir? – acaricié levemente su cabello.

-¿Dormir contigo? – me preguntó levemente y frotó su rostro en mi pierna.

-Ve a dormir, cariño, voy a limpiar aquí – lo tomé de los brazos y lo aparté levemente de mí. Tomé un limpión y lo dejé caer en el suelo para poder intentar limpiarlo un poco con mi pie. Después, lo lancé al fregadero.

-¡Vamos a dormir, mamá! – protestó Anthony detrás de mí.

Suspiré levemente. Solo debía tener un poquito de paciencia y no desesperarme, él era solo un pequeño que quería la atención de mamá después de no verla tanto tiempo. No podía privarlo de muchas cosas a él también.

-Ya voy, cariño, ¿dejas que mami coma un sándwich? – lo miré casi de manera suplicante. Él me miró de manera enfadada y se cruzó de brazos. Mientras hacía eso me apresuré a sacar todo lo necesario para preparar mi alimento – Lo haré rápido, después iremos a dormir.

Terminé de hacer el sándwich tan rápido como pude. Escuchar a Anthony hacer un silencioso berrinche en el suelo no era algo que se podía tomar con tranquilidad. Guardé todo en su lugar y coloqué la comida en un plato, me acerqué a mi hijo, sosteniendo mi aperitivo con una mano y con la otra lo tomé de la mano.

-Adliba – miré como extendía los brazos hacia a mí, jalando de mi camiseta.

-Mami no puede llevarte ahora, ven, vamos – le tomé de nuevo la mano y comencé a caminar hacia las escaleras, con Anthony colgándose de mí más de lo normal, como venganza por no tomarlo entre mis brazos – Toni, por favor, vamos a dormir.

Finalmente logramos llegar a su habitación, donde Elizabeth yacía encogida en su pequeña cama con su chupete en la boca y abrazando con fuerza la manta que se suponía que debía estarle cubriendo. Su cabello estaba esparcido por toda su almohada de color rosa y no podía parecer más hermosa. Ella era bastante hermosa, estaba segura.

-Mamá, teta – bajé la vista hacia mi hijo de nuevo, ni siquiera podía soportar su propio peso, estaba apoyado sobre mi pierna y frotaba sus ojos con su pequeño puño de manera adorable – Teta, mamá – volvió a pedir en voz baja.

Me senté en aquel sillón/mecedora, dejando mi plato de comida en la pequeña mesa que estaba a un lado con una lámpara. De inmediato me vi invadida por el pequeño cuerpo de mi hijo sobre mis piernas. Se acomodó de modo que quedó recostado y a la altura de mi pecho. Alzó mi camiseta casi con desesperación y después se dedicó a mamarlo. Rápidamente sus ojos parecían pesarle, y el pie que estaba moviendo para arrullarse ya no se meneaba tan rápido.

Me dediqué a mecerme levemente mientras me comía el sándwich con una mano. Mi estómago lo agradecía bastante. Al fin tenía algo en él. No recordaba donde había dejado la hoja con las comidas que podía comer, y tampoco es como si me dedicara a buscarla en medio de la noche cuando mi estómago exclamaba algo de comida sin importar lo que fuera. Debía cuidarme, pero no iba a comer cualquier cosa baja en grasa cuando en realidad eso no era lo que yo quería.

Tener a Anthony de esa manera me hizo pensar en muchas cosas. ¿Cómo reaccionaría ante la mención de un nuevo hermanito? Probablemente no le gustaría ver a alguien más tomando de su teta. Tampoco le agradaría el hecho de que mamá estuviera la mayoría del tiempo con el nuevo bebé, le cambiara los pañales, le cantase y tuviera que quedarse hasta muy tarde y levantarse a cada hora en la noche para poder hacerse cargo de él. Estaba segura de que cualquier otro bebé que tuviera iba a ser más sencillo si sólo se trataba de uno. Con mellizos, todo el caos se multiplicaba por dos, poniéndome las cosas bastantes difíciles. Tenía que mirar cursos en internet para poder amamantar a gemelos sin mantenerlos en una posición durante mucho tiempo porque su cabeza podía deformarse y esas cosas. Además, si uno lloraba en la noche el otro también y era un caos tremendo. Durante un mes tuve que irme a la habitación de invitados porque Mark no podía dormir como se debía gracias a los llantos.

Un bebé nuevo en esos momentos no iba a ser la mejor idea del mundo en mi situación. Un pre-adolescente con berrinches y diciendo todo el tiempo que ya era grande y debía ser tratado con más libertades. También estaban los mellizos en los espantosos dos años. El aseo de la casa, con el cual ahora estaba dispuesta a aceptar ayuda. Sabía que nadie limpiaría mi casa mejor que yo pero ya sería una grande ayuda. También estaba el hecho de las pequeñas sucursales que debía atender.

Tantas cosas que tenía que pensar…

Ese bebé no estaba en mis planes pero no por eso iba a deshacerme de él. Iba a recibirlo con todo mi amor porque iba a ser mi bebé e iba a ser parte de mi familia. Seria completamente amado por todos, estaba segura. Sin embargo, no podía seguir pensando de esa manera, no mientras estaba consciente de que había terminado con su vida por no darme cuenta de su existencia.

Estas siendo demasiado dura contigo misma. Escuché mis pensamientos.

¿De qué otra manera podía comportarme o cual era la otra manera de reaccionar ante eso? Mi útero estaba bastante joven y en buen estado para poder sufrir algún otro tipo de aborto. Eso lo había dicho el doctor. El único hecho por el que habida sufrido eso era por el estrés y estar todo el tiempo al pendiente de algo, con los nervios de punta.

Tenía que superar la perdida algún día. Eso era seguro pero tan solo habían pasado dos días. Podía permitirme todo este dolor y después me las arreglaría para cargar con la culpa. Tan solo… intentaría seguirlo aunque mi mente no me lo permitiría… Mi bebé.

Uff.

No podía echarme a llorar de nuevo, despertaría a Anthony y era mejor que descansara.

Separé a mi hijo de mi pecho y lo tomé en mis brazos para después ponerme de pie y dejarlo en su cama. Me vi obligada a quedarme hincada a su lado, tarareando cualquier melodía para que retomara su sueño. Cuando finalmente fue así le coloqué el chupete antes de que se metiera el dedo a la boca. Caminé fuera de allí, dejando la puerta abierta ya asegurándome de que sus ventanas estuvieran cerradas por la nieve que estaba cayendo allá afuera.

Entré al cuarto de baño, que estaba con la luz encendida y no tenía intenciones de apagarla. Me cepillé los dientes una vez más después de haberme comido o casi devorado aquel sándwich. Volví a lavar mi cara y a tomar mi cabello en una cola alta. No tenía un buen aspecto. Estaba muy delgada, los pómulos estaban muy marcados al igual que las ojeras. Me recordaba a las adolescentes anoréxicas. Y me daba asco. Bastante asco. Debía ponerme a hacer algo provechoso para mí. Aunque… ¿eso que importaba?

Sin tener nuevos planes para mí, caminé de nuevo a la cama y con cuidado me reincorporé junto a Edward. El reloj marcaban casi las cuatro de la mañana y en dos horas Edward despertaría para poder llevar a los niños a la escuela. Con un suspiro me dejé caer a su lado, con la cabeza en una de las almohadas.

-¿Dónde estabas? – escuché un murmuro débil y ronco por parte de él. Voltee mi rostro hacia él. Su ceño estaba fruncido al igual que sus labios y parpadeaban intentando mantener los ojos abiertos pero el sueño le ganaba.

-Fui por algo de comer – le respondí en voz baja y aparté la almohada que estaba abrazando débilmente. Me coloqué justo debajo de su brazo como un reemplazo y sonrió de manera perezosa hasta abrazarse por completo a mí, colocando levemente su cabeza sobre mi pecho.

-¿Aceptas cualquier tipo de comida en unas horas? – sentí sus manos estrecharme más contra su cuerpo y me dediqué a pasar mis manos por sus cabellos.

-¿Habrá muchas verduras?

-¿Quieres verduras? – agité la cabeza.

-No, no las quiero.

-Entonces cualquier alimento que no contenga verduras – contestó aun con la voz baja. Apenas sonreí al escucharle y seguí paseando mis dedos en su cabello - ¿Haz dormido algo?

-Un poco – mentí, pero no me importó si me creía o no, él no le daría vueltas al asunto. Escuché su gran suspiro pero no dijo nada mas – Estoy bien. Seguramente dormiré un rato ahora mismo.

Por algún extraño milagro logré conciliar el sueño en los brazos de Edward y allí me quedé durante un largo rato aun después de que él se despertó y comenzó a alistarse para ir a trabajar. Ni siquiera sentí cuando se alejó de mí.

Desperté a las diez de la mañana y la casa estaba completamente vacía, fría y en completo silencio. Sentí un nudo en el estómago al estar en completo silencio. Necesitaba algo con que distraerme. No podía estar aquí encerrada todo el tiempo.

Junto a la cama, había una mesa que nunca habida visto aquí, en ella estaban varios platos de comida, todas asegurándose de ser un poco saludables pero que no llevaran tantas verduras como lo había mencionado en la madrugada. Estaba una jarra de jugo de naranja que parecía realmente delicioso. En un delgado florero estaba una solitaria flor de gardenia. Sonreí levemente al ver mi flor favorita allí. Y por supuesto, estaba una pequeña nota.

"Buenos días, nena. Los niños y yo fuimos a hacer nuestras actividades. Dije con anterioridad que no tendría más trabajo pero fue una complicación. Además, Mark tiene una junta de padres programada y asistiré.

Espero que te guste el desayuno.

Volveré tan pronto como pueda.

Te amamos.

Edward"

Sospechaba que este día no tendría nada que hacer en la casa. Y confirmé mis sospechas una vez que bajé a la cocina y a todos esos lugares, intentando encontrar algo que pudiera limpiar pero todo estaba completamente ordenado. Lo único que podía hacer era arreglar la ropa que se encontraba en el cesto porque toda había sido lavada ya.

No quería pensar quien era quien había hecho eso. Ni siquiera imagina a Edward haciendo algo como eso. ¿Cómo sabia él encender la lavadora? ¿Y escoger la ropa por diferentes clases para poder colocarlas allí? ¿Cómo sabia Edward que detergente usar? ¿Cómo sabia Edward cocinar algo bastante rico? Nunca en mi vida le había visto cocinar algo elaborado más que huevos.

Pensé en limpiar los baños y cambiar las sabanas de las camas… también pensé en darle un baño a Woody pero estaba lo suficientemente frío que no se me hacía justo. Pasé un rato junto a mi perro que quería jugar con su extraña pelota ruidosa y después decidí llamar a Molly para ponernos de acuerdo en algunas cosas de la tienda que se harían ahora a distancia.

Ella estaba enterada de lo que me había pasado gracias a Aidan. Aidan se había enterado de lo que me había pasado porque Mark le llamó asustado y se quedó con ellos también cuando Edward llegó y fue directo al hospital. Después, Aidan llamó a Edward, exigiendo que le diera una explicación de lo que estaba pasando y Edward, a regañadientes, le dijo lo que había sucedido conmigo, le agradeció el hecho de cuidar a sus hijos por unos momentos y después él fue a quedarse con ellos. Aidan le dijo a Molly lo que estaba pasando no solo por ser su pareja, sino porque Molly también era parte de la familia.

Mientras Edward pasaba día y noche en el hospital, trabajado y haciendo llamadas, los niños se quedaban con la mamá de Emma, la cual se escandalizó por completo al enterarse lo que estaba pasando y por un momento Edward creyó que esa mujer iría al hospital por el susto. Finalmente logró tranquilizarse y accedió a cuidar de mis tres hijos.

Tenía tanto que agradecer a esas personas… Ellos me ayudaron en bastantes cosas con anterioridad y estaba tan agradecida con ellas que no podía ni imaginarlo.

Ahora solo debía intentar recuperarme tanto interna como físicamente para poder hacer o intentar hacer feliz a todos. En especial a mi familia.


Después de lo que me parece una eternidad aquí traigo el capítulo. No es tan grande y no tiene mucho contenido pero me pareció perfecto después de lo que Bella ha pasado.

Muchas de ustedes ya habían imaginado eso, y me sentí mal porque les hice sentir mal :s pero yo también lo hice al escribirlo... En fin.

La reacción de Bella es completamente normal, y ella es muy calmada en comparación con otras mujeres que lamentablemente han pasado por eso. ¡Nuestro Edward tan atento! Mark bastante asustado y el pequeño Tony se hace grande...

Gracias a: anaprinces25, Valerie Krisbian, carlita16, any0239, joselinamadera, Manligrez, soles, tere2597, Mafe D. Rojas, caritoCM, vero Hernandez, , cintygise, Nessie Joan Pattinson Stewart, Lucero Mendozaa, NinaCordova, iam Nikkiswan, Grabs Frape, ludwikacullen, roswan, Melania, Laura Katherine, Maya Masen Cullen, Lulu, yolabertay, AglaeeCullen810, Berta, kimjim, Karlie07, albi-yo, PattyMirandaGarcia1983, eliza82, Saha Denali, ashleyswan, Fabiola, tamipanxi, Anahi-littrell, flexer, la enana del mal, Karenca Cullen Grey, Beastyle.

A todos los que me agregaron a favoritos, alertas y los que leen mi historia cuando no leen una incompleta también, gracias, a los que publican en sus páginas y a todos los anónimos :)

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¡MI PRECIOSA KRISTEN CUMPLE AÑOS! La amo tanto... Bueno, bueno, ya.

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