54. En jaque
"The Wyvern's Cave"
- ¿Puede afirmar con total seguridad que quién coaccionó a mi padre fue el mismo Hyppolitos Sifakis?
Saga permanecía impasible por fuera, aunque interiormente estuviera hirviendo en incógnitas y recelos. Deambulando cerca de ellos, Kanon farfullaba improperios varios para sí mismo, pero parecía haber decidido dejar hacer a su hermano. Al que sabía...Al que siempre la justicia se rendía a sus pies.
- Ya os he dicho que los hermanos no siempre se llevan bien, que vosotros dos os podéis considerar afortunados. Muy afortunados...
- Con todos los respetos...- Intervino Kanon, acercándose lo suficiente al jubilado inspector para obligarle a alzar la vista y el perfil.- ¿Qué cojones sabe usted si Saga y yo nos llevamos bien o como los mil demonios de mal?
Manigoldo suspiró ante la exposición de esta pregunta, la cuál no precisaba de respuesta que clarificara lo que su simple cercanía relataba por sí sola.- Estáis los dos juntos aquí, ante mí, trabajando para esclarecer el mismo caso. Creo que vuestras acciones hablan con voz propia.
Kanon chasqueó la lengua con desdén. Se alejó de ellos y decidió aposentar el trasero en el lugar de la mesa de billar que ya parecía llevar inscrito su nombre.
- Mi padre siempre gozó de buena salud monetaria.- La voz de Saga captó nuevamente la atención de Manigoldo, que viró la vista hacia él y no articuló palabra alguna, dejando que Saga continuara con su reflexión.- Así que no alcanzo a comprender qué motivo podía tener para ceder a tal presión. El dinero no fue la causa. De ésto estoy convencido al cien por cien...- Saga seguía presionándole con su mirada, consiguiendo que alguien que podía ser su padre bajara la propia y se escudara tras su pensado silencio.- Verá inspector...no insistiré más de momento...- Anunció Saga, abandonando su segura posición para presentarse al lado del italiano, posando una mano amable sobre el hombro que se percibía abatido frente a su presencia.- Agradezco que haya accedido a hablar conmigo, pero en calidad de Fiscal que asumirá la acusación en el juicio, debo pedirle que no abandone la ciudad hasta que éste termine.
Dicho ésto Saga ladeó el rostro en busca de la mirada que Kanon mantenía fija sobre él, leyendo una obligada resignación en los ojos de su igual.
- No voy a testificar en ningún juicio.- Sentenció Manigoldo, dejando emerger un tono que no contradecía en absoluto la naturaleza de su afirmación.- Además, no consigo seguir los cauces de los ríos de ideas que parecen estar cruzando tu mente, Saga...Hyppolitos se presenta como padre de la víctima, y en este caso, que yo sepa no hay nada que apunte a él de ninguna manera. Ni siquiera está imputado por ningún delito que pueda relacionarse con el hecho de haber perdido a su hija adoptiva...Ésto no tiene nada que ver con el antiguo caso de los burdeles de chicas menores de edad...
- Tranquilo, "papá DM" - Se apuntó Kanon de repente, con ganas de hacer pagar a Saga parte de la cuenta que sentía que su gemelo tenía pendiente con él.- Si le sirve de consuelo, yo que asumo la defensa también sigo sin tener puñetera idea de qué cojones corre por dentro de la contradictoria mente de mi hermano. Sólo él lo sabe, y espero que se digne a iluminarme antes de tres días...
Tanto el curioso rictus con el que Kanon juntó inconscientemente sus cejas, como el ácido tono de voz empleado en redactar sus palabras, indicaron al Fiscal que el comandante de la defensa había perdido cualquier rastro de la alegría que le había descubierto antes de acceder a las entrañas del pub.
El padre de DeathMask aprovechó esta brecha en el ambiente y la pérdida atención dedicada a él para levantarse con toda la intención de desaparecer del lugar. No estaba dispuesto a esperar que su hijo acudiera a su rescate, y ganas de hablar ya no le quedaban ningunas en las pocas reservas que de antemano ya venían acopiadas con él.
Saga no le interumpió. Permitió que se alzara del banco y sencillamente le dejó hacer. Intuía que presionarle más no era una buena idea, a riesgos de acabar encontrándose con una puerta completamente tapiada a cal y canto. Si cesaban la entrevista en ese punto, quizás la puerta quedaba entreabierta, el lado noble que yacía dentro del italiano probablemente reflexionaría y recapacitaría, y la sangre del antiguo inspector volvería a fluir, racional y serena, por los senderos del deber y la corrección. A fin de cuentas, todavía les quedaban tres días antes de afrontar la locura más insostenible de su carrera profesional. Tres días durante los cuáles confiaba en la buena fe de las personas que como él, como su padre y como el mismo Manigoldo Granchio, alguna vez se habían pasado al lado oscuro sin otra intención que proteger a sus seres más queridos.
- ¿Quiere que le acompañe a algún lugar? ¿Que le acerque al centro? - Inquirió el Fiscal, ofreciéndose amablemente, como si en realidad no se hubiera mantenido ninguna conversación rígida y tensa.
- No, no hace falta...Todavía creo recordar cómo moverme en esta ciudad. Pasé más de media vida aquí, y ya sabéis que en estas calles las cosas acostumbran a permanecer inmutables durante siglos.
- Bueno, Italia no tiene nada que envidiarnos en este sentido.- Añadió Saga, en un vano intento de brindar un toque de buen humor y quimérica distensión a la situación.
- Por supuesto que no, hijo...Al contrario. Al menos allí todavía tenemos arte en pie.
El orgullo del viejo Granchio habló con altivez, y Saga calló, tragando saliva sin poder evitar sentirse azotado por un golpe bajo que le hacía saborear un poco el ridículo.
Kanon sonoramente gruñó ante el fallido intento de Saga para mostrarse cercano y gracioso, negando con la cabeza al tiempo que le dedicaba una fruncida mirada con claros signos de crítica destructiva.
Manigoldo alcanzó la puerta sin pensárselo dos veces, se agachó con agilidad juvenil y cruzó el limbo que decretaba la persiana de metal que permanecía impasible a media asta.
Y justo allí Saga se dejó seducir por un último impulso. Imitó las acciones del inspector y le asió del brazo cuando éste se apresuraba a ensamblar la cremallera que necesitaba alzar para resguardarse el pecho del frío invernal.
- Espere un momento...- Saga aflojó el agarre lentamente, mostrándose ajeno a las ráfagas de aire que con sublime delicia alborotaron sus largos cabellos azules.
- Por dios, Saga...eres terco como tu padre...
Manigoldo terminó de abrocharse el abrigo, fijándose en Saga con una mezcla de reticencia y compasión difícil de discernir.
- ¿Aspros Samaras era en realidad mi padre?
La pregunta fue disparada directa y crudamente, tomando por sorpresa a ambos hombres. Ni Saga supo cómo diablos se le ocurrió formularla, ni Manigoldo entendió qué motivo incitó semejante cuestión completamente desubicada.
- ¿A qué te refieres, Saga? Claro que era vuestro padre...
El Fiscal alejó la mirada de la expresión de sorpresa que le ofrecía el viejo italiano. La focalizó en la suciedad que arrastraba el viento mientras hacía el intento de ordenar en su mente demasiadas incógnitas que hacía días reverberaban sin cesar en su interior. Respiró hondo un par de veces y no pudo hacer nada para mantenerse inmune al frío que comenzó a erizarle la piel bajo la fina camisa que cubría su cuerpo. De un impulso se medio abrazó, frotándose ambos brazos y decidiendo volver a centrarse en la incomprensión que le ofrecía ese hombre que conocía desde lustros atrás.
- Mi padre también tenía un hermano gemelo...
- Lo sé. Lo que no recuerdo es cómo se llamaba...Aspros nunca hablaba de él.
Un estremecimiento que Saga fue incapaz de acatar al frío o al repentino miedo a saber recorrió todo su espinazo en un lento descenso que pronto alcanzó todo su cuerpo. Intentar tragar saliva y clarificar las dudas estancadas en la proyección de su voz fue un acto necesario, y al mismo tiempo fallido. El Fiscal sentía un nudo en su estómago, y la preocupación que avistó en la cansada mirada de Manigoldo no le auguró ninguna prometedora esperanza a la que poder asirse para no caer en un vacío que en realidad también temía explorar.
- Apenas le recuerdo...- Comenzó a explicarse Saga, carraspeando en un vano intento de aclarar su innata seguridad.- La última vez que le vi fue...fue antes que ella desapareciera de nuestras vidas también...
Los ojos de Saga, aguados a traición, buscaron hallar alguna luz que alumbrara tanta sombra incubada en la tela de un pasado que una vez se rasgó en dos, quedándose él junto a Kanon en un resquebrajado retal, el que su padre guardó y cuidó como si de oro se tratara hasta el prematuro fin de sus días.
El jubilado inspector sintió una punzada de dolor atravesar su pecho. Él era conocedor que Aspros no había gozado de buena suerte en su matrimonio, pero siempre decidió creerse lo que los labios del Fiscal le compartían en contadas ocasiones, ésas en las que la derrota se hacía insoportable asumirla en soledad.
En esos tiempos, Manigoldo sencillamente escuchó. Trató de no juzgar. De no indagar. De no saber...
El entonces joven Granchio se conformó en guardar en custodia el dolor compartido por Aspros. No pudo hacer otra cosa que limitarse a imaginar el sabor del dolor que florece de un engaño. Un sabor que él no podía conocer en esos años de su juventud agonizante, y que nunca en su larga vida junto a su primera y única esposa conoció jamás.
Manigoldo olió el aroma de ese amargo sabor de lejos. Lo avistó impreso en la mirada triste e iracunda de Aspros...Y lo supo materializado en unas acciones que en secreto nunca aprobó, pero que jamás osó poner en cuestión.
- Nunca quise inmiscuirme en la vida privada de vuestros padres, Saga...- Dijo ante la mudez que había asaltado a la réplica exacta del Fiscal con el que él trabajó.- No juzgo lo que ocurrió entre ellos...No lo hice entonces, y no lo haré ahora.
Saga respiró hondo. Aceptó la desilusión de quedarse con las mismas vivas incógnitas que habían permanecido aletargadas a lo largo de su vida. Abasteció generosamente sus pulmones una segunda vez y rodó la mirada hacia el nublado cielo antes de fijarse en la triste empatía que emanaba de Manigoldo.
- ¿Cree...?...Y se lo pregunto sinceramente, pidiendo la misma sinceridad a cambio en la respuesta que pueda darme...- Susurró Saga, como si se sintiera temeroso de desvelar un secreto que él mismo deseaba y temía afrontar.- ¿Cree que la coacción que sufrió mi padre fue sobre su vida privada? ¿Sobre nuestra madre? ¿Sobre nosotros? - Manigoldo exhaló nervios. Rompió todo contacto con la inquisidora y aguada mirada de Saga. Se enfundó las manos en los bolsillos de su abrigo y únicamente carraspeó, sintiéndose atrapado en un laberinto de sombras y misterios donde no había deseado entrar, y del que ahora no se sentía con posibilidad de escapar.- Por favor...necesito saberlo...- Rogó Saga, incapaz de darse cuenta que Kanon hacía unos instantes que presenciaba la escena desde el umbral del pub. Sumido en un extraño y pulcro silencio. Esperando quizás las mismas respuestas que sólo Saga se atrevía a reclamar en ese momento...Las que tantas veces él le había exigido, topándose siempre con una falsa indiferencia que le hería.
- Ignoro cómo Hyppolitos Sifakis destrozó la honorabilidad profesional de vuestro padre, muchachos...- Dijo a media voz, armándose del coraje suficiente para centrar su mirada primero en Kanon y seguidamente en Saga, dándole a entender que volvían a estar reunidos los tres.- Sólo sé que lo hizo...Y yo le ayudé...
Al escuchar esta declaración, Kanon cerró los ojos con fuerza, arrugando su ceño intensamente. Con la misma intensidad que apretó su mandíbula y que maldijo el nombre de quién siempre estuvo a su lado, aunque él se negara a aceptarlo.
Saga finalmente pudo tragar saliva, recomponerse haciendo un necesario uso de todo el arte dramático que corría por sus venas, y repetir la pregunta, con la misma solemnidad que alcanzaría en la recta final de un interrogatorio judicial.- ¿Hypnos usó su vida, nuestra vida, para sacrificar a otra vida?
- Es posible...- Balbuceó Manigoldo, absteniéndose de alzar la mirada otra vez.
- ¿Sí o No?. Es posible no puede constar en acta como una respuesta válida, señor inspector...
- Saga, déjalo...Ni tu padre pudo con él...Ni el admirado Fiscal Aspros Samaras pudo hacerle frente...
Saga no se había percatado que una mano del inspector había acudido a reconfortar su hombro, y cuando pudo reaccionar el silencio se apoderó del espíritu de Manigoldo, que echó a andar presuroso, dejando atrás más dudas de las que presumiblemente podía desvelar.
- Hay que joderse...- Escupió Kanon, acuchillando la espalda del italiano con una intensa mirada.
- ¡¿Sí o No?!- Insistió Saga, deseando alcanzarle, zarandearle, obligarle a confesar si hacía falta...Y viéndose coartado en sus intenciones gracias a la inesperada colaboración de Kanon.- ¡¿Sí o No?!
- Cálmate, Saga...- Rogó Kanon, haciendo gala de la madurez que ahora faltaba en su gemelo.
- ¡Yo no soy mi padre, inspector!
- Saga, ya basta...Entremos, que vas en cuerpo de camisa y hace frío...- El agarre al que Kanon sometía el brazo de Saga cada vez debía volverse más intenso para frenar la insospechada rabia que estaba asaltando al Fiscal, quién parecía no darse cuenta que su gemelo debía mantenerle sujeto haciendo uso de bastante fuerza.
- ¡Yo no soy mi padre! ¡¿Me oye?! ¡Yo no soy Aspros Samaras!
- ¡Claro que no lo eres, joder! - Exclamó Kanon, arriesgándose a empujar a Saga contra la pared, manteniendo ambas manos ancladas sobre sus hombros, ejerciendo la justa y dolorosa presión que obligara a Saga a mirarle a él y no a la espalda de Manigoldo, desaparecido al doblar la primera esquina.- ¡Tú no eres como papá! ¡Nunca lo serás!
- Kanon...
- ¡¿Y sabes por qué nunca serás como él?! ¡¿Eh?! ¡¿Lo sabes?! - Le gritó Kanon, apretando los dedos sobre los hombros al tiempo que su verde mirada se perdía dentro de otra igual.- ¡No serás como él porqué ya eres mejor que él, joder! ¡Siempre lo has sido!
- Kanon...- Repitió Saga, con voz sorprendida y mirada estupefacta.
- ¡Y ahora entremos! ¡Que hace un frío de cojones y tú vas a cuerpo de camisa, joder! ¡Es que me irritas, Saga! ¡Ni te imaginas cuánto!
Con la poca delicadeza que siempre le caracterizaba, Kanon propinó un tirón al hombro de Saga y casi lo arrojó dentro del pub, como si por una vez en la vida fuera él el que asumiera el rol de hermano responsable y mayor.
- Mira quién fue a hablar...- Se quejó Saga, hallándose una vez dentro del conrfort ambiental del local.
Haciendo gala de sus característicos y cuidados gestos, el Fiscal se arregló la ropa que le había descuajeringado Kanon con su arrebato de responsabilidad, atusándose el cabello revuelto por el viento, todo en un claro intento de recomponer la sobriedad que ahora se daba cuenta que había perdido por completo.
Kanon le observaba fijamente. Se mordía el labio inferior y comenzaba a armar mentalmente la pregunta primordial que le carcomía en ese momento. Sin darse cuenta se halló con la baja espalda recostada contra el borde del billar y los brazos cruzados sobre su pecho en una actitud desafiante que no prentendía herir, pero sí comprender.
- ¿Cuándo pensabas decírmelo, Saga? - Saga supo al instante a qué se refería, y no era a nada de lo que se había hablado con el inspercor Granchio, tal y como la siguientes palabras de Kanon confirmaron de inmediato.- ¿Una vez estuviésemos en el juzgado? ¿O cuando ya hubiese finalizado el juicio?
- Lo siento, Kanon...quise decírtelo antes, pero no pude...- Se justificó Saga, bajando la mirada frente a su gemelo quizás por primera vez en su vida.
- No estás en condiciones de afrontar un juicio.
- ¡Joder, Kanon! - La impotencia ante estas cansinas sentencias subió por la garganta del Fiscal, endureciéndole una mirada que no estaba en disposición de asustar, y ni tan solo ofender.- ¡Repites lo mismo que Shaka, y ya comienzo a hartarme de verdad! ¡Estáis sumamente pesados los dos! ¡Yo vivo en mi cuerpo, y solo yo sé cómo me siento, no vosotros!
- ¡A veces pareces imbécil! - Aquí Kanon ya no pudo más. Otro tipo de impotencia también estaba haciendo mella en él, y no dudó en consumir la escasa distancia que le separaba de su hermano y golpearle el hombro izquierdo con toda la intención de seguir sintiéndose superior a él.
- ¡Ya vale, Kanon! - Exclamó Saga, retrocediendo un vencido paso.
- ¡Nos preocupamos por ti! ¡Deberías agradecerlo, hostias! - Le replicó Kanon, dispuesto a no perder esa absurda riña.- ¡Y te recuerdo que retozas con un médico desde hace años! ¡Él sabrá de ésto más que tú, y si te ha advertido es por algo, joder!
Otro empujón estampado con rabia consiguió atrapar a Saga entre la barra del bar y Kanon, que no dudó en apoyarse con ambas manos sobre ella, manteniendo así a su gemelo sin opción alguna para ejecutar una cobarde escapada.
- Te estás pasando, Kanon...
- Quién se pasa de listo e imprudente, esta vez eres tú.- Las miradas de ambos se acuchillaron a través del nimio palmo que las separaba. Las estúpidas acusaciones con ida y vuelta cesaron, y entonces únicamente quedaron ellos dos. Frente a frente. A bordo del mismo bote y sin instrucciones claras para llegar a ninguna orilla segura.- No te comprendo Saga...- Confesó Kanon al fin, apartándose de su hermano para dibujar un rodeo que volvió a dejarle frente a él, pero sin coartarle ninguna salida.- Hace días que no lo hago, y aún así algo dentro de mí me dice que confíe en ti. En tus locuras que no compartes. En las ideas que ni tan solo sé a ciencia cierta si tienes o no...Únicamente sé que debo confiar en ti como ya lo hice diez años atrás. A ciegas y sin el cinturón de seguridad abrochado...- Saga se alimentó de una profunda inspiración mientras bajaba la mirada otra vez, asumiendo en silencio que Kanon en parte tenía razón.- Tres días, Saga...Nos quedan tres días y a ti no se te ocurre nada más que malgastar el primero de ellos en sonsacar información a un hombre que es obvio que adoraba a papá. Igual que tú...Igual que todo el mundo que le conocía al parecer...¡Incluso Rada me recuerda que soy demasiado duro con él! Todos os arrodilláis ante su memoria, pero yo no puedo...- Ni el mismo Kanon sabía porqué estaba fluyendo por sus labios semejante monólogo, pero no fue interrumpido. Ni por Saga, que al fin parecía haber alzado la dignidad, ni por la incomprensión que Kanon sentía hacia sus propias reflexiones.- Te recuerdo que gracias a él crecimos sin madre, y sinceramente, no sé a qué viene querer ahondar en esta mierda justo ahora. ¡Que estamos supuesamente enfrentados en un juicio donde nuestro pasado no va a ser juzgado, joder!
Kanon acompañó su última exclamación con un enérgico alzamiento de los brazos a ambos lados de su cuerpo, cayendo rendidos al tiempo que su voz parecía extinguirse para dejar paso a uno de los habituales pesados silencios que siempre acudían a abrazarles cuando el recuerdo de sus infancias y adolescencias huérfanas de madre acudía a ensombrecer sus vidas.
- Vete haciendo a la idea que lo enfrentaremos, Kanon...- La frialdad y calma con la que Saga rompió el silencio detuvo al acto los rodeos de Kanon, que se acercó a su gemelo demandándole una explicación más clara con el simple brillo de su mirada.- Nuestro pasado...el de nuestro padre...es posible que salga a la luz pública.
La mirada que ofreció Saga fue peligrosamente ensombrecida y achicada, recuperando la seguridad perdida con la misma celeridad que aceleró el corazón de Kanon.
- No te sigo, Saga...Lo intento con todas mis fuerzas, pero no lo consigo...- Murmuró Kanon, apartándose del peso de esa mirada que comenzaba a temer de verdad.
Las siguientes palabras que Saga pronunció detuvieron el tiempo que transcurría lento y pesado entre los dos. Lo heló como helada se quedó la sangre del gemelo menor.
- No puedes hacerlo...- Balbuceó Kanon, sintiéndose la frente cubrirse de un premonitorio sudor frío que nada bueno auguraba.
- Puedo y debo, Kanon...Ésta es la razón por la que asumo mi rol de Fiscal. Shura no podría conseguirlo. Debo ser yo. Pero necesito saber que tú estarás dispuesto a todo. Junto a mí.
- Joder, Saga...¡ésto es muy arriesgado!
- ¿Aceptas lanzarte al vacío junto a mí o no? Es todo lo que necesito saber...- El temple y la frialdad que se había apoderado de Saga contrastaba con la gota de sudor que se deslizó por la sien de Kanon mientras sus miradas se negaban a desconectarse.
- Estás loco...loco de atar...
- ¿Estás conmigo no no? Si aceptas...sólo tú y yo vamos a ser partícipes de esta conversación. Tú y yo. Nadie más. Por el bien de Thane...Y por intentar cerrar muchas heridas abiertas a nuestro alrededor, no solamente las nuestras.
- No sé si seré capaz de seguirte el guión, Saga...Yo no soy como tú. Ni como él...
Las manos de Saga se agarraron a la inseguridad de Kanon. La estrujaron sobre sus hombros. La apretaron y la asfixiaron con la dedicación de una intensa mirada que nada ocultaba.
- Tú eres tú, y con ésto me vale y me sobra. Te necesito a mi lado, Kanon...Juntos lo lograremos, como juntos lo logramos diez años atrás.
- Entonces mentimos...
- Y de éso aprendimos. Aunque tarde, de éso aprendimos...los dos.- Kanon había ladeado la mirada, degustando el amargor de unos recuerdos que le dieron la libertad cuando nunca creió merecerla. Y Saga lo supo. Sus pulgares acariciaron las clavículas que notaban bajo su tacto, intentando reconfortar el espíritu herido de su hermano.- Cometimos errores Kanon, es cierto...- Continuó hablando Saga, consiguiendo que sus miradas se encontraran de nuevo -...errores que nos moldearon en los hombres en que nos convertimos durante demasiado tiempo, y en los que finalmente somos hoy. Yo cultivé una ambición ciega que casi me arrebata la vida...y tú...tú te sumiste en una espiral de abandono y autodestrucción para castigarte del crimen que la justicia no te adjudicó. Pero aprendimos...y tanto que lo hemos hecho. Y pese a todo aquí seguimos...peleándonos por tonterías, irritándonos con nuestras manías...y a la vez riéndonos hasta llorar cocinando un maldito pavo de navidad, intercambiándonos las ropas como cuando éramos críos...- Kanon no pudo evitar esbozar una débil sonrisa, acordándose de los trajes de diseño que él mismo le había usurpado a Saga sin intención de devolverlos, pensando en ese puñado de calzoncillos suyos con los que acudió al hospital cuando a Saga le urgía vestirse con algo que no fuera un camisón de enfermo, y que tampoco vio de regreso. Saga también sonrió a su vez, y con un ínitmo susurro prosiguió.- Incluso hemos sido capaces de perdonarnos las erróneas acciones consumadas, ésas mismas que osaron salpicar a otra persona que también fue víctima de mi desmesurado ego, y a la que jamás me perdonaría perder...No lo desperdiciemos, hermano. Ya lo dijo el inspector Granchio...No todos los hermanos tienen la suerte de estar unidos...
- Tú y yo...¿realmente lo estamos, Saga?
- ¿Alguna vez hemos dejado de estarlo? Nunca Kanon...Y ahora no iremos a fastidiarlo.
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Durante el transcurso del mismo día. Comisaría de Policía.
DeathMask acompañó a Camus a las dependencias policiales por petición expresa del francés. La colaboración que había aportado para conseguir el arresto de ese peculiar enfermero, empleado en tareas sospechosas y avalado por documentación fraudulenta, no fue obviada por el inspector al mando. DM accedió sin otorgarse el lujo de dudar, sintiéndose placenteramente rejuvenecido en capacidades policiales, sobretodo después de haber demostrado que en puntería con el arma de fuego pocos podían superarle. No le supuso excesivo esfuerzo olvidarse de su padre, a quién todavía asumía en compañía de Saga, ignorando por completo que la reunión del jubilado inspector con el Fiscal General finalmente no había resultado tan fluida como le hubiera gustado al abogado.
El sub-inspector Milo no fue con ellos. Acatando sin problema las directrices de su superior permaneció en el hospital y tomó asiento frente al ventanal que dejaba ver el consciente descanso del joven Bennu. Era preciso tener una charla con el muchacho en cuanto se hallara presto para ello, y si era necesario dormitar sobre una de esas incómodas sillas de color insulso y gastado, Milo lo haría. El tiempo que fuera necesario para poder regresar a Comisaría con alguna información que ayudara a complementar el enjambre de situaciones que se estaba embrollando cada vez más a su alrededor.
El interrogatorio al peculiar muchacho llamado Aiacos no aportaba ninguna luz a las preguntas que no cesaba de plantearle Camus. Hasta el momento, el francés inspector había hecho gala de su pulcro proceder, muy alejado del que seguramente le hubiera despachado el nervioso DeathMask, quién permanecía atento al translúcido cristal que le permitía observar la escena con todo lujo de detalles, sin poder desviar la atención de todas y cada una de las palabras que iban llegando a su oídos y que sistemáticamente quedaban grabadas como procedimiento de la investigación. El reconstruido italiano cada vez se tensaba más, formulando en susurros escupidos entre dientes las preguntas que su mente forjaba, y que quizás hasta podrían complementar las que exponía Camus al otro lado del blindado ventanal.
Al cabo de una hora, quizás dos, Camus salió de la sala de interrogatorios visiblemente cansado más mental que físicamente. Aquél chico se presentaba un hueso que ni ningún perro hambriento rebanaría con ganas, y el inspector ya empezaba a dudar de si realmente era férrea tozudez o sublime estupidez la que cubría a aquél criminal de tres al cuarto. En vistas de la imposibilidad de sacar nada en claro, Camus propuso a DeathMask que le acompañara a un pequeño receso fuera de Comisaría, eligiendo el pequeño bar-cafetería que frecuentaban todos los policías cuando necesitaban respirar otro tipo de aires.
- Milo todavía no ha llamado...- Reflexionó el francés con resignación, a punto de inaugurar la extinción del bocadillo que se había pedido para calmar los gusanillos del estómago.-...y el chaval éste...sinceramente, no sé si es estúpido de verdad o si es que tiene ganas de jugar con nosotros.
DeathMask propinó una última y larga calada a su cigarrillo de tabaco negro, y aplastó la colilla en un cenicero que afortunadamente alejó de su mesa, dejándolo haciendo compañía al cenicero de la mesa vecina, ahora vacía. Su bocadillo también llegaba, y apenas se lo pensó en el momento de agarrarlo con ganas y clavarle un buen mordisco que dejó a Camus pensando en que jamás había visto al italiano engullir otra cosa que cafés o cigarrillos.
- Vaya, veo que Monsieur Masque de la Mort también come...en algún momento llegué a creer que realmente eras un espíritu del Yomotsu...
DeathMask detuvo el masticado de golpe y se miró a Camus con estupefacción. Le había parecido que el inspector al mando estaba bromeando, y observarle una escueta sonrisa establecida sobre sus labios acabó de darle la razón: Camus también sabía bromear, aunque no parecía ser su punto más fuerte precisamente...
- Bueno...no te equivocas del todo...- Murmuró DM con la boca medio llena, sin importarle en absoluto estar rallando el limbo de la mala educación.- Los espíritus que vamos y volvemos cada día del más allá necesitamos combustible.
Una tímida risa escapó de los labios de Camus, y sin saber porqué, DM se acabó contagiando de ella, echándose a reír al tiempo que maldecía no haber podido tragar el bocado con el que se había atrevido de más.
- No entiendo porqué desperdiciaste tantos años, DM...- Ambos seguían atacando la integridad de sus bocadillos calientes, y la proximidad profesional entre los dos se estaba fortaleciendo de forma tan natural como inesperada tan sólo unas semanas atrás.- No eres mal policía...
DeathMask suspiró, se deshizo de otro bocado y tomó el refresco que se había pedido en lugar de la cerveza que hubiera consumido en caso de haber comido solo. Un copioso sorbo era necesario para aclarar la garganta y dejar salir una sinceridad que ni él mismo esperaba.- Mi parte humana, la que vive aquí y no en el Yomotsu, no siempre tuvo la mente clara, Camus...Al fin y al cabo ahora me doy cuenta que soy un humano tan derrotable como cualquier otro. Como Thanatos...como Bennu...como el chaval estúpido éste que ni siquiera sabe delinquir...En cambio tú sí pareces el Hombre de Hielo, impenetrable, sobrio, severo, elegante, con modales refinados_
- Y humano también.- Le cortó secamente, aunque con la elegancia previamente mencionada por DM, ésa que ni deseándolo podría deshacerse de ella.- Ya ves cómo se me está resistiendo un simple muchacho...
- ¡Porqué no eres duro! - Exclamó DM, otra vez con la boca ocupada, ayudándose de una sonora palmada sobre la mesa.- Hay que presionar, y no ser tan blando.
- Los tiempos han cambiado. No se pueden desarrollar los interrogatorios tal y como se hacía en época de tu padre...
- Chorradas.- Sentenció DeathMask, acabando con todo el refresco disponible.- No digo que le torturemos, éso no, más que nada porqué ya no hay plásticos para cubrir el suelo y evitar manchas de sangre, todo éso se lo llevaron...
- ¡DeathMask! ¡Mon Dieu! Quién te escuche va a creer que se cometían estas barbaridades, y no fue nunca así...
- ¡Ya! ¿Y qué vas a saber tú de lo que se hacía cuando eras un polluelo creciendo entre las calles de París? ¡En todos los países del sur de Europa somos más rudos!
- Por favor, en serio te lo pido...ésto no es un juego para ir bromeando de torturas presentes y pasadas...- Insistió Camus, recuperando la seriedad de manera rápida y peligrosa, logrando que DeathMask carraspeara e intentara hacer lo mismo.
- De acuerdo, no digo que le hagamos daño, pero asustarle un poquito...yo creo que funcionaría.
- No lo sé, de verdad...- Camus ofreció sus dudas más terrenales sin mirarse a DeathMask, centrándose en la presencia del camarero para reclamar su atención y pedir un par de cafés que hicieran bajar mejor el escueto menú ya desaparecido.- No lo sé, Graciano...
DM no esperó al café para prenderse otro cigarrillo, y reclamando su rol como antiguo inspector propuso lo impensable hasta ese mismo momento.- Tranquilo, lo hago yo. Sin sangre ni uñas arrancadas, te lo prometo.
Una vez ambos hubieron regresado a Comisaría, Camus accedió a cederle el turno de interrogar a DeathMask. Se quedó en la sala contigua, de pie y con los brazos cruzados a la espera de observar la escenificación del italiano, aún sin tenerlas todas consigo.
El repertorio de DeathMask comenzó a vislumbrarse en un in crescendo de intensidad que pasó de preguntas repetitivas a acusaciones falsas, pero intencionadamente pensadas para nublar la mente del joven y hacerle vomitar el nombre que se callaba. El cerebro de todo. El verdadero criminal a batir a toda costa.
Fue más rápido y menos doloroso de lo que se había imaginado en un primer momento. Al gato viejo solamente le hizo falta beberse el agua de Aiacos cuando éste le pidió la botella para aplacar la aridez que los nervios habían asentado en su garganta; sentarse con descaro sobre la mesa, cruzándose las manos sobre los muslos mientras una pierna se balanceaba colgando de la mesa y el pie contrario se apoyaba firmemente en el suelo; mencionar familia, siempre la familia, aún sin concretar miembros y utilizar el típico "¿qué van a pensar de ti cuando sepan que te pone cachondo matar jovencitas?" o la amenaza de gala, y la que nunca fallaba cuando ante ellos se estremecía un alma con más sed de dinero que de sangre fresca, mencionando las buenas atenciones de las que gozan los violadores en todas las prisiones.- Como quieras, chaval. A partir de ahora te aconsejo que te duches con el culo pegado a la pared. Aunque la carne fresca siempre es tan apetecible ahí dentro, que te pueden venir a cobrar la estancia en cualquier momento, y ya te aseguro yo que los huéspedes habituales no son de muchos preliminares...
- ¡Que yo no la maté a Pandora! ¡Yo sólo hice lo que me pidieron que hiciera! - Exclamó al fin Aiacos, muerto de miedo al imaginarse el cálido recibimiento que podría tener esa misma noche en cana.
- ¡Pues dime de una puta vez quién te pidió que te convirtieras en un condenado gilipollas que no sabe ni disfrazarse de enfermero! - El puño de DeathMask se estampó contra la superficie de la mesa, casi rozando las manos maniatadas del muchacho, y garantizando la caída al suelo de la vacía botella de agua.
- ¡Fue Thanatos! ¡Así se hace llamar! Me amenazó...y no podía negarme...
Sin despegar el trasero de la mesa, DeathMask agarró el dossier con la información del caso y malintencionadamente le mostró una fotografía reciente del famoso pintor Hyppolitos Sifakis.- ¡¿Fue él?!
Aiacos observó la foto entre lágrimas y sorbidas de mocosidad, y negó con la cabeza antes de acompañarse con un gemido que confirmó su negación.- No...tiene el cabello oscuro...
- ¿Estás seguro?
El muchacho asintió, y sin poder aguantarse más rompió a llorar.
DeathMask suspiró con pesar y dirigió su mirada hacia el cristal dónde se veía a sí mismo reflejado, con la intención de conectarse con la supuesta mirada de Camus asentada al otro lado.
Y Camus sólo escupió un sentido ¡Merde! que rubricó con un pensamiento seguido de una acción indispensable. Seguían estancados en el mismo atolladero de siempre, y la Fiscalía debía saberlo.
El contacto de Saga apareció en la pantalla de su móvil de última generación, y ejecutó la llamada.
Al otro lado, un cansado Fiscal le atendió aún con esperanza.
FIN
...de la tercera temporada
