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Cambiare o moriré en el intento (Por mi Felicidad)
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Capítulo 48 - ¿Eso es malo?
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La mañana era fría, pero eso no importaba. Había decidido tomar cartas en el asunto, investigaría a ese tal Alexander Thompson. Ya había trascurrido varios días desde la conversación que tuvo con Terry. Por lo que retrasaría su viaje de regreso a Londres. Su primogénito lo necesitaba, no podía ser indolente. Además que le tenia mucho aprecio a su nuera. A quien miraba como si fuera una hija. Ella había propiciado el acercamiento de ambos, padre e hijo. Le debía, por así decirlo, mucho a esa muchachita pecosa. La misma que ahora cargaba dentro de si al próximo Grandchester. Si acaso, con algo de suerte otro niño que seria en próximo Duque, o una niña que les robaría el corazón. En cualquier caso debían de protegerlos.
-¿Han descubierto algo? Quiero oír un sí, por favor, caballeros. –miró con atención a los hombres que estaban vestidos de manera formal. –Tengo la suposición de que…
-Mi Señor, esto es más serio.
-¿Qué? ¿De que hablan? ¡Explíquense! –Richard fijo su vista en el papel que le extendieron.
-Aparentemente no tuvo problemas con las autoridades con anterioridad, no obstante…. Al parecer tenía un contrato con otra compañía de Teatro llamada Juliandth. Pero se retiro antes de terminar el tiempo fijado. A pesar de tener un buen desempeño ahí.
-¿Qué pudo haber hecho que renunciara de manera abrupta? –meditó, pensando en consultar aquello con discreción. No pudo evitar pronunciar. –Beckett... Él debe de saber algo.
-Quizá alguien le hizo una oferta mejor, Señor.
-¿Y quien pudo haberle hecho esa tentativa oferta? Aquí dice que dejo en medio de la nada un estreno que pensaba presentar en menos de dos meses… ¡Nadie seria tan estúpido como para hacer eso! ¿En Stranford le pagan mejor que en donde estaba antes ese muchacho?
-En realidad aquí en New York gana menos en comparación con su anterior trabajo. Por lo que tampoco le hallamos lógica, Duque.
-Seguro que alguien le pago buen dinero, pero la pregunta es ¿Exactamente para qué? Sospecho que intentara atentar contra mi hijo y mi nuera. Sea quien sea se enfrentara al juicio contra la Corona Inglesa. Nadie amenaza la seguridad e integridad de la familia del futuro Duque de Grandchester. –No supo porque también pensó en Eleanor. Si acaso ella también estaba en peligro si es que había sido relacionada con Terry. No dudaba que eso fuera posible. –Quiero que mantengan vigilada a la señorita Eleanor Baker. No como sospechosa, sino como protegida. Pero sin que ella misma se de cuenta. Espero su discreción, señores.
-Desde luego, cuente con ello, Duque.
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Candy estaba en una de sus clases esa mañana, había estado intranquila, pero trataba de mantener su mente ocupada. Sus malestares habían disminuido, pero aun tenía ciertos antojos que no la dejaban tranquila.
-Saliendo de la clase iré a conseguir una buena porción de pie de limón. No se porque de repente quiero. –soltó una risita juguetona.
Recordó lo que le había dicho Terry, que fuera más cuidadosa. Aunque no sabia porque sintió que era seguida, pero cada que volteaba no veía a nadie cuando transitaba por las calles neoyorquinas. Ignoraba que su suegro había ordenado aquello, claro que se lo comento a su hijo. Pero no querían alarmar a Candy, no así. Se giro a ver, pero nada… Suspiro apretando un poco su saco. Había decidido ir al Teatro, quería dar una sorpresa a Terry. Ya que casi siempre estaba ocupada en sus estudios. Por eso valoraba mucho cada momento con él. Esa mañana se había tenido que ir rápido, por lo que moría de ganas de abrazarlo.
-¿Usted es la Señora Graham? –se sorprendió la señora que le abrió la puerta. -¡Oh! Pase, querida señora Graham. Se ve tan linda. El joven Terrence se sorprenderá. –le guiño un ojo, Candy sonrió.
-Muchas gracias – Candy avanzo, escuchaba el sonido de los diálogos a medida que se acercaba.
-Hola, señorita. ¿A quien busca? –escucho una voz que no reconoció, porque nunca la había oído. Observo a un joven que la miraba con atención.
"Así que esta es la esposa de Terrence. Una belleza sin duda." Pensó el joven.
-Hola, señor. Solo venia a ver a…
-¡Candy! –oyó ella, se volteo a ver.
-¡Hola, Karen!
-Ven, Candy. Yo ayudare a la señora. –mencionó Karen tomando el brazo de Candy y alejándola del joven, que sonrió con cierta burla.
La castaña le lanzo una mirada fría al joven, que solo le sonrió con descaro y le lanzo un beso volado. Karen solo lo ignoro haciendo uso de sus habilidades teatrales. Se había sentido fastidiada con la presencia de Alexander. Estaba segura que incluso Sam había notado algo extraño con él. No quería preocupar a su esposo por lo que solo menciono que era por el ego que tenia el joven actor.
-Te deseo éxito en tu matrimonio, señorita Kleiss. ¡Ah! Perdón, Señora White.
No había pasado mucho tiempo que llegaba y había conseguido detestarle tanto como un día detesto a Susanna Marlow.
-Es igual de intrigante que ella. .-murmuro Karen.
Claro que ella no era la única que se mostraba inconforme con la presencia de ese joven. Terry mismo estaba sintiendo que median a prueba su paciencia. Una que sentía que de perderla terminaría mal. Mal para ese Alexander, quien fuera de donde sea el sitio recóndito de donde había salido. Una nube negra, no podía pensar que fuera otra cosa.
-Terry, ¿estas bien? –observo al joven que ayudaba con el mantenimiento.
-Sí, Hans. Estoy bien…
-No lo parece. ¿Es por Alexander? ¡Ahhh! A mi también me desespera. Ya veo porque lo despidieron de su antiguo trabajo. Veo que viene Karen con… la señora Graham… -dijo antes de retirarse.
Terry se sorprendió, observo a su Candy ahí tan bonita y sonriente como siempre, bastaba verla para olvidarse por un rato de sus preocupaciones. Karen se intereso repentinamente por algo que según ella olvido en su camerino y dejo solos a los esposos Graham. Guiño un ojo, mientras reía.
-Vámonos, Sally. –musito Karen, mirando su vientre. Debido a que al parecer era pequeño su bebé no se le notaba como debería. –Jajajaja… Lo siento si eres un niño. Ya se nos ocurrirá otro nombre si….
-¿Con quien hablas, Karen?
-¡Ayyy! –la castaña se sorprendió, y observo con enojo al joven que se acerco y toco su cabeza.
-No, no tienes fiebre, Karen. Así que no estas delirando.
-Aléjate, Alexander. –La castaña lo apartó. –No es de tu interés si hago o no algo. Si tan desesperado estas por buscarte pareja sal con Hortensia o con Jeannette. Pero no me molestes. Te lo advierto.
-¿O sino qué? ¿Le dirás al señor White? –sonrió de manera socarrona al ver que la castaña hizo una mueca enojo. –¿Le constate de mi? ¿No? Pero que ingrata te vas vuelto, Karen querida.
-Y tú en un idiota. –se dio vuelta Karen, mientras se alejaba.
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En el camerino de Terry, quien cerro la habitación para que tuvieran privacidad. No dudo en acercarse a besar a su esposa, que le correspondió mientras posaba sus delicadas manos en su pecho. Estaban sentados en el sofá, haciendo notoria la necesidad que tenían de besarse, tocarse, saborear, explorar sus labios. Si es acaso no lo habían hecho muchas beses.
-Terryyyy…Ah….Terryyyy…-Candy trataba de ahogar sus gemidos. Siendo callada con un apasionado beso de su marido. Percibía el tenue olor de las flores que estaban puestos en el suelo. Si acaso diviso un montículo de cartas. De sus admiradoras seguro, pensó Candy, sin darle mayor importancia. Mientras se entregaba de lleno a esas caricias que los dejaban en su séptima nube. Antes de unir sus cuerpos con sus pupilas perdiéndose en el otro.
Después de haberse regocijado por ese apasionado y ansiado encuentro le ayudo a acomodarse el vestido blanco a su esposa. Abotonando los botones, que estaban a la espalda, del vestido que tenia el mismo color de la pureza. Aunque por ratos lo único que deseaba Terry era quitarle ese vestido y volver a hacerla suya.
-Quería verte –dijo Candy, una vez sentada. –Quería sorprenderte. ¿Te agrado mi visita? –preguntó mientras acariciaba un mechón castaño del cabello de Terrence.
-No. –dijo sujetando su mano. Candy lo miro confusa. –Me encanto, pecas. –Beso a su rubio tomento.
-Fue una suerte coincidir con tu descanso. –Candy seguía sonriendo sonrojada. Terry la encontraba preciosa al ver así.
-Suerte es tenerte como mi esposa, Pecosa. ¿De que tanto conversabas con Karen?
-¡Ah! De cosas sin importancia. –sonrió de lado. –Veo que tienes muchos admiradores. –observo los arreglos. –Me alegra ver que eres feliz con lo que te apasiona.
-Sí, pero es lo único que me apasiona. –dijo de manera sugerente cerca del oído de Candy.
-Terry… ¿Cómo estaba tu día?
-Mejor contigo aquí. Eso sin duda, Tarzan Pecoso.
-¡Ya comenzamos! –le dio un pequeño golpe en el brazo a Terry.
-¡Pero que fuerte! –se burlo de Candy. –¿Ese fue tu mejor golpe, Candy?
-Aun no has visto nada. –menciono Candy, antes de reírse por su osadía. Le encantaba enfrentársele de esa forma, era su costumbre. –Solo no quiero dejar a Romeo abollado antes del estreno… Jajajajaja…
-Muy graciosa, Pecas. –negó con la cabeza. –¿Y como ha estado nuestro pequeño?
-¡Ah! Esta muy bien. –sintió que el castaño acaricio su vientre.
-Ha crecido más, ¿no lo notas? –Terry estaba fascinado. Nunca imagino estar así. La vida podía ser sorprendente. ¿Pero que tanto? Quizá esa respuesta la tendrían algún tiempo posterior. –Solo espero que saque todas tus pecas… ¿No tuviste problemas para entrar?
-No, la señora me reconoció al instante. Dijo que estarías feliz de verme.
-Y no se equivoco. ¿Te preocupad algo, amor?
-No, no es nada, pero no se por qué siento como si fuera vigilada… Pero seguro que solo cosas mías.
-Candy… No quiero ocultarte cosas, ¿esta bien?
-¿De que hablas, Terry? –Candy lo miro sin entender.
-Si te están vigilando, Candy.
-¿Qué? Pero no entiendo ¿Quién?
-En realidad solo es por una sospecha, pero no quisiera arriesgarme a que sea cierto, por lo que es mejor así… No te lo dije en un inicio para no angustiarte, pero lo vas notado…
-En realidad no vi nada, solo tuve la sensación… De que me vigilaban… Es algo que nos pasa a mí y mi hermana, cuando alguien nos ve… es como si lo pudiéramos presentir… a veces… Al menos ya se que no son malas personas… Pero… ¿No creen que es algo…
-No, no mientras nada sea seguro. Candy, cuando Susanna te secuestro sentí que te había fallado, porque sí sabíamos que no se quedaría tranquila, pero aun así…
-Eso no fue tu culpa, mi amor.
-Pero ella nos amenazo de manera directa, Candy. No quiero pensar que seria de quien no… Tu y nuestro hijo estará a salvo… ¿Me prometes que no te arriesgaras?
-Sí, Terry… Te lo prometo. No tengo miedo… Creo que ese solo fue un comentario malintencionado porque tu empiezas a hacerte reconocido por el publico…. Quizá solo te tengan celos. No les des gusto, mi amor. No a cualquiera lo eligen para actuar de Romeo, si te eligieron es porque aprecian tus habilidades….
-Me adulas, pecosa. Pero creo que es más serio aun. –le tomo la barbilla para que lo mirara. –Pero no debes preocuparte. ¿Esta bien? Solo quiero protegerte, Candy.
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Al otro lado de la pared, una personita estaba pegada a la misma tratando de escuchar.
-Ya veo porque esperan un hijo.
En eso…
Toc toc toc toc
-Alexander, ya estas listo. –llamo una voz a la puerta. El aludido suspiro con fastidio.
-Sí, voy en un segundo. Se suponía que… -murmuro lo ultimo.
-Bueno, pero date prisa. ¡Desteto tener que esperar mucho!
-Si, aja. –suspiro con fastidio, se alejo. –Las cosas que se hacen por…
-¡¿Ya?! No te espero… date prisa, hombre…¿Qué tanto te entretienes? Recuerda que yo tengo la paciencia de Karen. Así que date prisa….
-Claro que no, Karen es Karen… -abandono la habitación.
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En La Florida, en la habitación de un hotel, Eliza se cubría con una bata y se arreglaba el cabello rojizo. Era uno de sus encuentros clandestinos con un hombre que no su esposo. Se sentó en el borde de la cama desordenada, observando al joven que aun estaba acostado cubierto por las sabanas.
-Quiero pedirte algo, Julián. Quiero que no permitas que Amelie llegue al altar. Sedúcela, no se que has, pero no permitas que esa oportunidad se vaya de tus manos... Cuando me haya divorciado de Ethan, estaré libre para mi querido Anthony.
-No la conoces, Lisie. No es alguien que cae con piropos. Créeme que intente hacer que aceptara salir conmigo, pero solo me gane una –Soltó una carcajada. –Es muy linda, incluso cuando trata de golpearte cuando cree que te pasas de la raya. Pero una cosa de elogiarla, y –alzo una mano mientras extraía una fotografía de Amelia, cuando era más pequeña. –Otra es intentar seducirla. Lo he intentado por más de ocho años, y como vez… No soy su tipo.
-Invéntate algo, pero hazlo. Ella podría ser tu esposa, tus negocios familiares irían sobre ruedas... Solo piénsalo, Julián. Piénsalo. –mencionó Eliza con una mirada brillante.
-No quiero poseer un papel vacío, quisiera que ella… también estuviera conforme, pero siento que antes estaré muerto para que eso pase…. Jajajaja… Aunque supongo que nada pierdo con intentarlo… una más.
-Piensa en lo que Sí podrías ganar… La tendrías a ella, y yo a mi Anthony.
-Dudo que tu esposo de te el divorcio.
-Si no le doy hijos creerá que soy estéril y se cansara de mi, ya verás. ¿Acaso crees que me ama y por eso se casó conmigo? ¡Por favor! Ni siquiera sabia de su existencia antes de que me lo presentaran días antes de la ceremonia. Todo fue tan ¡INJUSTO! Piensa en Amy –dijo con burla. –piensa en ella. Puede que solo se este haciendo de rogar, a las mujeres nos encanta que nos rueguen. –sonrió de manera soberbia. –Recuerda eso cuando la vuelvas a ver, cuando hayas regresado…
-¿Lo dices en serio, Eliza? ¿Si crees que podría resultar? Me encantaría que así fuera… ¡En verdad que sí!
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Eliza regreso a la casa de su esposo, se encontró con su hermano, que negó con la cabeza.
-Eliza. –la llamó.
-No tengo tiempo. Seguro que…
-Tu esposo esta en una reunión de trabajo, no deberías de preocuparte por eso. No puedo creer que hagas eso. –la miró con desaprobación.
-¿De que hablas, Daniel?
-Tu estas engañando a tu esposo. Debes de dejar de hacerlo, cuando se sepa serás repudiada por todos, por la familia, perderás el respeto de la sociedad rebajándote al titulo de amante. ¡Con un demonio Eliza! –sujeto sus hombros. –NI siquiera la familia te vera con buenos ojos después de que se enteren, no dejaran de decir que eres una… -pero Eliza lo aparto, antes de propinarle una fuerte cachetada. Niel solo se llevo una mano a la mejilla, observando la mirada ambarina airada de su hermana.
-¡Cállate! Tu lo sabias y… ¡NO ME DIJISTE NADA! Contigo también estoy decepcionada. ¡ME VENDIERON! Si yo salgo con quien me de la regalada gana es mi maldito asunto. –se alejo la pelirroja, pero antes se detuvo. –Ya veo…. Jajajaja… estas así por lo que oíste decir a Julián. Solo porque él SÍ lograra conquistar a Amy, la rubiecita horrenda… Jajajaja… La que será cuestionada es ella, no yo, Niel…
-¡Lo de Amelie es aparte! Estoy hablando de ti, Elizabeth. En cuanto a Amelie… ¡No será de Anthony, y menos de ese Julián! Sera mía, ya esta decidido.
-Jajajaja… ¡Me importa si se casa como concubina con su cuñado! Quiero que esa este lejos e incordiada con mi lindo Anthony.
-Si sigues de amante de ese tipo… yo…
-¿Qué harás? –lo retó sonriendo con cinismo.
-Se lo diré a papá. –no supo de donde saco valor para enfrentarla. Pero ese tiempo en La Florida la había permitido hasta cierto punto reflexionar sobre su vida, concluyendo que estaba en mal camino, y que debía de rectificarse, lo malo es que no dejaba su interés asfixiante por Amelia.
-¡¿ Qué ?! ¿Acaso has perdido la cabeza? –pregunto Eliza aterrada. –Tú no serias tan estúpido como para indisponerme con nuestro padre. –Por primera vez se sintió acorralada. No creyó que Niel fuera a chantajearla de ese modo. –Maldita mustia… -musito, y pensó en su rival, según ella.
-Bueno, es tu decisión, Lisie querida. –se alejo dejando sola a su hermana que refunfuñaba. –Bien… con Eliza bajo amenaza, dejara de fastidiarme con lo de conseguirme esposa. Y yo veré la forma, debo de regresar a Chicago. Si Eliza estará incordiando en Ohio, ¿Por qué no hacerlo también en Chicago?
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En Chicago, Elroy estaba acostada después de ponerse mal, por unos achaques propios de la vejez.
-¿Cómo se siente, señora Elroy? –puso su mano en la de la dama anciana, que se notaba mas tranquila.
-Mucho mejor, Jeanne. Ya veo porque te quiere mi sobrino.
-Señora Elroy. –se sorprendió Jeanne, ya que pensaba que la mujer mayor solo la soportaba por Albert. La enfermera se encargaba de cuidarla, se había decidido por ocuparse principalmente de ella. Decisión que Albert vio con buenos ojos, sintiendo aun mas amor hacia Jeanne, que lo hacia de manera desinteresada. Los demás miembros de la familia estaban conformes con su actitud, similar a Candy.
Albert estaba a cargo otra vez. Esperaba que Eliza fuera reprendida, no podían dejarla así como así.
-Me comprometo a reprender a Elizabeth. No fue correcta su actitud. ¡ah! Hemos tenido demasiado mimada a Eliza, cosa de la que ahora me arrepiento. En verdad nuevamente tome mis disculpas por sus acciones irresponsables.
-Eso no fue su culpa, Daniel. Pero también concuerdo en que debe ser reprendida ese tipo de conducta. –decía Albert, observando al padre de la pelirroja siniestra.
-Felicidades por su compromiso con la señorita Smith, William.
-Gracias, Daniel.
-Incluso la señora Elroy aunque no lo diga empieza a tenerle aprecio. Es una buena muchacha. Me gustaría que mi Eliza tuviera su misma humildad. Nuevamente gracias por no exponernos de manera pública, yo hablare seriamente con Eliza, y con Niel. Él también debe de aprender a ser responsable. Algún día deberá hacerse cargo de los Leagn, solo espero haberlo educado de manera correcta.
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Afuera Sara solo escuchaba atenta. Meneando la cabeza con gesto despectivo.
-¿Cómo se atreve a hablar de mi hija? Yo la eduque bien. Aunque si es mimada como dice Daniel… ¡Ay! Mientras no este haciendo nada indebido… Eliza dijo que le conseguiría una buena esposa a Niel, pero creo que estaría mejor aquí en Chicago… No pueden estar mucho tiempo sin supervisión… Y el tío abuelo aceptando muchas sacadas de quien sabe donde para que asuman la responsabilidad de cuidar de esta familia. –se refería de manera despectiva a Jeanne, porque se sentía desplazada por esta. Ya que la tía abuela empezaba a aceptarla como la prometida de su querido sobrino William. –Es obvio que solo es una simple arribista.
Ignoraba que alguien escuchaba atenta aquello, pero que solo se alejo en silencio con la vista seria.
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En los jardines, dos jóvenes enamorados estaban conversando de manera animada.
-Shhh… Solo déjame mirarte, querida Annie.
-Archie, también estoy feliz de verte…. –sonreía Annie. Mientras abrazaba a su novio. –Vine con mis padres por un negocio de mi padre.
-Pensé que tenían un tipo de acuerdo con el padre de Amelia y Candy.
-Es así, pero también tiene otro tipo de acuerdos con personas de Chicago. Lo llaman extender sus contactos, o algo así… Trato de saber sobre eso, mi mamá me dice que una mujer debe saber al menos la mitad de lo que tratan los negocios de su esposo para así darle apoyo… Yo espero ser algún día una buena esposa, Archie… -murmuro Annie sonrojada.
-Annie…. No tienes que saber eso para ser una buena esposa.
-Pero quiero estar instruida. ¿O acaso crees que las mujeres no pueden hacer negocios?
-No dije eso, Annie. Amelia se encargara algún día de los negocios de su padre… por consecuencia…
-Anthony… Lo se… Pero si vieras lo dedicada que ha estado Amelia… ¡Ay, Archie! Las extraño… Extraño a Candy y Amelia… Y pensar que seremos tíos… Quisiera estar junto a Candy, para darle ánimos…
-¿Esta triste? ¿Esta triste la Gatita?
-No, Archie. Pero de todos modos… Ella es como mi hermana… Y….-En eso que iban conversando escucharon un grito desde el cielo.
-¡Aaaaahhhh! –Cayo un confundido Stear sobre Archie, Annie se aparto a un lado. Habían estado conversando bajo un árbol grande.
-¡Archie! –Annie observo aquello con asombro, llevándose una mano a la boca por la impresión.
– ¡S-t-e-e-a-r! –grito el gatito, que estaba siendo aplastado. -¡¿Qué demonios paso?!
-Lo siento, hermano. –el joven inventor se apresuro a levantarse y ayudar a su hermano menor. Que se veía molesto.
-¡Estas loco, Stear! ¿Qué se supone que hacías ahí arriba? –el castaño claro señalo el árbol, mientras se quitaba del cabello las hojas que estaban el su cabello.
-Había probado el barco mensajero.
-Pero eso resulto mal, Stear. –se quejo Archie.
-Lo se, pero…
-Me asustaron…-dijo Annie, para después suspirar aliviada. –Me imagino que debes de extrañar a Patty, Stear…
-Como no tienes idea, Annie.
-¡Que tierno! Me imagino que le escribes mucho. –menciono Annie. –Yo extrañaba mucho a Archie cuando estuvo en Lakewood… ¿Y Anthony?
-Recibió una llamada del capitán Brower. –dijo Archie, recordando.
-¡Oh! ¿Paso algo serio? –pregunto Annie.
-No creo, Annie.
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Dos señores caminaban cerca de un rio, habían dejado una corona de flores en la orilla que fue arrastrada.
-A ella le encantaban los ríos, o donde sea que pudiera meterse a nadar…
-Querido, siento mucho lo de tu hermana… Pero ella seguro que esta mas tranquila de ver que sus hijas están con su padre… Pobre, tuvo un final trágico.
-Todo a manos de un maldito miserable…. La cárcel es muy poco por lo que le hizo a Christine…
-Henry…
-Si no fuera por eso ella estaría con su familia… Pero entre nosotros… Jamás perdonare ese crimen contra ella.
-Debes de hacerlo… Ella no querría que guardáramos cosas malas dentro de nosotros.
-No, Magdalena. No lo ves bien… Tras su muerte, nuestra madre decayó y no duro mucho antes de que fuera acompañándole… Y tras eso… ya te imaginaras como quedo mi pobre padre… Sin su hija preferida, y sin su esposa… Ese miserable mato a mi familia, comenzando por mi inocente hermana.
-Nunca me habías dicho eso…
-No es sencillo asimilarlo.
-En ese sentido puedes comprender a tu cuñado…
-Él también perdió a su familia, pero por otras causas… Que era mala salud…. Yo perdí a mis padres… porque alguien desalmado mato a mi hermana… Lo único cercano a ella son mis dos sobrinas…
-Te cayó al hígado la noticia. –aseguro Magdalena. -¿Pero esperabas que guardara luto eterno?
-¿Te parece poco?
-Pero el pobre también merece ser feliz, Henry… No puedes estar molesto por eso…
-No entiendes, mi hermana lo adoraba…
-Lo has dicho… lo adoraba… Incluso ella estaría –
-No, lo dudo… Ella era muy celosa…
-No digas eso, querido.
-Era así. Pero bueno…
-Han pasado casi como veinte años… Es comprensible, diría lo mismo que tu si solo fuera un año… Creo que debes de respetar su decisión.
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En Ohio, Amelia estaba en medio de una reunión junto con su padre, estaban presentes los socios. Emily había tratado de aconsejarla lo mejor que pudiera. Le tenía estima, decía en su mente que era la hija mujer que jamás tendría. Porque solo tenia hijos varones, a lo que amaba.
-¿Cómo sabes todo eso, tía Emily?
-Es que me educaron para…-pero Emily se callo.
-…Para ser la esposa de mi padre. ¿Cierto?
-Tú querías saber, querida. –dijo apenas Emily. –Suerte, Amelie. –beso su frente y sonrió antes de ver como se alejaba su sobrina junto a su primo. –Suerte…
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Había decidido ser firme, no cedería ante lo que estaba segura exigirían. Debía hacerse la idea de que no todos ellos estarían de acuerdo con aquella disposición final.
Gabrielle la miraba con expectación.
-Si solo fuera un varón, todo seria distinto. –concluyo la secretaria. –Yo podría darle ese hijo varón que necesita…-sonreía imaginando que llevaba su vientre abultado, no dudaba que si ese fuera el caso su vida estaría asegurada con creces. Pero negó, mientras anotaba los puntos importantes.
Solo veía con una sonrisa a su jefe que explicaba y llevaba la delantera en la reunión.
-Si supieran que ese hombre que esta ahí es producto de las palabras de ánimo de su esposa. –murmuraba Gabrielle, pensando que algún día ella también podría "manipularlo", como ella creía.
Amelia le lanzo una mirada firme que la ofusco. Esa muchacha solo le daba fastidio. Aunque la conocía desde niña, y había tratado de interesarse genuinamente por ella. Solo sintió la amabilidad formal de la rubia, que sujetaba con fuerza el brazo del hombre que la había deslumbrado sin proponérselo.
"Nunca olvides decirle señor. Es tu jefe, siempre habrá una brecha muy grande, señorita Gabrielle…" Recordó las palabras de Christine.
"Nunca lo olvides"
-¡Oh no! Usted ya no esta, señora Christine… Ah… -musitaba observando atenta la reunión. –Aunque Amelie es muy parecida a usted…. También es celosa…
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-¡Esplendido! Muy buena presentación, Amelia… -aplaudía un joven.
-Gracias. –apenas dijo Amelia, mirando al joven. –Pero no es para tanto, Julián.
-Es bastante modesta. Pero estamos frente a nada más ni menos que la próxima dirigente. Nuestra próxima jefa.
Amelia solo se sorprendió, pero no pensó en nada extraño. Sabía que cualquier cosa era valida para tratar de ganarse su aprobación. Y como decía Julián, ella seria la próxima a cargo. Por lo que solo lo tomo como un halago forzado, no por no merecerlo, sino ´por las circunstancias presentes. Eso y porque ese joven había intentado mas de una vez pedirle que salieran en una cita, siendo rechazado con amabilidad, pero con ineludible firmeza.
"No estoy interesada en ti, Julián. Creo que eres muy amable, ya encontraras a alguien que te quiera como deseas."
Las palabras de su primera vez que le rechazo, claro que las sucedieron a ella, fueron menos empáticas.
"A las mujeres nos encanta que nos rueguen." –El "oportuno" consejo de Eliza que empujaba a volver a insistirle a la muchacha que tenia la vista fija en su objetivo.
Nadie dudaba que su carácter fuerte le diera firmeza, la misma que necesitaría para afirmar su derecho y merito de estar ahí.
-Mamá…-trato de imaginar que esta le daba ánimos y le besaba la mejilla, así como lo había hecho su tía.
-Muy bien, Amelia. –la felicito Rodrigo de manera sincera. –¿Sabes por que Julián no deja de aplaudir cada que haces una aportación oportuna?
-Ni idea, Rodrigo. Ni idea. –se encogió de hombros Amelia.
-Por cierto, felicidades por tu compromiso. –menciono Rodrigo. –Anthony es afortunado.
-Gracias. –sonrió Amelia.
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Tras terminar aquella reunión, Amelia se quedo mirando el cuadro de su madre. Revisaba las cartas que recibían de su tío, el hermano de su madre. Las cartas de condolencia. Siempre llegaban, no solo de el, sino de la mayoría que hubo conocido a su madre.
-Debió ser una mujer excepcional, como dice mi padre. Espero que su relación con la señorita Baker sea buena para él… Candy….-leyó una carta de su hermana. Apretó los ojos. –Candy… Mientras estemos todos juntos… Llamare a mi hermana… -tono el teléfono.
En eso escucho que la puerta sonó.
-Adelante.
-Hola, Amelia. ¿Estas ocupada?
-Sí, pero ¿en que puedo ayudarte? –preguntó Amelia.
-Solo quería decirte que creo que desempeñaras un gran papel… Y que no debes de tomarte demasiado a pecho si notas que algunos socios se ven disconformes… ¿Esta bien, Amy?
-Eres amable, pero lo cierto es que siempre necesitare afinarme. Y preferiría que me llames Amelie… Ya no somos niños, Julián. ¿Hay algo mas que te desees decirme? Es hare una llamada importante…
-Sí, quería que supieras que estoy feliz de saber que trabajare junto a ti. Si necesitas un amigo podrás contar conmigo, Amelie. –estiro su mano sujetando la mano de Amelia, que solo la estrecho como si se tratara de un contrato. Lo miro con seriedad. –Aunque Amy suene más tierno.
-Gracias, espero que mi relación con los demás socios sea igual de fluida. Si eso era todo empezare mi llamada. ¿De acuerdo?
-Desde luego. Te dejo para que puedas llamar.
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En New York, en una habitación pequeña de una iglesia. Por la parte que no se veía al publico, al lado del patio. Una monja recogía y alistaba unas prendas limpias. Descolgó un saco color azul marino, que tenia unas iniciales:
"J. B."
-¿Ángel, estas bien? ¿ángel? –llamo la religiosa, al ver la habitación vacía. Se preocupo. -¡ángel! ¡ángel! ¿Hija?
-¿Madre superiora, puedo confesarme? –pregunto la mujer que estaba al lado de la ventana, con la brisa que desordenaba sus cabellos.
-¿ángel? ¿Estas bien, hija?
-¡Quiero confesarme! Recuerdo que me porte mal, golpe a una mujer...
-¿Una hermana? –la monja se persigno. -¡Oh ángel! Eso esta muy mal. No debes de agredir a nadie.
-¿Ni siquiera a los que nos hicieron mucho daño?
-No, la venganza nunca es la solución. Te veo mejor, incluso dices cosas con coherencia. No has vuelto con tus delirios. Toma ya lave tu saco. –le entrego la prenda.
La mujer abrazo el saco sonriendo. –Sí…. Volvió a mi lado…
-Ese es un saco de hombre. Tratare de conseguirte algo de ropa. Por ahora solo te puedo alcanzar unos vestidos sencillos.
-¿si me presta un habito, Madre?
-¡ángel! Esas ropas solo son para hermanas… No puedo darte un hábito si no lo llevas en tu corazón. ¿Eres bautizada? ¿Recuerdas algo?
-Recuerdo… ¡Que cantaba en los coros! Jajajajaja….
-¿Los coros? No es mala idea, ángel. ¿Aun no recuerdas cual es tu nombre?
-No tengo…
-¿Cómo que no tienes, ángel? Solo los animales no poseen nombre.
En eso una joven enfundada en un hábito negro hizo una abrupta aparición.
-Sor Piedad, ¿Qué manera de entrar es esa? Has sorprendido al pobre ángel.
-Lo siento, Madre superiora. Necesito conversar con usted…
-Dime…
-Aquí no…-la monja joven miro a la mujer que estaba al lado de la ventana.
-Ahora regreso, ángel. Toma, te traje un poco de sopa. Trata de tomarla, pero soplando. ¿Crees que puedas sola?
-Sí, Madre superiora. No soy una niña pequeña.
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-¿Qué ocurre, Sor Piedad?
-Madre superiora… ¿Esa mujer esta a su cargo? ¿Esta segura que no es de las mujeres de mala vida?
-¿Mala vida? Sor Piedad, esa es un alma abatida, requiere con más necesidad del cuidado amoroso de la caridad.
-Bueno… vera… escuche que las autoridades andan buscando a una mujer….que se escapo de un hospital…. Psiquiátrico…. La mujer desaparecida se llama Alphonsine Anderson…. ¿Le ha dicho su nombre esa mujer?
-No, me ha dicho que no recuerda…
-Puede estar mintiendo, Madre superiora.
-¡No es verdad, Madre Superiora! –observaron a la mujer con el bastón, que estaba al lado de la puerta. –Le aseguro que no soy una mujer de la mala vida… Solo una que… que… perdió a su familia… Mi nombre no es Alphonsine… Deben de creerme, Madre Superiora, Sor Piedad…
-¿Si eso es así? Di cual es tu nombre. –ordeno Sor Piedad con dureza. –Las descripciones te señalan… Mencionan que una mujer llamada Alphonsine agredió a una enfermera del Hospital Santa Beatrice.
-¿El Hospital Santa Beatrice? – la mujer se puso pálida. –No me digan que esa enfermera… esta… muerta…-su voz se quebró. –No… Les aseguro que no la mate, solo la aparte con fuerza cuando trato de amarrarme…
-Y lo mencionas con tanto descaro…
-No es eso, Sor Piedad. –menciono la mujer sollozando. –Madre Superiora, no puede devolverme con esas personas… ¡Por favor! No me devuelva con el infeliz que mato a mi esposo, y que me hizo perder a mis dos angelitos… Yo tenía dos hermosas niñas… dos niñas… Así de pequeñas… así de pequeñitas –estiro un poco los brazos –Muy bonitas… Pero las perdí… ¡Las perdí! Tras caer por las escaleras…
-¿Ahí perdiste la vista, ángel?
-No, Madre superiora. Eso fue después… Le diré lo que se, pero no me devuelva con esos médicos... ¡se lo ruego! Usted dice que ama a los afligidos, yo necesito su ayuda…. Escóndame… Por favor… Quiero cambiar mi vida… Y si para eso debo de tomar los hábitos en mi corazón, pues lo tomare…
-¡Cielos! –se persigno Sor Piedad. –Una mujer que esta mal de la cabeza…quiere tomar los hábitos, este mundo esta de cabeza…
-Sor Piedad…. En estos días, la he notado muy lucida… incluso me pregunta por como estamos… Creo que o que dice sonaría creíble, en vista del estado de su pobre mente. Para mí que la trastornaron por el dolor y por los medicamentos fuertes… Mírala , se ve mas segura, pero no digas esa frase que ya te dije que la incomoda mucho..
-¿Precio –
-Sor Piedad, no termine esa frase… Por alguna razón la descontrola. Esta bien, ángel. Te quedaras, pero debes de ser sincera… ¿Comenzando por tu nombre? Has un pequeño esfuerzo, ángel.
-Christi…. Mi nombre es ese… Recuerdo que me llamaban así… Así me llamaba…
-¿Quién, ángel?
-….Christi… Así me decía mi… esposo…-empezó a llorar la mujer. –Mataron a mi esposo… Y perdí a mis niñas… Ah… ah… ¡Mi querido esposo! Muerto… Esta muerto… por eso le pregunte ¿esta mal devolver el daño recibido? Yo solo quiero que el culpable pague… de la misma forma… Con la muerte… -en eso retrocedió, cerro los ojos.
"No olvides que esto mas es culpa tuya, que mía. No importa que tanto luches, o que tanto te resistas… No tienes a nadie mas que a mi…Jajajajaja" Recordó eso con enojo, crispó los puños.
-¿Esta mal querer devolver el honor de mi familia caída… con la vida de una persona? –pregunto con una frialdad que dejo petrificadas a las dos mujeres, la miraron con sorpresa. Aunque más que una pregunta, fue una pregunta irónica, retorica.
-Ángel… Diré Christi… Abandona la idea de vengarte… Eso solo traerá desgracias… -trataba de exhortarla la monja.
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Continuará...
Hola a todas, lamento demorar en actualizar.
¡Saludos!
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Selenityneza
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