M-mi cabeza…
El aturdimiento ahora es cien veces peor. Ni siquiera puedo recordar cómo es que volví a la silla o cómo es que de nuevo estoy atada. Sólo sé que mis costillas duelen y que en mi boca aún puedo percibir el sabor metálico de la sangre.
Hay completo silencio en el Cuarto Oscuro. Al menos, aún recuerdo bien en dónde estoy. Eso es una ventaja para mí, ¿no es así? Sé que estoy a merced de Mark Jefferson. Sé que no podré salir de aquí mediante ninguna manera que implique planes sencillos o sentido común. T-tengo que encontrar la manera… Chloe me necesita…
Quisiera poder comprobar que aún puedo rebobinar, pero no puedo estar del todo segura si no hay nada sucediendo en este lugar. No hay sonidos que pueda hacer que se escuchen en reversa. No hay nadie caminando por aquí a quien pueda ver mientras retrocede en el tiempo contra su voluntad. Estoy yo misma con mi soledad, en una habitación fría y desolada que está tan muerta como mi propio destino.
Al menos, las cámaras y los trípodes ya no se encuentran frente a mí. Lo único que puedo ver es ese carrito auxiliar en el que Jefferson a dejado mi bolso, junto con todos esos medicamentos que seguramente ha estado usando para mantenerme drogada. Tengo suerte de que toda esa mierda no haya terminado por matar todas y cada una de mis neuronas.
Las ataduras están tan ajustadas que únicamente me hacen daño cuando intento liberarme. ¿Qué puedo hacer para dejar de estar tan vulnerable? ¿Cómo puedo defenderme?
Todos mis pensamientos se interrumpen en cuanto veo a Mark Jefferson entrar a través de la puerta hermética que mantiene sellada mi prisión. El deseo de supervivencia es remplazado por el odio que ahora siento por la persona que antes fue mi modelo a seguir.
—Oh, has despertado.
Habla despreocupadamente. No le importa en absoluto que yo esté consciente o que pueda utilizar esa misma consciencia en su contra si es que en algún momento salgo de aquí. Eso sólo puede significar dos cosas. Que él sea lo suficientemente estúpido como para confiarse tanto, o que en realidad no le importe lo que yo pueda hacer pues tiene un truco bajo la manga.
No puedo quedarme a descubrirlo.
Jefferson se detiene en su escritorio para tomar un sobre amarillo del que saca algunas fotografías. Si mi vista no me falla, se trata de lo que ha hecho conmigo mientras yo no podía defenderme. No recuerdo mucho al respecto… Sólo se que tengo un miedo inusual a sus reacciones tan impulsivas. Es como si una parte de mí supiese que Jefferson no tiene ningún reparo a la otra de estallar si hago algo que a él no le gusta. Tengo una vaga imagen mental de él tirando con violencia de mi cabello para obligarme a guardar silencio, mientras el obturador de la cámara sigue escuchándose. Y también puedo sentir su cuerpo sobre el mío, apoderándose de mí mientras yo me encuentro indefensa.
Me siento asqueada.
No puedo creer que esto realmente haya pasado…
Él ha comenzado a reproducir un poco de música en ese ostentoso aparato de sonido. Viene hacia mí, acechándome como una fiera dispuesta a devorar a su presa… Y no me agrada la idea de lo que la palabra devorar podría significar para un psicópata como él.
Tengo que ganar tiempo.
¡Esfuérzate, Max!
—P-profesor Jefferson…
Él me mira furtivamente y sonríe satisfecho, sin dejar de examinar esas fotografías.
—Tengo imágenes espectaculares aquí, Max. Victoria mataría por estar en tu lugar, pero… ella no entiende nuestra conexión. Tú eres la ganadora, Max. Yo te elegí.
—Jódete.
—Qué valiente… Sé que estás aterrada. Tenías la misma mirada desde que despertaste aquí. El miedo se reflejó en tus ojos desde que te diste cuenta de lo que estaba pasando.
—Profesor Jefferson, ¿por qué está haciendo esto?
—Oh, Max… Me alegra que hagas esa pregunta. Básicamente, estoy obsesionado con la idea de capturar ese momento en que la inocencia evoluciona en corrupción. El cambio de negro a blanco a gris y más allá. Muchas modelos son cínicas, no transmiten en realidad la inocencia que aún mantienen dentro de ellas. Pero por otro lado, algunas estudiantes de Blackwell llevan consigo sus esperanzas y su optimismo, como un aura. Y sólo las afortunadas se convierten en mis modelos.
—Eres un psicópata. Y esta es tu última sesión.
—Al contrario, Max. Estoy cuerdo y nadie tiene idea de lo que está pasando contigo en este momento. Como puedes ver, estás a merced de mis cámaras. Y no comiences a molestarme con esas tonterías de tu pequeña cómplice. Ya he tenido suficiente de esas putas punks en mis días en Seatle.
—Vete al infierno.
—Ahora que lo pienso, creo que nadie me ha gustado tanto como Kate Marsh… ¡Ella pudo haber sido mi obra maestra! El mundo es lo que un artista hace de él. Ella era mi musa.
—Kate no merecía lo que tú le hiciste sufrir.
—Por supuesto que sí… No fue más que un simple error de cálculo. Te aseguro que no volveré a cometer el mismo error.
—No te saldrás con la tuya. Quiero que lo sepas.
—Es tarde para darte cuenta de que quizá debiste acusarme a mí y no a Nathan en la oficina del director. Muchas gracias por haber puesto los reflectores encima de él. Ahora puedo mantenerme tranquilo.
—Tú usaste a Nathan…
—Prefiero el término manipular. Como una imagen… Nathan fue fácil de torcer hasta que logré darle la forma que yo buscaba. Me convertí en una especie de figura paterna para él. Suele suceder con frecuencia en relaciones de maestro-estudiante. Fue un poco… sentimental al principio.
— ¿Le dijiste todo acerca de tus planes en Blackwell?
—No seas estúpida, Max. Le dije sólo lo que debía saber para tener acceso a la fortuna de los Prescott. ¿Quién crees que pagó por todo lo que ves aquí? ¿Cómo más pude haber conseguido esas drogas?
—Rachel Amber también fue tu víctima.
—Oh, Rachel Amber… Esa sí que fue una tragedia. Nathan creyó que podía ser un artista como yo, y el imbécil terminó dándole una sobredosis.
—Chloe y Rachel… ¡Las has lastimado a ambas!
—Ambas están juntas en el infierno justo ahora. ¿Eso era lo que querías escuchar?
N-no creas en lo que dice, Max…
S-sólo quiere engañarte…
Recuerda. Debes ganar tiempo.
— ¿Por qué?
— ¿Por qué? ¿Por qué? Podrías comenzar a prestar atención, puta estúpida… Lo lamento, Max. Eso no fue amable… Como sea, Rachel está muerta. Pero en Los Ángeles habría muerto también, así que puedes considerarlo como un favor.
—Eres maligno…
—Oh, ya veo… Tú y tus amigos casi ataparon a Nathan, lo condujeron lentamente a su propia destrucción. Así que no somos tan diferentes.
— ¡Sí, sí lo somos! Me importa más Nathan de lo que jamás te importará a ti.
—Por supuesto que no. Y es triste, siendo que él estaba tan enamorado de Rachel… Incluso pensó que podía hacer lo mismo que yo hago con mi cámara.
— ¿Dónde está Nathan ahora?
—Muerto y enterrado. Después de lo que sucedió hoy en Blackwell, tenía que deshacerme de él. Ahora la policía no encontrará su cuerpo. ¿Lo entiendes, Max? No puedo comprometer mi trabajo por un simple amateur.
—Tú eres un amateur. Mira el rastro de muerte que has dejado detrás de ti. ¡No puedes culpar a Nathan por todo esto! No me importa lo que hagas conmigo… Sé que vas a morir, hijo de puta. Por Chloe, por Rachel, por Kate, y por todas las demás.
—Aprecio tu valor, Max, pero tú misma llegaste aquí por tu propio pie. Fue tu elección. Y me gusta que mis modelos sean vistas, no escuchadas. Así que tengo que asegurarme de que no quede ningún rastro de ti. ¿Está bien? Ahora…
No puedo permitir que se deshaga de mí ahora… ¿Qué puedo hacer? ¿Cómo puedo…?
William…
Una fotografía…
¡Eso es! ¡Entre todas las fotografías que hay en mi diario está la misma selfie que tomé cuando inició todo esto!
¡Rebobina, Max! ¡Ahora es el momento!
Concéntrate…
Concéntrate…
Concéntrate…
¡Ugh…! M-mi cabeza…
—Aprecio tu valor, Max, pero tú misma llegaste aquí por tu propio pie. Fue tu elección. Y me gusta que mis modelos sean vistas, no escuchadas. Así que tengo que asegurarme de que no quede ningún rastro de ti. ¿Está bien? Ahora…
— ¡E-espere! P-por favor, profesor Jefferson…
Él me mira con impaciencia.
—Ahora no, Max. Tengo que terminar de trabajar con tus fotografías mientras aún están frescas en mi memoria… Creo que nuestra sesión ha sido… exitosa.
—U-usted aún tiene mi diario…
—No te preocupes, nadie va a leerlo. Te lo aseguro. No hay nada más inocente que el diario de una adolescente…
Él saca mi diario del interior de mi bolso y comienza a pasar las páginas.
—Oh, mira tus selfies… Qué desperdicio de talento… ¡Mira esa mierda, Max! Pudiste hacerlo mucho mejor…
Lanza el diario a mis pies y por obra del destino, la selfie que necesito está ahora frente a mí. Mientras Jefferson ha decidido encargarse primero de sus asuntos, es el momento de actuar… ¡Max, puedes deshacer todo esto! ¡Es el momento de cambiar las cosas!
Concéntrate…
Tengo que volver en el tiempo…
Es tiempo de cambiar el tiempo.
