Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, provienen de la bella imaginación de la hermosa Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, ya que a mi loca cabecita le encanta soñar despierta.


Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite . fanfiction)


—¡Eric, más te vale que estés limpiando ese basural que tienes como habitación! —gritó Edward, pasando por el pasillo con la colcha de su cama en los brazos. Bajó las escaleras hacia el cuarto de lavado. Ahí, al girarse para tomar el detergente, se encontró con Jane sosteniendo una revista en las manos. No lo pudo evitar. Esbozó una gran sonrisa al reconocer la fotografía de portada. Eran él y Bella, con sus atuendos de fiesta en el jardín de la casa en donde hicieron el photoshoot. Frente a frente pero mirando a la cámara con rostros serios, ella lo tomaba de las solapas de la camisa mientras él sostenía las muñecas de ella. El titular decía: EDWARD CULLEN E ISABELLA SWAN hablan de lo que significó para ellos trabajar juntos. Edward tomó el ejemplar en sus manos—. ¿Cuándo llegó?

—El mensajero la acaba de traer —masculló Jane en respuesta—. Pensé que la habían cancelado.

—Sí, yo igual. Gracias.

Jane asintió.

—No soy una bruja, Edward. Pese a todo, realmente te quiero.

Edward suspiró. Jane había comenzado a bajar la guardia cuando Bella comenzó a hacerse ver con Christopher, justo como esperaban que sucediera. Mostraba más a la Jane que a él le atrajo al principio, hacía unos años, con la esperanza de que Edward volviera a enamorarse de ella y avanzara ahora que Bella también lo había hecho. Era una lástima para ella que Edward solo viera a la chica desalmada que hizo que Riley abusara de Bella, y que lo chantajeó para tenerlo de vuelta.

—Sabes que el sentimiento no es mutuo, Jane.

Jane torció el gesto.

—Se está haciendo tarde —escupió la chica, saliendo del cuarto.

—Auch —exclamó Eric, llevando su canasto de ropa sucia. Edward rodó los ojos.

—No me voy a disculpar, Eric.

—Por supuesto que no, ni siquiera me atrevería a sugerirlo. ¿Tienes idea de la cantidad de cosas que yo he querido decirle? Como sea. A ver —dijo, quitándole la revista—. Bells se veía increíble como rubia, pero ahora de pelirroja es… Uff.

—Más respeto, niño —lo regañó, volviendo a tomar el ejemplar.

—Muévete, que tenemos que llegar con tía Liz y el resto de la familia feliz. Lo cual quiere decir que Bella no irá. ¿Listo para la decepción?

—Solo cierra la boca. Vámonos.

Jane pidió que la familia Masen cooperara, eso incluía reuniones familiares de domingo, como esa que tuvieron con los Swan en el restaurante mexicano después del anuncio de Cannes. Muy a su pesar, Liz, Collin y Maggie aceptaron, incluso Ava, Tammy y su madre eran metidas en el paquete. Jane quería que el mundo de fuera viera a una familia unida gracias a ella, le daba igual que fuera en base a un chantaje.

Extrañamente, cuando llegaron a la casa vieron a las chicas de un humor excelente, nada comparado con las caras largas y los desplantes con los que solían recibir a Jane. A los cinco minutos, se olvidaron de su presencia, o al menos eso parecía con lo animadas que estaban.

No tardaron en descubrir por qué.

—¡Ya llegó! —gritó Maggie, dando brinquitos.

—¡Collin, chicas, ya llegó! —avisó Liz, con una enorme sonrisa en el rostro.

—¿Quién? —preguntó Carlisle.

—¡BELLSIE! —exclamó Maggie, abriendo la puerta después de que sonara el timbre.

—¿¡QUÉ!? —gritaron Jane y Esme.

Maggie no soltó a Bella ni para dejarla entrar. Ava y Tammy bajaron las escaleras corriendo y se unieron al abrazo. Bella lanzó unas risitas, zafándose de los seis brazos que la tenían atrapada. Detrás de ella, entró Christopher.

—Hola. Perdón por la tardanza. Pasamos por una pequeña exigencia… es vegano —rio Bella, señalando a Christopher.

—No importa, está bien. Nos alegra que decidieras venir —respondió Liz, dándole un abrazo—. Tú debes ser Christopher.

—Así es, señora Masen.

—Llámame Liz. Él es Collin, mi prometido, y ellas son Maggie, Ava y Tammy. Al resto ya debes haberlos visto en Toronto.

—Así es. Es un placer conocerlos.

—El placer es todo nuestro —sonrió Collin—. Bellu es parte de la familia, lo que le hace feliz, a nosotros nos hace felices.

Bella sonrió.

—Bueno, ustedes vayan saliendo al jardín, yo me llevaré a esta jovencita porque un pajarito me contó que hace unas mimosas exquisitas.

—Sí, eso dicen —respondió Bella, siguiendo a Liz hacia la cocina. Edward detuvo a su hermanita a medio camino hacia el jardín.

—¿Por qué no me avisaste que vendría?

—Lo olvidé.

—Magsie…

—Edward, Jane tiene que entender que Bella es parte de esta familia. A ti te puede manejar todo lo que quiera, pero no a nosotros.

—Yo nunca les pedí que se alejaran de Bella…

—La razón por la que no te avisamos fue porque no queríamos que Jane lo supiera, ¿contento?

Edward suspiró.

—Perdón —le dijo—. No sé por qué los hago pasar por esto.

—Porque eres un idiota, pero está bien, ya nos acostumbramos.

—Vamos afuera, enana —rio él, empujándola. Jane fue lo primero que vio al salir. Un resoplido se le escapó.

—Quiero que se vaya.

—No puedo hacer eso.

—Claro que puedes, es tu casa.

—Es casa de mi madre, Jane.

—No me importa, quiero que esa se vaya.

—Lo siento, pero esta vez tendrás que conformarte con lo que hay y aceptar que ella es parte de esta familia.

—¡LES DIJE QUE SE ALEJARAN DE ELLA! —gritó, llamando la atención de todos. Edward lanzó unas risitas.

—Cuidado, Jane. No olvides que les pediste a las chicas que documenten y compartan en sus redes todo lo que pasa en estas reuniones. No dejes que el mundo sepa cómo lograste volver.

Jane se quedó ahí, enfurecida, mientras Edward iba con Collin que se encontraba junto a las cervezas. Tomó una y se la lanzó a Christopher, varios pasos alejado de ellos. Con eso, se animó a acercarse.

—Compórtate —le dijo Collin.

—Por supuesto —respondió Edward, abriendo su cerveza—. Qué bueno que viniste, Christopher —le dijo, bebiendo un trago de su botella.

—Gracias. Bella me convenció, yo no creía que fuera correcto. Aún no me lleva a conocer a sus padres…

—Por eso no deberías preocuparte. Sus padres saben que no es tan fácil viajar para ella, de hecho, tiene que pedir permiso con un mes de anticipación, o quizás más. No sé si te has fijado en lo detallista que es con las fechas; se acostumbró a planear viajes mucho tiempo antes de confirmarlos. Tú debes saber acerca de eso. Estás en tu residencia, ¿no?

—Sí.

—Tuviste que hacer muchas promesas para que te permitieran viajar a Toronto…

Collin frunció el ceño, mirando a Edward. ¿A dónde quería llegar?

—Solo… pedí días libres.

—Ah, que bien. Sencillo —sonrió—. Esa es la última palabra que usaríamos para describir nuestra vida: "sencilla". No sabes lo mucho que Bella se esforzó por acostumbrarse, y hacer su trabajo una prioridad. Pero vaya que lo hace una prioridad —dijo. Collin apretó los labios al tiempo que Christopher daba, nervioso, el primer trago a su cerveza, para después hacer un gesto cuando la probó—. ¿Ocurre algo con la cerveza?

—No es de la que suelo tomar. Supongo que solo debo acostumbrarme al sabor.

—Es la favorita de Bella. ¿No te roba tus botellas en cuanto te ve con ellas?

—No.

—Que suerte tienes —le dijo Collin, sin saber realmente por qué le seguía el juego a Edward—. Él no podía dar un trago sin que Bellu llegara y le quitara la cerveza. Era muy divertido ver tu cara.

—Debo reconocer que me encantaba que lo hiciera. Entre eso y la ropa, mis días eran mucho más especiales.

—¡Qué bien! Están hablando —dijo Bella, saliendo con Liz, ambas cargando los jugos, la champagne y las copas para las mimosas.

—Si. Le estábamos contando a Christopher que esta es tu cerveza favorita.

—¡Oh, que tierno de su parte!

—¿Quieres? —le preguntó Christopher, tendiéndole la botella.

—No, gracias. Habrá mimosas y es malo mezclar.

—Bueno, pero miren quién se hizo responsable —rio Collin.

—Cuando las pruebes, Collin, desearás no haber abierto esa cerveza.

—¡Cierto! El talento para tumbar a un mamut —dijo Edward. Bella le sonrió ligeramente.

—Sí —respondió—. Pero ya están extintos.

—Se entendió la referencia, ¿no?

Bella lanzó unas risitas, recordando la fiesta en yate en Saint-Tropez, donde se habían dicho lo mismo. Dios sabrá lo que Edward seguía haciéndole, porque ese intercambio se asemejaba a uno que habían tenido frente a James cuando se vieron en las audiciones para Jackson. Tan cínico y desvergonzado. Bella se iría directito al infierno si seguía cayendo en los encantos de Edward.

Collin le dio un codazo a Edward, diciéndole "ya basta". Pero Edward le prometió a Bella que lucharía por ella, y era justo lo que estaba haciendo.

Con un almuerzo delicioso, pero con pláticas incómodas, el resto de la mañana pasó muy lento. Edward se detuvo en sus intentos de incomodar a Christopher porque no quería problemas con Jane, pero la simple presencia de Bella ya estaba haciendo ese trabajo. Por su parte, Bella se encontraba en su elemento, ignorando a Jane, riendo con Maggie, Tammy y Ava, platicando con Liz y Collin. Era como si la hija prodiga hubiera vuelto a casa y se sentía realmente bien.

Bella entró a la casa por más champagne, Edward la siguió con los platos sucios.

—No es bueno que estés aquí —le dijo Bella.

—Solo vine a dejar esto —respondió él—. Dime, ¿de quién fue la idea? ¿De Carmen o Stefan?

Bella suspiró.

—Fue mía. No estoy simulando nada, Edward. Christopher es mi novio —le dijo. Edward frunció el ceño.

—¿Cuándo ocurrió eso?

—Un día antes de nuestra plática. Quería decírtelo pero no pude.

Edward asintió.

—Me alegro, en serio. Sin embargo… no va a durar.

Bella lo miró entre ofendida y divertida.

—¿Por qué?

—Porque te conozco. No le quitas la cerveza, no usas su ropa… Dudo siquiera que comas en el suelo de tu sala con él, y puedo apostar a que no te acurrucas con él en el sillón más chico —cantó, acercándose peligrosamente a ella—. ¿Me equivoco?

Bella hiperventilaba, nerviosa y extasiada en partes iguales por la proximidad de Edward… ¡Realmente necesitaba concentrarse en lo que le dijo el otro día!

—¡Ah, qué bien, aquí están! —exclamó Maggie. Ambos brincaron, saliendo del trance en el que estaban—. Necesito decirles algo.

—Espero que sea importante —masculló Edward.

—Lo es —prometió la chica, dejando en la isla las charolas que llevaba—. Las chicas y yo nos pusimos a la tarea de sugerir algunas contraseñas para Jane. Se nos ocurrieron estas —les dijo, entregándole a Edward una hoja de libreta pequeña escrita por los dos lados.

—Margaret, estas son contraseñas que ustedes usarían, no Jane.

—Jane es una tonta. Obvio usaría las más fáciles de recordar.

—Eso tiene sentido para mí —intervino Bella—. Con permiso.

Maggie la siguió con la mirada.

—Tú tienes mucho trabajo que hacer —le dijo a su hermano.

—No presiones, Margaret.

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—¿Qué tal estos? —preguntó Jacob, mostrándole unas sandalias totalmente transparentes. Bella hizo un gesto de asco—. ¿Qué? Tú impusiste esta moda.

—Perdón, pero los míos solo tienen el tacón transparente. No son esa atrocidad.

—Todas las It Girls los están… No, tienes razón. Son asquerosos.

—¡Llévaselos a Jane! —propuso Renata.

—¡Sí! —gritaron Sasha y Charlotte.

—¡Oigan! —rio Bella.

—No es nuestra culpa que Jane esté muriendo por ser el gurú de la moda que eres tú. Ya vuelvo —dijo Jacob entre risas, saliendo de la habitación. Bella miró a Renata, Sasha y Charlotte con el regaño en los ojos.

—Si estás esperando que nos disculpemos, quédate sentada —le dijo Charlotte—. Además, tú también lo estás gozando.

Bella se rio.

—¡No, basta!

La chica había tomado un amor casi obsesivo con la coleta baja que usó en la boda de James y Victoria, por lo que eso fue lo que le pidió a Charlotte para esa noche, con un maquillaje tan ligero como lo permitía un evento de noche.

Jacob llegó justo a tiempo para vestir a Bella, aún soltando risitas y sacudiendo la cabeza.

—¿Qué les dijiste? —preguntó Renata.

—No hubo necesidad de decirles absolutamente nada. Cuando Jane me vio con los zapatos, pateó los que se estaba probando y me los quitó. Esa chica realmente es capaz de usar lo que sea con tal de que venga de nosotros.

Bella torció el gesto.

—Si nos están dando más problemas, los voy a matar.

—No te angusties. Esos zapatos están tan de moda ahora, que no importa lo mal que se vean, siempre los van a elogiar, créeme. ¿Lista?

—Síp —respondió, quitándose la bata de satín y descubriendo una lencería de color piel. Jacob le ayudó a meterse en un sencillísimo vestido blanco de crepe con escote barco, mangas largas y apertura hasta el muslo. De su maleta de zapatos, sacó un par de sandalias altas con tiras forradas de cristales.

Jacob sostuvo la cola del vestido en alto para que Bella no tropezara con ella al bajar las escaleras. Se encontraron con Felix y Christopher, ambos vistiendo trajes negros tradicionales.

Subieron a la camioneta para ir hacia el Teatro Nokia, donde se haría la premier esa noche. Como se encontraban en plena temporada de premiaciones, la publicidad debía ser enorme: un gran estreno, seguido de pequeñas proyecciones aquí y allá. Emmett y Rosalie querían aprovechar tanto como pudieran las excelentes críticas que obtuvieron en todos los festivales en los que presentaron la película, si obtenían un premio con su primer trabajo como directores, el resto de su carrera estaría prácticamente solucionado.

Llegaron detrás de Dimitri y Vera. Bella y Dimitri se saludaron con un abrazo. No se habían visto en un rato por sus distintos deberes, pero eso sí, hablaban diario por teléfono, por eso Dimitri estaba muy enterado de la situación actual entre Bella y Edward. Cuando Bella lo invitó a la premier, simplemente no pudo decir que no.

No mucho después, llegaron Edward y Jane, cargando con Esme y Carlisle, como siempre. Dimitri lanzó unas risitas, despidiéndose de los fans.

—La mamá colgándose de la hija. ¿Eso es muy Hollywood o qué? —murmuró en el oído de Bella. Ella reprimió unas risas, aún frente a los fans.

Cuando Jane y Edward se acercaron a los fans, Carmen tomó a Bella del brazo, alejándola de ahí. Bella se despidió, devolviendo el marcador negro a Felix.

La prensa estaba teniendo un verdadero festín esa noche. No solo se trataba de una de las películas más esperadas del año, también el hecho de volver a tener a Edward y Bella juntos desde Venecia y Toronto los llevaba a un frenesí. También era la primera vez que Bella posaba junto a Christopher para Hollywood, haciendo oficial su relación… ¡Y de qué manera!

Carmen acomodó la cola del vestido de Bella en la alfombra roja, al tiempo que Edward y Jane comenzaban a posar juntos. Bella decidió ignorarlos. Saber la verdad no quería decir que no sentía el corazón pesado al verlos; aún le dolía, mucho, aunque tal vez tenía que ver con el pequeño detalle que, para términos prácticos, ella y Edward terminaron hacía solo una semana: el hablarlo, que Bella le devolviera el anillo y el dije, lo hacía oficial entre ellos, ya no era "un tiempo" como tanto repetía Bella, era una ruptura de cabo a rabo, con sus dolorosas consecuencias y todo el paquete.

Debían aceptarlo y continuar, no tenían otra opción.

Claro que era más fácil decirlo que hacerlo, sobre todo cuando Bella y Christopher lucían como una pareja que se fugaría a su boda tras la premier. Y luego estaban Jane y Edward que seguían luciendo como si fueran a eventos totalmente diferentes. Eso en Hollywood se interpretaba como total incompatibilidad, pero que Jane no se enterara de los murmullos que su vestido rojo sangre combinado con el traje rosa de tweed de Edward estaban levantando.

Stefan ya le había dicho a Edward que lucían como un feo postre de fresa, a lo que él no pudo estar más de acuerdo. Extrañaba lo fácil que era coordinarse con Bella, no tenían ni que preguntarse qué colores usarían, simplemente sucedía, y era asombroso.

Carmen le pidió a Christopher que se apartara y dejara que Bella posara sola unos minutos antes de girarse a los fans detrás de ella que pedían eufóricos su atención. Así pasaron las siguientes dos horas: posando y conviviendo con los fans antes de las entrevistas con la prensa.

—Isabella, ahora que ya tuviste una experiencia más extensa con la actuación, ¿ya crees que es lo que quieres hacer cuando termine la serie? —preguntó un reportero. En la entrevista anterior a la de él, Bella perdió la cuenta de cuántas de estas había dado ya.

—Definitivamente, sí. Me encanta actuar, es algo que he disfrutado mucho.

—Con las excelentes críticas que has recibido, ¿ha crecido alguna esperanza de que puedas llevarte un premio?

Bella lanzó unas risitas.

—Creo que es escandalosamente pronto en mi carrera para empezar a tocar esos temas. Hay personas que se esfuerzan durante años para comenzar a ser considerados, sería muy… descarado de mi parte desearlo siquiera.

—Cuando te lo mereces, te lo mereces.

—Bueno, ya veremos.

—Muchas gracias, Isabella.

—Gracias a ti.

Bella avanzó a la siguiente entrevista, con la sonrisa que la caracterizaba. Estaba a la mitad de la respuesta a la segunda pregunta cuando, al divagar la mirada como era su costumbre, reconoció a James y Victoria. Se rio, perdiendo totalmente el hilo de la respuesta. Los saludó con la mano. Edward, que estaba al lado de ella y también había visto a los recién casados, se giró hacia Bella.

—¿Los esperabas? —le preguntó, sin importarle que ambos estaban en plena entrevista.

—No —rio Bella. Jane le dio un codazo a Edward.

—Entonces es una bonita sorpresa —le dijo la reportera.

—Totalmente. Ahm… —musitó, recordando en dónde se había quedado—. Discúlpame —rio, retomando el hilo—. Definitivamente interpretar a Estelle fue un reto, era mi primer personaje, no tenía ni la experiencia de obras escolares… Para mí convertirme en cinco segundos resultó complicado.

—Supimos que ayudaste a financiar el programa de teatro de una escuela en Cambridge, ¿sentiste cercana esa causa?

—Mucho. Fue una ayuda que me dejó muy contenta y motivada, hablé con esos chicos hace unas semanas y el nivel de compromiso que tienen con su programa es alentador. Resultó ser un placer ayudarles a continuar con su sueño. Espero verlos muy pronto de este lado.

—Isabella, como siempre ha sido un placer hablar contigo. Mucha suerte.

—Gracias.

La siguiente media hora, Bella y Edward estuvieron en entrevistas continuas, hasta que se les pidió posar con el equipo de la película. Carmen ya había metido a James, Victoria y Christopher al teatro, mientras que Stefan tuvo que lidiar con una Jane molesta por el minúsculo intercambio que habían tenido Edward y Bella. La chica no estaba dispuesta a dejarlos solos en ningún momento, así lo demostró cuando estuvo a casi nada de colarse en las fotografías del elenco con el staff. Stefan la detuvo a tiempo, casi atornillándola en la alfombra roja a su lado.

Para disgusto de la rubia, los fotógrafos no estarían tranquilos sin unas cuantas tomas de Edward y Bella juntos. Stefan y Carmen tardaron menos de un minuto en decidirlo. Unieron a los ex novios con tal de que los dejaran ir. Bella tomó a Edward del hombro, no de la cintura, separándose tanto como le fuera posible, ya habían tentado demasiado a su suerte durante las entrevistas. Solo necesitaron dos minutos para tener contentos a los fotógrafos y los fans. Bella soltó a Edward, casi empujándolo y prácticamente corrió a seguir al resto hacia el teatro. Edward fue detrás de ella, olvidándose de Jane.

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—¿Qué opinan de esto? —preguntó Victoria, mostrándoles a Bella y James su traje para la entrevista de trabajo que le ofrecieron en el consulado. Ambos asintieron en aprobación.

—Si yo fuera el jefe, te contrataría —le dijo James. Victoria lo miró con ironía.

—No me digas —soltó, dándole un pequeño beso al tiempo que un claxon sonaba fuera de la casa de Bella—. Debe ser mi taxi.

—Nop. Le pedí a Felix que te llevara.

—Solo es una entrevista.

—Exacto. Imagínate qué pensarán cuando te vean bajar de un coche con chofer… Corre, ya.

—Deséenme suerte.

—No la necesitas —respondieron ambos al unísono. Victoria salió corriendo.

—¿Y tú qué? —le preguntó Bella a James, llevando las tazas que ocuparon en el desayuno al lavavajillas.

—Ya sabes que yo nunca quise estudiar Política, Izzy. Me obligaron.

—¿Qué vas a hacer, entonces?

James suspiró.

—Cuando estuve aquí contigo esa primera vez me llamó mucho la atención todo el proceso, y ese día que te vimos en Londres… me encantó.

Bella le sonrió, emocionada.

—¿Quieres hacer algo en Hollywood?

—Sí —respondió con seguridad—. No frente a las cámaras, sino atrás. No sé cómo Edward y tú soportan tanto escrutinio.

—Te acostumbras. ¿Qué planes tienes?

—Bueno, es casi seguro que Victoria tendrá ese puesto, viene recomendada por el decano, así que prácticamente ya es suyo; nos quedaremos aquí en Los Ángeles y yo, pues puedo comenzar a buscar algo en los estudios.

—¿Y yo estoy pintada o qué? —inquirió, caminando a la sala. James la siguió después de que ella se lo indicara con un dedo—. En unas semanas vamos a anunciar, por fin, que nos renovaron para dos temporadas más, eso hará que el trabajo aumente. Como productora y escritora tengo que supervisar la adaptación y asegurar una buena publicidad. En este momento necesito mucha ayuda.

—Es ahí donde entro yo…

—Síp. Zafrina me envió algunos borradores, hay que revisarlos. Comparar el libro con esto —le dijo, dándole su tableta rosada— para ver cuántas diferencias hay y si son importantes.

—¿Por ejemplo…?

—Escenas cruciales que no estén en el guión. Zafrina es muy detallista en eso, nunca deja fuera algo que ella considere necesario, por eso normalmente terminamos con partes que ni al caso.

—De acuerdo… ¿Cuánto tiempo tengo?

—El que te tome, no hay prisa. Hablaré con Marcus y Liam, pero no creo que me digan que no, es mi serie, después de todo. Si todo sale bien, puede que comiences como asistente de producción.

—¿Que significa…?

—Ser el de la claqueta, andar detrás de los actores, ayudando con vestuario, guiones, soplar líneas… Los asistentes nunca se aburren. Si no lo odias después de un mes de grabación, el trabajo es tuyo.

James sonrió.

—Gracias, Izzy.

—Somos amigos, James. No es fácil entrar aquí por tus propios pies, si puedo ayudarte en algo lo haré encantada.

—Será mejor que me ponga a trabajar antes de que mi jefa se enoje.

—Y tienes que saber que tu jefa es un desastre cuando está estresada, así que prepárate con algunas agendas de más, porque siempre se le olvida hasta el día en el que vive.

—Oh sí, suena como la Izzy que conozco.

No tenían ni cinco minutos sentados en el comedor, cada uno con una tarea, cuando el timbre sonó. Bella fue a abrir, encontrándose a Edward del otro lado.

—¿Qué ocurre?

—¿Estás sola?

—No. James y Victoria vinieron, ¿lo olvidaste?

Edward se golpeó la frente con una mano.

—Cierto, cierto. Disculpa.

—¿Edward? —preguntó James, acercándose.

—Hola, James. Yo… lamento interrumpirlos. Volveré después.

—¿Está todo bien? —inquirió James. Bella y Edward se miraron unos segundos. Bella respiró hondo, haciéndose a un lado para dejar pasar a su ex novio.

—¿Lo sabe?

—Obvio no. Stefan me dijo que aún no les dijera.

—¿Saber qué?

—Es mejor que hagas oídos sordos a todo lo que estemos por decir, por favor.

—¿Qué está pasando? —preguntó James, con desesperación.

—No podemos decirte.

James se encogió de hombros, alternando miradas entre Bella y Edward como si estuvieran peleando una pelota de ping-pong.

—Es… sobre su ruptura, ¿no es cierto? Cuando hablé contigo después de Cannes me repetiste hasta el cansancio que no podías decirme por qué lo hiciste, ahora tú ya lo sabes y… Chicos, ¿qué hicieron?

Bella suspiró.

—Por favor, James, no insistas. Sí es sobre nuestra ruptura, pero no podemos decirte nada más.

—¿Por qué?

—Porque la carrera de Bella está en riesgo.

—Y por ende la tuya.

James frunció el ceño.

—Esto era justo lo que me detenía.

—Por eso debes quedarte detrás de cámaras. ¿A qué viniste?

—Solo a decirte que ya entré. Una de las contraseñas que nos dio Maggie era la correcta.

—¿Cuál fue?

—La de nosotros —Bella abrió los ojos como platos—, y me preocupa. No solo es la contraseña, sino toda la computadora. Su fondo de pantalla es una de nuestras fotografías con su cara sobrepuesta en la tuya, tiene cientos de esas. Además de una cuenta falsa de Twitter dedicada a ti y a mí, Instagram, Facebook…

—Está loca.

—Está enferma. Después de todo lo que vi en su computadora, fui a su habitación…

—¿Su habitación? ¿No duermen juntos?

—Creo que esa es demasiada información, Izzy —rio James. Bella lo calló con un manotazo.

—No, Bella. No dormimos juntos. Como sea. Tiene el clóset bajo llave, lo cual ya es grave; cuando lo abrí, encontré esto —le dijo, mostrándole en el celular la parte de atrás de la puerta del clóset de la habitación de Jane, donde se veía un enorme collage de posters y fotografías de Bella y él, todos con hoyos de dardos. Bella sintió como si el corazón se le hubiera ido al estómago.

—Eso ya es grave —opinó James—. Sea lo que sea con lo que estén lidiando aquí, oficialmente ya es terrorífico.

—¿Qué es lo que quiere, entonces?

—No lo sé, pero James tiene razón. Esto no podemos seguir tomándolo a la ligera.

—¿Te deshiciste de… eso?

—De todos los respaldos en sus aparatos. Randall revisó las cámaras de seguridad en casa de Esmerald y Carlisle y dice que ahí no hay, pero que aun así debemos estar preparados para cualquier eventualidad.

—Aún no confías en Carlisle, ¿cierto?

—No puedo. Randall dice que en verdad él no sabía nada, por lo que ha visto, pero yo sigo sin creerle del todo.

—Somételo al polígrafo —propuso James.

—James… —lo regañó Bella.

—Lo siento —se disculpó.

—No es mala idea.

—Es pésima.

—A mí me parece divertida.

Bella miró a su amigo con ironía.

—No someteremos a Carlisle a la prueba del polígrafo. Es… tonto.

—No sé qué es lo que está pasando, no me lo quieren decir y está bien; pero no puedo quedarme callado escuchando y viendo lo que está pasando, sobre todo cuando me están diciendo que tu carrera está en riesgo. Si hay algo en lo que pueda ayudar, incluso dando ideas tontas, lo haré encantado —dijo, repitiendo las palabras de Bella.

—Gracias. Aun así no obtendrás nada más que nuestra promesa de decirles a todos cuando llegue el momento.

—Muy bien. Si me permiten un consejo: no esperen a que les explote en la cara. Hagan algo. Solo Dios sabe de lo que Jane puede ser capaz.

Edward y Bella se miraron, sabiendo que James tenía razón. Tal vez deberían hacer explotar el escándalo ya…

… no, era mala idea.

La película se estrenaría ese fin de semana, no podían permitirse mala prensa en ese momento.

¿Qué deberían hacer?


Hola a todas, ¿como están? Aquí tienen un nuevo capítulo. ¿Les gusto? ¿Creen que deberían contarle a James? Tal vez tener a otro amigo enterado sea un apoyo para ellos cuando necesiten hablar con alguien, ¿no? Gracias a Adriu, jupy, saraipineda44, Yoliki, Maryluna, torrespera172, Lucy Gómez por sus reviews en el capítulo anterior, y al resto de ustedes por leer. Nos vemos en el siguiente o en los reviews. Un beso.

Annie. xx