30 de agosto, 22:22h- En el hospital (Punto de vista de Diego)

Venoma ha estado toda la tarde viendo El Samurái de Acero al son del rock de The Gavinners, mientras comía bocaditos y golosinas y lo compaginaba con hacerse mil peinados con mil accesorios. ¡Ja…! Le han gustado los regalos.

Tampoco se ha separado de sus dos nuevos peluches. Me dijo que los cuidaría muy bien… Cuando volviese al orfanato.

Estuve, junto con mi gatita Mia, jugando toda la tarde con ella, como se convirtió en menester después del juicio. Para merendar, le enseñé a usar la cafetera. Ya lo sabrá para un futuro. Después de la merienda, jugamos a juegos de mesa y charlamos animadamente.

Es un poco tarde, y no quiero que haga esfuerzos innecesarios, por lo que le aconsejo que se vaya a dormir. Antes, sin embargo, le preparo una taza de leche caliente con chocolate, tal y como le prometí.

-Está muy buena, señor Armando. Es mejor que la que llevaba el veneno dentro, ¿No?

-¡Ja…! Por supuesto que sí. Vamos a brindar, por tu victoria doble a la muerte. ¡Salud!

-¡Salud!-chilla Venoma, sonriendo.

-Salud.-añade Mia, apuntándose con una taza de café descafeinado que le he preparado.

Después de chocar nuestras tazas de la victoria, damos un largo trago a nuestra bebida.

-Es fantástico. Me siento muy a gusto con ustedes, y me siento muy relajada, a pesar de que mañana vuelvo a empezar con la rutina de nuevo…-murmura Venoma, esto último algo más paulatinamente.

-¿Estás segura de que quieres volver al orfanato?-le pregunta Mia, con tacto.

-Sí, sí, claro. Y ustedes seguirán su camino, siendo los mejores abogados de toda la historia. Yo seré vuestra mayor fan.-nos promete Venoma.

¿Solo una "mayor fan"? No lo encuentro suficiente…

-En fin, podemos ir a verte de vez en cuando.-propone Mia.

-¡Ja…! Claro que sí. Y siempre puedes pedirnos lo que sea. Estaremos encantados de ayudarte, Venoma.

-No… No lo olvidaré. Ni a ustedes tampoco. Son dos cielos de personas.-nos dedica Venoma, con una carita dulcísima y humilde.

-Bueno… Diego te ha preparado esa tacita de leche calentita, déjame que te haga un regalo yo también, como muestra de afecto.-me pide Mia.

-¿Otro regalo? Me miman demasiado, ja, ja.

-Sé que… Hace un tiempo, pasé a mejor vida, ya me entiendes. Pero quiero que tengas esto, para que sepas que siempre estaré contigo, aunque no me puedas ver.

Después de decirle esto, Mia le cuelga del cuello su Magatama morado. Le sienta tremendamente bien.

-Pero… ¡Señorita Mia! ¡Es demasiado, no puedo aceptar algo con tanto valor para usted!

-¿Con tanto valor? Venoma, cariño, el Magatama no es lo valioso, sino lo que representa. La familia. Estamos muy unidos, somos como una gran familia. Como me pasa a mí con el Magatama. Es de la familia Kurain, mi familia. Considéralo un… Amuleto de la buena suerte, para encontrar la felicidad.

-Oh… En ese caso… ¡Lo cuidaré muy bien! ¡Gracias, señorita Mia!

Mia y Venoma se abrazan cálidamente.

-¡Y a usted también, señor Armando! ¡Son geniales! ¡Les quiero mucho!

No puedo evitar unirme al abrazo. Tampoco puedo evitar meditar sobre Venoma.

-Buenas noches, Venoma.-le desea Mia.

-¡Ja…! Que descanses, angelito de café.-complemento yo, con otro de mis símiles.

-Buenas noches…

Venoma se acomoda en su cama, y cierra los ojos. Para no perturbar su sueño, apagamos la luz. Con la luz de la luna (ya blanca) Mia y yo ya podemos vernos suficientemente bien.

Mi gatita y yo charlamos en voz baja sobre todo lo que ha ocurrido: el caso, el envenenamiento, los disfraces (de todos los que se ha hablado), de nuestro reencuentro…

Y el tema del porvenir a Venoma debe salir a la luz de la luna por fuerza.

-No sé si será buena idea que después de todo lo que ha vivido se vuelva al orfanato. No quiero que vuelva a sufrir.-le comento.

-Es cierto, pero… Es la voluntad de Venoma. Si ella lo quiere así, no podemos decirle que no, Diego. Si ella es feliz así, dejémosla.

Oímos un ruido que nos interrumpe. Es una respiración fuerte. Es Venoma, desde su cama. Quizás esté teniendo una pesadilla. No deja de hiperventilar. Decidimos acercarnos para comprobar que todo esté bien.

Al acercarme, la veo acomodándose en la manta en sueños, después de seguir el acto reflejo de rascarse la nariz y frotarse la mejilla.

Miro a Mia, y no parece compartir mi tranquilidad.

-No me extraña que no hayas dicho nada. Es cierto, no puedes verlo.

-¿…? ¿Qué ocurre, gatita?

-La cara de Venoma. De la mejilla le cae un fino riachuelo de sangre.

-¿Sangre? ¿Está sangrando?

-No, Diego. Está…

Mia hace una pausa apoteósica.

-Está llorando. Venoma está llorando.

-¿Llora? Pero… Claro, ahora lo entiendo.

Me acuerdo de algo que noté hace unos días, y entiendo todo.

-Es una buena abogada en prácticas, Diego. Y como tal, sabe que un abogado solo llora cuando todo ha terminado. Quizás… Crea que todo ha terminado para ella.-finiquita Mia, con dolor.

-¡Ja…! Qué va, no todo terminará para ella. Ahora lo veo todo claro. "Cuando una persona llora es porque no es feliz" "Y si veo que un ser querido no es feliz, lucharé para hacerle feliz" Es una de mis reglas.

-Sí, ¿Pero…?

-Solo hay un modo de hacer feliz a la pobre Venoma.

Ahora, ambos hablamos a la vez.

-Demostrarle que debajo de su disfraz hay una persona muy importante.

-¡Ja…! Exacto. Y sé qué debo hacer. Cuida de ella. Enseguida vuelvo.

Me hago un termo de café en la cafetera de la habitación y me voy a cierto sitio. Es algo tarde, pero espero que todavía esté a tiempo. Va a ser un proceso largo, pero lo lograré.

Venoma, mañana serás feliz, y volverás a sonreír. Es una de mis reglas.