Capítulo LIII: Nuevos Planes.

Recién el Sol anunció el nuevo día. Ésta vez, Sakura fue la primera en despertar. Sin embargo, la ninfa jamás hizo un esfuerzo por separarse de su amado Sasuke-kun, quien descansaba con su cabeza sobre los senos desnudos de la princesa de las hadas, entretanto que Sakura le abrazaba con todo su amor contra sus senos, enredando sus delicados brazos alrededor de la cabeza de su amado Sasuke-kun. En vez de volver al campamento, Sasuke y Sakura volvieron a Nan Long, con ayuda de Ignis. Sakura se hallaba un poco reticente a dejar a solas a los demás, porque sabía que aún corrían peligro; sin embargo, no se pudo oponer a negarle a Sasuke un tiempo a solas.

A pesar de que llegaron muy pasada la madrugada al monasterio, donde recientemente se habían establecido, apenas llegaron a la habitación que ambos chicos compartían, Sasuke se abalanzó a Sakura, y la besó desesperado. Cuando se dio cuenta la ninfa, Sasuke ya la estaba desnudando, y acariciándole los senos y trasero. La hada, como siempre, no se pudo resistir a las caricias de su amado, además de que la mirada de Sasuke era como de un niño que anhelaba algo de amor de parte de ella, por lo que la ninfa simplemente se entregó a las caricias de su amado Sasuke-kun.

Sakura y Sasuke verdaderamente hicieron el amor. No hubo palabras pervertidas de parte de Sasuke, ni actitudes soberbias del moreno. Aquella sesión de sexo fue realmente de amor. Sasuke la trató con aún mayor delicadeza de lo que de por sí solía hacerlo. Sasuke besaba a su niña con todo su amor, tocaba con suavidad y delicadeza los senos y vagina de la ninfa, bebía tiernamente de la vagina de la hermosa hada, y penetraba a Sakura, con su enorme pene, despacio y suave, queriendo únicamente disfrutar de los hermosos y dulces gemidos, casi infantiles, de su pequeña flor de Cerezo.

Cuando hicieron el amor, Sasuke realmente le demostró a Sakura cuanto la ama.

Ahora, ya pasaban de las siete de la mañana, pero la ninfa no quiso separarse de su dulce príncipe. Su Sasuke-kun estaba durmiendo tan pacífica y profundamente sobre el pequeño cuerpo desnudo de Sakura, apenas una cobija cubriendo la desnudez de ambos. La cabeza del azabache estaba reposando sobre los preciosos senos de Sakura, en un abrazo maternal de ella, mientras la ninfa le acariciaba los cabellos a su amado, y le besaba su cabeza con infinito amor, tal y como una madre mima a su bebé. De hecho, Sakura cantaba la misma dulce canción que usó para tranquilizar a Sasuke, en aquella terrible noche anterior.

Uno de los tantos besos de Sakura, junto con las tiernas caricias al cabello del moreno, terminó por despertar a Sasuke. El azabache frunció un poco el ceño, y abrió poco a poco los párpados. Lo primero que se dio cuenta Sasuke, era que estaba recostado contra los suaves y bonitos senos de Sakura, los cuales eran tan cálidos y cómodos, como una almohada. Sasuke decidió quedarse así un momento, mientras rodeaba la pequeña y delicada cintura de la ninfa, con su musculoso y largo brazo.

— Buenos días, Sasu-chan — murmulló tiernamente Sakura, besando los labios de su amado.

Sasuke sonrió levemente, y se recostó contra el pequeño hombro izquierdo de Sakura, entretanto que ésta abrazó a su Sasuke-kun como si se tratara de su hijo pequeño.

— Buenos días, Cerezo — contestó aún adormilado el moreno.

Sakura soltó una risilla, y besó suavemente los labios de su somnoliento amado.

— ¿Aún tienes sueño, bebé? — preguntó la ninfa, estrechando a su amado.

Sasuke negó.

— Solamente me quiero quedar así un momento.

La hada masajeó suavemente la musculosa espalda de su príncipe, y le repartió miles de tiernos besos por todo el rostro de su amado pelinegro.

— Te amo tanto, Sasuke-kun — murmulló Sakura.

El moreno abrió los ojos y le sonrió a la chica. Sasuke se sentía tan indigno de ser amado por Sakura, pero también se sentía tan afortunado de poder tener a su lado a la hermosa princesa de las hadas. El azabache se estiró un poco, alcanzó los dulces labios de cereza de su niña, y los besó tierna y profundamente. Sakura correspondió el beso del hombre que siempre amó, y que siempre iba a amar por toda la eternidad. Sasuke se aferró con su brazo derecho a Sakura, y la atrajo hacia sí.

Inesperadamente, Sasuke se separó un poco, y suspiró con pesadez, dejando un poco triste a la ninfa. No obstante, antes de que Sakura hablara, el Uchiha se le adelantó.

— Cerezo... Yo... Quisiera pedirte perdón por lo de anoche — enunció Sasuke, decepcionado de sí mismo — Ayer me comporté como un imbécil contigo. Yo no quise hablarte de ése modo, Cerezo. Y yo...

Sasuke fue callado con otro dulce beso de Sakura. Un beso que apenas duró unos segundos, pero que no falló en transmitir todo el amor que Sakura sentía por su amado Sasuke-kun.

— Tan sólo olvídalo, Sasu-chan — le pidió la ninfa, con una sonrisa — Yo ya te perdoné, y no puedes seguirte atormentando por éso. Yo entiendo que estabas en un momento difícil, pero ahora ya no importa.

Sakura tomó la mano derecha de Sasuke, con su pequeña mano izquierda, y le dio un suave beso de pico a su amado.

— Pase lo que pase, yo nunca te dejaré solo, Sasuke-kun — prometió la hada de cerezos — Yo juré ante el Todopoderoso estar a tu lado, el día que nos casamos.

Sakura le mostró el anillo de bodas que Sasuke le dio. Tal vez no era una boda respaldada por un documento oficial, como lo eran las actas de matrimonio, pero para ambos aquella sagrada unión nupcial era tan valiosa y válida como una auspiciada por la iglesia y el gobierno. De hecho, ante el Gran Arquitecto del Universo, su matrimonio era tanto o más válido que uno civil.

— Es cierto. Nunca nos quitamos los anillos al hacer el amor — rememoró Sasuke, con una corta sonrisa.

Sakura asintió, con una risilla.

— Apenas me diste oportunidad de llegar a la cama, Sasu-chan — murmulló la dulce princesa de las hadas, besando otra vez a su amado.

— Lo único que deseaba, en aquel momento, era hacerte el amor — contestó el moreno, profundizando el beso que le dio su niña.

El beso pronto se tomó pasional y erótico, cuando Sasuke adentró su lengua dentro de la cavidad bucal de la princesa hada. Sasuke igualmente se encimó en el pequeño cuerpo de Sakura, y la atrapó entre su sumamente musculoso cuerpo y la cómoda cama. Sakura únicamente enredó sus finos y delicados brazos en el cuello del amor de su vida, y le acarició la espesa y rebelde melena a su amado. La barba de Sasuke le provocaba un poco de cosquillas, pero la sensación era abrumada por la excitación que los labios y lengua del azabache le producían a la princesa ninfa.

Las manos de Sasuke ahora acariciaban la suave y blanca piel de los costados de Sakura. Las grandes manos del moreno acariciaron unos minutos la pequeña cintura de la ninfa, y después bajaron a las increíblemente preciosas piernas de Sakura. La chica, por su lado, descendió sus pequeñas manos a la espalda de Sasuke, y la acarició en círculos. El azabache descendió poco a poco, mientras besaba la suave piel de su pequeña, hasta los bonitos pechos de Sakura. Sin perder un sólo segundo, Sasuke atrapó uno de los senos de la ninfa, con su boca, y succionó aquel pequeño botoncito color rosa pálido, el cual contrastaba maravillosamente con la sumamente blanca piel albina de la princesa hada.

La hermosa ninfa, entretanto, soltó algunos agudos y dulces gemidos, cuando sintió cómo su dulce príncipe succionaba sus pequeños pezones con la boca. La princesa de Iridia se retorció como una cuchara cuando la mano derecha de Sasuke acarició con los dedos su vagina. El dedo corazón de Sasuke ingresó al orificio vaginal de la ninfa, y el moreno le dio giros a su dedo medio, además de meter y sacar un poco su dedo de la húmeda, cálida y apretada vagina de Sakura. Entretanto, la otra mano de Sasuke apretaba el seno derecho de su pequeña.

Tras pasarse unos minutos amamantándose de los senos de su pequeña, Sasuke descendió entre besos lentamente hasta la entrepierna de Sakura, y con ambas manos abrió las suaves, firmes y estilizadas piernas de la chica. Pronto, el moreno enterró su rostro entre las piernas de la ninfa, y devoró la vagina de su Cerezo con ansias. La princesa de las hadas gimió fuertemente, y arqueó su espalda ampliamente, además de que apretó y jaló los cabellos de su querido Sasuke-kun.

Sakura sentía cómo su orgasmo se estaba aproximando, aunque hizo todo lo posible por retardarlo lo más que podía. Sin embargo, cuando Sasuke succionó su clítoris, y cuando el moreno metió dos de sus dedos dentro de su apretado y pequeño ano, la ojiesmeralda no pudo contener más su orgasmo. Gritando el nombre del hombre que tanto ama, Sakura explotó en un húmedo orgasmo, entretanto que Sasuke bebía los deliciosos y cálidos jugos de su pequeña.

Sakura quedó tendida en la cama que compartía con su amado, tratando de acompasar su agitada respiración. Sasuke se subió de nuevo encima de su pequeña flor de Cerezo, y la besó pasionalmente, mientras Sakura correspondía aquel beso que le daba su amado Sasuke-kun. Las manos de Sasuke se volvieron a posicionar en las bonitas y respingonas nalgas de la ninfa, y las de la pelirrosa en el cabello de el azabache. Así se mantuvieron algunos segundos, hasta que Sasuke se separó lentamente de los labios de su niña. No obstante, Sakura robó un último beso de los labios de su Sasu-chan.

Repentinamente, Sasuke tomó hábilmente las caderas de la ninfa, y la posicionó boca abajo, debajo del poderoso cuerpo de él. Sakura se abochornó profundamente al sentir el fuerte cuerpo de su amado sobre el de ella, sobretodo porque el gigantesco pene de Sasuke estaba apoyado sobre su trasero de burbuja, y porque se restregaba aquel monstruo de verga contra su esfínter rectal. Cada restregada del colosal, grueso y venoso pene de Sasuke era un gemido agudo para Sakura. Igualmente, las manos de Sasuke se dirigieron a los bonitos senos de Sakura, a los cuales siempre masajeaba Sasuke mientras la ninfa y él hacían el amor.

— Sasuke-kun — gimió Sakura, sintiendo el cálido pecho de acero de Sasuke en su espalda.

Sasuke la besó, y se pegó aún más a ella, casi como si quisiera fundirse en la piel de su pequeña. El moreno hábilmente posicionó el cabezón glande en la entrada de la vagina de Sakura, y le metió la verga de una sola estocada a la princesa hada.

— ¡Ahhh! ¡Sasuke-kun! — gritó la ninfa, sintiendo cómo el grueso pene de Sasuke abría tan delicioso sus estrechas y cálidas paredes vaginales.

Sin querer perder más tiempo, Sasuke comenzó con las embestidas profundas y marcadas dentro de la húmeda y apretada vagina de su Cerezo. Sakura sentía que se desmayaba cada que recibía las increíbles estocadas que su amado moreno le daba. La vagina de la ninfa se adaptaba perfectamente a la medida de su querido Sasuke-kun, y la hada podía incluso sentir aquellas venas del pene de su amado frotándose contra sus suaves y delicadas paredes vaginales. Entretanto, las manos de Sasuke amasaban y estrujaban suavemente los senos de la chica, justo al ritmo de las embestidas del Uchiha.

Sakura, como pudo, giró y levantó un poco su cabeza. Con su pequeña mano izquierda, Sakura alcanzó el apuesto rostro masculino de su dulce príncipe, y la chica forzó al pelinegro a bajar igualmente su cabeza. Y una vez que lo tuvo a su altura, Sakura se fundió en los labios del amor de su vida, a quien besó con pasión y desesperación. Sasuke igualmente se perdió completamente en los deliciosos labios sabor cereza de Sakura, y prácticamente metía y sacaba su pene por pura reacción mecánica de su cuerpo.

Eventualmente, las embestidas estaban llevando a ambos al orgasmo. Una vez que había atrapado los labios de su querido príncipe, Sakura jamás los dejó ir. Le encantaba a la ninfa que Sasuke le metiera aquella gigantesca verga que poseía dentro de su pequeña vagina, mientras que los labios del moreno devoraban los suyos. Para la monarca de Iridia, no había mejor sensación que sentir cómo Sasuke se la metía y la besaba al mismo tiempo. La princesa de las hadas se sentía tan amada por so querido Sasuke-kun.

— Sasuke-kun... ¡Ahhh...!

Con aquel último gemido, Sakura llegó a su orgasmo. Sasuke gruñó el nombre de su Cerezo, y disparó su semen dentro del útero de la ninfa, gracias a que su enorme glande estaba pegado al cérvix de su pequeña. Sasuke bufaba ocasionalmente como un bisonte, y eyaculaba gruesos, largos y potentes chorros semen dentro de la pequeña vagina de Sakura. Como de costumbre, la vagina y útero de la ninfa no podía contener tan abrumadora cantidad de esperma de su querido Sasuke-kun, por lo que terminó por desbordarse de la cavidad vaginal de la ojiesmeralda. El semen escurrió como un torrente de la vagina de la princesa hada, y embadurnó por completo las sábanas.

Sakura dejó caer su cabeza en la almohada que tenía debajo, e hizo un intento de recuperar su respiración. Sus mejillas estaban tan rojas que parecía un tomate, y sus ojos brillaban de amor puro por su querido Sasuke-kun. El moreno, por otro lado, sacó su gigantesco pene de la princesa de las hadas, y el semen salió en un grueso chorro de la vagina de su niña. Aún así, Sasuke no se separó de Sakura, como tampoco soltó los senos de ella. Sus manos aún amasaban suavemente los pechos de la ninfa, y la hacían gemir suave y dulcemente. Igualmente, Sasuke llevó su rostro al de su amada, y la besó despacio y tierno. Sakura simplemente se dedicó a corresponder los besos que le daba su amado príncipe.

Sasuke se recostó de nuevo, y subió a su Cerezo encima de su musculoso y enorme cuerpo. Sakura quedó a la altura del rostro de su chico, y la pelirrosa lo miró con sus esmeraldas llenas de ternura y cariño. La ninfa acariciaba constantemente la barba de su esposo, como ella ya actualmente lo consideraba, tal y como Sasuke lo hacía con ella, y con la otra mano la chica masajeaba los cabellos azabache de su amor. Por supuesto, Sakura jamás perdería la oportunidad par seguir besando los labios de su amado Sasu-chan. Le encantaba a Sakura el sentir aquellos semi-ásperos y cálidos labios sobre los suaves y tersos suyos. Sasuke, por otro lado, acariciaba con una mano la pequeña, tersa y curvada espalda de Sakura, a la vez que con la otra el moreno apretaba las respingonas nalgas en forma de corazón de Sakura.

Tras algunos segundos, ahora Sakura acariciaba con sus pequeñas manos la barba que Sasuke tenía en su mentón y mandíbula en general. Se veía que Sasuke no se había rasurado en algún tiempo, y la barba comenzaba a espesar bastante. De hecho, en el cuerpo de Sasuke se empezaba a espesar también su vello corporal, algo que no había notado Sakura. Combinado aquello con su cabello relativamente largo, aunque en realidad le llegaba al mentón, Sasuke realmente lucía masculino. El azabache lucía en una mezcla entre un hombre rudo, ligeramente primitivo, y un hombre absurdamente apuesto. Todo ello en composición con las varias cicatrices que el príncipe de los Uchiha tenía por todo su rostro y cuerpo, Sasuke era el hombre más perfecto que haya visto Sakura. Los enormes músculos de Sasuke, lejos de afear al moreno, eran como la cereza en el pastel.

Para Sakura, no había un hombre más masculino, rudo, imponente, alfa, poderoso, y a la vez bello que su amado Sasuke-kun. Sin duda, Sakura se sentía tan afortunada de poder tener como su amante y esposo, aún si no había un contrato arbitrario que lo respaldaba, a su dulce príncipe. Sobretodo porque Sakura aborrecía a los chicos andróginos y "maricones", como Sasuke siempre los llamaba, como Nagato y aquel chico llamado Sai, antiguo amante de su amiga Ino y otro de los miembros de la nobleza Faerie. Sasuke fácilmente ponía en ridículo a cualquier hombre, por más rudo que éste fuera. Si hubiese un adjetivo mejor que perfecto, sin duda Sasuke lo opacaba con su masculina belleza.

Sasuke enarcó una ceja, cuando Sakura restregó su propio rostro contra la barba de Sasuke, y cuando la chica soltaba una dulce risilla infantil.

— ¿De qué te ríes, Cerezo? — preguntó curioso el moreno, aún mirando a Sakura.

La ninfa negó, con una suave sonrisa, y besando los labios de su amado.

— Tu barba me da cosquillas — contestó divertida la ninfa.

— Oh. Es verdad. Con todo lo que ha sucedido, he olvidado de afeitarme — refirió Sasuke, acariciando su algo espesa barba — Supongo que debería hacerlo en cuanto pueda.

No obstante, Sakura negó, sorprendiendo ligeramente a Sasuke.

— No. Por favor. No lo hagas — le pidió la chica al moreno.

— ¿Huh? ¿Por qué no? — preguntó curioso el Uchiha — Imaginé que preferirías que me afeitara.

Sakura negó.

— No. Prefiero que tengas barba — le aclaró la Haruno — Te hace lucir más masculino. Me gusta mucho — susurró, besando aquel vello en el mentón de su amado.

Sasuke aún así se mantenía con su mirada curiosa, pero después sonrió levemente.

— Por favor. Sólo prométeme que nunca te vas a quitar la barba — pidió de nuevo Sakura, con su rostro de ángel — Considéralo como compensación por hacerme tener el cabello largo — argumentó, sonriendo — Yo me dejaré el cabello largo, si es que tú te dejas la barba.

Sasuke volvió a enarcar una ceja.

— ¿Dejármela toda? ¿Hasta que parezca un chivo? — enunció con una sonrisa divertida.

Sakura también se rió, y negó, besando de nuevo los labios de su amado.

— Obvio que no, menso — contestó la ojiesmeralda — Lógicamente, tienes que estilizarla adecuadamente. Solamente no te la rasures completamente y mantenla estética.

— Solamente bromeaba, Cerezo — rebatió el moreno, aunque no agresivo — Descuida. Realmente no me molesta tener barba larga — explicó — Somos privilegiados los hombres que podemos tenerla, como para desperdiciarla.

Sakura asintió, abrazándose al musculoso y velludo pecho de su amado Sasuke-kun. No entendía cómo es que, de apenas unas semanas para hoy día, el vello de Sasuke se incrementó notablemente, aunque claro que no al grado de parecer un simio. No es que a Sakura le molestara en lo absoluto, simplemente tenía curiosidad de ello. Es casi como si los niveles de testosterona en el Uchiha se hayan incrementado de repente. Aún así, Sakura no le dio mucha importancia. Sasuke lucía muy sexy con aquella cantidad de bello corporal sin llegar a exagerar y parecer un chango.

— Por cierto, Sasuke-kun — llamó la chica al moreno.

El azabache volvió a mirar a Sakura, mientras continuaba acariciando el trasero y espalda de ella.

— ¿Qué pasa?

— ¿Cómo es que te salió tanto vello de repente? — inquirió curiosa la chica.

Sasuke se quedó unos momentos pensativo, y encogió los hombros.

— Realmente no tengo idea — contestó el moreno francamente — Hasta donde yo sé, el bello corporal sigue desarrollándose hasta poco más de los treinta años. Mi abuelo paterno solía ser tan velludo que parecía un gorila — refirió.

Sakura miró curiosa al chico, con sus ceja izquierda levantada.

— ¿Huh? ¿En serio? ¿Éso quiere decir que está en tus genes el ser velludo? — preguntó la pelirrosa.

Sasuke asintió.

— Lo curioso de todo, es que mi padre no tenía tanto vello corporal — referenció ahora el moreno — Tal vez yo fui la excepción. Quizá Itachi tampoco habría desarrollado vello.

Sakura realmente hubiese preferido no sacar el tema del vello, pues jamás imaginó que terminaría con referencias a la difunta familia de su amado. Sin embargo, Sasuke parecía un tanto indiferente ante la mención de su familia.

— Sasuke-kun... Yo... Lo lamento... — murmulló Sakura, con su mirada triste.

Aquello, sin duda, sorprendió a Sasuke.

— ¿Por qué te disculpas?

— Yo no quería sacar un tema que sé que es doloroso para ti — añadió Sakura, acariciando el vello semi-espeso en el torso de Sasuke.

El moreno entendió el mensaje, pero sonrió y negó levemente.

— Está bien, Cerezo — replicó cálidamente el Uchiha, tomando con una de sus manos la pequeña de Sakura — No voy a estar todo el tiempo viviendo en el pasado — afirmó — El día de ayer me impactó ver todo ello, lo admito. Sin embargo, también sé que no voy a estar todo el tiempo culpándome de ello. Lo que pasó, simplemente pasó. No hay nada que hacer al respecto... O de hecho, lo hay. Pero no tiene que ver con seguirme martirizando con la muerte de mi familia. Sé que mi familia no habría querido éso.

Sakura sonrió. Se alegraba de que Sasuke, pese a que tenía muchos errores, podía asimilar muchas cosas con la madurez digna de un Uchiha. Aunque aún había cierta inquietud en la pelirrosa, con respecto al último enunciado de su amado.

— ¿A qué te refieres con lo último? — preguntó Sakura, queriendo salir de su curiosidad.

Sasuke suspiró levemente, y se reacomodó un poco, colocando uno de sus musculosos brazos tras su nuca.

— Aún tenemos que ocuparnos de ése bastardo de Onikage — masculló Sasuke, sintiéndose iracundo de tan sólo tener que mencionar el nombre del ser que le recordaba a sí mismo.

La única diferencia es que Onikage era un tanto más afeminado y andrógino. Sasuke era todo lo opuesto, pero, fuera de ello, ambos eran casi idénticos.

— Tan sólo quiero acabar con ése estúpido, antes de que cause una catástrofe en Terra — agregó el moreno, aún sin dejar de afilar su mirada.

— Descuida, Sasuke-kun — musitó Sakura, tomando las mejillas del Uchiha — Lo derrotaremos. No importa cómo, pero lo haremos.

Sasuke asintió.

— Por supuesto. Anoche me dejó impactado con todo aquello de lo de la masacre de mi Clan. Sin embargo, ése barco ya zarpó — afirmó el azabache, determinado — Voy a hallar a ése maldito, y lo voy a matar con mis propias manos.

De repente, Sasuke se incorporó sentado, aún con Sakura en su regazo.

— Será mejor que nos demos una ducha, Cerezo. Tenemos trabajo que hacer — le sugirió el pelinegro a su amada.

La chica asintió, y expuso sin pudor su desnudo cuerpo ante Sasuke, mientras que éste hacía exactamente lo mismo con su musculoso cuerpo. De la mano, ambos chicos caminaron en dirección al cuarto de baño, en aquel enorme templo que antes solía ser donde los monjes guerreros se hospedaban, durante su adiestramiento como Guerreros Dragón. El mismo que Sasuke y Sakura, por el momento, usaban como su hogar.

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Tras pasar aproximadamente un par de horas aseándose, y haciendo el amor unas cuantas veces, éste último siendo el verdadero motivo de la tardanza de ambos chicos, finalmente Sasuke y Sakura salieron del cuarto de baño. Ya vestidos y arreglados, Sasuke y Sakura optaron por comer algo rápido, que incluía un poco de carne que dejaron el día de ayer, carne que Sasuke devoró, por lo que ahora ambos chicos se hallaban en la mesa, bebiendo de un café que Sakura preparó con unos excelentes granos de café que halló en el patio trasero del Templo del Dragón. Seguramente eran granos silvestres.

Sakura bebió un poco de aquel café, y miró a su amado.

— ¿A dónde iremos de aquí, Sasuke-kun? — preguntó la chica.

Sasuke igualmente colocó la taza en la mesa, y se reacomodó su aún húmedo cabello.

— Lo primero será rastrear a aquel idiota de Onikage — aseguró Sasuke, tensando un poco su puño derecho — Supongo que necesitaremos de ésa lagartija de nuevo — bromeó, refiriéndose al enorme dragón conocido como Ignis.

— ¿Dónde crees que deberíamos buscar primero? — preguntó ahora la pelirrosa — Para serte honesta, podríamos perder tiempo buscándolo por todo el planeta.

— Lo sé. Quizá tendremos que juntar de nuevo a los otros dragones de Terra — aconsejó el azabache.

— De hecho — objetó Sakura — Tal vez podríamos pedirle ayuda a mi madre. Después de todo, el Consejo de las Naciones de Terra actualmente podrían apoyarnos con la búsqueda de Onikage.

— Supongo que tienes razón — le secundó el moreno — De todos modos, ahora está solo.

— Tan sólo espero que no haya más muertes inocentes — susurró Sakura, con un suspiro.

Sasuke asintió.

Posteriormente de alimentarse, finalmente Sasuke y Sakura salieron del nuevo al exterior. Usando aquella extraña piedra azulada que poseía Sasuke, el moreno llamó a su fiel compañero Ignis. En cuestión de minutos, finalmente se volvió a ver la imponente figura del gigantesco dragón en el aire. Sasuke y Sakura, entretanto, bajaron a un área más abierta de Nan Long, con el objetivo de que Ignis tuviera una mejor visibilidad de la piedra que parpadeaba ocasionalmente en la mano de Sasuke.

Finalmente, Ignis aterrizó en aquella zona de adiestramiento del Templo del Dragón, justo frente a Sasuke y a Sakura. Ignis se irguió completamente, alcanzando fácilmente una altura de diez metros.

Sabes. Creo que la próxima vez debería enviar a uno de mis dragones menores — espetó el recién llegado monstruo — Al parecer, crees que soy tu burro de carga.

— Un mejor término sería un caballo que tira de un carruaje — se mofó Sasuke, con su sonrisa insignia — En cualquier caso, te recuerdo que soy tu amo. ¿O acaso deseas que de patee el trasero, de nuevo?

Bah. Sólo cállate — replicó el dragón, haciendo sonreír aún más altanero al príncipe de los Uchiha — ¿Para qué me llamaste?

— Es obvio. Iremos tras ése imbécil de Onikage y su mula, el Jūbi — le comunicó Sasuke — Aún tengo un asunto personal con él.

Ya veo. Igualmente yo tengo un asunto personal con el Jūbi — le apoyó Ignis — ¿Alguna idea de a dónde buscar?

— Lo primordial sería buscar el apoyo de mi madre — aconsejó la ninfa, ganándose una mirada de Ignis.

A pesar de estar en buenos términos, Sakura no podía evitar sentirse intimidada con la imponente presencia del dios dragón. A la princesa de Iridia se le hacía increíble cómo es que su especie, al menos el orden mayor, pudo alguna vez derrotar a una especie tan poderosa como la Dracónica. Ella lucía tan pequeña e indefensa en comparación contra la especie de los dragones, y aún más comparada contra Ignis. Aunque quizá aquella Anti-Materia, que constantemente escuchaba Sakura, tenía mucho que ver en el asunto.

Me imagino que deben estar aún en Wintersun. ¿No es así? — dedujo el gigante.

— En un campamento situado en la llanura de Pyram — elucidó la hada — Se encuentra a unos cien kilómetros de Wintersun.

— De acuerdo. Iremos entonces a visitarlos — finalizó Sasuke.

El azabache tomó a la ojiesmeralda de la cintura, con un firme agarre, y saltó a la espalda del gigantesco dragón. Una vez en el lomo de Ignis, Sasuke sostuvo con una mano el collar del mismo, y con la otra la cintura de Sakura, mientras que la chica se aferraba a él con sus pequeños y delicados brazos. Ignis, tan pronto tomó vuelo, se dirigió pronto al Continente del Fuego.

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En apenas un par de horas, finalmente ambos chicos llegaron a la llanura de Pyram. El campamento seguía en pie, y muchos de los heridos ciudadanos de Wintersun seguían siendo atendidos. La cantidad de lesionados era innumerable. A pesar de que la población se diezmó totalmente, todavía existían miles de ellos malheridos. No era muy sorprendente, de cierto modo, ya que Wintersun era la ciudad más grande de Terra, y tenía la densidad de población más grande por kilómetro cuadrado.

Los primeros en ver al gigantesco dragón sobrevolando los cielos fueron Tenten y Neji. Sin querer llamar tanto la atención, Sasuke le ordenó a su camarada reptil el descender a unos cien metros del actual campamento, a petición de Sakura. La ninfa no quería poner en peligro a la población sobreviviente del reino más grande de todo Terra. Ya suficientes muertes habían habido la noche anterior. Ni siquiera se podían estimar la cantidad de personas lesionadas, aún menos de muertos.

Tras algunos quince minutos de caminata, finalmente Sasuke, Sakura e Ignis, reducido a una altura de aproximadamente tres metros, ingresaron al campamento subterráneo. Kaguya fue la que solicitó a sus sirvientes Hyūga que aplicaran un plan de auxilio a la población, el cual básicamente consistía en evacuar a los ciudadanos en campamentos bajo tierra, donde ya se habían almacenado algunos utensilios no perecederos como prendas de vestir, algunos catres, tiendas de campaña, etc.

Al llegar, los tres fueron interceptados por Tenten.

— Sasuke. Sakura — les llamó la monja — ¿Dónde diablos han estado? Simplemente desaparecieron sin avisar.

El moreno resopló.

— Qué demonios te importa — contestó agresivo el azabache.

Poco le duró su gesto hostil y arrogante, porque Sakura le dio un pisotón con su tacón. Y el hecho de que se trataba de un Stiletto no ayudaba en nada. Por el contrario. Sasuke juraba que se le había enterado en el dorsal de su pie izquierdo, así que soltó un gruñido, y cojeó un poco.

— No seas grosero, Sasuke-kun — le regañó la chica — Lo siento Tenten-san — se disculpó Sakura por su amado — La verdad es que necesitábamos estar solos.

La pelicastaña encogió los hombros.

— Meh. No importa. Me imagino que necesitabas agasajar a Sasuke. ¿No? — inquirió pícara Tenten, sonrojando a la ninfa.

— ¡Por Dios, Tenten-san! ¡No digas ésas cosas! — le pidió la hermosa hada, cubriendo sus pómulos pecosos y sonrojados, en un intento de calmar su bochorno.

La pelicafé soltó una corta risa, y negó con la mano.

— De acuerdo. Lo siento. Pero es que no dan otra cosa a entender, si es que me entienden.

Sakura se sonrojó aún más, y desvió su rostro profundamente avergonzado, colocando su puño en vano para cubrir su cara. Sasuke resopló fastidiado.

— Lo que haga con mi vida personal no es asunto tuyo — siseó el Uchiha, ésta vez no recibiendo un reproche de su amada — Como sea. ¿Han sabido algo de Onikage? — preguntó.

La monja negó.

— No por el momento. Kaguya viajó al Continente de Gaia en búsqueda del apoyo del Consejo de las Naciones de Terra. De lo único que nos hemos enterado, es que los demás imperios ya han activado el plan de defensa en sus respectivos continentes — explicó la Shaolin.

— ¿Qué hay de Spira? — preguntó ahora Sakura, dejando atrás su vergüenza anterior — Es la segunda ciudad más grande de todo Terra. Ellos también están en peligro.

— No realmente — argumentó la castaña — Justo ahora, el capitán Yamato se está ocupando del traslado del campamento de Spira a Thanatos. Llevará algunas semanas, pero ya lo hemos iniciado.

— Tal vez si usamos un Agujero de Gusano lo haríamos en cuestión de horas — comentó la ninfa — Todo es cuestión de que le diga a Nē-san y...

— Aquello no sería lo más sensato, princesa Sakura — habló ahora Neji.

La ninfa volvió su mirada al castaño.

— Neji-san.

— Si su majestad creara un Agujero de Espacio/Tiempo a la Isla del Fin, pondríamos en riesgo a todos los refugiados, sin mencionar que daría nuestra posición de inmediato — argumentó ahora el pelicafé.

— Pero...

— Hyūga tiene razón, Sakura — le interrumpió Tenten a la ninfa — Si provocamos una abertura de un Portal Espaciotemporal, sería como invitar a Onikage a invadirnos. Quizá tú y Sasuke sean capaces de lidiar con él, y aquel gigantesco monstruo que destruyó Wintersun. Por desgracia, nosotros somos simples humanos. A lo más que llegaríamos es poder derrotar a sus aliados.

Bah. Inútiles mortales — bufó Ignis, con desprecio — Por supuesto que ustedes no pueden combatir contra el Jūbi. Y se supone que son la especie más evolucionada.

Sakura se sintió un poco molesta del comentario del legendario Señor de las Bestias, pues humillaba la fragilidad de los humanos. Sin embargo, la pelirrosa prefirió no armar un alboroto por ello. Además, estaba segura de que ella aún no estaba lista para poder enfrentar al poderoso Ignis, de darse una pelea entre ambos. Por otro lado, Sakura era una pacifista radical, y no le gustaba armar conflictos insustanciales por algo tan superfluo.

— Como sea. Debo imaginar que Kaguya continua en Gaia — dijo Sasuke — ¿Sabes exactamente donde, Tenten?

La castaña asintió.

— En efecto. No obstante, Kaguya le avisó a Shizune-san que venía en camino. No creo que tarde.

Convenientemente, de hecho, una enorme figura se mostró en el cielo, y pronto un enorme monstruo parecido a un Pterodáctilo deformado descendió a lo lejos. Sin embargo, un nuevo vórtice reapareció en el área del campamento, y de él salió Kaguya. La albina se sorprendió a ver a su hija y al Uchiha, y pronto se acercó a ellos. Sakura igualmente caminó hacia su madre, e hizo una reverencia, con todo y un Curtsy.

— Mamá — le llamó la princesa de Iridia.

— Sakura. ¿Dónde estuviste la noche de ayer? Simplemente desapareciste — preguntó la albina, igual que Tenten.

Sasuke prefirió quedarse callado. De todos modos, el ser condescendiente con su suegra sería como darse una puñalada en el pie.

— Yo... Estuve con Sasuke-kun... — murmulló nerviosa la ninfa.

Por algún motivo, Sakura se sentía como una niña de trece años siendo reprendida por su madre, y el ver el rostro de impresión y el ceño fruncido de la albina no ayudaba en nada. Tal vez los demás podían asimilar perfectamente que Sakura ya tenía una vida sexual activa con su amado Sasuke-kun, pero el que tu madre lo sepa es diferente. No es que Kaguya no tuviera cola que le pisen, pues a diferencia de su hija ella casi provoca la extinción de las vidas de Terra. No obstante, Kaguya jamás estuvo teniendo sexo con nadie, sino hasta que contrajo matrimonio con su ahora difunto esposo, Trey. Y aún después de la muerte de su amado, Kaguya jamás dejó que ningún otro hombre la tocara. Vamos que ni siquiera salió con algún caballero. Todo su tiempo, Kaguya lo había dedicado a dos cosas: Lo primero, su hija. Lo segundo, su ambición como una Otsutsuki.

La, de nuevo, Senju suspiró. Ya tendría una plática de madre a hija con la pelirrosa. Por ahora, había cosas más importantes de las cuales ocuparse.

— Al menos debiste haberme avisado, Sakura — le regañó su madre, aún con un rostro un poco molesto.

— Lo siento, mamá — se disculpó la chica.

— En fin.

Kaguya se volvió a la monja y a su mano derecha, Neji. El pelicastaño hizo una corta reverencia, mientras que Tenten le saludó como solía hacerlo a los señores feudales, juntando su puño derecho con su palma izquierda, frente a su pecho.

— Bienvenida sea, mi Lady — le saludó el castaño.

Kaguya sonrió un poco, y también hizo un leve asentimiento a ambos chicos.

— Gracias, Neji — contestó la reina del actualmente devastado reino de Wintersun — Tengo noticias mixtas — expresó.

— ¿De qué se trata, Lady Senju? — inquirió la Shaolin.

— Por fin los cuatro Continentes Elementales hemos levantado la alarma de defensa, tal y como se los indicó Shizune — refirió la albina — Cada nación está tomando acciones para proteger a sus ciudadanos. Igualmente, algunas ciudades como Hephaestus, Hestia, Vesta, Svarog y muchas otras en el Continente de Ember por fin han evacuado a su población a las Ciudades Santuario — agregó.

— ¿Huh? ¿Ciudades Santuario? — preguntó Sakura — ¿Qué es éso?

— Son refugios subterráneos construidos hace más de cincuenta años — le explicó Kaguya a su hija — Mikoto y Fugaku fueron los que ampliaron las ciudades subterráneas para refugiar a víctimas de guerra. En cuando abandoné mi ambición, me he dedicado activamente a restaurarlas — añadió.

— Ya veo — dijo la joven ninfa.

— ¿Qué hay de los avistamientos de Onikage? — preguntó Sasuke, por fin hablando.

Kaguya volteó a ver a su... ¿Yerno? Tenía la certeza de que algún día lo sería, de manera oficial por supuesto. Mikoto tenía razón, después de todo.

— Por el momento, el Consejo de Terra no ha detectado ninguna actividad inusual — le comunicó la albina — Tal pareciera como si hubieran desaparecido de la faz del planeta.

— ¿No es acaso ello imposible? ¿No sin crear alguna Fluctuación Cuántica de Espacio/Tiempo? — rebatió Sakura.

Kaguya asintió, volviendo su mirada al resto.

— En efecto. Forzosamente necesitarían crear un Agujero de Tiempo/Espacio, o Agujero de Gusano, para poder escapar de Terra. Éso, o utilizar un Portal Espaciotemporal como el del Templo de Theia-sama — explicó — Lo primero es enteramente posible, pero darían de inmediato su ubicación. En el segundo caso, no es posible por el momento. El Templo de Theia fue destruido completamente.

— Pero... ¿Qué hay del portal? Bien podrían haber usado el transportador para escapar de Terra — objetó la ninfa de cabello rosado — De todos modos, de alguna manera, Onikage pudo hallar Edén.

— Y estás en lo cierto — secundó Kaguya — Sin embargo, actualmente existe una Singularidad Espaciotemporal protegiendo el Jardín del Origen — afirmó — Cualquiera que se acerque a la Isla del Génesis sería atrapado para siempre dentro del Horizonte de Sucesos. De todos modos, ni la luz puede escapar de un Agujero Negro.

— Entiendo — contestó Sakura.

— En cualquier caso, no planeo dejar que Onikage cree más problemas — sentenció el moreno — Voy a buscar a dónde está su madriguera, y voy a acabar con él — siseó, chocando levemente ambos puños.

— ¿Siquiera tienes idea de dónde puede encontrarse? — cuestionó Tenten.

Sasuke encogió los hombros.

— No creo que sea tan estúpido como para ocultarse en un sitio altamente visible — replicó el moreno — Bastará con hacer una búsqueda extensiva en los Puntos Extremos de Terra.

— Te apoyo en ello — secundó Kaguya — Hay solamente tres Puntos Extremos que necesitaríamos rastrear, de todos modos. Yo misma organizaré un equipo de expedición al Continente Olvidado — ratificó la albina.

Sasuke caminó hacia el gigantesco dragón, y le colocó una mano en el costado al mismo. El coloso también lo observó con sus ojos rojos y rasgados.

— Prepárate, Ignis. Nos vamos — le dijo el Uchiha.

El dragón asintió, y recuperó su enorme tamaño.

— Bien. Vámonos — expresó Sakura, un tanto emocionada.

— No, Sakura. No irás — sentenció el azabache.

La pelirrosa abrió los ojos como platos. Sakura no se esperó la negativa de Sasuke. No después de que le "permitió" acompañarle, cuando estaban aún en Nan Long. Sasuke se estaba contradiciendo a sí mismo. ¿O es que acaso simplemente le había seguido la corriente? Tal parecía que, desde un comienzo, Sasuke había planeado tomar acción propia, sin la ayuda de los demás.

Aún así, Sakura estaba decidida a presionar.

— ¡¿Qué?! ¡¿Por qué no?! — le gritó la chica.

— Es muy peligroso — replicó el Uchiha, con sencillez.

Por algún motivo, Sakura recordó aquella vez que Sasuke le negó su apoyo, cuando el moreno y Tenten se fueron a auxiliar a la ahora destruida Wu Yia, y a Xian Yi. Aquella vez, Sakura se sintió hecha a un lado por su Sasuke-kun y el resto. Sin embargo, si Sasuke pensó que ella aceptaría como sin nada el rechazo a su apoyo, estaba sumamente equivocado. Aún si Sasuke le obligaba a quedarse, ella hallaría el modo de escaparse. No iba a dejar a Sasuke lidiar con todo.

— ¡No, Sasuke-kun! — vociferó la joven hada, encarando a su amado al acercarse apenas a unos centímetros de él — ¡No me vas a hacer simplemente a un lado! — desafió — ¡Y no me importa lo que pienses! ¡No vas a dejarme fuera de ésto! ¡A menos que quieras que me vaya sola, claro está!

Sasuke ya se esperaba aquella reacción de su amada, pero Sasuke decidió mantenerse con la cabeza fría, y tomó a la ninfa de los hombros.

— Sakura — enunció calmadamente el azabache — Todo ésto ya no tiene que ver contigo — argumentó — Ésta lucha ya no es tuya. Ésta lucha no es de nadie, mas que mía. Nadie tiene porqué salir perjudicado por ésto.

Aquello molestó aún más a Sakura. No porque Sasuke la estuviera haciendo a un lado, no al menos por motivos prosaicos, sino porque Sasuke estaba tomando una guerra de mayor escala en sus manos. Como siempre, Sasuke quería mantenerse individualista, y querer resolverlo todo por su cuenta. El juez Minos de los Jueces del Inframundo tenía razón. Sasuke siempre quería hacerlo todo él mismo. Además, ¿Aquello solamente era su lucha? En éso se equivocaba.

Por otra parte, Sakura sabía que rebatir agresivamente no le llevaría a ningún lado. Si quería que Sasuke entendiera su punto, tendría que hacerlo de modo inteligente y compasivo. La ninfa tomó con su mano derecha la mejilla de su amado, y se la acarició.

— No, Sasuke-kun — musitó dulcemente la princesa hada — No solamente es tu lucha. Todo lo que tenga que ver contigo tiene que ver conmigo — determinó, con sus bellas esmeraldas brillando de amor, pero también firmeza — Tu lucha es mi lucha. Siempre lo fue, siempre lo ha sido, y siempre lo será. Yo prometí caminar a tu lado, y luchar a tu lado, cuando nos unimos en santo matrimonio — agregó la chica, mostrándole aquel anillo de bodas que le colocó Sasuke en su mano izquierda, aquel día que se casaron en el Templo del Dragón.

Tenten y Neji se impactaron de escuchar aquella noticia. Kaguya ya sabía de parte de Sakura aquella crónica, aunque también existía el hecho de que Sasuke y Sakura no tenían un acta de matrimonio que amparara su unión nupcial. Precisamente por ello se le buscaba a Sasuke en aquel entonces. Lo que más deseaba Kaguya, tal y como Sakura, era el legalizar de manera oficial la unión matrimonial entre su hija y el azabache.

— Escucha, Sasuke-kun — habló de nuevo Sakura, dándole un suave beso en los labios a su amado, a pesar de que había gente mirándolos — No puedes resolver todo por tu cuenta. No debes hacerlo. Tú mismo me lo haz dicho anteriormente: Somos un equipo. Ambos estamos juntos en ésto. Eres mi esposo — enfatizó — Todo lo que te involucra, me involucra a mí por defecto.

— Sakura. No quiero que algo te pase por tu reticencia a estar involucrada en ésto — le respondió Sasuke a ella por lo bajo, no queriendo que los demás se enteraran de su vida personal.

Sakura negó.

— Y yo no quiero que algo te pase a ti — rebatió la bella ninfa — Del mismo modo que tú tienes temor que algo me suceda, yo tampoco podría estar tranquila, sabiendo que tú podrías morir en combate. No podría vivir con el hecho de que pude haber hecho algo para salvarte.

Aquello a duras penas convenció al azabache.

— Sakura. Escucha...

— No, Sasuke-kun. Tú ahora debes escucharme a mí — le interrumpió la princesa de las hadas — Cuando nos casamos, no solamente acepté ser tu mujer, y la madre de tus hijos. Cuando me casé, acepté el formar parte de tu mundo. Acepté cargar con tu peso. Acepté luchar a tu lado. Y éso es lo que haré — determinó, tomando de ambas manos del Uchiha — Si rechazas mi apoyo, entonces me iré yo sola. Tú decides.

Sasuke resopló. Sakura realmente sabía jugar sus cartas. Lo menos que quería Sasuke, era que su Cerezo se aventurara de nuevo a confrontar al demonio ojos de sangre. La vez que Sakura decidió tomar su propia ruta, las cosas no terminaron nada bien. Por suerte, Kaguya tenía otro tipo de objetivos para con su hija. Onikage, por otro lado, únicamente usaría a Sakura como carne de cañón para atraer al Uchiha. Y si aquel desgraciado llegaba a matarla, Sasuke no podría continuar viviendo.

Aún así, Sasuke se pasó una mano por el rostro, y negó.

— ¿Por qué eres tan obstinada, Sakura? — cuestionó algo molesto el Uchiha.

— Porque te amo, Sasuke-kun — replicó la ninfa, volviendo a acariciar con su mano el rostro de Sasuke, o mejor dicho su barba — Porque no quiero que tú solo cargues con todo ésto. Porque somos una sola carne y alma. Porque tu vida ahora ya no te pertenece a ti. Tu vida me pertenece a mí, y solamente yo puedo decidir sobre ello. Además, ésta no es nada más nuestra lucha, Sasuke-kun.

— Sakura... — murmulló el moreno, mirando las hermosas esmeraldas de su amada.

— La rosadita tiene razón, Gorila — se escuchó una voz que se aproximaba.

Ambos chicos volvieron su mirada a un rubio que estaba acompañado a su izquierda por Karin Uzumaki. El antiguo mercenario tenía una venda en el pecho, justo donde Onikage anteriormente le había atacado con su Katana, al perforarle el corazón. Ahora, Naruto estaba completamente en pie, y al cien por ciento recuperado. Sin duda, la medicina practicada por la magia de las ninfas era impresionante.

— Usuratonkachi — le llamó Sasuke, frunciendo un poco el ceño.

— Ésta lucha no es sólo tuya — repitió el príncipe de los Uzumaki — Ésta lucha también es nuestra — ratificó, abrazando a Karin con su brazo.

La pelirroja se zafó tímidamente del abrazo de su amado. Sentía que no era propiamente el momento para que su novio se pudiera cariñoso con ella. Por suerte, Naruto no trató de envolverle de nuevo con su brazo.

— Ése maldito de Nagato ahora trabaja para ése tal Onikage — dijo el rubio — Él fue el causante de la caída de mi Clan, y pienso cobrar venganza por ello.

Sin embargo, Sasuke soltó un monosílabo, y resopló, cruzando sus musculosos brazos frente a su pecho.

— No me interesa tu Clan, ni tu reino — espetó el Uchiha — Por mí te puedes ir al infierno, tú y todo tu Clan de inútiles. No sirvieron para nada antes, no lo harán ahora.

— ¡Sasuke-kun! ¡No seas grosero! — le recriminó Sakura, condenando las duras palabras de su amado Sasuke-kun y fulminándolo con la mirada.

Naruto, mas sin en cambio, se encogió de hombros.

— ¿Y crees que a mí si me importan tus problemas con ése estúpido de Onikage, que es igual de marica que tú? — replicó con absoluta altanería el rubio — Además, no te estoy pidiendo tu permiso. Te guste o no, yo también iré. Yo tengo mis propios asuntos con Nagato — aclaró — Una vez que lo mate, lo demás me lo paso por los huevos.

— Bah. Como quieras — espetó Sasuke, estirándose un poco el cuello.

— Todos tenemos asuntos con aquel monstruo — dijo un peliplata que recién llegaba.

Todos, excepto Sasuke, volvieron su mirada al recién llegado.

— Sir Kakashi — murmulló Sakura.

— Fugaku y Mikoto eran amigos cercanos míos — explicó el rey de Medel — Lo menos que podría hacer es vengar sus muertes. Además, muchos de mis hombres también cayeron a manos de ése maldito.

Sasuke chasqueó la lengua. No le agradaba para nada el rumbo de la conversación.

— ¿Qué acaso piensan que vamos a un campamento de boy scouts, a cantar canciones en una hoguera? — cuestionó molesto el Uchiha.

Kakashi negó.

— No. Ésto es por nuestros reinos y gente caída — remarcó Kakashi — Lo quieras o no, nosotros también estamos en ésto, Sasuke. Terra entero ahora está en peligro, gracias a Onikage. Todo ésto nos concierne al mundo entero.

Por más que deteste secundarlo, el espantapájaros tiene razón — apoyó Ignis — Ni siquiera nosotros, la especie de los dragones, estamos exentos de ésta nueva guerra. Tal parece que nosotros mismos eventualmente tendremos que participar en la defensa de Terra. De todos modos, también es nuestro hogar.

Sasuke estuvo a punto de rebatir y rechazar la ayuda de todos. Sin embargo, las pequeñas e increíblemente suaves manos de la joven princesa de Iridia le hicieron que volteara sus obsidianas a la chica. Sakura le miró con aquellas esmeraldas tan vivas y brillantes como siempre. La mirada de Sakura mostraba determinación, pero a la vez la característica dulzura de la hermosa hada de cerezos.

— Sasuke-kun... No estás solo en ésto... No puedes pretender estarlo... — aseguró la ninfa, acariciando la suave barba crecida de Sasuke — Ésta lucha es tuya y mía. Ésta lucha es de todos, y juntos venceremos a ése demonio. Tan sólo permítenos luchar a tu lado. Tan sólo permíteme luchar al lado del hombre que amo. A tu lado, amado mío.

Sasuke no pudo evitar perderse en el bello rostro de la mujer que siempre amó, y que siempre iba a amar por el resto de sus días. Si había alguna persona que pudiera tener semejante poder sobre él, al grado de hacerle cambiar completamente de opinión y de perturbar por completo su impasiva personalidad, sin duda aquella persona era Sakura Haruno, pronto Sakura Uchiha. La ninfa era la única persona viviente sobre Terra que podía hacerle cambiar de parecer con respecto a una decisión que él había tomado previamente.

Sucumbiendo a los encantos de Sakura, así como a la increíblemente preciosa sonrisa que le daba la ninfa, finalmente Sasuke asintió, con un resoplido.

— Bien. De acuerdo — aceptó el moreno, con un tono de voz increíblemente oscuro.

Sakura sonrió aún más alegre, y pegó su rostro al cuerpo de su amado Sasuke-kun, aunque ni aún con sus tacones Stilettos podía alcanzar a su alto novio.

— Sasuke-kun... Te amo mucho — murmulló la ninfa, besando los labios de su dulce príncipe — Te prometo que te compensaré todo ésto — agregó por lo bajo, bastante sensual.

Sasuke sonrió torcido, en aquel gesto que encandilaba prácticamente a cualquier chica. Sakura más que incluida.

— Oh. Claro que me cobraré ésto, Cerezo — replicó por lo bajo el azabache, y bastante sensual, para que Sakura únicamente lo escuchara — Éste Uchiha te va a hacer desmayarte en la cama, mi pequeña flor de Cerezo.

Discretamente, Sasuke apretó el perfecto trasero de Sakura. Apenas la hada lo sintió, pronto retiró la mano de su amado. Por alguna razón, nadie se percató de ello. De inmediato, Sasuke se acercó de nuevo al enorme Dragón del Fuego, y volvió a colocar una mano sobre la rodilla del ahora gigantesco monstruo.

— Antes de partir, será mejor que dejemos un equipo en el campamento — aconsejó Kaguya — No sabemos exactamente si Onikage podría volver a atacar.

— No es mi problema. No me interesa lo que les pase a los aldeanos, ni a las ninfas — expresó el azabache, con frialdad — A mí únicamente me importa destrozarle la cabeza a Chaos.

— ¡Sasuke-kun! ¡Por Dios! — le regaño Sakura.

— Meh. A mí también me da igual lo que pase con ellos — le secundó Naruto — Al diablo con el campamento. Vamos por ése imbécil.

Ésta vez, Karin fue la que se paró frente al chico, y lo fulminó con la mirada.

— Al menos ten algo de decencia, idiota — masculló la Uzumaki, tomándole algo agresiva de la remera — Si no fuera por ellos, ahora mismo estarías muerto.

No obstante, el rubio simplemente encogió los hombros.

— Yo no les pedí que lo hicieran. Ellos quisieron salvarme la vida.

Aquel comentario molestó aún más a la Uzumaki. Sin embargo, si alguien podía controlar al rubio, sin duda era ella.

— Pues te guste o no, vamos a seguir el consejo de Kaguya-sama — dictaminó Karin — Si no estás de acuerdo, entonces olvídate de mi. Para siempre.

Naruto simplemente gruñó, y cruzó los brazos. Con aquel gesto, la pelirroja sonrió inocentemente, y le soltó de la remera al chico.

— Bien. Estando ya todos de acuerdo, lo mejor será que organice un equipo de custodio para el campamento — concluyó Kaguya, antes de retirarse al campamento subterráneo.

.


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Desconocido. Las doce horas del día.

Un grupo de encapuchados se adentraron a una caverna helada y tétrica. La misma decoración satánica y sangrienta adornaba las paredes. El olor a sangre podrida se había vuelto ya bastante común para varios de los encapuchados, exceptuando a una pelinegra de aproximadamente dieciocho años recién cumplidos, la más joven del grupo. A pesar de su corta edad, sin embargo, era igual de peligrosa que la otra chica del equipo, al menos casi un par de años mayor que ella.

— Ugh. No entiendo cómo es que Onikage-sama puede siquiera tolerar éste olor tan nauseabundo — exclamó la pelinegra, mientras se tapaba la nariz — Además de todo, huele a carne putrefacta. Y yo que detesto la carne.

— Ya cállate, Kin. No es la gran cosa — espetó Tayuya — Ya deberías haberte acostumbrado.

— Quizá tú sí, porque te gusta vivir entre la inmundicia — se defendió la pelinegra.

— Ya cierren la boca las dos — dijo Nagato, volteando fugazmente a verlas.

La pelinegra se molestó con el tono de voz usado por el Uzumaki. La chica lo alcanzó y se colocó frente a él.

— Oye. ¿Qué rayos te pasa? — le cuestionó Kin — ¿Cómo te atreves a gritarme? ¡Cerdo misógino!

Nagato se quedó de pie unos segundos, analizando con su fría mirada de sangre a la morena. De repente, Nagato sonrió malévolo, y se acercó aún más intimidante a la mercenaria de cabellos negros. De un sólo movimiento, el Uzumaki la levantó del cuello, y se lo comenzó a apretar con todas sus fuerzas. Kin trató de zafarse del vicioso agarre de Nagato, pero el pelirrojo la superaba ampliamente en fuerza.

— Nadie te obliga a estar aquí, maldita zorra — siseó macabramente Nagato, aún con su estremecedora sonrisa — Si no tienes el coraje para pertenecer a los Alumbrados, puedes ahora mismo largarte de aquí, y puedes volver a la cocina — se burló.

El pelirrojo dejó caer sentada a Kin, y le dio una patada en el vientre. Como sin nada, Nagato rodeó completamente a la morena, y siguió su camino. El resto paso de ella, a excepción de Tayuya, dado que ésta última se arrodilló para ayudar a la morena. Kin, una vez que se incorporó un poco, escupió un poco de sangre, y se apoyó del hombro de su amiga pelirroja. Tayuya simplemente exhaló audiblemente, y continuó su caminata, tomando de la morena de la cintura.

— Voy a darte un consejo que te puede salvar la vida, Kin — dijo la pelirroja — Tu feminismo radical aquí solamente te traerá la muerte. Si no quieres que te despellejen en vida, mejor manten tu apestoso y repulsivo hocico cerrado — le aconsejó — Créeme. No quieres echarte de enemigo a nadie. He visto a otros ser torturados brutalmente por andar de hocicones como tú. Especialmente con Nagato — refirió la pelirroja — Los Uzumaki son conocidos por su sadismo absoluto, y te he de recordar que Nagato estaba encargado con Kaguya del departamento de tortura e interrogación. Lo menos que hacían era arrancarles los brazos a los prisioneros, y meter sus heridas en sal.

Tan sólo imaginar lo doloroso que se ha de sentir aquello, le hizo a Kin soltar un escalofrío. Tal y como dijo Tayuya: En serio no quería de enemigo a nadie, mucho menos a Nagato Uzumaki. Sabrá Dios qué clase de torturas implementaba Nagato. Ella jamás laboró para Kaguya Otsutsuki, ahora Senju.

Caminando más al fondo de aquella caverna, se encontraron con aquella enorme habitación donde las paredes estaban adornadas con aquella simbología macabra. Al fondo, se hallaba el otro sobreviviente de los Uchiha. Onikage estaba sentado en su estremecedora silla hecha de huesos, y bañada en sangre, pero ahora ya ni se molestaba en ocultar su rostro. El demonio idéntico a Sasuke bebía de una copa de sangre, y devoraba otro bebé que lloriqueaba del tremendo dolor. Aunque solo fue cuestión de tiempo para que el infante dejara de llorar, por el simple hecho de que había fallecido.

Todos hicieron un saludo respetuoso al demonio. Onikage simplemente arrojó el cadáver ya devorado del infante a un lado, en la pila de cadáveres congelados.

— Mi señor. Por fin hemos completado con éxito el reconocimiento especial de los Cuatro Extremos de Terra — anunció Nagato.

Onikage asintió. Su mirada mostraba aquel terroríficos caleidoscopios.

— ¿Y? ¿Lograron conseguir lo que les pedí? — cuestionó el demonio ojos de diablo.

Nagato asintió.

— En efecto, mi Lord.

Tayuya, Kabuto, Nagato y Kin mostraron cuatro orbes de distinto color y ligeramente diferente diseño. El primero, sostenido por Nagato, era un orbe rojo escarlata. Dentro del mismo, se hallaba una llama de tonalidad azul rey, la cual danzaba y brillaba casi como una estrella. El mismo orbe emanaba un intenso calor y Radiación Térmica a los alrededores, tanto así que el hielo de la helada caverna estaba siendo parcialmente derretido, aunque no lo suficiente como para fundir enteramente el sitio.

El segundo orbe, sostenido por Tayuya, era una esfera de color café claro. En su interior, había unas cuantas rocas levitando y agitándose levemente dentro del mismo orbe. La esfera producía un pequeño Campo Magnético a su alrededor, haciéndolo un poco pesado. Aquello se notaba con el hecho de que Tayuya tenía que mantenerlo con ligero esfuerzo, aunque no lo suficiente como para agotarla físicamente.

El tercer orbe era sostenido por Kabuto Yakushi. Éste era una esfera de diamante puro y transparente, el cual resplandecía con un lustre muy hermoso. En su interior, se agitaba un pequeño huracán que generaba una ligera ventisca a los alrededores. Las ropas de todos los presentes eran agitadas por el puro efecto del resoplido de aquella esfera. Incuso se escuchaba un resoplido propio de un vendaval, casi como si dentro de aquella caverna se produjera un huracán a pequeña y moderada escala.

El cuarto y último orbe era sostenido por Kin. Éste era de color azul celeste, y tenía en su interior una voluminosa cantidad de agua que arrojaba grandes olas, relativas al tamaño de la esfera. Aquel orbe estaba sumamente mojado, pero curiosamente no dejaba que escapara el agua de alrededor del orbe. Era como si aquella misma agua flotara alrededor de la esfera. La temperatura del orbe era templado, de aproximadamente veinticinco grados centígrados. Incluso se escuchaba como el sonido de un océano vivo y enérgico.

Los cuatro orbes que portaban los Cuatro Elementos de Terra brillaban acompasadamente, como si estuvieran interconectados entre sí. Onikage se levantó de su trono, y se encaminó al centro de aquella habitación. Con su mirada demoniaca, el Uchiha examinó cada una de aquellas esferas, mientras sonreía malévolo. Casi como un dios, Onikage extendió sus brazos en posición diagonal inferior, y sintió aquella energía que emanaba de los orbes elementales.

— Buen trabajo, todos — dijo el demonio — Con ésto, podremos reabrir el Portal Dimensional al Espacio Intergaláctico — añadió — Por fin podremos abrir la puerta al Multiverso.

Con una señal del Uchiha, los cuatro mercenarios que sostenían los Orbes Elementales se acercaron a una urna a lo alto de aquella plataforma, justo donde Onikage estaba sentado anteriormente, y colocaron en cuatro pedestales aquellas esferas. Cada que colocaban los Orbes Elementales, el pilar y el suelo que lo rodeaba se iluminaba del color de la esfera. Del mismo modo, de cada uno de ellos se generaba el efecto del elemento.

El Orbe de Fuego generó una llama potente y ligeramente abrasiva, aunque no al grado de generar quemaduras. El Orbe de la Tierra cubrió con roca el pilar, y agrietó levemente el suelo bajo el mismo, aunque no más allá de unas leves hendiduras. El Orbe de Viento produjo en el pilar una corriente parecida a la de un remolino, y hacía girar un pequeño remolino en el suelo bajo el mismo. Finalmente, el Orbe del Agua produjo un Ciclón en la punta del pilar, y un charco de agua en el piso, el cual se agitaba enérgicamente como si se tratara de un mini-océano.

Nagato, Kabuto, Tayuya y Kin volvieron a sus posiciones, y se colocaron las capuchas en sus cabezas. Onikage observó, junto con los demás, cómo del suelo los cuatro elementos mezclaban aquellas auras, y producían un aura mayor en lo alto de la plataforma. Aquella energía irradiaba una increíble cantidad de Plasma, en forma de Brotes de Radiación Gamma. La energía irradiada de aquellos orbes se emanó hacia una especie de cristal gigante a las espaldas de la silla de Onikage, y cargó de energía otra esfera mayor. Con ello, finalmente el Portal Espaciotemporal de aquella caverna tuvo la suficiente energía como para abrirse. No obstante, Onikage no hizo ninguna acción.

— Bien. El Portal Dimensional está listo — masculló el demonio — Con ésto, por fin podremos crear una Paradoja de Tiempo/Espacio, y podremos comprimir todo el Universo en un único Espacio Físico.

Los sirvientes de Onikage apenas y tenían una vaga idea de porqué motivo el Uchiha quería generar un colapso del Espacio/Tiempo. No era como si con aquello Terra y toda la Materia y Energía del Cosmos quedara completamente destruida, ya que la misma Ley de la Conservación de la Materia y Energía establece que ambas no pueden ser destruidas, sino que únicamente son transformadas. Lo cierto es que Onikage bien podría crear un colapso de toda la Materia y Energía del Universo, al grado de llevarlo a un estado altamente Entrópico.

— Mi señor — le llamó Kabuto — ¿Cuáles son sus próximas órdenes? — preguntó.

Onikage apartó su mirada del portal que había energizado, y volvió su mirada aterradora al peliplata. El Uchiha se reacomodó aquel cabello que cubría parcialmente, y sonrió siniestro. Tal vez no tenía otro modo de hacerlo. Su particular mirada escalofriante, así como aquella sonrisa oscura, aunque cautivadora, y la belleza natural que tenía al ser un clon exacto del príncipe de los Uchiha, le hacía lucir a Onikage como más que un demonio. Era como el sueño de toda adolescente de catorce años, y a la vez un tanto opuesto a la masculinidad y rudeza de Sasuke Uchiha.

— Por ahora, solamente esperaremos — expresó fríamente Onikage — Aún tenemos que ocuparnos de ciertas molestias.

Todos tenían una vaga idea, o por lo menos imaginaban, de a quienes se refería el demonio ojos de sangre.

— ¿Acaso se refiere al Uchiha y sus camaradas? — preguntó retóricamente Nagato.

El Uchiha maligno asintió.

— No sólo de Sasuke y sus amigos — aclaró el demonio — También tenemos que encargarnos del bastardo de Madara.

Todos se sorprendieron ante la mención del nombre de aquel monarca Uchiha que, según los registros, debía estar muerto.

— ¿Realmente está vivo Uchiha Madara? — preguntó ahora Tayuya.

— Ni yo mismo lo creía — explicó el Uchiha de ojos de demonio — Sin embargo, tal parece que no pude matarlo en aquel entonces...

Onikage, en algún momento, tuvo un enfrentamiento contra el que creía era el último de los Uchiha, además del desaparecido príncipe del Clan. El demonio llegó a combatir contra el hermano de Fugaku, en lo que era conocido como el Valle de la Muerte, y aparentemente Onikage le dio muerte, al empalarlo con su Katana eléctrica en el vientre. Sin embargo, para sorpresa del ojos de diablo, Madara se mostró el día que atacó a Wintersun, en un intento de exterminar a la legendaria hada Kaguya Senju. Tal parecía que subestimó al Uchiha.

— En cualquier caso, primero tenemos que encargarnos de ésos estorbos — reafirmó Onikage — Tenemos que prepararnos para ello.

— Si me lo permite, mi señor — habló de nuevo Nagato — Quizá lo más conveniente sería realizar otra emboscada — explicó el pelirrojo — Es nuestra única oportunidad de vencerlos.

Para impresión de todos, Onikage negó.

— Todo lo contrario, Uzumaki — rebatió el demonio ojos de sangre — Debemos llamarlo hacia nosotros.

— ¿Llamarlo...? — murmulló el Uzumaki, mientras que el Uchiha asentía.

— En efecto.

— Mi señor — le llamó ahora Kin — Me temo que el Uchiha está acompañado de dos Senju, dos Uzumaki, una poderosa monja Shaolin, el legendario Paladín, y el legendario Señor de las Bestias — esclareció la morena — Desafortunadamente, son demasiado poderosos para que podamos manejarlos.

— Lo sé — contestó el Uchiha demonio, dejando extrañada a la Tsuchi — Sin embargo, el único peligro real es Sasuke. Los demás son un cero a la izquierda — añadió, volviendo su mirada a sus sirvientes — Si logramos vencerlo, el resto caerán como moscas muertas.

Aquello era el detalle para los demás. Quizá podrían encargarse de las Senju, Sakura y Kaguya, la discípula mayor de Tsunade, Shizune, los Uzumaki hasta cierto punto, la discípula de Yim Wing Chun, Tenten, del caballero Paladín, Kakashi, y quizá podrían hallar la manera de atrapar al Dragón del Fuego. Mas sin en cambio, Sasuke era el verdadero peligro en aquel grupo. El Uchiha era lo suficientemente poderoso como para eliminarlos a todos, Onikage incluido. ¿Cómo exactamente planeaba el demonio de ojos de diablo derrotar al ser más poderoso de todo el Universo?

— Pero, ¿Cómo es que podríamos obtener la posibilidad de derrotar al príncipe Sasuke? — inquirió ahora Tayuya — Es demasiado poderoso para todos nosotros.

Onikage sonrió, y extrajo con su Kamui una esfera levitante al centro de todos.

— Muy simple: Destruiremos a Uchiha atacándole en su Talón de Aquiles.

— Y... ¿Éso es...? — enunció parcialmente la pelirroja Uzumaki.

En aquella esfera que había aparecido Onikage, con su caleidoscopio, se formó una figura de una chica bastante conocida para todos los presentes en aquel lugar.

— Le arrebataremos lo que más ama... Su amada, Sakura Haruno — siseó macabramente el demonio.

El silencio permaneció durante algunos segundos. El frío de aquella caverna parecía disminuir aún más, muy por debajo de lo que de por sí ya se hallaba. Un ambiente tan tétrico y hostil que acompañaba perfectamente a la amenaza del demonio Uchiha.

— Entiendo.

Ahora habló Nagato.

— ¿Desea que atrapemos a la princesa Sakura? — inquirió el pelirrojo.

Sorpresivamente, Onikage negó.

— No será necesario — repeló el ojos de diablo — Ellos vendrán a nosotros. De lo único que tenemos que ocuparnos es de crear una distracción. A su debido momento, apresaremos a la princesa de Iridia.

Onikage caminó a lo lejos, en un ademán de abandonar la cueva, pero antes de salir completamente, volvió su mirada a sus sirvientes.

— Preparen una estrategia adecuada — ordenó el demonio — Quiero que atrapen a la princesa Sakura con vida. Ella nos servirá como cebo para Sasuke Uchiha — concluyó.

Todos asintieron y desparecieron en un vórtice. Onikage cerró momentáneamente sus ojos, y mostró después su demoniaco caleidoscopio.

— Muy pronto, el Multiverso Entero será mi dominio. Muy pronto, solamente quedará un sólo Uchiha... — masculló gravemente el demonio antiguo — Esperen tan sólo un poco... Madara... Sasuke...

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Meh. Pésimo cliffhanger, lo admito.

Originalmente, éste capítulo iba a formar parte de uno sólo; sin embargo, habría quedado muy largo. Por ello, me vi obligada a separarlo en dos.

Una vez más, agradezco a los que aún siguen ésta historia. Gracias por su continuo apoyo.

Quiero aclarar que no tengo nada en contra del feminismo, pues a fin de cuentas es gracias al feminismo que nosotras las mujeres tenemos derecho al voto y derecho a un empleo, así como igualdad de género (aunque sí he hecho duras críticas en contra del actual estado canceroso del feminismo de la tercera ola y su narcisismo tóxico). En realidad, es más una burla a las típicas feministas de primer mundo que hallan problemas donde no los hay (como Zarna Yoshi, et al) y que tienen un complejo de protagonismo cuando no es bienvenido o es incluso contraproductivo.

Yo advoco vehementemente a favor de la justicia social (me repugna intensamente por completo el fascismo que invade mi país de origen, E.E.U.U., y el racismo al que los mexicanos están expuestos con los imbéciles del alt-right), pero los conocidos como Social Justice Warriors ignoran por completo el motivo principal por el cual hay opresión racial, discriminatoria, de sexo, género, etc... La lucha de clases. Los slacktivistas en la izquierda, especialmente los universitarios apasionados por la justicia social (lo cual no es malo en sí), no pueden pretender abolir las normativas de género y el racismo, si no atacan al sistema que lo mantiene: El Capitalismo. La discriminación de cualquier tipo y la naturaleza clasista del capitalismo van de la mano, y no pueden ser apartados el uno del otro. Nunca olviden éso, camaradas.

En fin. Pasada aquella crítica irrelevante, de nuevo les agradezco a todos y nos vemos en el próximo episodio, linduras ;)