SEASTONE--

Cuanto más se acercaba a aquella hoguera, más familiar se le hacía la situación. Sin demorarse demasiado decidió sentarse frente al fuego para charlar con tranquilidad:
-Perdona, ¿necesitas ayuda?-preguntó Seastone iniciando la conversación.
-Vaya, que agradable sorpresa es tener una compañía. No necesito ayuda, tranquila.
-Pero, ¿estás tu solo?
-Sí, pero estoy esperando a alguien, no te preocupes –aclaró con amabilidad.
-En ese caso, no te importará que te haga un poco de compañía, ¿verdad? –insistió la joven. Era sospechoso encontrar en una isla como aquella a un hombre solitario, sobre todo siendo una zona tan peligrosa y poco transitada. Se propuso averiguar la razón por la que aquella persona se encontraba precisamente allí -¿tardará mucho en llegar?
-Quien sabe, llevo esperando por estos alrededores durante algo más de un año. No he estado todo este tiempo en esta isla, claro está, pero tuve noticias de que probablemente llegaría muy pronto y me traslade aquí definitivamente.
-Vaya, debes de tener mucha paciencia o tu amigo será muy importante para ti –añadió mientras se le iluminaba el rostro.
-Tiene gracia, no es precisamente una amistad. Aún así espero que llegue pronto. Varias personas buscan a esa mujer, y si se me adelantan, quien sabe lo que puede ocurrir. Prefiero tener todos los cabos atados –aclaró mientras Seastone se ponía cada vez más nerviosa.
-No imaginaba que se tratara de una mujer. ¿Y por qué tanto interés en encontrarla? No creo que sea por líos de faldas.
-Claro que no -y soltó una carcajada que le resultó familiar a la muchacha-. Ella disfruta de un poder que más de uno quiere poseer, y dependiendo de a que fin se preste, puede provocar bastantes problemas. Hace muchos años pertenecí a un grupo que debía decidir que hacer con ella, puesto que se quedó sola siendo sólo una niña. Todo tipo de ambiciones y propuestas salían en nuestras reuniones.
-Pobre infeliz… ¿y de qué parte estabas tú? Debía ser una decisión difícil.
-Claro, decidir el futuro de una vida humana no es precisamente agradable. Pululaban demasiados intereses. En el fondo yo esperaba que semejante poder no sirviese a nadie.
-Claro, lo más correcto sería que ella hiciese el uso que quisiera con él.
-No, en realidad yo tampoco me refería a eso. Ese potencial no debe estar en manos de nadie. Ni siquiera en sus manos, porque al final siempre existe el peligro de que la manipulen.
-Entiendo. Lo que tu pretendías… claro está –murmuró mientras escuchaba el característico sonido de una espada al ser desenfundada. Tristeza y nostalgia se entremezclaban en la mente de Seastone. Podía llegar a entender la razón de aquel hombre por querer matarla-. Presenciaste el desastre, ¿no es cierto? El caos… por eso escribiste aquella frase en la pared del templo: "Renuncia a la búsqueda del Caos" –ya era absurdo ocultar lo evidente.
-Sí, lo vi. Aquella vez, el destello azul lo inundó todo, absolutamente todo… La locura, el descontrol, la brutal energía,… el caos –sentenció el hombre blandiendo su espada y alzándola. Seastone parecía ensimismada, tragada por sus pensamientos, y cada vez bajaba más su rostro y se encogía. No podía evitar estremecerse al volver a revivir semejantes imágenes. El hombre se disponía a degustar el primer corte con su espada después de haber estado esperando durante tanto tiempo esa ansiada situación. Ya sentía la satisfacción de haber cumplido con su obligación, pronto cesaría la angustia que acababa con su paciencia. El filo de su espada se dirigió velozmente hacia su presa, pero todas sus esperanzas acabaron cuando, de pronto, una figura salida desde la nada paraba su ataque. Dos espadas entrechocaron con ferocidad interrumpiendo el hasta entonces tranquilo ambiente de la zona. El nuevo visitante se limitó a decir:
-Lo siento, amigo, pero creo que tu espada lleva mucho tiempo en cautividad
-con dos movimientos rápidos logro derribar a su contrincante produciéndole también una profunda herida en el hombro-. No te molestes en volver a empuñar tu espada. Con el hombro en ese estado será mejor que te retires.

El aludido emprendió la huida sin echar la vista hacia atrás mientras Eratia se acercaba con decisión a la muchacha. Hasta aquel momento había pensado que el poder marino que había sentido procedía del atacante, pero ahora miraba extrañado a aquella joven aparentemente indefensa. Su asombro se acentuó al comprobar cómo el tatuaje de su brazo brillaba de manera inusual. Al fin se decidió a entablar conversación, pero no le resultó tan fácil, pues ella parecía ausente y seguía encogida sin mostrar su rostro.
-¿Te encuentras bien? –al no recibir respuesta siguió insistiendo. Se puso de cuclillas y posó su mano sobre el hombro de ella-. ¿Te ha herido? –Eratia no conseguía ver su rostro ya que la larga melena de la joven actuaba como velo. Con su mano apartó el cabello que la cubría y observó cómo una solitaria lágrima surcaba su mejilla. Aún así su rostro estaba impasible, carente de sentimientos. Eratia desterró con suavidad aquella lágrima de la cara de la misteriosa mujer. Por fin, ella le dirigió la mirada y comenzó a hablar:
-¿Por qué me protegiste?
-Supongo que mi instinto actuó por sí solo. ¿Cómo te llamas?
-Prefiero reservármelo.
-Vaya, qué pena que no confíes en mí –dijo en tono alegre para restar importancia a la situación-. Lo que no entiendo es la razón por la que no te defendiste. Para que engañarnos, no creo que seas precisamente débil…-el profundo silencio de su acompañante fue aprovechado para enfocar la conversación de otra manera-. Tenía que ver con tu pasado, supongo. No imagino otra razón. Sería uno de esos inevitables momentos que temes llegar y que intentas olvidar.
-Sí, es eso exactamente- afirmó mientras se le iluminaba la mirada al escuchar esas palabras.
-Es inútil. No dejes atrás tu pasado. El pasado no se debe olvidar, es más, hay que recordarlo sin que duela- añadía mientras se sentaba a su lado.
-Yo… -parecía sentirse reconfortada por fin- Mi nombre es Seastone.