CAPÍTULO 48.- "SARADA - NARRACIÓN XII"

—Sakura, te estoy esperando...

—Sí Sasuke, ya estoy lista sólo estoy buscando mi bolso.

La aldea de Cristal celebraba el Festival del Verano, Momoka y Kamus se encargaron de hacer una fiesta en grande para todo el pueblo, además estaban agradecidos porque el pequeño Kakashi se fortalecía día con día, crecía con salud y pronto saldría del hospital.

Sasuke y yo terminábamos nuestra estancia en el país de La Miel, pero fuimos convencidos de quedarnos un día más para disfrutar del festival.

Lo que más me emocionaba era ver a Sasuke usando una yukata negra pues me costó mucho trabajo conseguir que aceptara vestirla. Estuvo de necio hasta que por fin se dio por vencido y accedió.

—Ya estoy lista —alcé el bolso— ¿cómo me veo?

—Estás bien, ya vámonos.

Se dio la media vuelta y caminó, rápidamente me puse las sandalias para seguirle el paso.

Las calles estaban adornadas con cadenas de flores y puestos de comida. Comenzaba a entrar la tarde y las personas se reunieron en la plaza principal para observar las presentaciones que se llevarían acabo como danzas y obras de teatro.

Eché un vistazo alrededor y vi un puesto con frutos, me acerqué para ver si me interesaba comprar algo. La manera tan creativa en que preparaban y exhibían sus mercancías lo hacían todavía más atractivo para querer consumir.

—Adelante bella dama, ¿qué desea comprar?

La señora del local sabía cómo hablarle a sus clientes.

—¿Estás son frambuesas? —Señalé.

—Sí, frambuesas negras —explicó—, las mejores de la región, se lo garantizo.

—¿Y éstos pequeños dulces?

—Son dulces de miel, usted sabe que nuestro país lleva este nombre debido a que producimos la miel con mayor calidad.

Antes de poder darme cuenta, ya había comprado varias frambuesas y unos cuantos dulces de miel. Me dirigía donde se encontraba Sasuke, lo vi hablando con un hombre, supuse que era uno de sus ahora ex alumnos.

—¿Qué has comprado Sakura?

Momoka me tomó por los hombros pegando su pecho a mi espalda. Ella lucía radiante con un yukata morado y un peinado divino.

—Me asustaste.

—Lo siento, no era mi intención. Sólo que te he visto desde lejos y me da mucho gusto que aceptaran quedarse.

—Sí, aunque mañana nos iremos temprano. Sasuke cree que es hora de volver a nuestro continente por si Kakashi sensei nos necesita antes.

Momoka se sobó la barbilla y entrecerró los ojos mirando los objetos que estaban en mis manos.

—¿Qué ocurre?

—Nada, es sólo que pienso que tú y Sasuke deben probar los deliciosos chocolates de aquel local —señaló.

—Bueno, ya he comprado esto y la verdad a Sasuke no le gustan los dulces por lo que pienso que yo terminaré comiéndome todo—confesé con lamento.

—En ese caso, tienen que degustar nuestro exquisito vino tinto, nuestra aldea produce excelentes vinos y además —me giró por los hombros para que viera a otra dirección—, las ostras y ostiones de ese puesto son fenomenales y te lo digo yo que soy una experta en dar recomendaciones.

—No lo sé... No creo que a...

—¡No se diga más!

Sin dejarme continuar hablando me arrastró hasta los negocios para que comprara algunos de sus tan recomendados alimentos y su vino tinto.

Volvimos con Sasuke quien ya había dejado de hablar con el hombre. Se sentó en una banca para esperarme y miraba la fuente que estaba frente a él, donde un par de niños jugaban emocionados.

—Regresé.

—¿Compraste cosas?

—Muchas cosas —Momoka se adelantó—. Hola Sasuke, te miras muy bien con esa yukata.

—Hmm...

—Momoka me ha dando algunas sugerencias de alimentos y bebidas, como no te gustan los dulces he pensado que tal vez el vino tinto te resultará bueno.

—Estoy de acuerdo —dijo Momoka—, por favor disfruten del festival.

—¿Ya te vas?

—Sí, Sakura. Me disculpo —se inclinó—, tengo que volver con Kamus pero mañana antes de que partan, él y yo estaremos despidiéndolos en las puertas de la aldea. Por favor, pasen una maravillosa noche en el festival y no vayan a perderse los fuegos artificiales, son increíbles —dijo con emoción.

—Gracias —expresó Sasuke—, olvidé preguntar cómo está tu hijo, supongo que mucho mejor.

—Sí, todos los días voy a visitarlo y me quedo varias horas hasta que me indican que debo retirarme. Pero me siento más tranquila.

—Me da gusto —Sasuke movió su cabeza—. Pasen ustedes también una agradable noche.

(...)

Visitamos varias atracciones, probamos las cosas que compré y gracias al cielo no tuve que rogar por una fotografía en pareja ya que Sasuke ni siquiera se opuso cuando lo sugerí.

Las horas transcurrieron sin que tuviera noción de ellas, pero me divertí mucho. Vimos los fuegos artificiales, los cuales fueron el último y más esperado espectáculo y tras ellos, volvimos a casa.

Tomé un baño y al salir me senté sobre la cama para observar la fotografía con una sonrisa en mi rostro pues, habíamos salido geniales.

—Amo que en este país el revelado de fotografías sea más rápido que en Konoha —dije.

—Posiblemente son cosas que aún no llegan a la tierra del Fuego.

Sasuke estaba acostado leyendo un papel; yo guardé la fotografía con mucho cuidado en la maleta y al dejar todo listo, la cerré para bajarla de la cama.

—¿No te sientes raro?

—¿De qué hablas?

—Ya sabes, creo que el aparato de aire no está funcionando bien, todavía se siente muy caluroso aquí dentro.

Sasuke puso el papel sobre el buró y estiró las piernas, continuó mirando hacia el techo.

—Acuéstate rápido, voy a apagar la luz.

—Sí señor, ya lo sé.

Puse la maleta junto al buró y me subí de nuevo a la cama, me quedé sentada unos segundos mientras veía mis manos, me había hecho una pequeña cortada en un dedo y ni siquiera me di cuenta hasta que sentí un leve ardor.

—Sakura.

—Ya voy Sasuke, es que mira lo que acabo de descub...

No terminé de hablar porque al mirarle, vi en sus ojos una intensidad nueva y misteriosa que me daba escalofríos en la espalda.

—¿Qué pasa? —Pregunté al ver su dedo índice tocar mi mentón, se enderezó y acercó su rostro a mi oreja.

—Quítate el albornoz.

Susurró haciéndome estremecer... ¿Qué le sucedía a Sasuke? Me daba un poco de miedo la forma en que estaba actuando pero tenía que admitir que me sentía extraña también, y me ardía todo el cuerpo... Por si fuera poco, estaba ovulando y tenerlo así de cerca no mejoraba las cosas.

—No puedo —dije en voz baja—, no me he puesto ropa.

—¿Desde cuándo eso es un problema?

—¿Qué rayos? —Lo miré extasiada, por algún motivo se veía peligrosamente sexy y mis impulsos comenzaban a cobrar vida.

—Parece que tengo que hacerlo yo.

Llevó su mano al nudo de mi albornoz, sin embargo, lo detuve antes de que pudiera deshacerlo. Sus ojos subieron a mi rostro como reclamándome mi repentina e imprudente acción.

—No puedo, lo siento... Yo... Me siento insegura de mi cuerpo.

Una sonrisa sagaz se le dibujó en los labios.

—Me falta medio brazo y tú te preocupas por tu cuerpo.

—Bueno sí, pero aunque te falte ese medio brazo sigues siendo... Guapo.

Pude percibir la nueva dirección que tomaron sus ojos cuando su rostro se acercó al mío. Mirando mis labios depositó un beso en ellos y fue suficiente para hacerme perder la cordura.

Una cosa llevó a la otra y aunque al principio tuve una mezcla de emociones e incredulidad por lo que estaba pasando, por la forma en que Sasuke se comportaba conmigo; al final todo resultó mejor de lo que esperaba y pude conocer una nueva y encantadora faceta en él.

«Tienes que aprovechar la oportunidad, ¡este Sasuke aparece cada cien años!»

La mañana llegó mucho, ¡muchísimo más pronto de lo que quería! Pero no había otra opción, ese día partiríamos de la aldea de Cristal.

Estiré mi brazo para tocar la espalda de Sasuke pero él ya se había levantado.

—Por supuesto... Eso ya sería pedir demasiado —reí y me levanté también.

Terminé de empacar mis cosas y antes de salir de la habitación me quedé observando la cama con un calor que se apoderó de mis mejillas.

—Sasuke y yo...

—Sakura, ya es hora.

Reaccioné y salí pronto. Iba a extrañar esa cabaña tanto como al hogar de mis padres.

(...)

En las puertas de la aldea, Kamus y Momoka nos esperaban junto dos militares que vigilaban la entrada y salida al pueblo.

Kamus sonrió estrechando la mano de Sasuke y Momoka me abrazó tan fuerte que sentí que el alma se desprendía de mi cuerpo.

—Está bien Momoka, también te voy a echar de menos —dije como pude.

—Espero que el vino tinto y todo lo demás haya surtido efecto —dijo en voz baja cerca de mi oreja.

—¿De qué hablas?

—Hmm... Ya sabes, dicen que son afrodisíacos —me guiñó un ojo y estoy segura que mi rostro delató la respuesta porque después sonrió.

—Doctora Sakura —Kamus extendió su mano y de inmediato la sujeté—, gracias por todo hasta ahora. Lamento las tragedias que ocasioné, pero me siento feliz de saber que al final todo siguió su curso normal.

—En realidad, no tienes por qué lamentarte. He aprendido mucho de todo esto y el haberlos conocido a ti y a Momoka es un recuerdo valioso que atesoraré siempre.

—Sakura, Sasuke —Momoka nos miró— por favor escríbannos de vez en cuando y si alguna vez pueden venir a visitarnos saben que siempre serán bien recibidos.

—Gracias —asentí—, cuiden bien del pequeño Kakashi y hagan de él un hombre excepcional.

—Hablando de niños, estoy pensando en implementar en las academias de niños el cuento de la Princesa Cerezo —dijo Kamus y pasó su brazo por la cintura de Momoka—, será una versión mejorada de la Princesa Alegría.

—Por supuesto —Momoka alzó su dedo índice—, en el cuento habrá una bella princesa, una bonita dama de compañía, un valiente y atractivo caballero guardián y un criado... Quiero decir, un rey, algo arrogante y frío pero en el fondo muy noble.

No pude evitar reír cuando vi la expresión que puso Sasuke, yo sabía bien que Momoka no se quedaría con las ganas de hacerle una última broma para molestarlo.

—Bueno, nosotros nos retiramos —dijo Sasuke.

—Que tengan buen viaje y gracias por todo —Kamus alzó su brazo para decir adiós.

Apenas nos alejamos un tramo cuando Sasuke hizo un comentario.

—Me pregunto si en el cuento incluirán lo más importante.

—¿Importante? ¿Qué cosa?

—Que a la princesa Cerezo le gustaba tomar alcohol en las fiestas y cantar cosas rencorosas.

—¡Ay no! ¡¿Tú también Sasuke?!

—Eso fue épico —rió—, al principio me molestó pero ahora que lo recuerdo, fue bastante malo, tan malo que da risa.

—Basta, ya... ¡Sasuke! Lo siento.

Nuestro viaje continuó, pero esta vez fue muy distinto a lo que vivimos en el país de la Miel. Estuvimos repartiendo nuestro tiempo en distintas aldeas de los países antes visitados, sobrevivíamos con el dinero que cobramos por la misión y como siempre, Sasuke procuró que ahorráramos lo más que se pudiera por lo que la mayor parte del tiempo acampamos para dormir.

Cuando decidimos que había sido suficiente de rondar en tierras lejanas, pactamos volver a nuestro continente para tener una mejor y más cercana comunicación con nuestra aldea por posibles misiones que se requirieran.

Garuda fue nuestro aliado en muchos viajes, pero para ese trayecto tan extenso precisamos de un barco otra vez.

Los primeros dos días todo iba de maravilla hasta que una mañana me levanté corriendo al baño para vomitar. Todo me daba vueltas, la comida no me caía bien en el estómago y sólo quería estar dormida. Los siguientes días fue igual o peor, pero me esforcé por no entrar en pánico y pensar que se trataba de un malestar pasajero.

—¿Te sientes mejor? —Sasuke puso un paño húmedo en mi frente.

—Sí, lo siento.

—Me sorprende que a pesar de que has viajado antes en barcos, ahora mismo te pongas así de mal.

—No sé qué me pasa, tal vez fue algo que comí.

—Duerme un poco más, estaré aquí por si me necesitas.

—¿Falta mucho para llegar a tierra?

—Para mañana a medio día debemos estar en el puerto, allí podremos conseguir medicina para que te recuperes.

(...)

Al cabo de unos días comencé a prestarle más atención a los cambios que presentaba mi cuerpo. Mientras Sasuke leía el mensaje que Kakashi sensei envió a través de su halcón, yo hacía cuentas para sacar mis propias conclusiones.

—Mi último periodo fue...

Anoté en un papel la fecha y empecé a recordar, con las prisas, los viajes, el estrés y el paso de los días no presté interés en mí a tal punto que olvidé que mi periodo se había retrasado bastante. El corazón se me aceleró con tan sólo imaginar la posibilidad que mi mente estaba maquinando.

—No puede ser —musité—, tengo que ir a que me hagan un análisis.

—¿Qué tanto haces?

—¿Eh? —Lo miré— Nada, cosas mías... Por cierto ¿qué dice Kakashi sensei?

—Necesita que vayamos a una villa del sur para investigar, tiene la sospecha de que un grupo de inventores están creando armamento parecido al que Tamura utilizó, por lo que debemos conocer si intentan iniciar algún altercado que ponga en peligro la paz que con tanto esfuerzo se consiguió.

—¿Le dijiste que estamos casados?

—No. Tú dijiste que será un secreto hasta que volvamos.

—Bien hecho.

—¿Ya no te duele el estómago? No has comido bien desde hace varios días.

—Me siento bien, pero aún así... ¿Crees que puedas llevarme a un hospital? Quiero verificar algunas cosas, es verdad que soy médica pero de todas formas... No soy experta en todos los ramos de la medicina.

Un análisis de sangre, sólo uno bastó para sacarme de dudas. Leí el resultado en el pasillo de la clínica, Sasuke había ido a comprar suministros para acampar en un bosque.

—Positivo... Entonces es verdad.

Apreté los labios y pegué la hoja a mi pecho para dar un largo y profundo suspiro. Me sentía nerviosa, asustada pero también había un sentimiento de felicidad. Iba a convertirme en madre, Sasuke y yo tendríamos un hijo, uno del fruto de nuestro amor... Y de esa noche desenfrenada en la cabaña.

La cuestión era... ¿Cómo darle la noticia? ¿Lo tomaría bien o se opondría?

Esa noche en el campamento improvisado que hicimos en el bosque, decidí que se lo diría.

Él estaba guardando unas cosas en su mochila sentado frente a la fogata. Discretamente me puse a su lado para mirar el fuego que ardía sobre el tronco.

—Pensé que ya estabas dormida.

—No puedo dormir todavía.

—Inténtalo, vamos a partir temprano y si estás cansada no podremos avanzar rápido.

Tragué saliva.

—Sabes que hoy fui a la clínica ¿no?

—Es cierto, sobre eso... ¿Te dieron medicina? ¿Te sientes mejor?

—Bueno... Fui a hacerme unos análisis de sangre. Llevo varios días con vómito y náuseas, hice algunas cuentas y tenía una duda respecto a mi cuerpo.

—Hmm —siguió enfocado en su mochila—, ¿y te hicieron esos análisis?

—Sí. Incluso me dieron los resultados.

—¿Cómo saliste? ¿Tienes algo?

Miré hacia un lado, de todos modos él no estaba atento a mis expresiones faciales por lo que ni se imaginaba.

—Sí, tengo algo.

—¿Es grave?

—Pues, es algo que no saldrá pronto de mi cuerpo.

—Deja los rodeos Sakura ¿qué enfermedad tienes? Sabes que tenemos que cumplir una misión de Kakashi, si estás enferma no podrás acompañarme.

Al decir eso sentí que el corazón me pesaba, ¿si estaba enferma no podría seguir a su lado? ¡Decirle que estaba embarazada sería enviarme directo a Konoha!

—¿Y bien?

Tomé aire y me abracé, a pesar de que el calor de la fogata era intenso, un extraño frío me empezaba a atravesar la piel.

—Sasuke... Estoy... Estoy embarazada.

Dejó de mirar su mochila para fijar sus ojos en mí, no tuve alternativa más que regresarle la mirada.

—¿Qué?

—Vamos a ser papás.

Esperaba al menos que me dijera que todo estaría bien pero en lugar de eso se puso rígido y se levantó del suelo sacudiéndose el polvo del pantalón.

—¿Estás segura?

—Lo estoy, es una realidad. Si las cuentas no me fallan, nacerá en marzo.

Se dio la media vuelta y miró al cielo, al observar su espalda sentí un nudo en mi garganta.

—Tú... ¿No quieres este hijo?

—Un embarazo a mitad de una misión —dijo—, ¿crees que es conveniente?

Anduvo unos pasos antes de ser detenido por mi voz.

—Espera ¿a dónde vas?

—Necesito caminar un rato, tú ve y duerme.

Se alejó lo suficiente para que la oscuridad perdiera su silueta, y me quedé allí sentada con el alma destrozada. Me mantuve por lo menos unos minutos limpiándome las lágrimas que se formaban en mis ojos, algunas lograron resbalar humedeciendo mis mejillas.

Me sentía vulnerable, si no tenía el apoyo de Sasuke, si él no se sentía entusiasmado con la noticia entonces... ¿Otra vez sería un amor unilateral?

Había considerado ir a dormir pero no lo hice, me levanté y caminé entre los árboles para buscar a Sasuke y hablar claramente con él. El asunto ya no era únicamente de nosotros dos, había un miembro más y si todo aquello implicaba cambio de planes entonces tendríamos que llegar a un acuerdo.

Aunque me sentía con ganas de llorar, contuve mi tristeza y me aferré a la idea que ese pequeño ser dentro de mí sería una fuente inagotable de alegrías para mi vida y la vida de todos los que le rodearan.

Estuve a punto de gritar el nombre de Sasuke ya que la oscuridad me impedía ver claramente, mas, me detuve cerca de un río cuando la luz de la luna me permitió verlo. Estaba sentado sobre una roca y cabizbajo, me escondí detrás de un árbol cuando noté algo raro, su espalda subía y bajaba repetidamente; tardé en darme cuenta de lo que estaba pasando y entonces mis ojos no pudieron evitar humedecerse y hacerme llorar también.

—Sasuke...

El siempre frío, soberbio y egocéntrico Sasuke Uchiha, el que parecía ser más duro que un diamante e insensible hasta los poros, ése mismo estaba llorando lo más discretamente posible porque seguramente no le gustaba llorar frente a los demás para no mostrar su lado débil.

Pero ¿cuál era el motivo de su llanto? ¿Tristeza? ¿Arrepentimiento? o... ¿Felicidad?

Mis piernas no lo soportaron más y salí tras de él para abrazarlo por la espalda; al sentir el contacto de mi cuerpo, dejó de vibrar y se enderezó. Pegué mi rostro a su espalda y me aferré con fuerza a sus costados.

—Sasuke... ¿Por qué lloras? Dímelo.

Mi voz delataba lo mal que estaba yo también. Se mantuvo en silencio obligándome a volver a hablar.

—Estoy asustada, a pesar de que he visto lo fuerte que ha sido Momoka con su embarazo yo... No sé si sea tan valiente como ella. No te niego que anhelé que por lo menos estuvieras feliz con la noticia, aunque no sonrieras ni me elevaras mientras girábamos sobre el pasto.

Hice una pausa y tomé aire para recuperar el estado natural de mi voz.

—Sé que esto es muy repentino, pero por favor, sé sincero conmigo y dime lo que sientes. ¿No quieres al bebé?

Lo oí respirar fuerte tras un espasmo, aunque no pude ver su rostro para entender su expresión.

—Todo esto es tan extraño —manifestó con una voz tan frágil que me provocó nuevas ganas de llorar.

—¿Por qué lo es?

—Porque justo ahora no puedo evitar recordar esas escenas, y revivir ese miedo que sentí cuando vi a todo mi clan masacrado.

—¿Así que es eso? ¿Sientes miedo de perder a tu familia de nuevo?

—Sí... —Jadeó y lo abracé con más fuerza— Sakura, yo no sé, yo no soy como tú. Tú puedes lidiar con todas las emociones, yo apenas puedo relacionarme con los demás... Un hijo, ¡maldición!

Empezó a llorar con tanto sentimiento que cambié de posición para ponerme frente a él y abrazarlo como era debido, él apoyó su cabeza en mi hombro y se aferró a mi cuerpo.

—Sabes que voy a tenerlo y tú, tú serás un maravilloso padre.

—Tienes que volver a Konoha.

—No, me quedaré contigo.

—Sakura, si te pasa algo jamás me lo perdonaré. No pienso vivir esto de nuevo, no voy a soportarlo.

Nuestras miradas se conectaron, nuestros ojos llorosos se vieron por primera vez y encontré un nuevo Sasuke, uno vulnerable y transparente a sus miedos.

—Sasuke... Ya lo he decidido, vamos a permanecer a tu lado —acaricié su rostro—. Bebé y yo no dejaremos a papá.

Arrugó su frente y sus labios temblaron. Una gran lágrima cayó de su mejilla a mi mano.

—No sé cómo ser un buen padre, ni siquiera sé si soy un buen esposo.

—Eres uno muy bueno, créeme —sonreí—. Además, uno de tus sueños era restaurar tu clan ¿no es así? Pues ya diste un paso muy importante.

Respiró hondo cerrando sus ojos, acto seguido hice lo mismo y tomé su mano para entrelazarla con la mía.

—A partir de ahora sólo preocupémonos por el nombre que le vamos a poner. Claro, cuando sepamos si será hombre o mujer.

(...)

Los meses transcurrieron desde aquella noche; Sasuke dejó que continuara en su travesía y aunque mis cambios de humor a veces nos volvían locos tanto a él como a mí, supimos lidiar con eso y otras cosas más que ocurrieron gracias a mi estado.

El vientre me creció -junto con algunas otras partes de mi cuerpo-, y los dolores de espalda se hicieron presentes así como los eternos antojos.

Admiré a Momoka por ser capaz de recorrer grandes distancias a pesar de haber estado embarazada. Las piernas se me hinchaban tanto que me costaba trabajo continuar y descansar apropiadamente.

Cumplimos varias misiones que Kakashi sensei nos encomendó, eso claro, sin que supiera de mi embarazo. A decir verdad, nadie en la aldea sabía todo lo que había pasado desde que dejamos Konoha.

Cuando supimos el sexo del bebé, Sasuke y yo pasamos varios días pensando en un buen nombre, uno que representara cosas buenas y le llenara de orgullo. Fueron momentos de estrés hasta que por fin llegamos a un acuerdo, su nombre sería Sarada, Sarada Uchiha.

"Sa" porque nuestros nombres empiezan con ese carácter. "Ra" porque es el último carácter de mi nombre; y "da" en honor al fallecido hermano mayor de Sasuke, Itachi. Que si bien su nombre no llevaba el carácter tal cual, es una semejanza muy adecuada para recordarlo.

Por lo que según las propias palabras de Sasuke, nuestra hija sería la unión de las personas más valiosas para él y representaría los lazos que pudimos formar.

(...)

Entre cambio de meses y de estaciones, pronto llegó la primavera. Recientemente había pasado mi cumpleaños hasta que llegó el día más temido y a la vez esperado.

Cruzábamos un denso bosque cuando a mitad del camino y en plena tarde me detuve porque la fuente se me había roto. Sasuke se espantó cuando vio lo que acababa de suceder lo vi en su cara que estaba más pálida.

—¡Sakura!

—Sasuke, parece que Sarada ya va a nacer.

—¿Qué? ¿Tan pronto?

—Créeme que no es pronto. ¿No hay un pueblo por aquí cerca? —Pregunté tratando de mantener la calma y mirando alrededor— Si no es así voy a tener que dar a luz aquí mismo.

—Claro que no, vamos.

Me tomó de la muñeca y me jaló tras él.

—¿A dónde vamos?

—Por aquí cerca debe haber una guarida de Orochimaru, recuerdo parte del camino.

No protesté sólo continué. Más adelante empezaron las contracciones y entonces mis quejidos se hicieron notar.

—No puedo, no puedo —dije entre jadeos—. Sasuke ¡me duele! No puedo seguir, no me hagas caminar más.

Sin pensarlo dos veces me cargó entre sus brazos, uno normal y otro creado a través de su susano. Al oír mi grito de dolor dejó de caminar para correr a toda prisa buscando la dichosa cueva.

Escondí mi cara en su hombro y respiré profundamente, las contracciones aparecían cada cierta cantidad de minutos y cada vez eran más intensas.

No me di cuenta cuando llegamos a la cueva hasta que Sasuke me habló y escuché su voz con un sonoro eco.

—Sakura, ¿estás bien? Hemos llegado.

—¿Qué haremos... Ahora? ¿Dónde voy a parir?

—Orochimaru debe tener una habitación con instrumentos y esas cosas donde realizaba sus experimentos y medicinas, sólo tengo que encontrarlo.

Avanzó unos pasillos al interior hasta que se detuvo por el llamado de una voz femenina. Apenas fui capaz de levantar la vista para ver a la chica pelirroja que alguna vez sané con mi jutsu médico.

—¿Sa-Sasuke? ¿Qué haces aquí? —Su vista fue hacia mí, acomodó sus lentes y prestó más atención— ¡¿Eh?! ¿Sakura?

—Karin, necesito que me digas dónde hay una habitación para llevar a Sakura, está a punto de dar a luz y no tengo idea de qué debo hacer.

—¡¿QUÉ?! —Karin pegó su espalda a la pared y miró hacia mi vientre— ¡¿Cómo?! ¡¿Cuándo? Sa-Sasuke... ¡Tú!

No completaba ninguna de sus frases y eso hizo desesperar a Sasuke, lo percibí por su tono de voz.

—¡Rápido! ¡Mi hija está por nacer!

—¿Tu hija?

Los rojizos ojos de Karin me miraron diferente, no era asombro ni odio, eran de comprensión.

—Entiendo, sígueme rápido.

Las contracciones siguieron atormentándome en aquella habitación. Sasuke sujetaba mi muñeca mientras arrugaba su frente y respiraba una y otra vez junto conmigo, no lo había visto así nunca pero tampoco tenía el tiempo de sorprenderme pues estaba en mi labor de parto y los dolores me impedían pensar con claridad.

—Sasuke tienes que salir de aquí —dijo Karin—, voy a encargarme de todo, tú ve y consígueme algunas gasas de la habitación contigua esto puede demorar.

Sasuke me miró y asintió, luego salió de allí dejándome a solas con la pelirroja.

NARRACIÓN XII

A Karin le temblaban las manos y veía a todos lados buscando los instrumentos necesarios para llevar a cabo su tarea lo mejor posible. Todavía estaba afectada emocionalmente por la repentina noticia de saber que Sasuke y Sakura serían padres pero algo en su interior le tranquilizaba moderadamente haciéndola pensar que posiblemente esa criatura sería la razón que llenaría el corazón del Uchiha.

—Mira Sakura te seré sincera —habló tratando de calmar su voz y captando la atención de la mujer—, sólo he ayudado en partos de gatos y perros, de allí a saber a ciencia cierta cómo es un parto en humanas, sólo pude ver un poco cuando una partera ayudó a una mujer de mi clan hasta que me descubrieron y me echaron del lugar. Así que si todavía puedes pensar y sabes de esto, te pido que me des indicaciones.

—Revisa mi dilatación —dijo Sakura entre gemidos de dolor—, de allí podemos empezar. No tengo noción del tiempo pero creo que mis contracciones han aumentado en las últimas horas y —hizo un gesto de angustia—, tienen mayor duración...

Karin revisó a Sakura y comenzó a medir la dilatación.

—Pues ya llevas cerca de 8 cm, ¿te duele mucho?

—Es horrible —lloriqueó.

—Respira profundo y tranquilízate ¿sí? ¿Necesitas a Sasuke aquí? ¿Quieres que se quede a tu lado cuando empecemos con el parto?

—Está bien, prefiero que se quede afuera no quiero asustarlo.

—¿Sasuke asustado? —Para Karin eso no sonaba bien en una misma frase.

—Aquí están las gasas.

Sasuke regresó a la habitación y rápidamente puso el material sobre una mesa de metal.

—Sasuke, dale ánimos a tu mujer mientras yo preparo los instrumentos que utilizaré para cortar el cordón umbilical y limpiar al bebé. Todavía debe estar en la primera fase y podría tardar unas horas más en dar a luz por ser madre primeriza... ¿Lo eres no? —Miró a la pelirrosa y ésta asintió— Muy bien, discúlpenme unos momentos.

Karin salió de la habitación al notar que le faltaban varios instrumentos y aprovechó para despejar su mente y tranquilizarse pues los nervios también se apoderaban de ella.

Sakura tuvo otra contracción y Sasuke tomó fuerte su muñeca pensando que de ese modo podía lograr que ésta sintiera su apoyo moral.

—Si es tan doloroso ¿por qué no haces algo? ¿No puedes quitar esos malestares de tu cuerpo?

—Oh Sasuke... Créeme que no puedo hacerlo, necesito mi energía y chakra para cuando llegue el momento de pujar. Le he dicho a Karin que tú puedes esperar afuera, no quiero que veas lo que sucederá.

—¿Vas a estar bien? Yo no soy médico pero tal vez me necesites.

—Tú no quieres ver esto —Sakura respiró hondo—, te puede traumatizar. He sabido de casos donde los esposos se desmayan cuando presencian el nacimiento de un bebé.

Sasuke no insistió, pues parte de él estaba lo suficientemente asustado como para terminar inconsciente en el suelo frente a dos mujeres, eso sería bastante humillación.

El tiempo pasó y con ello llegó la segunda etapa del parto: el nacimiento.

Sasuke esperaba afuera de la habitación recargado en la pared, no recordaba haber estado así de nervioso alguna vez en su vida. Escuchaba la fuerte voz de Karin pidiéndole a Sakura que pujara con más fuerza y a su esposa haciendo todo lo posible.

—¡Ya viene su cabecita! ¡Puja más Sakura!

Sasuke apretó el puño y frunció el ceño, oír todo aquello le estaba ocasionando sentir casi un dolor parecido al que Sakura experimentaba. Respiraba hondo para tranquilizarse y caminó de un lado a otro.

—Lo haces bien, lo haces bien.

Oyó a Karin repetir, luego de unos minutos de silencio un sonido en particular lo despertó de su tormento interno. Alzó la cabeza cuando escuchó ese llanto dentro de la habitación y la voz de la pelirroja felicitando a Sakura por su gran esfuerzo.

—¡Ya nació, Sakura! ¡Lo hiciste bien!

Las piernas del Uchiha temblaron tanto que su espalda recorrió la fría pared para terminar sentado en el suelo agradecido de que todo ese martirio hubiera acabado.

Karin limpiaba a la bebé y destaponaba sus fosas nasales, ella fue la primer persona en ver a la nueva Uchiha y tenerla en sus brazos era más tierno de lo que llegó a pensar.

—Así que tú serás quien vea esa sonrisa de Sasuke —Karin sonrió y acarició su rosada carita.

—Quiero verla —dijo Sakura recuperando el aliento—. Tengo que examinarla y asegurarme de que está en perfectas condiciones.

Karin envolvió perfectamente a la niña en una sábana y la llevó directo a los brazos de la madre.

—Por ahora sólo cárgala y ve a tu hija, no gastes la poca energía que te queda recuerda que has quedado débil y no queremos tragedias.

Sakura tomó a la niña con tanto cuidado y fragilidad para después depositar un beso en su frente.

—Hola Sarada, ya por fin estás con nosotros.

—Así que se llamará Sarada ¿eh? —Karin se cruzó de brazos— Es un buen nombre.

—Lo es. Fue más idea de Sasuke que mía —Sakura rozó su nariz con la cabecita de la bebé—. Gracias Karin.

—¿Por qué me agradeces?

—Por ayudarme a traer al mundo a mi hija, por permitirnos estar aquí.

—Sabes, nunca he tenido rivalidad contigo a pesar de que también me interesé en Sasuke... Al final tú has ganado su corazón y sentir que su chakra ya no es oscuro y frío me da paz y tranquilidad, eso es todo lo que quería de él.

—Entiendo.

—Bueno, le hablaré para que venga a conocer a su hija.

Después de decir aquello la puerta se abrió dejando ver a un Sasuke relajado y serio, imagen que le costó conseguir con rapidez.

Karin no dijo nada, sólo miró a Sakura y sonrió para luego dejarlos a solas.

—Ven, acércate para que la conozcas —dijo la pelirrosa.

Sasuke caminó hacia ella y se mantuvo recto mirando a Sarada desde su altura.

—Se parece a ti, ella nació con algunos cabellos y por lo visto son negros... No hay ninguna fibra rosa.

—¿Es normal que sea así de pequeña?

—Karin dijo que pesa 2.9 kilogramos, creo que es un buen peso. ¿Quieres cargarla?

—No creo que sea una buena idea, sólo tengo un brazo y no deseo que pase un accidente.

Sakura rió.

—Por lo menos tócala, no va a quebrarse. Mira Sarada, es papá.

La bebé abrió sus ojos al momento que Sasuke rozó su mejilla con el dedo índice. En el corazón del Uchiha había nacido un sentimiento nuevo, uno al cual no pudo darle explicación y aunque no se lo dijo a Sakura, supo que tenía una vida más para proteger aunque ello implicara arriesgar la propia.

—Gracias —pronunció aún viendo a su hija.

—¿Por qué? —Preguntó Sakura.

—Tú sabes la razón.

—En ese caso... Gracias a ti, también.

—No sé cuidar de un bebé —Sasuke acarició la cabecita de Sarada—, soy algo tosco y agresivo.

—Vas a poder, se trata de tu hija y la quieres más que a nadie, incluso está bien si la quieres más que a mí.

Sasuke sonrió derritiendo el corazón de Sakura.

—Nada de lo que has visto hasta ahora se lo cuentes a los demás —pidió—, será nuestro secreto.

—Descuida, no me interesa hablar de nuestra intimidad. Ahora soy madre y velar por el bienestar de mi hija es lo primordial en mi vida.

—Hmm... Lo es.

Después de mucho tiempo, algo en el corazón de Sasuke se derritió dando paso a una nueva forma de amar.


Éste es el penúltimo capítulo, el capítulo final lo publicaré mañana. Muchas gracias por todo y ¡Feliz Navidad!