¡Buenas! ¿Qué tal las vacaciones? Siento muchísimo haber actualizado un día tarde, es que se me van yendo los días... En fin, aviso de que no sabré cuando podré actualizar porque no tengo ni idea de donde estaré la semana que viene, solo os puedo dar por sentado que en Agosto estaré fuera todo el mes. Sobre Julio, ni idea.
¡Muchas gracias a los reviews del cap anterior porque me han servido muchísimo para saber vuestra opinión! Es cierto que la historia se ha vuelto más ligera con Francia, y la verdad es que me voy menos por las ramas (no hay largas explicaciones revolucionarias ni viajes inesperados a Polonia o excursiones a campos de concentración), pero también es que esta década es menos movidita. Igualmente, también algunos me han dicho que también escribo de forma menos seria. La verdad es que tras el muro de Berlín y los dos capítulos duros como la piedra que supuso, quise hacer algunos caps menos serios. Pero tranquilos, ya habrá lugar para momentos de ese estilo.
No hubiera recapacitado en anda de esto si no fuera por esos reviews, ¡así que gracias a Agora, Victoria Grayson, Chocolate y Vainilla y narusempai! seguid así, os quiero mucho :D Y al resto de lectores, que también os quiero con toda mi alma, os animo a comentar la historia :D
En fin esto es muy largo: Capítulo llamado "l'onda del lago", dle italiano "la ola del lago". Título absurdo, pero juro que no es una metáfora existencialista ni nada.
ADVERTENCIA: HETALIA NO ME PERTENECE Y TAMPOCO LA HISTORIA.
45-L'onda del lago
1963 – Longarone, Belluno, Veneto, Italia
Era desolador. Había sido una aniquilación casi total. O al menos eso decían los supervivientes.
- Mon Dieu... -murmuró Elias (ya se estaba acostumbrando al francés).
- Sí, "mon dié". Eso es lo que dije yo -Romano pasó de posarse en su pala a en sus pies-. Venga, hay trabajo.
Elias asintió débilmente y agarró su pala también. No sabía cuanta ayuda podía ofrecer como niño de metro y cuarto que era, pero ayudaría.
- Y bien, Elié, ¿has entendido todo o necesitas más clases de italiano? -preguntó Francia desde el puesto que habían montado con botellas de agua y bocadillos.
- ¡Lo he entendido todo perfectamente! ¡El señor Carlo ha sido muy claro, grecia!
- Se dice grazie.
- Gr-grazie! V-Vamos a ayudar ya y punto...
Francia suspiró, pero no dijo nada más; igualmente la cosa estaba muy clara. Uno sólo tenía que ver el destrozado Monte Toc, Longerone desaparecida y el camino de ramas, ladrillos y barro que cruzaba el valle para poder recrear la escena:
Un deslizamiento en el monte.
Miles de rocas y árboles cayendo a toda velocidad al lago.
Un megatsunami de 90 metros.
Conclusión: dos mil muertos.
- … Mon Dieu...
- ¡Prohibido hablar francés hasta que acabe el siglo! ¡Ven para acá ya, leches! -gritó Romano a lo lejos.
El francés asintió, dio un trago a su botella de agua y se dirigió a las ruinas sobre las que se encontraban el italiano y la unión; misión: deshacerse de los escombros en busca de supervivientes. Quizá no era buena idea que un niño tan pequeño como Elias tuvieran tantas probabilidades de encontrar a alguien vivo como a alguien muerto...
Pero el niño había querido ir.
Cosa suya si se traumatizaba.
- Soy el mejor hermano mayor~ -intentó autoconvencerse.
Era una suerte que no sólo estuvieran ellos allí; había voluntarios, y a los pocos días había aparecido La Cruz Roja. Y con La Cruz Roja, por supuesto, venía...
- ¡Otro! ¡Llevároslo de aquí!
Suiza salió gritando del fondo de un montón de escombros, cuarenta metros más allá, sexy como el solo, con esa chaqueta remangada y abierta, desvelando una camiseta negra y apretada que marcaba sus músculos, esos brazos sudorosos y pálidos, los guantes llenos de barro de tanto trabajar...
Y su pistola al cinturón. Francia volvió a sus escombros, su barro y su celibato.
- Muovi il culo, dannazione!* -exclamó Romano a su lado (sexy como el... ya sabéis), haciendo que algunos voluntarios y miembros de Cruz Roja aceleraran el paso hacia los escombros de Suiza, que ya se estaba alejando de allí.
Paró delante de ellos, llevándose una toalla que llevaba a un hombro a la frente.
- Verdammte Pech*, veinte muertos en esta zona y todos me los he encontrado yo...
- ¡¿Cómo eran?! -preguntó el niño, en la cima de la insegura estructura.
Suiza le miró con cansancio.
- ¿Cómo crees tú? -ladró, llevándose las manos a la cadera- Dejad de hacer preguntas estúpidas y poneos a colaborar.
- Tómate un respiro -sugirió el italiano.
- No me des ideas... Me voy a otra zona con más escombros, quizá sirva de algo esta mala suerte que tengo -murmuró el suizo, fijándose en un camión lleno de voluntarios a punto de arrancar-. Arrivederci.
Romano chasqueó la lengua, viéndola.
- Que le den; yo solo quería ser amable.
Elias le vio marchar, preguntándose por qué siempre que se encontraba a Suiza, este tenía que irse a otro sitio.
- Ah, con la buena vista que daba... -murmuró el francés con una sonrisa (esa sonrisa, sí)- Ahora me tendré que conformar con Lovino...
- Cierra el puto pico y ayuda ya, bastardo.
- Ouais, ouais...
Ambos países se pusieron a lanzar pedazos de cañería y ladrillos a una carretilla aparcada en suelo seguro, mientras el niño escrutaba los alrededores.
- Roma, ¿dónde está Feli?
El italiano levantó la cabeza y miró al enano con una ceja levantada y gotas de sudor cayéndole por la frente.
- ¿Te crees que va a venir aquí sabiendo lo que ha ocurrido? ¿Tú estás mal? -lanzó un ladrillo y un cubo de plástico rajado a la carretilla- Vendrá cuando esté preparado... Llega a ocurrir esto en Venecia y se suicida...
- Yo también estaría afectado si un megatsunami arrasara cualquier ciudad de mi país -admitió Francia para sí-. Fuera en Albertacce* o en París. Pero de ahí a no venir...
- ¡¿Te estás metiendo con mi fratello?! ¡Él no es tú!, ¡¿vale?! -Romano le lanzó una piedra al galo, que la esquivó por poco, sorprendido- ¡Si no viene, ya vendrá! ¡Y punto! ¡Que ese condenado haga lo que le salga en vena!, ¡como si se pincha horchata!
- … Romano, ¿estás bien?
- Claro que estoy bien, estoy mejor que nunca, cómo iba a estar si no... -lanzó una rama de árbol a la carreta con toda su fuerza, haciendo que se cayera y todas las piedras se desparramaran- carriola figlio di puttana...
- … ¿Le pasa algo a Feli?
- ¿Pasarle a él algo? ¿El qué? ¿Tú has oído algo? Yo no. Debe estar súper feliz hoy, más vale que lo esté, y que mañana se venga aquí y arregle medio Longarone, y que se traiga a ese vaffanculo... -murmuró por la bajo, aunque Francia le escuchó perfectamente.
- ¿Quién es nuestro vaffanculo, Lovino?
El chico se giró entero, con la boca como una línea.
- Tú. Y déjame en paz, pareces una mujer en la peluquería.
- Honhonhonhon~ yo enseñé a esas mujeres el género, mi querido Romano.
El italiano gruñó por lo bajo y siguió cavando, dejando las preguntas de Francia sin respuesta y a Elias con la duda. Pero aunque al niño estas cosas le costaban más entenderlas, al país no.
Tampoco era muy difícil.
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1963 – Roma, Roma, Lacio, Italia
Italia se quedó observando el paisaje, con la cabeza apoyada en el pollo de la ventana. Por más que intentara relajarse, la impresionante vista de Roma no lograba tranquilizarle.
Estaba colmado de sustos, y no solo porque el año hubiera empezado fuerte, pero que además a finales sucediera lo de Longarone... Es que eso no tenía sentido. No pretendía echar la culpa ni nada, pero eso de los tsunamis era cosa de Japón...
- Ve... -inclinó la cabeza hacia la izquierda, pensativo a su manera.
Y además parecía que Alemania no iba a visitarle. Feliciano siempre había creído que el germano siempre cumplía su palabra, y mucho más cuando se trataba de él o de Kiku.
Eran amigos, ¿no? Y los amigos se visitan cuando hay pasta y olas de noventa metros...
- Pasta...
Decidió levantarse. Los macarrones se iban a enfriar, y era pecado que se echaran a perder, ¡quizá podría preparar pasta junto a Alemania cuando viniera!
Y sonó el timbre de la puerta.
Italia se quedó mirándola. Le había pillado justo cuando pasaba delante suya, yendo del salón a la cocina. Su rostro se iluminó.
¡Sabía que Alemania siempre cumplía sus promesas!
Abrió la puerta a toda velocidad, emocionado de poder verle tras años: ¿cómo estaría? ¿Y si lo del muro le había afectado tanto como para dejarle fatal? Le había hecho prometer que no preguntaría sobre el tema, pero la curiosidad era tan grande...
- ¡Ludwig, cuanto tiemp-
- Dobroye utro a ti también~
Veneciano dio un paso atrás.
- ¡VEEEEEEE!
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Rusia miró con su sonrisa de siempre a Veneciano, preguntándose por qué el italiano habría reaccionado así el único día en el que no había hecho nada malo.
Esos días en los que no practicaba raivisball.
Mientras tenía lugar esta apreciación del momento, Italia murmuraba cosas en la pared contraria.
- H-ho amici a Mosca... e in San Pietroburgo... e Novosibirsk e Nizhny Novgorod e Ekaterinburgo e Samara e Kazán e Omsk e Chelyabinsk e Rostov del Don e Ufa e Volgogrado e Perm e Krasn- -calló al ver al ruso levantar una mano.
- Eres un país..., solo... tienes un pariente... en Nápoles... da...? -el italiano asintió levemente- Bien, ¡y ahora ven aquí!
Antes de que el sureño pudiera reaccionar se encontró entre los brazos gigantes del ruso, que decía cosas que no estaba molestándose en escuchar. Ya cuando se separaron y estuve a unos sanos dos metros, empezó a prestar atención.
- … y está en el espacio!
- V-ve?
- ¡Valentina Tereshkova, Feliciano! ¡Valentina!
- … ¿Es un perfume...?
- Ufú! ¡Esa ha sido buena...! -se apoyó en el marco de la puerta- No, no es un perfume, es una mujer de carne y hueso, ¡y le he conseguido enviar al espacio!
Feliciano inclinó la cabeza. Había que odiar mucho a alguien para mandarle tan lejos...
- ¿Q-qué te ha hecho...?
- ¿A mí? Nada -frunció el ceño, confuso-. No te pillo, ¿no lo entiendes, Feli? ¡He mandado a la primera mujer al espacio! ¡Es otro gran paso para el hombre!
Feli fue el que frunció el ceño esta vez.
- ¿Q-que te han hecho...?
- Vale ya sí que no te entiendo -el ruso se rascó la barbilla, enfrentándose al enorme enigma que podía ser Feliciano Vargas-, cambia el último hombre por humanidad, da?
- Veee... VE! ¡Una bella en el espacio! ¡Eso es bueno! -Italia empezó a orbitar- ¡Podré ver chicas en el espacio...! ¡Ligar en el espacio! Veeee...
- La verdad es que no ha habido nunca problemas para que viajaran mujeres, pero se presentaban pocas, así que hasta ahora no hemos podido; pero igualmente eso no es lo importante -el chico le miró con atención mientras el ruso le ponía una mano en el hombro-, lo mejor de todo es que Jones estará tirándose de los pelos.
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1963 (agosto) – Washington D.C, Washington, United States of America
Jones se tiraba de los pelos.
- ¡Venga ya! ¡¿Habéis leído esto?! ¡¿HABÉIS LEÍDO ESTO?! ¡¿Y JUSTO DESPUÉS DE EVITAR UNA GUERRA CON LO DE CUBA?!*
- Sí, señor, el mismo presidente lo ha leído antes que usted porque usted quería acabar su partida de pinball -Shyman, el jefe de la CIA, permaneció impasible, en las sombras.
- ¡Me han ganado mandando un maldito astronauta... y ahora mandando una maldita astronauta! ¡¿Cómo se atreve?!
- Haciéndolo, señor. No nos lo esperábamos.
Estados Unidos se giró enfadado hacia la sombra de la puerta que justo tapaba la cara del agente secreto.
- ¡¿Y todas las veces que dije "enviad a una chica", "con una mujer les sacaríamos una ventaja" o "si conocierais a Vietnam en persona tendríais a tías en el programa espacial" QUÉ?!
- No trabajamos con mujeres. Hay otras prioridades.
Jones le habría pegado un puñetazo, pero el jefe de la CIA tenía un par de técnicas para dejar K.O. estupendas.
¡Arthur siempre le había dicho que detrás de un gran hombre siempre había una gran mujer, aunque se refiriera al nenaza de Austria! ¡Hubiera sido un puntazo y todo un paso para los Estados Unidos de América enviar a ambos sexos ahí arriba! Pero nooo, Mr. Shyman trataba con hombres... Mejor no mencionar la idea de enviar a alguien de color...
- ¿Y cuales son "esas" prioridades que son "más importantes" que intentar igualarnos a ellos...? -el país recalcó las comillas con los dedos.
- Adelantarnos.
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1963(actualidad) – Roma, Roma, Lacio, Italia
- Da... seguirá tirándose de los pelos seguro -Rusia tenía una mirada soñadora.
Italia se sentó en la mesita de la entrada, escuchando atentamente. Si habían enviado una mujer, hombres, chimpancés, perros y tortugas... ¡Solo quedaba que le enviaran a él!
- Ve~ ¿Y qué hay que hacer para entrar en un programa espacial...?
- Te encantaría, ¿verdad? -el italiano asintió con una emoción puramente infantil- Pues es muy complicado, tienes que hacer una carrera muy dura y unos exámenes muy difíciles, y desde luego el entrenamiento no es moco de pavo... Lo superviso yo, después de todo... Aunque después te haces famosísimo -Italia buscaba amigos extraterrestres, no fama, pero había oído que eso también era "divertido"-. Pero a las chicas que se han presentado no las he entrenado yo, tenían tenientes femeninas; aunque dudo que fuesen más suaves que yo, ufú!
- ¿Quienes...?
- Averigua, averigua...
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1960 - Moskovskiy Kreml', Moskvá, Moskvá, Rossija
Hungría paseó delante de las cinco mujeres en el patio de la base militar de Moscú, observándolas atentamente con una mirada de hierro y una sartén del mismo material en la mano. Unos metros más allá, Bielorrusia permanecía impasible con su traje militar, dando el triple de mal rollo a la escena.
Rusia miraba desde la ventana, con una Sveta muerta de risa al lado.
- ¡Hasta nueva orden -empezó la húngara-, queda totalmente prohibido trataros como señoritas! ¡Seréis mis cadetes, y yo no tengo piedad, vengáis de Kazakstán o de Georgia o seáis hombres o mujeres! ¡He sido más galardonada que cualquier imbécil que veáis en este país! ¡Y espero lo mismo de vosotras! ¡Ahora estáis al mismo nivel que esos niñitos que entrena Braginsky, así que os doy mi permiso para devolverles todas esas inocentadas y chistes malos que os hicieron! -alguna sonrió maquiavélicamente- Y si alguno se queja, dejádselo a mi amiga... -Bielorrusia crujió los nudillos. Sveta ya se estaba tronchando- ¡De aquí solo saldrán las mejores! ¡Que quede claro nuestra meta! -se paró y las señaló con la sartén, haciendo que se pusieran firmes- ¡Vamos a demostrar a ese orgullosito de Ivan Braginsky que si alguna de vosotras no acaba en el espacio, le cortaremos las pelotas! MEGÉRTETT?!
- DA, MEM!
Sveta ya había decido bajar a ir a felicitar por el discurso a Hungría, y Bielorrusia no reaccionó mal porque ya había sido informada de esa referencia a su hermano como una forma de motivación.
Pero el ruso supo que debía tomárselo en serio.
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1963(actualidad) – Roma, Roma, Lacio, Italia
A Veneciano no le gustaría estar en la piel de esas chicas, ¡menos mal que ahora era chico, y no como antes...!
Entonces cayó en algo.
- ¿Y por qué me lo cuentas a mí...? -preguntó, esperanzado.
- Oh -el ruso esbozó una sonrisa de oreja a oreja-, en un principio quería ir a París y contárselo a Francia, dado que tiene la sede de la ESA: pero no estaba. Así que decidí venir a contártelo a ti y a tu hermano porque es el sitio con mejor tiempo de todos los de la unión y Australia está lejos.
- ¿Por qué? -Italia volvió a girar la cabeza, interrogante, pero de repente se le iluminaron los ojos (que como los tenía cerrados no se notó)- Ve! ¿la ESA ha participado? ¿Lo hemos hecho en conjunto?
- Oh, no, por favor, no necesito ayuda de paisecitos como vosotros para esto -la sonrisa del ruso se ensanchó incluso más-, solo quería restregároslo un poco, mis queridos tovarishchi capitalistas. Os podéis unir a mi unión cuando queráis.
Se creó un silencio incómodo. Como no era precisamente el mejor para hablar de política y uniones, este tipo de temas dejaban al italiano en jaque. Sobretodo cuando recibía una invitación no oficial para entrar en la unión que había dejado en la ruina a su mejor amigo.
Rusia se ajustó la bufanda y miró la hora.
- En fin -se metió las manos en los bolsillos-, ha sido un encuentro fascinante, pero tengo cosas que hacer. Una pena que no me hayas invitado a un capuccino ni nada, eso es de chicos malos, pero tranquilo, yo sé que tú eres uno bueno, da? -el chico bueno tembló mientras le daban una palmaditas en la cabeza.
Rusia se iba a ir por fin cuando se giró, haciendo que Italia se tensase de nuevo.
- Por cierto, ¿dónde está tu hermano? ¿No vivíais juntos?
- Ve? Pues... está en el norte, porque ha habido un tsunami...
- … Un Tsunami -el ruso se quedó con una pura cara de póquer-. ¿Dónde? ¿En el mar Jónico?
- N-no... en un lago.
Rusia decidió dejar de preguntar.
- Mira... Si no quieres contármelo, dime que no y ya está, da? Porque en excusas eres pésimo, Veneciano... Poka-poka!
Italia se despidió rápidamente y cerró la puerta con llave. Respiró hondo, se preparó un café, se lo bebió, se preparó otro, se lo bebió también, se fue al salón y volvió a sentarse frente a la ventana, observando el paisaje.
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El ruso bajó a la calle y respiró profundamente: hasta en octubre el tiempo de Italia era precioso. Hacía tanto que no iba allí...
Empezó a pasear en dirección a la calle en la que le esperaba Estonia, que seguramente no habría aprovechado para hacer turismo por miedo a que él volviera y no tuviera chófer.
Bien hecho.
Saludó con una mano a un coche aparcado a pocos metros del edificio de Veneciano, cuyo conductor llevaba mirando el volante desde que el ruso había llegado allí.
- Te esperaba a ti, Ludwig~ -dijo a modo de saludo.
El alemán le dirigió una mirada totalmente envenenada, que no consiguió borrarle la sonrisa, pero sí hacer que cuidase sus palabras.
- Deberías ser menos rencoroso, da? Es lo que te ha llevado a dos guerras mundiales... y a tu situación actual. Nu, ¡pásalo bien!
Rusia se marchó, y más tarde estaría de vuelta a su país. Alemania, en cambió, siguió en el coche.
Nunca había llegado a un encuentro tarde; ya estaba en Roma por la mañana, queriendo ayudar en el desastre natural de Longarone como había ayudado a Japón tras el fat man.
Pero a Japón lo visitó cinco años después de la guerra, demasiado afectado para ir nada más acabarla. Y por lo mismo que ese día: su hermano.
¿Por qué siempre era su hermano?
Miró hacia el portal que llevaba a la casa de uno de sus mejores amigos. Hacía una hora había llegado a presentarse en la puerta, pero no tuvo la fuerza de llamar al timbre, y finalmente había vuelto al coche.
Quería ver a Italia, pero a la vez no. Sabía que Veneciano podría sacarle una sonrisa, alegrarle, tranquilizarle, incluso hacerle enfadar por alguna tontería. En parte quería eso. Pero cada vez que lo pensaba se sentía la persona más egoísta del mundo, ¿cómo podía atreverse a sonreír sabiendo que su hermano estaba débil, seguramente enfermo, en Moscú, encerrado y condenado? Puede que ya hubiera desaparecido y no se lo hubieran dicho.
Tardó cinco años en ver a Japón.
Cerró los ojos y respiró hondo.
Encendió el motor.
- Es ist meine Schuld, Italien.*
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1963 – Ost-Berlin, Berlin, Deutschland
- Morgen, Herr Mauer!*
Sí, el muro seguía igual de grande. Tipo, tres metros de alto, uno de grosor... Y detrás otro igual. Y Herr Boris de francotirador vigilando, por supuesto. Pero a ese no le saludaba, no le fuera a disparar.
Tenía una vida de mierda, debía llevar siempre un guardia ruso detrás, firmar en una hojita cada cuatro horas en el despacho del alcalde para verificar que seguía allí y llamar a Rusia a las once de la noche para relatarle qué había hecho durante el día; pero estaba en Berlín.
Y eso para Prusia era suficiente.
- Hey, Tolstói -se giró a su guarda espaldas, que no se llamaba Tolstói, pero es que no se había molestado en preguntarle su nombre-, ¿qué te parece una guerra de bolas de nieve...? -el ruso le miró con su expresión pétrea- ¿No...? Pues nada... ¿Sabes que eres muy aburrido...? Menos mal que estás con el asombroso yo, kesesesesese~
Reírse solo seguía siendo divertidísimo, como siempre.
Siguió paseando, tampoco es que tuviera mucho más que hacer. Rusia le había restringido mucho los movimientos, aunque le había dicho que podía volverse a Moscú cuando quisiera, demostrando su grandísimo sentido del humor.
Se adentró por la ciudad, harto de ver la pared de cemento, ¿cuanta probabilidad tenía de que su hermano estuviera al otro lado, paseando y pensando lo mismo que él, igualmente?
Mierda, no quería pensar en su hermano; ¡le ponía triste, y el asombroso Prusia no podía permitirse estar triste!
- Hey, Tolstói -empezó de nuevo-, ¿sabes algún chiste? ¿No? Anda, déjame que te ilumine con mi asombroso humor: va un leñador y se sienta encima de un hacha, ¿te ha gustado?
- ...
- ¡Pues el hombre se partió el culo!
- …
- Kesesesesese! ¿Lo has pillado?
- …
- ¡Todos tenemos una raja! ¡Y él se sienta en un hacha! ¡Un hacha! KESESESE...
- …
- ...sesesese...
- …
- ...sese...
- …
- ...se.
- ...
- … Me lo contó un amigo.
- …
- … ¿Sabes lo que es un amigo?
- …
Decidió dejar al ruso en paz. Más tarde, Prusia se enteraría de que lo que no sabía el guardia era alemán.
Pasó delante de un pastelería y se quedó mirando los bollos ricos y con pinta deliciosa, deseando poder tener aunque fuera un marco. Pero no, aparte de que allí casi nadie tenía nada, Rusia no le había dejado ni un billete. Así que tenía que conformarse con sus escasas papeletas canjeables. Y tampoco usaba esas papeletas, las estaba ahorrando.
Porque quizá por cincuenta le cambiaban el guardia.
Llevaba con Tolstói en Berlín Este varios meses, quizá un año. Después de la construcción del muro, Rusia debía de haberse sentido culpable, o quizá había sido cosa de Hungría, porque había cambiado de opinión respecto a su encarcelamiento en el Kremlin: y le había dejado ir a Berlín, porque el gobierno había restablecido el servicio militar allí y "es obligatorio que el representante del país lo supervise". No es que lo hiciera, la verdad.
La verdad es que era un poco una pena que le devolvieran a Alemania ahora, porque se lo había pasado bien el año pasado, sobretodo con ese revuelo por Cuba y nosécuántos misiles, ¡eso había sido divertidísimo! En especial la parte en la que le dejaban solo en el Kremlin.
Y es que no sólo había estado tirando aviones de papel, también había hecho un par de gamberradas, algunas llamadas en broma por el teléfono del presidente, nada en especial.
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1962 (28 de Octubre) – océano Atlántico, a un par de millas de Cuba
El segundo capitán de un submarino soviético seguía en su sitio, en las profundidades del mar, con sus compañeros aguardando detrás suyas y en la sala de los torpedos, esperando la señal.
Bueno, una señal, cualquier señal. Necesitaba algo que decir a la tripulación, no podía tenerlos un mes con cabezas nucleares apuntando a Washington porque sí, sobretodo cuando la última noticia que había recibido era que las cosas se estaban tensando diplomáticamente.
Y eso significaba que aunque ellos no dispararan, el bando contrario podía hacerlo. Y si disparaban a otro submarino que no fuera el suyo, tendría que responder, y lanzaría una bomba atómica a Washington D.C., y ellos tirarían una bomba atómica en Moscú, y así por todo el globo... Era de locos.
El segundo al mando se asomó por la puerta:
- General, lyubaya novost'?
- Net.
Unas millas más cerca de Cuba, el general estadounidense se hacía la misma pregunta, con sus compañeros esperando y preparando los misiles. En un principio, al menor intento de ataque deberían reaccionar, por muy suicida que se le antojase la batalla.
Pero no ocurría nada, y lo peor del silencio es que se empezaba a temer lo peor, porque que pudiera morir no le asustaba, estaba preparado para luchar y fallecer si era por su país, ¿pero qué sentido tendría empezar una batalla que no iba a dejar títere con cabeza? ¿Porque no lo dejaban en tablas y se volvían a sus casas?
Como le gustaría decir a su superior eso.
Pero por ahora sólo podía mantener a su tripulación en vilo.
El segundo al mando se asomó por la puerta:
- General, any news?
- None.
En tierra, Rusia se peleaba a gritos con Estados Unidos, mientras en la habitación de al lado los jefes del estado tenían una conversación no menos caliente.
- ¡Cerdo comunista!
- ¡Rata capitalista!
Los bálticos estaban cagados. Encima estaban en la sala de mandos, lo que significaba que si una de las dos potencias se encabritaba, podía apretar el botón que empezaría la batalla...
Siempre hay ese tipo de botones decisivos.
- T-tengo que ir al baño... -Letonia temblaba.
- N-no, Raivis -Estonia se subió las gafas-, si te mueves puedes llamar la atención...
- P-pero tengo que ir...
- Q-que te aguantes..., yo también necesito ir... a-a vomitar... -murmuró Lituania, agarrándose la tripa- Me duele la tripa horrores...
Estonia era al que mejor se le daba eso de permanecer bajo control, aunque su secreto había sido no desayunar nada. Lituania era un masoquista, así que se quedó en su sitio, pegado a la pared.
Pero Letonia necesitaba ir al baño.
El pequeño miró la puerta, en la pared contraria. Entre él y ella, dos países echando un pulso con una mano y pegándose puñetazos con la otra, Bielorrusia con un par de cuchillos, Ucrania llorando, Rumanía y Bulgaria detrás de un par de sillas, Polonia y Hungría escuchando a través de la puerta lo que ocurría en el despacho continuo entre los presidentes y Canadá mirando a su hermano con desesperación. Bueno, al último no le notó.
Calibró sus posibilidades. Quizá llegara al váter sin mearse encima.
Se preparó. Se mentalizó. No lo consiguió.
Y empezó a correr.
- ¡POR TROYAAAAAAAAA!
- ¡RAIVIIIIIIIIS!
Estonia se le lanzó encima al tiempo que todos los países se giraban. El niño le esquivo y siguió, pero esta vez dando vueltas en pánico, porque un báltico siempre hace esas cosas sin sentido. Estonia saltó de nuevo encima suya, empujándole y haciéndole caer encima de una mesa.
Sonó un "bip" y todos los países miraron a su alrededor, extrañados.
Letonia miró el botón rojo que estaba apretando con el pie.
El intercomunicador de Rusia se encendió y la voz de nuestro general soviético inundó la sala.
- Polucheno.
Todos lo miraron alarmados.
- ¿Q-qué ha dicho...? -preguntó Estados Unidos.
- Re... "Recibido" -respondió Rusia. Lituania se desmayó.
En el submarino, el general soviético estaba en silencio, con el intercomunicador en la mano. Pensando.
Las órdenes habían sido claras.
- General -le llamó de nuevo el segundo al mando, pues no había respondido antes- Chto oni skazali?*
El General respiró hondo. Tendrían que movilizarse.
- Podgotovit' raket* -el segundo al mando se quedó blanco un segundo, pero asintió levemente.
Justo cundo se iba a ir sonó el intercomunicador. El General lo cogió rápidamente.
- Slushayu.
- Buenos días, General... General. Soy su presidente.
- …¿Ocurre algo?
- Que sepa que la situación es catastrófica, se ha declarado la guerra y la destrucción va a ser inminente.
- ¿Cómo?
- ¿No me ha entendido? Le llamo para que supiera que ha sido un placer conocerle, y que todos seréis condecorados... Si sobrevive alguien y eso.
- …
- Buenas tardes.
El General apagó el transmisor, se llevó una mano a su creciente perilla y alzó la voz:
- Delegat! -llamó al segundo al mando, que vino corriendo- Otstupit'! My vernemsmya domoy!
Su compañero suspiró y asintió, más tranquilo: se cancelaba la misión, volvían a casa.
A miles de kilómetro de allí, Prusia dejaba el móvil con una sonrisa y buscaba en su páginas amarillas mental otro número al que gastar una broma.
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1963(actualidad) – Ost-Berlin, Berlin, Deutschland
Prusia seguía siendo el salvador de la raza humana sin saberlo. Igualmente, lo único que quería ahora era volver a su casa, aunque no fuese su casa porque allí todo era de todos y eso. Silbó y levantó el brazo, consiguiendo que un pajarito volara hacia él y se posara en su mano.
- Gilbird, pequeñín, ¿qué tal en el cielo? -le acarició con el dedo, y su amigo emplumado le picoteo un poco, feliz.
El alemán se ajustó la bufanda y se dirigió a casa, recontando sus papeletas. Si pasaba otra semana sin comer, tendría suficiente o para cambiar de guardia o para comprar a su asombroso pajarito alpiste.
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1963 – Pirago, Belluno, Veneto, Italia
Elias estaba feliz y triste a la vez: no había encontrado un muerto y el quería ver uno, pero tampoco quería encontrarse un cadáver y quedar traumado.
Ya habían acabado con esos restos y habían estado recorriendo la zona afectada, ayudando por aquí y por allá (no se habían vuelto a encontrar con Suiza). Francia había estado intentando charlar con Romano, que solo le daba evasivas, así que al final optó por dejar al malhumorado italiano y hablar con el niño.
Ahora estaban dando una vuelta por otro de los pueblos afectados, Pirago, aunque tampoco quedaba lo que se dice un pueblo. El megatsunami había sido devastador en muchos sitios.
- Bueno, Élie, ¿qué te está pareciendo el día?
- … horrible...
- Oui, es lo que tiene estar bajo el sol sobre una ciudad devastada; pero a mí me encanta esto de ayudar a mis vecinos -le pasó un brazo a Romano, lo que le valió un puñetazo y un par de insultos-... s-sé que en el fondo... tiene buen corazón... o-o corazón a secas...
- Tú sigue, tú sigue...
- Vamos, Romano, sabes que me encanta que me paguen con puñetazos el trabajo bien hecho, pero preferiría un par de besos...
- Ni de coña.
- ¡Yo te los doy, Francis!
Elias plantó tan feliz dos besos en las mejillas al francés, que se los devolvió con entusiasmo. Romano miró al niño como quien mira a un joven sin futuro.
- Por qué te lo dejó a ti... por qué...
- Porque yo le enseñó a ser cortés, y no maleducado, como harías tú. Admítelo, soy un buen hermano mayor~
- Y una mierda. Llevas al niño a catástrofes naturales para fomentar la explotación infantil. Si tanto te empeñas en que vea la suficiente destrucción para que necesite ir al psicólogo, ¿por qué no le llevaste a Holanda?
- ¿Holanda? -el niño se giró extrañado al italiano.
- Sí, Holanda. Dos trenes se la piñaron. Había muertos y ese tipo de cosas que solo se encuentra Suiza -explicó Romano con bastante indiferencia-. Ned se peleó con un montón de políticos por no sé cuántas cosas sobre la seguridad y la reacción ante esas catástrofes. Es divertidísimo verle pegando voces.
- ¿Y cuánta gente...?
- 93.
- Oh mein gott -murmuró el niño-. ¿Y tú fuiste, Roma?
- Sí, pero no por Ned, sino por Bel, que no quería soportar sola a su hermano. De paso ayudé a limpiar las vías e insultar a los políticos -Romano demostró que uno de sus pasatiempos era meterse con la gente. Se giró a Francia, que le escucha sorprendido-. ¿Qué pasa? ¿No lo sabías?
- Bueno, creo que oí algo... pero no lo suficiente, al parecer -admitió.
El italiano levantó una ceja.
- ¿Con lo que te gusta ayudar a tus vecinos y recibir puñetazos? ¡Con Ned habrías conseguido las dos cosas! -exclamó con un fuerte deje sarcástico que ni el niño ni Veneciano si estuviera pillaron.
- Es verdad, Fran, ¡has perdido la oportunidad! -Elias se cruzó de brazos y negó con fuerza- No sé cómo no te lo echó en cara...
- Sí, bueno... Estaba ocupado en... otras cosas, supongo.
Romano le miró de reojo.
- Tienes cara de haber estado un año ausente, bastardo.
- El 62 ha sido muy ajetreado...
- Tampoco aparecisteis por Völklingen y está a 400 km de París.
- ¿Cuánta gente murió en Völklingen? -preguntó directamente el niño. Para que andarse con chiquilladas, ese era el día de las malas noticias.
- … Hubo una explosión en una mina y hubo más de 600 muertos...
- My dear God, Francia, siento que he estado más incomunicado contigo que en la última semana encerrado en mi habitación del palacio de Bellevue... -el niño cayó en algo- ¡Encima Völklingen está en Alemania! ¡¿Por qué no fuimos?! ¡Podríamos haber visto a Lud!
Francia se pasó una mano por el pelo.
- Élie, si cogieras más el periódico te habrías enterado de todo...
- ¡¿Que esto sí que lo sabías?! -le empezó a pegar puñetazos de niño pequeño en la tripa- ¡¿Por qué no lo dijiste?! ¡Voy a perder mi alemán! ¡Y se me va a olvidar la cara de Lud!
- Eso es imposible, ya lo he probado yo -comentó Romano con una sonrisa histérica.
- Tampoco me enteré de la magnitud del accidente... -Francia separó al niño de sí- S'il vous plaît, Élie, deja de actuar como un niño pequeño... dudo siquiera que Ludwig fuera.
- No, según Veneciano no fue -ambos se giraron a Romano-. ¿Qué creíais? ¿Que yo fui allí? Lo que os habéis fumado estaba muy verde.
- … El caso es que podríamos haber ido. Era una catástrofe y tú dices que vas a ayudar a tus vecinos con catástrofes...
- Esta catástrofe es más grande, a mon avis.
- ¡Pero esa también era una catástrofe gigante y peligrosa!
- Pero no nos enteramos...
- ¡Y de esta sí! ¡Estoy viendo preferencias, Fran! ¡Y no puede haber preferencias! ¡Todas las catástrofes son importantes!
- Estáis teniendo una conversación absurda, así que le voy a poner el freno. Tú, traga vino, ¿qué demonios te ha pasado para estar tan perdido?
Francia soltó un largo resoplido y sonrío con cansancio.
- Ataques terroristas, golpes de estado, intentos de asesinato... -el niño abrió la boca- y muchos muertos, Élie, oui. Muchos muertos... -la cerró y Romano la abrió.
- ¿Qué terroristas?
- La OAS, un grupo nacionalista que quería tomar el control de mi país por las bravas...
- ¡¿Pero a ti no te ha pasado nada?! -exclamó el niño- Quiero decir, ¿un golpe de estado no es como un ataque al corazón...?
Francia asintió, pero no habló mucho más, y una mirada a Romano bastó para que este entendiera que ya le contaría.
Había conseguido que el niño no se enterara de nada de lo que había ocurrido en Francia desde que vino, y no iba a echarlo todo a perder. No es que quisiera hacerle creer que Francia era el paraíso (qué claro que lo es, mes amours), pero tampoco quería asustarle en su primer año allí.
Había tenido que pelear mucho con el gobierno para conseguir desarticular esa horrible banda terrorista, y a la vez asegurarse de que el niño no se diera cuenta. Y la peor parte llegó en 1962, cuando creía que no iban a parar de secuestrar y asesinar gente, un verdadero infierno en la tierra. Pero en cuanto se independizó Argelia se acabaron el noventa por ciento de los problemas.
La colonización le había salido caro.
Y ahora era momento de cambiar de ambiente. Estaban comentando temas tan oscuros que hasta el cielo se empezaba a nublar.
- ¿Sabéis que he conseguido el sufragio universal en las elecciones nacionales de mi país?
- ¡Los marcianos pueden votar!
- Las mujeres, enano. Que estén siempre en la Luna ya es otra cosa.
- Oh, dejaros de ñoñerías y celebrar que la parte más bonita de mi país está aflorando... hon hon hon hon...
- Tienes razón, franchute: más vale que te depiles las piernas ya.
Traducciones y aclaraciones:
*¡Moved el culo, joder!
*Maldita mala suerte
*Pueblo francés de Cerdeña, cerca del lago de Calacuccia.
*Crisis de los misiles cubanos
*Es culpa mía, Italia
*Buenas, Sr. Muro!
*¿Qué han dicho?
*Preparen los misiles.
El raivisball es un juego divertidísimo inventado por una amiga mía y al que juega Rusia: es una mezcla de béisbol y Raivis, y consiste usar a Rai de vate mientras se juega al béisbol, ¿no es precioso? ^J^
Aclaraciones históricas:
Uoh, aquí hay muchas aclaraciones históricas. Empecemos por la ola: el 9 de Octubre de 1963, por la noche, un desprendimiento de piedra y tierra (270 millones de metros cúbicos de material) cayó del Monte Toc a la presa del río Vayont (una de las más altas del mundo en su estilo), lo que provocó una onda que hizo, no que la presa se rompiera, sino una enorme ola que sobrepasara la altura del muro y cayera a toda velocidad por el valle. Este megatsunami de 90 metros (aunque algunas fuentes hablan de 140) Longerone y alrededores, matando a más de 2000 personas. Lo que más enfada de esto es que ya había corrimientos de tierra durante la construcción de la presa, pero se obviaron por la presión económica, acabando en el mayor desastre no natural del siglo XX en Europa.
Ahora los detalles nombrados durante la historia:
- ¡Valentina Tereshkova, ¡la primera mujer astronauta! Lo hizo el 16 de Junio en el Vostok 6, dando otro empujón a Rusia sobre Estados Unidos en su carrera espacial. En el 62 se unió junto a más de cuatrocientas mujeres al cuerpo femenino de cosmonautas, y fue una de las cinco finalmente elegidas. Pasaría mucho tiempo antes de que otra mujer viajara al espacio (soviética también). En esta capítulo el americano también hace referencia a Yuri Gagarin, primer hombre en el espacio (1961), y el jefe de la CIA a un hecho muy famoso que saldrá más tarde...
- Final de la guerra de los misiles cubanos: obviamente, no acabó así xD Pero esta anécdota no es del todo falsa: el segundo capitán de un submarino ruso, Vasili Archipov, paró la preparación de un torpedo a un minuto de ser lanzado, convirtiéndose en el salvador de la humanidad. Me parece curioso que todo esto se pueda haber debido a un tercero (Prusia en este caso). La verdad es que la Guerra de los Misiles Cubanos fue sin duda lo más cercano a una catástrofe atómica en el hemisferio norte. He leído artículos sobre el tema y es curioso ver cómo los soviéticos sugirieron tratos bastantes razonables para parar la guerra, como "no colocaremos las bombas en Cuba si EEUU no la invade/desmantelaremos los misiles en Cuba si EEUU desmantela los misiles en Turquía", mientras que EEUU tenía su inmenso orgullo y buscaba alguna forma de dejar a los rusos en ridículo y mantener su hegemonía "porque eran los buenos en la guerra". La URSS era más débil y obviamente tuvo que aguantar que, tras aceptar los términos, la CIA se dedicase al sabotaje y a los ataques terroristas por Cuba.Los soviéticos querían básicamente usar los misiles, no para atacar EEUU, sino para proteger al gobierno cubano tras el golpe de Castro, porque todo el mundo podía esperarse una invasión sin contemplaciones de Cuba por parte de EEUU.
Conclusión: no hay buenos ni malos en la guerra. Solo gente interesada que a veces parece más mala y otras más buena. Digamos que los únicos que sufrieron la afrenta de misiles fueron todos los ciudadanos del mundo y en especial los pobres cubanos.
Dios. Eso fue largo.
- Sobre Francia: 1962 fue un año cubierto hasta los topes por terrorismo, principalmente debido a La OAS, La Organización Secreta de la Armada (L'Organisation de l'Armée Secrète), una organización de ultra derecha (y comunistas y socialistas, se ve que aquí todos se aliaron) que no quería la independencia de Argel, y que surgió tras un intento de golpe de Estado en 1961. La guerrilla entre la policía (la armada francesa no ayudó en nada) luchó contra esta enorme organización, y sus ataques causaron hasta dos mil doscientas víctimas. Finalmente, Argelia se independizó el 5 de Julio (anteayer LOL), y el fuego de la OAS se apagó rápidamente, centrándose ahora básicamente en pequeños grupos intentando matar a De Gaulle.
Y finalmente, está el accidente de tren de Holanda y el incidente en la mina de Völklinger. Un capítulo lleno de malas noticias si no fuera porque, efectivamente, ¡las mujeres francesas podían votar a nivel estatal! Algo que harían en 1965 con las elecciones presidenciales :D
En fin, esto es todo, ahora respuesta usuarios sin cuenta:
Agora: Yeah, todo va más ligero. Es que ocurre muchas menos cosas, ¡es como si les estuviese entrando el jucio que perdieron durante la Segunda Guerra Mundial! Así que calculo que la estancia de Elias en Francia será mucho más corta que con Alemania. Porque, efectivamente, también la he puesto una fecha como fin, con Alemania hasta 1961 por el muro. ¿Averiguas cual puede ser esta vez? :D
Gracias por comentar, ¡y hazte una cuenta! hasta la fecha, son gratis xD
¡Y esto es todo! Espero que os haya gustado. No sé cuando podré subir más, ¡pero seguro que en algún lugar podré leer los reviews! Así que no dudéis en mandarlos, sean largos, cortos medios de 234'5 palabras o con el tema que sea :DD
¡Buen verano!
~SomeSimpleStories
