Justo cuando James y Lizzy terminaron de contar su historia y Victoire suspiraba emocionada – le encantaban las historias de amor con final feliz y le alegraba muchísimo que James hubiera, por fin, sentado cabeza –, un chico se acercó a la morena, interrumpiéndolos. Los dos rubios y el metamorfamago decidieron dejarla tranquila y se marcharon, pero James no se movió de su sitio.

- Lizzy! Bellissima! – Era un chico de unos veintipocos años, alto, moreno, con algunos músculos, los ojos verdes claros y el pelo castaño. Le dio dos besos a la chica, que sonrió con amabilidad.

- Giorgio! Come stai?

- Molto bene e tu? – Respondió cogiendo a la chica del brazo y haciéndola girar sobre sí misma.

- Bene, grazie! – Miró a James, que observaba la escena con una ceja enarcada y tuvo que reprimir una carcajada. – Giorgio, lui è James Potter, un amico. James, este es Giorgio Cavalli, el hijo del representante del gobierno italiano en el Reino Unido y un viejo amigo de la familia.

- Piacere di conoscerti, James. – El italiano le tendió la mano al mayor de los Potter que se la estrechó mientras le dedicaba una sonrisa falsa.

- ¡Elizabeth, por fin te encuentro!

Una mujer mayor, de aspecto elegante y estirado se acercó a ellos con una radiante sonrisa. La chica suspiró, pero también sonrió. A pesar de todo, la quería mucho.

- Hola, abuela. – La saludó, dándole un beso en la mejilla y un abrazo.

- Estás guapísima, sabía que este vestido te sentaría bien.

- A ella le queda todo bien. – Dijo Giorgio con su acento italiano, haciendo que Lizzy se sonrojara y James se mordiera la lengua. ¿Pero de qué iba ese tío?

- La ves con buenos ojos, Giorgio. – Dijo Charlotte Collins tras guiñarle un ojo.

- ¿Me da su permiso para sacar a su nieta a bailar, señora Collins? – Pidió el chico con tono respetuoso.

- No necesito su permiso para bailar con quien quiera. – Lizzy puso los ojos en blanco.

- Pero siempre debería pedirse, es cuestión de modales, cariño, tú eres una dama. – La mujer sonrió. – Por supuesto, que os divirtáis.

- Ahora nos vemos, James. – Murmuró Lizzy mientras Giorgio la cogía de la mano y la arrastraba a la pista de baile.

El pelinegro suspiró. Iba a marcharse justo cuando la mujer habló de nuevo.

- No te conozco de nada, Potter, pero quiero que te mantengas alejado de mi nieta.

- ¿Disculpe? – La miró sin comprender. Era la primera vez que la veía en su vida y no entendía qué tenía en su contra.

- Lo que has oído, mi Elizabeth no es una cualquiera a la que puedas meter en tu cama, tengo grandes planes para ella. – La señora Collins lo miró con gesto serio.

- Lizzy tiene 17 años, creo que es mayorcita para saber lo que hace. – Se atrevió a replicar, molesto.

- No, no lo es, yo sé qué es lo mejor para ella y tú no lo eres, así que lo mejor será que no me entere de que sigues rondándola de esta forma, ¿todo claro?

Iba a replicar cuando otra voz anciana lo interrumpió, justo a tiempo para calmar sus ánimos.

- Charlotte, querida, tu hijo te está buscando. – Dijo la señora Douglas con su habitual sonrisa amable.

- Gracias por avisarme, Anne. – Le dedicó una última mirada de advertencia a James antes de irse y este suspiró.

- Charlotte acaba de amenazarte, ¿me equivoco? – Preguntó al chico, sorprendiéndolo.

- Bueno… esto… yo… - No sabía qué contestar. ¿Qué se supone que le dices a la abuela de tu novia en una situación así?

- Simplemente ignórala. – Le aconsejó, riendo. – Yo apuesto por ti.

- ¿Cómo? – Ahora sí que no entendía nada.

- Sé que quieres a mi nieta, he visto cómo la miras. – Le explicó haciendo que él palideciera un poco. Así que no habían sido imaginaciones suyas y aquella mujer sabía lo que pasaba. – También he visto cómo ella te sonríe, así que supongo que es cuestión de tiempo. Me gustas mucho para ella, eres un buen chico y sé que no vas a hacerle daño.

- Nunca dejaría que algo malo le pasara. – Confesó él.

- No hace falta que la protejas, se puede defender ella solita. – Replicó la mujer y James sonrió. Ya sabía de dónde había sacado aquella faceta Lizzy.

- Gracias por su apoyo, señora Douglas.

- De nada, James. – Sonrió. – Solo quiero lo mejor para ella, además, cuando digo que apuesto por ti, hablo literalmente, mi marido y yo hemos hecho una pequeña apuesta y creo que, o no conoce bien a nuestra nieta, o tiene muy poca fe en ella. Ese italiano lleva años fuera de juego, por mucho que Charlotte se empeñe no conseguirá nada. En realidad me da un poco de pena, pero así es la vida. – La mujer negó con la cabeza y James rió. – Anda, vete a bailar con ella, te está esperando.

James miró hacia Lizzy y vio que la miraba con las cejas alzadas, sola en el centro de la pista. No tardó en acercarse a ella, envolverla con sus brazos y comenzar a bailar. Estuvieron un rato moviéndose al ritmo de la música, hasta que ella se acercó a su oído para murmurar algo.

- En cinco minutos, en los baños de la planta de abajo, ¿sabes llegar?

- Creo que sí. – Murmuró él.

- Pues ahora nos vemos.

Lizzy se separó de él, le guiñó un ojo y se dirigió a la salida. James negó con la cabeza. Desde luego, aquella chica y su familia iban a volverlo loco.


Harry Potter miraba a su hija pequeña con cara de enfado, mientras Ginny y Luna, a su lado, contenían la risa.

- ¿No vas a decirle nada? – Le dijo, finalmente, a su esposa.

- ¿Por qué debería?

- Tiene 14 años y Lorcan 17, se está aprovechando claramente de ella. – Se quejó mientras su hija seguía bailando muy pegada al chico. – ¡Tenemos que hacer algo!

- Harry déjala, solo están bailando. – Intervino Luna a favor de su hijo. – Además, Lorcan es muy responsable, no le haría nada a Lily.

- ¿Esperas que me crea que solo bailan? – Negó con la cabeza. No podía apartar la vista de su hija, que se puso de puntillas y susurró algo en el oído del chico. Él sonrió y, de repente, la besó. Aquello fue la gota que colmó el vaso. - ¡Lily Luna Potter!

- Papá, quiero presentarte a mi novio. – Dijo la chica, tirando de Lorcan y dedicándole a Harry una gran sonrisa. – Lorcan y yo estamos saliendo, oficialmente.

- Tienes solo 14 años, no puedes tener novio, no te dejo.

- Harry, por favor, ¿de verdad crees que va a hacerte caso? – Ginny puso los ojos en blanco. Su hija tenía mucho carácter y era consciente de que iba a salir con quien quisiera, cuando quisiera. Como había hecho ella. – A mí me alegra mucho que estés saliendo con alguien como Lorcan, es un muy buen chico.

- Gracias, señora Potter.

- Te he dicho mil veces que me llames Ginny. – Ella puso los ojos en blanco. - ¡Luna vamos a ser consuegras!

- Yo creo que Lily es muy buena niña, bueno, ¿qué voy a decir yo siendo su madrina? – Luna sonrió y se marchó a buscar a su marido. – Rolf tiene que enterarse.

Harry refunfuñó sin comprender cómo todos podían estar tan contentos con aquella relación y sin querer creer que su pequeña pelirroja, ya no fuera tan pequeña.


Molly miraba a Will de forma distraída, ignorando lo que Dominique le contaba en aquel momento. Suspiró. Ojalá volviera a hablar con ella, ojalá no le hubiera dicho nada y todo siguiera siendo cordial entre ellos.

- Oh, por favor, ya está bien. – Se quejó la pelirroja poniéndose de pie.

- ¿Qué haces?

- Solucionar esto de una vez, voy a hablar con Wood.

- ¡No, por favor, Dom! – Respondió su prima.

- Me da igual lo que digas, voy a dejarle un par de cosas claras.

- Dom, por favor.

- ¡No te va a servir de nada!

Molly no argumentó nada más mientras Dominique se alejaba. Sabía que no lograría convencerla, solo podía esperar. La chica llegó hasta Wood y le dio un par de toques en el hombro, llamando su atención.

- ¿William Wood, verdad?

- Sí. – El chico arrugó la frente.

- Soy Dominique Weasley, la prima de Molly, no sé si te acuerdas de mí.

- Sí, te recuerdo. – Él asintió lentamente. - ¿Pasa algo?

- Mira, voy a ir directa al grano, Will. – Empezó a decir la chica, cruzándose de brazos. – A mi prima le gustas mucho y tú estás siendo muy injusto con ella. Sé por qué no quieres salir con ella, Molly es mi yo de hace cuatro años, le encanta salir por ahí, divertirse, tontear con chicos… Su plan era no enamorarse pero, amigo mío, lo ha hecho y, una vez que a una Weasley se le mete algo entre ceja y ceja, no parará hasta conseguirlo. – Dominique no pudo evitar sonreír al ver la cara de desconcierto del chico. – Te lo digo yo, que pasé por lo mismo que ella. Mi novio tampoco quería salir conmigo por el hecho de ser yo y ahora estamos más felices que nunca.

- Creo que…

- Déjame terminar de hablar. – Lo cortó. – No hace falta ser muy listo para darse cuenta de que ella te gusta o, al menos, te atrae. Te parece guapa y simpática, estoy segura de ello.

- Ya hablé con Molly y le dejé claras las cosas. – Dijo finalmente él, negando con la cabeza.

- No eres uno más para ella, te quiere de verdad.

- Eso ninguno de nosotros puede saberlo, Dominique.

- Yo sí y ella también. – Giró la cabeza para mirar a su prima, que tenía la frente arrugada. – Sácala a bailar.

- ¿Qué?

- Lo que has oído y no es una sugerencia, más bien es una orden. – La pelirroja sonrió y descruzó sus brazos. – Os lo pasaréis bien y así tú también podrás darte cuenta de que no eres un capricho para ella.

- No voy a darle falsas esperanzas.

- Un baile no le hará daño a nadie. Vamos.

Will se quejó por lo bajo, pero finalmente se dirigió hacia Molly y le preguntó si quería bailar con él. Esta, sorprendida, aceptó con los ojos iluminados. Roger se acercó a Dominique y la abrazó por la espalda.

- ¿Cómo sabías que lo haría?

- No tenía ni idea. – Confesó ella. – Le he soltado el mismo rollo que a ti, supuse que volvería a funcionar.

- A veces me sigo preguntando cómo acabé saliendo contigo. – Él puso los ojos en blanco y Dom sonrió.

- Pues porque soy la mejor del mundo, preciosa, ideal, majísima y, lo más importante, estás completamente enamorado de mí. – La pelirroja se giró, deslizó sus brazos sobre los hombros del chico y lo besó con ternura.

- Supongo que eso será. – Contestó él sonriendo. - ¿Bailamos?

- Claro, vamos.


- ¡Albus! ¡Rose!

- ¡Hagrid! – Los dos chicos dejaron de bailar y corrieron hacia el semigigante, que acababa de llegar a la fiesta. - ¡Qué alegría verte!

- No sabía que llegaba tan tarde, me he entretenido con unas nuevas criaturitas a las que estoy cuidando. – Se excusó él mientras los abrazaba. - ¿Dónde están vuestros padres?

- Pues… - Rose los buscó entre la multitud y en seguida los encontró. Estaban junto a Harry, que discutía con Lily. – Allí están.

- ¿Qué le pasa a tu padre, Albus? – Preguntó el hombre comenzando a andar hacia allí seguido de los dos chicos.

- Tiene que ver con mi hermana, pueden ser demasiadas cosas. – Contestó el chico, poniendo los ojos en blanco. – Ahora nos enteraremos.

- Seguro que no es nada. – Rose trató de quitarle importancia al asunto, aunque si su tío se había enterado de lo de Lorcan… Cuando llegaron hasta ellos, fue la primera en hablar. - ¡Mirad quién ha llegado!

- Hola a todos. – Saludó Hagrid con una sonrisa. Todos respondieron entusiasmados, excepto Harry, que se limitó a gruñir un poco. - ¿Qué ocurre, Harry?

- Es un exagerado, no te preocupes. – Dijo Ginny con una sonrisa.

- ¡No soy un exagerado! – Se defendió el hombre, que acababa de darse cuenta de la presencia de su hijo mediano. – ¿Tú no sabrías nada de esto, verdad Albus? ¿Y dónde está tu hermano? ¡Teníais que habernos avisado!

- Yo no tenía ni idea. – Mintió él.

- ¿Y James?

- No lo sé, hace rato que no lo veo. – Albus se encogió de hombros. – Estará con Lizzy en alguna parte.

- ¿Por qué con Lizzy? – El hombre arrugó la frente y el pelinegro se mordió la lengua. Quizás no debería haber dicho eso.

- Porque siempre están juntos, tito. – Intervino Rose. – De todas formas, Lily es ya mayorcita y sabe lo que hace.

- ¡Rose, no digas eso! – Exclamó su padre. – Tú tienes ya 17 años y yo reaccionaría igual si tuvieras novio.

La pelirroja soltó una carcajada nerviosa consciente de que tarde o temprano tendría que decirle la verdad. Por suerte para ella, un hombre muy mayor se acercó a ellos con una gran sonrisa en la cara.

- ¡Hermione Granger, Ginny Weasley y Harry Potter! – Exclamó. – Algunos de mis alumnos preferidos.

- Profesor Slughorn. – Hermione le dedicó una amable sonrisa. – Qué agradable sorpresa, me alegra mucho volver a verlo.

- A mí también, chicos. – El hombre volvió a sonreír. - ¿Y quiénes son estos encantadores jóvenes?

- Esta es mi hija Rose. – La presentó la mujer. La chica le estrechó la mano al hombre.

- Vaya, ¿eres tan inteligente como tu madre?

- Lo intento.

- Lo es. – Albus le dedicó una media sonrisa al decir aquello.

- ¿Y usted es?

- Albus Severus Potter. – Se presentó. – El hijo de Harry y Ginny.

- Tienes los mismos ojos que tu abuela Lily.

- Me lo han comentado. – El chico volvió a sonreír.

- ¿Y esta encantadora señorita?

- Lily Luna Potter. – La chica relajó su gesto y sonrió un poco.

- Te pareces mucho a tu abuela. – El antiguo profesor suspiró, recordando a una de sus alumnas predilectas. – Seguro que eres una bruja de talento excepcional como ella, ¿qué tal se te da Pociones?

- Es mi asignatura favorita.

- ¡Maravilloso! – Slughorn dio una palmada. – No entiendo por qué parecías tan enfadado con esta agradable señorita, Harry. – Puso los ojos en blanco. - ¿Queréis que os cuente cosas sobre vuestra abuela, chicos? Conozco muchas anécdotas de vuestros abuelos, seguro que os gustará escucharlas.

Albus y Lily asintieron y se dirigieron hacia una mesa con el anciano profesor. La pelirroja sonreía ampliamente. Se había librado de la charla de su padre e iba a descubrir cosas nuevas sobre su familia.