Suiza se sonroja en cuanto se separa y se le recarga a Austria en el pecho, escondiéndose y este le toma de los hombros para hacerle andar y llevárselo.
Y ahí salen los dos por el pasillo, seguidos de su gran séquito, ahora no en tanta formación, cuando las campañas de la catedral y de todas las iglesias de la ciudad empiezan a tocar al vuelo. Y es por ti que doblan las campanas, Suiza...
—Me tomé la libertad de hacer una cosa —susurra Suiza a Austria mientras caminan por el pasillo.
—¿El qué? —pregunta sin dejar de abrazarle.
—¿Te molestaría si salimos ahora y dejamos los abrazos y las felicitaciones para el convite? —le mira a la cara y se sonroja un poco.
—Nein.
—Es solo... Bueno, una cosa. Una tontería —se sonroja un poco más. Y no es que tenga mucho más tiempo de decir más cosas porque llegan al fondo de la iglesia donde ya están algunos preparados con los caramelos en vez de arroz que usan los extraños suizos.
Cosa rara para los anti-desperdicio, quizás alguien los recoge al final. América SEGURO aspira el suelo si sabe que son caramelos.
Suiza siente que le tiemblan las piernas aun, aunque a la vez, la sensación es que camina por las nubes. Y bueno, aquí está la pequeña parte que Suiza ha planeado y organizado... Austria debe empezar a oír el sonido grave e inconfundible de los cornos alpinos al otro lado de las puertas. Un grupo de locales, con cabras y trajes típicos, están afuera de la iglesia, donde hay mucha más gente de la que debería haber.
Austria levanta las cejas con todo eso, por supuesto.
—Ya sé... Que no eres hombre al que le guste pasar desapercibido —tira un poco de él volviendo a tomarle de la mano, mirando de reojo hacia atrás donde Liechtenstein está explicándoles a todos los invitados. Toda la plaza está llena de banderas suizas y austriacas, los cornos no dejan de entonar a saber cuál melodía tirolesa... Hay más flores y un pasillo de gente y soldados presentándoles armas y guiando el camino
—Creía que eras tú el que no lo eras —sonríe realmente impresionado.
—A mí sí que no me gusta, pero la ocasión lo amerita —replica sonrojándose más y caminando hasta la limosina que hace que Suiza apriete los ojos crispado—. Mi gente se alegra conmigo... Espera, detente aquí.
—Se alegran por nosotros —le suelta. Suiza le sonríe un poquito y se sonroja, asintiendo.
—Mira... Ahí —señala la calle en donde a lo lejos se ven claramente sus montañas. Esta vez él le abraza un poco por la espalda.
Así que ahí mira Austria. Pasan unos segundos, largos segundos sin que pase nada. Suiza mira su reloj de reojito y Austria le mira de reojo.
—Ehm... ¡No es mi culpa que Römer haya tardado más o menos tiempo! —protesta un poco, sonrojándose y pensando en a quienes va a matar.
—Se habría arreglado con una señal al acabar en vez de una hora establecida.
—Ja, bueno, pero... —arriba la nariz porque aunque parezca obvio, a él le gustan las horas exactas y por eso... No se le había ocurrido. Mira de nuevo el reloj—. Ya, ya deben venir.
Austria mira de nuevo donde le ha dicho y pasa ooootro poco más hasta que se ven unos puntitos en el cielo que se acercan a gran velocidad. Levanta las cejas, aunque no ve especialmente bien. Aun son muy pequeños para que se noten del todo pero no para que pueda oírlos. Pronto se nota que dejan atrás una estela blanca y roja, y empiezan a hacer movimientos armónicos en el aire, dos a un lado, dos al otro, dos aun en el centro. Casi inmediatamente ya les tienen encima haciendo cabriolas.
—¡Oh! —sonríe mirándolos.
—Mi ejército también te saluda... Nos saluda.
—¿También habrá fuegos artificiales?
Si Suiza supiera hacerlo con naturalidad, se reiría.
—¿Qué te hace pensar que si es con pólvora no he pensado que es la ocasión perfecta para hacerlo?
Austria sí se ríe, negando con la cabeza.
—Esa insana obsesión por hacer estallar cosas.
Se escuchan a lo lejos sonar unos cañones y Suiza se encoge de hombros.
—De hecho, tienes suerte de que haya invitados.
—Tan humanitario.
—Nein. Es en serio... De haber estado solo tú quizás esos cañones no serían solo cañones... Serian mis puentes volando —le mira y se sonroja un poco.
—Un secuestro... que romántico —se burla.
—No sé si romántico, pero seguro hubiera sido más barato... —asegura poniéndose de puntas y dándole un beso en la mejilla, antes de mirar otra vez el cielo y los aviones pasar. Austria vuelve a mirarle de reojo, sonriendo con eso.
—Nos casamos —susurra.
—Parece mentira, ¿eh?
—Yo aún no lo proceso —los aviones pasan por última vez, muy muy bajo (y con mucho estruendo) y Austria tiene que llevarse las manos a los oídos para protegerse. Suiza le mira de reojo y le pone una mano en el brazo. Y después del gran estruendo y la última maniobra se marchan a la misma velocidad a la que han venido—. ¿Estás bien?
Le mira de reojo y cuando ya siente que ha bajado el estruendo se quita las manos de los oídos y asiente.
—Vamos al coche, nos espera un montón de gente... —propone haciéndole un gesto con la cabeza y ahí se va el austriaco tras él.
Se acercan al coche y el chofer es quien les abre la puerta. Austria le deja entrar primero y es que este es el primer momento juntos a solas que tienen en unos cuantos días.
Suiza no puede evitar a pesar de todo que le salte un poquito el ojo sin pensar en eso que si piensa Austria. No cae en la cuenta de ello hasta que Austria entra detrás y cierran la puerta. Y que van a tener en un buen rato, aun así el sonido apaciguado por el cierre hermético de la puerta lo evidencia. Los ojos morados buscan los verdes de reojo. La infinita inocencia de Suiza le protege siempre... Se frota las manos sintiendo calientito aquí dentro.
—No había notado el frío que hace allá afuera.
—Qué raro, con lo helado que estás siempre —se quita los guantes y le toma las manos.
—Hoy estoy con la cabeza en otro lado... —se calla un segundo con el tacto poniéndose nerviosito. Traga saliva y le mira—, p-pero hace frío.
—¿En qué otro lado? ¿Cosas que te calientan?
—Pues en cosas como en ti y en la boda y en... —se detiene—. ¡No es que tú me calientes!
Mirada laaaaanguida. Suiza traga saliva y mira qué casualidad... Siente calorcito en ciertas regiones.
—No creí tener que usar este argumento tan pronto, pero ¿sabes qué es esto? —le muestra su alianza.
—U-Una alianza.
—Es la prueba definitiva que refuta cualquier chillido que me hagas de "Österreich, no me gustas" "¡Österreich, no me calientas!" "Österreich eres un cabrón indeseable y te odio" —sonríe sin bajar la mano.
Suiza parpadea y se sonroja un montonal revolviéndose un poco.
—¡No es verdad! Eres un cabrón indeseable y te odio—chilla a la única cosa a la que puede chillar en este momento... Más o menos.
—Y para mi absoluta comodidad yo nada más tengo que levantar la mano y mostrártela, ni siquiera es necesario gastar saliva. Un maravilloso ahorro.
—¡No es verdad! ¡Y no funciona así! No es ahorro lo que buscamos, es simplemente que... N-No me... ¡No me gustas y no me calientas y puedo negarlo todo! —protesta chilloneando.
—Díselo todo a la alianza, tú la has puesto ahí —sigue tan divertido y cuando el coche por fin arranca, se oye como si estuviera roto... porque a media ceremonia Canadá y América han salido a atarle latas. Los clásicos nunca mueren, ¡las latas atrás!
—Es una alianza que no significa que me gustas y me calientas y quiera acostarme contigo y... Verdammt.
—Ah, ahora además también quieres acostarte conmigo...
—No me... ¡No! No me quiero acostar contigo —pero que MENTIRA. Austria se gira un poco con el ruido, pero ni caso, alguien seguro está encargado de arreglarlo.
—Sabes lo que viene ahora, ¿no? —le mira.
Está tan enfrascado en hacer notar su punto que ni nota el sonido. Traga saliva, pensando en hacer el amor (si, con esas palabras) en la limosina, se muere del sonrojo.
—Nein, eso hasta la noche. Si creías que la ceremonia había sido terrible, prepárate para el infierno, liebe.
—W-Was? ¡¿Por qué?! —ahora que estaba relajado y satisfecho—. ¡Y no estaba pensando en eso que crees que estaba pensando! —agrega muy pero muy tarde.
—Bueno... ahora ya ha pasado esto y todos lo han visto. Pero nosotros estábamos en el altar y lo demás... no. Ahora viene la parte en que todo el mundo vendrá a darnos sus impresiones al respecto y la mayoría considera que esto —le muestra la alianza de nuevo—. Significa justo lo que tú dices que no significa. Suiza abre la boca sorprendido con la idea y se revuelve en su lugar.
—P-Pero es... Pero solo... E-es decir nadie tiene por qué PENSARLO, todos saben que te odio y que me he casado contigo, no hay que pensar mucho más.
—Teniendo en cuenta que además la mayoría sabemos lo de la escultura de chocolate, no hay que pensar demasiado.
—¿Cómo sabes que...? ¡No hay ninguna figura de chocolate! ¿¡Y cómo te enteraste de eso de anoche!? —se acuerda de repente de lo que dijo en la iglesia.
—Vater y Römer me lo contaron —se encoge de hombros.
—Son todos unos idiotas y no debían ni siquiera ir.
—Shhh, no te desvíes del tema.
—¿De qué tema? ¿De la alianza o la escultura de chocolate? —protesta apretando los ojos—. ¿Ahora dirás que esto será aún peor que ayer? Lo dudo.
—Bueno, hoy estaré yo.
—Lo cual es siempre infinitamente...Peor —se sonroja porque cuando está él le da más vergüenza aun.
Austria sonríe cínico porque justo eso quería decir.
—¿Sabes qué significa esto para mí? —le enseña el dedo de la alianza.
—Was?
—Qué puedo hacer esto cada vez que quiera sin que nadie me cuestione que te odio —se acerca un poquito... Y le da terror a la mitad de camino.
—¿Hacer qué? —ese tono y esa sonrisa que no lo hacen nada fácil y eso que lo está pensando desde que han entrado al coche.
—E-Esto, l-lo estoy empezando a hacer, no seas impaciente.
—Lo que digo es que si lo que planeas es besarme con tranquilidad, más vale que te des prisa, porque una vez salgamos del coche, todo el mundo se va a poner a gritar y a aplaudir cada vez que lo hagamos.
Suiza lo intenta en serio, pero en efecto el tono y la sonrisa hacen que sea tremendamente difícil. Carraspea y se acerca un milímetro cuando dice eso... Abre los ojos como platos sin saber cómo es que sabe que estaba pensando en eso. Se sonroja MUCHIIIIIISIMO. Da un saltito y de hecho se aleja un poco apretando los ojos
—De hecho, incluso puede que hasta lo pidan chillando y dando palmas...
—¡Yo no pensaba en besarte tranquilamente! —echa vapor de agua por las orejas aunque está un poco desconsolado porque sí que quería hacer justamente eso y ahora no va a poder hacerlo.
—¿Qué harás cuando todos lo pidan, eh?
—Negarme rotundamente, esas son cosas nuestras —sigue apretando los ojos y las manos una contra la otra.
—Uno no se niega a una petición de "que se besen" el día de su boda. Es una norma de comportamiento social.
Abre un ojo y le mira.
—¡¿Insinúas que vas a besarme cada vez que pidan que nos besemos?!
—¿Yo? Yo ya lo hice en la iglesia. Dos veces.
—WAS?! Nein! Lo hiciste... ¡Lo hiciste solo una!—sí, sí, lo otro no lo consideró beso, dado que no te examinó las amígdalas.
—Cuando llegaste y cuando nos fuimos.
—Pues vas a seguirlo haciendo porque... Yo ya te besé en el coche.
—Nein, me parece que lo justo es que si en la iglesia lo hice yo, en el convite lo hagas tú —y es perfectamente capaz de sobornar a alguien del servicio para que cada vez que haga una seña, tipo pasarse una mano por el pelo o tocarse la oreja, alguien empiece a gritarlo y haga que todos coreen.
—Nein, nein. Tú me besas en público y yo te beso en el coche —ahora si se acerca a él para besarle, en pánico.
Austria le pone un dedo sobre los labios.
—Was?!
—No seas ansioso, pervertido y chantajista, Schweiz, haberlo pensado antes—protesta sonrojándose mucho el austriaco.
—¡No soy ansioso ni pervertido! ¡Y tampoco chantajista! —chillonea porque no, no quiere besarse en público con Austria y tener que hacerlo él.
Austria sonríe maligno y se incorpora echándosele encima un poco porque no planea ceder en esto...
Además, a Suiza tampoco le están dando un beso aquí... Que es lo que quiere. Levanta las cejas cuando se le echa encima.
—¡P-Pero en el convite van a estar todos... ! —lloriquea.
—Y también van a saber que nos besamos en el coche —susurra sobre sus labios.
Tiene un escalofrío y extrañamente eso esta vez no le parece TAN terrible en contraste con el asunto del convite. Se le acelera el corazón a mil por hora por tenerle tan cerca, completamente ansioso... Y pervertido.
—Y yo sabré que ayer lamiste la estatua porque aun sabes a chocolate —añade antes de besarle por fin.
Corto circuito mental. Adiós, fue divertido tener un cerebro. Una pena que en tres segundos se le haya freído.
Austria sabe a gloria y se siente como gloria y si el precio de este beso es besarle toda la tarde... Va a besarle toda la tarde frente a todos... Ejem... Va a intentarlo.
Es que además, algo que Austria aprendió de España es "aprovecha el tiempo del trayecto", así que va a estar besándole hasta que se detenga el coche.
Suiza va a llegar completa, absoluta y totalmente idiotizado, sonrojado, sudoso e... Incómodo… Pero con una cara de felicidad...
Austria por su parte va a llegar despeinado. Es que además, tiene muchas ganas de estar con él hoy y le habría hecho bastante más en esa limusina... de hecho, si le hubieran preguntado ahora mismo, le habría parecido excelente hacer el convite en... alguna parte perdida de la tundra rusa para tener tiempo suficiente en lo que llegaban. Y de todos modos Austria siempre está bastante despeinado...
Cuando detienen el coche Suiza le ordena al chofer con un buen grito que dé una vuelta larga más (Grito que a Austria le da mucha risa). Y le da igual lo que opinen los demás o los invitados o la fiesta, quiere más besos.
Suiza siente indignación, aunque puede que sonría como estúpido porque le guuuusta que se riiiiia. Suiza está muy feliz. Si no fuera un loco reprimido se reiría. Si fuera menos inútil para algunas cosas le haría cosquillas a Austria para que se siguiera riendo. Pero él solo apoya la cabeza en su pecho y se ríe mientras Suiza protesta... el chofer le explica a alguien lo que le acaba de pedir el suizo y dice que ahora vienen...
—NEIN, ¡no le digas que YO lo he pedido por el amor del cielo! ¿No puede decir que se quedó sin gasolina o algo así? Nein! ¡Tiene que decir idiotamente que SCHWEIZ quiere besar a su Verdammt marido otros VERDAMMT veinte verdammt minutos!
—Veinte minutos, ¿Herr? —pregunta el hombre que no esperaba una vuelta tan larga.
—¿Seguro que solo quieres besarme? —pregunta Austria a la vez.
—¡Siga diciéndome cosas y serán cuaren... ! —chilla sonrojadísimo al oírse a sí mismo y al oír a Austria. Levanta una mano y se la pone en la boca—. Cállate.
Austria se ríe aun con la mano en su boca y a Suiza es que se le ponen ojitos de corazón.
—¿Tú quieres bajarte ya?
—Nein —le aparta la mano—. Pero no voy a tener nuestra primera vez de casados en un coche.
—No vamos a hacer eso que crees que piensas que estas... ¡No vamos a hacer eso! —susurra a GRITOS.
—¿Y qué crees que pase en veinte minutos? —pregunta muerto de risa todavía—. Que acabes con unos cuantos besos y te pases la velada mojado o que te deje con ganas de que sean cuarenta?
—No voy a acabar con solo unos besos —protesta sonrojado ahora si en un susurrito—. Y no... Y... e-es que solo quiero...
—Was? —es que le gusta oír esas cosas.
—P-Pues solo... Quiero un ratito más con unos... —va bajaaaando el tono y sonrojándose cada segundo.
Hay un conveniente movimiento con el coche que Austria aprovecha para poner una mano en la cara interna del muslo de Suiza como si nada, para sujetar el equilibrio con naturalidad. Suiza traga saliva y se le acerca un poquito porque sí que quiere seguir con los besos.
Austria le acaricia un poquito la ingle y se le acerca de nuevo juntando los labios con los suyos. Es que los escalofríos que consigues... Estoy segura de que el soldado helvético te saluda feliz.
Y en lo que parece el instante siguiente, pero no, han pasado los buenos veinticinco minutos habíaobrasenuntrozodelavuelta el coche vuelve a detenerse.
Ahí le tienen sonrojado, incómodo y queriendo que fueran cuarenta. Se preguntaría seriamente por que no podían hacerlo en un coche la primera vez de casados... Si no estuviera tan concentrado en mordisquearle el labio de abajo
Austria es que es plenamente consciente de que esto es nada más que una dulce agonía. Pues Suiza es muy feliz con los besos, pero vale, al fin se separa un poco sin quererlo de verdad.
—Esa vuelta fue más corta —protesta.
De todos modos no va a pasar en el coche, es cutre, de ansiosos pervertidos, completamente falto de clase y elegancia, soez, barriobajero y TREMENDAMENTE desordenado.
—No lo fue, Herr... —carraspea el chofer.
No es mucho más elegante el bajar despeinados, sudados y sonrojados como adolescentes... Suiza le acaricia la mejilla con la mano. Pues no, pero hoy Suiza merece algún caprichito.
—Ich liebe dich... Aunque sospecho que en un par de horas no voy a pensarlo.
—Pensaba que no ibas a decírmelo nunca —bromea Austria. Suiza se sonroja un poco y traga saliva.
—Tu tampoco me lo has dicho... ¡Pero si me llamaste Cabrero! —le pica el pecho.
—Será por algo —sonríe cínico pasándose las manos por el pelo para aplacárselo un poco antes de abrir la puerta para bajar del coche.
—A media mis... Espera, espera —tiene que organizarse ahí debajo un poco... Y la corbata y el saco y no entiende como Austria se ve tan perfecto. Busca su abrigo, que esta tirado en el suelo y alguien abre la puerta
Austria se ve tan perfecto porque estaba encima, porque es hijo de Galia y tiene un pacto con el diablo.
En cuanto abre la puerta se escucha el barullo general. El austriaco es el primero en sacar la cabeza por la puerta, sonriendo y volviendo a ponerse sus guantes. Suiza siente la ráfaga de aire helado golpearle... Y escucha unos gritos y aplausos.
Austria saluda y nota que han llegado los últimos cuando técnicamente tenían que ser los primeros para recibir a todo el mundo. Bueno, ahora ya a quién le importa. Sonríe de buen humor.
Esto también queda bien, así se llevan los aplausos. El primero que se acerca a felicitarles es... Germania. Abraza a Austria de los hombros y tira de Suiza de dentro del coche para abrazarle un poco también haciendo que su bajada del coche sea de lo menos elegante y bastante torpe.
—¡Han tardado! Les vimos llegar y luego irse otra vez —tira de ellos un poquito con una mano tras la espalda de cada uno—. ¡Felicidades!
Creo que va a ser Galia que sale corriendo y los abraza a los dos echándoseles a los brazos, empezando a llorar otra vez. Pues abraza a los tres. Germania sonríe el muy listillo por haberles ido a sacar. De hecho sospecho que tras un parpadeo Germania repentinamente esta medio abrazando al aire mientras Galia esta cómodamente posicionado en el abrazo.
Suiza no sabe ni donde está parado, siendo un poco abrumado por el pelo de Galia y por Galia en general, tieso e incómodo. Ambos novios se llevan un beso profundo y húmedo (por las lagrimas) en la mejilla.
Suiza se sonroja un poco sin poder evitarlo aunque esta vez mas por la circunstancia en sí que está que por ser Galia.
—Ehh... G-Galia—balbucea sin que nadie le oiga ni le haga el más mínimo caso. Por supuesto que no, ella llora abrazándoles a todos y cuando todos pensaban que esto ya no podía ser peor, Roma se acerca a abrazarles del otro lado.
Es que en realidad Suiza pasa del paralizamiento extremo al estado "cuadripléjico" en solo un instante. Austria se pone nerviosito con Roma ahora sí. Suiza aporta tan poco cuando está paralizado...
—Ha-Hay... Yo... Ehm... —sigue en el balbuceo sin moverse.
Pronto Roma va a empezar a meterle mano a cualquiera de los cuatro. Si es a Suiza se muere... En realidad se paraliza y no está seguro de si es Austria o no.
Es Alemania quien viene al rescate porque todo esto está siendo muy MUY desordenado, se les acerca y carraspea un poco proponiéndoles ir adentro, quitarse los abrigos y beber algo y ENTONCES ya abrazarse y felicitarse como dios manda.
Austria agradece tremendamente dejándose llevar por el alemán huyendo de las manos largas que SABE no son de Suiza. Él les sigue a los dos, ahora sin tener tiempo siquiera de tomar a Austria de la mano, aun incómodo con su propio cuerpo y con la situación y nervioso con la gente.
—Felicidades —Alemania mira a Austria de reojo mientras caminan adentro.
—Danke —sonríe un poco.
—Ha salido muy bien y no sé cómo han conseguido que TODOS los latinos lloren a moco tendido.
—¿Estaban llorando?
—Nein... No solo lloraban, estaban haciendo un drama.
Aprieta los ojos y niega con la cabeza sonriendo.
—Aun así todo salió bien, incluso la música, ¿no?
Austria le mira de reojo un poco porque no cree que haya salido del todo bien, pero ya se imaginaba que nadie lo notaria y sinceramente, para el momento clave, tampoco estaba tan pendiente de ella, pero eso no va a confesarlo. Alemania se encoge de hombros y se detiene a las puertas del salón detrás de las cuales están todos los invitados que no les recibieron en el coche.
—Bueno, Liechtenstein me explicó que les dejara hasta aquí y ustedes entrarían entre música y aplausos saludando a todos.
El moreno levanta las cejas y se gira a buscar a Suiza que está siendo acosado por Roma y Galia del color de un tomate, por cierto, nada de lo que pasa ayuda con la actual situación que de por si tenía. Ya ni protesta ni busca a Austria, solo intenta sobrevivir en soledad.
Austria frunce el ceño y regresa, cruzándose de brazos y haciendo un de ESOS carraspeos... que hacen a Roma y Galia soltarle en el acto.
Suiza aprovecha la oportunidad y huye a ponerse atrás de Austria que lo atrae hacia si para hacerle entrar delante y Suiza pasa de situación comprometida a situación comprometida en solo un parpadeo. Abre la puerta y alguien grita "¡los novios!" y se pregunta si no puede dar vuelta cuando todos empiezan a aplaudir. Si te das la vuelta te vas a comer a Austria. Lo intenta y se consigue detener antes de empujarle... Atrapado entre Austria y los aplausos. Este le pone las manos en los hombros para acabar de frustrar sus intentos de huida. Suiza le mira desconsoladillo y súper sonrojado con tanto aplauso, queriendo escondérsele en el cuello.
—Shhh, vamos —le hace girar cara a todos de nuevo.
Suiza traga saliva planchándose contra él. Toma aire y suspira... Podía hacer esto. Como podía hacer otras cosas... Como había llegado hasta aquí. Seguro que podía.
Austria le aprieta un poco de los hombros y sonríe saludando de forma más natural. Al rubio le cuesta caminar pero lo hace sin recordar en este momento donde está la mesa en la que están ellos dos... Aun cuando vio el mapa en su momento. Así que se dirige al centro de todo, a media pista de baile con pasos inseguros y cara de horror.
Mientras se acercan para darle la mano y felicitarle a pesar de que Inglaterra está intentando poner orden...
El sonrojo va en aumento conforme caminan, aunque les da la mano a todos los que se acercan. Poco a poco Suiza va quedando en ese estado mental de histeria que tanto te gusta, Austria. Va a deambular por la pista hasta que lo lleves a donde tiene que ir, Austria. Puede que alguien grite ya lo de que se besen... alguien España. España, si siempre le caíste mal... Ahora le caes PEOR.
Suiza se paraliza, tragando saliva y mirando a su alrededor... Es decir, no pretendían de verdad que fueran a darse un beso. Pronto se añade bastante gente secundando la idea. Austria carraspea escondiendo la risa.
Suiza le mira ahora a él esperando ilusamente que ya que ha llegado el momento, tenga la misma cara de horror que él tiene. Y no, no la tiene, él se lo está pasando tremendamente bien.
—Oh, venga... ¿De verdad?—le protesta.
—Yo te lo he advertido.
—Ja, pero asumí que llegado este punto...
—¿Aja?
—¡Te daría al menos un poco de vergüenza! No... ¿Cómo voy a darte un beso delante de todos? —sisea.
—¿Vergüenza que tú me beses a mí? ¿A caso te la da a ti al revés?
—N-Nein, pero si me da que... Q-Que... —balbucea, aprieta los ojos y se pone de puntas, porque no quiere discutir. Le da un beso en la mejilla.
—BOOOOOOOOH! —grito general. Suiza aprieta los ojos.
—¡¿Pues qué más quieren!?
—¿Sois novios o hermanos? —grita alguien sin pensar. KO a Suiza, quien se pone de puntas otra vez y con tal de que se callen todos le da un beso en los labios. Así que aún hay protestas pero la mayoría ya lo da como válido.
A Suiza le cueeeeesta no darle un mejor beso en los labios, pero aun así se separa y le busca tomarle la mano.
—¿Contento?
—Si a esto es a lo que tú llamas beso, no sé qué ha sido lo del coche.
—No te voy a dar uno como los del coche en público —si alguien quiere apostar, conforme vaya historiándose la probabilidad de que lo haga es altísima.
Austria se encoge de hombros saludando a alguien por ahí sin hacer mucho caso, puede que a Rusia. Suiza gruñe un poquito y vuelve a mirar a los invitados buscando a Liechtenstein y a su madre que están detrás del todo medio escondidas. Prusia ha conseguido hacerse con el primer lugar frente a él.
Suiza le frunce un poco el ceño al albino.
—¿Qué tal estás, marido?
—Y-Yo... —es que casi se ahoga con esa palabra, porque además piensa en "marido de Austria" y el primero que se le viene a la mente es ESPAÑA.
—¿Qué tal sienta esto? —insiste Prusia.
—¿Sienta qué? —frunce el ceño, tensito.
—Estar casado con tu peor enemigo.
Se sonroja con eso. Sonroooojo.
—Es algo que tú nunca podrás averiguar.
—Ni ganas...
—¿Qué es lo que quieres? —pregunta un poco más agresivo de lo que debería.
—Saber cómo te sientes...
Suiza traga saliva y se sonroja más.
—Me-Me... Me siento...
—Was? Te sientes feliiiiz —se burla. Suiza se sonroja, porque es que sí que se lo siente. Cambia el peso de pie.
—Deja de molestarme.
Prusia se ríe y se encoge de hombros, dejándole. Suiza se revuelve un poquito... Era obvio que se iban a burlar, si incluso Austria se burlaba. Era absolutamente absurdo por un lado haber dicho siempre que le odiaba y ahora casarse con él. El mismo había ocasionado las burlas... Casarse con su peor enemigo y ahora decir que estaba feliz. Aprieta los ojos.
xoOXOox
Hungría va con Austria y le da un súper abrazo. Austria le abraza un poco de vuelta.
—¡Felicidades! ¿Estás contento?
—Ja —responde escueto porque le está haciendo daño al apretarle.
—Como si fuera a creerte si me dices que no lo estas —le sonríe separándose y dejando de zarandearlo—. ¿Ves? Yo sabía que iba a casarse y a decir que si y a hacerlo todo y que no tenías que estar histérico por ninguna razón.
—Que lista —levanta una ceja.
—He de decir, por cierto, que la música... —empieza, riendo un poco.
—No me lo digas, no me lo digas que ya lo sé —protesta deteniéndola con cara de drama. Se ríe poniéndole una mano en el brazo.
—Es lo segundo mejor que te he oído.
—¿Lo segundo? No lo es. Y no sé si quiero saber qué es lo primero.
—Sí que lo es, toda la misa es increíble —le asegura —, y lo primero es la música de nuestra boda.
—Esa la hice para ti, es normal que te guste más —sonríe él con eso. Ella le sonríe un poco más y se encoge de hombros.
—Me alegro por ustedes, de verdad, Svájc parecía flotar a la salida de la iglesia.
—Lo hacía —asegura en confidencia y ella le sonríe otra vez.
—¿Puedo apartar un baile contigo en algún punto de la tarde? —pide.
—Siempre que no me pises... —bromea/NOBROMEA. Se ríe un poco sabiendo que no bromea en el fondo.
—Haré mi mejor esfuerzo —le asegura poniéndole una mano en el pecho un instante y luego yéndose detrás de Prusia.
Él sonríe más, dejándola irse.
Suiza echa vapor de agua por las orejas cuando ve a España… Y detrás de el a Francia.
—¡Hombreeee! ¿Puedo abrazarte? —pide España.
Suiza parpadea
—¿Abrazarme? ¿Tú a mí?
—¿Puedo? —sonríe más.
—Ehhh... —es que suele detestarte de verdad. Francia empuja un poquito a España como quien no quiere la cosa al ver que Suiza no se niega rotundamente, sin meterse mucho más en su conversación y con eso es que España lo abraza y se ríe.
Suiza se queda paralizado porque además... Es que tiene un montón de sentimientos encontrados... Bueno más bien negativos respecto a este individuo. No entendía por qué demonios podría querer ABRAZARLE.
—¿P-Por qué me abrazas? —y es que además los latinos tienen una manera de abrazar... especial.
—Ya más te vale que me lo cuides mucho... Estoy muy feliz por vosotros dos —explica.
—¿Que TE lo cuide mucho? ¡Ni que fuera tuyo! ¿Y por qué estás feliz por los dos? —de verdad no le cabes en la cabeza.
—Pues... es un poco como si lo fuera, aunque es mucho más tuyo que mío, claro —risas.
—No, no es tuyo ya, es completamente mío y nada, NADA tuyo.
El español vuelve a reírse porque le hace muuuucha gracia Suiza tan mono.
—¡No te rías! ¡Es verdad! Tú le dejaste y ahora es mío —Suiza... En serio. Ya entendemos.
—¡Eres tan mono!
Parpadea porque es que no quiere parecer "mono".
—¡No soy mono!
—Claro que lo eres...
—¡No, no lo soy! Tú eres... —frunce el ceño porque no se le ocurre nada políticamente correcto que decirle—, molesto.
—Bueno, ¿estás muy feliz o no? ¿Has pensado ya lo que le harás esta noche?
—¡No le haré nada esta noche! —es que es un problema esta vez, Suiza, ya qu saben qué harás esta noche.
—Hombre algo tendrás que hacer, ¿has pensado en algo especial? ¿Te acuerdas de cuánto tiempo estuvimos planeando los dos lo que yo le hice en la noche de bodas? —le pregunta a Francia tan contento.
Francia, que estaba un poco en el chisme por allá con alguien más y un poco en la conversación se ríe al escuchar lo que le pregunta.
—Creo que para cuando llego el momento, con toda la expectativa y lo que te habías imaginado, debes haberte decepcionado —sonríe un poco aunque sabe que va a negarse.
Suiza aprieta los puños... Y los ojos. Y se sonroja.
—Ya te he dicho que no muchísimas veces —se ríe más.
—Eso es lo que dices, pero a mí no me resultas convincente.
—Realmente no me interesa en lo absoluto tu vida sexual con Österreich —escupe Suiza.
—Eso es lo que dices pero te mueres por saberlo cada vez.
Suiza piensa que le habla a él, hecho un lío. Fulmina a España.
—Bien. Cuéntame. ¿Qué le hiciste a Österreich en la noche de bodas? —pregunta.
—¿Eh? —España se descoloca.
—Anda, cuéntame. ¿Estaba avergonzado? ¿Tenía miedo? ¿No tenía idea de qué hacías? ¿Sabía bien lo que estabas haciendo? Es un ejercicio interesante de hacer el día de mi boda... ¿Te quiso como nunca entonces?
España mira alrededor y se pone serio acercándose.
—Ya sé que no fui el primero nunca en nada.
—Escucha, te lo contaré después si quieres saber todo eso, ¿vale?
Suiza bufa porque... No, en realidad no quiere saberlo, solo cree que te estás metiendo con él, un poco paranoico de su parte. Le descoloca, eso sí, un poco... Que haya dejado de reírse.
—Nein, no quiero saber esas cosas que son tuyas con él —responde sin ladrarle ahora.
—No tengo problema en que lo sepas, en serio, solo que ahora van a felicitarte todos y puede ser un poco largo.
Suiza le levanta una ceja.
—¿De verdad le cuentas eso a quien te lo pregunte? ¿De verdad me contarías?
—No a quien me pregunte... a ti. Me parece natural que quieras conocerle mejor y tal vez hasta mejorar vuestra vida sexual.
—¡Nuestra vida sexual no requiere absolutamente ninguna mejora! —extrañamente esto lo dice de verdad en serio, al menos por su parte... Mira a Austria de reojo.
—No he dicho que la requiera, tal vez ni sirva para eso en realidad, pero por qué negarse la posibilidad —se encoge de hombros. El rubio vacila un poco porque por un lado NO quiere oírlo, pero por otro... Sabe que Austria no va a contárselo.
—Vale, hablaremos después de esto. Y NO vayas por ahí contándoselo a nadie —susurra frunciendo el ceño a Francia que les mira de reojito sonriente y sin decir nada al ver el malentendido
España se ríe.
—Ven a buscarme durante el baile y trae alcohol —palmaditas al hombro antes de irse.
Frunce el ceño aun sin estar convencido, pero se olvida de todo cuando Francia le abraza como hace bastante tiempo que no le abraza para felicitarlo (Las ventajas de estar seguro de que NO trae pistola). A pesar de todo, Francia le dice sinceramente al oído que le alegra muchísimo que al fin sea feliz con la persona que de verdad quiere. Suiza se queda tieso como un palo dejando al francés hacer.
Prusia se planta frente a Austria y levanta la barbilla, mirándole a los ojos. Austria levanta una ceja y le mira por encima de las gafas.
—Was? —pregunta el austriaco frunciendo un poco el ceño.
Prusia nada más sonríe de lado y chasquea la lengua, yéndose dándole la espalda. Austria pone los ojos en blanco y niega con la cabeza sonriendo un poco.
Detrás de Prusia está Helena. Austria levanta las cejas con ella.
—Oh, hallo.
Ella le sonríe sinceramente poniéndole una mano sobre el brazo.
—Hola, soy Helena. Seguramente te acuerdas bien de mí, pero con tanta gente y tantas emociones quizás ahora mismo te parezca desconocida.
—Nein, nein, se quién eres. El parecido con Ungarn te delata. Gracias por venir.
—Ah, Magyarország —le sonríe—, me hace ilusión que me digas que nos parecemos. Gracias por compartir estos momentos tan bonitos, aunque sea un poco una intrusa aquí... Ha sido Veneciano el que me ha convidado.
—Italien... —suspira porque está preocupado por él. Ella asiente sonriendo un poco.
—Estás preocupado...
—Debes saber bien que sucede con él y Deutschland.
Asiente suspirando también.
—Espero de todo corazón que ese problema se resuelva hoy, aunque no sé si ambos tendrán la claridad mental para conseguirlo.
—No sé qué va a ser de Deutschland si no es así...
—No solo de él, del mismo Veneciano y de toda la casa... No me malinterpretes, pero esto que parecía tan pequeño ha tenido impacto en absolutamente todos.
Él toma aire profundamente y asiente con pesar.
—Claro que tú no tienes de que preocuparte hoy. Las cosas caen por su propio peso y esto se acomodará de una u otra manera en su lugar —le asegura—. Por ahora, disfruta este día.
—No puedo no preocuparme por ellos —sonríe y niega con la cabeza.
—Lo sé, aunque sospecho que están más cerca de arreglarlo de los he creemos —sonríe más, abre los brazos y se acerca a él para darle un abrazo.
Él se tensa un poco (y se sonroja otro poco también). Helena le aprieta contra ella con la presión correcta para ser un poco incómodo pero en realidad no demasiado.
—Todos valoran mucho tu opinión y te consideran una persona muy inteligente... Me gustaría hablar contigo más, quizás puedan venir a cenar a casa pronto.
—Ja, claro. Danke —carraspea un poco volviendo a ponerse bien las gafas.
—Y lo digo en serio, no una simple fórmula de cortesía. Les hablaré para invitarles ahora que vuelvan de luna de miel. Ahora te dejo e iré a felicitar a tu marido.
—Está bien, está bien —se ríe un poco muy tranquilo porque le recuerda un montón a Hungría y le hace sentir extrañamente cómodo—. Suerte con Ägypten.
—Uy, necesito algo bastante más que suerte para domar a esa fiera —le cierra un ojo y se va. Austria la mira irse mientras Canadá se acerca a Suiza.
—Ah, muchacho —cosa extraña... Se tranquiliza un poco con su presencia.
—Allô —sonríe un poquito. Suiza carraspea mirando a su alrededor, estando menos a la defensiva, aunque aún está sonrojado con Francia y sus abrazos molestos.
—¿Cómo va todo? —pregunta en tono práctico.
—Bien, solo quería felicitarte.
—¡Ah! —le mira porque ha pensado que venía a... Algo más. Canadá. Oficialmente eres parte de la familia de Suiza, eso lo demuestra—. Ehm... Merci.
—Me alegro mucho por los dos, Liechtenstein estaba muy emocionada.
—Ah... ¿Si? ¿Qué te ha dicho? —carraspea un poco incómodo ahora con esta conversación.
—Que está muy feliz y que había soñado con esto por mucho tiempo. Seguro luego ella misma te lo dirá.
Asiente... Y de repente se le ocurre una cosa.
—¿No estarás pensando casarte con ella, verdad? —Y si Canadá encuentra la respuesta correcta a esa pregunta... Mis respetos.
Canadá se tensa como un palo, se sonroja y balbucea en silencio algo muy parecido a "Y-y-y-y-y-y-y-yo?" Solo le sale un "a..aaa...ah..."
—No te oigo.
Canadá balbucea completamente sin voz y el suizo le fulmina un poco.
—¿Eso es un no?
—Y-yo...
—Mon dieu, ¿¡es un sí!?
El americano se sonroja más y piensa que lo que quiere es que se vayan de luna de miel para instalarse en la casita de la montaña en los Alpes y pasársela todo el tiempo tomando chocolate, haciendo excursiones, jugando en la nieve y haciendo el amor con Liechtenstein cada diez minutos. No puede evitar que eso le sonroje aún más.
—¡Casi puedo oír lo que estás pensando!
Cosa que lo hace sonrojarse aún más.
—Pues no vas a casarte con ella pronto, eso te lo advierto. ¡Es una niña pequeña! Lo más que vas a hacer por ahora es cuidarla.
Asiente.
—En especial estas tres semanas —oh sí, Suiza en su VIDA se ha ido tres semanas de vacaciones a NINGUN lado—, vas a garantizar que no le pase NADA. ¿Verdad? —¡hasta te está dando permiso de quedarte a jugar a la cabaña en las montañas mientras hacen cositas frente al fuego y comen chocolate!
Canadá parpadea porque no sabía que iban tres semanas. Vuelve a asentir muy fuerte.
—Bien. Más vale que cuando vuelva todo este caminando perfectamente como relojito y nadie pueda pensar siquiera que me fui. ¿Ya te explicó Liechtenstein tus obligaciones?
—Non... v-voy... voy ahora a que me las explique ahora. Ahora mismo.
—Bien. Anda, anda... Apresúrate —hace un gesto con la mano para que se mueva pensando que, para ser este muchacho hijo adoptivo de FRANCIA... Es un buen muchacho. A Canadá le falta tiempo para irse corriendo como alma que lleva el diablo.
Bueno, Suiza, has sobrevivido a la boda y al coche, qué podría ir mal ahora? ¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edición!
