Hola chicas disculpen la demora en publicar es que he estado muy, pero muy ocupada con el trabajo, ya se lo que da rabia cuando nos quedamos esperando la actualizacion, para que vean que no pienso dejar de publicarles aca les dejo esta vez la primera y segunda parte del capitulo 22 mas tardar el martes les subire la que sigue!
Saludos y millones de gracias por seguir!
Capitulo 22
Todo comienza y se ilumina cuando tus ojos me miran… y mientras mas yo te descubro mas me acerco al paraíso, estoy seguro*
Los días pasaban rápidamente, aunque para ella el tiempo se hubiese estancado desde aquella tarde, su corazón aun no se resignaba a dejar ir al que para el era el amor de su vida, el único hombre que la había tratado como a una dama, como una mujer con sentimientos, con sus defectos y virtudes, ese que la había amado con toda su alma y su ser, el mismo que le entrego lo mas preciado que tenia; su corazón… ese corazón que ella rechazo, pero que ahora conquistaría de nuevo, por él seria capaz de cualquier cosa, ahora le tocaba a ella luchar por este amor, si era preciso pedirle perdón cien, mil veces lo haría… si era necesario esperar y darle un tiempo lo haría… lo que sea con tal de recuperar el amor de Fabrizio.
Desde que se entero que el joven había viajado a Cerdeña algo dentro de su corazón le dijo que esto era justo lo que estaba esperando, el joven se tomaría un tiempo alejado de todo, seguramente en este viaje podría aclara sus sentimientos, solo era cuestión de tiempo, entre tanto ella retomaría su vida, lo primero era arreglar su imagen, ponerse bella para él, olvidarse de los reclamos, los reproches, las presiones, volvería a ser la Antonella Sanguinetti de la cual él se había enamorado, la mujer altiva y segura que lo había conquistado, debía decir adiós a las inseguridades… no existía razón para sentir este miedo… él decía que estaba enamorado de otra mujer… eso no importaba, le demostraría que no existía sobre la tierra nadie que lo amara mas que ella, ninguna mujer se podía comparar con ella, el primer amor de Fabrizio Di Carlo… ella era el primer y único amor, la mujer que lo enseño a besar, a acariciar… a amar, ella le entrego a él su cuerpo, es la dueña de eso… no existía otra con ese poder y lo usaría, él la deseaba eso lo podía ver en sus ojos, entonces le daría lo que él deseaba. – Se levanto del sillón donde se encontraba y camino hasta el espejo de pared de su armario, dejo caer la bata que cubría su cuerpo dejándolo al descubierto, lo admirándolo con detenimiento - Aun era hermosa… lo era y se lo demostraría a él y cualquiera que se atreviese a acercarse a ambos, la mujer que creía que lograría separarlos era una ilusa, nadie podía darle a Fabrizio lo que le daba ella… Nadie – Pensaba mirando su reflejo y una sonrisa se dibujo en su rostro.
Minutos después se encontraba lista para salir, lo primero era salir a compartir un rato con sus amigas, tenia que mostrarse delante de todos totalmente calmada, no podía dar lugar a comentarios de las viejas chismosas de Florencia, para todo el mundo ella y Fabrizio aun seguían juntos, un poco distanciados por los compromisos de ambos, nada mas… su relación seguía siendo una de las mas solidad y envidiadas de la ciudad, necesitaba de esto en caso que la mujer que intentaba separarlos fuese una conocida, se sentiría engañada por el joven… lo hostigaría con preguntas y reclamos y ella aprovecharía esa situación. Hermosamente vestida con un traje blanco que marcaba su esbelta figura y resaltaba sus atributos salió rumbo al club, pasaría la tarde mostrándose feliz delante de todos.
Bajo, ante la mirada sorprendida de su ama de llaves y su chofer, mostrando una de sus mejores sonrisas le ordeno al hombre que prepara el auto, se dio un ultimo vistazo en el espejo del salón, el maquillaje hizo milagros en su rostro ocultando las ojeras y lo demacrado que estaba, ahora lucia radiante, justo así estaría para cuando Fabrizio volviese, le demostraría que seguía siendo el amor de su vida.
Después de mas de una hora deslizándose sobre las espectaculares aguas del Mar Mediterráneo, la embarcación había llegado a su destino, ante la mirada emocionada de los ocupantes se encontraba uno de los paisajes mas hermosos que habían apreciado sus ojos, las aguas calmadas del puerto que mostraban su tono turquesa en todo su esplendor les daban la bienvenida, a los lejos se podían observar los picos del Monte Teialone y de Stefano Poggio, desde donde se podía apreciar el Archipiélago en toda su extensión. Los hombres fueron los primeros en bajar del bote para luego ayudar a las damas, la suave brisa del mar desordenaba los cabellos de estas y pegaba los vestidos a sus figuras mostrándolas en todo su esplendor, tomados de las manos caminaron y enseguida fueron recibidos por un amigo del capitán de la embarcación quien los llevo hasta Cala Coticcio, donde pasarían el día.
El hombre había preparado todo para que pudieran disfrutar de su estadía en este lugar, él junto a su mujer atendían un pequeño restaurant a pocos metros de la playa, después de instalarse les ofreció el desayuno que tenia como ingrediente principal los frutos del mar, la presentación del mismo abrió el apetito de todos los allí presentes y no pensaron dos veces para sentarse alrededor de la mesa y degustar los platillos. Después de esto las damas pasaron al baño que les ofreció gentilmente Doria, como se llamaba la dueña del restaurante para cambiarse, todas se encontraban ansiosas por probar las cálidas aguas. Los caballero por su parte viajando más cómodos, solo necesitaron deshacerse de sus ropas y ya estaban listo, decidieron esperar a las damas, pero en vista que ellas tardaban mas de la cuenta caminaron hasta la orilla para apreciar mejor el paisaje.
Las enormes rocas de granito rosa que servían de marco a la playa le daban ese toque de tranquilidad e intimidad que no poseían las ubicadas en Cerdeña, la arena blanca y ese toque entre esmeralda y turquesa de sus aguas los invitaba a sumergirse en ellas. Se sentaron a pocos metros de la orilla a la espera de las chicas, sumidos en sus pensamientos, absortos de todo a su alrededor, consciente solamente de la belleza que la naturaleza era capaz de otorgarles.
Candy y Ángela aun se sentían dudosas de salir, desde que vieron los trajes de baño que comparan en Florencia por sugerencia de Fransheska, temían el momento de usarlos, aunque la italiana lo lucia con total confianza y les decía una y otra vez que ambas se veían hermosas, el pudor les impedía aceptar salir con una pieza tan pequeña, que apenas cubría parte de sus cuerpos.
- No creo que deseen quedarse sentadas a la sombra y perderse de este mar tan maravilloso – Menciono la chica mirando a ambas.
- Por supuesto que no Fransheska, pero… pero, no sé – La rubia se detuvo sin saber que mas decir.
- Candy luces esplendida, tienes una figura hermosa… no entiendo que te da miedo – Contesto desconcertada.
- Fransheska tiene razón Candy, ustedes son jóvenes y lucen muy lindas en esas piezas… sin embargo yo creo que mejor me coloco otra cosa y… - La italiana la interrumpió.
- Ángela por Dios, tú también luces hermosa, además hablas de ti como si fueras una anciana, apuesto que no tienes ni siquiera treinta años – Menciono con convicción.
- Fransheska tiene razón Ángela – Acoto la rubia.
- Perfecto, entonces no hay problema salgamos ya que los chicos deben estar ansiosos – Dijo ella caminando para abrir la puerta.
- ¡Espera! – Dijeron las americanas al mismo tiempo haciendo que la morena se sobre saltara.
- Una última revisión – Dijo Candy mientras se miraba en el espejo, dejo libre un suspiro y en actitud de derrota salió del lugar.
Los chicos se encontraban de espaldas a ellas, en cuanto las americanas sintieron la suave brisa de la playa sobre su piel desnuda, se crisparon como unas gatas y salieron de nuevo hacia el baño.
- Chicas por favor – Menciono Fransheska en una suplica – A ver… ¿Qué es lo que les preocupa? – Pregunto mirándolas a los ojos. Ambas se sonrojaron y bajaron la mirada – Que los chicos las vean así… por favor no tienen nada de lo cual preocuparse, ellos también llevan puesto bañadores y ya vieron lo relajado que se encuentran, vamos no sean aguafiestas… a ver hagamos algo… salimos corriendo y entramos directamente al agua sin darles tiempo para que nos vean… ¿Les parece? – Inquirió de nuevo buscando sus miradas.
Ella se quedaron en silencio un minuto evaluando la idea de la italiana, la rubia se froto las manos y después dejo ver una sonrisa, miro a Ángela y al fin hablo.
- Esta bien… Ángela lamento tener que hacerte consciente, pero de las tres creo que eres la que correr mas despacio – Acoto divertida. La mujer dejo libre un suspiro y asintió en silencio.
- Ahora si… ¿Salimos entonces? – Pregunto de nuevo. Ellas afirmaron en silencio – Bien, Ángela no te preocupes yo los distraigo mientras tú entras al agua – Agrego para darle confianza a la mujer.
Salieron de nuevo, el Sol ya se encontraba en lo alto, la brisa traía con ella el olor a Mar, Sal, Tierra; un verdadero regalo a los sentidos, caminaron hasta estar cerca muy despacio para evitar que ellos notaran sus presencias y se volvieran a mirarlas.
- ¿Listas? – Interrogo la chica mirándolas.
- Si – Contestaron en voz baja al mismo tiempo.
- Ahora – Exclamo ella en el mismo tono de voz, dejando que tomaron la delantera.
Ambas pasaron como un rayo al lado de los chicos quienes se sobresaltaron al ver la acción de las mujeres, quienes entraron al agua de inmediato hasta alcanzar la profundidad adecuada para cubrir sus figuras. La italiana paso a menor velocidad junto a ellos y deteniéndose solo unos segundos para mirar al rubio.
- ¿Qué hacen allí? El día es corto y aun tenemos muchos por hacer – Dijo con una hermosa sonrisa que capto la mirada de Albert, sin embargo esta no pudo evitar recorrer la figura de Fransheska que lucia hermosa en ese traje de baño rojo. Después de eso ella salió corriendo para entrar también al agua.
Los primero en reaccionar fueron los italiano, quienes se colocaron de pie y salieron corriendo de inmediato para darle alcance a las damas, el rubio aun se encontraba congelado ante la imagen de su novia, su corazón latía con fuerza hinchado de felicidad. Entro de ultimo al agua y de inmediato nado hacia donde se encontraba la morena que lo veía sumamente divertida por su reacción. La chica nadaba alrededor de un pequeño islote que se encontraba en el centro de la playa esquivando al rubio, sin embargo los dotes de nadador de este le dieron la victoria, quien después de un minuto de estar jugando al gato y al ratón logro darle alcance.
- ¡Te atrape! – Menciono con una sonrisa amarrándola entre sus brazos.
- Ahora te tocara vivir enamorado eternamente de mi, es el precio que se debe pagar cuando se atrapa a una sirena – Dijo ella divertida.
- Entonces lo pagare encantado – Contesto y busco sus labios para fundirse en un beso con ella.
Los demás habían notado divertidos el juego, los caballeros celebraron la victoria del rubio y las damas se sentían felices al verlos tan enamorados. Fabrizio quien se encontraba detrás de la rubia se sumergió sin que esta lo notara y la tomó de un tobillo.
- ¡Fabrizio! – Exclamo ella pues sabia que había sido él.
Ángela y Antonio no pudieron evitar sonreír al ver como los cuatros jóvenes se divertían haciéndose bromas mutuamente. Cuando el joven salió a la superficie a pocos metros de la rubia dejo ver una sonrisa picara.
- Te advierto que no eres el único que sabe nadar y puede hacer bromas – Le advirtió con una sonrisa.
Él se sumergió de nuevo y en un instante se encontraba a su lado, su rostro lucia hermoso bañado por unas cuantas gotas de agua, el cabello hacia atrás y sus ojos aun mas azules le quitaron la respiración a la chica, su corazón se acelero de inmediato al ver la sonrisa que se dibujaban en su rostro, se acerco a ella y la abrazo, para luego buscar sus labios y adueñarse de ellos con tiernos toques, rozándolos apenas y despertando todas esas sensaciones que la hacían elevarse. Ella llevo sus manos hasta los hombros de Fabrizio para sujetarse de él, el suelo bajo sus pies desapareció, solo era consciente del sabor de su boca, del calor de su cuerpo, de sus labios paseándose por los suyos y su lengua recorrerlos con delicadeza, el suave movimiento de la marea los mecía, él se separo un poco de ella y bajo para darle un beso en el hombro, había deseado repetirlo desde esa ocasión en la cual lo hizo, en la fiesta del ministro Lambert. Ella suspiro ante el toque y cerró los ojos, quedándose así abrazada a él, sin decir nada, solo dejando a su corazón cantar de felicidad dentro de su pecho, cuando abrió los ojos noto que la costa se veía distante.
- ¡Fabrizio! – Menciono sorprendida.
- Si – Dijo él volviéndose a mirarla.
- Estamos muy lejos… ¡Oh por Dios! Ni siquiera puedo tocar el fondo – Acoto mirándolo a los ojos asustada.
Él dejo libre una carcajada y llevo una mano hasta su mejilla para acariciarla, le dio un suave beso en los labios, fijando sus ojos en los de ella.
- Yo no dejare que te pase nada, no tienes porque temer… hace rato que estamos así – Menciono divertido.
- Pero… no entiendo – Dijo desconcertada.
- Yo te sostengo… creo que soy mejor nadador que usted señorita… y también mucho mas alto – Agrego con esa sonrisa de medio lado que derribaba cualquier protesta.
- Lo de la altura… pues es lógico siendo tú hombre… ahora lo de saber nadar… tendría mis dudas – Contesto en forma de reto.
- ¿Así?… podemos probar… te soltare – Dijo fingiendo seriedad.
- ¡Fabrizio no! – Respondió asustada. Él dejo libre otra carcajada y la abrazo con fuerza, pegándola a su cuerpo.
- No es gracioso… - Intento decir algo mas, pero él la callo con un beso. – Fabrizio… creo que es mejor… - Hablo de nuevo cuando el joven dejo sus labios por unos segundos, pero enseguida él tomó sus labios de nuevo y esta vez ella se olvido de todo y se fundió en ese beso, se dejo llevar entregándole sus labios, abriendo su boca para sentirlo mas cerca, mas suyo… los suaves roces de sus leguas los hacían temblar.
Después de largos minutos que no lograron contar sus labios se separaron, sus miradas brillantes y mas profundas eran la muestra de lo fuerte que era este sentimiento, ella acaricio muy despacio la mejilla del joven mientras él acariciaba su cuello. Luego se coloco de espaldas a ella.
- Sube, te voy a llevar a la orilla – Menciono llevando las manos de la chica para rodear su cuello.
- ¿Cómo me vas a llevar? – Pregunto sin comprender.
- Ya veras – Contesto con una sonrisa. Ella lo obedeció aun un poco dudosa – Toma aire y cierra los ojos, confía en mi Candy – Agrego antes de sumergirse.
Nadaron juntos de regreso a la orilla, ella podía sentir los músculos de la espalda del joven tensarse a cada movimiento, así como los de sus piernas al impulsarse, mientras ella solo se dejaba guiar, un par de veces abrió los ojos y pudo ver el extraordinario contraste del agua, la arena blanca, los rayos del Sol que se filtraban a través de esta, la piel bronceada de Fabrizio junto a la suya, que era blanca como el nácar, su cabello castaño que se mecía con suavidad.
Emergieron de nuevo antes de llegar a la orilla, él se volvió para mirarla y ella tenía una sonrisa que llegaba a su mirada y lo iluminaba, se veía hermosa, su cabello dorado que ahora lucia mas oscuro, sus labios cubiertos por un hermoso tono carmín, sus ojos verdes que lucían mas profundos, con una luz diferente, especial. Se acerco hasta ella y le dio un beso, apenas un roce, luego la tomó de la mano para salir, pero ella se detuvo y él se volvió a mirarla.
- ¿Sucede algo? – Pregunto desconcertado.
- No… no es nada, pero podrías por favor buscarme una toalla es que de seguro hace mucho frio – Contesto ella con voz nerviosa.
- Claro no hay problema – Dijo acariciándole la mejilla, después de eso salió dejándola aun dentro del agua. Camino y le pidió a Ángela lo que la chica necesitaba, esta le ofreció una bata de baño color marfil, el chico regreso quedándose parado en la orilla - ¡Candy! – La llamo desde esta, ella se encontraba de espaldas y se volvió para mirarlo.
Los nervios se apoderaron de ella y la hacían dudar… ¿Cómo saldría? Eso te pasa por no salir antes… bueno lo mejor será hacerlo lo mas rápido posible – Pensaba y enseguida comenzó a dar pasos para salir, el agua se sentía mas densa impidiéndole moverse con rapidez. Él tenía los ojos puestos en la figura de la chica que lucia extraordinaria en ese traje de baño blanco, su hermosa piernas largas y torneadas, la cintura diminuta, las caderas anchas y que al mismo tiempo mantenían la simetría con el resto de su cuerpo, los pecho llenos y firmes… en definitiva una maravillosa visión. Ella mantenía la mirada baja intentando parecer calmada, sin embargo era consciente que cada vez su figura se descubrir un poco mas ante la mirada atenta de Fabrizio, la podía sentir sobre ella.
- Eres hermosa – Le dijo con una sonrisa colocando una mano debajo de su barbilla para mirarla a los ojos.
Ella respondió con una sonrisa nerviosa y esquivó su mirada, el joven extendió la bata para ayudarla a colocársela. Candy le dio la espalda y metió los brazos con rapidez dentro de las mangas, se la amarro cubriéndose. Él dejo ver una sonrisa, le encantaba esa timidez que ella poseía, la hacia lucir mucho mas hermosa, ella se volvió para mirarlo y comenzó a caminar, el chico rodeo la cintura de la rubia con un brazo para atraerla hacia él y le dio un beso en la mejilla.
Después del almuerzo decidieron caminar un poco por los alrededores, contemplar la hermosa vista que les brindaban los riscos a lo largo de la costa, las chicas se habían cubierto con hermosos vestidos blancos de lino, los caballeros también optaron por algo mas formal, entre bromas y juegos se pasaron varias horas observando los hermosos tonos de las aguas del mar, Albert señalo varios lugares cercanos que le parecían conocidos y Fabrizio lo corregía cuando lo ameritaba, el rubio había visitado estas costas cuando era adolescente y sus hermanas aun solteras viajaban en compañía de sus tías y primos.
Regresaron a la playa antes de las dos, aun contaban con tiempo suficiente por lo cual decidieron tomar otro baño, esta vez la rubia se relajo un poco más y se deshizo del vestido con naturalidad. Fransheska se encontraba sentada en la orilla con Albert observando el mar tomados de la mano, mientras Ángela y Antonio nadaban, Fabrizio la esperaba para entrar al agua, le ofreció la mano dedicándole una sonrisa que la hizo sentirse confiada.
- ¿Te gusta este lugar Candy? – Le pregunto mirándola a los ojos.
- Si, es hermoso… tranquilo, te da una paz increíble – Respondió acariciando la mejilla del joven.
- Si… eso es lo que lo hace especial, es como tus ojos – Menciono pegando su frente a la de la chica para fundirse en la mirada esmeralda. – Quiero quedarme a vivir para siempre en sus ojos, en tus labios… en tu corazón – Agrego con voz suave.
Ella no supo que decir ante eso, todo lo que Fabrizio le decía era tan hermoso… la llenaba de felicidad – Acorto la poca distancia entre ambos y busco sus labios para perderse en ellos. El joven la amarro a su cuerpo intensificando el beso, mientras sus manos se deslizaban por la espalda de la rubia.
- Te amo – Dijo él con voz ronca una vez se separaron.
- Yo también te amo y me encanta escucharlo de tus labios… mi corazón late desesperado Fabrizio, lleno de emoción, de felicidad – Contesto ahogándose en el mar de sus ojos.
Fueron sacados de la burbuja por la voz de Albert, quien se encontraba en al orilla al lado de Fransheska y de otro hombre.
- ¡Chicos vengan! – Menciono haciéndoles un ademan.
Ellos acudieron de inmediato, salieron del agua de la misma manera en que habían entrado, tomados de las manos y sonrientes.
- Fabrizio, Candy, vamos a tomarnos unas fotografías – Dijo Fransheska entusiasmada cuando llegaron hasta donde estos se encontraban.
Albert se encontraba hablando con un fotógrafo alemán que estaba haciendo una toma de la Isla de Caprera. El hombre de unos treinta años, cabello oscuro, una barba que cubría la mitad de su cara, usaba anteojos, la piel tostada por el sol. Después de unos minutos el rubio lo había convencido para que les tomara unas fotos, el hombre cautivado por la belleza de las chicas accedió con una sonrisa. Se tomaron más de diez fotografías, en grupos, en parejas, las chicas solas, Albert le pago al hombre quien lo agradeció pues se encontraba escaso de dinero después de llevar mas de tres meses viajando por el mediterráneo, deseaban montar una exposición en Berlín para dar a conocer su trabajo y así entrar a la National Geographic Society, el hombre sabia que era un proyecto ambicioso pero confiaba en su talento para la fotografía, después de haber perdido todas sus propiedades durante la guerra, solo le quedaba su cámara y el deseo de salir delante. Los jóvenes escucharon atentos los relatos de hermosos lugares cerca de allí; El Estrecho de Gibraltar, El Cabo de San Antonio, las maravillosas vistas desde las Costas de Marsella, El Canal de Suez, El Estrecho de Dardanelos, cada uno poseedores de una belleza extraordinaria y enigmática, Hans Bergen Lenz, como se llamaba el fotógrafo tomó una merienda con ellos, los hombres le ofrecieron llevarlo hasta Cerdeña si deseaba llegar a esa localidad, este acepto de inmediato, pues eso le ahorraría tiempo y dinero, después de un rato se recostó para descansar un poco mientras lo jóvenes regresaban a disfrutar de sus actividades.
Ella entro a la oficina sin anunciarse, venia cargada de carpetas que apenas podía mantener entre sus manos, cerró la puerta empujándola con su cuerpo. Él levanto la mirada y al verla se puso de pie y camino hasta ella para ayudarla, aprovechando que la chica tenía las manos ocupadas, le dio un rápido beso en los labios, apenas un roce. Ella respondió a este con una sonrisa mientras negaba con la cabeza. Neil tomó más de la mitad de las carpetas que Vanessa traía entre sus manos y camino con ella para colocarlas sobre el escritorio. Después se volvió, colocándole una mano en la cintura y la otra en el cuello la atrajo hacia su cuerpo pegándola a este de manera posesiva y atrapo sus labios en un beso penetrante e impetuoso. Ella solo era consciente de las sensaciones que este beso provocaba en su cuerpo, solo podía dejarse llevar y entregarse a él, solo eso. Poco a poco Neil camino con ella hasta tropezar con uno de los muebles de la biblioteca que cubría la pared, las manos de la chica le acariciaban la espalda con suavidad, subiendo hasta su pecho sintiendo a través de su ropa el latido desbocado del corazón del moreno.
- Neil… estamos en la oficina… Neil – Ella intentaba hacerle entrar en razón, pero el joven parecía no escucharla, en el fondo ella no deseaba que lo hiciera, se sentía tan bien cuando él la tomaba de esta manera.
Sin embargo no debía dejarse llevar por la pasión, intento separarse haciendo presión en el pecho de Neil, este lo noto de inmediato y llevo sus manos hasta las de ella, las tomó y con un movimiento seguro las subió a ambos lados para pegarlas al mueble, mientras su boca exigía mas de ella, sus labios presionaba con suavidad y firmeza al mismo tiempo, llenando con su legua la boca de Vanessa, succionando a ratos la suya, haciéndola estremecer ante cada roce, ella fue cediendo a este beso abrasador que la elevaba, entrelazo sus manos con las del joven, pegando su cuerpo al de él, después de un minuto Neil bajo lentamente sus manos por los brazos de ella, deslizando sus dedos por la piel bronceada de la chica, erizándola con solo ese toque. Ella llevo los brazos hasta el cuello del joven y lo rodeo con estos, mientras él la tomaba por la cintura y la elevaba aprisionándola contra su cuerpo y el mueble. Vanessa le acariciaba la espalda, los hombros, enredaba sus dedos en el cabello cobrizo, sintiendo cada vez mas como su corazón se agitaba con una fuerza dolorosa dentro de su pecho y comenzaba a quedarse sin aire.
¡Dios cuanto lo deseo! Cuanto me hace sentir – Pensaba ante cada caricia que amenazaba con robarle la poca cordura que tenia.
Neil abandono sus labios y comenzó a bajar por su cuello, mientras deslizaba una mano por su cintura, bajando a su cadera, elevando una pierna de ella para que lo rodeara, acaricio con el centro de su mano la rodilla de ella, movimientos circulares que la hacían temblar, suavemente fue subiendo por la piel desnuda del muslo de la chica hasta llegar al borde de su ropa interior. Ella dejo libre un gemido cuando la mano de Neil comenzó a viajar a su centro, abrió los ojos y pudo ver el deseo reflejado en los de él, llenos de fuego, brillantes, oscuros, mientras se abría paso entre el monto de encajes de su ropa.
- Deseo tenerte ahora – Dijo con voz ronca a su oído. Ella no podía pensar en nada más que el placer que él le estaba proporcionado, aunque intentara ser racional no lograba hacerlo.
Un toque en la puerta los tomó por sorpresa sacándolos del embrujo que el deseo había creado para ellos. Con rapidez la chica se separo de él y camino hacia el escritorio intentando llenar sus pulmones de aire y controlarse. Neil por su parte dejo libre un gemido cargado de frustración, llego hasta ella, le acaricio la mejilla dedicándole una sonrisa para infundirle confianza y tomó asiento detrás de su escritorio, respiro profundamente para calmar su pulso, cerró los ojos y los abrió de inmediato, miro a Vanessa quien ya se encontraba mas tranquila. Escucharon un segundo toque.
- Adelante – Menciono el chico dando gracias a su voz por sonar calmada.
- Buenas tardes Sr. Leagan disculpe que lo moleste – Menciono el gerente del banco entrando a la oficina.
- No se preocupe Whitman, pase por favor – Respondió el chico haciéndole un ademan.
- Solo quería pasar a dejarle el reporte del último mes de la cámara de comercio, sé que esto lo hacen las chicas, pero también deseaba ser uno de los primeros en felicitarlo por la adquisición de sus acciones, el asunto ya es oficial, su primo me llamo para confirmar una visita la próxima semana y presentarlo en una reunión como parte de la junta directiva – Dijo el hombre con una sonrisa.
Esto tomó al joven por sorpresa pues hasta donde sabía su tío William tenia que autorizar la venta de las mismas y él se encontraba de viaje, a menos que Archie se haya tomado la molestia de escribirle para comentarle el asunto, regreso a la realidad y sus ojos se encontraron con los de Vanessa que le sonreían.
- No tenía conocimiento de ello Sr. Whitman, le agradezco mucho la información – Expreso con una sonrisa.
- Entonces me alegra doblemente al haber sido yo quien le diera la noticia, felicitaciones Sr. Leagan. – Dijo el hombre con sinceridad.
- Neil, por favor llámeme Neil – Pidió este.
- Está bien, felicitaciones Neil… bueno no teniendo mas que decir, me retiro – Menciono – Srta. Scott ¿No saldrá a almorzar con las demás secretarias? – Pregunto el hombre sin intensión de ser entrometido.
- No… no Sr. Whitman, aun tengo algunas cosas pendientes y es mejor tener todo al día… imagino que si el Sr. Cornwell nos visita deseara ver algún reporte – Respondió ella sin saber que mas decir.
- Por supuesto… aunque no debería de sobre cargarse de trabajo, se puede enfermar y seguramente eso es algo que ninguno de los presentes deseamos – Acoto mirando al moreno a los ojos.
- El Sr. Whitman tiene toda la razón… permítame invitarla a almorzar y así celebramos – Dijo el joven colocándose de pie. Ella lo miro a los ojos sin saber que responder.
- Me encantaría poder acompañarlos, pero tengo un almuerzo con unos empresarios… ya iba de salida, solo pase un momento, vayan ustedes y se divierten un rato, no todo es trabajo – Indico el hombre con una sonrisa.
- Muchas gracias Sr. Whitman – Expreso el moreno.
- John… llámame John por favor, bueno ahora si marcho no me gusta llegar tarde, nos vemos – Menciono el hombre para despedirse.
- Hasta luego John – Dijo el chico.
- Hasta luego Sr. Whitman – Agrego ella con una sonrisa tímida.
El hombre afirmo en silencio y salió del lugar. Vanessa se coloco de pie asegurándose que no regresaría y corrió para abrazar a Neil.
- ¡Felicitaciones! – Expreso con entusiasmo mirándolo a los ojos.
- Gracias – Contesto él acariciando la mejilla de la chica. - ¿Me acompañas a celebrarlo? – Pregunto mirándola a los ojos.
- ¡Por supuesto! – Respondió dándole un pequeño beso en los labios, se alejo de él para buscar su bolso, pero antes de que hubiese dado un par de pasos la mano de Neil al detuvo.
- Creo que será mejor celebrarlo aquí – Menciono amarrándola en un abrazo mientras caminaba con ella hacia el sofá.
- Neil… Neil, no podemos… mira lo que acaba de pasar, gracias a Dios el Sr. Whitman no se dio cuenta de nada, te imaginas si hubiese sido alguien mas – Expreso con preocupación.
- Bueno… está bien no volveré a dejarme llevar mientras estemos aquí… aunque todo es tu culpa – Dijo en tono de reproche.
- ¿Mi culpa? No entiendo… ¿Por qué dices eso? – Inquirió mirándolo a los ojos.
- Por ser tan hermosa, por provocarme… no puedo tenerte cerca y no desear hacerte el amor, me vuelves loco – Dijo mientras le daba delicados besos en el cuello. Ella dejo libre una carcajada.
- Eso no es excusa… bueno ahora será mejor que vayamos a almorzar, sino se nos hará tarde y tenemos trabajo pendiente – Dijo intentando separase de él de nuevo.
- Tengo una idea mejor, compramos algo para llevar y comemos en tu casa o en la mia – Dijo con tranquilidad.
- ¡Neil Leagan! Sé perfectamente a donde nos llevara tu idea… - Intento agregar algo mas pero él la detuvo.
- Me encanta lo intuitiva que puedes ser a veces – Dijo depositando un beso en los labios de la chica.
- Siempre lo soy… solo que algunas veces finjo no serlo – Contesto con una sonrisa mientras le daba la espalda y caminaba para salir.
El joven se perdió en el movimiento de sus caderas y se mordió el labio inferior, antes de que ella lograse escapar, él corrió para detenerla, le sujeto la mano que tenia sobre la perilla, pegando su cuerpo al de ella.
- Puedes fingir no serlo hoy… y solo dejarte llevar – Le dijo en un susurro al oído. Ella se estremeció.
- Vamos a tu departamento – Fue la respuesta que ella le dio.
Esto hizo que la sangre de su cuerpo hirviera, le dio un beso en el cuello, la volvió para mirarla a los ojos mientras le regalaba una sonrisa de esas que la hacían suspirar, rozo sus labios con los de él, un movimiento rápido y salieron del lugar.
El sol comenzaba a caer pintando con sus colores el paisaje frente a sus ojos, trayendo del mar el maravilloso aroma de este en la suave brisa que mecía los cabellos castaños de ella, el color de su piel había tomado ese hermoso tono bronceado que resaltaba sus hermoso ojos grises y hacían lucir sus labios con un tono carmín mas intenso, labios que cada vez lo tentaban mas a adueñarse de ellos, caminaban tomados de la mano por uno de los inmensas piedras de granito que flanqueaban la playa, con sumo cuidado él la guiaba, para observar desde este lugar la puesta de sol, él se sentó probando que la piedra fuera estable para soportarlos a los dos, luego le extendió la mano a ella quien la recibió con una sonrisa, sentándose delante de él entre sus piernas. Albert la rodeo con sus brazos y le dio un beso en el hombro. Ella dejo libre un suspiro y acaricio los brazos del chico, cerró los ojos dejándose envolver por el aroma del mar, el calor que emanaba del cuerpo de Albert, el sol, la brisa, la magia.
- He viajado por tantos lugares y nunca antes había visto algo tan hermoso – Le dijo en un susurro.
- Yo ya había estado antes en este lugar… pero nunca me había percatado de lo maravilloso que es, ahora existe algo distinto en el… es como si todo fuera mas intenso, mas brillante – Contesto con alegría.
- Para mi es extraordinario porque puedo compartirlo contigo, es tu presencia lo que lo hace especial – Menciono llevándose una mano de la chica a los labios y depositando un beso en ella.
- Siento lo mismo, si estoy a tu lado cualquier lugar es hermoso, único… tú lo haces brillar, eres mi Sol Albert… iluminas mi vida, mi mundo – Dijo tomando una mano del chico para besarla.
- Sabes que estoy perdidamente enamorado de ti Fransheska… que deseo quedarme contigo siempre, siempre – Respondió estrechando mas el abrazo y besándola en el cuello.
Ella se estremeció ante el tacto y su corazón salto dentro de su pecho al escuchar esas palabras, se volvió muy despacio para mirarlo a los ojos, no hizo falta que dijera nada, estos hablaron por ella, sus ojos le pedían que la besara. Él acepto la invitación de inmediato y llevo una mano hasta su mejilla acariciándola suavemente, mientras sus labios se paseaban con ternura por los de ella, poco a poco la necesidad aumentaba en ellos y se entregaron a un beso mas intento, mas intimo, cargado de pasión y ternura.
Después de un momento se separaron, extasiados de tanto amor, llenos de felicidad, con la certeza que este amor era maravilloso y era suyo… más que nada en el mundo este sentimiento les pertenecía. Se colocaron de pie dejando que sus mirada se perdieran en el horizontes, él rodeo la cintura de ella con sus brazos y en su rostro se dibujo una sonrisa que le iluminaba la mirada, le dio un beso en la mejilla.
- Te amo – Le susurro al oído. – Te amo Fransheska… quiero que te quedes en mi vida, quiero entregarte mi vida… porque sé que tú la cuidaras y la llenaras de alegría.
Ella se volvió a mirarlo con los ojos húmedos, su mirada se perdió en la azul de Albert, subió sus manos para acariciar el rostro del chico, mientras sonreía y su corazón latía desbocado dentro de su pecho.
- Mi vida también es tuya Albert, te la di desde el mismo instante en que te dije que te amaba por primera vez, es completamente tuya… mi vida, yo, mi corazón, mi alma… todo es tuyo… todo porque tú eres todo lo que he soñado, lo que siempre he esperado – Las lagrimas rodaron por sus mejillas, lagrimas de felicidad, de amor.
- Tú eres mas de lo que una vez soñé, me haces tan feliz… tanto que temo que todo sea un sueño, me haces sentir seguro… es como si toda mi vida te hubiese estado esperando, mi alma te reconoció de inmediato, cuando me vi en tus ojos lo supe, supe que eras tú y sin embargo me lo negué en un principio, intente ignorar lo que mi corazón gritaba, no se si era miedo o escepticismo, pase tanto tiempo solo, pensado que estar así era lo mejor, que mi vida era viajar de un lugar a otro, ser libre, sin ataduras… hasta llegue a pensar que jamás encontraría esto, que el amor no estaba hecho para hombres como yo… no me importaba si llegaba o no, pensaba que todo era perfecto, sencillo, sin complicaciones – Él la miraba a los ojos mientras acariciaba su cabello y se perdía en los ojos grises. Ella le sonreía y lo miraba con ternura – Estaba tan equivocado… porque justo ahora sé que siempre estuve solo, vacio, que la perfección no existe… no es algo que se pueda definir y tener entre las manos, lo único perfecto es Dios… y fue él quien me trajo hasta ti, para mostrarme que el amor es la mayor libertad que puedo poseer… mi libertad esta en tus ojos Fransheska, en tus brazos, en tus labios… es allí donde soy verdaderamente libre y feliz – Su voz era maravillosa, era música para los oídos de ella.
- Dios entonces nos premio a los dos, me trajo lo que tanto tiempo había pedido… y al mismo tiempo a lo que mas le temía, el amor puede hacerte sufrir… me decía una y otra vez, utilizaba eso para escapar… pero desde que vi tu ojos supe que no me importaba si pasaba noches enteras llorando… si tan solo tenia la oportunidad de tenerte conmigo me dejaría llevar, me entregaría a este sentimiento… tú me has hecho la mujer mas feliz del mundo, por eso deseo confiarte mi corazón, por eso me entregaría a ti sin limites… yo te amo Albert y no tengo una certeza mas grande que esa… te amo – Le dijo y luego se fundió en un beso con él, dejando a su corazón sellar la promesa que ambos se hacían.
Sus labios se fundieron, despertando emociones en sus almas y sensaciones en sus cuerpo, las suaves caricias de sus manos, de sus labios, el roce tibio y suave de sus leguas, gemidos que salió de sus pechos, los elevaban, haciéndolos girar dentro de un torbellino de deseo, pasión, amor y ternura. Después de un momento se vieron obligados a separarse, a lo lejos divisaron la embarcación que los llevaría de regreso a Cerdeña, pero este lugar siempre seria especial, pues fue testigo de su amor, de cómo sus corazones alcanzaba todo aquello que alguna vez anhelaron y mucho más.
El sol comenzaba a caer bañando con sus tonos y su calor, el inmenso jardín del Castillo Grandchester, en este se encontraban Eleonor y Dominique realizando un ensayo sobre Hamlet Príncipe de Dinamarca de Shakespeare, la niña se destacaba cada vez mas en sus estudios gracias al apoyo de la actriz, la relación entre ambas se hacia mas estrella con el paso de los días, la noticia de la llegada de un nuevo miembro de la familia había llena de felicidad a la pequeña, alejando de su padre y ella los temores y las dudas. Eleonor buscaba en lo posible mostrarse cariñosa y comprensiva con la pequeña que ya comenzaba a convertirse en una hermosa señorita, ella siempre deseo tener una niña y Dominique había llegado a cubrir de algún modo ese lugar.
- Buenas tardes – Saludo Richard entrando al jardín con una sonrisa.
- Buenas tardes – Respondieron ellas al mismo tiempo con una sonrisa que iluminaba sus miradas.
El hombre se acerco hasta su hija y le dio un beso en la mejilla cargado de ternura, su relación también había cambiado en los últimos meses para mejor, se había hecho mas estrecha, la niña demostraba sus sentimientos con mas libertad al igual que su padre, la presencia de la rubia y las muestras de cariño de ella para con ambos los hacia sentirse mas en confianza. Eleonor había llegado a sus vidas para llenarlas de color y luz, con esa maravillosa calidez que irradiaba y ahora mas que nunca al tener en su vientre al fruto de su amor, se veía hermosa, radiante… como nunca antes soñó verla, llena de vida y dispuesta a compartirla con él, tomó asiento junto a su esposa y le rodeo los hombros con un brazo mientras depositaba un suave beso en sus labios.
- ¿Cómo te fue hoy? – Pregunto ella mientras acariciaba el cabello de Richard con ternura.
- Bien, recibí varias noticias alentadoras sobre la situación en Escocia, también recibimos la invitación por parte de su majestad para visitarlos en su residencia de verano durante este próximo – Contesto llevando su mano hasta el vientre de cinco meses de su esposa.
- Me alegra que todo se este solucionando, también la invitación de su majestad… solo que no se si este señorito o señorita que crece en mi vientre se sienta de ánimos para viajar, últimamente lo siento muy inquieto – Dijo ella con una sonrisa.
- De seguro que le gustara, el castillo de Balmoral es una grandiosa residencia, del siglo XV, adquirida por el príncipe Alberto para la reina Victoria en 1852, el lugar favorito de su majestad para descansar en los días de intenso calor, apartado de todo el bullicio de Londres, el paisaje es realmente hermoso, la casa esta rodeada de inmensos jardines y parece emerge mágicamente entre la frondosidad de los bosques de Birkhall y las impresionantes montañas escocesas de Cairngor, a la sombra de la de Lochnagar. – Explico el hombre con entusiasmo.
En ese instante el bebe se movió motivado por las caricias que su padre le hacia, el hombre dejo ver una sonrisa y busco los ojos de Eleonor.
- Creo que le gusto la idea de acompañar a la reina durante sus vacaciones – Agrego la mujer acariciando la mano que su esposo tenia sobre su vientre.
- ¿Puede escucharnos? – Pregunto Dominique sorprendida.
- Así parece – Menciono la rubia con una sonrisa.
- Bebe… hermanito – Dijo la chica acercándose a la mujer y llevando su mano al vientre de esta.
De inmediato la creatura reacciono moviéndose de nuevo, los ojos de los presentes se llenaron de sorpresa al notar que se movía en dos lugares distintos, en la parte alta del vientre donde descansaba la mano de Richard y un poco mas abajo donde se encontraba la de Dominique.
- ¡Si no escucha! – Respondió la chica emocionada.
- Háblale de nuevo Dominique – Pidió Eleonor con amabilidad, mientras acercaba su mano al mismo lugar donde se encontraba la de la niña.
- Bebe… ¿Quieres dulces? – Pregunto con una sonrisa. El vientre lucia inmóvil – Creo que se quedo dormido – Agrego con pesar. En ese instante se movió de nuevo en los mismos lugares que ya lo había hecho antes. Una sonrisa se dibujo en el rostro de todos.
- Creo que va a ser bastante alto… - Dijo Eleonor mirando la distancia que había entre un lugar y otro, ya ella había estado embarazada antes y nunca noto que Terry se moviese en dos lugares diferentes y al mismo tiempo.
- ¿Sucede algo? – Pregunto Richard al ver el semblante pensativo de la mujer.
- No, todo esta bien – Contesto ella con una sonrisa y su vientre se movió de nuevo – Creo que ahora tendré que complacerlo con los dulces… voy a terminar gorda y tu papá no me va a querer – Expreso ella en tono de broma, para aliviar la preocupación en el rostro de su esposo.
- Yo nunca haría eso, es imposible dejar de amarte – Le susurro al oído mientras acariciaba de nuevo el pronunciado vientre de la rubia, un poco mas de lo habitual para apenas contar con cinco meses.
El hombre hizo llamar a unas de las chicas de servicio de la casa y pidió algunos de los dulces favoritos de su esposa e hija, la mujer llego de inmediato con una bandeja de estos, un servicio de té y galletas. Ellos compartieron entre risas y palabras cariñosas el final de la tarde.
Candy se encontraba observando el Mar, el Sol a los lejos comenzaba a ocultarse, mientras la suave brisa acariciaba su rostro, cerró los ojos intentando dejar su mente en blanco, pero esta era caprichosa y de inmediato busco la imagen de los ojos de Fabrizio llego hasta ella, ese azul tan parecido… ese que poseía la misma luz, la misma intensidad… su mente se lleno de recuerdos… recuerdos de una noche de año nuevo, de la cubierta de un barco, una espesa neblina… unos ojos igual a esos… los mismo ojos… su sonrisa… - En ese momento una carcajada igual a aquella la regreso de golpe a la realidad. Abrió los ojos y se volvió para mirar de donde provenía.
Fabrizio reía abiertamente ante las ocurrencias de Antonio que pretendía ganarle jugando al pulso, el pobre hombre pedía la revancha pero no tenía la mas mínima oportunidad de ganar, ni siquiera le había ganado a Albert quien a pesar de no participar de este tipo de actividades, también le había ganado, claro está no con tanta facilidad que Fabrizio. Él levanto la vista y vio a la rubia observándolo, sin embargo había algo en su mirada que lo estremeció… era la misma mirada que le dedicara la vez que había caído en la piscina de su casa… o cuando intento decirle algo en aquel club de Francia, esa mirada mezcla de miedo, desconcierto y por contradictorio que pudiese parecer también mostraba cierta certeza… como si ella pudiese ver a través de su pecho y su mente y descubrir todos aquellos secreto que él guardaba… como si ella conociese mas de él que cualquier otra persona en el mundo… hasta mas que él mismo. – Se coloco de pie cediéndole el puesto a uno de los ayudantes del capitán y se encamino a donde ella se encontraba.
- ¿Estas bien? – Pregunto acariciándole la mejilla al ver que sus ojos se encontraban húmedos.
Ella solo asintió en silencio mientras lo miraba a los ojos, tomó la mano libre del chico entre las suyas y se la llevo a los labios para depositar un beso en ella, luchando con todas sus fuerzas para no derrabar las lágrimas que se acumulaban en su garganta. Él le dio un beso en la frente y la atrajo a su cuerpo con un brazo acariciando su espalda, no entendía el cambio de actitud en ella, pero era evidente que le sucedía algo, no obstante prefirió guardar silencio.
- Prométeme que te quedaras conmigo… que nunca, nunca te vas a ir… que no estaré sola de nuevo, no quiero estar sola… quiero estar contigo, siempre… siempre – Ella decía cada una de las palabras como una suplica, su mirada también dejaba ver la angustia que poseía su voz, como si necesitara con urgencia que esta promesa fuese dicha… real.
- Nunca te voy a dejar Candy… no importa donde estemos siempre voy a estar a tu lado, no tienes nada que temer mi vida… te prometo que siempre estaré contigo – Le dijo mirándola a los ojos.
Ella busco sus labios con premura, mientras se aferraba con fuerza a él en un abrazo, no le importaba que estuviesen cerca de los demás, lo único que deseaba era que él se quedara con ella, que esta promesa la llenara de seguridad, con solo imaginar que tal vez la vida los podía alejar de nuevo, ese dolor que hacía mucho no sentía se instalaba en su pecho, ahogándola.
- ¿Candy que sucede amor? ¿Por qué estas así? – Le pregunto con ternura mirándola a los ojos.
- No es nada… no es nada, solo que no quiero perderte, no quiero alejarme de ti… sabes que mi corazón te pertenece… no podría vivir sin el… y es tuyo… así que no podría vivir sin ti tampoco… - Él le dedico una sonrisa tierna mientras acariciaba sus hombros. – Ya no sé lo que digo…. Solo es que no quiero estar sin ti – Cada palabra salía de sus labios en un susurro… en ningún momento lo había llamado por su nombre… no podía hacerlo pues sentía que esas palabras no eran para nadie mas que no fuese Terry… sabía que si algún nombre salía de sus labios seria este… no podía evitarlo, era a Terry a quien le pedía que se quedara a su lado, era a él a quien le rogaba que nunca la dejara… que nunca mas se alejara dejándola sumida en un mar de tristeza, dudas, dolor, soledad… no quería estar sola de nuevo, no podría soportarlo. – Al fin dejo una lágrima rodar por su mejilla, fue inútil tratar de contenerla.
- Te prometo que me quedare siempre a tu lado, no habrá nada que logre separarme de ti Candy… tú eres mi vida, mi mundo… eres mi amor y no pienso renunciar a ti, ni dejarte, te prometo que no dejare que nada nos separe… yo tampoco soportaría estar lejos de ti… nada mas de pensarlo me duele amor, prometo estar junto a ti siempre… - Él también sentía su corazón latir con fuerza, mientras un dolor se centraba en medio de su pecho y sus ojos se llenaban de lagrimas… era algo extraño, era como si el dolor de Candy también fuese el suyo… como si sus almas estuviesen unidas por un lazo que los había atado siempre… lo sintió desde la primera vez que la vio, esa fuerza que los unía… como si toda su vida nada mas la hubiese estado esperando a ella, siempre a ella.
Frank se despido de Elisa con un beso y una amplia sonrisa, ella termino por arreglarse y bajo encontrando a Jules sentado en uno de los muebles del recibidor, quien al verla pasar cerca se puso de pie y se acerco dedicándole una mirada ardiente posándose en los labios para después enfocarse descaradamente en el escote de la joven, ella solo le dedico una sonrisa cargada de picardía y siguió al comedor, Jules miro a su alrededor y antes de que Elisa pudiera dar mas de dos pasos, la tomo por el brazo, ella dirigió la mirada donde posaba la mano de Jules y suavemente se soltó haciendo un chasquido con la boca y negando con la cabeza, luego llevo su dedo índice y acaricio la mandíbula del joven deteniéndolo en la barbilla se acerco un poco y en un susurro le dijo:
- Sé que estas loco por mi, es muy fácil de ver, tus ojos no pueden mentir, además te paralizas cada vez que me ves pasar, pero tienes que ser mas precavido si no quieres que todos se den cuenta. – Alejándose dejándolo estupefacto, mientras él maldecía quedamente.
Quien se cree para decir que estoy loco por ella, esas son sus ganas, pero me las va a pagar… serás tú Elisa quien se vuelva loca por mí, ni dormir podrás. – Pensaba el joven mientras regresaba, sentándose en el mismo lugar y tomando el diario. – Lo haces porque sabes que hay sirvientes por toda la casa y no puedo actuar abiertamente, pero ya encontrare la manera de que no puedas escabullirte ya que siempre tratas de estar acompañada y cuando no, prefieres encerrarte en tu habitación, veamos quien es mas fuerte.
Casi terminaba el diario y aun no regresaba de seguro estaría dándole la merienda a Frederick, efectivamente estaba por levantarse y marcharse a su habitación cuando la vio regresar con el pequeño en brazos e inmediatamente dirigió la vista a un articulo que ya había leído, pero no continuaría dejando ver su interés por ella, se haría el indiferente.
Después del almuerzo subió a su habitación no tenia ganas de estar caminando por ahí, sin darse cuenta se quedo dormido, cuando despertó ya eran las cuatro de la tarde, entro al baño y se preparo cuando salió escucho unas voces en el pasillo, se acerco colocando el odio en la puerta para escuchar mejor, era Elisa quien le pedía a Dennis que cuidara de Frederick ya que iría a cabalgar un rato y el rostro del joven se ilumino era la oportunidad que estaba esperando, espero cinco minutos y salió, las caballerizas estaban lo suficientemente retirada de la casa y solo un sirviente en ella.
Ya ella tenia que haber llegado, dejo que se adelantara lo suficiente, cuando faltaba poco por llegar empezó a cojear, Peter estaba fuera de las caballerizas amarrando unas sogas.
- Buenas tarde Peter. – Saludo el joven alegremente, pero dejando ver un gesto de dolor.
- Buenas tardes señor… veo que aun no mejora por completo del pie. – Acoto el capataz dirigiendo la mirada al pie de Jules.
- Si… si la verdad es que yo creo que aun me faltaba tiempo con el yeso, y a pesar de que ha pasado bastante tiempo hay veces en que el dolor se hace insoportable como ahora, tendré que esperar un rato para regresar a la casa.
- ¿Y no ha tomado algún calmante?
- No, es que no esperaba que me doliera tanto. – Dejándose caer sobre el pasto. – Pero ya se me pasara.
- Yo solo tengo por aquí calmante para los caballos. - Soltando una carcajada a la cual Jules acompaño. – Si quiere puedo buscarle un par en la casa.
- No Peter, la verdad no me gustaría molestar. – Dejando ver un poco de vergüenza en la cara.
- No es ninguna molestia señor, además así aprovecho y le pido un pan a Irene, eso si por ahí esta la señora, si pregunta por mi dígale que enseguida regreso.
- Esta bien, muchas gracias Peter.
- No hay de que señor. – Dijo el hombre y se alejo. Cuando estuvo lo suficiente lejos, Jules se puso de pie de un salto.
- ¡Bingooo!... mejor no me pudieron salir las cosas. - Con una sonrisa y entro a las caballerizas sabia perfectamente que Elisa se encontraba en el cubículo de Hades por lo que fue directamente a pesar del miedo que le tenia a los caballos bien vale el riesgo. La joven al escuchar los pasos.
- Peter listo, vamos a sacarlo. – Dándole una palmada en el lomo al animal.
- Lamento decepcionarla señora, pero de aquí no sale nadie. – Dijo al tiempo que entraba y cerraba la rejilla mostrando una gran sonrisa.
- ¿Que haces aquí?… por ahí esta Peter. – Con una mezcla de miedo y excitación.
- No, Peter no esta… me encargue de que desapareciera. - Acorralándola y tomándola por las muñecas llevándola hasta la pared mirándola directamente a los ojos, bajo la mirada posándola en lo labios de la joven y pasándose la lengua por los de él con ese gesto hizo que la respiración de ella se disparara inmediatamente, se acerco aun mas hasta casi rozar sus labios con los de ella, pero al ver las ganas de Elisa por besarlo se retiro, manteniéndola con las manos aun en la pared, se bajo hasta el abdomen de la joven y subió lentamente acariciándola con la nariz mantenido el contacto visual, ella mantenía los labios entre abiertos para ayudar a los pulmones, Jules rozo con su lengua los labios de ella, no tenia prisa quería disfrutar esa sensación en el mas mínimo toque. Elisa sentía que estaba perdiendo el control las piernas le temblaban, por lo que antes de que él se apoderara por completo de su boca objeto.
- Espera, no tan deprisa. – Ahora era ella la que pasaba la lengua por lo labios del joven. – Primero que nada quiero que dejemos las cosas bien claras.
- No hay nada que aclarar. – Soltándole las manos y tomándola por la cintura, adhiriendo su cuerpo mucho mas, buscando los labios de Elisa.
- Si claro que si. – Colocándole una mano en el cuello, al ver que era imposible por ahora besarla en los labios se dirigió al cuello, subiendo con una mano el cabello, ante este movimiento a Elisa se le escapo un gemido haciendo eco en el odio de Jules y esto hizo que la sangre en él hirviera aun más. – Tienes que entender que esto es solo casual, no quiero que me metas en problemas, ni que después andes con celos… - Mientras otro gemido se escapaba y Jules jugueteaba con su lengua en la oreja. - Quiero solo tu cuerpo, no tu corazón y que lo tengas muy claro.- En ese momento Jules dejo de besarla se retiro un poco y mirándola a los ojos con una sonrisa picara le contesto:
- No pienso entregártelo… puedo amarte sin enamorarme y veras que bien puedo hacerlo. – Mordiéndole el labio inferior. – Solo será para divertirnos un rato, hacerte pecar un poco, solo eso.
- Entonces esta claro…. bueno que esperas, no tengas miedo, no muerdo.
- Tú no, pero yo si y me muero por morder tus labios. – La alzo y ella rodeo la cintura con sus piernas mientras él la besaba apasionadamente sacando del pantalón la camisa de equitación y metiendo por dentro las manos acariciando la espalda desnuda de la joven moviendo una de sus manos hasta llevarla al abdomen subiendo para tomar uno de los pechos, su recorrido se detuvo cuando escucho.
- ¡Señor Leblanc! – Peter acaba de llegar, dejo caer a Elisa sin el mínimo cuidado, quien cayo sentada en la paja seca, abrochándose rápidamente los tres botones que ya la joven había desabotonado, peinándose el cabello con los dedos y limpiándose los labios. Mientras Elisa se metía la camisa dentro del pantalón.
Peter llego y encontró a Jules de cuclillas mirándole las patas a Hades, mientras Elisa estaba parada recostada contra la pared.
- ¿Ah aquí esta? – Dijo Peter con una sonrisa.
- Si Peter es que la señora me pidió el favor de colocarle los cascos a Hades. – Intervino Elisa – Si… Peter como te llame y no estabas le pedí el favor al señor.
- Señora pero si ya se los había colocado. – Acoto inocentemente.
- Si… si y efectivamente los tenia solo que este se le había aflojado. – Pensando rápidamente y señalando la pata del animal.
- Bueno señora esta listo. – Acoto Jules poniéndose de pie. Elisa tomo las riendas sacando a Hades mientras que Jules y Peter la siguieron, el capataz se percato de que el joven ya no cojeaba, espero que estuvieran solo para decirle:
- Señor Leblanc acá tiene los calmantes, pero veo que se siente mejor. – mirando el pie al joven.
- Gracias Peter… no aun me duele y mucho, solo que disimule delante de la señora, sabes que me da pena y si se entera envían a buscar al medico ya he causado bastantes molestias. – Tomo los comprimidos. – Me regalas un poco de agua.
- Claro señor. – Dijo el hombre encaminándose para regresar y entregarle un vaso con agua, Jules tomo las pastillas y se las llevo la boca luego las paso con un gran trago de agua.
- Muchas gracias Peter… eres un gran hombre. – Dándole una palmada en la espalda y se encamino a la casa, Peter se dio cuenta que efectivamente aun le dolía el pie, porque empezó a cojear nuevamente.
Esta mañana clara
la he fabricado para nuestro amor
y en cada rama puse
una espiga de Sol.
Te ríes... te ríes,
pero te agrada mi canción.
Este día mío
lo he fabricado para nuestro amor
y en los manteles puse
la miel rubia del Sol.
Te ríes... te ríes,
pero te agrada mi canción
Esta tarde profunda
la he fabricado para nuestro amor
y en la hoja más lata pusiste
el último adiós del Sol
Te ríes... te ríes,
Pero te duele mi canción.
Todo el día fue nuestro. Fernando Paz Castillo.
Nota de autor:
* Cuando tus ojos me miran. Franco De Vita.
Continuara...
