LII.
La grieta.
Katarina caminaba frente a sus hombres con paso firme y el rostro serio. Hacía mucho que no sentía esa adrenalina de entrar al campo de batalla y ese día tampoco lo hacía, quizá era porque se creyó muy superior a sus adversarios. La batalla para ella se había convertido en una formalidad dónde sus dagas siempre terminaban empapadas con la sangre de sus enemigos y una victoria para Noxus.
—General, estamos listo.
La asesina miró al soldado y asintió, haciendo apenas un movimiento con la mano para que regresara a su lugar. Lego, regresó la vista al frente y esperó que Riven llegara a su lado. Entre tanto, se acomodó por enésima vez los brazales de su armadura. No estaba cómoda usando tanta protección y se había negado a ponerse peto o pancera, ni hablar de musleras. No importaba que su armadura fuere mucho más liviana y cómoda que la de Riven, quién si se había colocado casi todas las piezas de su armadura pesada. Pero Lux había insistido, sabían que la batalla sería peligrosa y por eso no la dejó salir hasta que cedió en colocarse por lo menos la mitad de sus protecciones.
—Detesto esta armadura – comentó Riven ajustando su hombrera derecha.
—Ya eres lenta Riven, no hace mucha diferencia. En cambio yo, se siente como si me hubieran colgado piedras por todo el cuerpo.
—Con todo respeto General. Váyase a la mierda.
—Ah, insultar a un superior – dijo Katarina girándose para verla con falso enojo —. ¿Qué pasó con el par de idiotas?
Riven levantó los hombros y señaló con uno de sus dedos un par de soldados que tomaban su posición no muy lejos de allí.
—Ya los sanaron…
—Espero que no mueran, así puedo darles una paliza por desobedecer órdenes.
Con eso, Katarina retomó el camino hasta quedar a solo diez metros de la grieta. Miró en derredor y comprobó con cierto gusto como todos estaban ya preparados para que su hermana iniciara la canalización y pudieran, al fin, cerrar la fisura.
Pero aún tenían unos minutos así que Katarina giró sobre sí misma y buscó a Luxanna con la mirada. La encontró cerca de la colina, bajaba con el bastón a su espalda y su armadura plateaba bien colocada, lo único que descartó fue el caso pero únicamente porque no había podido quitarle la cresta demaciana sin arriesgar dañarlo.
Tampoco llevaba la capa, en parte porque era muy larga y se arrastraba restándole movilidad y también porque estaba estampada con el sello de la familia Crownward a la cual Luxanna juraba no pertenecía. Sin embargo, esa mañana Katarina la había descubierto observando el escudo de armas con algo muy similar a tristeza en su rostro.
Katarina miró una última vez a sus soldados y caminó con la frente en alto hasta situarse al lado de la infantería, en primera línea. A escasos diez metros de ellos la grieta brillaba con su usual resplandor purpura, el patrón que seguía casi parecía el palpitar de un corazón y la asesina se preguntada, cada vez con más frecuencia, si no era ese mismo constructo mágico una criatura por sí misma.
—Listo General. Están todos en posición – dijo Riven tomando su espada al colocarse justo detrás de Katarina.
La asesina no tuvo que esperar mucho, observó el resto de tropas tomar su posición a los costados y juntos aguardaron que Cassiopeia iniciara el proceso para cerrar la grieta. Cada rostro que Katarina veía era expectante y un poco temeroso, no resultaba extraño pues las criaturas que enfrentarían se tornaban cada vez más peligrosas.
Mientras recordaba sus previas interacciones con la grieta, Cassiopeia inició el ritual y sincronizó su energía con los magos humanos que formaban un semicírculo a su espalda. Luego, inició la sincronización con cada uno de los aspectos Targonianos y finalmente se conectó con Ahri. Le tomó algunos minutos canalizar la gran cantidad de energía que fluía a través de su cuerpo, mejor dicho, a través del alma que convivía con la suya y para luego proyectarla hacia el corazón de la fisura.
Cassiopeia, Ahri, los aspectos, Luxanna o cualquier otro mago no pudo ver nada, pues estaban en un estado casi inconsciente, pero el resto de guerreros que les resguardaban si vieron con claridad el haz de luz multicolor que viajó desde Cassiopeia hasta la fisura.
Al llegar, el haz de energía provocó que el interior purpura oscuro de la fisura palpitara y casi de inmediato empezaron a brotar pequeñas garrapatas que fuero despachadas de inmediato por los lanceros de primera fila. Luego, Katarina pudo ver como la grieta se infló y al romperse la extraña burbuja salieron más garrapatas y orugas, también un par de monos despellejados. La General noxiana esperó que sus soldados se encargaran de la primer oleada, y solo empuñó sus dagas cuando del constructo mágico empezaron a salir una cantidad considerable de monos. Sus soldados, al igual que el resto de la primera fila, se vieron forzados a retroceder para evitar ser atropellados.
Katarina brincó en medio de un pequeño grupo de monos y chocó un par de chuchillos para llamar su atención, luego regresó a su daga principal y dejó que los lanceros atravesaran as criaturas limpiamente con sus astas. Luego, giró para empezar a matar cuanta criatura se atravesaba en su camino, de vez en cuando, la asesina levantaba la vista para comprobar que Cassiopeia y Luxanna seguían bien protegidas. Ordenó con un potente grito a los arqueros abrir fuego para reducir las criaturas más débiles que empezaban a salir nuevamente de la grieta y se transportó cerca para cortar a la mitad una oruga.
Fue en ese momento que Katarina vio una criatura nueva, una especie de larva con el tamaño de una rata que poseía una enorme dentadura y que estaba, por raro que pareciera, arrastrándose entre los cadáveres que se apilaban. Con una mueca de asco, enfilo la punta de su daga e intentó asesinarla, pero un mono se lo impidió atravesando su cuerpo y recibiendo el daño. No perdió tiempo y se transportó de nuevo, esquivando dos más y buscó entre los cadáveres dónde había ido la larva, pero tan pronto como le agarró la pista los monos la atacaron de nuevo y tuvo que despacharlos antes de seguir con su búsqueda. Sin embargo, las criaturas seguían saliendo si tregua, y no parecían dejarle un solo segundo para preguntarse qué había sido esa criatura y mucho menos ir tras ella.
Al cabo de diez minutos esquivando y matando lo que podía, Katarina escuchó entre el ruido de jadeos, gritos y choque de acero contra carne un ruido seco, como el que hace un hueso al romperse bajo una gran presión. Mató la oruga y lanzo su arma en la dirección que escuchó el ruido. Aterrizó justo al lado de un demaciano que gritaba desesperado mientras intentaba en vano quitarse de encima la larva que había visto. Al parecer, la criatura se había colgado de su pierna y le destrozó el miembro con todo y armadura.
Katarina hizo una mueca, tomó al soldado por el hombro y con destreza cortó las correas que sujetaban su muslera, luego le desgarró la capa y le aplicó un torniquete, tomó su daga y con un corte le amputó el pie desde las rodillas. El hombre gritó pero giró y tomó su espada para colocarse de pie, los dos miraron como la larva también soltó la extremidad y con un movimiento rápido giró para introducirla en su boca, llena dientes, por el lado que sangraba. Luego, se lo engulló en cuestión de segundos y ante sus ojos empezó a cambiar.
Primero, pareció que se replegaba sobre sí misma y engullía su propia cola, pero en lugar de devorarse empezó a generar capas de tejido que crecieron rápidamente. Katrina vio como de la masa amorfa de carne empezaban a tomar forma extremidades, vio los huesos acomodarse entre la carne y la criatura levantarse sobre dos diminutas patas que loe elevaron del suelo los suficiente para que se formaran dos pinzas gigantescas de lo que finalmente sería su torso. El demaciano retrocedió espantado al notar como la cabeza de la criatura terminaba de formarse, una boca enorme atiborrada de filosos dientes, con dos pinzas a cada lado de su mandíbula superior y dos enormes ojos completamente negros que pasaron de Katarina y cayeron sobre el hombre.
La asesina miró la criatura y se colocó en posición de ataque, lanzó su arma y se transportó sobre la cabeza de la criatura que ni siquiera se molestó en verla. Así que Katarina cayó sobre la criatura con ambas dagas enfiladas a clavársele en la cabeza. Sin embargo, cuando el metal entró en contacto con la cabeza resbaló sin ser capaz de atravesar la piel. Y la asesina tuvo que girar sobre sí misma para evitar golpearse la cara con la cabeza acorazada, lo que resultó en que se magullara un poco el costado derecho al resbalar sobre la espala.
Cuanto Katarina se reincorporó vio como el demaciano intentó en vano defenderse, pero la criatura le atravesó el abdomen con la garra de hueso y luego lo levantó dándole un mordiscó a su hombro y destrozándole la armadura a la vez que jalaba con sus poderosas mandíbulas arrancándole un gran pedazo de carne. El hombre gritó y rápidamente aparecieron dos demacianos más que intentaron atravesarle con sus armas más otra vez el filo de las lanzas fue incapaz de cortar la piel de la criatura y resbalaron inofensivamente por sus costados mientras la criatura lanzaba el cuerpo del primer soldado y atravesaba a un segundo, el tercero intentó reaccionar para defender a su compañero pero terminó retorciéndose en el aire mientras la criatura utilizaba su otra extremidad para perforarle las costillas de costado a costado.
Katarina observó como la criatura le arrancó la cabeza uno de los soldados y empezó aumentar de tamaño nuevamente. Con una mueca se aferró a sus dagas y cambió su postura a una de ataque, corrió hacia la criatura y se deslizó entre sus patas abiertas con el fin de examinarla mejor. Tal como sospechó los diminutos espacios de sus articulaciones carecían de coraza sólida, al igual que en sus brazos y el par de tenazas. Luego lanzó una de sus armas por encima de la cabeza de la criatura y esperó que descendiera por la parte frontal. Esquivó los ataques y se transportó a su arma, pudo observar como parte del cuello de la criatura no estaba protegída. Sonrió y aterrizó con una voltereta antes de tomar ambas dagas y lanzarlas en direcciones opuestas.
La primera, fue a clavarse entre las patas de la criatura y la segunda voló libremente hasta su cabeza dónde apareció Katarina para cortar la parte desprotegida con su arma y luego, se transportó a la daga clavada en el sueño para clavar dos cuchillos en cada extremidad. Giró en tanto la criatura aullaba y se movía erráticamente antes de perder el equilibrio.
Con una sonrisa de victoria Katarina se dispuso a seguir luchando en otro lugar, pero la criatura gruñó y uso sus brazos como sustituto de sus patas para cargar contra ella. Aunque sorprendida, Katarina se hizo a un lado y esquivo las pinzas sin mucho problema, el rastro de fluido dejaba testimonio de los precisos ataques de la asesina, pero no parecía suficiente para matarla la abominación.
Katarina tomó sus dagas una vez más y se dedicó a cortar cada parte expuesta del engendró hasta que finalmente cayó al suelo y no se levantó más. Fue cuando la pelirroja se permitió levantar la vista al campo de batalla y vio como Riven junto a la comandante demaciana estaban haciendo pedazos, de forma literal, otra de esas cosas y un conjunto de freljoridanos con Vi daban cuenta de un tercero. El resto de soldados se repartían entre acabar con las criaturas que brotaban de la fisura y proteger a Cassiopeia y los demás.
La General regresó a la lucha después de darle una mirada furtiva a la grieta, que había reducido su tamaño en un tercio del original y que en consecuencia dejaba pasar menos criaturas. Sonrió para sí al ver que el plan funcionaba y continuó peleando entre hombres y bestias hasta que sin previo aviso, el rayo de energía que cerraba la grieta se detuvo.
Cassiopeia cayó al suelo completamente exhausta, al igual que todos aquellos que prestaban su energía. Sin pensarlo, Katarina abandonó la batalla y llegó hasta Luxanna que yacía sobre el suelo rocoso apenas consiente.
— ¿Estás bien?
—Si… cansada.
Lux se desmayó después de eso y Katarina ordenó a sus hombres replegarse para proteger al grupo, no obstante también las criaturas dejaron de pasar por el portal y el campo de batalla se fue silenciando hasta que solo se escuchaban jadeos.
Riven apareció poco después a su lado junto a la shurimana. Al ver que Sivir no hacía el menor movimiento por levantar a Cassiopeia, Riven rodó los ojos y se agachó para tomar el cuerpo de la noxiana.
Poco a poco, cada uno de los magos fue llevado de regreso a la liga, Katarina ordenó a sus hombres apilar los cadáveres y prenderles fuego: criaturas y soldados caídos por igual. No había tiempo para llorar a los muertos, ni energía para darles una mejor sepultura. Cuando estuvo segura que dejaba todo en orden se subió a la plataforma de transportación y regresó a la Liga dónde no perdió un segundo en llevar a Lux hasta la habitación. Le acomodó en cama y salió nuevamente, fue al comedor dónde había ya un número considerable de comensales.
Distinguió a Kahina que cargaba el cuerpo inconsciente de Ahri en brazos y se acercó.
— ¿Y Luxanna?
—Dormida.
— ¿Cuántas bajas? – preguntó Katarina observando de reojo a la vastaya.
Kahina acomodó la cabeza de Ahri sobre su pecho y miró a Kai'Sa quien comía procurando no entrometerse en la conversación. Todavía no era sencillo para ella confiar en la asesina noxiana, pero sabía que en ese momento no podían darse el lujo de no cooperar. Así que, suspiró y respondió sin darle más vueltas al asunto.
—Veintitrés bajas y doce heridos. La mayoría bastante mal.
—Tengo 15 muertos y aumentará de aquí a mañana… quizá se duplique.
—Supongo que los demás tendrán números similares…
—Un tercio de nosotros en bajas.
Katarina tomó asiento y comió en silencio, observando a su alrededor mientras calculaba que debían pedir refuerzos de algún lado si planeaban cerrar la fisura por completo. Detestaba la idea, porque eso significaba esperar por lo menos tres semanas para que llegaran y la primavera ya estaba cerca. Si las observaciones de Ashe eran correctas, con la subida de temperaturas las criaturas serían menos lentas y más fuertes.
Al cabo de un cuarto de hora, Kai'Sa termió de comer y se retiró junto a Kahina dejando a Katarina atrás con la cabeza perdida en sus pensamientos.
— ¿Crees que se despierte pronto?— preguntó Kai'Sa una vez metieron a Ahri en cama.
—No lo sé, pero estoy segura que le hará bien dormir. Últimamente, Ahri se levanta a la madrugada y no regresa hasta la noche siguiente. Y anda bastante callada, se mantiene lejos de todos nosotros y no tiene la misma energía de antes…
Kai'Sa observó el rostro relajado e la vastaya y guardó silencio. Entre tanto, Kahina se quitó la armadura y fue al cuarto de baño para asearse. No demoró más de diez minutos para que Kai'Sa también entrara.
En tanto la princesa icathiana se limpiaba, Kahina tomó de la mesa los vendajes y pomadas que usaba Kai'Sa para limpiarle la herida del hombro, se curó y vendo las heridas viejas y las nuevas. De manera que cuando la joven salió ya estaba cambiada y esperaba sentada sobre su lado de la cama con la vista fija en la ventana. Solo desvió los ojos hacia Kai'Sa cuando notó que en lugar de su raro traje había salido envuelta en una toalla.
—¿Puedes… pasarme algo de ropa?.
Kahina asintió y giró sobre la cama hasta el armario de dónde saco un pantalón corto y una camisa holgada. Luego se mantuvo con la vista fija en la pared dándole la espalda para que pudiera vestirse sin problemas. Aún si Kai'Sa había aceptado dejarse cortejar, no hablaban del tema y solo dormían juntas porque no le gustaba la idea de dejarla dormir con los noxianos. Le parecía a la demaciana que Kai'Sa estaba mucho más cómoda y segura allí.
Y también era agradable dormir con alguien.
—El sol ni siquiera se oculta, es raro irse a la cama tan temprano — comentó Kahina cuando sintió que Kai'Sa levantaba las cobijas y se acomodaba.
—Pero… estoy un poco cansada. Si no quieres dormir…
—¡No, no!. Si quiero descansar un rato. Además, tenemos que recuperar energías para continuar cerrando la fisura. No me hagas caso. Es solo la costumbre, en Demacia jamás me iba a la cama tan temprano.
Con eso, Kahina se metió también en cama al lado de Kai'Sa pero dejando el espacio suficiente para que sus cuerpos no se tocaran. La demaciana observó el techo de la habitación un largo rato, hasta que los ojos castaños de Kai'Sa la obligaron a girar la vista.
— ¿Qué pasa?
—Nada… solo estaba pensando.
— ¿En mañana? – preguntó Kahina dándose media vuelta para fijar toda su atención.
—No. En… en…¿Cómo es Demacia?.
Kahina sonrió.
—Pues…
Describir a su nación no era sencillo, pero hizo lo mejor que pudo. Empezó por contarle sobre el pueblo dónde había nacido, sobre su familia, su trabajo y sus mejores anécdotas. Luego, le contó cómo se unió a la milicia, su entrenamiento implacable y muy exigente, su amistad con Luxanna y todas las aventuras y desventuras que vivieron, luego su separación y las cosas que había estado haciendo en cada regimiento al que la asignaron.
Habló sobre los valles, los bosques, los ríos y las montañas de su natal Demacia con tal pasión que Kai'Sa se sintió transportada a ese lejano lugar. Deseó ver con sus propios ojos las maravillas que describía Kahina. Cerró los ojos un momento mientras dejaba que su voz le facilitara imaginarse en ese puesto fronterizo dónde el aire soplaba helado y se colaba en los huesos sin importas las dos capas de pieles que llevaba encima. Poco a poco, Kai'Sa fue quedándose dormida y Kahina paró de hablar para sonreír y acomodarle la cobija hasta la barbilla.
Era curioso que pudiere gustarle tanto aunque no llevaran más que unos días de conocerse, pero aún no tenía la suficiente seguridad para darle un beso de buenas noches, así que solo le acomodó el cabello y se quedó dormirá observando su bonito rostro.
Afuera, el sol se ocultó y la luna tomó su lugar en el firmamento, caminó el cielo hasta que pasada la media noche Ahri despertó abruptamente observando en todas direcciones con desesperación. Sus ojos, acostumbrados a la oscuridad reconocieron la habitación de inmediato, no obstante su mente perturbada tardó un minuto más en tranquilizarse.
Cuando estuvo lista, Ahri salió de la cama y caminó hasta la ventana para mirar la luna, luego regresó la vista a la otra cama y no pudo evitar la sonrisa que se pintó en su rostro al ver como Kai'Sa se había quitado las cobijas y le pasaba una pierna por encima a Kahina. Era igual cada madrugada. Sin embargo, el buen humor de la vastaya no duró mucho y abandonó la habitación segundos más tarde.
Ahri se movió con gran agilidad y sigilo, evitando a las personas que dormían en el pasillo principal del primer piso. Luego salió del edificio y caminó por el corredor exterior hasta que pudo distinguir una figura humana apoyada sobre una de las vigas. Se acercó y se dejó caer a su lado. Levantó la vista al cielo y se abrazó el cuerpo con sus peludas colas.
— ¿Pesadillas?
Ahri asintió.
—Pasarán con el tiempo…
—Lo sé. No es la primera vez que ocurre.
La vastaya guardó silencio. No sabía bien como expresar lo que le pasaba. Es decir, había dejado de consumir almas humanas porque la culpa la estaba asfixiando y vivió durante muchos años gracias a las enseñanzas de una anciana maga, pero esta vez no estaba del todo segura que era culpa lo que sentía. Ni siquiera que realmente fueren pesadillas las imágenes que plagaban sus sueños.
Y, lo peor, no se sentía cómoda con nadie.
— ¿Es necesario hablar? – preguntó Ahri cerrando los ojos.
—No.
Ninguna dijo nada, Ahri continuó con los ojos cerrados hasta que se quedó dormida y se dejó caer sobre el hombro de Riven que le sirvió de apoyo toda la madrugada. Así como había estado haciéndolo desde que se habían encontrado en ese mismo lugar por primera vez.
También Riven durmió un par de horas, pero su descanso fue interrumpido cuando escuchó una estampida de botas pasar a toda prisa por el pasillo cercano. El sonido de metal y voces humanas también despertó a Ahri y las dos se colocaron de pie para correr hacia la entrada más cercana y atestiguar como la marea de gente corría en dirección a la plataforma de transporte.
—Ocurrió algo – sentenció Ahri mientas empezaba a trotar.
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Pues sí señor lector, ya entramos en la recta final. Al menos el el papel porque yo voy al ritmo de tortuga.
