Capitulo 50. Arrepentimiento

Flashback

- ¿Qué haces aquí? - fue lo primero que preguntó Ron cuando levantó la mirada.

- ¡Ay corazón! ¿Cuántas veces te he dicho que esa no es forma de saludar?- dijo como respuesta Pansy, que acaba de aparecerse en su despacho.

- Mmm… hola… ¿QUÉ HACES AQUÍ? - insistió el pelirrojo.

- Pues obviamente vine a visitarte - se dispuso a tomar asiento, esta vez no frente al escritorio sino sobre él (n/a frente a Ron).

- Eso me queda claro… pero ¿a qué se debe tu visita? - Ron luchaba por no mirar el escote y las piernas de la chica.

- Resulta que andaba haciendo de las mías por el primer piso… y decidí pasar a verte - respondió mientras acariciaba al pelirrojo con una de sus piernas - La ultima vez tu querida Granger nos interrumpió…

- Ni me lo recuerdes… - bufó él.

- En fin… podemos retomar aquello ¿no crees? - con un hechizo puso el cerrojo a la puerta.

- ¿Nunca te cansas? - inquirió el ojiazul.

- ¿De tener relaciones contigo? - se bajó del escritorio y se aproximo hacia él - Por supuesto que no… te confieso que no creí que fueras tan bueno - comenzó a desabrocharle la camisa.

- Y yo te confieso que me agrada la idea - el pelirrojo entornó los ojos y se dejó querer.

Hacía rato que la ropa había de ambos descansaba en el suelo, Pansy trastornada por la pasión, lo besaba desesperadamente, mientras él, ya dentro de ella, acariciaba cada parte de su exuberante cuerpo. El tiempo en el que ambos se fundieron trascurrió rápidamente, con suma calma comenzaron a vestirse…

- ¿Errol? - Ron interrumpió el beso de despedida de la pelinegra al ver a su lechuza en la ventana.

- ¿Qué? - preguntó ella al no saber de que hablaba.

- Es Errol - el pelirrojo señaló la ventana - ¿qué hará aquí?

Pansy se encogió de hombros, en tanto el chico se acercó a la ventana para recibir la nota que la lechuza traía consigo. De inmediato supo que era de sus padres, comenzó a leer y sin más tomó su saco y se dispuso a salir del despacho.

- Tengo que irme - dijo muy serio y a continuación salió, dejando a la pelinegra muy confundida.

Después de un par de minutos, en los que Pansy trató de analizar lo que había pasado para que Ron actuara así (n/a sera sexy. pero es muy tonta), tomó la nota que él había dejado en el escritorio, comenzó a leer y de pronto la chica dejo caer la nota al piso, pasmada por lo que acaba de leer.

Fin del Flashback

Durante el resto de ese día nadie pudo pasar a ver a Hermione, la gran mayoría permanecieron en el hospital durante toda la noche, se quedaron en la sala de espera y de cuando en cuando iban hacia los cuneros para darle un vistazo a la pequeña Malfoy…

- Puede pasar - dijo la enfermera que salía al día siguiente de la habitación de Hermione.

- Gracias - respondió Draco y a continuación entró a ver a su esposa.

Caminó cabizbajo hasta la cama donde Hermione yacía inconsciente, levantó la mirada y de nuevo sintió el corazón hecho pedazos al verla en ese estado. A pesar de las heridas en su cuerpo, la castaña se veía serena, tranquila como si simplemente estuviera en un sueño muy profundo. El rubio tomó asiento en una silla cercana, cogió la mano de Hermione y la acercó a su mejilla (n/a la de Draco), de nuevo las lágrimas brotaron.

- Despierta querida… despierta por favor - murmuraba él entre sollozos - Tienes que recuperarte, tienes que conocer a nuestra hija… es tan bella como tú - decía inconsolable.

El rubio permaneció así durante un rato, llorado, suplicando a su amada Jane que despertara, que no lo dejara. Cuando no pudo más, se desplomó colocando su cabeza sobre la cama cerca del pecho de su mujer, sin dejar de tomar su mano…

- ¿Creen que pueda ver a Herm? - indagó Ron. Harry, Luna, Blaise y algunos de los Weasley seguían en la sala de espera.

- Tal vez - fue lo único que dijo el ojiverde, hacía apenas un momento que él y su esposa habían llegado y ninguno de los dos concebía lo que le había pasado a Herm.

- ¿Por qué no vas a ver? - le sugirió Ginny, el moreno se mantenía abrazado a ella para reconfortarla - A mi también me gustaría verla.

- Tienes razón… iré a ver - contestó el pelirrojo.

- Hijo espera - Molly obligó a detenerse - ¿Por qué no aguardas un poco?... Draco debe estar con ella.

- Es cierto Ron… es su esposo, necesita estar a solas con ella - coincidió Arthur.

- Lo se papá… no pienso interrumpir, solo quiero saber si puede recibir otras visitas - dijo él, por primera vez serio.

Inmediatamente el pelirrojo caminó con las manos en los bolsillos hasta la admisión del hospital para preguntar por la habitación de su amiga, cuando le informaron cual era se dirigió a ella. Durante el camino estuvo pensativo, estaba seguro que lo del accidente de Hermione no era su culpa, incluso dudaba que Pansy fuera causante de justamente la caída, sin embargo, no dejaba de sentirse culpable, indirectamente él tenía que ver en todo esto. Primero por lo mal que había tratado a su mejor amiga desde que se había enterado de su relación con Malfoy y después por caer en el jueguito de Parkinson, enredarse con ella y sobre todo por no ponerle un alto a su supuesto plan…

Llegó por fin al pasillo donde se encontraba la habitación de la castaña, buscó el número que le habían indicado y giró la perilla de la puerta cuidadosa y silenciosamente. Tal y como se lo habían advertido sus padres, Draco Malfoy, el legitimo esposo de su amiga, estaba ahí.

Durante unos segundos Ron lo observó sorprendido, no por el hecho de verlo ahí, sino por el estado deplorable en el que este se encontraba. Jamás en su vida vio a Malfoy así, ni siquiera el día de la guerra, cuando su padre perdió la vida, nunca hubiera imaginado verlo en ese estado y menos por, hasta hace unos meses, su peor enemiga.

El rubio aun gimoteaba pegado Hermione, acariciándole la mano, estaba más pálido que de costumbre, despeinado, desarreglado como nunca, en esos momentos había perdido cualquier rastro de ese porte de elegancia y autosuficiencia que lo caracterizaba, además no había dormido ni un segundo desde que la castaña había llegado al hospital, por lo que unas pronunciadas ojeras enmarcaban sus, ahora desconsolados, ojos grises.

El pelirrojo cerró la puerta cuidadosamente, se recargó en la pared y permaneció unos minutos en el pasillo, aun pensativo, jamás olvidaría esa escena.

- ¿De verdad la ama tanto? - se preguntó. Ahora lo sabía, tenía la respuesta correcta a esa interrogante, pero era tarde para arrepentirse de todo lo que le había hecho a Herm, era tarde sobre todo, para disculparse por los comentarios tan hirientes, nada de lo que pudiera decir volvería el tiempo y la salud de su amiga, nada remediaría las cosas…

- Debes estar feliz Weasley - después de unos minutos el demacrado rubio había salido de la habitación y se encontró con el pelirrojo en el pasillo - La querías lejos de mi, solo para ti y ahora… tal vez no sea de ninguno de los dos - dijo con una voz seria apenas audible y se fue camino a los cuneros para visitar a su pequeña hija.

Esta vez Ron no tuvo el coraje para contestarle y agredirlo, simplemente se quedo mirando a Draco hasta que se alejó, mientras aquellas palabras resonaban una y otra vez en su cabeza, el rubio tenia razón…