Disclaimer: Todo lo que reconozcan como propiedad de Stephenie Meyer, lo es. La trama de esta historia es lo único que me pertenece.
Capítulo 48
- Esto es vergonzoso, ¿sabes? – dije con irritación.
- ¡No, es divertido! – exclamó Sam encantado desde mi regazo. Por supuesto que era divertido para él.
- Todo el mundo sabe que estás embarazada y tuviste un… peligroso altercado, nadie va a burlarse de ti por ir en silla de ruedas por el hospital – dijo Edward empujando la silla.
- Pero puedo caminar.
- Pero el doctor dijo que debías guardar absoluto reposo – argumentó – Haz pasado por un montón de cosas. No es bueno para el bebé.
- ¿Estoy aplastando al bebé? – preguntó Sam inclinándose hacia adelante.
Lo volví a recostar contra mi pecho – No, cariño – le di un beso en el cabello – No te preocupes.
Agité mi mano mientras pasábamos por el centro de enfermeras - ¡Adiós, Sulpi! – ladeé la cabeza con simpatía - Diría que no te veré nunca más, pero estamos en Forks. Es imposible.
Si Phill no se hubiera vuelto loco y hecho noticia conmigo en Forks, estoy segura de que ella me hubiera enseñado su regordete dedo corazón, pero lo que hizo fue asentir y desviar la mirada – Adiós.
Qué aburrido.
Edward nos empujó a Sam y a mí por el pasillo del segundo piso hasta el elevador, el cual nos dejó en el primer piso, y luego por el pasillo del primer piso hasta una habitación. La puerta estaba abierta, solo estaban Emmett, Rose y Alice.
- Buenas tardes, ¿alguien aquí tomó tres balas por mí? – pregunté en cuanto entré.
Emmett me sonrió ampliamente desde su cama - Lo siento, no es aquí. Solo tomé dos balas, el hijo de puta no sabe apuntar.
Sam ahogó un grito - ¡Esa es una mala palabra!
Alice se volteó hacia mí - ¡Gracias a Dios! Creí no te vería en un par de años – le lanzó una mirada asesina a Edward – ¿Tenías que ser la prometida de alguien tan grosero y desconsiderado? ¡Somos tus amigos! Estábamos preocupados y queríamos verte, pero no – lo señaló con su dedo índice - Él tenía que ser el rey de drama y echar a todo mundo porque quería sufrirte y tenerte para él solo. ¡Es inhumano!
Sonreí, y volvió a dolerme – Respira, Alice – ella respiró profundo - ¿Mejor?
Asintió – Mejor.
Rose estaba apretujada, casi cayendo de la cama junto a Emmett, tenía la nariz roja - ¿Estás bien? – preguntó.
Asentí - Estoy bien. ¿Dónde está todo el mundo?
Alice tomó la mano de Sam para que se sentara en el sofá junto a ella - Jasper está trabajando, pero se pasó por aquí en el almuerzo, Reneé y Charlie están en el papeleo con la policía, Esme está en la cafetería con Renesmee y Carlisle está, ya sabes, por ahí siendo el jefe.
Me levanté de la silla de ruedas ignorando el gruñido de Edward y caminé hacia la cama para sentarme al borde, al otro lado de Rose. Miré el pálido rostro de Emmett después de hacerlo con sus vendajes – Tú. ¿Por qué hiciste eso? – susurré, luego señalé a su novia - ¿Sabes qué hubiera sido de ella si una de esas balas hubiera alcanzado alguna parte vital de tu cuerpo? No ha esperado seis años por ti para que luego vayas y mueras voluntariamente. Eso apesta. Tenías que esperar, había un plan.
Rose sorbió por la nariz y Emmett apretó más el brazo que tenía alrededor de su cintura – No sé por qué lo hice. El bastardo estaba tardando mucho para abrir la puerta, y esos sonidos… - suspiró - No sabía lo que estaba pasando allí dentro, me desesperé.
- Bueno, no vuelvas a desesperarte – dije antes de acercarme con cuidado hacia él para besar sus mejillas, ya que Rose había tomado su lado sano – Y ya sabes, te amo, como, de aquí a marte.
Me mostro sus hoyuelos – Yo también, Bella.
- No vas a besarte con el tío Emmett como lo hiciste con papá, ¿cierto, mamá? – preguntó Sam con cara de asco.
Arrugué la cara – Por supuesto que no. Sería asqueroso – Emmett hizo un sonido de arcadas y Edward se echó a reír.
…
Casa. Finalmente estaba dentro de ella.
Sí, eso sonó algo morboso, pero no fue mi intención.
Edward quería que me quedara en casa de mamá Esme para que así pudiéramos ser una familia feliz en su gigantesca habitación, pero yo quería mi pequeña habitación y mi angosta cama con mi suavecito colchón. Eso era lo que quería.
También quería, y no le digas, salir de su sobreprotectora presencia. Estaba siendo un acosador, lo digo en serio. ¿Sabes lo que hizo cuando me di una ducha un rato después de que llegamos? ¡Bajó la tapa del retrete y se sentó a esperarme! ¡De verdad!
Y no vamos a hablar de este preciso momento…
- No es justo, papá, tu pulgar es más grande que el mío – se quejó Sam.
- Juguemos piedra, papel y tijeras, entonces – contestó Edward.
- Vale.
Asomé la cabeza por la cortina del baño y los vi sentados dentro de la bañera - ¿Qué demonios creen que están haciendo? Esta no es la sala de estar, es el baño. ¡Jueguen afuera!
- Pero te estamos esperando – dijo Sam.
- ¡No quiero que me esperen, quiero privacidad! – grité irritada – ¡No voy a irme por el desagüe, por Dios! – Edward abrió la boca para hablar - ¡FUERA!
Gruñó molesto, pero salió de la bañera con Sam. Tropezaron con mis rodillas cuando pasaron por el retrete y abrieron la puerta, dejando ver a Reneé que acababa de llegar. No había hablado con ella en un tiempo.
- ¿En serio? – preguntó con una ceja arqueada.
- Estábamos esperando a que mamá hiciera popó – explicó Sam, para mi horror – Pero nos echó.
Pasó un segundo y medio antes de que Reneé estallara en carcajadas y se devolviera por el pasillo hacia las escaleras – Tengo que contárselo a Esme.
Me tapé la cara con las manos – Edward – dije en mis manos - ¿Puedes tomar a tu hijo e irte?
Sabiamente, mantuvo su boca cerrada y obedeció. El problema fue que vinieron a buscarme en cuanto tiré de la cadena.
La única razón por la que no me volví una banshee con ellos, fue que se veían graciosos y adorables parado uno junto al otro en el pasillo. Me miraron fijamente con sus ojos verdes y luego parpadearon tres veces, como si lo hubieran ensayado. Mantuve la calma. Caminé hasta las escaleras y luego la sala de estar para sentarme en el sofá. Pronto Sam se sentó a mi lado y Edward a su lado. Podía escuchar a Reneé parloteando con Esme por teléfono mientras hacía la cena, estaba muerta de risa y sabía que estaban hablando del vergonzoso episodio del baño. Aun así, mantuve la calma.
Vimos la televisión en silencio hasta que Charlie llegó, no lo había visto desde todo el asunto con Phill, así que lo primero que hizo cuando entró fue abrazarme. Por poco me echo a llorar, aunque todo lo que él hizo fue abrazarme sin decir nada, pero es que Charlie siempre ha dicho mucho en sus silencios.
Después de la cena, Edward se quedó dormido en el sofá. Respiré aliviada, por poco y suelto un Aleluya. Amenacé a todo el mundo para que hablara en susurros y caminara de puntitas, y busqué una manta para cubrirlo antes de subir para acostar a Sam.
- Mamá, ¿puedo dormir contigo? – preguntó mientras le ponía el pijama.
Cerré los ojos por tres segundos – …Tu cama ha estado extrañándote, la has dejado sola mucho tiempo.
- Ya lo sé, pero papá se quedó dormido en el sofá y si me voy a dormir a mi cama vas a quedarte sola.
Me senté al borde de su cama y palmeé el colchón para que subiera – No hay problema si me quedo sola, es más, después de que tú y tu papá estuvieran detrás de mí todo el día, como que quiero tener un momento a solas – se metió bajo las mantas - ¿Puedo tenerlo?
Asintió mientras bostezaba – Pero si después ya no quieres estar sola, puedes venir a dormir conmigo.
Besé su frente – Muy bien – dije acomodando mejor su manta – Te quiero, mi pequeño.
- Te quiero mucho, mami.
Esperé a que se durmiera antes de salir de su habitación e irme a la mía. Como me había puesto pijama luego de mi baño acompañado, me quité el pantalón como suelo hacer y me metí bajo las mantas. Me sentía agotada mientras estaba de pie, pero ahora que estaba aquí, en mi cama, no tenía ni una pizca de sueño.
Cerré los ojos después de haber estado acostada sobre mi costado derecho mirando la oscuridad de mi habitación por un rato. Ya había pasado más o menos una hora cuando de repente, la puerta se abrió lentamente y escuché los pasos de alguien entrando a la habitación. Me asusté un poco porque la última vez que eso pasó se trataba del psicópata ex de mi madre, pero me tranquilicé, Edward debió haber dejado el sofá.
Los pasos se detuvieron muy cerca, y, para mi sorpresa, supe que era Reneé cuando su olor a lavanda llegó a mis fosas nasales. Ella no hizo ningún ruido o me tocó. Medio abrí los ojos para saber qué narices estaba haciendo en mi habitación en medio de la noche, y la vi acuclillada frente a mi cama mirándome, pero no notó que la miraba porque estaba recorriéndome entera.
Suspiré y cerré los ojos con fastidio – Mamá – dije con voz ronca.
Abrí los ojos otra vez, justo a tiempo para ver como su cara se arrugaba y empezaba a llorar silenciosamente. Escondió su cara en sus rodillas y sus hombros se sacudieron, pero no dijo nada. Me di cuenta que ella pensaba que estaba hablando dormida, como suelo hacer, así que, para evitar una incómoda situación a esta hora, decidí hacerme la dormida y esperar a que se fuera. No estaba enojada ni nada, pero me parecía increíble que ella no se haya tomado el tiempo de hablar conmigo después de lo de Phill.
Pronto escuché otro par de pies acercándose hacia mi habitación - ¿Linda? – era Charlie. Y se me hacía extraño escucharlo referirse a Reneé como "linda".
- Ella es mi bebé, ¿sabes? – susurró mientras sorbía por la nariz – Tú más que nadie sabes que no me agradó estar embarazada por segunda vez, pero la amé con todo mi corazón en cuanto la vi el día en que nació. Ella era tan hermosa, y tan pequeña que cabía perfectamente en una de tus manos, ¿lo recuerdas? - Charlie se mantuvo en silencio, pero sabía que estaba asintiendo – Di todo lo que tenía para mantenerla a salvo, hice todo lo que pude. Y me siento como una gran fracasada porque no pude evitar que saliera lastimada. Es mi bebé, Charlie. Mía. Pero para ella, yo solo soy Reneé. ¿Sabes qué fue lo primero que hizo cuando salió de esa habitación? Corrió gritando por su mamá. Y no vino a mis brazos, fue a los de Esme. ¿Tienes… - se ahogó con las palabras - ¿Tienes idea de cómo me sentí? Sé que no es su culpa, ella creció sintiendo a Esme como su madre, pero eso no quiere decir que no me duela. Porque duele mucho.
Había un nudo del tamaño de mi puño en mi garganta. Suspiré y me volteé, dándole la espalda para que no pudiera ver mis lágrimas. Escuché los pasos de papá acercándose y luego alejándose después de un minuto, junto con el olor a lavanda. Cuando la puerta se cerró, lloré y me sentí como una mierda; siempre había pensado que Reneé era una madre de mierda, pero no estaba enterada de que en realidad yo estaba siendo una hija de mierda.
Pasó mucho tiempo antes de que dejara de llorar, y cuando lo hice, pasó otro largo rato para que dejara de hipar como una niña pequeña. De pronto, ya no quería estar sola.
Me levanté de la cama y salí de mi habitación, cruzando el pasillo hasta la habitación de enfrente. Abrí la puerta y caminé hacia la cama, pero me quedé allí de pie como una idiota cuando me di cuenta de que no había espacio para mí.
- ¿Bella? – preguntó la voz ronca de Charlie.
Pude ver a Reneé mirarme en la oscuridad - ¿Puedo dormir aquí? ¿En medio?
Hubo un momento de perplejo silencio antes de que los dos me hicieran espacio en el medio de la cama. Pasé sobre Charlie y me metí bajo las mantas, mis pies entrelazándose con los de él – Tiene los pies helados.
- Los tuyos están muy calientes – respondí dándole la espalda para acurrucarme en el pecho de Reneé. Ella estaba tan sorprendida que no sabía qué hacer con sus manos, pero terminó poniéndolas a mi alrededor. Con fuerza.
Charlie se acercó y puso un beso en mi cabello – Buenas noches, cariño.
- Buenas noches, papá. Mamá – dije en susurro. Cerré los ojos, sintiendo el desbocado latido del corazón de Reneé.
Hooola!
Espero que les haya gustado el cap. Muchas gracias por su comentarios n.n
Chicaaas! El cap siguiente es el cap final! El cap finaaaal! :') Pero no se preocupen, haré un epílogo...
Les mando muchos besos y abrazos, nos leemos en el próximo.
Bye!
