Soul Eater no me pertenece. De lo contrario, ya estaría casada con Death the Kid y le hubiese dado 8 perfectos hijos simétricos.

No hay lugar como el hogar

¡Go Tsubaki!

Tsubaki apoyó la botella vacía sobre la barra y le sonrió el hombre del otro lado.

- La devuelvo.

Éste tomó rápidamente el envase y depositó uno nuevo, guiñándole un ojo.

- Este va por la casa, hermosa.

El arma demoníaca parpadeó un par de veces y luego sujetó la cerveza, agradeciéndosela con una sonrisa cálida. Acto seguido, se giró sobre sus tacones y emprendió camino hacia donde, se suponía, se encontraban sus amigos. Aunque le costó un poco localizarlos.

Vio a Liz y Patty bailar con unos chicos desconocidos. Sus movimientos eran sexys y llenos de mensajes subliminales sobre sus intenciones para con ellos. Lejos de cualquier rechazo, los muchachos parecían no poder estar más felices. ¡Go chicas!

Continuó recorriendo la pista con la mirada mientras le echaba un trago a la cerveza. Ya era bastante tarde, por lo que el lugar se estaba vaciando de a poco. Razón por la cual no le fue tan difícil encontrar a Chrona y a Kid. Ambos estaban subidos a una de las tarimas más altas, bailando de la misma manera que las hermanas Thompson. Claro que el alcohol había ayudado mucho a que esa escena se diera. Después de todo ¿Quién iba a decir que la tímida Chrona y el siempre correcto hijo de Shinigami estarían protagonizando un striptess en medio del boliche? ¡Go Chrona!

¿Dónde estaría Maka? Lo único que recordaba era que había ido a comprar otra cerveza. La quinta de la noche. Guau, ¿Quién iba a decir que Maka sería una chica fiestera? Detrás de todos esos libros y sus dos coletas de niña buena. Pero… oh… bueno, si tenía alguna duda, ya estaba aclarada: guau, cómo cambiaban las cosas. Hacía solo dos meses Maka se encontraba deprimida porque Soul no se daba cuenta de sus sentimientos y ahora estaba aprisionada contra una de las columnas del local, sin poder distinguir donde terminaba ella y donde empezaba Soul. ¡Go Maka!

Lo que la dejaba por buscar a la última persona que había ido con ellos… ¿Dónde estaría Black Star?

Escaneó el lugar nuevamente, pasando por alto la gente que no le interesaba hasta que vislumbró una cabellera azul que se reflejaba gracias a la luces que no morían aún.

Avanzó hacia él y frunció los labios cuando vio lo que estaba haciendo. Black Star estaba fumando. Era un habito que Killik le había pegado tiempo atrás y que solo adoptaba cuando se sentía perturbado o confundido. No le gustaba, no era bueno para su salud, más para él siendo un técnico. Pero, por más que lo incitara a dejarlo, el Ninja hacía lo que quería. Como siempre, técnicamente.

Se sentó a su lado en el parlante pero ni así logró que subiera su vista pensativa del suelo. ¿Le estaría pasando algo?

- Black Star, ¿te sucede algo? – quiso saber, tocando suavemente su brazo.

Él simplemente suspiró y le dio otra calada a su cigarrillo antes de lanzarlo lejos, siendo conciente de que su arma no era feliz cada vez que él fumaba.

- Solo estaba pensando – respondió, cruzando sus dedos y apoyando su barbilla sobre ellos. Era extraño verlo así, tan callado, considerando que estaban en un boliche y que él siempre era el alma de la fiesta.

- ¿Puedo saber sobre qué?

El asesino solo la volvió a ver, como si estuviera indeciso de compartir sus conflictos. Su arma no supo qué podía ser. Black Star nunca había sido una persona de profundos pensamientos ni tampoco de rostros serios fuera de combate. Y ciertamente un club no era el lugar indicado como para ponerse a poner en cosas de gran importancia.

Casi con pesar Black Star abrió sus labios para dejar escapar la explicación. Pero, así como se decidió, se acobardó y cerró su boca. Decidió que las acciones hablaban más que las palabras y simplemente dejó caer su cabeza contra la de su arma, apoyando su frente contra la de Tsubaki.

Desde ese punto, y a pesar de las luces bajas de la discoteca, Tsubaki pudo apreciar aún más todo lo que siempre notaba de su técnico: su respiración errática cuando algo lo molestaba, la pequeña cicatriz que tenía debajo de su ojo derecho, cómo el cabello se le pegaba contra la piel, producto del calor del lugar. Le gustaban esos momentos; era como si Black Star dejara caer su muralla de "Dios" y se mostrara vulnerable. Pero no era algo que pasara muy seguido, ni mucho menos dentro de un club.

Tocó su brazo con delicadeza y se acercó más a él:

- Sabes que puedes confiar en mí… háblame…

El asesino frunció los labios y dejó pasar unos eternos segundos antes de pasar su brazo por encima de los hombros de Tsubaki, logrando que ésta se sonrojara a más no poder. Ok, no se había esperado eso…

- Oye Tsubaki, tú… ¿tú te quedarás conmigo para siempre?

La chica dejó la botella de cerveza en el suelo para enredar sus dedos con los de la mano que colgaba sobre sus hombros de manera protectora.

- Claro que si – sonrió ella. No dudó su respuesta. Nunca lo hizo. Ni siquiera aquella vez en que ambos habían salido gravemente heridos de una batalla y Black Star se había perdido en sus brazos, intentando calmar los latidos desbocados de su corazón ante el pensamiento de casi haber perdido a Tsubaki, a su mejor amiga, a su todo. "Aunque pasen cosas como estas… ¿te quedarás conmigo para siempre?" le había preguntado con voz temblorosa y esa había sido una de las pocas veces en donde la espada había visto a su técnico cambiar de personalidad con aquel chico que siempre se encargaba de taparla bien en las misiones cuando pensaba que ella estaba dormida o que cocinaba la cena –o por lo menos lo intentaba- cuando ella había tenido un mal día. Black Star también era su todo, ¿Qué lo hacía preguntarle eso? - ¿Has estado pensando demasiado otra vez?

El peliazul sonrió de costado y bajó la cabeza.

-Tal vez…

- No lo hagas, te hace mal- bromeó Tsubaki acariciando su brazo – No conozco los motivos por lo que me preguntaste eso otra vez pero… nunca lo dudes.

El chico levantó su mirada, enfocándola en la suya, y luego la levantó para que chocara contra la luces del techo de la discoteca.

- Hace… dos meses que no conseguimos un alma. – comentó con voz queda, poco audible por la música.

¿Era por eso?

- Hemos estado muy ocupados con el entrenamiento de Spartoi…

- Ayer quemé la cena otra vez.

- Por lo menos lo intentaste. Eso es lo importante.

- El otro día le rompí la nariz a aquel chico que estaba hablando contigo en el almuerzo.

- Bueno, eso… ¿¡Que hiciste qué!? – Tsubaki se separó inmediatamente de él - ¿Quién? ¿Marko?

- Sí, ese.

- ¡Black Star! ¿Por qué? ¡Él no me hizo nada!

- ¡Estaba hablando contigo! Y a ti parecía gustarte… - murmuró en tono más bajo, avergonzado – Solo… me aterra pensar que alguien te puede alejar de mí. No se, convencerte de ser su arma o… algo así…

- ¿Por qué piensas eso? ¿Acaso no me conoces lo suficiente?

- ¡Claro que sí! – respondió Black Star volviendo a acercarla a su cuerpo – Y eso por eso que se… que te mereces a alguien mejor…

¿Eh?

Black Star… ¿diciendo que podía haber alguien mejor que él?

Definitivamente, esas largas sesiones de pensamientos y los cigarrillos no eran buenas para el asesino.

- No hay nadie mejor que ti para mí – contestó Tsubaki, enterneciéndose por el comportamiento de su compañero. Eran contadas las veces que dejaba de ser el "Dios más grande de todo el universo" para pasar a ser un adolescente normal con inseguridades. Y para eso estaba ella ahí, para volverlo a su estado Dios porque, aunque fuera molesto y gritón, Black Star sin su complejo de Dios no era Black Star. – Así que sácate eso de la cabeza. No quiero estar en pareja con nadie más que con el gran Black Star. ¿Te queda claro?

La pequeña sonrisa de su técnico le dio la respuesta por si sola.

Mientras Black Star sea feliz, ella también lo sería.

- ¡Muy bien! ¡Arreglado el problema, no tenemos nada más que hacer aquí!

El sorpresivo grito la tomó desprevenida, al igual que el súbito movimiento que la alejó del suelo y del sillón. Lo próximo que supo era que estaba en brazos del asesino, sosteniéndose de su cuello con terror a caer. Con un rápido salto, Black Star tomó lugar sobre la cabina del DJ y le arrebató el micrófono sin piedad:

- ¡BUENAS NOCHES MORTALES! ¡EL GRAN ORE-SAMA Y SU DIOSA SE VAN A DESCANSAR SUS PRECIADOS SERES, PERO NO TEMAN, SU DIOS VOLVERÁ PARA ACLARAR SUS PENAS!

- ¡Ya cállate mono azul! – le gritó Liz desde la pista. Mientras su hermanita solo levantó ambos brazos ante la escena.

- ¡Woooooooooa, Go Tsubaki!

La aludida no pudo hacer más que enrojecer y negar con la cabeza, sin ocultar una pequeña sonrisa.

Como se estaban dando las cosas, estaba segura que esa sería la noche en donde le confesaría sus sentimientos al idiota que tenía como técnico.

Y, sí, como Patty había dicho: Go Tsubaki.

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Mil años. Mil añosssssssssss.

He revivido :D Y ahora… ¡A ver Soul Eater Not! :D

¡Besos enormes!

Hikari x Takeru