Capítulo 45

Despedida de soltera

― ¡Katniss la casa es hermosa! ― exclamó Prim.

― Me gusta el jardín ― le sonrió su madre.

― En verdad este chico está loco por ti, amiga ― la tomó del brazo, Madge ― Y apuesto a que tú también por él ― le susurró.

Katniss rodó los ojos y negó con la cabeza. Su amiga era muy romántica y soñadora y solía pensar que todos a su alrededor eran iguales.

― ¿Podemos ir a ver la piscina? ― preguntó su hermana.

― Puedes ir a donde quieras, Prim ― le guiñó un ojo.

Cinco días para la boda. El tiempo no tenía piedad de ella y avanzaba más deprisa de lo normal, burlándose ante su deseo de detenerlo.

Al menos tras la visita al Doce habían permitido que su madre, hermana y su amiga Madge la acompañaran al Capitolio, todo como parte de las grabaciones en las que debían estar presentes previas a la boda.

― Gracias, Galatea, por mantenerme informada. Por supuesto que no apruebo eso, no. ¡Esa mujer es… ¡― Effie hablaba al teléfono a unos pocos metros. Respiró hondo antes de continuar hablando y pasearse de un lado al otro. ― me desespera. Dile que Katniss no aprobó rosas blancas en ninguno de sus eventos, lo que incluye la despedida y la boda… ajá, y tampoco pueden ir unas pocas escondidas entre las otras flores, no ― de nuevo se giró y reanudó su marcha al hacia el otro lado.

― ¿Estás emocionada? ― le preguntó Madge quien también había estado observando a su escolta.

A su amiga no podía engañarla, así que solo se encogió de hombros ― A veces quisiera terminar de una vez con todo esto y que pasara la boda, y en otras… no sé, quizás me gustaría esperar unos meses más.

― Estoy segura de que serás feliz ― la rubia le dio un apretón en la mano.

― ¿Cómo lo sabes?

― Tú y Peeta tienen mucha química, y créeme que por años te he observado y jamás te había visto mirar a alguien como lo haces con él, o reír tanto como cuando estás a su lado ― tomaron asiento en las cortas escaleras del jardín ― Mi mamá me dijo en una ocasión, bueno, en uno de esos lapsos lúcidos que tiene, que me casara con el hombre que me hiciera reír.

Katniss frunció el ceño ― Gale es muy serio.

― No todo el tiempo ― Madge rio y chocó su hombro con el suyo ― Siempre me atrajo su físico, eso no voy a negarlo, pero lo que realmente me conquistó fueron sus intentos por hacerme reír.

― Y yo que creí que lo conocía perfectamente.

― Nunca se termina de conocer a las personas y siempre pueden sorprendernos.

Se quedaron en silencio por un momento observando como Prim a lo lejos se quitaba las sandalias y sumergía los pies en el agua de la piscina mientras trataba de convencer a su madre de hacer lo mismo.

A sus espaldas escucharon ruidos en la cocina.

― Debe ser Johanna, ahorita vengo ― le dijo Katniss.

― Está bien, iré con Prim y tu mamá.

Se sentía agradecida con su futura concuña. Tenía suerte de contar con su apoyo porque la verdad era que estaba haciendo esta transición mucho más llevadera.

― Traje la comida ― le señaló varias bolsas la vencedora del Siete ― Tu panquecito me hizo ir a la pastelería por unos bollos de queso.

Katniss rio ― ¿Mi panquecito?

― ¿No te gusta ese apodo para tu hombre? ― tomó media uva que estaba sobre una de las tartaletas con crema y frutas ― Es un Mellark, no solo tienen nombres de pan sino también sus apodos y a Bannock ya lo apodé "gran baguette".

Levantó las manos ― ¡Por favor no sigas! ― rio.

Antes de que Johanna le respondiera, entró Effie ― ¡No entiendo cómo le haces, Jo! Pero en verdad creo que esa mujer acabará con mis nervios antes de la boda.

― Es el encanto de Barbara Mellark.

― La odio ― se colocó a su lado y robó una fresa de la tartaleta que Johanna prácticamente tenía vacía.

― Bienvenida al club, pero no lo arruinemos para Katniss, puede que ella sea la nuera consentida ― le guiñó un ojo.

― Por cierto, cariño ― se volteó hacia ella ― Con la llamada ya no pude decirte que me encantaron las cortinas que elegiste y el antecomedor ― juntó las manos emocionada ― Con una pulida y una ligera capa de barniz quedará listo, me gusta el toque que le da a la cocina. ¡Pero por favor tienes que enseñarme el resto de los muebles que compraste en el bazar de antigüedades!

― Entonces vamos arriba, aparte de esto solo compramos la recámara, incluía la cabecera, dos burós y el tocador.

― Las acompaño, la vez pasada olvidé mis audífonos.

Subieron las tres al segundo piso y se dirigieron directo a la recámara principal.

― Esta es ― Katniss se recargó en la pared ― Pasado mañana nos van a entregar los dos colchones que compramos, el de aquí y uno para uno de los cuartos de visita.

― ¡Dios! ― exclamó Johanna ― Apuesto que estamos viendo el rostro de Effie cuando tiene un orgasmo.

Katniss abrió mucho los ojos ― ¡Jo!

― ¡Esto es…! ― la rubia juntó las dos manos y se acercó lentamente a la gran cabecera de madera que estaba en la pared central ― ¡Es hermosa!

― ¡Es solo la cabecera, Effie! ― la vencedora del Siete rodó los ojos ― ¡Por Dios! Solo quita esa cara, jamás había visto un orgasmo que durara tanto.

― ¡Johanna! ― Katniss le llamó la atención.

Su escolta solo movió una mano sin despegar la vista de la pieza de madera ― No le hagas caso. Jo me recuerda mucho a una amiga que solía hacer ese tipo de comentarios. Dime, ¿vas a restaurar esta pieza?

― Estaba pensando en que quizás podría pintarla de blanco.

― ¡Nooo! ― le dijo más fuerte de lo intencionado.

Katniss sacudió la cabeza ― De acuerdo, estoy abierta a sugerencias.

― Querida, esta pieza es antigua y única ― se le acercó despacio, mostrándole una amplia sonrisa. Después hablo de forma lenta como con miedo a resultar ofensiva con sus palabras ― Que te parece si me dejas a mí ayudarte con todos estos muebles que compraste para tu recámara. Ahora mismo no tengo trabajos pendientes en mi taller y creo que trabajar en esto me ayudaría muchísimo a bajar los grandes niveles de estrés que me ha provocado tu futura suegra.

Ella quería hacer ese trabajo, pero al ver lo importante que era para Effie hacerlo de la manera correcta y temiendo lo que le diría si arruinaba la recamara decidió aceptar su oferta ― Si en verdad quieres hacerlo…

― ¡Lo quiero! ― la abrazó sorpresivamente ― Mañana mismo mandaré a recoger todo esto y estoy segura de que durante tu viaje de bodas podré terminarlo.

― Espera a que pase la despedida de soltera de mañana, creo que estos muebles no serán suficientes para pasar el mal trago que es Barbara Mellark ― le dijo Johanna.

― Eso déjenmelo a mí, espero poder con esa mujer ― su escolta se acercó al tocador y pasó las manos lentamente por la superficie.

― Eso está por verse.

― No preocupes a Katniss, apuesto que todo saldrá a la perfección.


― Tranquila ― bajó los brazos con las palmas de las manos bien abiertas ― Respira profundo ― aspiró hondo ― Ojos bien abiertos, barbilla en alto y una gran sonrisa.

Katniss frunció el ceño a su lado ― Effie por primera vez me siento relajada y además, sí estoy sonriendo.

― Oh, cariño ― su escolta se giró hacia ella y la tomó del brazo ― Y lo haces estupendamente, estoy orgullosa de ti. Pero en esta ocasión estaba hablando conmigo misma.

Volvieron la vista al frente y vieron todo a su alrededor a través del gran ventanal de cristal que daba hacia el jardín botánico del Club Campestre de Panem donde se llevaría a cabo la despedida de soltera de Katniss.

― Hay más logos de la empresa Mellark que los monogramas dorados que diseñaron con las iniciales de Peeta y la tuya. Convirtió la despedida en un gran anuncio publicitario ― dijo entre dientes ― ¡Es una ventajosa! ¡Voy a matarla! ― se giró de nuevo hacia ella ― Pero no te preocupes, lo haré hasta después de tu boda para no afectarte en nada.

― Effie ― suavizó la mirada y en esta ocasión fue ella quién tomó a su escolta del brazo ― Todo se ve hermoso, gracias por ayudarme. Créeme que yo no hubiera podido con todo esto sola.

Con estas palabras la esposa de su mentor relajó los hombros ― Haría cualquier cosa por ti, lo sabes ¿no?

Tras ellas escucharon la voz de Portia quien se acercó escoltando a su madre y hermana ― ¡Todas listas! ― anunció.

Effie suspiró ― Perfecto, comencemos.

Una fiesta más ― se obligó a sonreír frente a las cámaras y a todas las mujeres que le fueron presentando a lo largo de la fiesta, muchas de las cuales creía a ver visto en la fiesta de compromiso, aunque con tanto maquillaje y pelucas de colores era imposible estar segura.

― Barbara, las fotos deberían tener como fondo las fuentes o los hermosos arreglos florales sobre los que tanto discutimos ― le dijo Effie algo molesta a la señora Mellark.

― Con un fondo de flores las fotos no serían tan redituables. Y sabes perfectamente todo lo que nos ha costado este capricho de mi hijo ― Katniss la escuchó decir y trató de continuar sonriendo en lugar de fruncir el ceño ― Así que el "capricho" debe ayudarnos a recuperar la inversión lo antes posible, ahora si me disculpas ― dejó sola a la escolta antes de que pudiera responderle y se colocó a un lado del fotógrafo para darle instrucciones.

― Concéntrate en mí, Katniss ― le pidió el fotógrafo ― ¡Bien, hermosa! ― el joven asintió a algo que le dijo su futura suegra ― Por favor, ahora toma uno de esos pastelillos y acércalo a tu boca como si fueras a darle una mordida.

¿Quería hacerlo? No. Pero era todavía muy pronto para echarse a su futura suegra en contra, quien no la veía más que como un activo de su empresa. Al menos con Peeta jamás se había sentido como un objeto o un medio para ganar más dinero.

Después de muchas fotos más con la mitad de los pastelillos que adornaban la mesa a los cuales a ninguno le pudo dar una mordida de verdad porque no querían que arruinara su labial, pudo descansar un rato y tomar asiento a la mesa donde su madre, Prim y Madge estaban acompañadas de Annie y Johanna.

― ¿Por fin te dejó ir la bruja?

― "Panaderías Mellark, del corazón a tu paladar".

― Katniss se buena con tu suegra, no te cuesta nada ayudarla con eso ― comentó su madre.

― Créame señora Everdeen que si se tratara solo de ayudar lo haríamos con gusto, pero esa señora suele confundir esa palabra con "explotar" y después se olvidará hasta de pedirte las cosas por favor ― le dijo Jo.

― Mejor no hablemos de ella ― volteó a ver a Annie ― Me da mucho gusto que pudieras venir, ¿cómo te has sentido?

― Enorme y cansada ― rio la pelirroja ― Este niño se niega a nacer y ya voy a cumplir las cuarenta semanas, pero bueno, creo que alcanzaré a ir a tu boda.

― ¡Ojalá se parezca a su padre! ― exclamó la hija del alcalde del Doce.

― ¡Madge!

― ¿Qué? Finnick es muy guapo.

Annie rio ― Sí, yo también quiero que se parezca a su padre.

Prim y Madge se disculparon para ir al tocador y ella se quedó charlando en la mesa. Le gustaba ver a su mamá sonriendo, temía que fuera a sentirse incómoda entre todas esas personas, pero debió saberlo mejor, el resto de su familia no era tan cerrada como ella, y Effie había pensado en todo al sentarlas con su futura concuña y la esposa del vencedor del Cuatro.

― ¡No puede ser! ― comentó Johanna al voltear a su izquierda, donde a lo lejos pudieron observar a Prim y Madge siendo fotografiadas junto a otra mesa de postres, y por supuesto, con Barbara dándoles indicaciones.

Al menos las dos chicas reían y parecían divertidas de participar en la sesión, pero a Katniss le molestaba el abuso de confianza de la madre de Peeta.

― Déjenmelo a mí, en menos de lo que piensan estarán aquí ― Johanna se puso de pie y se dirigió directo a hasta donde se encontraba su suegra, tomando en el camino de otra mesa un panecillo alargado relleno de crema pastelera.

― ¡Ay, Dios! Jo ― rio Annie.

― ¿Qué va a hacer? ― preguntó Katniss.

― Su deporte favorito, sacar de sus casillas a la señora Mellark.

No entendió muy bien lo que pasó, pero cuando la castaña comenzó a lamer lentamente frente a la cámara del fotógrafo el pastelillo a todo lo largo para después morder la punta, pudo observar como Barbara cambiaba de color y daba por terminada la sesión fotográfica. Cuando se giró a la mesa vio a su madre y Annie tratando de aguantar la risa algo avergonzadas.

― Oh mira, no sabía que vendrían los chicos ― señaló Annie a las puertas de cristal.

Katniss observó a Bannock y Rye vestidos con unas elegantes filipinas de rayas negras y blancas.

― Con permiso ― se disculpó antes de dirigirse a la mesa donde se colocó el segundo de los Mellark. Necesitaba saber si Peeta también iría, aunque no le había comentado nada al respecto

― ¡Qué guapa, cuñadita! ― el chico de inmediato se acercó a abrazarla y darle un beso en cada mejilla. A estas alturas ya no se sentía extraña con las efusivas muestras de cariño del hermano de Peeta.

― Gracias ― inclinó la cabeza hacia un lado cuando observó su nuevo look.

― ¿Qué te parece? ― le preguntó con una sonrisa.

La mitad de la cabeza la traía casi a rape con el apartado marcado y del lado izquierdo caía su cabello más largo y liso con un brillante tono de verde.

― Me gusta. Creo que el día que te vea con tu color original de cabello entonces te verás raro.

Él le guiñó un ojo ― Antes de que preguntes, Peeta no va a venir. En teoría nosotros no deberíamos estar aquí tampoco, pero mi madre creyó que seríamos un par de accesorios bonitos para complementar tu fiesta y de paso hacer promoción al negocio como si este lugar no gritara ya Panaderías Mellark por todos lados. Al menos no nos hizo vestir con unas botargas de donas o algo parecido.

Katniss rio y escaneó el lugar con la mirada una vez más y se congeló cuando vio quién estaba parada cerca de una mesa de la entrada. ¿Qué hacía ella ahí? Un nudo se formó en la boca de su estómago y su cuñado debió notarlo también en su rostro.

― ¿Estás bien? ― pero entonces se dio cuenta de lo que ella estaba viendo, no pudo alejar la mirada lo suficientemente rápido ― Ya veo, vino Juno. No te preocupes Katniss; recuerda que ella solo está aquí porque es la dueña del Club. Mi hermano nunca estuvo realmente enamorado de ella y te lo he dicho muchas veces, está loco por ti. Además, eres mucho más bonita.

Bajó la mirada hacia su vestido dorado de un hombro que abrazaba perfectamente sus curvas, le había gustado mucho cuando se vio en el espejo esa mañana, con el cabello suelto; Cinna siempre sabía como hacerla lucir muy bien, pero su confianza flanqueaba un poco al ver a la mujer de cabello rosa con atributos tres veces más grandes de los suyos que había sido exnovia de Peeta.

― No me preocupa, pero gracias por el cumplido. Yo…

Se vio interrumpida de pronto cuando la señora Mellark apareció a su lado y tomó fuertemente del brazo a Rye, clavando sus afiladas uñas postizas con puntas metálicas sobre la camisa.

― ¿Quieres decirme que significa esto, Rye? ― se quedó viendo fijamente al cabello.

― ¡Qué te pasa, mamá! Solo me corté el cabello y lo teñí.

― ¡Verde! ― le dijo entre dientes ― ¿En qué universo el verde se ve bien para el negocio? Pareces una bola de moho al lado de esta mesa ― sonrió cuando pasó un grupo de mujeres como si solo charlaran de manera causal ― Mañana te lo vas a cambiar de nuevo, no vas a ir a la boda así.

Dicho esto, se marchó para atender a otras invitadas que acababan de llegar.

Katniss abrió mucho los ojos. ¿Qué había sido todo eso? Lo trató como si fuera un niño pequeño ― ¡Por Dios, Rye! ¿Te hizo daño? ― se acercó cuando vio pequeñas manchitas rojas en la tela de la filipina del brazo de su cuñado.

― Esto no es nada, no te preocupes ― contestó un poco avergonzado.

― ¡Pero te sacó sangre! ― susurró ― Vi como te enterró las garras metálicas que trae por uñas.

― Déjalo, Katniss. De niños era su forma de tortura favorita, y créeme que no es algo que suela hacernos a estas alturas.

― ¿Les enterraba las uñas?

― No pasa nada, casi no deja marca. Con un poco de crema anti-cicatriz se quitan. Aunque Peeta decidió conservar las suyas.

― ¿A Peeta también le hizo esto? ― preguntó molesta.

― A los tres.

Se sentía horrorizada. Cuando vio a Peeta sin camisa en la sesión fotográfica de la revista, lo menos que hizo fue verle el interior de los brazos pues estaba muy distraída con su pecho desnudo y la forma en la que sus brazos se sentían a su alrededor, pero odiaba pensar que tuviera marcas ocasionadas por esa mujer. Quizás la idea de Effie de asesinar a su suegra no era tan mala después de todo.

― ¡Eh! No te pongas así. Mi intención no es arruinar tu fiesta, mejor llévame con tu familia para saludarlas ― le sonrió.

Ella trató de mejorar su humor y de esta forma sobrevivir al resto de la fiesta, aunque el constante recordatorio de que solo faltaban tres días para la boda lo hicieron más difícil.


― ¡Arriba, arriba, arriba!

Katniss y Prim abrieron los ojos ante los gritos entusiastas de Effie, mientras ésta corría las cortinas y subía las persianas de su recámara.

― ¡Hoy es un gran, gran día! ¡Por fin te casaras con Peeta!


Hace 23 años

― Es solo una comida con tu familia. No entiendo por qué tanto alboroto.

― No es solo una comida con mi familia, es LA COMIDA con mi familia. Y recuerda que no solo es con mis padres y abuela, es con todos los Trinket.

― ¿Y? ― preguntó Haymitch.

― ¿Cómo que y? Probablemente de la boda no los recuerdas y el año pasado no fuimos a la reunión anual porque estábamos de visita con tu madre, pero son las personas más fijadas y criticonas de Panem, sobre todo las hijas de la tía Leda.

― ¿Más que tú y tu madre juntas? Aterrador ― se recargó sobre los cojines decorativos de la cama.

― Muy gracioso, Haymitch. Y por favor levántate, se te va a arrugar la camisa.

Él rodó los ojos, pero volvió a sentarse ― Mejor no voy.

― Vas a ir, me comerían viva si supieran que fui sola ― se acercó a él y le dio la espalda para que la ayudara con el cierre del vestido.

― ¿Quieres utilizar mi encanto de vencedor para librarte de tus primas?

― En realidad… ― se giró y se sentó a su lado ― No te lo he dicho, pero a este lado de la familia no le gustan mucho los vencedores.

― ¿No les gustan los Juegos? ― preguntó sorprendido.

― No es eso. Sé que no va a sonar muy bien, pero la familia Trinket siempre fue muy racista.

― La raza aria es superior a las demás y toda esa basura ¿en serio?

― No precisamente, pero si el desposarse solo con las mejores familias de Panem, ya sabes dinero más apellido. Así que cuando el abuelo Helius se casó con mi abuela Irene se convirtió en la deshonra de la familia, no importa que mi abuela fuera la vencedora de los Juegos, era una mujer de distrito. Y según me contaron, mi bisabuelo desheredó a mi abuelo, pero no mi bisabuela, y con el dinero que le dejó su madre, que cabe aclarar que fue nada comparado con lo que le heredaron sus dos hermanos, logró crear su empresa y generar a lo largo de los años mucho más dinero que sus hermanos.

― Vaya, son la oveja negra de la familia.

― Algo así ― se encogió de hombros ― Por muchos años los hermanos se dejaron de hablar hasta que el tío Atlas enfermó, de alguna forma se volvieron a reunir y desde entonces, aunque ya murieron ellos, la familia se sigue reuniendo una vez al año y llevamos una relación cordial.

Él rio ― Ahora estarás avergonzada de haberte casado conmigo.

― ¡Por supuesto que no! Digan lo que digan no me importa, además mis primas prácticamente te comieron con la mirada en la boda.

Rodó los ojos ― Y aun así quieres que utilice saco y corbata.

― Eso no tiene nada que ver con ir bien vestido a un evento que lo amerita ― le tendió el saco que estaba a los pies de la cama.

― ¿No me acabas de decir que estará lleno de arpías?

― No importa ― le dio una palmada en la rodilla ― Vámonos, no es bueno ser de los primeros en llegar, pero tampoco ser de los últimos ― se puso de pie y se colocó sus altos zapatos de tacón.

― No usaré la corbata.

Ella hizo un mohín, suspiró y salió del cuarto.


― No puedo creer que hayamos entrado en la casa de Drácula.

― ¡Haymitch! ― le llamó la atención su esposa. Después volteó a los lados para asegurarse de que estaban solos, tratando de reprimir su sonrisa.

― Es la verdad, así la había imaginado cuando leí el viejo libro en secundaria. Hasta da escalofríos.

Effie disimuló su risa con un tosido ― Pórtate bien y te mostraré dónde se encuentran los sarcófagos.

― Es broma ¿verdad?

Ella le sonrió en respuesta ― Mi hermano y yo solíamos pensar lo mismo que tú cuando éramos niños, y siempre bromeamos sobre los posibles lugares en donde el tío abuelo Atlas escondería sus sarcófagos.

La casa donde se encontraban era grande como era de suponerse al pertenecer a un Trinket. Tenía un estilo gótico y en el interior la decoración era muy sombría, predominando los colores oscuros. Las ventanas estaban cubiertas por pesadas cortinas de terciopelo rojo y las paredes estaban adornadas en su mayoría por escalofriantes retratos al óleo.

Cruzaron unas puertas dobles y continuaron por un pasillo.

― ¿Está casa es un laberinto?

― Mmm… yo diría que está mal diseñada. Si tumbaran un par de paredes que en realidad no son necesarias mejoraría mucho y le daría amplitud ― se acercó más a él ― Sin contar que cambiaría por completo la decoración.

Conforme se acercaron a la gran sala, escucharon varias voces; y una vez adentro a Haymitch le tomó toda su fuerza de voluntad para no salir huyendo de ahí o dormirse de aburrimiento. Los Trinket eran una familia numerosa y no se parecían en nada físicamente a la familia de su esposa.

Cuando terminaron de saludar a todos en la sala, salieron a una amplia terraza donde había varias mesas.

― No sé qué es más feo ― comentó él ― Los ridículos nombres de tus tíos y tías o sus rostros.

― ¡Haymitch no seas grosero! ― abrió mucho los ojos.

― ¿Qué? Aunque fue bueno que ustedes se ganaran la lotería genética de la familia. ¿Qué no se supone que ya hay operaciones que pueden hacerlos lucir mejor?

Effie rio ― ¡Qué cosas dices! ― después le susurró ― Puedo asegurarte de que cada uno de ellos ya tiene varias operaciones encima. Empezando por esto ― se tocó la punta de la nariz ― Mi abuelo fue el único que no tuvo la característica nariz de gancho como el resto de su familia.

― ¿En serio? ― preguntó sorprendido y volvió la vista hacia la sala solo para toparse con la mirada de varios ojos saltones ― No quiero ni imaginarme de cómo estaban antes.

― Esto ― se señaló así misma, Effie ― Es gracias a mi abuela. Gracias a Dios sus genes fueron más dominantes.

Él la recorrió con la mirada lentamente ― Tienes toda la razón. Tu abuela Irene además de ser hermosa, debió ser una mujer muy caliente y sexy.

― ¡Ten más respeto! ― lo regañó, pero apenas le dijo eso, escucharon una voz tras de sí.

― ¡Vaya! Hacía mucho tiempo que no me hacían un cumplido así.

― ¡Abuela!

― Irene ― pronunció algo avergonzado mientras sentía que el rostro se le había pintado de mil colores.

La mujer mayor le guiñó un ojo a su nieta ― ¿Quién lo diría? Que después de todos estos años aun puedo hacer que se sonroje un joven.

Haymitch se llevó una mano al cabello y rio un poco nervioso.

― Gracias por el cumplido, querido.

― ¿Vas llegando?

― Sí, tus padres, Helius y Agatha aun están adentro.

― ¿Usted ya saludó a todos? ― le preguntó con curiosidad, recordando todo el tiempo que estuvieron en esa tarea.

― No a todos. Es la ventaja de estar en la cima de la pirámide, en teoría solo tengo la obligación de saludar a mi igual, el resto debe acercarse a mí para hacerlo ― apretó un poco los labios ― Sé que dicho de esta forma suena un poco grosero, pero es la manera en la que se manejan algunas personas aquí en el Capitolio, aunque suene un poco retrógrado, mas debo añadir que en este caso es lo mejor. Toda la vida conociendo a esta familia ― bajó la voz un poco ― y sigo sin poder soportar a muchos.

Effie y él sonrieron.

― Regresaré adentro, aunque preferiría quedarme más tiempo aquí con ustedes ― le dio un beso en la mejilla a su nieta antes de volver a la sala.

― Todavía no puedo creer que mi abuela te parezca sexy.

Él se encogió de hombros ―Yo solo espero que te parezcas a ella cuando tengas su edad ― levantó varias veces las cejas.

― ¡Eres incorregible! ― le dio una palmada en el brazo.


― Querido si vas por otra copa te encargo una ― le indicó su suegra a su lado.

― Regilla, ¿no crees que ya has tomado suficiente? ― preguntó el señor Trinket.

La mujer rio como si le hubieran contado el más gracioso de los chistes ― Con tu familia, amor, ni todo el alcohol de Panem es suficiente ― giró de nuevo hacia Haymitch ― Que sean dos ― le señaló con los dedos.

― En seguida.

Era extraño ver a su suegra actuar así cuando siempre había cuidado su imagen ante todo, pero supuso que ya habían agotado su paciencia con los continuos comentarios mal intencionados que había alcanzado a escuchar de los otros Trinket.

Toda su vida él había oído insultos hacia su persona por su origen humilde, había aprendido a ignorar a las personas que lo veían hacia abajo como si valiera poca cosa, pero observar a otras personas haciéndoles eso a la familia de su esposa lo molestaba. No podía explicar bien sus sentimientos, después de todo se trataba solo de su familia política, pero esa era la palabra clave ¿no? Familia.

Se acercó a una barra donde un bartender preparaba varias bebidas y encargó un whiskey y dos Martinis.

― Cuidado, Haymitch ― se acercó a él una joven regordeta sosteniendo un pequeño plato de canapés en las manos, a quién reconoció como a una de las primas menos agradables de Effie.

― ¿Cuidado con qué? ― le preguntó volviendo la vista a las manos del bartender mientras éste preparaba con mucha agilidad y rapidez lo que le había encargado.

― El exceso de alcohol es dañino para la salud y más si lo combinamos con agua.

Él frunció el ceño y volteó a verla sin entender de qué hablaba.

La joven hizo un movimiento con la cabeza ― Hacia allá está la piscina, ten cuidado de no caer esta vez, aunque admito que cuando vi las fotografías de tu fiesta de cumpleaños en la revista fue lo más chistoso de mi vida ― rio.

Haymitch tomó las dos copas de Martinis y el vaso de whiskey entre las dos manos y agradeció al bartender antes de responderle a la joven ― Pues que vida tan más aburrida debe ser la tuya si mis fotografías han sido lo más gracioso que has visto ― avanzo unos pasos y después se giró ― ¡Ah! Y el exceso de comida es dañino para la figura.

La joven paró de reír, colocó el plato sobre la barra y se alejó al lado contrario haciéndose la ofendida.

Haymitch rodó los ojos. Otra dramática, ¿por qué se ofendía si ella fue la que empezó?

Volvió a la mesa con la familia de su esposa y por primera vez fue más activo en la charla, y tuvo que admitir que su suegra era más agradable cuando tenía un par de copas encima, quizás tendría que ver la forma de que no faltara el alcohol en las próximas cenas familiares con los padres de Effie.

― Effie ― se paró a un lado de la mesa la misma joven que vio en el bar.

― Leda ― la rubia enderezó los hombros ― ¿Qué puedo hacer por ti?

― Mejor dicho, qué puedes hacer por ti misma.

Effie suspiró ― Por favor solo di lo que quieras en lugar de dar rodeos.

― Veo que ya se te están pegando algunas de las maneras groseras del salvaje de tu marido. Quizás ya ni tenga caso decirlo, pero lo haré de todas formas. Enséñale a ser más civilizado si no quieres que traiga deshonra a la familia con sus modos tan… simples. Los valores y principios morales siempre han regido a los Trinket y…

Haymitch estaba a punto de interrumpirla cuando se le adelantaron.

― Leda, hija, ¡muchas felicidades! ― la interrumpió Regilla.

La chica se quedó en silencio.

― Madre, no es su cumpleaños ― comentó Effie.

― No la felicito por su cumpleaños sino por su embarazo.

Los ojos saltones de la chica parecían que saldrían más de sus cuencas. Y en la mesa se hizo un silencio sepulcral.

― Por cierto, ¿ya supiste quien es el padre o decidiste colgarle el milagrito al más incauto? ¿fue por eso por lo que decidieron adelantar la boda?

No recibieron respuesta ya que la joven se marchó hacia el interior de la casa.

― ¡Mamá! ― exclamó asombrada Effie ― Eso fue un tanto cruel.

― Solo quería demostrar un punto ― se giró hacia él, con lo poco que le quedaba de la segunda copa de Martini ― Y enseñar una pequeña lección a nuestro querido Haymitch ― lo vio fijamente a los ojos ― Nadie se mete con los Trinket y habló específicamente de los que estamos en esta mesa, y, aunque no lleves el apellido, eres parte de mi familia.

― Salud ― chocó su vaso con la copa.

Aun le quedaba mucho por conocer de esa familia, pero esa noche le habían mostrado otra faceta de ellos, una que realmente le gustaba.


Hola!

Recuerden que ahora publicaré un poco más tarde.

Ahora sí, ya sigue la boda Everlark.

Espero que les haya gustado el capítulo. ¿Qué les pareció?

Con unos días de retraso quiero aprovechar para felicitar a todas las que son madres por su día, espero que la hayan pasado muy bien.

Y les tengo noticias, mi gatita Katniss tuvo gatitos! se escapó un par de veces con un gato panadero de ojos azules y regresó con pan en el horno, jajajaja. Son cuatro gatitos everlark y ya cumplieron una semana, tengo dos machos (Rye) y dos hembras (Willow). Si a alguien le interesa alguno y vive en México, mándeme inbox.

Muchas gracias por leer y gracias por sus comentarios, saben que los aprecio mucho: AbyEvilRegal4Ever123, AddyOrtiz, TheOnlyHayffie, caro, YaraMal, Yaanin, Brujita22, Yessi, BrendaTHG, Gagonaya, 96AleG, Phie98 y Nollar.

saludos

Marizpe

cuídense mucho!