Capítulo 52: Sugrethe (Crónica)
Año 1986 Estamos a inicios de marzo y Atena se encuentra no muy lejos del Santuario. Por razones de negocios ajenos a la orden, ha tenido que visitar Cabo Sunión. Su presencia ahí nos inquieta poco menos de lo que lo hacía estando en Japón. Debemos de confiar en que Aioria de Leo haga un buen trabajo resguardando la vida de la Diosa.
Aún no se tienen noticias de los Caballeros de Bronce. Su traslado a la clínica oriental no parece haber ayudado en nada su estado de salud.
Dohko de Libra permanece en China. Aunque ha tomado su lugar como la máxima autoridad entre nosotros, se niega a regresar a Atenas, por lo que no es posible otorgarle el rango de Patriarca.
Han sido muchos siglos desde la última vez que el Santuario se vio desprovisto de la figura del Kyoko. Este hecho ha desconcertado a muchos. El Santuario lucha por mantenerse firme ante una amenaza latente pero, al carecer de verdaderos líderes, ésta resulta ser una lucha inútil. Los Santos de Oro poco podemos hacer. Incluso entre nosotros hay discusiones y una notoria desconfianza. Día a día la orden se debilita y, de seguir así, los Espectros de Hades aniquilarán lo poco que queda de ella.
Esperamos, entonces, el regreso de Atena. Solo Ella podrá darnos la confianza que necesitamos para luchar en contra del enemigo. Desafortunadamente, su ausencia ya se ha alargado a medio mes. Que Zeus nos perdone. Incluso hemos pensado en asesinar a los salvadores de la Diosa. Sin ellos, Atena regresaría a Grecia y tendríamos algo menos de qué preocuparnos. Tauro se niega rotundamente. De estar presente, Leo también se negaría. Aries y yo, Escorpio, nos limitamos a guardar nuestros comentarios. Solo Virgo parece estar realmente considerando esta idea.
A un mes de la Batalla de las 12 Casas, he visitado las tumbas de los hermanos caídos. Éstas han sido cubiertas por una cama de flores blancas. Es curioso que el cementerio sea el lugar con más vida en todo el Santuario.
Por ahora, lo único que nos queda es seguir esperando.
La pluma fuente detuvo su movimiento. El dueño de la mano que la sujetaba enderezó su espalda y miró hacia su ventana. A pesar de que el día apenas comenzaba, el cielo estaba tan ennegrecido como si fuera de noche. Pronto llovería. Posiblemente durante mucho tiempo.
-"Esperaremos."
Milo de Escorpio talló su rostro con ambas manos y suspiró. Se levantó de su asiento y dio una mirada rápida a su habitación. Su nueva habitación. Apenas ayer decidió que se había cansado de dormir en un cuarto sin ventanas y estuvo toda la tarde moviendo sus cosas de lugar. Ahora su habitación era la misma que Ewan había utilizado alguna vez. De algún modo, aquel lugar se sentía un poco más cálido. Más vivo.
Se disponía a prepararse algo de comer cuando fue interrumpido.
-"Por favor vengan todos."- Se trataba de Aries. –"Ha ocurrido algo inesperado."
Milo respingó y notó que el cosmo de Aioria había regresado al Santuario. Atena no lo acompañaba. Se puso nervioso. No quería ni imaginarse lo que había ocurrido. Olvidando inmediatamente su hambre, salió del Octavo Templo.
-"Bien, ya estamos todos."- Comenzó Aldebarán al ver llegar a los Santos de Virgo y de Escorpio. –"¿Qué pasó, Aioria? ¿Dónde está Atena?"
-"Ella está bien. Debe de estar llegando a Japón en estos momentos."
Milo y Aldebarán le miraron confundidos. Shaka, como siempre, lucía impasible.
Aioria no sabía cómo continuar. Ni siquiera él estaba seguro de lo que había ocurrido. Solamente una cosa le quedaba clara: era solo el comienzo de algo que los pondría a todos en peligro.
-"Alguien intentó secuestrar a la Diosa."- Mü se vio obligado a terminar el relato que Leo no parecía querer continuar. Sus ojos permanecieron cerrados y sus palabras sonaron irritantemente indiferentes. El resto de los Caballeros no compartió su indiferencia. Incluso Shaka de Virgo hizo un notorio alzamiento de cejas.
-"¿Quién?"- El corazón en el pecho de Milo comenzó a palpitar salvajemente. ¿Tal vez Hades finalmente había regresado al mundo de los humanos?
-"No sé."- Leo miró hacia el suelo no sintiéndose avergonzado, sino frustrado. Aunque eliminar a aquel robusto hombre que se llevaba a Atena en brazos había sido algo sumamente sencillo, nunca pudo identificarlo. Solamente tenía una pista, pero ésta no le hacía sentir mejor. –"Fue un hombre con una armadura oscura."
'Negras como el fondo de la oscuridad. Con un brillo frío como el de la Luna.'
-"¿Un Sappuri?"- Se pudo notar un tono de inquietud en las palabras de Shaka.
-"No."- La coraza que Aioria vio la noche anterior no había sido espectacular ni mucho menos. Era opaca y débil. Algo tan pobre no podía ser una armadura destinada a los Espectros de Hades.
Mü se acercó a una mesa y tomó un casco en el que nadie había reparado. Lo mostró ante todos. El yelmo era de un color verde muy oscuro y no tenía nada de interesante además de dos adornos colocados en ambos lados.
-"Aletas."- Milo no supo si debía tranquilizarse o ponerse más nervioso. –"Pero… no parecen ser Escamas."
-"Esto no fue hecho por Oribarkon."- Señaló Mü. –"Fue algo producido en masa y en poco tiempo. Posiblemente le pertenecía a uno de los soldados de Poseidón."
El silencio reinó por varios segundos. Hacía ya mucho tiempo que Poseidón atacó al Patriarca, pero nunca volvió a intentar nada. Ahora, el Tío de la Diosa se preparaba de nuevo para la guerra; y no podía estarlo haciendo en un peor momento. Hacía 260 años, éste se mantuvo al margen de la pelea entre Hades y Atena. Los jóvenes no entendían el por qué apenas ahora Poseidón decidía movilizarse.
-"Aioria, ¿será posible que abandonaste a Atena sabiendo lo que la persigue?"- El casco de Milo, descansando en su antebrazo, recibió de la mano de su dueño una fuerte presión.
-"Tenía que enseñarles esto. Por Atena no se preocupen. Ella está a salvo."
-"Por ahora."- Aldebarán se tomó la libertad de terminar las palabras de Aioria. -"Tenemos que traerla de regreso cuanto antes."
-"¿Y cómo piensas hacer eso?"- Leo agudizó su tono. –"¿Crees que yo no le pedí que lo hiciera? Ella no se irá de Japón. No abandonará a Seiya y a los demás."
-"Es cierto."- Milo se vio forzado a coincidir con Aioria. –"Tampoco creo que nos deje traer a los mocosos de regreso al Santuario. Confía demasiado en sus médicos."
-"Entonces yo iré a tomar su lugar en Japón como guardián de los Santos de Bronce."
-"No sé si Atena esté de acuerdo con eso, Aldebarán."
-"Tenemos qué intentarlo, Mü."- Insistió. –"Nosotros no podemos hacer nada desde aquí. Atena tiene que regresar."
-"¿Todos están de acuerdo con seguir la idea de Aldebarán?"- Milo y Aioria respondieron la pregunta de Mü con un débil 'sí'. –"¿Shaka?"
-"Intentaremos este modo; pero si Atena se niega a regresar, tendremos que tomar medidas más drásticas."
-"¡No permitiré que toques a Seiya y a los demás!"- Tauro alzó su voz en un modo que pocos habían presenciado antes. –"¡Ellos son más merecedores de estas Armaduras que todos nosotros juntos!"- Dijo esto posando su palma sobre su pecho.
-"Nuestra primera opción será tu plan, Tauro."- La oración fue proferida con lentitud. Virgo no se molestó en ocultar el enojo que las palabras del Segundo Guardián le ocasionaron. –"Confiamos en que no fallarás."
Aldebarán decidió no ignorar la amenaza de Shaka y calló.
-"Yo iré a hablar con el Maestro."- Informó Aries cuando consideró que el ambiente estaba lo suficientemente tranquilo. –"Espero que pueda guiarnos de algún modo."
-"Lo dudo."- Milo torció su boca en una sonrisa. –"Nos dirá que esperemos aquí. Así es él: le gusta esperar."
-"Es posible."- Mü asintió. –"Pero debe de estar al tanto. También aprovecharé para llevarle el Manto de Dragón. Creo que es hora de que retomemos ese asunto."
-"Yo me encargaré de la Armadura de Andrómeda."- Shaka aclaró. –"Milo otorgará su fuerza a Cygnus."- El susodicho asintió. –"Aldebarán estará en Japón, así que será Pegaso el que reciba la sangre de Aioria."
-"Entonces arreglaremos esas tres Armaduras cuando haya terminado con la de Dragón. No tardaré más de un día. Hasta entonces permanezcan en guardia."
-"Lo haremos. Aunque aquí ya no hay nada que valga la pena proteger."- Milo se colocó el casco y viró hacia la salida del Templo. –"Será mejor que partan ahora. La lluvia no tardará en caer."
-"De acuerdo. Hasta entonces, Caballeros."- Mü caminó hacia la mesa en la que reposaban las cuatro cajas de Pandora de las Armaduras de Bronce. Se colocó la caja de Dragón en su espalda y luego se dirigió a Aldebarán. –"Vamos."
Tauro asintió y junto con Aries salió de las 12 Casas.
Aioria, Shaka y Milo no se quedaron en el Templo del Carnero Blanco por más tiempo. Hundidos en un incómodo silencio, los tres comenzaron a caminar hacia sus respectivas Casas. El mutismo se prolongó durante todo el ascenso y no fue roto sino hasta que los tres guerreros llegaron a la Casa del León.
Apenas se adentraron unos cuantos metros al Templo cuando una fuerte lluvia se desató. El sonido de las furiosas gotas chocando contra el suelo y las paredes del Templo entorpecía los sentidos de los Caballeros.
-"Nunca había visto que lloviera así."- Aioria casi tuvo que gritar para que sus palabras fueran entendidas; el viento azotaba con fuerza las columnas del edificio. –"Quédense en mi Templo hasta que termine la lluvia."
-"Tengo que regresar a Escorpio. Hay trabajo que hacer."
-"¿Estás loco? El viento te lanzará escaleras abajo."
-"Soy un Caballero de Oro."- Murmuró a sabiendas de que no lo escucharían. –"Creo que puedo manejarlo."- Milo no se despidió ni de Shaka ni de Aioria, sino que siguió avanzando con pasos firmes pero un tanto lentos.
-"¡Necio!"- Aioria gritó a todo pulmón pero no fue escuchado. Se dirigió entonces a Shaka. –"Vayamos al salón principal. Ahí estará más tranquilo."
El Santo de Virgo solo siguió la guía de su anfitrión entre los pasillos del Templo. A los pocos segundos llegaron al salón. Aioria le ofreció asiento y éste accedió.
-"No puedo creer que haya preferido irse con esta lluvia antes de quedarse unos minutos conmigo. "
-"Después de tanto tiempo siguen discutiendo."
-"Y seguirá siendo así, te lo aseguro."- Leo se lanzó al sillón. –"Nunca le agradé."
-"Ustedes representan lo último que queda de los dos bandos formados por Géminis y Sagitario. Ahora que ambos han desaparecido, me parece absurdo que continúen peleando."
-"No es solo eso."- Aioria se enderezó y se tornó más serio. –"Él no era como los demás. No me odiaba por mi hermano. Él me odiaba por existir."
-"Si realmente te odiara, uno de ustedes dos ya estaría muerto."
-"No me interesa seguir hablando de esto. Mejor tú cuéntame algo. Siempre estás tan callado que me da miedo pensar en lo que pasa por tu mente."
-"Te refieres a lo que ocurrió con Aldebarán. Es sencillo: pienso que si los Santos de Bronce son un obstáculo que no permiten que Atena regrese, entonces deberíamos de hacer algo con ellos."
-"Ellos hicieron mucho por nosotros."- A Leo le costó trabajo contener su enojo. –"De no haber sido por ellos, Atena habría muerto."
-"No me atrevo a asegurar eso. Admito que pelearon con valor. Sin embargo, es importante que los Dioses tengan prioridades y unos muchachos no deben de ser una de ellas. Mucho menos cuando están en juego millones de vidas."
-"¿Cómo lo haces, Shaka? ¿Cómo puedes estar siempre tan seguro de lo que dices y haces?"
-"Es sencillo cuando sabes lo que quieres."
-"¿Y qué es lo que tú quieres, Shaka?"
-"El Bien."
-"¿Sólo eso?"- Aioria rió con incredulidad.
-"Entrené muchos años para que así fuera."
-"Y gracias a eso te has hecho fuerte. El más fuerte."
Shaka frunció ligeramente el ceño. Estaba acostumbrado a ser exaltado, pero le desagradaba cuando aquellos cumplidos eran propinados por alguien de su mismo rango. Le hacía sentirse aún más solo de lo que estaba acostumbrado.
-"Guarda tus halagos. Todos nosotros hemos trabajado mucho. Todos los merecemos."
-"Lo sé. Pero mi orgullo me permite demostrar mi respeto solo hacia ti."- De repente, la tierra tembló y un terrible rugido fue escuchado. -"Comamos algo."- Se levantó de su asiento y caminó hacia la cocina. –"No he probado bocado desde ayer en la noche. Supongo que quieres una taza de té."
Shaka no pudo contestar ya que su anfitrión se perdió en la habitación contigua. Se atrevió a descansar su espalda en el respaldo de la silla y esperó pacientemente por el Santo de Leo.
Otro trueno se escuchó y Shaka abrió los ojos.
Algo en aquella lluvia no estaba bien.
Aioria de Leo acaba de regresar al Santuario con una noticia que nadie esperaba. Parece ser que Poseidón ha atacado de nuevo y esta vez fue directamente por Atena. Afortunadamente, Leo pudo detener al enemigo antes de que algo malo ocurriese. Sin embargo, la Diosa sigue negándose a regresar al Santuario.
De nuevo hemos discutido sobre lo que hay que hacer. Aldebarán de Tauro partió a Japón para tomar el lugar de la Diosa como guardián de los Santos de Bronce, pero no estamos seguros de que Ella acceda.
Mü de Aries ha partido a China para informarle a Dohko de Libra lo que ha ocurrido. También reparará la Armadura de Dragón.
Según la crónica de 1581, el alma del Poseidón fue sellada por Atena y resguardada en una urna. Puede que el tiempo haya desgastado el sello y que por eso ahora su alma esté libre. Esta explicación, no obstante, no me satisface del todo. La historia ha demostrado que un Dios pocas veces se despierta así como así. Necesita ayuda externa para despertar; aunque sea una mínima. Temo que alguien haya liberado a Poseidón y temo más el saber que no tenemos ni la más remota idea de quién haya sido.
Nunca imaginé que llegaría a desear con tanto fervor una Guerra Santa. He tomado una decisión: quiero luchar por Atena hasta el final. Quiero estallar mi cosmo hasta que no quede nada de él. Quiero darle mi vida a la Diosa con la condición de que Ella la acepte.
Suficientes traiciones he soportado en esta vida. Si los Dioses me permiten beber del Lete lo haré gustoso. Si no me consideran lo suficientemente digno, entonces dejaré que mi psique se congele en el Cocytos.
No importa. En estos momentos mi alma está tan rota que no habría mucha diferencia.
Milo tomó la hoja en la que escribía y la transformó en una bolita de papel. Debía de estar redactando un texto oficial para los archivos del Santuario, no un diario íntimo. Tomó una hoja nueva y retomó su escritura no sin antes cerrar las cortinas de la ventana frente a él.
La lluvia no le dejaba concentrarse.
Comentario de la Autora: Lo sé, un capítulo muy corto. Pero se compensa con los siguientes (o al menos eso creo). No lo pude hacer más largo porque ya en el siguiente capítulo manejo cosas muy diferentes y como que mezclarlas no hubiera resultado bien.
En sí el capie fue inspirado por "Yo, Claudio" de Robert Graves. Todo el libro es como un tipo diaro del que sería emperador de Roma y tiene divisiones cronológicas por año. Uno de mis libros favoritos, por cierto. XP
Me costó algo de trabajo caracterizar a Shaka. Espero que haya resultado lo suficientemente 'Shaka'.
Ahora notas:
1986.- XD ¡Rayos! Ale-chan tenía un año de nacida cuando Milo-sama tenía veinte. ¡Qué triste!
Lete.- Una fuente ubicada en el Hades. Es conocida como la Fuente del Olvido y los muertos bebían de ella para olvidar tanto la felicidad como la tristeza. Según Platón, las almas que iban a renacer bebían de esta agua (no para que olvidaran su vida anterior, sino para que no pudieran relatar todo lo visto en el mundo subterráneo).
Creo que eso es todo por ahora... No creo tardar tanto para el siguiente capie. Parece ser que ya se fue mi bloqueo de escritora XP.
