NOTAS DE MERO: ¡Saludos, mis leales súbditos! ¡Su adorada y totalmente perfecta diosa ha regresado y se digna a darles la bienvenida!

¡Un momento! ¡¿Qué cuánto tiempo ha pasado desde la última publicación?! ¡¿Tanto?! ¡Me voy de vacaciones por unos días y todo se va al diablo!

*Rompe ventana*

¡Argh, sabía que no podía confiar en ese idiota de Flake-san! ¡Ya verá ese holgazán cuando regrese de lavar mi baño real! ¡Usaré mis técnicas de inserción posterior! ¡Y sin lubricante!

*Da coletazo a gatito submarino*

¡¿Y ustedes que siguen haciendo aquí?! ¡La historia está más abajo, léanla! ¡Yo me voy a buscar un maldito cactus para metérselo po-!

[Estamos experimentando dificultades técnicas. Por favor, disfrute de su lectura mientras nosotros resolvemos el problema. Gracias por obedecer a nuestra Ama Eterna. Que tenga un buen día.]

Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado-san. El universo es propiedad de la Gloriosa Emperatriz Absoluta, Meroune Lorelei. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener y extender la palabra de la Inmortal Deidad Rosada, creada sin fines de lucro. La Gran Sirena no se encuentra disponible ahora, ¿desea dejarle un recado?


NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE

CAPÍTULO 51


– "¡Acelera, flaca! ¡Acelera!

– "¡Es lo que intento, pajarraca!"

– "¡Mueve más deprisa tus ocho inútiles piernas, araña estúpida!"

– "¡Sería más fácil sin no estuvieras al frente, grillo fastidioso!"

– "¡Ya está cerca! ¡Corre, Aria, corre!"

– "¡Meine göttin! ¡Vamos a morir, vamos a morir definitivamente!"

– "¡Te odio, Jaëgersturm! ¡Te odio!"

¡Por el arco de Artemisa! ¡¿Cómo es que siempre terminamos así, huyendo despavoridas por nuestras vidas?! ¡Ni siquiera nos pagan por hacerlo! A veces creo que mis antepasados fueron gatos negros por tanta mala suerte que nos aflige a mí y al grupo. O tal vez nuestra concentración de cloruro de sodio corporal está por encima de los niveles normales, aunque ignoro que pueda ser considerado regular en nosotras. Pero bien, quizás debería comenzar desde el principio para empezar a comprender este caos que rige nuestras tragicómicas existencias.

Luego de haberme asegurado que mí amada Lala regresara sana y salva junto con el pequeño Haruhiko, gracias a la cortesía inesperada de mí querida Cetania debo recalcar, el equipo atendió la llamada del deber y con nosotras como espectadoras, las veteranas que conforman MON lograron neutralizar impecablemente a una pandilla de inexpertos pero peligrosos criminales que lograron hacerse con varios rehenes en un conocido restaurante. Y puede que haya experimentado una extraña sensación en la entrepierna al observar a Zombina desempeñarse grandiosamente en la operación como la heroína que es, con todo y frase de película incluida, pero ese no es el punto.

Debido al excelente desempeño de MOE como niñeras (o eso me gusta creer), el profesor Kururosu Sarver, padre del pequeñín bajo nuestro cuidado, premió a ambos equipos de remunerada manera con nada menos de cuatrocientos mil yenes, los cuales serían repartidos de manera poco equitativa pero justa entre las integrantes de nuestro peculiar ensamble justiciero. Desgraciadamente, el lugar elegido para guardar tan considerable suma de capital no resultó ser la más segura, como la capitana Smith pronto descubriría.

– "Por cierto, ¿dónde lo dejaron?" – Preguntó la coordinadora, refiriéndose al carrito para bebé del niño. – "Creí que lo tendrían aquí, pero no lo veo. ¿Lo regresaron a la estación o algo así?"

– "Uhm… Bueno…." – Titubeé. – "Verá, Hauptmann…"

Volteé hacia mis compañeras, cuyas miradas acusativas no me ayudaban a calmarme, sabiendo perfectamente que debido a nuestras 'encendidas' acciones, la carriola del chavalín hace mucho que se había transformado en un esqueleto de metal chamuscado maloliente y que ahora debía estar en siendo transportada en un camión a la planta de reciclaje más cercana. Tragué saliva sonoramente, sin saber qué hacer. No es que dudara que mis aliadas me delataran, especialmente porque todas seríamos castigadas por igual, pero tampoco podía quedarme más tiempo callada sin que la culpa me carcomiera el alma y terminara yo misma confesando mi crimen involuntario. ¿Es acaso mi vida una obra de Edgar Allan Poe?

– "Bien… Lo que sucede…" – Seguí hesitando, apretando nerviosamente mis manos. – "Uhm, diga, ¿le informaron de un… incidente en el parque Otsuka esta mañana?"

– "Recibí un aviso de cosas sucediendo ahí, algo sobre avispas, pero luego se esclareció que el peligro había sido contro…" – La agente entrecerró sus ojos. – "Un momento, no estarán ustedes involucradas, ¿o sí?"

– "No podíamos evitarlo, Jerarca." – Terció Nikos. – "Nos hallábamos en el lugar del suceso y era nuestro deber proceder a solucionar el problema."

– "Y eran avispones, de los peligrosos." – Reiteró la rapaz, alzando un dedo con sus manos postizas. – "Se le unió un enjambre de iracundas abejas, pero fueron satisfactoriamente neutralizadas."

– "Me alegro…" – Respondió Kuroko, con un tono casi indiferente y acomodando sus gafas. – "¿Y cuál fue el método utilizado para deshacerse de tan ponzoñosa amenaza, granates?"

– "Err…" – La castaña tembló ante ello.

– "Hu-humo…" – Injerí. – "A-ahogamos a los insectos con humo, Hauptmann. ¡Pero despreocúpese, que la amable de Mei nos ayudó a extinguir el fuego!"

– "¿Y por casualidad…?" – Preguntó Smith, viendo al techo. – "¿Podría saber que usaron para crear ese fuego en primer lugar?"

– "Oh… Bueno…" – Miré frenéticamente alrededor, buscando cualquier excusa para evitar responder. – "Ah, su reloj es muy bonito, Hauptmann, ¿dónde lo consi-?"

– "Res-pon-de, granate…" – Aseveró la jefa, con voz ligeramente gutural y apretando su puño. – "¿Qué fue lo que incendiaron?"

– "L-la carriola, Jerarca…" – Reveló la mantis, temblando como todas nosotras. – "Recurrimos al carrito para acabar con animales que pudieron desatar un terrible desastre sobre la población."

– "¿Con todo el dinero adentro?"

– "Me temo que así es, Chief…" – Acotó la halcón, tomando mi mano para darse valor. Yo correspondí. – "Le ruego recuerde que era una situación desesperada y requería de una medida igual de audaz para…"

– "Novatas…" – La capitana se retiró lo lentes de manera lenta y dramáticamente. No ocultaba su enojo. – "¿Están diciendo que el cochecito donde se encontraban todos los cuatrocientos mil íntegros… Ahora no es más que cenizas?"

– "Actualmente es más bien metal derretido." – Aclaré tímidamente. – "Con el calor y las intensas flamas que consumieron en su total-¡MFF!"

– "Cierra el pico, araña estúpida." – Susurró enfadada la empusa, tapando mi boca con sus quitinosas extremidades.

– "Déjenme ver si entendí bien…" – La mandamás alzó la mano en señal de alto y talló su sien. – "Estaban en el parque, un enjambre de avispones apareció y ustedes se encargaron de erradicarlos prendiéndole fuego al carricoche de Haru… Incluyendo al dinero en su totalidad."

– "Es correcto, Chief." – La falconiforme hizo una reverencia. – "Lo lamentamos."

– "Cuatrocientos mil yenes…" – Musitó la coordinadora. – "Cuatrocientos mil que se esfumaron entre las flamas del infierno que ustedes iniciaron…"

– "Lo sentimos mucho, Hauptmann." – Contesté, liberándome del agarre de la helénica, juntando las manos y agachando mi cabeza en señal de perdón. – "Pero al igual que usted, no teníamos idea de que los billetes se encontraban en el transporte."

– "Después de todo mi arduo trabajo…" – Articuló, mostrando severos tics nerviosos, casi espasmos. – "Después de entrenarlas… De arriesgar mi honor y dignidad…" – Tomó sus gafas para sol y las quebró con una sola mano. – "Y ustedes calcinan mi dinero…"

Sin dilación y para horror nuestro, la agente sacó su enorme IMI Desert Eagle y la sostuvo con sus trémulas manos, apuntando erráticamente hacia la nada al tiempo que seguía murmurando la cantidad neta que nunca tuvo la fortuna de ver. Las tres nos paralizamos al instante, sin siquiera poder movernos para escapar de la mujer frente a nosotras, cuya furia se concentraba a cada segundo como evidenciaba su entrecortada respiración y ese temblequeo que finalmente se apoderó de todo su cuerpo. Cuando Smith jaló violentamente la corredera para amartillar su monstruosa pistola, haciendo resonar el cuerpo metálico tan fuerte como un disparo, mi corazón dio un salto y cerré los ojos, esperando a que tuviera la suficiente bondad de exterminarme con una muerte rápida e indolora.

– "Cuatro…" – La vena en su frente estaba a punto de reventar. – "Cientos mil…"

Apretando sus dientes y emitiendo una gran cantidad de diversos sonidos guturales, la mujer del gobierno se sacudió agitadamente en su asiento, expulsando saliva en cuantía, como si de un perro rabioso se tratara, espetando insultos en idioma desconocido. Sin embargo, eso no importaba puesto que nosotras estábamos más preocupadas por el extremo peligro que representaba el índice de Smith sobre el gatillo, amenazando con volarnos la cabeza con sus definitivamente letales proyectiles calibre .50 AE Express. La americana discretamente trató de abrir las puertas traseras del vehículo para escapar, pero estas se hallaban cerradas por fuera. Nuestra mejor esperanza para sobrevivir era que Kuroko decidiera visitar el Estigia y metiera el cañón en su boca.

– "Bien… Bien…" – La capitana exhaló profundamente, calmándose. – "Vale, de acuerdo… Estas cosas pasan…"

Retirando el cargador y asegurándose que no quedaran balas en la recámara, nuestra superior volvió a suspirar, cerrando los ojos y dejando que la ira le abandonara paulatinamente, no sin antes darnos otro par de sustos cuando sus silenciosos gestos y gesticulaciones se tornaban demasiado agresivos, igual que una bomba a punto de reventar. Por suerte, tal momento nunca llegó y luego de una solemne sesión de inhalaciones profundas de su parte, la coordinadora volvía a su relativa normalidad. Desconozco si eso me reconforte más.

– "¿Jerarca? ¿S-se encuentra bien?'" – Indagó la mediterránea.

– "Sí…" – Respondió la mencionada, abriendo sus ojos y alzando la cabeza. – "Sí, supongo que ya estoy mejor."

– "¿Aún continúa molesta?" – Fue mi turno. – "Le repito que lo sentimos, de verdad."

– "Yo…" – Gruñó, suspirando. – "No puedo decir que estoy muy contenta con lo ocurrido. Pero, tampoco puedo enojarme demasiado por un error sincero."

– "Entonces…" – Cuestionó la rapaz. – "¿Nos perdona, Chief?"

– "No me queda de otra." – Sonrió ligeramente. – "Aunque deteste admitirlo, ustedes siguen siendo importantes para el equipo."

– "Das ist gut." – Exhalé, aliviada. – "Danke schön, Hauptmann. En verdad que nos preocupó por un momento. Pensé que nos sustituiría la materia gris con plomo."

– "Aún quiero hacerlo, cabo." – Rió con honestidad. – "Pero tampoco dejaré que nuestros recursos y tiempo que invertimos en adiestrarlas se vayan al caño por un pequeño desliz de carácter económico."

– "De todas maneras, seguimos sintiéndonos mal." – Mencionó la castaña. – "Usted en verdad se merecía consentirse con su porción de los cuatrocientos mil, jefa."

– "Gracias, granate, pero tampoco es que podamos hacer algo ya, ¿no crees? Además, era sólo un montón de papel moneda de curso legal, no es el fin del mundo." – Guardó su arma y nos miró a las tres. – "Escuchen, ¿Qué tal si nos olvidamos de todo este asunto y guardamos el secreto? No quiero que las demás se depriman al saber que las privaron de una buena recompensa."

– "Aceptamos, Jerarca, pero… ¿En verdad no está furiosa?" – Preguntó la nativa de Mitilene. – "Sin intención de ofenderla, pero no esperaba tal tolerancia por nuestra garrafal metida de pata."

– "El dinero va y viene, sargento, sus vidas no." – La agente se colocó el cinturón de seguridad y tomó el volante. – "Tal vez no sea una mujer de fe, pero creo que las cosas suceden por una razón. Quizás algo bueno resulte de esto, ¿no crees?"

– "¿A qué se refiere?"

Kuroko encendió el motor antes de explicar. Se mantuvo a velocidad moderada.

– "Bueno, en una ocasión Tionishia deseaba asistir a un concierto de uno de sus grupos musicales favoritos en Nagoya. Oportunidad literalmente única. Era la primera vez de los artistas en el país y su visita sería por tiempo limitado, ya que sería la última gira antes de separarse." – Relató. – "Sin embargo, no contábamos con suficiente capital para apoyarla, puesto que estábamos en medio de una recesión fiscal en la condenada agencia. Al final, ella no pudo asistir."

– "Debió sentarle fatal a la pobrecita." – Opinó la estadounidense. – "La comprendo, de adolescente yo siempre me sentía terrible cuando Iron Maiden tocaba en alguno de los estados vecinos mientras yo estaba aburriéndome en Montana. Aunque escaparme volando no era problema, la falta de dinero y el horrible clima que a veces imperaba era el principal obstáculo."

– "Al menos tú cumpliste tu sueño al final, Peaches. Y junto a la mujer que amas, ni más ni menos." – Replicó la agente, sonriendo desde el espejo retrovisor. – "Créeme, incluso Manako se atrevió a romper el paradigma de la modestia e intentó regresarle el buen humor a la afligida ogresa con algunos chistes subidos de tono que aprendió de Zoe."

– "Woah, ¿en serio?"

– "Lo sé, Mana-chan con una boca sucia es algo que jamás se me cruzaría por la mente ni en un millón de años, pero fue verídico. Tio en verdad estaba deprimida."

– "¿Y funcionó?" – Interrogué.

– "No realmente." – Se detuvo para darle paso a unos viandantes. – "La cíclope carece la habilidad de dominar el timing humorístico como Bina, especialmente con temas tan embarazosos y tartamudeaba demasiado para hacer efectiva su comedia improvisada. Sin embargo, su amiga apreció profundamente el esfuerzo de Mana-chan."

– "Eso es lindo, Jerarca, ¿pero cómo es eso algo bueno, según sus palabras?"

– "A eso voy, novata." – Reanudó la marcha. – "Verán, resulta que entre los tantos admiradores que la mencionada banda poseía, se hallaban un par de sátiros fanáticos, verdaderos obsesionados que intentaron convencer a los músicos de que no se disgregaran… A cualquier costo."

– "Déjeme ver… ¿Amenazaron y tomaron a los miembros como rehenes?" – Conjeturó la falconiforme.

– "En el blanco, granate." – La coordinadora alzó su índice sin quitar la vista del camino. – "Eso incluyó a los pobres pilotos del avión privado y algunos desafortunados ayudantes que no lograron huir a tiempo. Hay que aceptar que sus subfusiles MAC-10 fueron argumentos convincentes para que los integrantes accedieran a sus demandas. Ahora, ¿a quién creen que llamaron para encargarse de ese par de apasionados seguidores extremos?"

– "La ogresa debió ser la primera en ofrecerse a rescatarlos." – Dije yo. – "Y seguramente se armó como si fuera a invadir Normandía."

– "Ni las bombas atómicas podrían haber detenido al denodado tanque que eran Tionishia y su armadura. Nunca creí que alguien pudiera correr a esa velocidad con tantas armas y explosivos encima." – Se carcajeó Kuroko. – "Esa fue una de los pocas veces donde se pudo afirmar que era ejército de una sola mujer. Cuando arribamos al lugar, las únicas estrellas que vieron ese par de rufianes fueron las que la rubia les obsequió en forma de puñetazos. Pudimos haber creado un collar con los dientes que logró arrancarles a golpes. Y lo hizo ella sola."

Todo el grupo se echó a reír. Podía imaginarme a la colosal chica entrando como heroína hollywoodense por alguna de las paredes del transporte, avanzando lentamente hacia los malhechores, impávida ante sus disparos y mandándolos a volar sin necesidad de abordar el avión. Al menos ella tuvo la oportunidad de lucirse ante sus ídolos.

– "Una historia para recordar, Chief." – Aseguró la halcón. – "¿Qué dijeron los músicos?"

– "Desconozco si quedaron afásicos por el susto de los criminales, la forma tan intrépida en que Tio los rescató o si fue debido a que el interior de su jet privado se tiñó ligeramente de rojo." – Replicó Smith. – "De todas formas, para no explayarnos más, al recuperar sus funciones motrices, los cinco tipos la alabaron postrándose en el suelo como si la rubia fuera la reencarnación de alguna diosa ancestral. Ahí fue la ogresita quien perdió el habla por la sorpresa. Los papeles volvieron a intercambiarse cuando ella los dejó afónicos al sacar lápiz y libreta de la nada para pedirles su autógrafo."

– "¿Y se lo dieron?" – Hice una pregunta retórica. Era obvio que sí.

– "Mucho mejor, granate: Le compusieron una canción y la incluyeron en su álbum final de grandes éxitos como bonus track." – Reveló. – "No miento. Sí algún día escuchan 'It's all Ogre Now' del grupo Löwe Liebe, sabrán quien es la adorada titánide de áureos cabellos de la que habla la letra. No le pagaron regalías, pero saber que fue inmortalizada por una de sus bandas preferidas fue recompensa más que suficiente para ella."

– "Como diría Big Boy, sí que se rayó la Tionishia." – Silbó Cetania. – "Ya quisiera yo que los Irons escribieran sobre mí."

– "Se los repito, granates, las cosas suceden por una razón. No es que las exonere del todo, pero algo bueno deberá salir de este fiasco." – Se detuvo frente a una tienda Tama-Foxxo. – "En fin, sé que les prometí a las chicas acompañarlas a comer después de llevarlas a ustedes a casa, pero sinceramente no puedo estar más tiempo sin una gota de mi glorioso brebaje cafeinado. ¿Quieren que les traiga algo?"

– "Estamos bien, Jerarca, le agradecemos la molestia." – Respondió Nikos. – "Y nuevamente le pedimos perdón por nuestro error. Fue culpa de Jaëgersturm, como siempre, pero nosotras la ayudamos también."

– "Yo también te quiero, insecto." – Mascullé a la mantis.

– "Como digan, novatas." – Smith salió del vehículo. – "No tardaré. ¿Seguras que no desean nada?"

Las tres negamos con la cabeza. Con eso, ella cerró la puerta y se dirigió al interior del establecimiento, dejándonos solas.

– "Sehr gut, todo salió mejor de lo esperado." – Mencioné, asentándome en el suelo. – "Ahora, ya sé que no estoy en posición de quejarme, ¿pero podrían cesar sus miradas acusadoras, bitte?"

– "Perdón, flaca. Te quiero, pero casi nos despellejan vivas por tu ingenioso plan." – Dijo la rapaz, cruzándose de alas. – "Y me quedé sin dinero, así que comprenderás el porqué no estoy muy contenta contigo en este momento."

– "Sin olvidar que aún no sabemos cómo reaccionará el profesor Sarver al enterarse que el carrito de su retoño yace entre los restos chamuscados de un montón de himenópteros." – Acotó la empusa. – "Por lo que conocemos, ese demente podría discurrir algún nuevo método para torturarnos por destrucción de propiedad ajena. Al diablo con la inmunidad policiaca."

– "Debimos pasar demasiado tiempo en ese acuario, porque ahora actúas tan dramática como una sirena, saltamontes malhumorado." – Disentí. – "Miren, lo siento, ¿sí? No se me ocurrió nada mejor en ese momento. Necesitábamos acabar con esos animales, lo saben tan bien como yo. Y al final no ganamos nada, pero tampoco perdimos al no estar ni enteradas de todo ese dinero en primer lugar."

– "Eso no cambia el hecho que nos jodiste, araña." – La griega suspiró, recostándose en su asiento. – "Pero bien, no podemos hacer nada ya. Aprendamos de esto y no volvamos a repetirlo."

– "Concuerdo, grillo. Prometo ser más cuidadosa." – Descansé sobre el regazo de la pajarita, ella no objetó y me acarició la cabeza. – "Aunque deben admitir que mi técnica fue efectiva. Esos avispones cayeron como meteoritos en pocos segundos."

– "Y el tumulto provocó que nos reencontráramos con Mei, que se ofreció a transportarnos." – Acotó la americana, mimando mi mejilla. – "Fue muy útil cuando sucedió lo del Aizawa."

– "Precisamente." – Sonreí. – "La capitana tenía razón, todo sucede por una razón."

Nuestra charla fue interrumpida cuando un objeto voló hacia nosotras, atravesando el vidrio del parabrisas y cayendo frente a las tres. Era un ladrillo con una especie de dispositivo metálico, muy parecido a una granada de humo, amarrado con cinta adhesiva. Antes que pudiéramos reaccionar ante tan inesperado artilugio, el envase liberó una nube de gas incoloro que se internó en nuestros pulmones y sin dilación, perdimos el conocimiento.

Desperté, siendo recibida por el brillo del sol reflejándose en los numerosos pedazos de cristal esparcidos en el piso. No era como levantarse de la cama, sin el entumecimiento físico por el reposo, así que abrí mis seis ojos rápidamente, aunque tuve que volver a cerrarlos para poder enfocarlos debido al fulgor de la luz. Una ligera jaqueca me agobiaba y tosí un poco por el malestar que ese gas me dejó. Recobrando el sentido de la vista, noté que aún me hallaba dentro del vehículo, aunque esa infame granada de humo había desaparecido.

– "Ugh… ¿Qué sucedió?" –Miré a mí alrededor, sorprendiéndome de repente. – "¡¿Eh?! ¡Chicas, despierten!"

– "Ah, fuck…" – Se quejó la falconiforme, volviendo en sí. – "¿Dónde estoy? ¿Anotaron la matrícula?"

– "Gah…" – La helénica fue la tercera, sacudiendo lentamente la cabeza. – "¿Ahora qué hiciste, Potato?"

– "Antes de echarme la culpa, deberías darte cuenta de nuestra condición, maldita hija de Hécate." – Le reclamé. – "Oh, Arache mía, ten piedad…"

Ignoro la razón, pero las tres nos encontrábamos amarradas con una fuerte e incómoda soga alrededor de nosotras, apresando nuestras extremidades superiores. En el caso de la arpía y la mediterránea, eso incluía sus piernas, brazos mantoideos y alas, todas fuertemente ajustadas con esposas plásticas que impedían cualquier intento por zafarse de estas. Lo peor, sea quien sea la misteriosa persona que decidió tomarnos de rehenes, también se encargó de aprehendernos juntas, uniéndonos con más de esa soga. La castaña se encontraba en mi espalda, con la suya chocando con la mía.

La pelinegra, por el otro lado, había sido acoplada en una muy comprometedora pose, con sus articulaciones de mantis alrededor de mi cuello, sus brazos medios rodeando mi cintura y su trasero descansando en mis pedipalpos. Debido a la diferencia de altura, su rostro estaba apenas a la elevación necesaria para no quedar atrapada en mis pechos. Ignorando el enorme rubor en las mejillas de la nativa de Lesbos y totalmente inmovilizadas, excepto por mis ocho piernas, todas comenzamos a buscar alguna manera de liberarnos, sin éxito.

En mi trivial lucha, atestigüé los ominosos escritos que nuestro captor había plasmado en las paredes con indeleble y escalofriante tinta roja. La pintura escurría casi como hemoglobina fresca, deletreando palabras en idioma desconocido, pero que no dejaban de transmitir un terrorífico sentimiento. Aquello parecía un acto perpetrado por el más infausto asesino serial en la historia, y nosotras éramos las víctimas. Mi respiración se agitó así como mis intentos de huir, pero todo intento era en vano.

– "¡¿Qué rayos está pasando?!" – Vociferó la rapaz, sacudiéndose. – "¡¿Qué clase de lunático se atrevió a hacernos esto?!"

– "¡J-Jaëgersturm! ¡Si e-este es alguno de tus degenerados juegos sáficos, t-te advierto que no funcionará conmigo!" – Aseveró la empusa, alejando su cara de mis senos. – "¡Te exijo-jo que me liberes en este instante! ¡Ahora!"

– "¡¿Te parece que pueda hacerlo en mi estado, idiota?!" – Espeté, tratando inútilmente de librarme de mis ataduras. – "¡¿Por qué no usas sus espolones para cortar esta cuerda?!"

– "¡Están pegadas a ti, imbécil! ¡¿Ya intentaste con tus patotas?! ¡Lucen igual de afiladas!"

– "¡No puedo alcanzar las uniones!" – Alcé las mías para enfatizarlo. – "¡Alguien les colocó cinta adhesiva en las puntas, no puedo cortar nada! ¡Ni siquiera podré escalar paredes!"

– "¡Olviden eso, ¿quieren?! ¡Deberíamos intentar salir de aquí primero!" – Injirió la estadounidense. – "¡¿Y dónde esa inútil de Smith?!"

La respuesta le fue dada cuando un contundente objeto foráneo entró por la parte frontal, girando como las aspas de una hélice y clavándose firmemente en la puerta trasera, produciendo un sonido seco. Nos horrorizamos al instante al descubrir que tal artilugio era ni más ni menos que una afilada hacha para incendios, de roja cabeza y amarillo mango hecho de madera pulida. Tragando saliva, le agradecí a mi panteón entero que pudiera esquivar el filo de tan letal herramienta por escasos centímetros. Lo más espeluznante era la precisión con la que fue arrojada, indicando que la persona detrás de tan terrorífico acto tenía una gran experiencia. Antes de preguntarnos si habíamos sido secuestradas por un grupo de vikingos neuróticos, otro golpe detrás de nosotras nos provocó alejarnos de nuestro lugar hasta el otro extremo de la furgoneta.

Posicionándonos del lado contrario, observamos absortas la incisión que el impacto dejó en las metálicas paredes del vehículo. Nuevamente, otra concavidad se hizo presente muy cerca de la primera al recibir otro choque. El horrísono eco creado por tan violentos ataques nos perforaba los tímpanos, aunque estábamos incapacitadas para taparnos los oídos o para escapar de ahí. Los golpes hacia la unidad móvil no cesaban y las puertas habían sido aseguradas por completo. Me era posible comprimirme para escabullirme por el parabrisas roto, pero con Dyne y Cetania pegadas a mí, corría el riesgo de lastimarlas.

Entonces, como salida de una película de terror, la hoja de otra hacha, esta vez de mayores dimensiones que la que continuaba clavada en la puerta trasera, arrancó parte del metal, creando un hoyo demasiado pequeño para ver al exterior. Aquello no sería preocupación por mucho tiempo, porque el arma prosiguió su colérica tarea de destrozar el transporte hasta que los incesantes golpeteos abrieron un agujero lo suficientemente grande para que nos permitiera deducir la identidad del captor. En ese momento, hubiéramos deseado que en verdad fueran invasores nórdicos; Tendrían más piedad.

El monstruo más abominable que pudiéramos proyectar en nuestras perturbadas mentes se había manifestado físicamente y, como el verdadero engendro infernal que era, había logrado introducir su siniestro rostro en la abertura y ahora nos observaba a las tres fijamente con su penetrante mirada de suprema psicopatía y su execrable sonrisa enseñando sus temblorosos dientes, dejando escapar saliva como un animal hidrofóbico junto a una tétrica risa que nos atormentará por los eones venideros.

– "¡Heeere's Kuroko!"

Haciendo honor a su nombre, Smith dejó que la oscuridad se apoderara de su ya ennegrecida alma y sin importarle que estuviera infringiendo derechos de autor, imitó perfectamente cierta escena que el talentoso Stanley Kubrick inmortalizara en la pantalla grande. Excepto que esta vez no era Jack Nicholson actuando la que nos saludó, sino la propia coordinadora, habiendo perdido completamente su poca cordura y emitiendo agudos chillidos acompañados de demoniacos espasmos. Naturalmente, nosotras gritamos a todo pulmón e intentamos alejarnos lo más posible de ella, aunque fuera caer en la inopia al encontrarnos atadas y sin espacio para maniobrar.

– "¡Hauptmann, por lo que más quiera, por favor contrólese!" – Imploré inútilmente. – "¡Perdónenos! ¡Por todos los cielos, perdónenos!"

Sacando su cabeza del transporte, la pelinegra contestó volviendo a arremeter contra la inocente furgoneta, haciendo el agujero aún más grande al tiempo que nosotras nos desesperábamos por escapar.

– "¡REDRUM!" – Exclamaba la lunática, sus ojos tornándose casi blancos por el trance asesino de su dueña. – "¡REDRUM!"

Aceptando que la única salida era la parte delantera del vehículo y corriendo el riesgo de apretujar a mis compañeras, me encaminé hasta nuestro boleto a la libertad, evitando que los restos que la asesina hacha le arrancaba al carro nos dañaran. Desgraciadamente, la neurótica mujer del gobierno se nos adelantó y embistiéndonos como un rinoceronte africano, de alguna insólita manera usó su pequeño cuerpo para poner nuestro mundo de cabeza, volteando por completo el furgón y aplastando el techo, dejándonos sin salida alguna. El escuadrón MOE se vio reducido a un trío de niñas lloronas que rezaban por sobrevivir al asedio de nuestra vesánica superior, quien no nos daba tregua y continuaba en su afán de clavar su herramienta en nuestros cráneos. Realmente era el fin.

– "¡Fuck my life, vamos a morir! ¡Morir de verdad!" – Se lamentó la arpía a todo pulmón. – "¡Te amo, Aria! ¡Lástima que debamos abandonar el mundo tan jóvenes!"

– "¡Yo también te amo, Cetania!" – Respondí, con lágrimas recorriendo mis mejillas. – "¡Al menos recorreremos juntas el río Estigia! ¡Le ganaste a Lala después de todo!"

– "¡Jamás creí decir esto, pero quisiera que ella estuviera aquí para salvarnos el trasero! ¡¿No puedes invocarla con tu amor o algo así?!"

– "¡Perdona, linda, pero no tengo esos poderes! ¡Descuida, tendremos tiempo de sobra para que nos visite en el Hades!"

– "¡Mi muerte debió ser gloriosa, en batalla como una espartana!" – Prorrumpió la mediterránea. – "¡Mi sangre helénica exige un final honorable para una guerrera!"

– "¡Ya es tarde para eso, mantis!" – Repliqué. – "¡Confórmate con pasar tus últimos momentos a lado de tus mejores amigas!"

– "¡Vete al carajo, araña, yo las odio!" – Declaró. – "¡¿Por qué tengo que perecer a su lado, malditas lesbianas degeneradas?! ¡Debería ser yo quien las ejecute por meterme siempre en problemas!"

– "¡Extrañaré tu honestidad brutal, Pepper!" – Rió entre llantos la rapaz. – "¡Pero a pesar de esa actitud tan fría que tienes, siempre te consideré una buena compañera!"

– "¡Ay, al diablo con todo! ¡Dyne!" – Llamé la atención de la empusa. – "¡Dyne, voltea! ¡Tengo algo que decirte!"

– "¡¿Qué?! ¡¿Qué rayos quieres ahor-¡GUH!"

La pelinegra fue silenciada gracias a mi repentino contacto bucal. En un desesperado momento de sinceridad y viendo que toda oportunidad de salir con vida de nuestra cada vez más exigua prisión de acero era casi nula, decidí que era tiempo para atreverme a juntar mis labios con los de la mediterránea. Si bien lo anterior podría parecer a todas luces una flagrante declaración de amor para cualquiera que conociera mis inclinaciones, en realidad no albergaba sentimientos tan fuertes por mi aliada de verdes ojos. Solamente estaba tratando de satisfacer un pequeño capricho oral, ya que nada importaba más en nuestra existencia terrenal.

Y admito que no fue tan malo.

– "Para que digan que algún día me atreví a hacerlo…" – Dije al separarme. – "Pero no te equivoques, chapulín gruñón, no siento nada por ti."

– "¡You bitch! ¡Te vi, araña descarada! ¡Te vi completamente!" – Vociferó la castaña. – "¡Me las vas a pagar, infiel! ¡Te arrancaré la médula ósea de un solo…!"

– "Cetania, si salimos vivas de esto…" – Dije con seriedad. – "Pondré un anillo en tu dígito. Tienes mi palabra."

– "…"

– "…"

– "¡Eso no funcionará ahora, alemana traicionera! ¡Tus días están contados! ¡You're so fucked!"

– "¡Ay, carajo! ¡No necesito que me lo recuerdes, plumífera! ¡Ambas estamos condenadas!" – El vehículo seguía temblando por el ataque de la agente. – "¡Pero hablaba con sinceridad! ¡En verdad que te colocaré una argolla de compromiso uno de estos días!"

– "¡Deja de ilusionarte con bodas y concéntrate en escapar de esta prisión, rubia soñadora! ¡Piensa en algo ya!"

– "¡¿Tienes idea de cómo lograrlo, pajarraca insolente?! ¡Por si no te has dado cuenta, apenas puedo mantenerme erguida y la única ruta de escape es a través de la loca de Smith!"

– "¡Improvisa entonces otro de esos dementes planes, como siempre haces! ¡Incendia la furgoneta si es necesario, pero sácanos de aquí!"

– "¡Eso es lo que intento, mujer! ¡Esto no es una obra de Homero donde Atenea nos rescata al último minuto!" – Miré a la helénica. – "¡Dyne, maldita muda, ¿Qué se te ocurr…?!"

Ella no contestaría. La nativa de Mitilene hacía mucho que entró en un catatónico estado, habiéndose tornado completamente roja y ostentando una expresión de sorpresa que se mantenía imperturbable ante el cacofónico hostigamiento de nuestra superior o los gritos que proferíamos en respuesta al acoso.

– "¡Scheisse, creo que ya se murió!" – Declaré, evitando que una esquirla se le insertara en la mejilla. – "¡Está como palito de paleta!"

– "¡Y tú también lo estarás pronto, desgraciada!" – Exclamó la halcón, tratando de patalear. – "¡No creas que te salvarás de tu osadía! ¡El Tártaro no se compara con lo que te espera, netorare!"

– "¡Tampoco me llames así, incordio alado! ¡Ya te dije que no siento nada por este saltamontes malhumorado!"

– "¡Don't fuck with me, Blondie! ¡Ya la tenías en tu mira desde hace mucho! ¡Te abriré otro cul-¡Gah!"

– "¡Agáchate, escandalosa!" – Esquivé otro trozo de metal. – "¡Te quiero viva, incluso si me matas después!"

– "¡Ay, que jodidamente romántica me saliste ahora, germana del averno! ¡Te estrujaré la tráquea! ¡Usaré tu espina dorsal como palo de golf con tu cráneo!"

– "¡Arachne mía, estoy rodeada de chifladas!"

Tique debió apiadarse de mi apuro y, demostrando que no sólo en las óperas Wagnerianas el héroe logra salvarse de la contrariedad, uno de los impactos de la herramienta de Smith, aunado al daño que el transporte recibió al ser volteado, permitió que el seguro de la puerta trasera cediera y nos ofreciera una ruta de escape. Sin pensarlo dos veces al ver como la coordinadora se preparaba para arrojarnos el arma como si de un hacha francisca se tratara, me moví justo al tiempo que la cuchilla voló en nuestra dirección y se insertó pesadamente en la pared donde yo me encontraba segundos antes. De esa milagrosa manera, escapé antes que Kuroko retomara sus artilugios de muerte, cerciorándome de que mis pasajeras resultaran ilesas.

– "¡Ay! ¡Cuidado con mi cabeza, flaca idiota!"

Bueno, casi incólumes, los errores en batalla suceden. Pero haciendo caso omiso a las vituperaciones de la estadounidense respecto a mi torpeza para fugarme y sus nuevas equimosis cefálicas, no dilaté en acelerar el paso para alejarme lo más posible de la desquiciada mujer del gobierno que ahora blandía ambas hachas en sus manos y las agitaba en el aire mientras imprecaba terroríficos sonidos que indicaban que su ya de por sí escasa cordura había desaparecido por completo. Seguramente así debieron sentirse las legiones de Varo al enfrentarse a los bárbaros durante su campaña en Germania. Irónico que ahora sea una alemana la que deba escapar de la supuestamente civilizada protectora de la ley.

Corriendo a máxima velocidad, preguntándome cómo demonios era posible que una humana pudiera mantener el paso de una arachne cazadora y todavía contara con suficiente destreza para arrojarnos sus armas, mis seis ojos se esforzaron por hallar un refugio que nos salvaguardara de la pirada que volvía a sorprendernos con su habilidad para recoger sus herramientas lanzadas sin detenerse. Con ella pisándonos los talones y yo sin poder escalar las paredes, usar mis brazos o poder despegarme de la pelinegra y la castaña atadas a mí, la situación era demasiado desesperante y como tal, tuve que recurrir a medidas de emergencia.

– "¡Cierra los ojos, Süsse!" – Advertí a la rapaz. – "¡Vamos a hacer una entrada dinámica!"

Arriesgándome a causarle aún más daños a la propiedad ajena, divisé una tienda de artículos deportivos y de un saltó irrumpí en el interior, procurando que el vidrio no nos cortara al igual que el tajante objeto que atravesó mi periferia, evitándome por escasos milímetros y chocando contra un maniquí, el cual perdió literalmente la cabeza y hasta el casco para futbol americano cuando el monstruoso filo los partió en dos. No es que tuviera una vendetta personal contra de tales pasatiempos, pero dado que el local actúa como puente entre dos calles, era un atractivo atajo, sin contar que la diversa cantidad de repisas llenas de objetos podrían ser una excelente distracción para retrasar a la iracunda líder de MON.

– "¡Corran a las colinas, corran por sus vidas!" – Anuncié a los azorados compradores, atónitos sin dar cabida a lo que se desarrollaba. – "¡La bestia anda suelta! ¡Sean rápidos o perezcan!"

Causando caos y destrozos por todo el lugar, derrumbé todos los estantes que pude, regando balones, bates, raquetas y demás mercancía en el suelo, esperando obtener mayor ventaja contra Smith. Desgraciadamente, su exaltado estado parecía darle una fuerza sobrehumana y la trastornada coordinadora atravesó el mar de objetos sin retardar su vengativa marcha, corriendo con ambas hachas y gritando como una berseker escandinava a punto de incendiar la siguiente aldea cristiana. Los aesir nórdicos debían estar temblando en sus tronos en Asgard al contemplar como la capitana, poseída por el violento Surt, desencadenaba el Ragnarök por sí misma. Sólo faltaba que el Nidhogg escapara del Niflheim para completar el cuadro apocalíptico.

Destruyendo otra inocente ventana en mi frenética huída y con la castaña vituperando sin cesar en su idioma nativo, tomé dirección derecha al momento que una de las hachas se incrustaba en el buzón detrás de mí. La gente alrededor se alejaba lo más que podía al notar al inusual grupo de liminales siendo perseguida por una humana cuya sed de sangre no conocía límites o respeto por los incontables inmuebles dañados en su vandálica rabia. Casetas telefónicas, tomas de agua, vendedores ambulantes, transeúntes, nada era obstáculo para la psicópata agente, imparable como una locomotora.

– "¡DINERO!" – Prorrumpía como su grito de batalla la vesánica extremista, arremetiendo contra un gatito en el camino. – "¡DINEEERO!"

Giré a la izquierda, a través de un estacionamiento público, usando los automóviles aparcados como plataforma para saltar sobre ellos y ahorrar tiempo. Kuroko emuló mis movimientos e, impulsándose audazmente con una agilidad sobrehumana, brincaba en los techos de los vehículos con maestría sin perder velocidad. Fue ese momento en el que la mantis decidió salir de su estupefacta condición y regresar a la realidad.

– "¿D-dónde estoy?" – Se preguntó la empusa, sacudiendo su cabeza. – "Tuve una horrible pesadilla donde esa maldita arach…"

– "Bienvenida, pepino amargado." – Saludé sardónicamente. – "Espero no te moleste, pero estamos ocupadas huyendo por nuestra integridad física."

– "¡T-t-t-tú! ¡Maldita degenerada! ¡Suéltame, s-suéltame ya!" – Demandó la helénica, sonrojándose nuevamente. – "¡Sucia le-lesbiana! ¡Asquerosa Nazi depravada! ¡Germana pervertida!"

– "¡Infiel! ¡Traicionera! ¡Sátira! ¡Adúltera!" – Se le unió la falconiforme. – "¡Descarada! ¡Atrevida! ¡Rata de ocho patas, te odio y te desprecio!"

– "¡Ay, demonios, no otra vez!" – Protesté. – "¡Juro que voy a darme media vuelta y dejarle a Smith que nos haga pulpa a las tres!"

– "¡Yo te machacaré los huesos, adefesio malnacido!" – Injurió la mediterránea. – "¡Te insolentaste a profanar mis labios vírgenes! ¡Me bañaré en tu sangre por tan infausta herejía!"

– "¡Dioses del Olimpo, sáquenme de este infierno!"

– "¡Aria!" – Me habló la emplumada. – "¡Watch out, you dumbass!"

De la nada y como si los dioses hubieran respondido a mis exasperadas plegarias, una furgoneta desconocida se cruzó en nuestro camino, atravesando una delgada pared y frenando enfrente de nosotras. De níveo color y con el diseño de un ángel decorándolo, el transporte parecía un verdadero regalo divino. Entonces, el conductor de tan misterioso vehículo abrió la puerta, revelando su verdadera identidad.

– "¡Los héroes nunca mueren!" – Exclamó la persona, extendiendo la mano. – "¡Vengan conmigo si quieren vivir!"

– "¡Saadia!" – Me sorprendí al ver a la doctora Redguard. – "¡¿Qué haces aquí?! ¡¿Y por qué le robas las frases a Schwarzenegger?!"

– "¡No hay tiempo para explicaciones! ¡Súbanse de una jodida vez, granates!"

Asintiendo al unísono y ella abriendo la puerta trasera, me introduje en el carro. Colocándole el seguro, la zombi se apresuró a tomar el asiento del conductor y apretar el acelerador hasta el fondo, provocando que los neumáticos chillaran por unos segundos y dejaran su marca negra en el piso antes de salir disparadas a la máxima velocidad físicamente posible. Los gritos de guerra de nuestra chiflada perseguidora se oían cada vez más distantes y, para cuando estos no eran más que ecos en la lejanía, las tres nos permitimos descansar y me desplomé en el suelo del cansancio.

– "Gran Arachne, esta casi no la contamos." – Suspiré aliviada. – "Danke schön, Sandy. Nos salvaste el trasero."

– "Una muerta salvando vidas." – Exhaló la arpía, sonriendo. – "La contradicción que mas aprecio."

– "Realmente se convirtió en nuestro ángel guardián, doctora." – Congratuló la mantis. – "Efharistó, Vanessa."

– "Agradezco el halago, novatas." – La afroamericana volteó a vernos en el retrovisor. – "¡¿Pero qué demonios fue lo que hicieron esta vez, trío de ineptas?! ¡Primero me llevan al retoño de ese odioso de Karu a mi oficina y después me las encuentro huyendo de su propia superior! ¡¿Podrían explicarme que rayos sucede?!"

– "Es precisamente ese bebé quien nos metió en todo este embrollo, doc." – Acotó la rapaz. – "Puf. Me alegro de ser lesbiana, así no tendré que lidiar con mocosos."

– "No me salgan con que ese enano se vomitó encima de Kuroko o se hizo dentro de su cafetera." – Replicó la egresada del MIT. – "¡Por Sithis! ¡¿Acaso el niño resultó ser también su descendiente?!"

– "Descuida, Sandy, que el asunto no es tan terrible. Al menos para Haru." – Contesté. – "Yendo al grano, el profesor Sarver nos remuneró generosamente a todas por cuidar de su hijo. Cuatrocientos mil yenes, de los cuales cien mil eran para la capitana."

– "Joder, novecientos dólares. Nada mal." – Silbó la muerta viviente, disminuyendo su velocidad. – "¡Un momento! ¡¿Cuatrocientos mil?! ¡Por la Madre Noche, no me digan que los perdieron!"

– "Culpa de Potato, como siempre." – Respondió la griega. – "El padre del pequeño los escondió en su carrito y esta retrasada mental le prendió fuego."

– "¡Era para detener a esos avispones, imbécil!" – Protesté.

– "¡Insectos que tú misma desataste, idiota!"

– "¡Ay, no! ¡Carajo, no!" – Expresó Redguard, preocupada. – "¡¿Saben lo que han hecho, irresponsables?!"

– "¿Privar a un bebé de su transporte personal?" – Contestó la castaña.

– "¡No, cretinas! ¡Despertaron al auténtico monstruo que reside en Smith! ¡Y no me refiero a su demente actitud actual, sino a la verdadera abominación que habita su alma!"

– "¿A qué te refieres, Sandy?" – Cuestioné.

La mirada de la nativa de Chicago de tornó lúgubre y disminuyó la marcha de la furgoneta. Nos hallábamos sobre una carretera elevada muy desocupada, pero supongo no quería distraerse mientras nos respondía a la interrogante.

– "Chicas, ¿nunca se han preguntado cómo es que una persona tan irresponsable está a cargo de puestos tan importantes? ¿Y cómo es capaz de salirse con la suya de alguna manera inesperada?" – Interrogó la afroamericana. – "El propio MON está compuesto de extraordinarias guerreras, las cuales difícilmente se someterían al mando de alguien tan poco confiable como Kuroko, especialmente una Abismal tan soberbia como esa cambiaformas."

– "La Jerarca usará métodos poco ortodoxos, no lo niego, sin embargo ofrecen resultados satisfactorios y eso es lo que importa al final." – Opinó Dyne. Ella me había hecho la misma cuestión antes. – "Será algo brusca, pero efectiva."

– "Nuestro entrenamiento es prueba de ello." – Alegó la halcón. – "Incluso cuando ha perdido totalmente la cabeza, sigue siendo una líder."

– "Me alegra que aún estimen a esa chiflada, granates, sí que son nobles. O muy ingenuas." – Rió ligeramente Vanessa. Su expresión volvió a tornarse seria. – "Sin embargo, eso es sólo evidencia fehaciente de la anormalidad que su capitana representa. Me temo que es momento que lo sepan, el verdadero secreto de Monster Ops."

– "¿Cuál secreto, Ärztin?" – Indagué.

– "Lo que explica todo lo anterior, la contestación ante tantas anomalías que han experimentado bajo la tutela del horror que actualmente dirige al equipo." – Volteó su cabeza, casi por completo, como un búho. – "Chicas; Smith… Ella… No es humana."

Regresando su mirada al frente, la doctora prosiguió relatando.

– "Deben estar pensando en alguna forma de retrucarlo, pero les aseguro que lo anterior no fue una metáfora. Hablo en serio, la capitana no es una Homo sapiens, ni siquiera una mortal." – Aseveró. – "Sonará disparatado, pero las pistas siempre estuvieron ahí. Es mucho más lista de lo que aparenta. Tiene esa manera tan sutil pero contundente de manipularte hasta lograr lo que desea, sin importarle los métodos a utilizar. No se tentó mucho el corazón en su adiestramiento, sometiéndolas a pruebas prácticamente infernales, y aún así la respetan. Y deben admitirlo, ella posee una agraciada figura, la cual aprovecha para cautivar a cualquiera, ya sea hombre o mujer."

– "Llamar atractiva a Smith, eso sí que da miedo." – Bromeó Cetania. – "Pero aún no entendemos. Si ella no es humana, ¿entonces es una liminal?"

– "Correcto, Montana. Y de las peores." – Confirmó Redguard. – "Sólo analicen; Una lengua de plata capaz de convencer al más renuente, un cuerpo seductor, gran inteligencia y como lo comprobaron en ese edificio de nueve pisos durante los ensayos, una extraña afición por las obras de Dante Alighieri. ¿Les dice algo?"

– "Doctora Vanessa…" – Habló la helénica. – "¿Está insinuando que la Jerarca…?"

– "No lo sugiero, Nikos, lo asevero." – Reiteró la aludida. – "Kuroko Smith es un demonio."

– "Meine göttin…" – Musité. – "¿No estás bromeando, Sandy? ¿Te refieres a uno verdadero? ¿Un engendro mefistofélico?

– "Lo quieras creer o no, Jaëgersturm." – Aseguró Saadia. – "Y no es cualquier diablillo de quinta, sino una verdadera ancestral."

– "¿Una súcubo?" – Preguntó la falconiforme. – "¿Una vampira?"

– "No, una Tentadora." – Aclaró la zombi. – "Descendientes de los demonios que dieron origen a los diversos mitos, especialmente en las religiones judeocristianas. Los más peligrosos, pues han podido seducir a la humanidad gracias a su control sobre las emociones primordiales de los seres vivos. Sé que ninguna aquí es seguidora de tal fe, ¿pero conocen los siete pecados capitales?"

Las tres asentimos con la cabeza.

– "Asmodeus, Leviatán, Belcebú, etcétera. Diversos nombres, miles de interpretaciones en distintas culturas, un mismo fin: Control." – Explicó la muerta viviente. – "Son expertos en explotar las debilidades de los mortales para lograr su cometido. Unos embaucadores fuera de este mundo. Incluso el Abismo los rechaza."

– "¿Los demonios son Abismales?" – Cuestionó la halcón.

– "Parias del Vacío Eterno. Su líder, Eósforo, mejor conocido como Lucifer en la cultura popular, se rebeló contra la tiranía de Azathoth y fue expulsado del Caos Infinito. Satanás siendo desterrado del paraíso no es más que una variación de tal historia." – Se detuvo, abriendo la guantera y sacando una cajetilla de cigarrillos. Encendió uno y bajó el vidrio de su ventana. – "Ah, lo necesitaba. Descuiden, creo que ya estamos a salvo. Como decía, Smith, así como sus congéneres, se han esparcido por todo el globo, infiltrándose en las esferas del poder y moviendo los hilos como los titiriteros que en realidad son. Kuroko eligió empezar con un objetivo aparentemente benévolo: La justicia."

– "Domina las leyes del hombre y dominas su mundo." – Mencionó Nikos. – "Tiene sentido."

– "Aún me resulta difícil de imaginar, Sandy." – Me crucé de brazos. Metafóricamente, pues estaban atados. – "Es decir, apareces de la nada y nos dices que la jefa es una hija del diablo y demás. Suena a locura."

– "¿Realmente estás en posición de clasificar algo como disparatado, descendiente de Arachne?"

– "Bueno…"

– "Aunque te duela el coco, acéptalo; Tu Hauptmann es el retoño de un monstruo rebelde. Y de alguna manera, se ha ganado el respeto de la heredera del Caos Reptante." – Redguard miró hacia el techo, exhalando el humo. – "Joder, no quiero pensar en lo que esas dos podrían causar. Hasta ahora, su teatro de jurisprudencia policiaca les ha salido a la perfección. Miren que enviarlas a hacer nimios mandados y obligarlas a cuidar niños es una excelente distracción. Y qué decir de las historias para ganar simpatía; ¿Cuál uso en esta ocasión con ustedes? ¿Perder a un ser querido en un tiroteo en un parque de su infancia? ¿El tipo que secuestró a una jovencita? La anécdota sobre seguir los pasos de su padre es mi favorita."

– "Un momento, doc." – Tomó la palabra la arpía. – "Si usted sabía de todo esto, ¿por qué jamás nos lo reveló?"

– "De haberlo hecho, me hubieran catalogado de loca. Y no necesitan tener mi cociente intelectual para recordar que mi reputación no es precisamente la más alta entre ustedes." – Arrojó el tabaco por la ventana y arrancó el motor. – "Pero ahora han invocado a la bestia y no necesitan más evidencia. Si aún no han escrito su testamento, les aconsejo inicien ahora, porque esa demente no se detendrá hasta enviarlas al Cocito personalmente."

¡Qué horror! ¡Quitarle el trabajo a mi Lala! ¡Maldita Smith, la voy a exorcizar con fuego!

– "¿Todo esto por un poco de dinero?" – Interrogué. – "Hasta para mí eso es exagerado."

– "Te repito que ella no es un ser común, araña." – Reiteró Saadia, doblando a la derecha. – "Es una personificación de los pecados supremos. Su sangre corrompida le hace actuar de manera desmedida una vez provocada. ¿Cuál creen que sea el que ella representa, granates?"

– "Pereza." – Contestó la castaña. – "La coordinadora es la emperatriz de la flojera."

– "No lo niego, pero ella no es vástago de Belfegor." – Respondió Vanessa.

– "Avaricia." – Opinó la helénica. – "Nos persigue por su riqueza perdida."

– "Mammon, ese viejo tacaño." – Rió ligeramente la doctora. – "Tiene sentido, pero me temo que fallaste, Pepper. ¿Qué hay de ti, Potato?"

– "Ira." – Dije, convencida. – "Es furia encarnada."

– "Lotería, araña. Es correcto, la loca es la enviada de Amon, el mismísimo Satán. ¿Alguna vez imaginaste combatir al supuesto diablo?"

– "No, somos greco-nórdicas en Sparassus, pero entiendo." – Reí ligeramente. – "¿Saben? Lala nació un veinticinco de diciembre por parto virgen, y fue una humilde granjera de niña. Incluso le regresó la vida a una pequeña al convertirla en una zombi."

– "Joder, flaca, ¿qué ahora esa dullahan es una mesías o algo así?" – Interrogó la emplumada. – "¿Convierte el agua en horchata? ¿También morirá crucificada para expiarnos de nuestros errores?"

– "Claro que no, pajarraca. Sólo me pareció curioso. En todo caso, esto sigue siendo demasiado impactante."

– "¿Sigues incrédula ante la verdad, granate?" – La egresada del MIT alzó una ceja. – "¿Deberán triturarte las tripas para que te convenzas?"

– "Lo sé, pero así soy. Irónico, la propia Kuroko me advirtió en nuestro primer encuentro que debería ser menos escéptica, especialmente al ser liminal."

– "Así te engaña esa bruja, usando su máscara de verdades lógicas para ocultar sus intenciones reales. Y piradas como ella están por todas partes." – Volteó a vernos. – "¿Saben? De hecho, estoy convencida que posee una familiar de menor categoría. Quizás su hermana, tal vez hasta su retoño, pero definitivamente comparten parentesco. Creo que se llamaba Lili-"

Repentinamente, un hacha voladora irrumpió dentro del vehículo, destruyendo el parabrisas y, con terrorífica precisión, cercenando la cabeza de Saadia y haciéndonos gritar del susto. No era por la nativa de Chicago, pues no le afectaba, pero en su acéfalo estado, nadie podía conducir la furgoneta, la cual se dirigía a introducirse en una chatarrería y estaba en rumbo de colisión con una pared hecha de autos usados. La herramienta cayó al suelo y trabó el acelerador, provocándole acelerar al máximo. Sinceramente, no entiendo cómo demonios le permitimos a Redguard el explayarse tanto en lugar de pedirle que nos desatara. Sin embargo, morir en el choque hubiera sido preferible a lo que siguió después.

Comprobando que las historias de la doctora eran reales, Smith, salida de quien sabe cual infierno, aterrizó sobre el techo del vehículo en movimiento y arrastrándose cual espíritu acosador, asomó su cabeza por la parte delantera, mostrando esa espeluznante mirada con ojos blancos y sonrisa de auténtica asesina serial. Usando sus cuatro extremidades como si fuera un gremlin, incluso girando macabramente su cuerpo al bajar del techo, la maniática agente se internó al auto y, girando su cabeza a un lado como la de un búho al tiempo que algo de saliva se escapaba de su boca, llevó su mano hacia su espalda, revelando su hacha de repuesto. Desconocíamos cómo o por qué, pero la hoja tenía sangre en ella.

– "¡J-J-Jerarca! ¡Por favor e-espere! ¡P-podemos discutirlo!" – La empusa trató de dialogar. – "¡No hay necesidad de esta violencia sin sentido!"

– "¡Ja! ¡Escuche a la sargento, Hauptmann!" – Me le uní. – "¡Se lo ruego!"

– "¡Yo y Peaches somos inocentes! ¡Mate únicamente a Potato, ella es la culpable!"

– "Exacto, todo es mi-¡Vete al diablo, Dyne!"

– "Mucho trabajo y nada de platita…" – Respondió la coordinadora, su gutural voz fluctuaba de tono entre sílabas. Giró la cabeza hacia el otro lado. – "…Hacen que Kuroko se vuelva loquita…"

No había razón para seguir tratar de establecer comunicación coherente con Smith, se había convertido completamente en una herramienta de horror pura. Arrojando el cuerpo de la matasanos con todo y cabeza fuera del vehículo, la diabólica mujer sufrió otro espasmo nervioso, golpeando repetidamente su rostro en el asiento y blandiendo su arma irresponsablemente. Yo me alejé lo más posible, viendo con terror como nos acercábamos a cada segundo hacia ese botadero de chatarra. La única salida se hallaba trabada y la capitana se preparaba para partirnos en dos. Cerrando los ojos y sin otra opción, decidí hacer un movimiento suicida.

– "¡Un tanque siempre avanza! ¡Panzer vor!"

Proclamando un grito de batalla, me lancé contra la mandamás, ignorando su amenazante herramienta y las quejas de mis compañeras. Por un acto de suprema misericordia divina, mi velocidad de sparassidae fue mayor que la del hacha y, volviéndome un ariete arácnido, choqué contra la coordinadora, haciéndola a un lado y obteniendo la preciada libertad a través del parabrisas destruido. Fue una extrema fortuna que nadie resultara herida en tan osada maniobra kamikaze.

– "¡Ay!" – Exclamó la rapaz. – "¡Mi cabeza!"

Bueno, casi nadie. Pero haciendo caso omiso al involuntario maltrato a la sesera de mi pobre arpía, me alegré de poder salir de esa celda rodante. Creo que también lastimé a la mediterránea, pues ella estaba amarrada frente a mí, pero me da igual lo que le pase a ese saltamontes soplón. Además, no sé qué demonios se traigan las furgonetas contra nosotras, pero parece que se han convertido en presagios de mala suerte. Sin embargo, no había tiempo para cavilar sobre nuestro litigio contra los vehículos, ya que el actual aún se hallaba en movimiento y una muy salvaje Smith volvía a aparecer, escalando hacia el techo y sosteniendo su temida arma.

Raudamente les avisé a mis aliadas que se preparan y pegué un salto desde el transporte acelerando, cayendo pesadamente en el suelo, usando mis ocho extremidades para amortiguar el impacto. Dolió y raspé mi quitina, pero por fin nos hallábamos a salvo en tierra firme. No podíamos decir lo mismo de la agente. Incorporándome y colocándome de lado, las tres observamos estupefactas como el carro proseguía su incesante tropel hacia la barrera de metal oxidado, sin darle tiempo a la atrapada Kuroko para escapar. Ella giró la vista hacia atrás, dándose cuenta que era demasiado tarde.

Y entonces, sucedió.

De aparatosa y ruidosa manera, la furgoneta debió chocar de lleno contra la pila de desechos, aunque eso no fue suficiente para frenar a la apresurada máquina. Con un neumático reventándose por la excesiva fricción del árido suelo del lugar, el ataúd andante desvió su ruta hacia la izquierda e impactó un montón de cubos de chatarra, lo suficientemente comprimidos para detener al transporte pero no tan alto para evitar que este se girara y el impulso lo hiciera dar vueltas en el aire. Luego de volar por unos cortos segundos, el automóvil cayó estrepitosamente al piso y colisionó con un vetusto pero funcional tanque de gas. El horrísono encontronazo dio paso a una fuga de combustible y expulsión de chispas de la batería para posteriormente comenzar un espontáneo incendio que culminó en una exorbitante explosión.

– "¡Por la espada de Ares!" – Proferí, admirando atónita la bola de fuego elevarse al cielo.

– "¡Holy fuck!" – Prorrumpió la estadounidense. – "¡Shit got real!"

– "¡Cúbranse, idiotas!" – Exclamó la empusa.

Agachándome, una llanta ardiente pasó encima de nosotras, rebotando poco al consumirse el caucho. Alzándonos, volvimos a ver lo que alguna vez fuera una blanca furgoneta convertida en un cúmulo de llamas y espeso humo negro. A pesar de todo lo sucedido, de lo extremadamente rápido que un evento dio paso a otro, incluso con la impactante revelación de Redguard sobre la verdadera naturaleza de la capitana; Simplemente no podíamos dejar de contemplar afásicas como Kuroko Smith, la mujer que nos instruyó, la que creyó en nosotras y nos ofreció tanto la oportunidad de formar parte de una prestigiosa institución así como su amistad, había cesado su existencia de manera tan horrífica. No había cadáver alguno para cerciorarnos, pero las hambrientas flamas no dejarían rastro de vida alguno.

O eso creímos.

Sumándose a la demasiado excesiva cantidad de sucesos imprevistos el día de hoy, la aludida, desafiando toda ley natural, física o lógica, logró aparecer de entre los remanentes calcinados del vehículo, alzándose entre las abrasadoras llamas y emitiendo un largo y profundo grito de furia. Cubierta de aceite, sangre y con su temible hacha en mano, la mujer lucía como el auténtico demonio escapado del dantesco noveno círculo. Una infernal verdugo cuya arma envuelta en fuego parecía no afectarle en lo más mínimo y que ahora se dirigía a nosotras a toda velocidad. Conteniendo las ganas de hacerme pis encima, reaccioné al instante y emprendí otra apresurada huida, rezando a los dioses por otro milagro que salvara mi quitinoso pellejo.

– "¡Acelera, flaca! ¡Acelera!

– "¡Es lo que intento, pajarraca!"

– "¡Te odio, Jaëgersturm! ¡Te odio!"

Y aquí estábamos las tres nuevamente, de vuelta a primera base y sin medios para defendernos de una obcecada adversaria cuya venganza no conocía límites. Admiraría que nuestra líder fuera tan apasionada en sus objetivos, pero no apoyaba al asesinato en primer grado de sus subordinadas como una meta moralmente aceptable. Entre todo el ajetreo, mis energías disminuían paulatinamente y lo único que mantenía mi constante viveza eran la adrenalina en mis vasos sanguíneos y mi deseo de sobrevivir. Sin embargo, ignoraba cuanto más soportaría esta totalmente absurda persecución implacable.

– "¡Aria, mira, a la izquierda!" – Indicó la halcón de repente. – "¡Estamos cerca del bosque! ¡Podemos perder a la hija de Satán ahí!"

– "¡Una trío siendo perseguidas por una demente armada en medio del monte suena a película de terror barata, Süsse!" – Repliqué. – "¡Me da mala espina!"

– "¡¿Te parece que tengamos muchas opciones, garrapata estúpida?!" – Injirió Nikos. – "¡Deja de quejarte y métete ahí, Nazi de mierda!"

– "¡Lo que te voy a meter será el tronco entero de una secuoya en tu culo, condenada mantis del demonio!" – Proferí. – "¡¿Vas a callarte o quieres que te bese de nuevo?!"

– "¡A-atrévete, desgraciada degenerada!" – Se ruborizó. – "¡Te reto a que vuelvas a aventajarte de mi condición para tus reprobables conductas sáficas!"

– "¡Ni se te ocurra, araña! ¡Nada de ósculos con este cochino pimiento!" – Protestó la falconiforme. – "¡Y tú, Pepper, también te mataré por disfrutarlo!"

– "¡Que disfrutar ni que nada, plumífera idiota!" – Le respondió una totalmente colorada griega. – "¡Si no estuviera atada a tu mugrosa arachne, ya me hubiera lanzado a las llamas por mi cuenta!"

– "¡A mí no me engañas, Dyne! ¡Apenas hiciste contacto con esta sátira soltaste feromonas como loca! ¡Mi olfato no me engaña, lesbiana de clóset!"

– "Bueno, creo que la grillita es actualmente inocente, Süsse." – Hablé yo. – "La salsa del okonomiyaki no me sentó muy bien y me venía aguantando desde el acua-"

– "¡CUATROOO…!" – Interrumpió la psicópata agente, girando su arma como una hélice. – "¡CIENTOS MIIIL!"

Sin siquiera poder disfrutar de una reyerta habitual sin que la obstinada coordinadora nos pisara los talones, llevé a mi cuerpo al límite y me adentré a la arboleda, esperando a que por lo menos algún oso salvaje decidiera embestir contra Kuroko y distraerla lo suficiente para que nosotras escapemos. Aunque también podría unírsele y aumentar el número de problemas, pero a esas alturas ya daba igual si Cronos y el resto de los Titanes volvían a causar caos en la tierra; Ni la Titanomaquia misma se comparaba con la vesania de ese demonio de negra cabellera y amarillo uniforme de batalla que mantenía nuestro acelerado paso.

– "¡Aria, por ahí!" – Indicó Cetania, moviendo su cabeza a la derecha. – "¡Veo algo! ¡Vamos!"

– "¿Cómo que algo? ¿Puedes ser más específica? ¿Qué tal si acabamos en un camino sin salida?"

– "¡Lo siento, flaca, pero es mejor actuar ahora y pensarlo después! ¡Rápido, que la chiflada casi nos alcanza!"

– "¡MI DINEROOooo!" – Se oía a lo lejos.

– "Scheisse… ¡Vale, allá voy!"

Tampoco iba a reclamar a la pajarita por querer intentar algo arriesgado después de todo lo que yo misma hago, así que obedecí sus mandatos y me trasladé a la dirección sugerida. Sorteando matorrales, arbustos e incluso un panal de himenópteros del cual me cercioré de no provocar bajo ninguna circunstancia, las tres nos hallamos con una pequeña casita de madera, ya derruida, pero aún en pie. Una cabaña en medio del bosque suena al cliché más gastado de la literatura de terror, aunque nuestra vida ya se había tornado el relato lovecraftiano más espeluznante que pudiera existir, así que sin pensarlo dos veces arremetí contra la puerta de negro roble y a pesar de las quejas de la helénica por usarla de nuevo como amortiguador viviente, logramos internarnos.

– "¡¿Estás más ciega que un proteo, idiota?!" – Injurió la mediterránea. – "¡Ya son varias que me la haces, Potato!"

– "¿Quieres callarte el pico, escandalosa?" – Susurré. – "Ayúdanos a buscar algo para desatarnos, malhumorada. Una saliente afilada, vidrio roto, lo que sea."

– "¿No crees que nos convertimos en blanco fácil para Smith al meternos aquí, flaquita?" – Cuestionó la estadounidense. – "Es el primer lugar en donde nos buscaría."

– "¡¿Y ahora te vienes a dar cuenta, pajarraca?!" – Protesté. – "¡Ay, olvídalo! ¡¿Ves algo que pueda romper las uniones?!"

– "Bien…" – Miró alrededor. – "¡Ahí! ¡Hay una sierra circular en esa repisa!"

– "¿Hay electricidad en primer lugar, genios?" – Interrogó la nativa de Mitilene. – "Dudo que una morada tan solitaria posea energía, o que cuente con un generador funcional. Ni siquiera veo una condenada bombilla en el techo."

– "Gracias por el apoyo, princesa negativa." – Encendí el interruptor del aparato, que estaba conectado al tomacorriente. No tuve éxito. – "Scheisse…"

– "Se los dije."

– "Podemos usar el serrucho a su lado." – Propuso la castaña. – "¿Puedes usar tus piernas para mantenerla firme, linda?"

– "Lo ignoro, pero trataré." – Afirmé. – "Sólo espero que tengamos tiempo antes que esa psicópata regr-"

– "¡Cuatrocientos miiil…!" – Volvió a escucharse entre los matorrales. – "¡Regrésenmelooos…!"

– "¡Tú y tu bocota, patas aguadas!" – Me reclamó la mantis. – "¡Rápido, intenta liberarnos, pulga inútil!"

– "¡Verpiss dich, gottensanbeterin!" – Repliqué, tratando de sostener la herramienta con mis extremidades inferiores. – "¡Al menos yo trato de hacer algo más que refunfuñar como vieja con achaques!"

– "¡Vieja tu abuela!"

– "¡Ya se murió, retrasada! ¡Más respeto para la insoportable de Diva, maleducada!"

– "Sería prudente que bajaran el volumen de sus voces, el diablo podría estar cerca."

– "¡No te metas, Süsse!" – Contesté. – "¡Voy a serrucharle la lengua a esta insolente para que aprenda a respetar!"

– "Uhm… ¿Aria?" – Interrumpió la arpía. – "Esa no fui yo…"

– "¿Y entonces quién f-? Ay, mamá araña..."

Dándome la vuelta, mi cuerpo entero se paralizó al notar que, en efecto, el demonio se nos había aparecido y ahora nos observaba en esa sobrecogedora pose de demente y ostentando su espantosa sonrisa homicida, todo complementado por esa turbadora hacha en sus ensangrentadas manos. Parte del aceite se derramaba desde la línea capilar de su alborotado cabello hasta su barbilla, combinándose con su hemoglobina en el trayecto, dividiendo su rostro en dos. Ni el más sanguinario de los invasores bárbaros portaría tan atroz pintura de guerra. Mientras ella alzaba su herramienta para perforar nuestro cráneo, mis funciones motrices regresaron a estar bajo mi control y casi instintivamente, le propiné una patada desesperada con tres de mis piernas juntas al costado de la agente, arrojándola hacia la pared y provocándole chocar con un polvoso estante.

Bueno, cumplí el sueño de todo trabajador: Golpear a su jefe. ¡Y en verdad que deseaba hacerlo!

Provocando una fragorosa cacofonía al hacerla impactar el mueble y levantando una nube de polvareda, nosotras cesamos nuestro toser al ver como parte del techo se desplomaba justamente encima de la coordinadora, que había quedado boca abajo. Con pedazos de madera podrida, musgo y varios insectos que rondaban la celulosa arbórea del antiguo edificio, la líder de MON quedó sepultaba bajo escombros, invertebrados pequeños y la lluvia, que en algún momento había iniciado sin que nos diéramos cuenta. Todo podría terminar aquí; Ese golpe, reforzado por mi dura quitina y mi fuerza de arachne, habrá sido improvisado pero contundente y sería suficiente para hacerle perder el conocimiento a la pelinegra y permitirnos escapar.

Por supuesto, eso no sucedería.

Haciendo gala de su obstinada resistencia infernal y nuevamente haciéndonos experimentar otro arresto cardiaco por tanta inmortalidad, la demencial mujer del gobierno desafió toda lógica y manifestó movimiento debajo de toda esa pila de pesada basura. Lentamente, como todo monstruo que infunde miedo de manera metódica, su parte superior fue la primera en alzarse, usando ambos brazos para levantarse, dejando que su cabeza caída creara un efecto dramático con su largo pelo cubriéndola. Imitando a la ninfa de un invertebrado pasando por su ecdisis para transformarse en adulta, Smith curvó tétricamente su cuerpo hacia atrás y profirió un gutural sonido mientras la lluvia caía sobre ella a través del agujero en el techo.

Hincándose primero en su rodilla izquierda, recurrió a la segunda para erguirse casi por completo, ya que había adoptado una postura semi-encorvada, con su rostro oculto tras su cabellera, dejando apenas ver fugaces atisbos de su macabra sonrisa y esos ojos sin pupila alguna, habitados únicamente por blanca esclerótica. Fiel a su objetivo, la diabólica capitana tampoco había abandonado su sempiterna hacha y la cargaba en su mano derecha. Entonces, esa mueca de malsana felicidad cambió paulatinamente en todo lo contrario, curvándose hacia abajo, acompañada de gruñidos más espantosos que los anteriores. El aguacero dio paso a tormenta y con el viento soplando como un huracán, un horrísono relámpago iluminó el cielo, con el trueno retumbando en la atmósfera y volviendo el ambiente extremadamente apocalíptico.

– "Temed a Kuroko y dadle gloria…" – Enunció la demoniaca agente, elevando su herramienta al aire. – "Porque la hora de su juicio ha llegado…"

Oh, Arachne mía, perdóname porque no sabía lo que hacía.

Evitando el letal filo por un pelito rana calva (Titania me pegó sus regionalismos después de todo), retrocedí rápidamente al momento que el arma de Smith destrozaba el piso, levantando astillas al impactar. Aprovechando que la fuerza usada la clavó en el suelo, huí junto a mis anonadadas compañeras hacia la seguridad de otro cuarto. Aunque la posada poseía suficiente espacio para alojar a toda la residencia Kurusu, los pasillos se me hacían demasiado claustrofóbicos y en mi angustiosa exasperación, preferí hacerle creer a la pirada acosadora que habíamos escapado hacia la (in)seguridad del bosque adyacente y pateé una puerta que daba hacia la naturaleza. Dejé abierta tal salida y con otra pierna diestramente giré la manija de un clóset para resguardarnos.

– "¿Qué haces, flaca?" – Cuestionó la rapaz, susurrando. – "Belcebú nos abrirá un trasero nuevo con su hacha si nos quedamos aquí."

– "No si piensa que desertamos hacia los matorrales." – Reiteré. – "Y es Amon."

– "¿Y acaso supones que la Jerarca será tan tonta para caer en un señuelo tan obvio, papanatas?" – Preguntó la empusa. – "Ella es quien instruyó a Manako, babieca. Se sabe cualquier truco bajo la manga."

– "Ay, discúlpeme por subestimar la espectacular inteligencia de su amada superior, princesa pimiento." – Contesté sardónicamente, alejando a una cucaracha con mi pierna trasera. – "¿Acaso meterla de nuevo en este clóset ha despertado en usted una irónica aceptación hacia sus sáficas inclinaciones?"

– "Que te den por el culo, lesbiana asquerosa. No soy una pervertida que busca acostarse con toda mujer que le cruza enfrente."

– "Siento desmentir tus falsas acusaciones respecto a mi persona, grillo prejuicioso, pero mi interés en el sexo femenino no me convierte en una ninfómana empedernida." – Me pausé. – "Bueno, excepto en la cama, ¡pero eso es irrelevante!"

– "¡Cállense ya, maldita sea!" – Nos regañó Cetania en voz baja. – "¡La bruja va a escucharnos!"

– "¡Ella empezó!" – La mantis y yo hablamos al unísono.

El sonido de algo moviéndose junto a nosotras nos hizo silenciar de inmediato. Mi sangre se tornó tan fría como el hielo, pensando que la esquizofrénica nos había descubierto. Era físicamente imposible que pudiera entrar en tan reducido espacio sin que la notáramos, pero ya había probado que la coherencia desaparece cuando ella está presente. Es un demonio con sangre Abismal después de todo, la realidad se distorsiona según su antojo. Asustadas pero renuentes a salir huyendo, quizás por el propio miedo, miramos temerosas hacia la dirección de donde aquellos ruidos provenían, encontrando que de hecho, era la puerta.

La entrada no fue cerrada correctamente y lentamente estaba siendo abierta. Me maldije internamente por haber olvidado tan primordial tarea, sentimiento que seguramente compartían las chicas atadas a esta torpe arachne. Sin ser camuflada por el ruido de la tormenta afuera, las bisagras crearon un agudo chillido que nos erizó la epidermis y sostuvimos la respiración por varios tensos segundos esperando nuestro final. Ahí, el culpable se reveló en todo su esplendor, iluminado por otro relámpago.

– "Oh…" – Musitó la castaña. – "Es sólo un gatito."

Exhalamos del alivio. El acechador no era otro que un pequeño felino de negro pelaje con un bonito pañuelo rojo en su cuello, y muy amistoso por la forma en que se acercó, restregándose contra mi quitinoso exoesqueleto. Asintiendo con la cabeza, le permití subirse encima y este se depositó en el regazo de la falconiforme, ronroneando y ofreciendo su estómago para ser mi mimado. Desgraciadamente la americana le quedaría a deber, ya que todavía estaba atada casi en su totalidad. Al minino no le importó y se hizo bolita para descansar cómodamente.

– "Demonios, moriremos jóvenes con tantos sustos." – Suspiré. – "Bueno, si es que Smith no nos encuentra primero."

– "Je, este pequeñín me recuerda a uno que vi en las fotos que Yuuko guarda de su infancia." – Relató la halcón. – "Un par de sus amigas tenían un micifuz del mismo color y con exactamente esta decoración en su cuello. Con tantas coincidencias que nos suceden, no me extrañaría que este fuera alguno de sus descendientes."

– "Realmente no me agrada que este animal se nos cruce en el camino." – Habló la helénica. – "Y no es por supersticiosa, sino porque pudo haber guiado a la Jerarca hacia nosotras."

– "¿Ahora crees que Kuroko también habla idioma felino?" – Cuestioné con sarcasmo. – "¿Es la encantadora de gatos o algo así? ¿Los controla con su música como el flautista de Hamelín?"

– "¿Granates? Salgan de donde quieran que estén…" – Pronunció repentinamente la aludida desde el otro lado. – "Vamos, no tengan miedo. Sólo quiero entrenarlas personalmente…" – Rió maléficamente. – "A base de hachazos…"

La mediterránea me hizo mueca enfadada, recriminándome porque efectivamente Smith descifró que aún estábamos ahí. Daba igual si fueron nuestros cuchicheos, el felino o si conocía mi estrategia; Lo mejor que podíamos hacer era guardar absoluto silencio y esperar a que nuestra ausencia vocal la disuadiera de continuar buscándonos. Sin embargo, los fuertes latidos de nuestros corazones no podían ser suprimidos.

O los maullidos de nuestro invitado.

– "Shh… No hagas eso, Cucho, nos vas a delatar." – Murmuró la arpía al minino. – "Guarda silencio, lindo."

– "Dudo que te entienda, plumífera." – Mencioné. – "Espera, ¿ya le pusiste nombre?"

– "Oye, sería una buena mascota para Yuuko. Y nos protegería de ratones y demás alimañas."

– "Excepto de esta olorosa plaga germana." – Se mofó la pelinegra de Lesbos.

– "Jódete, Dyne." – Le saqué la lengua y volteé hacia la emplumada. – "Mira, pajarraca, que tierno que quieras adoptar a este pulgoso morroño y todo, pero primero deberíamos preocuparnos por sobrevivir, ¿no te parece?"

– "For fuck's sake, Blondie, déjame ilusionarme con algo de esperanza antes de acabar partida en dos, ¿sí?" – Entonces el animal saltó de su regazo. – "¡Espera, ¿a dónde vas?!"

Sin previo aviso, el oscuro félido se escabulló por la salida, ignorando las protestas de la estadounidense (y al sentido común), posiblemente también aterrado ante el aura de maldad pura que la coordinadora irradiaba, a pesar de no verla. O quizás no, porque apenas dio un paso afuera lo escuchamos maullar, llamando la atención de la acosadora armada. Mantuvimos el silencio, deseando que nada malo le pasara al mamífero, o a nosotras. Oímos atentas a las exclamaciones del gato, alejándose, tal vez creyendo que la agente tenía comida o simplemente deseaba terminar con su vida de manera dolorosa.

Eso debió ser.

Taladrando nuestros oídos, el pobre felino gritó lo más fuerte y agudo posible, hasta silenciarse en su totalidad al escuchar un fuerte golpe seco. La rapaz dejó escapar un muy ahogado sonido de tristeza al percatarse que el minino había dejado de existir. Yo intenté sobreponerme al horror de imaginarme a la desdichada criatura ser cercenada por la cruel herramienta cortante mientras Nikos trataba de ocultar su pesar. Pero no tendríamos tiempo de lamentar la pérdida de lo que pudo ser la nueva mascota de la residencia Honda, pues Smith parecía regodearse en la crapulencia de su sed de sangre y comenzó a reír al tiempo que seguía impactando el hacha contra lo que imaginábamos era el cadáver del animal. Esa risa, realmente es el material de las pesadillas.

– "Cerditas, cerditas…" – Dijo la mujer, profiriendo más sonidos escalofriantes con su garganta. – "¿Dónde están, cerditas?"

No sé que me parecía más tétrico; La carcajada diabólica que se cargaba entre gemidos de muerte o la forma en que se puso a tararear una canción de cuna tradicional, intercalándola con esa desesperante respiración de asesina serial. A pesar de la tormenta exterior, los truenos ensordecedores y la cacofonía del torrencial aguacero impactando los objetos metálicos al filtrarse por los innumerables agujeros del techo, los pasos de la pelinegra resonaban por toda la estructura, todo al tiempo que continuaba invocando los cuentos infantiles y las tonadas para adormecer infantes. Una monstruosa yuxtaposición de horror y nostalgia maternal que Kuroko lograba volver más espeluznante a cada segundo que pasaba.

Aventurándome a poner (aún más) nuestra existencia en riesgo completo, cerré lentamente la puerta, cerciorándome de colocarle seguro con mis largas piernas. Ahí, pudimos escuchar claramente que ella reaccionó al extremadamente discreto sonido que tal acción provocó. Manifestando otra demente risa, la coordinadora se acercó lentamente hacia nuestra posición, arrastrando su mortífera alma, como evidenciaba ese intermitente ruido creado al chocar el metal con la madera del piso. La griega estaba tan asustada como yo que prefirió temblar en lugar de amedrentarme por revelar nuestro escondite. La americana también se había convertido en gelatina por tanto temblequeo en su cuerpo. Yo me le uní, casi sincronizando nuestros trémulos cuerpos.

Smith tocó un par de veces a la puerta. Sólo recibió silencio.

– "Cochinitas bonitas, sé que están ahí." – Habló burlonamente, volviendo a tocar. – "Déjenme entrar, cochinitas, o soplaré y soplaré… Y a las tres a sangre fría asesinaré."

Al no obtener respuesta de nuestra parte, ella lanzó otra de sus trastornadas risotadas y también su pesada hacha, la cual arrancó un gran pedazo de la puerta al impactarla. Ya sin salida y aterradas a más no poder, las tres reaccionamos gritando, queriendo alejarnos fútilmente de la loca que ya se asomaba por la entrada destruida. En ese pequeño clóset, no podíamos huir, no había laureada salvadora que nos rescatara en su blanca furgoneta o algún milagro que detuviera a la abominación. Por un pequeño momento, pensé que Lala aparecería de la nada y usaría a Seelenverkäufer para protegerme heroicamente, pero tales eventos sólo suceden en los cuentos. Estábamos condenadas.

– "¿Jaëgersturm?" – Preguntó de repente la helénica.

– "¿Qué sucede, Dyne?" – Repliqué con algo de dificultad. – "¿Me odias?"

– "Te detesto como nunca, pero..." – Contestó, resignada. – "Besarte no fue tan malo."

– "Ay, demonios." – Dijo la falconiforme. – "En verdad que vamos a morir."

Al caer el pedazo final de lo que anteriormente fuera una puerta de delgada pero resistente madera, quedamos a merced total de la ominosa agente, cubierta casi inexplicablemente de hemoglobina, incluyendo su cara y portando el pañuelo del occiso minino en el mango de su arma, también manchado en tierra y sangre por completo. Perdí el color ante tan grotesca imagen; La mujer que una vez creyó en mis habilidades, me instruyó y a quien admiré profundamente a pesar de su errática personalidad, se había transformado completamente en esta bestia irreconocible. Sonaba inverosímil, absolutamente disparatado e irracional, pero mis seis ojos no me engañaban. Quizás Kuroko Smith en realidad nunca existió.

Al igual que nosotras después de esto.

Sin más comentarios mofándose del infortunio de sus víctimas, sin más sarcasmo de su parte ni más clamores de piedad de la nuestra, la descendiente del demonio alzó su herramienta hasta el cenit de su persona, dictando mortal sentencia afásicamente a través de su espantosa expresión de lunática sin remedio. Cerré mis ojos y suspiré, aceptando mi final y despidiéndome mentalmente de todos mis conocidos, de aquellos que me brindaron su amistad y que jamás olvidaría. No había trabajados monólogos a manera de legendario epílogo ni mi vida pasando frente a mí como se ha perpetuado en la cultura popular, sólo el horrible sentimiento de saber que nuestra existencia es demasiado efímera como para importarle al universo. Y aún así, hay alguien quien siempre se preocupará por mí, y viceversa, incluso después de exhalar el último aliento.

– "Lala…" – Susurré evocativamente a esa persona tan especial. – "Te amo…"

Nunca me olviden.

– "¿Hallo? Tzeranth al teléfono."

– "Guten Tag, hermana saltarina. Soy yo, Jaëgersturm."

– "Ah, hola Aria. ¿Qué cuenta la chica Weidmanniana? Por cierto, ¿cómo está Haruhiko?"

– "Él está bien, no te preocupes, pero hablo precisamente para tratar asuntos respecto a él."

– "No me digas que oprimiste el botón escondido en su carrito y lo enviaste a volar." – Cuestionó la Deleniense. – "La última vez que sucedió, Plu terminó en la mesósfera y absorbió demasiada radiación solar. Desconozco si Haru sea tan resistente como una limo, pero tampoco deseo comprobarlo."

– "Erm, no, pero también tiene que ver con su carriola."

– "¿Activaste el modo tanque?"

– "Uhm, no."

– "¿Se transformó en un robot de combate de quince metros de alto?"

– "Nein."

– "¿Se ha rebelado contra la humanidad gracias a su inteligencia artificial ultra-avanzada?"

– "¿En qué clase de hogar vives, hermana?" – Me extrañé por tan extrañas preguntas. Conociendo al profesor Sarver, dudaba que fueran broma. – "No, simplemente era para avisar de que… Bueno, debido a ciertos sucesos inesperados, terminé incendiando el carrito del bebé en su totalidad."

– "Oh, ya veo. Qué triste." – Hubo una pausa. – "¡Espera, ¿qué?! ¡¿Quemaste la carriola de Haru?!"

– "Me temo que sí, Rachel. Lo siento, de verdad."

– "¡¿Y el niño se encontraba adentro?! ¡Seremos compatriotas, pero si algo le pasa a mi hermanito, juro que usaré el hacha de Catalina para partirte el…!"

– "Serénate, congénere, que el chaval está en perfecto estado." – Intenté calmarla. No quería saber más de hachas. – "No, la única víctima aquí en realidad fue el dinero que Karurosu iba a obsequiarnos como recompensa por cuidar de su retoño: Cuatrocientos mil yenes."

– "Ah, entiendo. Por un momento creí que…" – Otra pausa. – "¡¿Qué qué?! ¡¿Cuatrocientos mil?! ¡¿Por qué tanto para unas novatas?! ¡¿Y por qué demonios le prendiste fuego?!"

Me hubiera gustado retrucarle con algo de sarcasmo, pero no estaba en posición de ponerme altanera con la huésped de nuestro contratista, primordialmente cuando mi cabeza está literalmente en juego.

– "Lo ignoro, Rachel, pero así fue." – Suspiré. – "Escucha, ya sé que debes creer que soy una idiota por eso."

– "Sí que eres lista, cazadora." – Rió sardónicamente. – "No me digas que quieres que Karu te reponga el dinero."

– "Uhm, bueno… ¿Bitte?"

– "Aria, no podemos estar dándole casi medio millón de yenes a cualquiera que lo pida, especialmente si luego va a incinerarlo como idiota."

– "Lo sé, hermana, y de verdad que lo lamento. Sin embargo, nuestra adorada jefa está un… poquito molesta por haber perdido su parte, así que ella…" – Tragué saliva. – "Erm, insiste en que el profesor reconsidere tocarse un poco el corazón y en su vasta magnanimidad, nos indulte de este pequeño desliz y nos permita gozar nuevamente de su extremadamente apreciada generosidad monetaria."

– "Está bien, ya párale con la zalamería, cazadora."

– "Vale, lo siento. Entonces, ¿Qué dices? ¿El buen Sarver nos ayudará?"

– "Quien sabe, el acaba de irse de viaje por… Negocios familiares… Desde hace una hora y tardará un buen rato en volver."

– "Scheisse…" – Mascullé. – "Pero, ¿Qué tal tú? Es decir, estoy segura que eres su inquilina favorita, siendo una gloriosa integrante de la especie superior y…"

– "¿Qué te dije de andar de untuosa, Jaëgersturm?"

– "Perdón… Es sólo que realmente ese dinero nos vendría muy bien." – Insistí. – "La desdichada de Smith lo necesita para apoyar a su abuelita enferma y cuidar de los cachorritos huérfanos que… No te lo estás creyendo, ¿verdad?"

– "No, continúa, eres toda una maestra de la actuación." – Replicó sardónicamente. – "Mira, dejémonos de tonterías y vayamos al grano. Quieres que recuperar lo que tú, de alguna absurda manera, destruiste en primer lugar; En este caso, el dinero, ¿cierto?"

– "Correcto, hermana. ¿Aceptas?"

– "No."

– "Danke sch-¡¿Por qué no?!"

– "Ya les pagamos, si decidieron desperdiciarlo, no es nuestra obligación reponérselo."

– "¡Pero…!"

– "A menos que…"

No esa frase…

– "¿Sí?" – Cuestioné, temerosa.

– "Bueno, ya que salieron cosas de improviso y todas en la casa estaremos un poco ocupadas, no podremos hacernos cargos del niño como teníamos planeado. Además no puedo dejar desamparada a una paisana tan reconocida, por nuestro honor Sparassediano." – Explicó. – "Y como soy la reina de las lolis y la arachne más espléndida y generosa que existe, supongo que puedo hacer una excepción respecto a esta descarada muestra de desdén hacia el papel moneda y darles una segunda oportunidad a ti y tus irresponsables compañeras."

– "Danke…" – Respondí, intentando ocultar mi sarcasmo. – "¿Cuál es el truco?"

– "Seguir cuidando del crío por dos días."

– "¡¿Qué?! ¡¿Estás loca?! ¡Nunca me atrevería a…!" – Me detuve. – "Un momento, ¿eso es todo? ¿De verdad?"

– "Síp." – La escuché tomar un sorbo de alguna bebida. – "¿Qué esperabas?"

– "No sé, quizás una misión de contrabando o asesinar al líder de alguna nación centroamericana."

– "¿En qué clase de mundo vives, araña chiflada?"

– "Touché." – Exhalé. – "Bien, me parece más que aceptable. Está bien, hermana, lo haremos."

– "Pero…" – Recalcó. – "Ya que no me gusta abusar de los fondos de Karu… mucho… Me temo que esta vez la cantidad de dinero acordada será menor a la anterior. Sólo podré entregarles trescientos mil, ¿verstanden?"

Bueno, cien mil menos es nada comparado a perder la vida. Espero me toque una parte razonable.

– "Descuida, es perfecto." – Sonreí. – "Danke schön, Rachel, me salvaste el pellejo. En el sentido más literal que puedas concebir."

– "Y aunque se halle todo tieso por lo flaca que estás, sigue siendo útil." – Rió. – "Nos vemos entonces en dos días, cazadora. Cuando me entreguen a Haru, les daré la plata. Y más les vale que el pequeñín se halle intacto, palito de pan."

– "Jawohl, Frau Kommandant." – Entonces recordé algo. – "Oh, uhm, de hecho en dos días será el cumpleaños de una amiga, y ya que toda la casa está invitada, supongo que el bebé también deberá asistir. Tranquila, tendrá más que suficientes nanas para velar por él y hasta comerá pastel. ¿Está bien?"

– "Claro, estoy segura que le encantará." – Se pausó. – "Espera, ¡¿harás fiesta y no planeabas invitarme?!"

– "Actualmente ya tenemos a demasiados y yo no soy la que decide quién puede asistir y…"

– "¿Acaso quieres que cancele el trato, Jaëgersturm?" – Conminó. – "¡Quiero fiesta y la quiero ya!"

– "Pero…"

– "¡¿Sí o no?!"

– "…"

– "…"

– "Pero…"

– "¡Suficiente, solicitud revocada! ¡Búscate a otra saltarina para que te pague! ¡Y devuélveme a mi hermanito!"

– "¡De acuerdo, de acuerdo, tranquilízate ya, chica! ¡Vale, puedes ir, pero cálmate!"

– "¡Yay! ¡Fiesta! ¡Vamos a descontrolarnos!" – No podía verla, pero sabía que estaba haciendo un bailecito de celebración. – "Rachel se va a morir de envidia cuando lo sepa."

– "¿Eh? Pero si tú eres…"

– "Nope, en realidad soy Ekaterina." – Se rió jactanciosamente. – "¿Me recuerdas?"

– "Ugh… ¿Cómo olvidarte a ti y tu bromita con Doppel? Ustedes las cambiaformas siempre me ven la cara…" – Contesté, exhalando. – "¿Al menos nuestro trato es genuino?"

– "Por supuesto, soy Abismal de palabra." – Aseguró. – "Entonces, ¿será en dos días? ¿Está bien si paso a tu cada primero? Quisiera saludar a las chicas."

– "Ja, kein Problem. Creo que eso sería todo, gracias, Eka."

– "Bitte sehr, Spinne. Por cierto, ¿te gustó mi interpretación de la enana?"

– "Me atrapaste completita." – Reí ligeramente. – "Aunque debo admitir que desgraciadamente no he podido convivir mucho con ella. Pensaba que sería buena manera de congeniar con una paisana."

– "Aww, que lástima. Pero hey, realmente no querrías hacerlo; Esa pulga es una fastidiosa y se cree la muy salsa." – Mencionó. – "Sin contar que es un torbellino de problemas. La otra vez se puso hasta los oviductos de ebria y terminó desnuda en medio del patio, con la mitad del cuerpo metida en un hoyo. A saber cómo o porqué hizo tal cosa."

Y yo acabé encuerada en medio del monte con el cadáver destrozado de un jabalí a mi lado, pero eso fue en mi primera luna llena y no cuenta. Pero me resulta jocoso pensar en esa arañita, totalmente borracha y con el abdomen al aire.

– "Sí, me lo imaginaba." – Concordé. – "Su madre, la muy tacaña, me extorsionó para que le diera treinta mil por un repuesto que se puede conseguir por mucho menos en nuestra patria. Al menos me entregó artículos de calidad, así que no me quejo mucho."

– "Esa saltarina es una molestia, ¿cierto?"

– "Je, supongo que sí."

– "¡Así te querría agarrar! ¡Condenada flacucha doble-cara! ¡Ahora no te doy nada, maldita Nazi lesbiana, porque todo este tiempo sí era yo, Rachel!"

– "Espera, ¡¿Qué?!"

– "¡Como oíste, cazadora traicionera! ¡¿Con que te gusta hablar de mí y mi mamá a nuestras espaldas, verdad?! ¡Pues ahora deberás buscarte a otra idiota que se crea tus patrañas, pelafustana!" - Vociferó. – "¡Le hablaré a mis contactos en Sparassus para que te regresen a tu mugrosa aldea y te encierren en un calabozo por andar de bocafloja! ¡Y olvídate además del transporte! ¡Que te den por los tubos de Malpighi, farisea!"

– "¿Ah? ¡No, Rachel, espera! ¡No hablaba en serio!"

– "¡A otra burra con ese cuento! ¡A mí no me engañas! ¡Todas las zanquilargas son iguales!"

– "¡Lo siento mucho! ¡Por favor, perdóname!"

– "¡Nunca!"

– "¡Por todo el Olimpo, te lo ruego, indúltame! ¡Smith va a matarme! ¡Y no exagero!"

– "…"

– "¿Rachel? ¡Racheeel!"

– "Ji, ji… Te engañé."

– "¿Eh?"

– "Caíste. Siempre fui yo, Ekaterina."

– "¡Aaargh!"

– "Tranquila, araña, que sólo fue una inocente bromita." – Rió de nuevo. – "No te molestes, ¿sí? Simplemente no podía resistirme."

– "Me encantaría que no lo hicieras, si no es mucho pedir." – Respondí con desgano. – "En todo caso, espero que sigas nuestro trato y no me salgas con otra de tus tretas."

– "Ya te dije que soy mujer de palabra. Lo juro con el dedo chiquito. Si no, que se muera Irina."

– "¡Jódete, Eka!" – Oí a alguien gritar a los lejos.

– "Sí, sí… Entonces, ¿así quedamos? Nos darán el dinero, el transporte e iras de colad… Digo, invitada especial a la fiesta, ¿cierto?"

– "Correcto, yo se los entrego durante esta. Y al final de todo, ¿para quién es la celebración? ¿Tu aniversario? ¿Te van a fusilar?"

– "Es el cumpleaños de la novia de la casera de mi amada arpía. Llévale algo bonito, pero nada de bromas pesadas."

– "Está bien. Uy, ustedes los mortales sí que son delicados. Bueno, tengo hambre y debo evitar que Irina queme la casa por creerse chef internacional. Nos vemos, heroína. Me saludas a Doppel."

– "Vale."

– "Oh, y una cosa." – Dijo, antes de colgar. – "Todo lo que dije de Rachel es mentira, ¿de acuerdo? Aprecio a esa garrapatita hiperactiva. Aunque lo de acabar sin ropa en el patio es verídico. Tengo la foto, por si quieres verla, pero te costará."

– "No gracias, suficiente tengo conmigo misma. Auf Wiedersehen, Eka. Gracias de nuevo por todo."

– "Bye."

Con eso, la chica colgó y la pantalla del celular mostró el tiempo transcurrido, un poco más extensa de lo esperado pero el resultado fue mejor del planeado. Recuperé un poco del dinero y con eso mis oportunidades de vivir. O eso espero, después de todo no sé como reaccione esa demente que se hace llamar mi jefa al saber que no todo el capital estará disponible. Tal vez me deje conservar dos órganos vitales funcionales. Ay, rayos, lo mismo dije que le haría a ella el primer día que llegué a la residencia Kurusu; Qué rápido se intercambian los papeles.

– "¿Y bien?" – Cuestionó la susodicha, demasiado cerca para mi gusto. – "¿Qué fue lo te dijeron?"

– "Deberemos cuidar de Haruhiko por dos días, y al final de tal tarea recibiremos el transporte prometido y trescientos mil yenes." – Respondí. – "Sé que es menos, pero hay que entender que la economía del hogar Sarver no es infinita, especialmente en estos días donde la crisis económica parece estar a la orden del día y…"

– "¿Trescientos mil?" – Injirió la agente, usando todavía esa gutural voz. – "¿En efectivo?"

– "Por supuesto, Hauptmann. Será Ekaterina quien lo entregue durante el festejo del aniversario de la dueña del Aizawa, en la morada de Yuuko Honda." – Tragué saliva. – "¿Le parece bien?"

– "Veamos, cien mil para mí, cincuenta para las chicas y a ustedes les perdono sus insignificantes vidas, por ahora." – Aseveró la coordinadora. – "¿ .BIEN?"

– "¡C-claro! ¡Das ist gut! ¡Es un plan excelente!" – Me apresuré a responder. – "Ahora, si no es mucha molestia, ¿podría dejar de apuntarme con su Desert Eagle? ¿Bitte?"

– "De acuerdo." – Una sonrisa inocente regresó a su rostro en un instante. Toda una maestra del disfraz. – "Ya me siento mejor, así que seré bondadosa."

– "Uf, danke schön, Haupt-¡Mfgh!" – Fui interrumpida cuando ella insertó el cañón de su arma en mi boca.

– "Pero no lo olvides, ácaro superdesarrollado; Vuelves a hacer algo similar y juro que ni es más avispado paleontólogo podrá hallar tus fósiles." – Amenazó. Pude jurar que escuché al menos tres voces al mismo tiempo salir de su boca. – "¿Capisce?"

– "S-s-s-sí, Hauptmann…" – Repliqué con dificultad, temblando y sudando el doble. – "P-p-prometo portarme bien."

– "¡Bien!" – Retiró la pistola, volviendo a sonreír como si fuera humana. – "¿Quieres que corte esos molestos amarres? Tus amigas no lucen muy cómodas; Ni siquiera se mueven."

– "N-no es necesario." – Disentí vehementemente con la cabeza. – "Ya hallaremos la manera de liberarnos."

– "Oh, vamos, deseo probar la navaja detrás de mi placa. Nunca la he usado, ¿sabes?" – Su expresión se tornó monstruosa de nueva manera. – "Insisto. No me obligues a recurrir al hacha…"

– "Por favor no…"

– "La navaja será entonces." – Sonrisa inocente. ¿Cómo es que ella no es actriz? – "No te muevas, ¿sí, granatito? No tardaré mucho."

Me paralicé mientras ella retiraba su insignia de plata y oro del portaplacas, revelando el objeto punzocortante detrás de esta. La hoja no era muy grande, pero se hallaba en perfecto estado y brillaba gracias a la luz del sol que se había permitido ver después de que el aguacero cesara. Sin hacer ninguna clase de movimiento, recurriendo a mi sistema de respiración alterno, me mantuve estática al tiempo que la coordinadora pasaba el filo por la inusualmente amplia cinta adhesiva en mis piernas. Admito que me sorprendí al ver que la pequeña cuchilla era capaz de cercenar la gruesa soga, aunque el hecho que la agente forcejeara un poco para lograrlo, arriesgándome a recibir una puñalada, ya sea intencional o no, tampoco me ayudaba a relajarme.

Afortunadamente, las ganas de desollarme no la invadieron y en pocos minutos, yo y mis amigas nos encontrábamos sin nuestras ataduras. Estiré mis brazos, adoloridos por la inmovilidad y con rojas marcas que la cuerda nos dejó. Tuve que darle unas palmaditas ligeras en las mejillas a la rapaz para que saliera de su absorto estado. La mediterránea, por su parte, volvió al mundo consciente por su cuenta, aunque guardando distancia prudente entre ella y Smith. Esta última guardó su arma y bostezó, estirando su cuerpo.

– "Ah, esta sí que fue una tarde memorable, ¿cierto, novatas?" – Cuestionó ella. Ignoro donde esté lo gracioso. – "Me pregunto si Kuroko lo disfrutó tanto como yo."

– "¿Eh?" – Me extrañé. – "¿De qué habla, Hauptmann?"

Como si nuestras vidas fueran solamente una muy, pero muy mala historia concebida por un igualmente inepto narrador que recurre a los clichés más sobreexplotados de la industria literaria, la mujer frente a nosotras reveló su verdadera identidad. Era tan predecible que me resulta increíble como rayos no lo vimos venir antes, aún más conociendo a las personas con quienes laboramos. Me sentía una completa boba por haberme tragado todas esas fruslerías que Redguard nos relató, jugando con nuestras crédulas mentes de novatas, a pesar de que todo apuntaba a que ella tenía razón. Odio aceptarlo, pero soy demasiado cándida.

O muy estúpida, ya me da igual.

– "You gotta be fuckin' kidding me…" – Musitó la arpía. Compartía su sentimiento. – "¿Are ya fuckin' serious?"

– "¿Qué? ¿Esperabas a alguien más?"

– "Debí saberlo…" – Disentí con la cabeza. – "Eres la única capaz de engatusarnos de esa manera, Doppel."

– "En este punto ya ni siquiera debería ser sorpresa." – Opinó la empusa, emulándome. – "Mis neuronas debieron desintegrarse por pasar demasiado tiempo con este par de tontas para no haberlo descifrado antes."

– "Tampoco es que tuvieras muchas para empezar, Pepper." – Retrucó la americana. – "Pero en serio, ¡¿Podrías explicarnos qué carajo fue todo esto, alférez?!"

– "Muy fácil, granates." – Habló alguien detrás de nosotras. Se volvió habitual. – "Una pequeña sesión de ejercicio para compensar los días que han perdido sin adiestramiento."

– "Tengo demasiadas preguntas ahora…" – Dije a esa persona, asentándome en el suelo. – "Pero al menos dígame que usted no es otra cambiaformas u otra clase de ente polimorfo."

– "No, esta vez puedo certificarles que soy su verdadera capitana." – Aseguró Smith, ajustando sus gafas oscuras y colocándose a lado de la Abismal. – "¿Se divirtieron, niñas?"

– "Mucho." – Replicó sardónicamente la halcón. – "¿Cuándo podremos repetirlo?"

– "Las veces que sea necesario, Peaches." – La coordinadora (o eso creo) se cruzó de brazos. – "Antes de comenzar a espetar tu sarcasmo, sería mejor si me dejaran externar la razón de esta absurdamente extravagante persecución por media ciudad."

– "Está demente." – Fue mi turno. – "¿O quizás se golpeó la cabeza de chiquita?"

– "Hilarantes hipótesis, Potato, te daré una medalla por sacarme una extensa sonrisa." – Contestó la pelinegra, estoica. – "¿Doppel?"

Acto seguido, la peliblanca usó su cabello prensil para tomar un objeto alargado de las bolsas de su cinturón. Tal herramienta se hizo aún más grande con un suave movimiento de las extensiones capilares de la Abismal y sin darme tiempo de protestar, fui castigada con una dolorosa pero no letal descarga eléctrica en mi costado derecho. Luego de hacerme dar un salto por la tremenda sacudida y dejarme tiritando como cucaracha con hipotermia, la liminal de ojos dorados, portando una sonrisa jactanciosa, volvió a colocar el arma de vuelta a su lugar. La capitana se mantuvo impasible durante todo lo anterior, al menos hasta que alzó su mano extendida al aire y la 'chocó' con el cabello de su compañera.

– "¿Decías, Potato?" –Preguntó la líder.

– "Ow, ow…" – Me tallé. Joder, esas cosas deberían ser ilegales. – "N-nada, Hauptmann, por favor, continúe con su discurso."

– "Merci beaucoup." – Revisó indiferente sus dedos. – "Como mencioné antes, esto fue más que una aparentemente sádica correteada por los alrededores del suelo tokiota. Normalmente me decantaría por una ingeniosa retórica con algo de sarcasmo y demás causticidades para agregar un poco más de sabor al relato, pero ya hemos perdido demasiado tiempo en tratar de darles una importante enseñanza sobre la cohesión grupal."

– "Disculpe, Jerarca." – La mantis alzó un espolón. – "Pero no entiendo como esto va a ayudarnos a otra cosa que no sea desarrollar fobia a su persona."

Suspirando, la mujer del gobierno se retiró sus gafas y suspiró. Le pidió a su aliada cambiaformas que se retirara, solicitando un momento privado entre nosotras. Esta obedeció y acordó llamar al resto de MON para que nos recogieran. La alférez entonces emprendió un fuerte salto que la elevó a las nubes, en dirección a donde suponía se encontraban las demás. Así, colocando sus manos detrás de ella, Smith miró hacia la copa de los árboles que se alzaban majestuosamente en el extenso bosque, salpicado por los restos de la lluvia, dándole un intenso olor a clorofila fresca y una etérea apariencia brillante.

– "Supongo están furiosas y desean explicaciones concretas, cosa que puedo comprender, así que iré al grano." – Aseveró Kuroko. – "Esta fue una lección, granates, parte de su selecto adiestramiento, perfectamente implementada gracias al factor sorpresa entre el desconcierto de mi imprevisto actuar y las habilidades naturales de Doppel. Sí, aunque parezca imposible, esta fue una operación totalmente concertada entre la descendiente del Caos Reptante y yo. Confieso que nuestros métodos de enseñanza son menos que ortodoxos y en ocasiones puede que superficialmente demos el mensaje equivocado, aunque no negaré que en cierta forma me he acostumbrado.

Pero, toda esta elaborada farsa de historias demoniacas, persecuciones, violencia y terror psicológico tiene un valor más allá de satisfacer nuestros vesánicos deseos de vengarnos por la pérdida de nuestro capital, el cual afortunadamente ya ha sido recobrado. No, mis intenciones reales fueron motivadas por el afán de mostrarles de primera mano, quizás demasiado directa, lo que sucede cuando dejamos que los sentimientos se nos suban a la cabeza y nublen nuestro juicio, evitando cooperar entre nosotras como se debe.

Chicas, estoy segura que ustedes han experimentado o atestiguado momentos donde la circunspecta cordura es reemplazada por los automatismos de los instintos, ya sea por la influencia del astro selenita, trifulcas sentimentales por luchas de pareja…"

Ella nos miró a mí y a la castaña, sabíamos perfectamente que se refería. Yo apostaba a que podría seguir dándonos más ejemplos de nuestros tropiezos, pero se contuvo.

- "Liberar una plaga de insectos blatodeos en conocido restaurante…"

Desearía que eso quedara en el pasado. La helénica rió ligeramente.

– "O usar a soldados de práctica como rehenes durante el adiestramiento y lanzarse en una insana batalla solitaria por la desesperación…"

La griega cesó de inmediato su mofa, recordando muy bien sus acciones en la Torre Roja.

– "No es necesario decirles que, a pesar de tanta aparente irresponsabilidad, ustedes lograron hacerles frente a todas esas adversidades." – Afirmó, dándonos la espalda y viendo hacia el nemoroso horizonte verde. – "Sin embargo, nada de eso sería posible si no hubieran contado con alguien que las apoyara en tales momentos de debilidad. No parecerá que el derrotar a terroristas tenga relación con liarse a golpes en medio de la plaza comercial o dejar que unas cucarachas anden por ahí, pero todo eso tienen un origen en común: Impulso.

Actuar rápidamente antes de meditar, obedecer a su primer instinto, ya sea defensivo, agresivo o simplemente vengativo. Somos animales que reaccionamos a lo que nos rodea, es verdad; El ejecutar acciones al instante es parte inherente de nuestra naturaleza de supervivencia, no podemos negarlo. La mayoría del tiempo, podemos controlar tales deseos de nuestro id y evitar que todo desemboque en desastre. Y en otras ocasiones, preferimos la euforia de la adrenalina y la despreocupación de la efusiva energía. Somos adictas a las emociones.

Y es eso lo que puede llevarnos a la ruina.

Dyne, sin Jaëgersturm cubriéndote la espalda, hubieras provocado la descalificación total del equipo al arrojarte irreflexivamente hacia el adversario en la Torre Roja. Aria, ignoro qué hubiera pasado si dejábamos a Lala proseguir con su enfrentamiento contra Cetania en la calle después del infame ósculo en el tren. Y sé que estuviste a punto de irrumpir en la misión durante el asalto al restaurante, no necesitas fingir. Nuevamente reitero, todas somos vulnerables a ceder a los instintos. Yo misma he dejado que la ira me transforme en un monstruo tan sanguinario como el que Doppel fingió ser para ustedes.

Ahora deben estarse preguntando por qué tanta maroma, teatro y violencia para probar un punto del cual ustedes están más que conscientes; Muy simple, fue para comprobar su desempeño como grupo. Granates, las adiestramos con ahínco porque necesitamos ustedes sean las mejores no sólo de manera individual, sino también en conjunto. Y es que, es en la unión donde realmente está la verdadera fuerza de la ley. El ejemplo más directo es MON; Por sí solas, cada una de sus integrantes son sobresalientes, auténticos ejemplos de convicción y destreza, legítimas heroínas.

Y sin embargo, ninguna podría alcanzar ese nivel de eficiencia sin la ayuda de las otras. Cada una aporta algo diferente pero invaluable al escuadrón, eliminando las carencias en el área que el resto no puedan cubrir y asegurándose de cumplir su trabajo esplendorosamente. Manako es una impecable tiradora, pero sin la determinación de Tionishia, el liderazgo de Zoe o la perspicacia de Doppel, difícilmente podría salir incólume por sí misma. Y es idéntico en el caso de las demás.

Ustedes tres me demostraron una y otra vez que hice la decisión correcta al aceptarlas en Monster Ops. Se jugaron el todo o nada en las pruebas más descabelladas y enrevesadas que pude legalmente aplicarles, y lograron la victoria. Vencer a Zombina en un tiroteo cercano, improvisar un tanque con restos de puertas y escudos, derrotar a Tionishia en armadura, atrapar a la elusiva Manako después de escapar magistralmente de una cabina sin salida aparente; Las tres poseen un gran talento, de eso no hay duda, pero todo su éxito fue debido que se mantuvieron juntas, apoyándose mutuamente.

Por ende, decidí enseñarles una lección al apresarlas y retirarles toda forma de defensa, excepto sus mentes. Son su inteligencia y sagacidad para dominar sus habilidades natas las que se convertirán en sus verdaderas armas en los momentos más difíciles. Es el control que tengan sobre los impulsos de su ego la que se transforme en su escudo mental para evitarles cometer errores. Y lo más importante, será su unión, su cohesión como equipo lo que les otorgue el triunfo sobre el enemigo. Héroes solitarios hay muchos, ustedes conocen al más reciente, pero incluso el más experto combatiente no puede ganar una guerra por su propia cuenta.

Y a pesar de que ya conocen todo eso… ¿Qué hicieron ustedes para 'enfrentarme'? Optaron por prácticamente huir del problema en lugar de unirse para confrontarlo. Es verdad, estar tan indefensas ante un monstruo imparable blandiendo mortal filo puede parecer una pelea imposible y suicida, pero el punto es que ustedes realmente no trataron de detener a la cambiaformas. Hubo pequeños momentos de lucidez, donde abandonaron sus graciosas pero ultimadamente superfluas discusiones sardónicas para concentrarse en el dilema. Esquivaron a Doppel durante el asalto a la furgoneta de Vanessa y no logró salvarse de una buena patada por parte de Jaëgersturm.

Correcto, la alférez es una poderosa hija inmortal del Abismo Eterno, pero no es invencible, al igual que los enemigos a los que deberán enfrentarse. Chicas, tal vez hubieran esperado que les diera esta verbosa cátedra durante sus entrenamientos normales, pero no tendría el mismo efecto si no creyeran que en verdad me había vuelto una demente a punto de arrancarles la tráquea. Requería que conocieran ese terror tan ominoso que congela las venas y paraliza las extremidades al hallarse una frente a un obstáculo aparentemente inconquistable, esa horrible sensación de impotencia ante la contrariedad. Nos desgarra la mente y nos escarba el alma hasta volvernos totalmente inútiles.

Yo he vivido tan estremecedoras circunstancias y comprendo que deben estar furiosas por obligarlas a sufrir tan nefasta experiencia, pero es por su bien. No sé lo que les depare el futuro a ustedes, a todas nosotras, pero tengo el presentimiento que se acercan tiempos difíciles y necesitaremos estar más que preparadas para tales momentos. Hoy fue una simulación, mañana será real y no habrá predecibles revelaciones ni explicaciones que las hagan sentirse frustradas, solamente su derrota y, en el peor de los casos, su muerte. Ni siquiera las prácticas se comparan con una misión real, donde la detonación de cada disparo te detiene el corazón y cada proyectil puede acabar con tu vida. Por eso es imperativo que se acostumbren a esta clase de cosas.

No disfruto verlas sufrir, no hallo alegría en el schadenfreude ni en el dolor ajeno, por mucho que me encante el humor a costa de otros, porque nuestro trabajo no es una broma ni un juego, sino un compromiso con nosotras mismas y el país entero. Ponemos nuestra vida en riesgo para que la sociedad pueda gozar de un día más de paz y tranquilidad. Lo escucharán en el ejército, la marina, la fuerza aérea y aquí también. Juramos defender a esta nación y sea cual sea la rama gubernamental que hayamos elegido, no podemos fallarle a quienes confían en lo que representamos.

Granates, ustedes no son las primeras en ser consideradas para unírsenos, ni siquiera las primeras en formar parte de MON. No deseo entrar en detalles ahora, pues me duele remembrar a las que ya no están aquí, pero sí puedo revelarles que me he esforzado mucho en creer en ustedes tres. Las he aceptado y el grupo también, el público las apoya y sus seres queridos las consideran más que heroínas. Cuentan con todo lo necesario para salir adelante y consagrarse como laureadas defensoras de la justicia… Excepto una mejor relación de equipo.

Pero no voy a sermonearlas ni a castigarles, suficiente escarmiento tienen con saber que aún tienen un largo camino por recorrer. En lugar de eso, espero que este francamente demasiado largo soliloquio aunado a la aterradora sesión con el Abismo les ayude a replantearse su papel en el escuadrón y quizás, si es que no nos excedimos con la severidad, motivarlas a superarse en los próximos días. Ya sea dentro o fuera del campo de batalla, deben ser más que aliadas, compañeras o colegas; Sean auténticas hermanas en armas, como lo demostraron magistralmente en sus ensayos. Ese es el secreto de nuestra fuerza; Separadas somos excepcionales, juntas somos indestructibles."

La capitana se giró, sonriendo plenamente.

– "¿No lo creen así, amigas?"

Ese fue un mal momento para que las tres estuviéramos dormidas…

– "¡Ow, ow! ¡Deténgase por favor, Chief! ¡Fuck!"

– "¡Oblígame!"

– "¡Lo sentimos, Hauptmann! ¡Aaagh! ¡En verdad lo lamentamos!"

– "¡Todavía no!"

Mil doscientos. Mil doscientos voltios condensados en la punta de un pequeño objeto de treinta centímetros de largo. He sobrevivido a las laceraciones del entrenamiento más infernal que pudiera imaginarme y los fantasmas de los hematomas que aquello me dejó todavía pueden verse debajo de mi epidermis, pero ahora todo ese dolor ha sido reemplazado por una excesivamente incómoda sensación de ardor extremo; Demasiado fugaz para matarme, demasiado agudo para olvidarlo. No me sentía mejor que mis compañeras también sufrieran a mi lado, pues nuestros cuerpos aún húmedos eran excelentes conductores y prácticamente compartíamos cada descarga que la despiadada Smith nos obsequiaba con ese condenado bastón de electrochoques.

Ni siquiera los animales que pululaban el frondoso bosque llorarían nuestro infortunio, porque incluso las bestias salvajes eran lo suficientemente inteligentes para mantenerse lo más alejados posibles de la vesánica coordinadora que no paraba de castigarnos con su instrumento de tortura en miniatura. Para cuando ella terminó, nosotras nos mantuvimos tiritando patéticamente como sardinas epilépticas fuera del agua, con el cuerpo adolorido y con algunas marcas de diminutas quemaduras en la piel. Ojalá pudiera mudarla como las lamias.

– "¡¿Ya aprendieron su lección o quieren que use el hacha, retrasadas?!" – Vociferó la agente. – "¡Me importa un bledo si me condenan a la silla, yo les haré tragarse sus mugrosos ovarios si vuelven a joderme! ¡¿Entendieron, esperpentos malnacidos?!"

– "¡Ja, ich verstehe!" – Contesté, aterrada. – "¡Entschuldige, bitte! ¡Aaagh!"

– "¡En japonés, maldita Nacionalsocialista! ¡Voy a vengar a todos los que tus antepasados conquistaron!" – Replicó, volviendo a arremeter contra mi cuerpecito. – "¡Esta va por Francia! ¡Esta por Bulgaria! ¡Polonia dice hola! ¡Y esta otra por idiota!"

– "¿Y ese qué país es? ¡Ay!"

– "¡No te hagas las chistosita conmigo, hija del Reich! ¡Toma, para que se quite lo payasa!" – Conminó. – "¡Y a ti también te daré, plumífera!"

– "¡¿The fuckin' hell?!" – Protestó la arpía. – "¡¿Y yo por qué, carajo?!"

– "¡Por ser una jodida grosera!" – Le propinó otra descarga. – "¡Para que dejes de insultar tanto, yanqui malhablada!"

– "¡Fuuuck!"

A pesar de que la nativa de Mitilene estaba demasiado afectada como para abrir la boca, también ella recibió otra dosis extendida de 'chocante' castigo y se retorció afásicamente en el suelo enlodado, como nosotras. Ya no importaba si las leyendas sobre el diabólico origen de la capitana eran reales o no, estábamos convencidas que ningún demonio sería tan cruel como Kuroko. Después de una segunda probada del averno en forma de electrones atormentándonos el sistema nervioso y posiblemente acabando con nuestras reservas neuronales, nuestras regiones citoplásmicas lograron articular las sinapsis necesarias para mantener la consciencia. No puedo decir lo mismo de la cordura.

Ay, mamá araña, creo que incluso olvidé como me llamo.

– "Espero esto haya sido más que suficiente, granates." – Sentenció la psicópata, ajustando sus gafas para sol. – "No me gusta recurrir a esta clase de correctivos, pero ustedes lo hacen tan necesario…"

– "Lelo… Lili… L-lo sentimos, Hauptmann…" – Pude pronunciar con dificultad entre espasmos. – "Nola… No lo… volveremos a hacer…"

– "Sehr gut, Potato. ¿Estará bien tu novia alada?"

– "Soy una tetera pequeña y fuerte…" – Balbuceaba la rapaz, meneando la cabeza en círculos. – "Esta es mi asa y este es mi pico…"

– "Aún retiene sus funciones cerebrales básicas, supongo que sí." – Contesté. – "Auch, y la grillita todavía respira. Sobreviviremos."

– "Me alegro, no traje mi pala para enterrarlas." – Rió ligeramente. Las posibilidades de que bromeara eran casi nulas. – "En todo caso, creo que ya terminamos por hoy. Vamos, levántate y ayuda a tus colegas."

– "Jawohl." – Obedecí. Caí como tres veces antes de poder incorporarme. – "Scheisse, Hauptmann, esto dejará secuelas. Lala no va a dejarme salir por un mes."

– "Pídele a Vanessa que te ponga pomada de la Tía Fana, sirve hasta para hacer galletas. Si encontramos a esa zombi degenerada, claro está."

– "Uhm… Usted, quiero decir, Doppel la arrojó fuera de la furgoneta." – Mencioné. – "Después de decapitarla."

– "Esa era también Doppel, araña." – Aclaró. – "Ella y Redguard no tienen una muy buena mejor relación amistosa que digamos, por eso la alférez propuso la idea de verla perder la cabeza. No tenemos idea de donde esté la Saadia real, no la hemos visto desde que escuché sus gritos en las oficinas centrales."

– "Oh, ya veo…" – Reaccioné. – "¡Un momento! ¡¿Entonces la que saltó al transporte fue…?!"

– "¿Eh? ¿Qué sucedió?" – Habló la empusa, tallándose la cabeza. – "¿Eres tú, Caronte? ¿Morí con dignidad?"

– "Bienvenida, sargento Nikos." – La saludó la coordinadora, matado a un mosquito. – "Los dioses te han brindado otra oportunidad de seguir disfrutando la existencia terrenal. ¿Te sientes mejor?"

– "Debo compartir tal existencia junto a Jaëgersturm, así que no."

– "Sí, definitivamente estaremos bien." – Mascullé. – "Hauptmann, ya que todo esto, gracias al Olimpo, ha terminado; ¿Puede decirnos si hay algo de verdad en la fantasiosa historia que la doppelgänger nos relató? ¿En verdad usted… es un demonio?"

– "No lo sé. ¿Tú qué crees, cabo?" – Ladeó su cabeza, sonriendo maliciosamente. – "Y sé sincera, o te irá peor."

Había tres posibles formas en lo que esto podría terminar: Primera, respondo afirmativamente y ella me mata para confirmarlo. Segunda, respondo negativamente, ella demuestra lo contrario y me mata. O, número tres, le digo que no lo sé y me mata por indecisa. Podría arriesgarme a arrojarle a la mantis encima y salir huyendo, pero mis piernas no responden perfectamente. Bien, lo bueno es que ya recordé que me llamo Ami. ¿O era Aiur? No, creo que era Amanda. ¡Bah! Seré Aria y me evitaré problemas.

Lo malo, es que no volveré a ver otro amanecer.

– "¿Y bien, mortal?" – Insistió la emisaria de la maldad encerrada en su prisión antropomórfica. – "¿Cuál es tu respuesta?"

– "Uhm…" – Medité por varios segundos. – "Bien, yo…"

– "Ningún demonio se rebajaría a verse envuelto con las nimiedades de los mortales como su bienestar, ni toleraría por demasiado tiempo los errores de novatas ineptas que echen a perder sus planes." – Contestó la americana, tallando sus alas. – "A pesar de pertenecer a diferentes representaciones de las flaquezas humanas, todos comparten la misma soberbia, desde la base hasta la punta de la pirámide jerárquica. Usted no es tan orgullosa, Chief."

– "Excelente deducción, cabo Cetania." – La aludida sonrió. – "Es correcto, soy totalmente humana. Me llamarán loca por mi manera tan particular de pensar, pero lo mismo dijeron de Dalí y Einstein."

– "Aunque casi logran convencerme de que en verdad era una Abismal."- Continuó hablando la halcón. – "Incluso comparte el olor corporal de Dop-¡Aaay!"

– "Gra-cias, cabo." – Kuroko guardó su bastón eléctrico otra vez. – "¿Ya están convencidas de mis orígenes completamente terrenales, incrédulas?"

– "Sí, Jerarca, no dudamos que sea una Homo sapiens." – Replicó Dyne. – "Pero me pregunto por qué su afán de ser considerada una homínida. Opino que su autoridad sería más efectiva si creyeran que es un poderoso ente infernal."

– "Si bien no negaré que obtendría muchos beneficios de ser catalogada como liminal, incluyendo la posibilidad de actuar contra los rufianes extraespecie en lugar de limitarme a dar órdenes fuera de la acción…" – Explicó la agente. – "Prefiero obtener ese poder a base de respeto auténtico en lugar del miedo. Ambas aseguran dominio, pero sólo la primera me garantiza que contaré con personas a quienes podré confiarles mi vida. Además, la intimidación te otorga muchos súbditos, pero ningún amigo de verdad."

Sonreí tenuemente. Era una respuesta idéntica a la que le ofrecí a la griega en el acuario. Smith y yo teníamos la misma idea respecto al prestigio y admiración. Rayos, tal vez no sea la descendiente de un legendario ser diabólico, pero en verdad que la capitana poseía una enorme habilidad para hacernos reverenciarla, incluso después de casi matarnos. Los minutos pasaron y ella despejó nuestras dudas restantes sobre su disparatado plan y como logró engañarnos. Al menos el relato de la ogresa y su inmortalización en forma de canción era auténtico.

– "Un momento, Jerarca." – Injirió la helénica. – "Comprendo que pudiera conseguir una furgoneta abandonada similar a la de la oficial Silica y que no notáramos la diferencia en nuestro estado de pánico, ¿pero qué hay del ladrillo que irrumpió por el parabrisas? ¿También era fingido?"

– "No, en verdad rompí el vidrio del automóvil." – Confesó como si nada la mujer del gobierno. – "Tranquilas, me aseguraré de alegar que eso fue resultado de haberse hallado en el lugar del crimen durante el asalto al restaurante. Así no le cobrarán a la pobre lagartija la reparación."

– "Que considerada de su parte, Hauptmann." – Reí levemente. – "¿Qué hay de los destrozos que la alférez dejó por la ciudad?"

– "Una agente de MON tratando de capturar a tres liminales problemáticas no debería tener repercusiones legales, Potato." – Manifestó. – "El gobierno recompensará las pérdidas materiales a los afectados, no te preocupes."

– "¿Y el gatito? ¿Qué hay de Cucho?" – Indagó la castaña. – "¿Ese también era Doppel transformada?"

– "Correcto. Por eso supimos que no habían escapado al bosque. ¿Les gustó su interpretación de asesina de felinos? Por ahí dicen que tiene talento para volverse actriz."

– "Deberían darle un Oscar." – Replicó. – "Lo que no me explico, es como usted logró mantenernos el paso, Chief. No recuerdo que nos siguiera otro transporte."

– "Y si se supone que Saadia era la alférez, y esta salió despedida de la furgoneta…" – Tomé la palabra. – "La que arrojó el hacha, se introdujo en el auto y la que se estrelló posteriormente fue..."

– "Jerarca…" – Nikos señaló al cuello de la agente. – "¿Es eso… aceite?"

Fuimos interrumpidas cuando Zoe, conduciendo el transporte de MON, hizo sonar el claxon. Saludando con su mano fuera de la ventana al acercarse, la muerta viviente estacionó el vehículo y bajó de este, junto al resto. Por la forma en que el estómago de las presentes se hallaban emitiendo ruidos, concluimos que no habían probado bocado aún. Era lindo ver tanta fidelidad hacia su superior, aún a costa de su alimentación. Eso o sabían que les iría peor si comían antes que ella.

– "Ugh, el hambre me está matando, Capi." – Se quejó la pelirroja, arrastrándose como sus homónimos populares. – "¿Ya terminó de jugar con las novatas? Casi empieza la hora feliz en el Moonchild."

– "No puedo creer que lograra concretar tan complicado plan en tan poco tiempo, Jefa." – Opinó Manako, aproximándose a nosotras. – "¿Están bien, chicas?"

– "Sí, Manacchi, gracias." – Sonrió la falconiforme. – "Fue una electrizante experiencia."

– "Jefita, usted siempre está haciendo esta clase de bromas pesadas." – Mencionó Tionishia, revisando la infame arma afilada. – "¿No es esta el hacha que usó para engañarnos recién nos unimos a la fuerza?"

– "Nah, la de esa ocasión era más grande y oxidada." – Acotó la heterocromática. – "¿Recuerdan como se pusieron de blancas al verme hecha pedazos en la oficina?"

– "No teníamos idea que fuera una zombi en esa ocasión, Bina-san." – Respondió ligeramente sonrojada la francotiradora. – "Y los mensajes color sangre escritos en las paredes fueron demasiado persuasivos."

– "Pero fue una divertida manera de probar sus habilidades detectivescas." – Señaló la cambiaformas, guiñando y agitando su dedo. – "Especialmente cuando culparon a Saadia de ser la asesina. Casi la matas de nuevo al torcerle el brazo de esa manera, Tio."

– "Eso es algo injusto cuando puedes transformarte en quien desees, Doppel-chan." – La ogresa torció la boca. – "Todavía me pregunto cómo no logramos deducir que también eras la infame 'D' cuando amenazaron de supuesta muerte a Bombón, digo, al señor Kurusu."

– "O la que me enviaba esas cartas tan indecentes, pretendiendo ser un admirador secreto…" – El rostro de la ciclope se tornó rojo intenso y desvió la mirada. – "Y p-para colmo, simuló ser otra mujer."

– "Y no olvidemos cuando fingiste ser el profesor Sarver y le prometiste matrimonio a Sandy." – Injirió Zombina. – "No la vimos en tres semanas por la depresión."

– "Oh, vamos, chicas." – La peliblanca colocó sus manos en la cadera. – "Deben admitir que fue divertido. Y Redguard se lo merecía por andar esparciendo rumores míos y de Kuroko."

– "Sí que eres toda una caótica problemática, Dop-¡Aargh!"

Cesé mi comentario en seco apenas sentí otra descarga en mi abdomen. Este bastón era más largo que el anterior e incluso tenía más potencia. ¡¿De dónde demonios se lo sacó?!

– "¿No deberíamos largarnos ya, Hafh'drn?" – Preguntó la cambiaformas a su superior, girando su instrumento. – "Todas tenemos hambre y aún debemos interrogar al geólogo en el hospital."

– "Sí, me parece que ya es hora de retirarnos. Estos mosquitos nos pegaran malaria si continuamos aquí." – Replicó la mencionada, revisando su reloj. – "Bien, granates, ya que deberán cuidar a Haruhiko por dos días más, supongo que pueden tomarse unas pequeñas vacaciones. En todo caso, asegúrense de llamarme para confirmar que el chaval está bien. Nos veremos en la fiesta, guárdennos pastel."

– "Espere, Chief." – Habló la arpía. – "¿Cómo que en la fiesta? ¿Usted también planea asistir?"

– "Por supuesto que sí, cabo." – Respondió casi ofendida la agente. – "No ibas a organizar una celebración junto a tu casera, quien es mi responsabilidad al igual que tu, sin enviarme una invitación, ¿verdad?"

– "B-bueno…"

– "¿Nosotras estamos incluidas, Capi?" – Interrogó la teniente.

– "Claro, Zoe. MON no podría perderse la comida, las bebidas y demás amenidades que la residencia Honda con gusto les proveerá." – Aseguró con un pulgar arriba. – "Pero no le digan a Vanessa o a Titania; Esas escandalosas siempre se acaban se alcohol y tapan el retrete."

– "¿Qué hay de Emily, la psicóloga? Ya regresó de sus vacaciones." – Cuestionó la cíclope. – "Sería buena oportunidad para que las novatas la conozcan."

– "Olvídala, sigue haciendo trabajo de campo y dizque cantando." –Espetó la doppelgänger. – "Juro que ni los chillidos de la Antítesis de la Creación son tan horrísonos como los sonidos que salen de esa vetusta guitarra."

– "Ay, Doppel-chan, siempre tan mala con la pobre Emy." – Se quejó la ogresa. Su estómago también. – "Ups, lo siento. ¿Ya podemos comer, Jefita?"

– "Sí, mejor de una vez. Vamos, diamantes, súbanse, que el tiempo no espera a nadie." – Ordenó la mandamás, las chicas obedecieron. – "Y ustedes, granates, cuiden de nuestro hermoso diner-Digo, de nuestro lindo Haru, ¿de acuerdo? Adiós, las veo en dos días."

– "Jerarca, ¿no piensa llevarnos?" – Se preguntó la nativa de Mitilene.

– "No hay suficiente espacio en el transporte, sargento. Descuida, que el reloj de Potato posee brújula, no podrán perderse."

– "¿Y nuestras pertenencias?" – Interrogó la rapaz. – "¿Y las placas? ¿Y las armas?"

– "Siguen en el auto de Mei. Tranquilas, se las entregaremos después, por ahora regresen a casa." – La capitana abordó el vehículo y ordenó a la zombi encender el motor. – "¡Me saludan a la familia! ¡Y cuidado con los asesinos seriales que rondan por esta zona! ¡Hablo en serio, ya van siete homicidios sin resolver en un mes! ¡Zoe, date prisa que a estas horas aparece el de la motosierra!"

Sin dilación, la pelirroja pisó el acelerador a fondo, dio una vuelta de ciento ochenta grados con la furgoneta y se alejó raudamente al tiempo que las llantas traseras nos cubrían de lodo. No sé que me preocupaba más: Que Lala iba a matarme por ensuciar la casa, mi uniforme y llegar tarde a comer… O perecer a manos de lo que sea que habite en esta condenada región geográfica, ya sean chalados armados, osos hambrientos o las enfermedades que los insectos podrían pegarnos. Y también me rugían las tripas.

– "¿Pueden creer que todo esto nos pase a nosotras?" – Preguntó retóricamente la castaña, sin moverse de su lugar. – "Es como si el universo conspirara para jodernos a cada momento."

– "Eso es lo que me he estado preguntando desde que las conocí, Peaches." – Opinó la mediterránea. – "Lo peor es que comienzo a acostumbrarme."

– "¿Pero saben? A pesar de todo lo terrible que nos sucede…" – Sonreí. – "Me alegro de estar viva."

– "Concuerdo, Potato." – Asintió con la cabeza la empusa. – "¿Pero sabes que es lo mejor?"

– "¿Qué?"

– "¡Que aún puedo matarte con mis propias manos, desgraciada! ¡Tomaste mi primer beso! ¡Profanaste mis labios, sucia pervertida!"

Con la misma vehemencia asesina de Smith, la mantis estrujó mi tráquea entera con ambas extremidades superiores, apretando con una fuerza temible, acrecentado por su dura quitina y rabia helénica. Antes de perder la consciencia y tomar el viaje al Inframundo, la emplumada hizo a un lado a la furiosa pelinegra, dándome oportunidad de recuperar oxígeno.

– "Pepper, detente…" – La mujer de Montana sostuvo el brazo de la pelinegra. – "No sigas."

– "¿Por qué?" – Exigió saber la chica de ojos verdes.

– "No olvidemos lo que dijo Smith…" – Se colocó sus manos protéticas. – "Trabajo en equipo, ¿recuerdas?"

Ay, no…

– "¡GAAH!" – Intenté articular. – "¡C-Cetani-¡ACK!"

– "¡Te lo advertí, araña infiel! ¡You're so fucked!" –Vociferó la rapaz al tiempo que me ahorcaba. – "¡¿Te gusta besar empusas?! ¡Pues ahora le besarás el culo a la muerte, traidora!"

– "B-bueno, Lala es la muerte en sí y me encanta besar su-¡GAH!"

– "¡No me cambies el tema, mujeriega rastrera! ¡Me las vas a pagar todas de una vez, garrapata malnacida!" – Espetó. Me sorprende la fuerza que tiene con esas manitas falsas. – "¡Te voy a dejar más azul que esa condenada dullahan! ¡Y también te arrancaré la cabeza!"

– "Cabo, no sigas…" – Nikos sostuvo una de sus alas. – "Es mi turno."

– "¿Puedo protest-¡GRAAH!"

Haciendo caso omiso a mis últimas exhalaciones y demostrando que, sin duda, la unión hace la fuerza, la oriunda de Norteamérica y la procedente del Mar Egeo fusionaron esfuerzos para triturarme la garganta y de paso cambiar mi color dérmico a uno más añil. Podría sobrevivir a la falta de aire gracias a mis filotráqueas abdominales, pero tal parte de mi cuerpo se hallaba sumergida en un charco de agua e inutilizada. El demoledor poder de las energías combinadas de mis ejecutoras era demasiado para mis ocho delgadas piernas y otra ruta de escape que no fuera fenecer era imposible. Pero era bonito verlas trabajar tan sincronizadas para alcanzar un mismo fin. Nada como un poco de cooperación para demostrar que el Programa de Intercambio tenía un brillante futuro.

– "¡You fucking cuck! ¡You shamelessly dared to cheat on me!" – Imprecaba la exaltada estadounidense. – "¡I'm gonna skullfuck you to death! ¡And then I'll ejaculate live bees in your fuckin' ass!"

– "Eso es físicamente imposib-¡YACK!" – No sé para que lo intento.

– "¡Shut the fuck up, you cunt!"

– "¡Me haré un cinturón con tus intestinos y un par de botas con tu piel, sáfica degenerada!" – Decía la igualmente furibunda helénica. – "¡Moleré cada miserable átomo y quark de tu impío ser, bruja alemana!"

– "¡GHHH!"

– "¡Y todavía te atreves a invitar a la maldita de Smith y su grupo de haraganas buenas para nada a la fiesta de Mio!" – Resaltó la falconiforme. – "¡¿Acaso piensas que la morada de mi casera es un maldito castillo?! ¡Voy a arrancarte las patas antes que Yuuko me desplume del coraje!"

– "Y Ekaterina." – Recalqué. – "No olvides a Ekateri-¡NAGH!"

– "¡En verdad quieres que te extermine, ¿verdad, bicho inmundo?! ¡Pues te cumplo tu deseo con gusto!"

– "Por cierto, Peaches, yo aún sigo estando invitada, ¿cierto?" – Preguntó casualmente la sargento mientras estiraba sus dedos. – "Sólo para saber si deberé llevarle un obsequio a la dueña del Aizawa."

– "Claro, Pepper, siempre serás bienvenida en nuestra humilde casita." – Replicó la arpía, sonriéndole al tiempo que seguía asesinándome. – "A Mio le gusta ir al zoológico, supongo que un peluche de animalito podría caerle bien."

– "Entiendo. ¿Invitarás al soldado que atrapó a los ladrones en el restaurante?"

– "Sería un crimen no hacerlo." – Contestó ella. Me sorprende que dijera eso sin un ápice de ironía. – "También a Amanda, no pudimos platicar mucho con la vaquita la última vez. Tu turno, pimientín."

– "Efharistó." – La mantis colocó sus manos cuando la castaña retiró a suyas y mi batalla contra la anoxia comenzó de nuevo. – "¿Qué me dices de Silica?"

– "¿Te gustó esa lagartijita nalgona, Nikos?" – La americana alzó sus cejas. – "¿Te tomaste literal lo de salir del clóset cuando Doppel nos encontró?"

– "Me matas de la risa, arpía." – Respondió fríamente. Deben estar haciéndolo a propósito. – "Sólo lo sugería por lo mucho que ella nos ayudó el día de hoy. Y oíste a la Jerarca, la quiere de mecánica y debemos convencerla de unirse."

– "Considero que Mei aceptaría de cualquier manera. Su puesto actual la está asfixiando." – Rió la halcón. Sin duda lo hacen adrede. – "Ah, qué demonios, una más no hará daño. Si la ves, se lo confirmas, ¿vale?"

– "De acuerdo." – Suspiró, mirando al cielo e intercambiado de nuevo lugares. – "Se hace tarde y estamos más sucias que la mente de una arachne. Deberíamos ir a los cuarteles a darnos un baño."

– "No es mala idea, nuestras cosas aún siguen ahí. Primero debemos tratar de salir vivas de aquí." – Opinó ella al tiempo que mi existencia se desvanecía poco a poco. – "Ignoro donde rayos estemos y mi celular no tiene batería. ¿Qué tal el tuyo?"

– "En los cuarteles, por eso insisto que vayamos ahí. Podríamos seguir la ruta que la furgoneta tomó."

– "Un ratito más, apenas tengo fuerzas para ejecutar a esta idiota."

Sin embargo, las energías para correr regresaron al instante que escuchamos el característico sonido de una motosierra en las lejanías junto a una parvada de aves asustadas que salieron graznando de los árboles. Como cohetes, emprendimos la rauda huida hasta hallar los signos de civilización y no nos detuvimos hasta alcanzar el primer edificio de concreto que divisamos. O eso me gustaría decir, pero las únicas capaces de escabullirse fueron la falconiforme y la empusa, pues yo me encontraba catatónica con la cara en el piso y mi piel tan azul como la de una dullahan. Sólo pude emitir un ahogado chillido al verlas alejarse y abandonarme a mi ya inexistente suerte.

– "¡Ay, maldita sea! ¡No sé por qué me molesto en primer lugar!" – Protestó la estadounidense, regresando y arrastrándome. – "¡Vamos, patas largas! ¡Te odio, pero no puedo dejarte aquí tirada!"

– "Je… Volviste por mí después de todo…" – Musité con dificultad. Respirar dolía demasiado. – "Te amo, pajarita…"

– "¡Sí, sí, soy una lindura! ¡Mueve tus ocho inútiles extremidades, babosa, o nos convertiremos en la próxima primera plana cuando nos descuarticen!"

De alguna manera que no me molestaré en razonar, así como todos los eventos suscitados el día de hoy, logramos de milagrosa forma llegar hasta una parada de autobuses y abordar un transporte que nos llevó hasta la estación de tren más cercana. Si aún estábamos en el área de Tokio o si nos trasladamos a otra prefectura es cosa que desconozco, al igual que el tiempo que nos tomó llegar hasta los conocidos cuarteles. Yo me encontraba ocupada revisando que mi garganta no hubiera sufrido daños permanentes y aspirar todo ese divino, divino oxígeno que pudiera hacia mis bronquios. Un día le pediré a Zoe que me convierta en zombi para ya no depender del aire para mi subsistencia.

El taxi que nos recogió en la estación se detuvo en el edificio atendido por la abuelita Yamato y saludamos a la nekomata y a sus nietas, quienes se extrañaron por nuestro estado pero se ofrecieron a lavar nuestros emporcados atuendos. También les pedimos que fueran tan amables de entrar a nuestras habitaciones y tomar una muda de ropa mientras nosotras nos dirigíamos a las duchas, ya que no deseábamos seguir manchando el lugar de lodo. Aceptando ellas con una reverencia que devolvimos, nos encaminamos directamente a las regaderas, permitiéndole al agua lavarnos el cuerpo y la pesadez que este increíblemente agitado día nos dejó. Suspiré exhausta, bonito trabajo en el que me vine a meter. La idea de pasar el resto de mi vida en una prisión de Sparassus ahora suena demasiado tentadora.

No pasó mucho y la joven Kohran apareció con una canasta en sus manos, indicándonos que nuestros atavíos que tomó de nuestros cuartos ya estaban preparados, aunque se disculpó por no poder plancharlos. Reiterándole que no había problema, le agradecimos la molestia y resumimos nuestro aseo. Dyne fue la primera en terminar y salir de ahí, comentando que se iría directo a comer y después a su recámara para no salir el resto del día. Le pregunté si la veríamos mañana y ella contestó enseñándonos el dedo medio. Sí que le encanta comunicarse de forma directa y lacónica.

– "¿Cetania?" – Hablé, viendo a mi compañera alada enjabonarse. – "¿Sigues molesta, linda?"

Ella solamente volteó su cuerpo. Bueno, admirar su bien formado trasero siempre es un deleite, pero yo quería entablar conversación cara a cara. O cara a tetas, no es fácil ser tan alta.

– "Süsse, por favor." – Insistí. – "No me trates tan fríamente."

Nuevamente, más inexistentes contestaciones. Exhalé (ya perdí la cuenta de cuantas veces lo he hecho hoy) y opté por simplemente acercarme desde atrás y dejar que mis brazos alrededor de ella junto a mi barbilla reposando en su cabellera le apaciguaran el enojo. Ella forcejeó con desgano mi muestra de afecto y lentamente se detuvo. Pasamos un par de minutos en silencio, escuchando las gotas de agua escurrirse por nuestros desnudos cuerpos y el olor a los acondicionadores dermales que impregnaban los aromas del ambiente. Tomando uno de mis brazos con sus alas, reposó su mejilla en este y lo acarició.

– "¿Por qué eres mala conmigo, flaca?" – Preguntó la castaña, con tono triste. – "Dices amarme, y luego te veo besuqueándote con Pepper. Me duele cuando haces esas cosas."

– "Perdóname, linda. No era mi intención hacerte dudar de mis sentimientos." – Besé su cabello. – "Te adoro y eres la única arpía en mi vida. En verdad, lo siento. No volverá a pasar."

– "A veces creo que eso se lo dices a todas. ¿Cómo sé que no lo han repetido con anterioridad?"

– "Ya estaría muerta para entonces." – Afirmé. – "Tuve suerte que la gruñona se hallara con las energías agotadas, de lo contrario, sus espolones me hubieran atravesado la caja torácica."

– "De todas maneras, no quiero que te des ósculos con ella ni nadie más."

– "Irónico, eso es exactamente lo que me ordena Lala respecto a ti." – Reiteré.

– "Comienzo a entenderla…" – Admitió. – "Pero aún así, no es lo mismo. Cuando te veo compartiendo amor con la dullahan, siento envidia, pero no ira como cuando con la empusa."

– "¿Temes perderme ante la impasible princesa de hielo?"

– "No, es sólo…" – Suspiró antes de proseguir. – "Lo que hay entre tú y la irlandesa es amor, amor verdadero, por eso no me afecta tanto. Pero lo de Dyne se sintió más como un capricho, un antojo sinsabor…"

– "Fui egoísta, eso es lo que tratas de decirme."

– "Correcto…" – Confirmó. – "Se supone que eres fiel y leal a tu palabra, Aria."

– "La cual siempre estoy rompiendo. Le prometí a la segadora cesar nuestros contactos bucales y henos aquí…"

– "Aún así, lo nuestro es afecto real, no simples veleidades." – Manifestó. – "Escucha, podemos discutir todo el día sobre lo que es aceptable o no para Lala respecto a nuestras muestras de cariño, pero lo principal es que asegures que no volverás a hacer algo similar con Dyne."

– "¿Todavía confías en las garantías de esta torpe arachne?"

– "Amar es confianza, elegí depositar la mía en ti."

– "Danke, Süsse, te agradezco tu fe." – Besé su cabeza de nuevo. – "Siento haberte preocupado. Te juro por mi alma que no habrán más ósculos bucales prohibidos con la griega o cualquier otra chica que no sean tú o la irlandesa, ¿de acuerdo?"

– "Bien." – Exhaló. – "Pero sólo para estar segura: ¿Te gusta Dyne?"

– "No."

– "¿Realmente? ¿Ni siquiera se te antoja para una noche salvaje?"

– "Te dije que no."

– "¿De verdad?"

– "¿Quieres que te lo demuestre?"

Sonriendo satisfecha, la rapaz se giró despacio, con sus bellos ojos cuasi-áureos viendo directamente a mis seis rojos globos oculares. Quizás fuera el resplandor de la luz atravesando el monóxido de dihidrógeno, su cabello totalmente lacio por el líquido o sencillamente ese glorioso cuerpo atlético al descubierto, pero la halcón lucía inusualmente brillante y esplendorosa en ese momento. Ignoraba si todo fue una complicada treta para llegar a ese punto, pero tampoco iba a negarme a satisfacer tales deseos.

– "Te amo, Cetania."

– "Y yo a ti, Aria."

Enfrascándonos en un suave abrazo mutuo, ambas desvanecimos toda preocupación y celos con un reconfortante y dulce contacto labial. Mi lengua recorrió audazmente el interior de esa apoteósica boca americana hasta encontrarse con su contraparte y unirse en una húmeda danza apasionada. Mis manos se entretuvieron recorriendo ese suntuoso físico de cazadora nata y ella hizo lo mismo con el mío, deleitando mi sentido del tacto con tan tersa y fina epidermis, sin contar esas cálidas plumas que me envolvían. A separarnos de tan angelical beso, nos observamos con la vista llena de cariño puro y honesto.

– "Aria, ¿sabes por qué sé que Lala tolera que te demuestre mi afecto de esta manera?" – Pasó un ala por mi rostro. – "Porque estoy segura que en el fondo, no somos tan distintas. Ella piensa igual que yo."

– "¿A qué te refieres?"

– "Que un beso u otro despliegue de tan sentimental índole debe ser únicamente con esa persona realmente especial. Hacerlo con alguien por la que no sientas nada, menosprecia no sólo al corazón, sino al concepto del amor mismo." – Asintió. – "Y para mujeres como nosotras, aquello es un asunto serio. Amamos con pasión y nos entregamos completamente a la persona que elegimos. Ambas te queremos como nadie y te hemos aceptado totalmente. Por ende, tú también debes tener esa misma convicción y no regalar tan hermoso tesoro a cualquiera."

– "Te comprendo perfectamente, Süsse." – Pellizqué suavemente su mejilla izquierda. – "Y me alegra que consideres a la segadora la única persona aparte de ti que puede obtener el privilegio del amor."

– "Ni te emociones, patas largas. Simplemente no quiero tener más rivales." – Encogió los hombros. – "Al menos a esa niña azul ya la conozco y sé que un día le patearé su añil trasero."

– "Oh, tú siempre arruinando el momento…" – Le di una palmadita en la frente. – "Pero en serio, gracias por recordarme el valor de un beso. Perdóname por actuar tan imprudentemente."

– "Está bien, Blondie, no puedo enojarme con mi cazadora germana." – Se pegó a mí.

– "Y yo no puedo traicionarte, mi maja ave de presa."

– "Lo sé, soy la mejor." – Sonrió jactanciosamente. – "Hey, ¿Cuál es la parte del cuerpo que más te atrae de esa pitufo?"

– "¿Eh? ¿Y eso a qué viene?"

– "Sigue siendo la competencia, así que debo demostrar que soy mejor partido. Anda, dímelo."

– "Ya conoces mi decantación por los posteriores, plumífera chismosa. Y el de mi Lala es tan pachoncito como una nube y tan sublime como el más idílico amanecer sobre los Alpes."

– "Ay, que trovadora me saliste, rubia." – Giró los ojos. – "Concedo que sus posaderas no están mal, pero con todo el tiempo que pasa en la cocina y lo poco que se ejercita, la mayoría de esa esponjosidad ha de ser pura celulitis."

– "Las tuyas serán muy grandiosas, pajarraca."

– "¿Quieres comprobarlo?"

Mordiéndose los labios, la rapaz se separó y dándose la vuelta, se inclinó para alzar su lindo trasero y menearlo provocativamente, dándose golpecitos con sus dígitos y haciéndolo rebotar. Mi primer instinto fue hincarle el diente y marcarlo como mi propiedad, pero pasarle mi lengua y dejarle los glúteos más brillantes que con agua también era tentador. Y esas son solamente las ideas que no incluían simplemente abalanzarme sobre ella y devorarme su cuerpo hasta saciarme. Por supuesto, siendo yo una arachne tan lasciva, me costaba mantener la mente clara al ver como esas carnosas asentaderas continuaban hipnotizándome con su sensual baile.

– "¡Anda, flaca! ¡Dame una buena!" – Dijo con entusiasmo la estadounidense. – "¡Un par de briosas cachetadas posteriores!"

– "¿Por qué el súbito arrebato de nalgadas, emplumada?"

– "Dejarte en claro que soy superior en todos los aspectos a esa dullahan. ¡Vamos, sé que quieres hacerlo!"

– "Es verdad, pero no es necesario."

– "¿Quieres que me detenga entonces?"

– "¡Claro que no!" – Reiteré. – "Pero… ¿Estás segura? No tengo mis guantes ahora."

– "No importa, quiero sentirte al natural." – Guiñó. – "Dale, flaquita, agasájate."

– "Bien, si eso es lo que quieres…" – Estiré mis dedos. – "Iré con todo y lo haré doble."

– "Sabía que dirías eso, araña. Eres tan ambiciosa."

– "Lo llevo en mi sangre alemana. ¿Preparada, yanqui golosa?"

– "Que se escuche hasta Montana, mi cazadora germana."

Con su aprobación, flexioné mis dígitos, me relamí los labios y me alejé un poco para tomar impulso. No es que deseara mandarla a volar por la fuerza, pero si ella me instaba a ser agresiva, entonces iba a dejarle un par de rojas marcas con la forma de mis manos en sus redondas nalgas para dejarle en claro que una arachne siempre va en serio. Y porque la idea de escuchar ese divino sonido de mis palmas chocando con la suave piel de la pajarita me llenaba la cabeza con millones de pecaminosos pensamientos que deberé desahogar después. Ya lista, asumí posición de batalla, con ambas manos extendidas y prestas a satisfacer las fantasías masoquistas de mi compañera castaña. Sacando la lengua como un animal salvaje, corrí hacia ella con mis extremidades dispuestas a apretar ese trasero como nunca. Animada, lancé mi grito de batalla.

– "¡Panzer vor!"

Y entonces, por idiota, resbalé.

Perdiendo el control debido al agua enjabonada en el piso y porque soy más bruta que un troglodita, mi expresión libidinosa cambió gradualmente a sorpresa al verme caer en cámara lenta encima de la arpía. Mis pedipalpos fueron los primeros en hacer contacto con ella, chocando con su posterior y empujándola hasta hacerla caer. Le siguió mi torso humanoide, el cual reposó sobre su espalda. Mis rápidos reflejos fueron lo suficientemente veloces para rodearla en un desesperado intento por protegerla de la caída. Afortunadamente, mis piernas y pedipalpos lograron actuar también y frenar el encontronazo con el suelo.

Sin embargo, aunque pude evitar que la emplumada se lastimara, la posición en que terminamos lucía sumamente comprometedora, como si estuviéramos practicando alguna apasionada técnica salida del Kama Sutra. Bueno, no es no planeara eventualmente hacerlo con Cetania en un futuro, pero las regaderas de los cuarteles no eran precisamente el lugar que tenía en mente para tales eventos. Luego de unos momentos de silencio y pequeñas quejas por mi impericia, ambas nos reímos, felices de que nadie estuviera ahí para presenciar a un par de bobas actuando como tales en las duchas.

– "¡Hola, chicas, soy yo de nuevo, Kohran! Perdón por la interrupción, pero escuché gritos y pensé que…"

Nunca vimos a una nekomata tan roja y tan veloz en nuestras vidas.

Ruborizadas, las dos optamos por dejar de perder el tiempo y nos apresuramos a terminar de asearnos. Ya acabado el baño y colocándonos nuestra limpia indumentaria cotidiana, salimos de ahí para encontrarnos con nada menos que con Dyne, esperando sentada en una mesa de la cafetería, golpeteando impacientemente su dedo en el mueble. No tenía comida alguna a la vista.

– "Normalmente preguntaría que sucedió con la nieta de la señora Yamato después de verla pasar corriendo de esa manera…" – Dijo la empusa, cruzándose de brazos. – "Pero conociéndolas a ustedes, lesbianas empedernidas, supongo la han traumado de por vida."

– "De hecho fue por Kanna para completar el cuarteto y vinimos a invitarte." – Bromeé. – "En todo caso, ¿Qué haces aquí solita?"

– "¡N-no te hagas ideas equivocadas, idiota! ¡No estaba esperándolas o algo parecido, garrapata inútil!"

– "Nunca mencioné tal cosa."

– "¡E-exacto!"

La halcón y yo nos miramos un momento. ¿Podría ser más obvia? Sonreímos.

– "Aww, ¿acaso la fría sargento Nikos deseaba comer junto a sus queridas, adoradas y estimadas amiguitas del alma? ¿Mhh?" – Cuestionó burlonamente la falconiforme. – "¿Quién diría que la estoica pelinegra en el fondo aprecia a sus sáficas compañeras?"

– "¡S-silencio, cabo! ¡Únicamente trato de r-recordarles el valor de una correcta nutrición!" – Replicó, sonrojada. – "¡Ya, pidan algo y dejen de fastidiar, par de pervertidas!"

– "Eres tan tierna, mantis." – Sonreí de forma bromista. – "Creo que te has ganado otro besito."

– "¡Aaagh! ¡No me hagas arrepentirme de perdonarte la vida, Jaëgersturm!" – Vociferó la mediterránea, tornándose imposiblemente más roja. – "¡Suficiente! ¡Tomen una jodida bandeja y traguen algo, maldita sea!"

– "De hecho yo planeaba cenar en casa." – Señaló la rapaz. – "Además, debo ayudar a Yuuko a planear el alojamiento de más invitados a la fiesta."

– "Y yo no podría cambiar los manjares que mi Lala prepara." – Acoté. Entonces, tuve una idea. – "Hey, ¿Qué tal si las invito a comer en casa? No pudimos disfrutar del Aizawa, pero sí podremos deleitarnos con las exquisitas viandas de su mejor cocinera. ¿Qué dicen?"

– "Ugh, no pasé de casi morir en el bosque para terminar pereciendo por infección estomacal." – La castaña torció la boca. – "Ah, qué diablos, sólo lo haré para ver si Haru está bien. No queremos amanecer amordazadas nuevamente."

– "Eres un amor, plumífera." – Giré mis ojos. – "¿Y tú, pimiento verde? ¿Nos acompañarás?"

– "No." – Contestó, tajante.

– "Oh, vamos, Pepper. Lo que prepara esa loca azulada no sabe tan mal." – Dijo la rapaz. – "Además, conocerás a los demás durante la fiesta de todas maneras, mejor empezar a congeniar de una vez."

– "No…"

– "Sí que eres terca, mantis. Anda, te agradará la familia."

– "…"

– "Dyne…" – Coloqué mi mano en su hombro. Ella dio un ligero salto. – "Descuida, les caerás bien. Eres más agradable de lo que crees."

– "…"

– "Y lo más importante: Eres nuestra amiga." – La americana puso su ala en el otro hombro. – "Queremos convivir contigo, no por obligación, sino porque te apreciamos. La amistad es la forma más sincera de trabajo en equipo, ¿no te parece?"

– "…B-bien." – Finalmente accedió, musitando. – "Aunque solamente comeré y me retiraré. No esperen que me la pase creando lazos con desconocidos."

– "Bueno, tampoco esperábamos que te volvieras la invitada del siglo, Pepperoni." – Repliqué sardónicamente. Sonreí suavemente. – "Pero gracias por aceptar, compañera. Le pediré a mi novia que te prepare unos pimientos rellenos."

– "Si es que llegamos a tiempo, flaca." – Injirió la castaña, señalando mi reloj. – "¿Ya viste la hora? Si nos demoramos, terminaremos haciendo pijamada. O peor, lavando los platos."

Raudamente nos apresuramos a salir del edificio, no sin antes despedirnos de la abuelita Yamato y su nieta Kanna. Kohran posiblemente debía estar en camino al psiquiatra más cercano. O en su cuarto, no sabemos si nuestro indecente acto le hizo despertar inmorales sentimientos escondidos en su ser. Dirigiéndonos a la estación de tren más cercana, arribamos en Asaka y sin perder tiempo, tomamos un autobús hasta divisar la familiar vivienda donde residía mi amada musa de piel azul. Los últimos rayos de Helios ya comenzaban a desvanecerse del aún ambarino cielo, indicando que todavía contábamos con tiempo para empezar la cena. Dándoles un pulgar arriba a mis aliadas, nos trasladamos hasta la entrada. Adelantándome, abrí la reja y toqué el timbre.

– "Aria." – Nos recibió Centorea, sonriendo. – "Bienvenida. Ya me extrañaba que no hubieras aparecido. Pasa, estamos preparando la comida."

– "Danke, Cerea. Perdón por preocuparlas."

– "Está bien, ya estás aquí. Uhm, perdona la pregunta, ¿Pero no te habías ido a trabajar con ese traje tan marcial?"

– "Les cuento en la mesa. No creerás lo que sucedió." – Me hice a un lado. – "Por cierto, traje invitadas, espero no sea molestia."

– "Good evening, Cerea." – Hizo una reverencia la arpía.

– "Kalispéra." – Saludó de la misma forma la empusa.

– "Buenas tardes, amigas. Sean bienvenidas a nuestra humilde morada." – La ojizarca regresó el gesto. – "Cetania, es un gusto verte. Y a ti también…"

– "Nikos." – Ofreció su mano. – "Sargento Dyne Nikos."

– "Centorea Shianus." – La estrechó. – "Puedes llamarme Cerea."

– "Disculpa, Cerea, ¿pero cómo está Lala?" – Le pregunté. – "¿Está bien?"

– "¿A chuisle?"

La sonrisa en mi rostro se volvió total. Moviendo ligeramente mi cabeza, pude ver a esa angelical mujer de platinados cabellos y esplendorosa epidermis azul, ostentando un delantal color rosa y con una batidora manual junto a un tazón en sus manos. Nuestros ojos se encontraron y sin necesidad de decir nada, la centáuride amablemente se hizo a un lado para permitir reencontrarme con mi diosa de áureos ojos y oscura esclerótica. Ella, sonriendo y sin pensarlo dos veces, depositó a un lado los objetos que cargaba y extendió sus extremidades para recibirme amorosamente con los brazos abiertos.

– "¡Spatzi!" – Exclamé al tenerla entre mis manos. – "¡Gracias a los dioses que estás bien! ¡Te extrañé tanto!"

– "Yo también, A chuisle." – Respondió. – "Por un momento me preocupé por tu ausencia. Me alegro de que estés también a salvo."

– "Tranquila, lo importante es tu bienestar, amor." – La pegué hacia mí. – "Eres lo único que importa, lo único."

Sintiendo el calor de la persona que amo, su respirar sobre mi cuello y escuchar el latido de su corazón vivo fue suficiente para provocarme liberar todos los sentimientos que se habían arremolinado en mi interior. Nos mantuvimos ahí, en ese preciso lugar de la sala por unos momentos en silencio, dejando que las lágrimas recorriendo mis mejillas dijeran todo de manera afásica. La segadora, con ternura, acarició mi espalda, entendiendo perfectamente el porqué de mi afónica tristeza y reconfortándome con su sola presencia. Nos separamos lentamente y nos miramos directamente a los ojos. No importa cuántas veces lo haya repetido en el pasado, pero sus doradas ventanas del alma son extremadamente hermosas.

Sonriendo, unimos corazón, mente y espíritu con un cálido y dulce beso, el cual logró disipar ese peso que tanto me atormentó desde que vi a mi peliblanca alejarse después de partir. Ya podía estar tranquila; Mi amada estaba en casa, segura y de una pieza. No había mayor felicidad para mí que eso. Terminando ese muy necesario ósculo, volvimos a repetirlo para asegurarnos de que no quedaran rastros de preocupación dentro de mí. No los había ya, pero disfrutar de los labios de mi estimada peliblanca era un regalo que nunca desperdiciaría.

– "¿Cómo está el niño?" – Pregunté, mimando su larga cabellera. – "¿Te dio problema alguno ese diablillo?"

– "Mitiga tus inquietudes, A chuisle. Haruhiko es todo un querubín." – Acarició mi barbilla. – "Ha recibido más atención de la familia que tú de los medios cuando te volviste una estrella."

– "¿Y eso es bueno o malo?"

– "Tantos cuidados y detalles por parte de las inquilinas me han permitido concentrarme en mis labores diarias sin muchas interrupciones." – Afirmó. – "Sin embargo, el repentino despertar de los instintos maternales en las habitantes ha creado una ligera perturbación en la paz hogareña."

Entonces, me indicó que dirigiera la mirada hacia nuestra derecha. Ahí comprobé la veracidad de sus palabras.

– "¡Miia, es un bebé, no un muñeco!" – Vociferaba Rachnera a la lamia. – "¡No lo sostengas de la cabeza, culebra retrógrada!"

– "¡No me des órdenes, cucaracha degenerada!" – La pelirroja agitó al pequeño de su sesera. Al chiquillo no parecía importarle. – "¡¿Y quién eres para criticarme?! ¡Tú lo colgaste en el techo con tu seda, pulga barbárica!"

– "¡Era para que no se moviera mientras le confeccionaba un gorrito! ¡Y al menos sé cambiar un pañal, gusana insana!"

– "Rachnee-sama, Miia-san, por favor no peleen." – Instó Meroune, atrapada entre ellas dos. – "Creo que tenemos invitadas."

– "¡Tú tampoco te metas, sardina rosada!" – Recriminó la poiquiloterma. – "¡Casi lo matas esta tarde cuando lo sumergiste en tu piscina, pescado fatalista! ¡¿En qué estabas pensando?!"

– "¡Sólo intentaba enseñarle a nadar!"

– "¡¿Dejándolo casi cinco minutos bajo el agua?!"

– "¡Era para que desarrolle resistencia pulmonar!"

– "¡Serpiente idiota, fíjate en lo que haces!" – Exclamó la tejedora. – "¡Ya lo tiraste, imbécil!"

– "Suu lo tiene." – Declaró la limo, atrapando al chavalín en su gelatinoso cuerpo. La cabeza del joven sobresalió, permitiéndole respirar. – "Suu se aleja."

La glauca chica se retiró del lugar dejando a las tres escandalosas continuar con sus reyertas verbales, mientras nosotras contemplábamos sin palabras tan agitada escena. Me compadezco del pobre Kurusu, lo que le esperará al convertirse en padre.

– "¿Y cómo estuvo tu día, A chuisle?" – Cuestionó la dullahan, ignorando la discusión entre las belicosas mujeres. – "No supe de ti después que atendiste el llamado del deber junto a tus aliadas."

– "Si te contara, linda." – Apunté hacia la entrada. – "De hecho, ellas mismas pueden relatártelo, porque las invité a cenar."

– "Oh…" – Musitó ella, notando a mis compañeras. – "Ya veo."

– "No te molesta, ¿verdad? Nada más deseo seguir compartiendo tus dotes culinarios con el mundo."

– "Está bien, no hay problema." – Disintió con la cabeza. – "Estaba a punto de probar una nueva receta, será bueno contar con más catadores."

– "Sehr gut. Danke, Spatzi." – Le di un besito rápido en su frente y volteé hacia mis amigas. – "¿Qué hacen ustedes dos ahí paradas? Vengan, que parecen maniquíes."

– "Simplemente queríamos seguir admirando lo melosas que son tú y tu azulita, flaca." – Contestó la castaña, sonriendo al tiempo que giraba sus ojos. – "Te dije que esta familia iba a agradarte, Pepper."

– "Al menos tiene una buena excusa para comportarse tan empalagosas en esta ocasión, Peaches." – Acotó la griega y ofreció una reverencia a la segadora. – "Ya sas. Kalispéra."

– "Tráthnóna maith daoibh." – La Abismal emuló la acción. – "Céad míle fáilte. Por favor, toma asiento, descendiente de Hécate. Siéntete como en tu casa."

– "Efharistó polí."

– "Oye, ¿y qué hay de mí, pitufo?" – Dijo la falconiforme. – "¿No me darás hospitalidad?"

– "No te mandaré al hospital por ahora, ¿es eso suficiente, peste alada?" – Retrucó la irlandesa, dándose la vuelta y regresando a la cocina. – "Busca un hueco donde acomodarte. Y asegúrate de no dejar tus sucias plumas regadas, que acabamos de barrer."

– "¿Para esto me molesté en escoltarla, flaca?" – Me miró de reojo. – "No me imagino lo que el pobre Haru habrá pasado con esa bruja."

– "Respeta a la reina de esta casa, plumero andante." – Le di un pellizquito en el brazo. – "Ya deja de quejarte tanto y siéntate, ¿quieres?"

– "Ush, y encima tú también me tratas mal." – Torció la boca y reposó en un sofá. – "Te hubiera dejado en el bosque, malagradecida."

– "Aprende de Dyne, ella sabe cómo comportarse." – También me encaminé a la cocina. – "¿Té helado o limonada?"

– "Té." – Respondió la mediterránea.

– "Lo que se te pegue la regalada gana." – Masculló la americana. – "Malvada…"

Haciendo caso omiso de las vituperaciones de la halcón, tomé un par de tazas y los solubles para preparar las bebidas. Ya sabía que usar esas bolsitas de brebaje instantáneo no era como la tradición dictaba, pero la cocina estaba ocupada casi en su totalidad por los tres chefs residenciales y no deseaba interrumpirlos al tener que preparar para dos personas más. Además, sólo eran como entremés. Confirmando el dueño de la casa que ya estaba informado de la presencia de mis amigas y dándole el visto bueno, volví a la sala y le ofrecí su vaso a cada una.

– "Mmm, esto no está mal, araña." – Mencionó la arpía al probar su té helado. – "Sabe a duraznos."

– "Y eso que fue idea de Papi el comprarlo." – Comenté, tomando un sorbo. – "Le gustó el oso polar de la caja. No será el más fino, pero tiene excelente sabor. ¿Te gusta?"

– "Sin duda." – Se olvidó de la pajilla y se lo acabó de un trago. – "Ah, gracias, flaquita. Pensé que ya no me querías."

– "Aún me pregunto por qué lo hago." – Reí, sirviéndole otro poco. – "Pero todos necesitamos algo de caos en nuestras vidas."

– "No hables de caos ahora, Potato." – Gruñó Nikos. – "Suficiente tuvimos con la befa de esa maldita cambiaformas. Quizás la Jerarca no sea un demonio, pero le encanta juntarse con auténticos seres infernales."

– "Seguimos vivas y es lo que importa." – Opiné. – "Pero en cierta forma, Kuroko tenía razón, necesitamos mejorar nuestro trabajo en equipo o no sobreviviremos a nuestro primer encuentro. Piénsenlo, ¿Qué fue lo que sucedió durante los entrenamientos que nos hizo desempeñarnos tan bien?"

– "La desesperación." – Replicó la rapaz, sorbiendo. – "Ya sabes, la necesidad es la madre de la cooperación."

– "Somos el peor escuadrón entonces si sólo podemos colaborar bajo presión." – Manifesté. – "No, fue algo más, algo que ni la exasperación más grande puede despertar; Convicción, empeño, y lo más importante: Confianza."

– "Suenas casi a Smith, Jaëgersturm." – Habló la helénica, solicitando que rellenara su vaso. – "¿Por qué lo dices?"

– "Porque cuando estaba al lado de ustedes, bajo esa tormenta de balas polícromas que parecía no tener fin, sabía que las tres compartíamos exactamente el mismo sentimiento." – Expliqué. – "No deseábamos perder, porque nos fallaríamos a nosotras y al mundo mismo. A pesar de ser tan diferentes, creemos en un objetivo idéntico y entonces nos sincronizamos para salir adelante. Dyne, ¿recuerdas que evitaste disparar a los tipos que estaban fuera de tu zona de tiro designada en la Torre Roja? Esperaste a que yo los eliminara."

– "Sólo seguía el protocolo que practicamos, arachne."

– "El mismo que rompiste al correr como loca hacia los demás pisos." – Reiteré, alzando mi dedo. – "Pero aún después de perder la paciencia durante tu vesánico ataque, continuaste encomendándome tu seguridad al cubrirte la espalda. Confiaste en mí, Nikos, y viceversa, por eso triunfamos."

– "¿Entonces cual es el motivo que hoy no pudiéramos superar satisfactoriamente la prueba de la coordinadora?" – Indagó Cetania. – "Aparte de estar amarradas y ser perseguidas constantemente por una Abismal, por supuesto."

– "Que preferimos pelear por tonterías en lugar de enfocarnos en el problema real. Admito que también soy culpable de irme por la tangente, sólo soy una mortal." – Meneé el hielo del vaso vacío. – "Pero consideremos el ejemplo que MON nos proveyó durante el asalto al American Food y logremos esa fuerza de grupo. No exijo sincronismo perfecto, no somos androides; Pero trabajemos duro y apoyémonos para superar las pruebas. Más que amigas, seamos auténticas hermanas de armas."

Estiré mi mano, posicionándola en el centro.

– "¿Nullus heros quemquam occidit?" – Pregunté, sonriendo.

– "Quemquam occidit." – Accedió la castaña, agregando su ala.

– "Yo debería ser la que hiciera esta clase de discursos, Potato." – Recalcó, uniéndose al gesto. – "Pero te concedo que fue aceptable. Quemquam occidit."

– "¡Qué guay ochinchin!" – Proclamó alguien más, sumando su extremidad azulada.

Las tres giramos como búhos la sesera para encontrarnos con una sonriente Papi, enseñando sus blancos dientes y sus labios con restos de galletas. Se mantenía totalmente inocua respecto a la mutación potencialmente obscena que hizo de nuestro particular aforismo, así que se la dejamos pasar sin informarle. Antes que pudiéramos decir algo más, ella me envolvió en un tierno abrazo, de esos que le recuerdan a una que la inocencia es una virtud que debemos apreciar.

– "¡Aria-nee, que bueno que volviste!" – Exclamó sincera la pequeña arpía, restregando su carita (y pedacitos de galleta) en mi estómago. – "¡Ya escuché lo que pasó en el Maíz de Agua! ¡Dicen que un tal Boberto salvó a todos! ¡Y también a Lala-nee! Pero…"

– "¿Sí, que pasa, hermanita?"

– "¿No se supone que ese es tu responsabilidad? ¿La de capturar a los malos?" – Interrogó, con mirada preocupada. – "¡Y también lo de proteger a Lala-nee! Por… ¿Por qué le dejas a otro que haga tu trabajo, Aria-nee? Tú eres la heroína…"

– "Bueno, Papi, yo…" – Titubeé antes de continuar. También me sentía frustrada como ella. – "Nosotras estábamos ayudando en otra misión. ¿No oíste lo que sucedió en el American Food?"

– "¡Ah, sí, unos elfos malvados! ¡Lo pasaron en las noticias!" – Contestó, con sus ánimos regresando. – "¡Vimos a la tangente Smith y al resto de MON! ¿También lucharon a su lado? ¡¿Les hiciste el fatality a esos ladrones?!"

– "Sí, algo así. Aunque las chicas hicieron casi todo el trabajo." – Acaricié su cabello. – "¿Y qué tal tú? ¿Cómo te la pasaste?"

– "¡Haruhiko es muy divertido! ¡Y puede pronunciar mi nombre! ¡Y cuando tenía hambre, le agarró los pechos a Cer…" – Se pausó al notar las demás. Supongo lo hizo antes, pero se le olvidó durante la charla. – "¡Oh, hola Cetania-nee! ¿Cómo estás?"

– "Hola, Papitas." – La mencionada abrió sus alas, siendo correspondida por un abrazo de su congénere. – "Yo estoy bien. Ando cuidando que este par de locas no se maten entre sí."

Le lancé una mirada molesta a la americana, la cual fue ignorada. Y pensar que ella hubiera sido mi ejecutora en el bosque.

– "¿Vas a quedarte a comer, Cetania-nee?"

– "Claro, pequeñita." – Acarició la mejilla de la niña. – "Aunque tú ya te adelantaste, ¿verdad?"

– "¡Fueron sólo unas poquitas galletitas! ¡Mero-nee las pidió por Internet y me invitó!" – Alzó su ala de añiles plumas. – "¡También compartí con Suu, lo juro!"

– "Está bien, está bien, sólo estaba jugando." – Le besó la frente y la giró a la derecha. – "¿Ya conoces a Dyne Nikos? Es nuestra sargento."

– "Oh, ¡hola, Kyne Dinos, yo soy Papi!" – La joven ofreció su dígito. – "¿Eres sargento?"

– "Es Dyne Nikos." – Reiteró, estrechando la mano. – "Y sí, soy sargento."

– "Oohh…" – Declaró, sorprendida. – "¿Y eso qué significa?"

Papi, nunca cesa de sorprendernos.

– "Bromeas…" – La miró extrañada. Comprendió que era en serio. – "Quiere decir que soy la superior de estas dos."

– "Oohh… ¿Entonces eres la jefa?"

– "Sí."

– "¿Todos te respetan?"

– "Desde luego." – Se cruzó de brazos y cerró los ojos con expresión jactanciosa. – "Soy su líder."

– "¿Y deben obedecerte?"

– "Así es."

– "¿Le das órdenes a Cetania-nee?"

– "Por supuesto."

– "¿Y a Aria-nee?"

– "Afirmativo."

– "¿Eres su amiga?"

– "Supongo."

– "¿Pero eres más poderosa que ella?"

– "Evidentemente."

– "¿Y nadie puede negarlo?"

– "Sin duda."

– "¿También eres su novia?"

– "Correc-¡¿QUÉ?!"

La pajarita, con la cara más circunspecta que su infantil apariencia pudiera proporcionarle, se cruzó de alas y me miró directamente con sus enormes y brillantes ojos naranja. Los pedacitos de golosina en la comisura de sus labios le restaban seriedad, pero a ella no le importaba.

– "Aria-nee…" – Habló con severidad. – "Necesitaremos una casa más grande."

Cetania se entregó a un ataque de risotadas hasta que cayó al suelo, yo me quedé paralizada de la sorpresa, Dyne estaba haciendo un esfuerzo monumental para no dejarse llevar por la ira mientras Papi se mantenía demasiado cándida ante lo que sus superficialmente inofensivas palabras provocaron. Antes que la tensión obligara a la mediterránea a desquitarse conmigo, una muy oportuna Suu apareció para indicarnos que la comida estaba lista. Con ambas pequeñas invitándonos a la mesa y evitando un desastre mayor, las tres tomamos asientos, con la falconiforme colocándose, como siempre, a mi lado derecho. La irlandesa, que había juntado su silla con la mía, ocupó también como siempre la posición izquierda.

Con todos los inquilinos reunidos y la empusa presentándose apropiadamente, sin bochornosos comentarios de cierta voladora de boca muy floja, comenzamos a degustar los diversos manjares disponibles al tiempo que la castaña, convertida de alguna forma en la narradora no oficial de nuestras infortunadas hazañas, desembuchaba las anécdotas de manera que lograba capturar la atención de los comensales, especialmente la del dúo plumitas-gelatina, que estaban embelesadas al oír como logramos combatir a dos enjambres de insectos, sin contar que adoraron el recorrido verbal por el acuario y nuestros encuentros con varias amistades.

– "Entonces la capitana se da cuenta que la radio no estaba encendida y casi le arranca la cola a la pobre Mei del coraje." – Reveló la nativa de Montana, deglutiendo un filete. – "Lástima, porque se perdió de cómo Zombina sacó a relucir su Clint Eastwood interior. Hasta Blondie quedó embobada por la forma en que esa muerta asustó al condenado elfo. Pero es toda una profesional, debo admitir."

– "Me tranquiliza que contemos con MON para hacerle frente a casos como ese." – Expresó Kurusu, probando su guisado. – "Lo que no entiendo, es por qué de todos los lugares, eligieron un restaurante para cometer tal delito. No me parece que las ganancias del lugar sean tan altas para arriesgarse con un crimen que sin duda atraería la atención de todo el mundo."

– "No se trataba de dinero, señor Kurusu, sino de enviar el mensaje." – Contestó la pelinegra, devorando sus pimientos rellenos, la receta que la dullahan había dicho que deseaba probar esa noche. – "Además de liberar a otros miembros de su execrable grupo, también deseaban dejar en claro que ellos iban en serio y no eran uno de los tantos imitadores. Pero como era de esperarse de un montón de aficionados, optaron por un blanco sencillo, para minimizar el riesgo de represalias por parte de sus víctimas."

– "Y desde lo sucedido durante los atentados, la seguridad en objetivos relativamente más lucrativos, como los bancos, ha aumentado demasiado como para facilitar un atraco sin mucha preparación previa." – Me uní yo, saboreando el cottage pie que mi linda segadora me hizo con amor. – "Si bien eso haría parecer que el número de incidentes con criminales menores disminuirá, incidentalmente ese despliegue de absurdas valentonadas motivará a otros a seguir los pasos de los primeros. Irónico, el mayor logro para un malhechor, es la fama, y esos idiotas lo lograron."

– "Pero para estamos aquí nosotras." – Tomo la palabra la estadounidense. – "Y aunque todavía seamos unas recién graduadas, no permitiremos que esos miserables continúen alterando la paz y tranquilidad que tanto nos ha costado lograr. Somos la ley, la justicia y el orden. Somos MOE."

– "¡Por MOE!" – Alcé mi vaso de té sabor durazno. Está rico. – "¡Prost!"

– "¡Hell yeah!" – Emuló la rapaz. – "¡Cheers!"

– "¡Stin iyá mas!" – Me imitó la mantis.

– "Je, ustedes sí que son unidas, chicas." – Rió Kimihito, elevando igualmente el suyo. – "¡Por todas! ¡Salud!"

– "¡Salud!" – Proclamaron las demás.

Brindando con nuestras bebidas sabor melocotón, regresamos a seguir oyendo las elocuentes crónicas que la arpía de presa proseguía relatando. Tuvo que alterar un poco los hechos sobre la monstruosa manera de adiestrarnos de Smith, aunque nunca ocultó lo terrible que fue salir vivas, más no incólumes, de las garras de la agente y su abismal compañera cambiaformas. Pero lo mejor de todo, era volver a reír y disfrutar de ese grandioso ambiente familiar. Incluso la estoica griega decidió volverse parte de las conversaciones, aunque cayendo presa de los malentendidos de Papi, para deleite de todos e incomodidad de la lesbia.

Adoraba estar aquí, viva.

Durante una de las jocosas narraciones que Meroune reveló sobre como el pequeño Haruhiko (dormido en brazos de una muy maternal Centorea) y como Miia batalló para cambiarle el pañal, cosa con la cual pude simpatizar más con la ofidia, tomé a las dos mujeres a mi lado y besé sus mejillas, sonrojándolas y sorprendiéndolas un poco, pero sin que protestaran. Aquello pasó desapercibido para todos los presentes excepto Rachnera, quien me guiñó tres ojos discretamente con complicidad. Devolviéndole la seña a mi congénere, proseguí alegrándome el paladar y el alma junto a las personas que estimaba. Ya sean amantes, familia hospedadora o compañeras de trabajo, no había nadie con quien quisiera pasar el resto de mis días, celebrando el privilegio de seguir existiendo.

Y es por ellos por los que lucharé sin rendirme.

Terminada la cena y agradeciendo a los ilustres cocineros, haciendo yo énfasis en ensalzar las virtudes de mi inmaculada irlandesa y llenándome de vanidosas ínfulas al escuchar a la mediterránea alabar su maestría gastronómica, llegó el momento de que las dos invitadas se retiraran a sus aposentos. Despidiéndose ellas de la residencia con varias reverencias y unos siempre aceptados abrazos de nuestras jóvenes habitantes, la segadora y yo las acompañamos hasta la salida. La platinada Selene ya se paseaba por el cielo, cubriendo a la ciudad con su manto nocturno junto a las estrellas que se rehusaban a ceder ante la iluminación artificial.

– "Vuelvo a felicitarte por tus destacables dotes en la cocina, Lala." – Congratuló la mediterránea. – "Quizás Jaëgersturm sea una problemática, pero reconozco que sabe elegir correctamente a sus parejas sentimentales."

– "Go raibh míle maith agat, sargento Nikos." – Se inclinó la peliblanca. – "Te suplico tengas paciencia con Mo chuisle. Tal vez sea impulsiva, pero es muy fiel a sus ideales. Aunque te doy permiso para reprenderla con mano firme de ser necesario."

– "Ay, mamá, no te pongas de su lado, Spatzi." – Protesté. – "Por cierto, chicas, ¿Qué haremos con el bebé? Nosotras lo cuidaremos por hoy, así que pensé que ustedes dos deberían también hacerse responsables de él. Trabajo en equipo, ¿recuerdan?"

– "Yo vivo en los cuarteles de MON, poco adecuado para cuidar de un niño." – Aseguró la liminal de ojos verdes. – "Y dudo que la señora Yamato o sus nietas tengan tiempo para auxiliarme."

– "Y yo te doy toda la razón, flaca, pero honestamente Yuuko y yo estamos muy ocupadas con el asunto de la fiesta." – Se excusó la castaña. – "Y no se te ocurra faltar, azulosa. Todavía contamos contigo, aunque no quieras."

– "Mi presencia y cooperación están más que aseguradas, descendiente de Electra." – Contestó la dullahan. – "Cesa de usarme como excusa para evadir el tema de tus obligaciones laborales."

– "No trato de evadir nada, pero ya di mis razones del porqué no puedo aceptar."

– "Tengo una idea." – Injerí, chasqueando mis dedos. – "¿Qué tal si mañana nosotras tres nos hacemos cargo juntas?"

– "¿No fue exactamente lo que hicimos hoy?" – Cuestionó la helénica. – "Sinceramente, Potato, no deseo repetir este maldito día. Aquí, Haru tiene todo lo necesario para su bienestar, no veo mejor lugar para hacerse cargo de él."

– "Bueno…" – Suspiré. – "Sí, creo que tienes razón… Perdón, únicamente deseaba hacer algo más que ser niñera."

– "Hoy comprobamos que no es fácil ser mamá, flaca." – La americana colocó un ala en mi hombro. – "Mira, si quieres mañana vengo temprano a ayudarte, ¿vale? Honestamente, le agarré cariño al pequeñín, con todo y su manía por manosear pechos."

– "Danke, Süsse." – Sonreí. – "Te estaré esperando. ¿A las diez te parece bien?"

– "Alright." – Aceptó. – "Pepper, ¿tienes todavía el dinero que nos prestaron?"

– "Sí, por suerte lo envolví en una bolsa plástica. De lo contrario, se hubiera dañado con la lluvia." – Lo sacó de su camisa. – "Se los dejo, ustedes velen por el pequeño. No es que quiera evitar el trabajo que me encomendaron, pero no veo que pueda aportar yo a su cuidado. Tal vez cambie de opinión para mañana, pero tampoco prometo algo concreto."

– "Está bien, Dyne, te entendemos." – Le sonreí. – "Descansa, nos veremos en la fiesta. Gracias por todo."

– "De acuerdo. Paso a retirarme." – Se inclinó. – "Oh, y por cierto; ¿Lala?"

– "¿Sí?" – Cuestionó la aludida. –"¿Qué sucede?"

La expresión de la mantis se tornó sumamente sombría. Sus globos oculares, carentes de pupila alguna, parcialmente oscurecidos por la sombra, le brindaban un aspecto más tétrico del usual a su pelinegra portadora.

– "Durante el entrenamiento con la Jerarca…" – Mencionó con voz impasible. – "Estando yo inmóvil e indefensa, Jaëgersturm me besó sorpresivamente en la boca."

– "¡Dyne!" – Protesté de inmediato. – "¡¿Qué andas diciendo?!"

– "Es verdad." – Aseveró la falconiforme, con la misma pétrea mirada. – "Y no fue uno corto y fugaz, sino largo y profundo. La arachne lo disfrutó."

– "¿Et tu, Cetania?" – Me sorprendí. – "¿Et tu?"

– "Trabajo en equipo, Aria." – Manifestó. – "Lala y yo seremos rivales, pero también hermanas de armas en el amor, así que debo apoyarla denunciando tus infidelidades."

– "Buenas noches, a-mi-ga be-su-co-na." – Nikos sonrió maliciosamente. – "Kaliníhta. Que descanses."

– "Good night, Blondie." – La rapaz también hizo esa tenebrosa mueca. – "See ya tomorrow… If you can…"

Riendo como villanas de opereta, ambas cómplices se alejaron hasta desvanecerse en la oscuridad de la noche. Mientras tanto, yo me debatía entre continuar admirando al horizonte vacío o atreverme a contemplar como la segadora a mi lado transformaba su suave respiración en un profundo sonido tan gutural como el rugido de un león hambriento y una ominosa neblina, tan negra como mi suerte, la envolvía por completo. Mi corazón latía con fuerza y mi ropa se empapó de un gélido sudor al tiempo que mis ocho extremidades dejaban de responder a mis mandatos. Tragando una bocanada de saliva y arriesgándome a volverme un cadáver, me aventuré a tratar de dialogar con la muy, pero muy furiosa Abismal.

– "Lala…" – Musité con extremo temor. – "S-s-sabes que te quiero, ¿v-verdad?"

Ella giró su cabeza abruptamente, paralizándome con su penetrante mirada y sus áureos ojos emitiendo un rojo vaho. Ay, mamá araña, mi ropa interior ya no es blanca. Juraría que podía escuchar los infinitos lamentos de las sempiternas almas condenadas al sufrimiento incesante de las oscuras fauces del Caos Eterno. Quizás me haya salvado de fenecer en las garras del demonio, pero cuando la jueza del Inframundo invocó su letal falce, supe que nunca podría escapar de su cruel sentencia. Esa noche, descubrí que correr desde Asaka hasta el centro de Tokio en menos de veinte minutos no es suficiente para deshacerse de una mensajera de la muerte.

El amor duele. Una guadaña en la cabeza también.


NOTAS DE MERO: Sí, eso es esclavo, sigue moviéndolo… Te gusta cuando lo empujo, ¿verdad?; Puedo verlo en tu indecente car-¡¿Eh?! ¡Idiota, nos están viendo! ¡Largo, largo!

Ehem… ¡Ah, que la pobre Aria-sama es una fuente inagotable de tragedia! ¡Por eso la adoro!

Estoy segura, mis queridos súbditos, lo que deben estar pensando en este momento, además de continuar adorándome fielmente: ¿Smith-san es en realidad una humana, un demonio o alguna otra clase de ser sobrenatural? ¿Será ese engaño una mentira en sí? ¿Quizás la mentira es real si se considera mentira? Y bien, a pesar de que persuadí con técnicas muy invasivas a Flake-san para que revelara el secreto, me temo que eso quedará como otro misterio más. En lo personal, considero que es otra brillante estratagema para confundir a sus subordinadas y hacerles dudar para que la incertidumbre sobre su verdadero origen les cree el suficiente miedo para evitar cuestionarla.

No es que yo alguna vez haya recurrido a inventar falacias para enaltecer mi poderío, por supuesto.

Sin embargo y a pesar de las gigantescas violaciones a los derechos básicos cometidos por la vesánica agente, debemos admitir que su extenso discurso sobre la importancia de la cooperación entre las integrantes de MOE es muy acertado y vimos como las protagonistas aplicaban de diferentes maneras el apotegma de 'trabajo en equipo'; Especialmente en la última parte, donde todas se unieron para un mismo fin… El cual aún no entiendo si era para castigar la falta de Jaëgersturm-sama o simplemente afianzar sus lazos de amistad a costa de la integridad física de la arachne.

En todo caso, espero que esta prueba irrefutable de que Flake-san ha perdido completamente la razón los haya entretenido momentáneamente, queridos vasallos. Los invito a dejar sus alabanzas hacia mi impoluta persona y, sólo porque me siento generosa, sus opiniones respecto a este azogado episodio. Pero principalmente quiero elogios dirigidos a mí. ¡La Gran Sirena ha hablado!

Aprovecho también para enviar cordiales saludos a nuestros compañeros Paradoja el Inquisidor, Alther, Arconte, Onix Star y nuestra más reciente adición a mis vastas reservas de es…timados aliados, JB-Defalt, a quienes hicimos referencias esparcidas por estas dementes letras. Esperamos continúen extendiendo la palabra de su Divina Salvadora y sigan propagando mi iluminadora influencia por el mundo. Pronto el plan maestro estará completo… Muy pronto…

¡Gracias por leer las fruslerías de mi esclavo sex… Digo, leal lacayo! ¡Nos vemos hasta la próxima! ¡Y recuerden que siempre los vigilo, especialmente en sus tiempos a solas! ¡Auf Wiedersehen!