Nota del autor:

El 28 de abril de 2013 ha empezado el foro sobre participación política y postconflicto. Ciertamente, ha surgido mucha polémica al respecto de los diálogos, en cuanto a los sectores de la extrema derecha y algunos funcionarios públicos (como lo es el procurador general Alejandro Ordóñez o mejor dicho san alejo-chan) que se han expresado contra el mismo. Toda la ultraderecha se ha alineado contra el proceso, mientras que la centroderecha y la izquierda (tanto la centroizquierda como la ultraizquierda) han decidido respaldar el proceso de paz con ciertas reservas. Del grueso de la opinión pública, también hay una notoria división, especialmente debido al proceso: a pesar del respaldo unánime de grandes sectores de la sociedad, algunas personas han optado por no expresar su apoyo al proceso. Otros sectores, en cambio, han destacado por ser opositores acérrimos al mismo (Uribe y las alineaciones de extrema derecha como lo son Centro democrático y algunos conservadores de vieja escuela) o simplemente optar por una oposición pasiva (cabe destacar que en este caso José Félix Lafouré es el único opositor medianamente sensato que existe en este momento contra el proceso de paz), estableciendo críticas constructivas bajo argumentos válidos (no como Pastrana-chan y Uribe-chan que pretendieron entregarle el país entero a la guerrilla y a los paramilitares, respectivamente).

Lo que se discutirá los días 28, 29 y 30 de Abril es de trascendencia vital para las negociaciones. Lo que se buscará con este foro es establecer un borrador de reglas de juego en el que se garantice una transición política transparente para el postconflicto, especialmente sobre la posibilidad del establecimiento (o restablecimiento) de un partido político que agrupe el pensamiento político de la guerrilla, la posibilidad de una amnistía general (tema que es realmente espinoso dadas las controversias que han surgido), o en su defecto el establecimiento de un sistema de justicia transicional en donde se busque aclarar toda la verdad, y así mismo buscar hacer justicia. Naturalmente, las conclusiones serán enviadas a la mesa de negociaciones en La Habana. Terminada la ronda octava, y si se consigue después de todo lo que ha sucedido algún tipo de conclusión con respecto al primer punto de la agenda, se podrá avanzar al segundo punto, que concierne en todo sentido a la participación política de la guerrilla en el postconflicto.

Solo queda esperar que las cosas sigan marchando con toda la debida fluidez, y así empezar a visibilizar los primeros frutos del proceso. Por lo pronto, los dejo con este capítulo, que tratará también sobre un punto de giro tal vez muy importante y significativo.

Después de toda esta infumable y larga cháchara, los dejo con el capítulo. Disfruten de la lectura.

Capítulo 50: A pasos de tortuga coja.

La Habana, la mañana del 29 de abril

Las tensiones aumentaban con el paso de las horas. Y peor aún, las nuevas consideraciones alrededor de la pugna política alrededor de ese nuevo tema. No era para menos, las discusiones eran virulentas de por sí, pues debían al menos empezarse a definir los lineamientos para la novena ronda, que se empezaba a aproximar con lentitud.

Discusiones iban y venían, argumentos y contraargumentos de ambas partes, Noruega interviene de forma mesurada, pues siente que no puede manejar la situación. Es realmente desbordante, preocupante y tensa. No es para menos: los coletazos de la tormenta política en Venezuela empiezan a verse en el proceso mismo, los cuestionamientos crecen día tras día, y las declaraciones de los negociadores de la guerrilla no demostraban en ningún sentido atemperar los ánimos de por sí bastante caldeados.

La división era notoria, y no era para menos: un amplio sector de la sociedad colombiana mantenía su recelo frente a las negociaciones, otro sector, que crecía de forma paulatina, cuestionaba el proceso en sí, considerándolo una nueva concesión hacia la guerrilla. Las nuevas consideraciones alrededor de la justicia transicional ha generado mucho recelo, y enfrentamientos agrios de por sí.

—como dije antes, la justicia colombiana es inoperante con nosotros, dado sus intereses políticos manipulados no puede considerarse viable que se nos juzgue por las vías jurídicas establecidas por la ley colombiana.

—en este momento existe un marco jurídico que es demasiado favorable a sus intereses, eso si contamos con que estamos haciendo evasiones demasiado obvias a las reglas de juego de la comunidad internacional —interviene el comisionado de paz Jaramillo.

La discusión estaba abierta, y especialmente controvertida. Y sencillamente inmoral, pues el unilateralismo de la guerrilla en buscar una forma de evadir sus responsabilidades era de por si aberrante, tal como lo era el tan mencionado fuero militar.

Juan simplemente estaba allí, silencioso, tomando nota. No prestaba atención a nada, excepto tal vez a algunas consideraciones que los negociadores hacían. Estaba de verdad demasiado preocupado, y no precisamente por el rumbo que tomaba el proceso, sino por la cada vez más confusa y espantosa situación que se entreveía con su hermano.

Miraba entonces preocupado en su Tablet las últimas noticias: los enfrentamientos aumentaban, la violencia era cada vez peor, los ataques eran cada vez más intensos e irresponsables de parte y parte. Fascista y criminal eran los insultos más frecuentes, y el flujo de venezolanos que en medio del desastre intentaban huir, lo hacían de forma apresurada hacia Colombia, intentando echar raíces de nuevo mientras veían impertérritos e impotentes como Venezuela sucumbía ante el embate destructivo de la división y la anarquía.

—Juan… Juan, ¿estás poniendo atención? —inquirió entonces Lukas.

—¿eh?

Sus ojos verdes miraban de forma distraída y algo frustrada. Negociadores tanto de guerrilla y gobierno esperaban su intervención.

—usted no puede seguir tomándose todo esto con tanta ligereza, señor Botero —dijo entonces el jefe negociador de la guerrilla, el señor Márquez.

—disculpe, pero mi presencia aquí dice lo contrario —le increpa la nación colombiana.

Por lo pronto, se puso al tanto con la ponencia. Era respectiva al replanteamiento de un partido político que sirviese a la guerrilla para una transición hacia el sistema democrático, con las plenas garantías para funcionar. Surgía entonces el fantasma sangrante de la unión patriótica, aquella ominosa mancha que parecía ensombrecer su propia vida, el recuerdo eterno de todas esas muertes que aún le pesaban enormemente en la consciencia.

De forma negligente, decide atender. Pero le cuesta enfocarse, le es difícil para el pensar en otra cosa que no sea la situación que vive su propio hermano, amordazado por la conveniencia política de no expresar lo que claramente siente.

—señores, señores… —interviene entonces Lukas— he revisado el actual marco jurídico, y a pesar de que hay ciertas cosas que personalmente considero incorrectas en un sentido ampliamente moral, tengo razón en decir en que es una ley demasiado favorable a los intereses de la cúpula guerrillera.

—no hay favorabilidad en ese adefesio —insiste Márquez— la única favorabilidad para este proceso está en la convocatoria de una asamblea nacional constituyente

—hemos repetido cientos de veces, es inconveniente la convocatoria de una asamblea nacional constituyente.

Sorpresivamente Catatumbo interviene.

—es verdad, las herramientas ya están establecidas en las normas actuales. —dice entonces el negociador más reciente— lo que tenemos que hacer es trabajar sobre lo existente, y hacer cambios de forma lenta y paulatina.

—lo que dice usted, compañero pablo, es una soberana y enorme necedad. —respondió entonces Andrés París.

Prosiguieron discutiendo, refiriendo algunos temas realmente espinosos como lo era la "inoperancia" de la justicia colombiana. La controversia había surgido de forma repentina, la tormenta política era enorme, los ataques parecían redoblarse en contra del proceso, y no era para menos.

Con el paso de los días, la credibilidad del proceso disminuía enormemente.

Declararon receso. Era cerca de mediodía. Y Juan no sabía qué hacer en ese instante, como enfrentarse a la realidad que vivía su hermano, como ayudarlo sin que todo ese enorme andamiaje que había construido durante ese largo tiempo desde que febrero del año anterior empezaron los primeros contactos secretos, se cayera con todo el estrépito del mundo.

Era frustrante.

Unas horas más tarde, en la cafetería…

Manuel estaba distraído, leyendo unos cuantos documentos oficiales sobre el litigio marítimo con Bolivia. Se los habían enviado un par de horas antes, por correo certificado. A pesar de todo, los había hecho a un lado y se había dedicado a investigar otros temas concernientes a otros procesos de paz. Miraba varios archivos de video, comunicaciones, documentos digitalizados de diferentes tratados de paz a lo ancho y largo del globo.

Casos de Uruguay, Brasil, Suráfrica, España… las conclusiones de los acuerdos que habían conseguido la consecución de la pacificación de américa central era lo que leía. Le sorprendía extrañamente imágenes de archivo de un Juan Pablo de correcto traje de etiqueta, con un cabestrillo sosteniendo su brazo derecho, sonriendo de forma amplia mientras la mayoría de naciones de Centroamérica firmaban los acuerdos de Esquipulas, en 1987. Le acompañaban Pedro, Pilar y José en el acto formal.

Aun no terminaba de entender: ¿Cómo ellos habían conseguido la paz en una época de tan cruda violencia como lo era la década de los ochenta, mientras Juan aún se desangraba en medio de una espantosa guerra que no parecía tener principio o final?... no parecía entender aun.

Total, estaba el otro hecho a considerar. La crisis venezolana estaba aumentando cancerígenamente, los niveles de división eran crecientes y preocupantes. Todo aquello parecía a punto de estallar, de nada sirvió aquella inútil reunión de emergencia convocada por Miguel. Y todos guardaban silencio, mirando hacia otro lado.

Pilar había sido la única en enfrentarlos a todos, increpándolos, recriminándoles a todos y cada uno de ellos su inutilidad, su pasividad frente al desastre que estaba viviendo José. Le era inevitable también notar la impotencia de Juan frente a todos esos sucesos que se habían desatado con su hermano, y no era para menos: los dos estaban apegados en extremo, se necesitaban mutuamente. Juan no podía ignorar lo que sucedía en ese momento.

Pero aun así, su veeduría no sería eterna. Sabía que todo eso llegaría a un final, pero no sabía cuándo. Los cruces verbales entre los cuerpos negociadores habían disminuido, pero los ataques hacia el proceso habían aumentado.

Y eso de por sí era frustrante.

En el jardín interior…

Lukas merodeaba por el jardín como si nada, pensando en los últimos acontecimientos alrededor del proceso, y como todos los hechos desatados en Venezuela incidían en el mismo.

Usaba un conjunto fresco de guayabera y pantalón de lino purpura. Naturalmente, usaba su pasador en forma de cruz, el cual sujetaba el flequillo de su cabello. Aun así, a pesar de lo frescas que eran las nuevas prendas, no se terminaba aun de acostumbrar.

Por lo pronto, miraba algunos documentos en su Tablet. Eran relacionados con algunos marcos transicionales de otros procesos, principalmente leyes de procesos transicionales de las naciones centroamericanas. Y también, de forma simultanea miraba algunas noticias que no eran favorables en lo más mínimo, referidas al proceso mismo, y a varios cuestionamientos que surgían en la opinión pública colombiana.

Y también advertía ese ritmo lento, demasiado lento que llevaba el proceso en sí, sin avances concretos de ningún tipo, en medio de discusiones retóricas, cruces verbales y contraofensivas de parte y parte, mientras Márquez no intentaba otra cosa más que encausar las cosas a su favor, mientras Humberto de la Calle con grandes y titánicos esfuerzos redirigía las discusiones hacia los puntos concretos predefinidos en Hůrdal el 18 de octubre del año pasado.

Agregado a esto, la crisis venezolana influía en el proceso, los coletazos de la tormenta política venezolana parecían arremeter con fuerza brutal. No podría seguir ignorando lo que estaba sucediendo con José, no era moral, ni correcto, ni justo.

Pero sabe que en aquel juego de poderes en el que por alguna razón se ha inmiscuido como simple espectador, primarán solamente intereses políticos antes que los verdaderos y legítimos intereses del pueblo.

Resopla entonces frustrado. Mañana sería 1 de mayo, día internacional del trabajo. Por tanto, sería un día de receso obligatorio. Luego, otros dos días más, y ya el 3 del mes que se advenía con presurosa premura, terminaría la ronda octava.

Y aún no se lograba avanzar más allá del primer punto.

Se sienta en una banca. Por alguna extraña razón, piensa en Mathias y en los demás. ¿Qué estarían pensando los chicos de él en ese instante?... quizás Tino estaría pendiente, por un acto de gentil deferencia hacia él, aunque le reprocharía su actuar frente a la situación que se advenía con José. Berwald, sencillamente su nobleza de carácter lo haría posicionarse en un unilateral rechazo hacia los sucesos que se acaecían en ese momento en la nación venezolana… y de los demás, bueno.. no era nadie para adivinar.

Era una andanada de pensamientos que le preocupaban por sobremanera. Las ordenes de la cancillería eran precisas: Silencio.

Y a pesar de que no era correcto, y de conocer a José bien durante ese tiempo, debía de amordazarse, no opinar, no intervenir, simplemente concentrarse en las negociaciones y en el buen desarrollo de estas.

A pesar de que estas no pareciesen avanzar.