SEGUNDA PARTE
DENTRO DE LOS CALABOZOS
Capítulo IV - Durante la sentencia
2
En casa de los Gendius, Taban daba vueltas por la casa pensativo. Lara hacía intentos por calmar a Tamara, la cual estaba más pasiva, pero a punto de entrar de un momento a otro en estado de shock.
—Hablé con Pierre, y me dice que ya no hay nada que él o nadie pueda hacer ya. Crono será ejecutado al tercer día a partir de mañana.
—Dios mío.
La señora Gendius abrazó a Tamara al verla llorar de nuevo. El dolor de perder a un ser querido de forma tan terrible no era capaz de imaginárselo siquiera, pero si la aproximación que tenía era dolorosa, entonces debía de ser un calvario para su amiga quien lo experimentaría dentro de poco.
—¿Taban, podrías llevarnos a su casa? Debe descansar ya, y yo no quiero dejarla sola en este momento tan difícil.
—Sí, querida. Entiendo. Lucca, ¿quieres venir?
Su hija se sobresaltó al escuchar su nombre. Tras recobrar la compostura y sin contestar, ella negó con la cabeza antes de salir de la casa.
—¡Lucca, ven aquí! —la llamó Lara sorprendida por su comportamiento—. ¡No tienes por qué ser tan grosera!
—Déjala —susurró Tamara sofocando su llanto—. Es muy duro también para ella como para mí. Antes de ser su prometido fue su amigo por muchos años. Por favor, no la regañes por querer enfrentar su dolor de forma diferente.
Lara asintió compasiva.
Taban se postró tras la silla de su mujer para arrastrarla fuera de la casa en compañía de la señora Degjel, pero entonces se detuvo cuando los tres observaron a Lucca en la playa de la isleta a un lado dela casa. Estaba llorando de rodillas con las manos sobre el rostro. Taban las dejó e intentó acercársele, pero ella al escuchar a su padre aproximarse, levantó una mano sollozando.
—Por favor, déjenme… Solo un poco.
Sintiendo la impotencia de no ocurrírsele nada para ayudar a mitigarle su dolor, haciendo caso de su esposa y de su amiga, se dio la vuelta para irse con ellas.
Al sentirse sola, Lucca se levantó y entró a la casa corriendo hasta subir a su cuarto, ahí se tiró sobre la cama a llorar con el rostro hundido en su almohada para sofocar sus gritos y lamentos. Recordó haber hecho antes algo así, cuando Crono rompió con ella, pero ni siquiera entonces se había sentido tan desdichada como ahora. En realidad, mucho antes de eso, había sentido un dolor igual de grande y había actuado de la misma forma años atrás cuando era niña y su madre se rompió la piernas perdiendo para siempre la facultad de caminar. Ahora lloraba por su mejor amigo, su antiguo prometido, el hombre que amaba, a quien ejecutarían. Lamentaba en voz alta la suerte que correría, así como al mismo tiempo maldecía el nombre de la princesa Nadia. Ella fue la culpable de todo, por su culpa se lo quitarían… era culpa de Nadia, era culpa de Marle. No. La culpa era de ella.
Le duele admitirlo, pero recuerda cuando ambos fueron a su casa para pedirle un consejo y ella se negó. De haberles ayudado aunque no le gustara la idea, quizá al muchacho no lo hubieran siquiera arrestado. De haber hecho un esfuerzo por pensar en la situación de Marle tan solo un poco, en lugar de enfurruñarse a no ayudarla, se le hubiese ocurrido que algo así habría pasado. Al meditarlo ahora parecía tan evidente el resultado de haberla acompañado al castillo, como lo hubiese sido antes de haberlo intentado por lo menos. Además de su culpabilidad, lo que también la hiere aunque desearía ignorarlo, es el dolor que debía estar atravesando la princesa Nadia en ese momento. Odia admitirlo, pero no necesitó estar presente para ver lo que ocurrió al final del juicio, y que todos comentaban por todas partes, para saber que los sentimientos de la princesa Nadia por Crono eran tan auténticos como los suyos.
Permaneció una hora acostada boca abajo, antes girarse para ver el cielo azul chapado de estrellas por la ventana. Crono no podría ver esas estrellas estando en un mugriento calabozo con cuatro paredes sin ventanas, en alguna torre dentro del Castillo, pasándoselo mal con la idea presente de la muerte. No quiere resignarse a que morirá, ¡Él tiene que salir!
Decidida, de un salto se pone en pie y corre hacia el ático, donde sus baúles guardan sus viejos inventos y artefactos; muchos de ellos son armas de defensa, o instrumentos inútiles en su momento, la mayoría rechazados por el consejo de Guardia que la veían como una chiquilla intentando imitar a su padre.
Sabe que él no tardará en regresar, pero de cualquier manera no pensaba poner en marcha su plan esa noche, tendría que prepararse para pensarlo bien y organizarse incluso mañana. De todas formas ni él ni nadie podrían hacerle cambiar de opinión en la decisión que ha tomado. Por supuesto, para no alarmarlos no les revelaría a sus padres lo que traía entre manos. Estaba decidida.
Un día antes de la ejecución de su amigo, se atrevería a ir por la noche con el único propósito de rescatarlo, arriesgándose a ser capturada por los soldados. Tenía consciencia que penetrar la seguridad de Guardia era peligroso, y que de conseguir su propósito su futuro sería tan incierto como el de Crono al convertirse también en una fugitiva, pero eso no la amedrentaba. Si el destino quería que ambos huyesen para siempre juntos, entonces lo aceptaba de buena gana.
