-¡Aloha! Me encuentro con mi primo preferido n_n

-Aaa, me halagas. Y yo con mi mocosa preferida.

-Ok ¬¬ no me digas mocosa.

-Oye, me ausenté mucho tiempo, me tengo que poner al tanto de todo e incluso llamarte por tus apodos.

-De acuerdo, ya leíste lo demás, ¿verdad?

-Sí, ya estoy en lo actual.

-Ok, ¿empezamos?

-Simón.


Capítulo 53: Familiar perdido.

Cymbeline y Adrián estaban tosiendo ligeramente, el polvo levantado les impedía ver lo que estaba sucediendo. Algo había detenido el conjuro de Colette, pero no se sabía qué era.

Después de unos minutos, el ambiente seguía igual de confundible.

-¿Cymbeline? –preguntaba su amigo.

-Aquí sigo.

-¿Qué es lo que acaba de ocurrir?

-¡No lo sé!

-Oye es mi imaginación o… -dijo él apuntando hacia un árbol.

Ella volteó en la dirección del dedo de su amigo. Allí estaba Colette, estampada contra un árbol a gran altura y por lo que se alcanzaba a ver, una mano la estaba sujetando del cuello con mucha fuerza. Sheridan se hallaba noqueada en el suelo, con el libro cerrado a un lado de ella. Una voz se alcanzaba a oír entre tanto desorden.

-Si no te vas de inmediato, te destruiré aquí mismo –habló.

-¿Y q-quién s-se supo-one q-que e-eres? –preguntó Colette con voz entrecortada ya que casi no podía hablar.

La tierra se disipó un momento, dejando ver la cara del enigmático personaje que había salvado a los humanos.

-¡T-Tú! ¡S-Suéltame-e!

-Primero, haz lo que te digo, o te haré añicos el cuello.

-E-Está bien, p-pero s-suélta-ame ya-a –repitió la mamodo.

-En cuanto lo haga, te largas, sin tu compañera no harás nada.

-¿Q-Qué le has-s he-echo?

-La dejé inconsciente.

La mano la soltó dejándola impactarse estrepitosamente contra el suelo. Colette se levantó lo más rápido que pudo, volviendo a respirar como se debía, tomó su libro y a Sheridan y se esfumó muy apresurada.

La capa de polvo desapareció por completo, Cymbeline y Adrián podían ver ahora a la perfección, por un lado llegaron Brago y Arashi con sus libros, después de haber hecho un completo desorden con maletas y bolsos que estaban en la camioneta y en la sala de la casa.

Los humanos vieron a su alrededor tratando de localizar a la "persona", pues sabían que "alguien" los había salvado, pero lo único que se encontraba allí eran unas ramas rotas del árbol donde había estado Colette y un agujero en el suelo ocasionado cuando se cayó.

-¿Qué rayos fue eso? –preguntaba la castaña.

-¡¿Hay alguien allí? –exclamó Adrián.

No recibieron respuesta.

-Supongo que no necesitan los libros –dijo Brago llegando.

-Creo que por el momento…no –contestó su compañera.

-Mhm…para la próxima vez empáquenlos en un lugar más visible –sugirió la peli-rosa.

-Yo sigo preguntando…¿qué fue eso? –inquirió el oji-azul.

-¿Que fue qué? –preguntó el mamodo al no ver lo sucedido-. Colette se fue, ¿no es así?

-El problema no es el que se haya ido, sino que alguien nos ayudó –habló la castaña.

-¿Alguien? –Arashi volteó a verla.

-Había alguien que nos defendió del ataque y le dijo a Colette que se fuera, lo que haya sido, la estaba ahorcando contra un árbol.

-¿Crees que haya sido un mamodo? –cuestionó su amigo.

-Dime qué otra cosa podía haber sostenido a Colette a esa altura. Según tengo entendido, nosotros, los humanos no podemos volar.

-Con que un mamodo –decía la peli-rosa.

-¿Saben si está por aquí? –indagó la chica.

Brago y Arashi inspeccionaron a su alrededor, pero no sentían ningún mamodo cerca.

-No –respondió el mamodo oscuro.

-Nada –dijo también Arashi.

-Si creen que fue un mamodo, ya se fue –indicó Brago.

-Ahora yo digo, tal vez sí fue un mamodo…¿pero por qué nos ayudó? –cuestionó la muchacha.

-No todos los mamodos son malos –aseguró la peli-rosa.

-Pero Cymbeline tiene razón. Alguien que no nos conoce no nos ayuda porque sí –señaló su compañero.

-Cierto, pero no sabemos si lo conocemos o no –contestó el mamodo.

-¿Qué? –inquirió Cymbeline.

-Muchos de los mamodos se conocen entre sí, o incluso llegan a saber de algunos humanos.

-Bueno, el punto es que alguien nos ayudó, ya se fue y yo quiero entrar porque está empezando a helar aquí afuera –dijo Adrián.

El chico entró y Brago y Arashi con él. Cymbeline también estaba a punto, pero notó una sombra que se escabullía a su izquierda.

-¿Quién está ahí? –preguntó.

Nadie contestó. Pero siguió viendo la sombra dando círculos.

-Ok, quienquiera que sea, muéstrese. Y si fue el que nos salvó, más aún para darle las gracias.

Nada.

Mejor decidió entrar cuando una figura se le apareció delante de ella, dándole un susto de infarto, pero no la pudo ver con nitidez, se movía muy rápido cerca de ella.

Cymbeline creyó que sólo fue su imaginación cuando oyó una voz en su oído.

-Hola.

-¡AAAAAHHHHH! –exclamó la chica.

Entró corriendo a la casa cerrando la puerta con seguros y demás, estaba temblando y pálida del rostro, respiraba con tal fuerza que parecía que se iba a ahogar.

-¡Cym! ¡Cymbeline! –la llamó el oji-azul

Trató de articular palabra pero no logró emitir ningún sonido.

-¡Cálmate! ¡Ey, ayuda aquí, que Cymbeline se nos muere! –gritó Ariasu.

La llevaron rápidamente a la sala y la sentaron en un sofá.

-Hija, tranquila, respira. ¿Qué sucedió? –preguntó Joel.

-No la aterres más de lo que está con tus preguntas. Deja que tome aire –respondió Kei.

Por fin pudo hablar.

-Había…alguien allí afuera. Me dijo hola.

-¿Y quién era? –cuestionó Ariasu.

-¡No lo sé! ¡No alcancé a ver nada!

-¿Tan siquiera viste qué cosa era? –preguntó la mamodo.

-Parecía humano…estaba como de mi altura, vestido con algo de color gris.

Adrián salió de nuevo y miró por todos los lugares donde podría haberse escondido una persona, no encontró nada y volvió a entrar.

-Allá afuera no hay nada de nada Cymbeline, debiste haberte equivocado –dijo el chico.

-¡Pero no estoy loca! ¡Yo vi a alguien e incluso lo escuché! ¡Era una voz femenina!

-Tal vez fue la misma conmoción del momento que te ocasionó ver cosas –siguió la peli-rosa.

-¡Ya te dije que no estoy loca! ¡HABÍA ALGUIEN! –aseguró la castaña.

-Déjalo así. Tal vez sí había alguien, ¿y qué? Ya se fue –contestó su mamodo.

-Es mejor que vayas a descansar –le dijo su padre.

-Bueno, les explico rápidamente –intervino el tío Kei-. En la casa hay cinco habitaciones, así puede que tengan un poco más de privacidad, puesto que en la mía sólo les dejaba usar una. Verán, dos de ellas se encuentran en esta planta baja. Hay dos baños aquí abajo, la cocina y la sala. Arriba, está otro baño, otra sala y las tres habitaciones restantes, repártanselas como quieran.

-Tengo una pregunta. ¿Las habitaciones tienen una sola cama o dos o qué? –cuestionó Adrián.

-Oh, sí, casi lo olvidaba, en las dos de abajo, hay dos camas individuales y en las de arriba una sola, pero son de tamaño matrimonial –aclaró el hombre.

-¡Pido cama individual! –gritó Cymbeline.

-¡Yo quiero una sola! –dijo también el oji-azul.

-¡Quiero dormir arriba! –demandó Ariasu.

-¡Pero yo primero pedí la de abajo! –reclamó la oji-verde.

-¡Ni loco! ¡Pido la que está arriba! –decía Adrián.

-¡Malgastarías espacio! –argumentaba Ariasu.

Y el manicomio comenzó.

-¡ABAJO TODOS! –exclamó la peli-rosa.

Se sentaron.

-Bien, haremos algo, nos "rifaremos" las habitaciones, pero tendrán que resignarse a su compañero si les toca con alguien o sólos, ¿les parece? –preguntó ella.

Todos asintieron, Arashi cortó unos pequeños trozos de papel. Sabiendo que eran siete personas las que estaban allí, y aprovechando el número de habitaciones y las camas: cinco habitaciones y siete camas, perfecto, una para cada quien. Después de un rato, la mamodo sacó los papelitos.

-Bien, en la habitación uno, que es la de abajo, van a estar…el tío Kei en una cama y…Adrián en la otra.

-¡Oh! ¡Qué bien! ¡Me tocó con el lunático! –exclamó el muchacho.

-Y a mí con el idiota ¬¬ -dijo Kei.

-O.O Lo siento.

Tomaron sus cosas y se instalaron.

-Continuamos –habló Arashi-. En la habitación número 4, que es la de arriba, alguien va a estar solo y ese alguien es…Joel.

-¡Qué bien! –decía el hombre muy feliz.

También tomó sus cosas y se fue rápidamente.

-Ahora, en la habitación número tres, otra en la parde de arriba…Ariasu –siguió la mamodo.

-¡Oh, nadie que me despierte en las mañanas! ¡Y por nadie me refiero a Adrián! –exclamó la chica.

Igual subió y desempacó. Quedaban tres, Cymbeline, Brago y Arashi.

-Bueno, creo que esto está decidido. Brago yo nos quedaremos en la de arriba y tú en la de abajo –dijo Arashi.

-De acuerdo –respondió la castaña.

-¡Objeción! –gritó el mamodo.

-¡No estamos en una corte! –reclamó la peli-rosa.

-¡Me rehúso a que digas eso! ¡Saca los papeles!

-Está bien…en la habitación número cinco estará…¡hay no tú no!

-¡Oh sí! ¡Voy a tener paz por fin! –se decía Brago.

-¡No, por favor! T.T ¡Quiero estar contigo!

-Ahora te aguantas.

-Un momento, esperen, se supone que si Brago va a estar arriba… -habló Cymbeline-. ¡¿TENDRÉ QUE DORMIR CON LA NIÑA RARA?

-Sí… ¡OYE! ¡¿A QUIÉN LE DICES RARA? –reclamó la mamodo.

-Ay no, no me hagan esto. Brago no me dejes con la loca –le rogó su compañera.

-Hmp, a ver cómo le hacen.

El mamodo se esfumó.

-De acuerdo, pido la cama junto a la ventana –contestó la castaña.

-Como quieras me da igual.

-Oh…alguien está triste porque no va a dormir con su amorcito.

-/U ¡Cállate! –le gritó Arashi.

-En primer lugar, fue tu idea.

-¡Ya lo sé! /

La noche estaba en silencio, sólo el pequeño ruido de los grillos en la oscuridad. Ya todos se habían dormido, menos Brago, que no estaba interesado en descansar y Cymbeline, que no lograba conciliar el sueño. Estaba extremadamente molesta por dos cosas. Una: dormir con Arashi y dos: que la creyeran una desquiciada, ella estaba segura de lo que había visto hace rato. La habitación donde estaba daba al jardín donde se encontraba la piscina. Cymbeline abrió la ventana para recibir un poco de aire fresco en su rostro. Estaba mirando alrededor para conocer un poco mejor la casa de su tío. Se encontraba ida a otro mundo cuando una figura se le apareció enfrente de ella. Era parecida a la que había visto, pero ahora la veía claramente: era una chica como de su altura, tenía cabello largo de color negro con algunos destellos grises y con unas marcas negras en la cara e iba vestida con una blusa y falda gris corta con un cinturón blanco alrededor de la cintura. Llevaba unas botas de piel negras que le llegaban por encima de las rodillas. Cymbeline estaba a punto de gritar, cuando la figura le tapó la boca con una mano y la sacó del cuarto, cerrando la ventana con brusquedad, cosa que despertó a Arashi, pero sinceramente no le dio importancia, sabía que "su tonta compañera de cuarto" había hecho algo a propósito para levantarla. Se quedó muy quieta y volvió a cerrar sus ojos.

La figura sacó a la humana, le quitó la mano y ésta gritó.

-¡Cállate! ¡No te haré nada!

-¿Y quién se supone qué eres? ¿Eres la que nos salvaste? Y si lo eres, ¿por qué lo hiciste? ¿Qué haces aquí? –preguntaba la castaña.

-Muchas preguntas –respondió la "extraña".

-Lo siento, hace rato me acaban de decir loca, pero creo que no lo estoy, porque tú estás aquí y no creo que seas una ilusión… ¡¿O eres un fantasma?

-Claro que no…soy una mamodo, mi nombre es Chrystelle y estoy buscando al lector de mi libro, supuse que eras tú…porque tienes una fuerte aura rodeándote.

-¿Lector del libro?

-Sí, ya sé que tengo que explicarte muchas cosas respecto a esto. Verás, cada 1000 años…

-Eso ya lo sé –contestó Cymbeline interrumpiéndola.

-¿Lo sabes?

-Me refiero a que…yo ya tengo conmigo a un mamodo.

-¿En serio? Oh, lo siento…es que de verdad sentía que mi compañero podía estar por aquí… -la mamodo se desilusionó.

-La verdad yo no lo creo…porque todos en esa casa tienen o tuvieron un compañero.

La humana se detuvo.

-Espera…papá…

-¿Papá? –inquirió Chrystelle.

-Mi papá…no ha tenido un compañero mamodo, al menos que nos lo hubiera ocultado.

-¿Crees que podría ser?

-No lo sé. Tal vez.

-¿Cómo te llamas?

-Cymbeline –dijo la oji-verde.

-¿Cymbeline? Qué raro nombre…

-No menos que el tuyo. Y dime, ¿por qué nos salvaste?

-Por lo mismo, pensé que tú eras mi compañera y no permitiría que te hicieran daño.

-Pero…suponiendo que supieras que no era tu compañera…¿nos hubieras salvado?

-Francamente…no.

-Oh…esta mamodo, se me hace familiar… Disculpa, ¿no nos hemos visto antes?

-No. Para nada. ¿Por qué?

-Es que…creo que te conozco, pero no estoy segura. Te pareces mucho a mi mamodo.

-Muchos mamodos se parecen a otros, pero te aseguro que no te había conocido hasta ahora –aclaró Chrystelle.

-De acuerdo. Oye, ¿cómo es que tan avanzada la pelea por la corona, apenas estés buscando a tu compañero?

-Es una larga historia.

-Entonces pasemos…así podrás conocer a los demás.

-Está bien. ¿Cómo se llama tu compañero mamodo?

-Brago –habló la castaña.

-¿Brago? Mmm…ese nombre se me hace conocido…pero…aa, bah, siempre confundo a la gente.

Ambas chicas entraron en la casa y Cymbeline comenzó a prender todas las luces despertando a todos. Se oían gemidos de "Vete y déjame descansar".

-¡Levántense todos! ¡Tenemos visita! –habló la chica.

Después de unos 15 minutos, ya estaban todos somnolientos y bostezando reunidos en la sala. Brago se veía como si nada.

-¿Qué sucede? –preguntó Adrián.

-¿Por qué nos despiertas? –continuó Ariasu.

-¿Qué acaso nunca vamos a poder dormir un día como se debe? –reclamaba la peli-rosa.

-Cuando no es Adrián, eres tú –aclaró su tío.

-¡Ya! ¡Apláquense todos! –les gritó Joel.

Chrystelle se le quedó viendo a Joel desde atrás, puesto que estaba detrás de Cymbeline.

-Cymbeline, creo que es él –dijo la mamodo.

-¿En serio?

-Sí.

-¿Con quién hablas? –interfirió el oji-azul.

-Oh, lo lamento –indicó Cymbeline-. Ella es Chrystelle, y para los que creyeron que estaba loca, ella nos salvó de Colette.

Todos, absolutamente todos (claro, a excepción de Brago), se le quedaron viendo con un poco de familiaridad.

-Hola, soy Chrystelle, creo que ya me presentaron…y vengo buscando a mi compañero, ya lo sé, tengo mucho que explicar y lo haré con calma.

-Chrystelle, te presento a los demás. Él es mi tío, su nombre es Kei y es dueño de esta casa –comenzó la castaña.

-Mucho gusto –respondió el hombre.

-Ella es Ariasu, una amiga –siguió la muchacha.

-Hola, ¿qué tal? –la saludó la chica.

-Él es Joel, mi papá y tal vez…tu compañero.

-¿Compañero? –preguntó Joel.

-Mucho que explicar señor, les diré todo –contestó Chrystelle.

-De acuerdo –contestó el hombre.

-Él es Adrián, un amigo.

-Qué onda –dijo el chico.

-Ejem…su novio… -habló la peli-rosa tosiendo.

-¬¬ Y ella es la niña rara, bueno, la mamodo rara, Arashi.

-¡No soy rara! –reclamó la aludida.

-Bla, bla y por último, él es Brago, mi compañero –finalizó Cymbeline.

Chrystelle se le quedó viendo a este último de forma inusual.

-¿Qué tanto miras? –preguntó el mamodo rudamente.

-Tus marcas…son iguales a las mías. ¿Te conozco?

-No lo creo.

Chrystelle dio una vuelta alrededor del mamodo para "inspeccionarlo".

-¿En serio no te conozco?

-No –reiteró Brago.

-¿Ves? Te dije que te parecías a alguien –indicó la castaña.

-Es que…juraría que yo conozco a tu mamodo… -habló Chrystelle.

Ella comenzó a mirarlo de pies a cabeza, hasta que se topó con la insignia que llevaba en su pecho, una igual a la que ella traía en su cinturón. El corazón se le heló y quedó completamente paralizada.

Pasado, mundo mamodo:

-Papi, ¿por qué tenemos que irnos ahora? Yo quería quedarme a cuidar de mi nuevo hermanito –dijo una mamodo de dos años de edad.

-Tranquila tesoro, sólo será por un tiempo, te prometo que volveremos a verlos pronto –contestó su padre.

-Está bien n.n –habló la niña.

-Hay que despedirnos.

-Adiós mami, cuida mucho a mi hermanito, por cierto, ¿cómo se llama? –preguntó la pequeña.

-Su nombre es…Brago –respondió su padre.

Presente, mundo humano:

-Brago… -Chrystelle lo veía fijamente.

Todos la miraban extrañados.

-Hermanito…

-¡¿HERMANITO? –exclamaron los demás mientras Brago abría más los ojos.

Continuará…


-¡¿QUÉ? ¡SU HERMANO! ¡NO PUEDE SER! ¡¿EN SERIO ES SU HERMANO? ¿PERO ENTONCES QUIÉN ES ELLA? ¡¿NO SE SUPONE QUE BRAGO YA NO TENÍA FAMILIA? O.O

-Cálmate, lo averiguarás en el próximo capítulo: La vida de Chrystelle, una respuesta.

-OH POR DIOS.

-No digas eso T.T me tenso.

-Lo siento, pero estoy más alterado yo.

-Bueno, ya que, tendrás que esperar, ¡sayonara!

-Igual O.O