~ Capítulo 2: El Torneo Mundial de Pelea
- ¿Quieres más, querida?
- Sólo… Déjame la botella…
El bar estaba oscuro, solamente un reflector encendido sobre una soldada hyruliana pelirroja que, cabizbaja sobre la barra, aferraba el vaso con sus dos manos. Telma, alzando la ceja, le miró con desdén.
- ¿Sabes, querida? - Le dijo, ladeando la prominente cadera -, tanto alcohol no va a resolver tus problemas…
- No, pero seguro los ahoga un rato - Dijo Evelyn arrebatándole la botella, golpeando con ella el vaso en el mismo movimiento y bebiendo un largo trago directamente de ella.
- Pues entonces cuéntame, querida, qué es lo que sucede - Dijo Telma, inclinándose hacia ella sobre la barra con amabilidad en la cara. Evelyn puso la botella en la mesa con un golpe, y su mirada reflexiva se clavó en la superficie de la barra.
- Es… tan trágico - Dijo en voz apagada -. Tan, tan trágico… Lo ha sido para todos nosotros… O bueno, para muchos de nosotros, ¿no crees?
- Te escucho, querida - Reafirmó Telma, recargando la cabeza en una mano.
- Sé que la gente va y viene, pero… Es difícil entenderlo - Agachó más la cabeza, de forma que prácticamente se miraba los pies -… De pronto volteas la cabeza y estás totalmente sola…
- Comprendo - Dijo Telma con tono cálido, incitando a que continuara.
- Quiero decir… ¿cuántos lectores habrán retrocedido varios capítulos para recordar quién demonios es Evelyn? - Dijo la pelirroja con la voz quebrada, y en su ebriedad, se puso de pie azotando la botella, quebrándola. Ignorando el hecho y cambiando de opinión, volvió a sentarse y se llevó las manos a la cabeza, recargando la frente en la barra empapada en licor -. ¡Yo era un personaje principal de esta historia!
Se encendió otro reflector sobre el banquillo contiguo al de Evelyn, iluminando a otro soldado pelirrojo, también bebiendo, y quien alzando un dedo con desgana y hablando con voz torpe, señaló:
- De hecho, eras solamente un personaje secundario - Dijo el narizón, torpe y soso hermano de Evelyn, Carl -. A ti te fue mejor en toda la trama que a mí… apenas llegué a ser personaje incidental…
Evelyn saltó de su banquillo para abalanzarse sobre su hermano, a quien se le cayó el vaso de las manos cuando la otra lo aferró por el cuello de la túnica y lo sacudió con violencia.
- ¡Y aún así tú tuviste una participación mucho más visible en la batalla final! - Dijo Evelyn y, al ser invadida por la incredulidad, jaló a su hermano hacia sí con tanta furia que sus frentes se tocaron -. ¡Tú, de todas las personas! ¡Todos los personajes tuvieron heroicas intervenciones! ¡Hasta ese chico lobo! ¡El autor lo hizo aparecer apenas a la mitad de la historia y se ganó más fanáticos que yo!
- De hecho, soy algo así como un personaje invitado - Dijo Zul rascándose la nuca, cuando un tercer reflector iluminó la mesa que compartía con otros laguz -. El autor se vio muy flojo para crear un personaje original y me pidió prestado.*
*Nota del autor: Zul fue creado por la autora apodada "Saku-Zelda" para la historia colaborativa en internet "Crónicas de Mimir". El personaje original era un híbrido, hijo de una humana y un hombre lobo.*
- ¡Y hasta ese payaso de Volke! - Se quejó Evelyn tirándose de rodillas y rascándose la cabeza frenéticamente con ambas manos -. ¡De acuerdo, sí aparecí en el capítulo anterior, pero no tuve ni una sola línea! ¡Pero él! ¡Él! ¡No había aparecido para nada por buena parte de la historia, y de pronto logra una victoria increíble en los Juegos de Hyrule!
- Pero eso tiene una razón perfectamente justificable - Dijo una varonil voz.
En el marco de la ventana estaba sentada una figura atlética y alargada, cubierta en un largo abrigo oscuro. Los reflectores mostraron a Volke sentado de lado junto a la ventana abierta de la cantina, como siempre enmascarado, puliendo su cuchillo con un trapo. Sin mirar a nadie más que a la pared, con ojos y voz frías, dijo:
- Antes de que acabe la historia, hay que recordarle a los fanáticos lo genial que soy.
Los clientes, todos ocupando alguna mesa, miraron en silencio al misterioso y frío asesino que, impasible, volvió a la tarea de limpiar su cuchillo, sin decir nada más. Nadie le quitó los ojos de encima en un silencio que debió durar diez segundos, hasta que una voz femenina dijo:
- Sí, de hecho es bastante genial - Dijo Vika, sentada junto a Zul y bebiendo una cerveza -. Cuando él está cerca, personajes como yo tienden a ser totalmente ignorados - Se volvió hacia Evelyn -. Acostúmbrate.
Evelyn se quedó tirada de rodillas, encorvada y con los brazos caídos, ahí, en la oscuridad de la cantina, sus penas abrumándola. Carl se arrodilló junto a su hermana y le dio unas palmaditas al hombro, miró nervioso sobre su hombro y vio a Telma asentir.
- Creo que hay algo que debes saber - Le dijo Carl, ayudándola a levantarse y sentarse de nuevo a la barra.
- Me parece que hay una explicación para tu problema, querida - Dijo Telma un tanto temerosa, pero decidiéndose luego a decirlo y tomando a Evelyn por los hombros con cariño para darle seguridad -. Evelyn, cariño… Tú no eras un personaje planeado…
- … Ya estaba planeado que Rasuka y Ashei acabarían juntos, pero… - Empezó a explicar Carl -… El autor necesitaba una competencia para que hubiera mayor tensión para Ashei y convertirla a ella en un personaje principal mejor desarrollado…
Todo alrededor de Evelyn se volvió absolutamente negro… una tristeza infinita… una sensación de falta de propósito propio, de haber sido totalmente utilizada y arrojada a la basura. No podía creerlo…
- No puedo creerlo - Dijo, totalmente pálida -. ¿Ese era mi propósito en la historia?
- Bueno, la otra parte de la explicación es que el autor es muy poco hábil y creó más personajes de los que pudo manejar - Dijo Zul con arrogancia, dando un sorbo a su bebida, sin advertir para nada que una sombra se cernía sobre él, al tiempo que Volke había desaparecido misteriosamente de la ventana. Vika trató de advertirle, pro no pudo evitar que al joven laguz lobo le cubrieran la boca y lo inmovilizaran para arrastrarlo a las sombras sin que nadie más en la cantina se diera cuenta.
- ¡Pero anímate, querida! - Dijo Telma sacando unas hojas de papel de un cajón en la barra -. Me parece que para este capítulo sí tienes una participación.
- ¿De verdad? - Dijo Evelyn con la ilusión resplandeciendo en sus ojos, derrumbando a Carl al enderezarse sobre su banco.
- ¿Eso es el libreto, de casualidad? - Dijo Carl desde el suelo, siendo totalmente ignorado.
- Así es, déjame ver - Reafirmó Telma a Evelyn, hojeando el fajo de hojas… su rostro se ensombreció.
- ¿Qué sucede? - Inquirió Evelyn empinándose sobre la barra.
- … Apareces en una escena junto a Link - Dijo Telma.
- ¡Junto a Link! - Evelyn ahora estaba hincada sobre la barra -. ¡Si aparece Link seguramente debe ser emocionante!
- No creo que haya sido buena idea conseguir el libreto - Dijo Carl alzando el dedo índice aún en el piso, pero nadie le escuchó.
- Pues - Titubeó la cantinera -… Algo así…
- ¿Qué es lo que hago? - El rostro de Evelyn se encontró con el de Telma de forma invasiva.
- Pues… no mucho - Telma repasó de nuevo el libreto y entonces explicó -… La escena es emocionante, pero… sales prácticamente como extra.
La soldado cayó empinada sobre el otro lado de la barra, totalmente decepcionada, causando que se cayeran repisas, cuadros y vasos en el proceso. Ya totalmente resignada, alzó la cabeza de los escombros y ahondó más en la información:
- … ¿Y qué clase de escena es, pues? - Preguntó, enfurruñada.
- Mala idea - Dijo Carl por lo bajo.
- Pues aquí dice que apareces en el público justo en el momento en el que Link va a pelear con…
Telma casi se atraganta con su propia saliva, y Evelyn se arrastró lejos de su interlocutora, cuando la punta del cuchillo de Volke hizo contacto con el cuello de Telma, habiendo el asesino aparecido de la nada, como de las sombras del bar.
- Estoy bajo estrictas órdenes de detener a todo aquél que quiera arruinar la historia a los lectores, o la reputación del autor ante ellos - Dijo Volke con su voz fría, mirando de reojo a la cantinera -. Sabes demasiado, incinera el libreto. Ahora.
Sin moverse de su posición, Telma extendió la mano hacia una vela encendida sobre la barra, prendiéndole fuego al fajo de papel, y soltándolo a sus pies una vez que comenzó a consumirse. Todos le pusieron los ojos encima mientras se convertía en cenizas, hasta que el fuego ya no tuvo nada más qué quemar. El silencio era atroz, y Volke no bajó la mano del cuchillo. Él entonces miró a los espectadores de la oscura cantina y anunció con su voz fría a una audiencia atónita:
- El último capítulo de La Leyenda de Zelda: El Secreto del Palacio Midoro, comienza ahora. Disfrútenlo.
- ¡Vamos, sólo un trago! ¡Dame una oportunidad, lindura!
Gatrie estaba sentado en una lancha, con armadura y todo, frente a una linda jovencita castaña de trenzas, con camisa roja, overol café y sombrero a juego. La chica sostenía una caña de pescar cuyo sedal pasaba sobre la cabeza de un Gatrie totalmente ajeno a la molestia que causaba.
- Ese lunar al lado de tus bellos ojos azules me tiene conquistado - Dijo el guerrero cortésmente, ignorando su rudeza.
- No me obligues a deshacerme de ti - Dijo Hena, la vena palpitando en su sien.
- ¡Estaré aquí por un tiempo más, suficiente para mostrarte maravillas de la vida! - Dijo Gatrie parándose en la lancha e inclinándose hacia ella para acercarse. Ella lo escrutó con sus ojos azules antes de ponerse verdaderamente furiosa, apretar la quijada, tomar ambos costados de la lancha y comenzar a balancearse bruscamente -. ¡No, espera, traigo armadura, es peligroso!
- ¿Me dejarás en paz? - Dijo Hena con tono de amenaza, sin dejar de balancearse.
- Pero… pero… - Gatrie paró los labios -… ¡Es que estás tan linda!
No le dio tiempo ni de gritar antes de caer al lago Hylia y comenzar a nadar con todas sus fuerzas para no hundirse. Jamás había usado tanta fuerza en sus brazos, ni siquiera cuando peleaba, pero al fin logró tocar la orilla y arrastrarse hasta quedar firmemente recargado en ella, medio cuerpo saliendo a la superficie, jadeando para recuperar el aire.
- ¿Cuál es su problema? - Inquirió entre jadeos -. Normalmente caen rendidas…
Se quedó perplejo ante la persona que se le acercó al verlo solo en la orilla, jadeando de cansancio y empapado. Viéndola de arriba a abajo, notó zapatos cafés, medias blancas, un amplio vestido azul con encaje color vino y adornos de enormes mariposas rosas, una de las cuales colgaban de su espalda como alas propias. Guantes de cuero café, un moño rojo en la cintura, una canasta con botellas que encerraban insectos, un dije en forma de escarabajo colgándole del cuello… pálida tez adornada con gemas multicolor en los redondos pómulos infantiles, ojos violetas enmarcados por la cabellera rubia peinada en dos coletas, orejas puntiagudas con pendientes en forma de escarabajos negros, y una sombrilla blanca.
- ¡Vaya! ¡La princesa Agitha piensa que luces exactamente como un enorme y redondo escarabajo joya! - Dijo la muchachita hablando en tercera persona -. A la princesa Agitha le gustaría invitar a todos los insectos del mundo al baile en su palacio, ¡y tú estás invitado! ¿Quieres venir?
A Gatrie le temblaba el párpado izquierdo.
- … No, no lo creo, gracias - Dijo, totalmente desconcertado, y luego dijo para sí por lo bajo: -… Tantos meses aquí y no puedo acostumbrarme a la gente rara de Hyrule…
No tuvo que inventarse una excusa para escapar, sin embargo… De pronto se oyó un atronador disparo, proveniente del cañón blanco con patas de Fyer y Falbi, y cientos, si no era que miles de vítores se hicieron oír por todo Hyrule, provenientes de espectadores hyrulianos, crimeanos, gallianos, begnianos, gerudos, hatarianos, zoras, gorones y daenianos, distribuidos sobre gradas ubicadas en las orillas del lago, en los islotes sobre el mismo, en sus laderas y unas cuantas sobre el agua, en una especie de torres de madera gigantes, flotantes, ancladas y a la vez amarradas a la orilla, todo en torno a otras cuatro plataformas construidas por los zoras y los hyrulianos sobre otros cuatro islotes del lago: arenas de batalla unidas a la orilla del Lago Hylia por un puente flotante.
A los gritos siguieron inmediatamente fuegos artificiales multicolor y el ascenso de la roja bandera hyruliana en su asta, seguida de las de los países asistentes: Crimea, Gallia, Hatari, Daein, Begnion y Aru Ainu. En una de las plataformas flotantes se veía a la reina Zelda acompañada de sus similares Elincia, Micaiah y Nailah de Hatari, el rey Caineghis de Gallia, Harkinian de Aru Ainu, y la emperatriz Sanaki de Begnion, con sus respectivos cortesanos, todos tomando asiento en la zona central de la gran grada flotante.
- ¡Bienvenidos al último y más emocionante evento de los Juegos de Hyrule! - Dijo Anna con su megáfono, ahora con vestimenta más ligera, provocando más gritos de emoción -. ¡Dada la enorme convocatoria que tuvimos, arrancaremos en unos minutos con la fase eliminatoria del Torneo Mundial de Pelea!
Y en una orilla del lago se había decidido que se reunieran todos los participantes del torneo, pues junto a esa orilla había una cueva poco profunda, dando suficiente espacio para que los más de sesenta concursantes tuvieran donde alojarse durante la fase eliminatoria.
Entre laguz gatos, tigres, lobos, halcones y cuervos; gorones y hasta zoras, y demás guerreros de Tellius y gerudo, se abrían paso Link, Boyd, Mist, Mia, Oscar, el empapado Gatrie, y Zul, todos blandiendo imitaciones en madera, sin filo, de las armas que solían ocupar. El grupo de guerreros se acercó a la orilla del lago para escuchar y ver mejor a la anunciadora.
- ¡Las reglas son las siguientes! - Empezó a dictar Anna con emoción -. Para la fase eliminatoria, se busca reducir el número de participantes de sesenta y cuatro a dieciséis, de los cuáles solamente quedarán ocho para la fase final.
"Para ello, en la primera fase eliminatoria se convocará a los peleadores, de acuerdo a su número de inscripción y de forma aleatoria, en grupos de cuatro a cada plataforma, de los cuáles serán eliminados dos. Los dos restantes de la primera fase pasarán a la segunda etapa eliminatoria, que se decidirá en combates uno contra uno. Lo mismo se repetirá para la fase tres, para quedar con ocho concursantes en total para las peleas finales".
- Sobre el equipo de cada peleador, las reglas son las siguientes - Prosiguió Anna -: solamente se permiten armaduras para brazos, hombros, piernas y rodillas, cualquier otro tipo de protección es motivo de expulsión del concurso - Sobre el lago volaron dos jinetes de guiverno revolcando dos largas banderolas rojas de Malo Mart -. El armamento permitido es únicamente una sola arma de madera de su preferencia. Cada peleador puede traer la suya, pero si no la han adquirido, aprovechen ya para conseguirla con los vendedores de Malo Mart, el Héroe de los Descuentos.
"Los peleadores armados por ningún motivo pueden afilar sus armas de madera. De igual forma, los laguz que recurran al uso letal de colmillos y garras serán descalificados. Se permite el uso no mortal de magia. Para toda clase de participante está permitido el combate desarmado, cuerpo a cuerpo, no es obligatorio usar armas para participar. No está permitido el uso de arcos, ballestas, ni cuchillos. Caballos, pegasos, guivernos y otros tipos de monturas, quedan prohibidos.
"Para conseguir la victoria se debe noquear al oponente en combate, provocar su rendición o sacarlo de la arena. Un participante que caiga y no se ponga de pie antes del conteo de diez segundos, perderá el combate. El asesinato vuelve al participante acreedor a la descalificación y a ser sometido a las autoridades de Hyrule, sede del torneo. Durante las eliminatorias, los combates tendrán límite de tiempo de cinco minutos, no habrá límite en las finales. Para la primera fase eliminatoria, es válido formar alianzas… Mientras no se salgan de las reglas antes mencionadas, ¡todo se vale!".
- ¿Qué dicen, público? ¿Listos para el Torneo Mundial más grande de todos los tiempos? - Animó Anna alzando los brazos para incitar a la audiencia, que respondió con un entusiasmo que Link y compañía jamás creyeron que llegarían a ver en sus vidas.
- Hasta habrá magos compitiendo - Comentó Boyd cruzado de brazos -. Suena divertido…
- ¡A la arena número uno, pasen los participantes cincuenta y tres, diecisiete, treinta y ocho y cuarenta! - Llamó un soldado hyruliano tras sortear varios papeles con números en una caja.
A la arena más alejada del puente avanzaron un goron que pelearía a puño limpio, dos caballeros de Daein y un laguz gato, a la vez que Anna cantaba los números de los peleadores que se enfrentarían en la arena número dos.
- ¡Sesenta, cincuenta y uno, dos y quince! - Dijo la joven anunciadora.
- Creo que es mi turno - Dijo Oscar haciendo bolita con sus dedos el papel con el número sesenta.
- Buena suerte - Le deseó Mist con una sonrisa.
- No creo que necesite mucha - Dijo Boyd -, mira quién irá con él.
- El general Kieran - Dijo Link divertido.
En el extremo del puente vieron a Oscar reunirse con un caballero de armadura roja, pero algo en él era diferente: aunque llevaba la acostumbrada armadura roja, cargaba una espada en lugar de su habitual hacha, y saludó a Oscar con una seriedad casi estoica. Cuando el dúo de caballeros comenzó a andar por el puente, Link y compañía vieron que, en su extremo, aparecían otro par de guerreros, uno portando una lanza y vistiendo armadura verde y una banda gris en el cabello castaño; el otro de armadura roja y blandiendo su hacha.
- Esperen, ¿qué? - Dijo Boyd perplejo.
- ¡Kent! - Saludó el segundo caballero de armadura verde al primer guerrero de rojo, y colocándose en un extremo de la plataforma junto a él y frente a Oscar -. ¡Tú también viniste!
- Concéntrate ya, Sain - Le respondió el de rojo al tiempo que Kieran se paraba delante de él -, parece que hay muchos guerreros fuertes en esta competencia…
- ¡Tranquilo! - Dijo Sain -. Además, hay muchísimas chicas lindas en Hyrule, ¡tomaré esto como una oportunidad para conquistarlas a todas de una vez!
- ¿Ah, sí? ¡Pues dudo que puedas vencerme a mí, el Gran Kieran, para empezar! - Respondió el otro caballero rojo, mientras que la cuarta y última plataforma comenzaba a llenarse de peleadores -. Es más, ¡yo solo podría encargarme de los tres! ¡Vamos, Oscar, mostrémosles lo que los caballeros de Crimea saben hacer!
- … Pensé que tú solo lucharías contra los tres -Dijo Oscar contrariado -… Pero como quieras…
- Que sea una pelea limpia, caballeros - Dijo Kent seriamente, desenvainando su espada de madera.
- ¡Limpio va a quedar el suelo cuando te arrastre por él, pues… - Iba diciendo Kieran con orgullo, cerrando los ojos, poniendo brazos en jarras y alzando el pecho.
- ¡Comiencen! - Dijo Anna.
- … yo, el Gran Kieran, soy el tercero al mando de la guardia montada crimeana, lo que ya habla por sí solo de mis…
- Um… ¿Kieran? - Llamó Oscar.
- … grandiosas habilidades como guerrero, sin mencionar que soy bastante popular con las señoritas también, y… ¡Uf!
El canto de la espada de Kent se le hundió en las costillas a Kieran, quien casi cae de rodillas… ni siquiera tocó el suelo con ellas, pues su oponente de armadura roja giró sobre sí mismo y lo golpeó con la hoja, nuevamente en el torso, con tal fuerza que Kieran salió volando tres metros fuera de la plataforma.
- Eso fue un poco patético - Comentó Link desde la orilla.
- Eso fue un poco patético - Dijeron Elincia y su tío, el general Renning, desde la tribuna de honor.
- Eso fue realmente patético - Dijo el general Geoffrey entre los competidores que aguardaban su turno.
Oscar comenzó a vérselas negras contra el otro dúo de caballeros, que siendo amigos, decidieron hacer equipo contra él. Pasó por debajo del golpe horizontal de la espada de Kent, detuvo otro de Sain, y maniobró con la lanza para detener un embate simultáneo de ambos contrincantes, quedando atrapado entre los dos. Cuando Sain volvió a arremeter, Oscar lo esquivó por una nimia distancia, golpeando su lanza con la suya, desviándolo de forma que le estorbó a Kent, y entonces atacó: con el de rojo tratando de quitarse a su amigo de encima, Oscar pudo golpear a Sain unas tres veces, tirándolo al suelo, y deteniendo a Kent con un golpe al estómago, suficiente tiempo para rematar a Sain en el suelo con suficiente fuerza para que no pudiera levantarse por los siguientes veinte segundos, quedando fuera de combate a los diez por reglamento.
- ¡Así se hace! - Aplaudió Mist cuando las victorias de Oscar y Kent fueron declaradas.
- Eso fue muy patético - Dijo Oscar tendiéndole la lanza a un morado Kieran en el agua.
- ¡Ha finalizado la primera ronda! - Anunció Anna, animando al público -. ¡Atentos todos los peleadores a su llamado para las siguientes!
- ¡Sesenta y tres, uno, treinta y seis y sesenta y cuatro, a la arena uno! - Dijo un soldado hyruliano.
- ¡Es mi turno! - Dijo Link entusiasta, guardándose el número sesenta y tres en el cinturón.
- ¡Nuestro, dirás! - Dijo Boyd golpeándose la palma con el puño -. ¿Qué dices de hacer equipo para poder vernos en las finales!
- Suena bien - Dijo Link sonriendo, echando a andar a la arena sin voltear a verlo.
- ¡Suerte a los dos! - Gritaron Mist, Mia, Oscar y Zul, mientras Ilia, Rusl, Telma, Shad, Auru y Ashei animaban al dúo desde sus respectivas tribunas.
En la arena ya los esperaba ni más ni menos que un laguz, un tigre a juzgar por los enormes músculos que acompañaban a las orejas, rayas y cola de brillante color azul. Se presentó como Aidraug y entonces los tres aguardaron a la llegada del cuarto combatiente…
- … Ya está por llenarse la última arena, ¿dónde está? - Preguntó Link al ver que no se aparecía.
De pronto, en la única esquina libre de la plataforma apareció una sombra que se fue haciendo más grande, indicando que el cuarto peleador venía desde arriba… ¿un laguz?… Boyd y Link se dieron cuenta de que estaban en un error cuando, a contra luz por el sol, vieron que lo que pensaron que eran alas eran, en realidad, las faldas de una larga gabardina color café en conjunto con la larga bufanda marrón que siempre llevaba… Dos segundos más tarde, el enmascarado Volke estaba frente a ellos, sus ojos pequeños y fríos pasando de Link a Boyd, de Boyd a Aidraug y de regreso.
- Tiene que ser una broma - Dijo Boyd perplejo.
- Hasta va a pelear sin arma - Añadió Link con un tic en la mejilla.
- ¿Qué hacemos? - Inquirió Boyd volteando a ver al rubio.
- ¿Que qué hacemos? ¿Qué clase de pregunta es esa? - Respondió Link -. ¡Lo derrotamos!
- Pero… es que es Volke… - Señaló Boyd con timidez.
- ¿Y qué con eso? - Instó Link un poco frustrado. Boyd agachó la cabeza, se tocaba la punta de un índice con la del otro, y dijo:
- … Es bastante genial…
- ¡Concéntrate! - Dijo Link tomándolo por la camisa -. ¡Tú y yo somos más que suficientes para vencerlo! Atacamos juntos, y si tenemos suerte, Aidraug decidirá pelear de nuestro lado también…
- ¡Comiencen!
- ¡Ahora!
Aidraug rugió para adoptar su forma de tigre con enormes colmillos, pero Link y Boyd ignoraron ese hecho totalmente para abalanzarse sobre el asesino, quien no se movió y los miró fijamente con sus intimidantes ojos marrones. Cuando ambos jóvenes soltaron golpes verticales de sus armas, Volke saltó entre el pequeño espacio que quedó entre las dos, brazos y piernas perfectamente pegados al cuerpo, y extendiendo estas últimas a los lados en una doble patada cuando tuvo el espacio: sus pies dieron simultáneamente en los rostros de los jóvenes, quienes se tambalearon en dos orillas de la plataforma a punto de caer. El asesino no tuvo tiempo de rematar a ninguno de los dos, pues para suerte de ambos, Aidraug decidió tomar el bando de los jóvenes… una muy mala decisión, pues Volke se agachó un poco cuando el enorme triare se lanzó sobre él, lo detuvo sobre su cabeza con las manos, lo empujó hacia arriba y lo lanzó aún más alto con una patada recta hacia arriba… Aidraug apenas había ascendido unos cinco metros por el golpe cuando Volke ya lo esperaba a los diez, rematándole con una patada descendente con el talón que le envió directo al agua, en un combo que hubiera hecho sentir celos a Sheik.
- … De acuerdo, es genial - Dijo Link cuando él y Boyd ya se habían repuesto y estaban seguros a buena distancia del borde -. ¡Pero podemos ganarle, hay que ser más estratégicos!
- El tigre ya perdió, así que es Volke o uno de nosotros dos - Señaló Boyd, enseriándose.
- Lo sé… Sólo hay que evitar perderlo de vista - Dijo Link -… ¿A dónde se fue, por cierto?
Súbitamente, Volke ya no estaba por ningún lado de la plataforma, ninguno de los dos podía verlo a él o algún rastro de su ubicación… Fue Ilia la que los salvó de perder la pelea:
- ¡Arriba! - Gritó desde las tribunas.
Boyd apenas alcanzó a interponer su hacha para detener la patada descendente con el talón que le lanzó el asesino desde el aire… y sintió su arma partirse en dos en el proceso. Volke aterrizó limpiamente y tiró dos patadas curvas hacia la cara de Link, quien las detuvo con precisión usando su espada, que también se rompió hasta que los pedazos quedaron sujetos el uno al otro por un par de astillas.
- … Bien, esto ya es ridículo - Dijo Link alzando su arma rota a la altura de su rostro, incrédulo.
- ¿Cómo diablos lo hizo? - Dijo Boyd cayendo de rodillas y apretando los puños, más escandalizado que su compañero.
- El premio será mío - Declaró Volke con su tono serio, sus ojos helados asomados sobre la máscara y debajo del pelo -. Ríndanse.
- Tú ríndete - Dijo Boyd dándose aires de grandeza, cerrando los ojos con una sonrisa arrogante y señalándose con el pulgar -. Aunque no tengamos armas tenemos habilidad y fuerza más que suficiente para derrotarte, y…
- ¡Boyd, algo de ayuda! ¿Quieres?
Cuando Boyd se dio cuenta de lo que pasaba, Link ya se batía con Volke en un duelo a mano limpia, deteniendo otra patada descendente con sus antebrazos cruzados sobre su cabeza, dejando su torso libre para que Volke le metiera una patada recta con giro en el estómago, haciéndolo retroceder. Entonces Boyd se fue sobre el asesino con los puños, pero era demasiado rápido y lo esquivó agachándose, de paso propinándole una muy fea patada recta a la quijada que lo mandó de espaldas al piso.
- ¡Concéntrate! - Gritó Titania desde las tribunas junto a Ilia, alzando el puño con enojo ante la distracción de su pupilo.
- ¡Eso intento! - Se quejó Boyd, pero no pudo decir más, pues Volke le arrojó a Link encima.
- ¡Uno… dos… tres…! - Comenzó el conteo el soldado que fungía como juez.
- ¡A este paso nos va a ganar a los dos, Boyd! - Se quejó Link al ponerse de pie y ayudar a su compañero a lo propio.
- ¡No tienes que decírmelo a mí! - Replicó el otro cruzándose de brazos al quedar de pie.
- ¡A lo suyo, los dos! - Gritaron al unísono, entre otros, todos los miembros de La Resistencia y de los Mercenarios Greil, haciendo que el dúo se cuadrara y concentrara.
- ¡Vamos por él, Boyd! ¡No es tan genial como cree! - Dijo Link cerrando los puños.
- ¡Me desconcierta que seas tan animado pero sí, hagámoslo! - Respondió el otro.
Corrieron hacia Volke cada uno por un lado para atacarlo simultáneamente: Boyd intentó embestirlo pero Volke solamente saltó, momento que Link aprovechó para imitarlo y jalarlo de nuevo a tierra al no poder alcanzar la misma elevación que él. A Volke le sorprendió, pero aún tuvo suficiente tiempo de recobrar el balance y aterrizar seguramente con las manos, alejándose de Boyd que ya lo esperaba con puños arriba, para luego rebotar de regreso hacia él con un giro en el aire, uno en el suelo, y concluyendo con un puñetazo a las costillas… que Boyd no resintió…
- Lo siento, si tuvieras algo más de músculo…
Boyd entonces abrazó con fuerza a Volke para evitar que escapara, y entonces apareció Link para soltarle una fuerte patada a la cabeza. Boyd lo liberó y, al unísono con Link, le dieron un puñetazo en el estómago: la fuerza combinada de ambos hizo que Volke se tambaleara caminando de espaldas hasta la orilla, donde cayó inconsciente hacia atrás, al lago.
- ¡Tenemos ganadores en la arena uno! - Anunció el juez.
Los mercenarios y los compañeros de Link celebraron con aplausos y vítores, e incluso las reinas Zelda y Elincia les dedicaron aplausos. Cuando Link se asomó sobre el borde de la arena hacia el lago, vio que, misteriosamente, Volke ya no estaba.
- … Hm… Se ha ido, de alguna forma - Dijo Link curioso, y entonces volteó a felicitar a su amigo -. ¡Oye, Boyd, excelente…! ¿Boyd?
Boyd seguía de pie en la arena con la misma posición de impulso con que había acabado de lanzar el puñetazo final… Pero su rostro estaba tenso y le salían pequeñas lágrimas de los ojos.
- … ¿Boyd?
- … Me… dolió…
Cayó al piso sobándose la costilla donde Volke le había golpeado,forzando a Link a levantarlo y sacarlo de la arena casi a rastras bajo la premisa de que tenían que buscarse un arma nueva con los vendedores de Malo Mart. Esperaron el tiempo de felicitaciones y de anuncios de nuevas peleas para que Boyd se recuperara.
- ¡Números sesenta y dos, , cuarenta y siete, diez y veintiuno, a la arena número uno!
- Esa soy yo, amigos - Anunció Mist animada, totalmente ajena al hecho de que Boyd señalaba, nervioso, a los otros competidores: el galante, formal y poderoso general Geoffrey de Crimea, un peleador goron, y un laguz halcón.
- ¡Veintidós, veintinueve, sesenta y uno, y cuarenta y cuatro, a la arena dos!
- ¡Sí, esa soy yo! - Dijo Mia emocionada, prácticamente corriendo a la plataforma incluso antes que Mist, pasando de largo a Geoffrey y colocándose en la arena número dos de inmediato. Caminando con una calma que resultaba tan intimidante como sus aspectos y miradas, aparecieron juntos sus tres oponentes… y vaya que eran muy similares a Mia, pero sobre todo, casi idénticos entre sí.
Se trataba de dos jóvenes mujeres, como de la edad de Mia, y un hombre algo más grande, los tres espadachines, los tres con largas ropas como Mia, y los tres con largas cabelleras lacias, que contrario a las de la mercenaria, eran las tres de profundo color negro.
La primera mujer era quizá la única que tenía un dejo de amabilidad en el pálido y delicado rostro, aunque la mirada color gris seguía siendo muy seria. Vestía largas ropas blancas con bordes grises y abiertas de los lados, dejando ver las piernas con botas de cuero. El cuello alto, los bordes de las amplísimas mangas y la larga cinta amarrada en un moño en la espalda, eran de un azul eléctrico, haciéndola ver elegante con su katana de madera idéntica a la de Mia.
La segunda mujer tenía su impresionante cabellera larga hasta las rodillas, enmarcando su figura envuelta en un vestido de pelea azul, también abierto de las piernas, con botas y guantes sin dedo a juego. Resaltaban en esas tonalidades azules las dos hombreras blancas con bordes dorados, el proyectos blanco en el antebrazo izquierdo como solía usar Ashei, y la funda del sable de madera ceñida a la cintura por un cinturón de cuero café. Esta mujer tenía una mirada mucho más agresiva que la de su compañera.
Pero quien despedía una horrenda aura fría y asesina era el hombre que las acompañaba, que debía estar rondando los treinta años de edad. Su cabellera era la más corta del trío, llegando a mitad de su espalda, pero igual de oscura, ensombreciendo gran parte de su rostro afilado y resaltando de sobremanera con su vestimenta, una larga y elegante túnica de rojo intenso, abierta de los lados, con manga media, y fino bordado en éstas últimas y en el cuello alto. Debajo llevaba una camisa de manga larga color rojo sangre, pantalones negros y botas cafés. Del lado izquierdo de su cintura se asomaban dos vainas: una ordinaria de la espada corta de madera que seguía guardada, y otra, negra con incrustaciones de oro, donde iría almacenada la espada curva que blandía con la mano derecha. Cuando se dio cuenta de que Mia observaba sus posesiones, los helados ojos negros del hombre se asomaron entre sus matas.
- … Hola… Soy Mia - Saludó ella totalmente intimidada ante la frialdad de todos sus oponentes.
Nada más habló la joven mercenaria y los tres le pusieron unas miradas asesinas encima, haciéndola sentir pequeña y asustada frente a ellos. El hombre miró a su derecha hacia la primera mujer, quien devolvió la mirada y asintió silenciosamente. Sucedió lo mismo con la otra, quien después de asentir, además, alzó se puso en guardia con el sable frente a sí y sonrió maliciosamente.
- … Eso no es justo - Dijo Mia lamentándose y desenvainando su katana de madera, lista a enfrentarse a los otros tres mientras la última plataforma se llenaba de peleadores -… Son tan iguales ustedes tres que da miedo…
- ¡Comiencen! - Gritó Anna, y le complementaron los innumerables vítores.
La plataforma de Mia parecía invadida por cuatro borrones de colores, momento en que Link y Boyd aprovecharon para meterse en la multitud de peleadores y buscar a un vendedor de Malo Mart, a quien ubicaron gracias a una bandera roja cuyo portado no podía distinguirse, pero que sí podía verse que se movía entre el mar de gente.
- ¡Oye! - Llamó Boyd con algo de urgencia, comenzando a sacar rupias del saquito que traía en su bolsillo; el vendedor seguía andando, por lo que el dúo comenzó a abrirse paso por la gente para alcanzarlo.
Empujaron a un trío de guerreros zorras que charlaban sobre el torneo, quitaron del medio a un grupo de musculosos guerreros decepcionados por sus derrotas… y finalmente, tras un mar de armaduras, dieron con el portador de la bandera…
- ¡… Carajo, Link, es un niño jugando, hay que hallar al verdadero vende…!
- ¡Malo! - Saludó Link al pequeño niño, casi bebé, que portaba la bandera de Malo Mart con una vara atada a su cintura y que ascendía varios metros sobre su cabeza para ser visible en la multitud. Boyd, ante la reacción de Link, quedó totalmente confundido -. ¡Rápido, necesitamos armas nuevas!
- ¿Tan incompetentes que ya se las deshicieron? - Dijo Malo con su extraña voz grave -. Está bien, ¿qué clase de armas quieren?
- Es un bebé - Balbuceó Boyd absolutamente desconcertado.
- Una espada y un hacha - Dijo Link.
- Y ni por favor dices - Comentó Malo por lo bajo, y entonces tronó sus pequeños dedos de bebé.
De la nada salió Malver con su escandalosa vestimenta de colores, el megáfono girando en su cabeza reproduciendo el tema de Malo Mart, también cargando una bandera de la tienda en su espalda, junto con una cantidad ridícula de sacos con un montón igualmente ridículo de espadas, hachas y lanzas de diversos materiales, formas, tamaños y acabados.
- Es un bebé - Seguía diciendo Boyd.
- Tendrán que ser más específicos - Dijo Malo de brazos cruzados.
- ¡Roble! - Dijo Link -. ¡Es duro!
- Y caro - Dijo Malo secamente al tiempo que Malver mostraba una espada de sólida madera y buena longitud -. Tu espadita te va a salir en cinco mil rupias, si la quieres…
- ¿Pues qué, estás loco? - Dijo Link casi yéndose de espaldas -. ¡No tengo tanto dinero!
- Es un bebé…
- Por supuesto que no, si te la pasas de vago - Espetó Malo al hyruliano.
- ¡Dámela más barata! - Dijo Link casi a modo de súplica.
- No lo creo… Se llama costo-beneficio, Link - Se defendió el niño -. Es tan cara porque difícilmente se va a romper y garantiza prácticamente que puedes ganar con uno o dos golpes, de tan dura que es… Y sigue siendo madera, así que no rompe las reglas…
- ¡Por favor! ¿No puedes fiármela? - Dijo Link inclinándose para mirar de cerca a Malo, juntando sus manos como en súplica.
- ¿Tengo cara de beneficencia? - Dijo el niño sin tocarse el corazón -. Si quieres pagar poco, compra una de pino, pues…
No fue ni pino ni roble, pero Link y Boyd pudieron cerrar el trato con Malo rápidamente, aunque no llegaron a tiempo para ver como Mia salía disparada de la plataforma para ir a aterrizar de cabeza sobre el bote de Hena, destrozándolo y hundiéndose, siendo salvada por la pescadora a pesar de su desprecio. Lo que sí vieron fue al enorme halcón que, engañado por su propio tamaño superior, terminó por romperse una garra en su intento de cargar al goron, más pequeño pero muchísimo más pesado, hacia el agua. Ahora él estaba metido en un intenso duelo de tres partes, sin alianzas, frente a la líder de los legendarios Mercenarios Greil y el segundo al mando de los poderosos guardias montados de Crimea, un duelo que tenía a la audiencia totalmente loca de emoción, causando una emoción tal que varios peleadores en la arena tres se distrajeron, permitiendo a Dangoro dar unos pasos y empujarlos fuera de la plataforma.
Cuando Mist y Geoffrey no estaban forcejeando en un furioso choque de armas, tenían que separarse para evitar al goron rodante que intentaba embestirlos a gran velocidad y sacarlos de la plataforma, momento en que los dos héroes crimeanos aprovechaban para volver a atacarse, tratar de dañar a su atacante, o tratar de dejar a los otros dos atrapados en pelea. Mist se arriesgó para poder explotar la debilidad del goron: se paró justo en la orilla de la plataforma y aguardó a que él rodara hacia ella… Estando tan cerca de la orilla y viendo que la muchacha no huía, el goron tuvo que frenar derrapando y abandonar su posición de rosca para poder frenar, virando hacia un lado que, para suerte de Mist, fue el opuesto al que ella decidió moverse de último momento. Finalmente le propinó un golpe en la nuca para empujarlo por el borde, y conseguir la victoria para ella y para Geoffrey.
- Nunca pensé que lo diría, debo admitirlo - Empezó a decir Boyd con una sonrisa de orgullo en los ojos -, pero si ella también pasa a las finales, estaremos en problemas…
La reina Elincia manifestó abiertamente su admiración por ambos guerreros de esa pelea, los dos héroes crimeanos. Pronto, el torneo hasta pareció convertirse en una competencia entre los gobernantes de cada país, para ver cuántos guerreros de su nación avanzaban a la siguiente ronda sucesivamente. Conforme se eliminaban competidores en la primera ronda, se iban sorteando los duelos de uno contra uno de la segunda, para reducir el número de contendientes de treinta y dos a dieciséis, y de ahí, a los ocho finalistas. Después de ver a Mia perder, el grupo tuvo que lidiar con que Zul tampoco quedó entre los dieciséis mejores, eliminado también por Dangoro. Oscar, en cambio, sí pasó a la última fase eliminatoria, donde fue abrumadamente derrotado por el mismo hombre de rojo con quien Mia había intentado lidiar en la primera fase. Y por enésima vez, Boyd derrotó humillantemente al rey Bulblin.
Así fue, entonces, que los organizadores pudieron sortear las peleas de los ocho finalistas, con Anna anunciando los resultados a todo el público que, tras una hora de descanso después de la larga jornada de peleas, ya se hallaba frenético y listo para más desde los asientos.
- ¡Damas y caballeros! - Dijo Anna, incitando una ola de gritos de emoción -. ¡Ya ustedes presenciaron las victorias de los ocho finalistas del torneo! ¿Están listos para conocer quién peleará contra quién en las finales?
La aprobación unánime se hizo notar con aplausos y vítores, acompañados de una nueva lluvia de fuegos artificiales. Era de notarse que, después de la larga jornada eliminatoria, el ocaso ya no tardaría en llegar, y de alguna forma le emocionó a Link el prospecto de pelear las finales con ese ambiente.
- ¡Anunciaremos ahora cómo se sortearon los próximos duelos, los duelos de cuartos de final!
Anna tuvo que aguardar a que los gritos se amainaran de nuevo, antes de leer y declarar quiénes competirían en la primera pelea.
- ¡Boyd de Crimea, contra Alfonzo de Hyrule!
Link pudo ver las miradas de amistosa competencia que se lanzaban las reinas de ambos países… no fue precisamente así por parte del soldado hyruliano que Link conocía solamente de vista: era un hombre todavía más alto y musculoso que Boyd, pero de mirada poco amable, más bien hosca, en un rostro de quijada cuadrada y facciones rectas, con una cicatriz reciente en el pómulo izquierdo. No llevaba nada de armadura, sólo llevaba un uniforme de entrenamiento color vino con las mangas de la camisa arremangadas, botas de cuero, y una pañoleta roja cubriéndole la cabeza calva, asomándose debajo las orejas puntiagudas. Boyd devolvió el gesto poco amistoso con una sonrisa nerviosa y una mirada de rechazo.
- ¡Nabarl de Daein, contra Link, de Hyrule!
Los buenos gestos de Micaiah y Sothe fueron totalmente ahogados por la multitud que, con lógica razón de ser los locales, era constituida en su mayoría por hyrulianos, buena parte de los que conocía a Link ya como algo más que un mero competidor de su país en el torneo. Se sonrojó tanto, y estaba tan preocupado por no parecer arrogante, que no percibió la mirada fría de Nabarl, el espadachín de helada expresión que se había deshecho de Mia y Oscar con suma facilidad.
- ¡Mist de Crimea, contra Gor Maroto de la Montaña de la Muerte en Hyrule!
La esbelta y no muy alta Mist se dio cuenta de que estaba de pie junto a su contrincante, un peleador goron que, contra toda apariencia tosca, le brindó una sonrisa amable y una inclinación… inclinación con la que apenas llegaba al tamaño de la joven espadachina.
- ¡El último duelo será entre Kyza de Gallia, contra Tanith de Begnion!
Todo vítor o aplauso fue ahogado por una porra formada de auténticos rugidos, maullidos, y hasta aullidos y cantos de ave, pues los lagos de toda raza presente apoyaban a quien era el único representante de su clase, un tigre blanco. Tanith, habiendo sido su colega en varias batallas, lo saludó con sumo respeto, gesto que él respondió.
- Boyd… - Llamó Link, pero el otro no lo dejó hablar.
- No vayas a perder, Link - Respondió con una sonrisa y mirada de emoción -. Si superamos esta ronda, finalmente podremos pelear.
Los ojos de ambos estaban fijos en el tablero donde los soldados hyrulianos colocaban las tablas con los nombres de cada participante… Link y Boyd miraron directamente a la etapa del esquema de torneos en que los dos coincidirían como adversarios si superaban a Alfonzo y Nabarl.
- Y quien gane de nosotros dos, podría ir contra Mist… - Comentó Link, mirando hacia su derecha con Boyd imitándole.
Mist notó sus miradas y volteó, sonrió, y saludó alegremente con la mano. Pero tras haberla visto sobrevivir a Geoffrey, derrotar a un goron, pasarle por encima a una de las amigas espadachines de Nabarl y derrotar a un hechicero antes de que pudiera cantar cualquier cosa, Link y Boyd se sintieron algo intimidados y no pudieron hacer más que decir al unísono:
- … Mejor no nos preocupemos por eso ahora…
- ¡Todos los duelos se llevarán a cabo en la arena número uno! - Declaró Anna -. ¡Pido a los combatientes del primer duelo que pasen adelante, por favor!
Ambos combatientes dejaron en claro que traían porra: los Mercenarios Greil, la Resistencia y sus aliados hicieron oír sus voces en apoyo a un Boyd que cerró el puño y lo alzó, mostrando su bíceps al público, luciendo su fuerza… en tanto, un grupo de soldados hyrulianos aplaudió a Alfonzo cuando éste cargó con sus dos manos el espadón a dos manos y de gigantesca hoja, sobre su cabeza… Boyd se hubiera sentido absolutamente patético de no ser porque Mist había aparecido para plantarle un beso de buena suerte en los labios y despedirlo con una sonrisa.
- Anda ya, ternurita, a pelear - Dijo Alfonzo al pasar cerca de Boyd y darle un leve empujón con el hombro. Boyd le devolvió la sonrisa a Mist y se encaminó detrás de Alfonzo hacia la plataforma.
- ¡Las reglas sobre equipo, armas y condiciones de victoria son las mismas; el único cambio es que no hay límite de tiempo para los combates! - Reiteró Anna, y al ver el gigantesco pedazo de madera que cargaba Alfonzo, añadió: -. ¡Recordamos a todos los competidores que el uso letal de la fuerza queda prohibido y será sancionado por las autoridades de Hyrule!
- Mi victoria aquí será mi pase a una capitanía del ejército hyruliano - Declaró Alfonzo -, así que prepárate a perder.
- Mira, tengo una cita muy importante en la semifinal, así que siento que deba retirarte del camino - Dijo Boyd sin intimidarse, animado por los gritos de ánimo de sus compañeros y hermanos desde la tribuna.
- ¡Comiencen!
Alfonzo atacó primero con un impresionante y engañosamente veloz saltó para caer con un fortísimo mandoble, obligando a Boyd a hacerse a un lado. Y era engañosamente veloz porque, a pesar de cargar con tanta madera y tanto músculo, atacó de inmediato hacia la posición a la que había huido Boyd, obligándolo a defenderse: su arma no estaba hecha para atacar de cerca con tanta velocidad.
- No voy a perder, muchacho - Reafirmó Alfonzo -. Por si no lo sabías, soy el guardia personal de la alcaldesa Aroma.
- … Alcaldesa ¿quién? - Dijo Boyd confundido.
- … La alcaldesa de Kobitan…
- … ¿De dónde?
- ¡La región nevada al norte de Hyrule, tonto! - Dijo Alfonzo frustrado.
- ¡Ah, ya! - Boyd se rascó la nuca -… Es que nunca visitamos esa zona del país…
- Pues ahora conocerás algo de ella - Dijo Alfonzo reafirmando su empuñadura -, ¡el poder de sus soldados!
Aprovechando que ya tenía mayor distancia, Boyd se preparó para defender y contraatacar, sin éxito: su embate fue desviado con un fuerte golpe de su adversario, empujándolo a la defensiva una vez más: atacaba Alfonzo tan rápido que en vez de poder saltar y crear distancia entre los dos, el crimeano tenía que defender de cerca, con su hacha.
- ¿Es todo lo que sabes hacer, crimeano? - Se burló Alfonzo -, así las victorias ni saben… y decían que en Crimea había guerreros fuertes.
- ¿Ah, sí? - Dijo Boyd apretando la quijada, habiendo sido tocado en el orgullo, manteniendo la calma y mezclándola con un aire de bravuconearía sutil -. ¿Y sabes tú por qué no voy a perder? ¡Porque a mí me dicen El Coloso de los Mercenarios Greil!
- Nadie lo llama así, en realidad - Comentó Mist discretamente desde la isla de combatientes.
Pero demostró que podía tratarse de un buen apodo cuando, en un arriesgado ataque, corrió hacia Alfonzo, esquivó un ataque vertical de su espadón por un par de centímetros, y realizó un movimiento muy complicado en la corta distancia para pegarle en las costillas con el extremo opuesto del hacha, lastimándolo y dándole tiempo para echar su cuerpo hacia atrás, girar sobre sí, y darle de nuevo en las costillas con el hacha… Llevaba tanta inercia que al girar, Alfonzo quedó ensartado y también fue levantado y empujado en remolino por el movimiento, hasta salir volando y aterrizar en la arena número dos. Fue tal la impresión que la audiencia tardó en reaccionar y brindar un bien merecido aplauso a Boyd, distrayéndose tanto que nadie notó que Alfonzo, apenas consciente, fue retirado en camilla tras anunciar que no corría peligro su vida.
- ¡Muy bien, Boyd! - Gritaron varios de los Mercenarios Greil desde sus asientos.
- ¿Quién diablos cree que soy? - Dijo Boyd a modo de queja de quien fue su contrincante, con Mist dándole unas palmaditas en el brazo para calmarlo, a lo que el mercenario continuó: -. Ya hice mi parte, Link, no vayas a dejar que te hagan pedazos.
Link sonrió sin decir nada, tomándolo como broma, pero se enserió al percibir la mirada de Nabarl que, al menos, era comparable en frialdad a la de Volke. Nabarl le miraba recargado sobre la ladera con los brazos cruzados, sus ojos de navaja asomándose entre sus largas matas negras. Tras mirar a Link unos instantes, llamó con voz grave y neutral a las mujeres que le habían acompañado en la pelea eliminatoria contra Mia.
- … No es un oponente ordinario en lo absoluto - Declaró, enderezándose y listo para encaminarse a la pelea -. Observen muy bien cómo lo hago, Karla, Ira…
Link fue distraído por el hecho de que, de nueva cuenta, el público le dedicó un muy especial aplauso. Pudo vislumbrar a Zelda aplaudirle con más ímpetu del acostumbrado en el resto de las peleas, y gente como Colin e Ilia le aplaudían de pie y gritando. Así pues, Link se dirigió primero a la plataforma cuando Anna les llamó, con Nabarl siguiéndole con calma, sin prisa alguna.
- Soy Nabarl, un mercenario de Daein - Dijo el frío espadachín -. Veo que tienes buena reputación aquí… Has honor a tu nombre, Link.
- Un gusto pelear con usted - Dijo Link un poco desconcertado, pero luego agradecido por la señal de respeto y respondiendo de la misma forma.
- ¡Comiencen!
Y Link comprobó que ese hombre era más rápido que Volke, lo que ya lo convertía en algo por encima de lo letal: Nabarl desapareció dejando un espejismo de sí, y luego otro, y luego otro más por cada sitio donde se detenía el tiempo suficiente para que esas ilusiones fueran visibles, pues de otra forma el espadachín daba la impresión de ser totalmente invisible. Cuando Link se dio cuenta, era demasiado tarde para tratar de decidir cuál de los espejismos que le rodeaban y se le acercaban, era el verdadero Nabarl… De pronto sintió un golpe al hígado y cayó de rodillas.
- Eres sorprendentemente lento - Dijo Nabarl -. Te recomiendo que pelees ya en vez de tratar de estudiar mis movimientos, no te dejaré en pie el tiempo suficiente para que lo hagas.
- Descuida, ya no será necesario - Dijo Link limpiándose el chorrito de sangre que le había escurrido de la boca, y luego dijo para sí: -… De hecho, ganar será bastante fácil.
Nabarl volvió a correr, de pronto desapareció y dejó otro espejismo. Link escuchó pasos a su derecha, pero nada más alcanzó a voltear para ver la ilusión. Cuando volvió a percibir a Nabarl corriendo hacia él, ya había otros tres espejismos volando por diferentes lados, lo que Link tomó como señal para cerrar sus ojos y concentrarse en la presencia de su adversario... Y se vio sorprendido al notar la presencia de Nabarl en varios lados a la vez…
"No… es tan rápido que parece estar en todos lados, pero solamente puede estar en un lado a la vez…"
Y se enfocó en ese hecho… Escuchó los pasos de Nabarl más cerca, pero no perdió la concentración, hasta que al sentirlo peligrosamente próximo, puso toda su atención en el último punto en que percibió su presencia, cruzó el brazo de la espada sobre el hombro derecho y tomó la empuñadura con ambas manos, reunió su fuerza…
- ¡Ack!
Link ascendió en perfecta línea vertical girando sobre sí mismo con la inercia del mandoble horizontal que lanzó, impactando a Nabarl en el estómago y arrastrándolo consigo todo el camino hacia arriba, enviándolo a caer al agua y terminando con el combate tan abruptamente como había hecho Boyd. Una vez que Anna anunció su victoria, Link se dirigió a la orilla de la arena para tenderle la mano al fiero espadachín de Daein, quien aceptó la ayuda y trepó por el borde de la plataforma, incitando a más aplausos y vítores dirigidos al héroe hyruliano, con la reina Zelda notoriamente de pie, y los niños de Ordon gritando porras sin ningún tapujo. Ilia le sonreía orgullosa, y él saludó sacudiendo la mano y devolviendo las sonrisas.
- Nada mal, pero a mí ni siquiera me tocaron - Dijo Boyd de brazos cruzados con tono presumido.
- No, si te hubieran golpeado no hubieras podido soportarlo - Soltó Link como respuesta con tono sarcástico, encendiendo lo que casi parecía ser fuego en los ojos de ambos rivales.
- ¡No peleen, es mi turno! - Reclamó Mist haciendo estiramientos cuando Anna la llamó a ella y a Gor Maroto, que debía medir casi el triple que ella y pesar unas veinte veces más. De nuevo, a pesar de su aspecto tosco y extremadamente fuerte, sonrió a Mist y caminó lado a lado con ella hacia la arena, donde se colocaron frente a frente y asumieron posiciones de pelea. Boyd tragó saliva con trabajo justo en el momento que Anna declaró el inicio del combate, y se sobresaltó notoriamente cuando Gor Maroto hundió sus puños en la plataforma dos milésimas de segundo después de que Mist se quitara de ahí con un salto, que en realidad era el inicio de su versión de la Espada Etérea: no arrojó la espada para que por sí sola golpeara al enemigo, sino que saltó directamente con ella en la mano, y comenzó su descenso en perfecta línea vertical.
La fuerza era tremenda, pero el goron salió mejor librado del impacto: aunque cayó de espaldas a pesar de haber detenido el golpe con sus antebrazos, logró que la espada de Mist se deshiciera en mil astillas, dejando a la muchacha desarmada apenas comenzando la pelea. Notando ella el predicamento en el que estaba, y la ventaja que su oponente había adquirido, de inmediato creó una larga distancia entre los dos con un salto hacia atrás, para respirar y pensar en una estrategia.
- Obviamente no iba a poder ganarle a palos - Dijo Boyd llevándose la palma de la mano al rostro -. Confió en ser más rápida que él y ganarle con un solo golpe a la cara…
- Pues no conozco más formas de ganarle a un goron que con fuerza bruta - Dijo Link con brazos cruzados, acariciándose la barbilla -. La propia o la de ellos mismos…
- Pues así ganó contra otro goron en las eliminatorias - Dijo Boyd -. Esperemos que la misma estrategia le sirva…
Gor Maroto se enroscó en el piso y rodó con una velocidad violenta hacia la joven mercenaria, quien se tiró hacia un lado para evadirlo, aunque le llovieron algunas piedras que levantó su contrincante a su paso, destrozando parte de la plataforma. El goron entonces se detuvo peligrosamente cerca de la orilla y viró en un brusco ángulo para seguir atacando a Mist, quien no podía hacer más que evadirlo y llevarse golpes y rasguños de los trozos de piedra y loza que salían disparados en su dirección.
"Debo pensar en algo…".
Boyd se tensó más cuando Gor Maroto pasó rozando a Mist, empujándola con un poco de fuerza y enviándola de espaldas al suelo, quedando la mirada de la muchacha fija en la orilla. Y entonces tuvo una idea… En cuanto tuvo suficiente distancia entre ella y su oponente, echó a correr hacia la orilla, donde se detuvo para atraer al enemigo.
- Dudo que la misma estrategia le funcione dos veces, aún si los oponentes son diferentes - Comentaba Oscar desde la tribuna.
- Seguro se le ocurrirá algo nuevo - Reafirmó Titania su confianza.
Pero parecía que Oscar tenía la razón, pues Mist volvió a apostar por esquivar a su oponente al último momento antes de ser arrollada, con la esperanza de sacarle de balance, pero la diferencia era que Gor Maroto tenía suficiente pericia para virar en ángulos peligrosos a una velocidad sorprendente, al contrario del otro goron que Mist había derrotado, que tuvo que pararse en seco para poder atacar de nuevo sin pasarse de largo y caer por el borde de la arena. Con un salto, Mist aterrizó en otro de los extremos de la plataforma, donde Gor Maroto no tardó en ubicarle y atacarle de la misma forma, aunque el patrón se repitió un par de veces más.
Volvió Mist a aterrizar en otro de los extremos de la plataforma, y aguardó, jadeando, a que su oponente la localizara y se lanzara hacia ella. Aún rodando tan violentamente en su lugar, Mist pudo escuchar la voz del goron hablándole: "Es mejor que te rindas si no puedes pensar en algo mejor para vencerme".
Salió disparado hacia ella todavía mucho más rápido que en ocasiones anteriores, pero Mist aguardó… Cinco metros, tres, dos, uno… centímetros… Mist no se movió y ya era muy tarde para saltar hacia cualquier lado. Pero la líder de los Mercenarios Greil no saltó ni a la izquierda ni a la derecha, sino hacia atrás, fuera de la plataforma y hacia arriba: con el sol que descendía, se vio la figura de Mist arqueando la espalda hacia atrás y los brazos echados sobre la cabeza, en un agraciado salto que solamente podía acabar de una manera: con ella en el agua.
Pero Gor Maroto había sufrido las consecuencias: cayó en la trampa y frenó estrepitosamente, deshaciendo buena parte del borde de la arena y viéndose obligado a desenroscarse para poder detenerse con las manos y no caer al agua. De pronto miró hacia arriba y vio a la joven muchacha caer agraciadamente y aterrizar justo en el pie a mitad de su cara, apoyándose en ella para volver a la plataforma mientras él, del dolor, se soltaba y caía escandalosamente al agua, instando a Anna a anunciar su victoria inmediatamente, causando que los Mercenarios Greil hicieran un escándalo desde la tribuna y que la reina Elincia le dedicara un aplauso de pie. Mist dio las gracias, pero se preocupó cuando no vio a Gor Maroto salir del agua, empinándose sobre el borde de la plataforma tratando de encontrarlo en las aguas cristalinas del lago.
- ¿Lo maté? - Dijo, su quijada temblando.
- No, es que no pueden nadar -Dijo Link amablemente con los brazos en la nuca, acompañando a Boyd para felicitarla en la plataforma -, pero pueden respirar bajo el agua, sólo es cosa de que encuentre por dónde trepar…
- ¡Dado que la arena uno ha quedado dañada, los combates subsecuentes se realizarán en la arena número dos! - Anunció Anna -. ¡Que pasen adelante Kyza y Tanith!
Dado que había que reemplazar la katana de Mist, el trío no puso demasiada atención en el cuarto combate, aunque sabían que por lo menos uno de los contendientes daría de qué hablar: después de todo, Tanith era capitana de las guerreras pegaso de Begnion y, con pocas horas de preparación, había sostenido una excelente defensa en la última batalla de la capital, quedando en pie de principio a fin del mismo.
Se escuchó el fiero rugido de Kyza, y aunque Link estaba negociando precios con Malo, supieron perfectamente que el combate acababa de comenzar, y los constantes gritos de emoción y vítores fueron indicador de que ninguno de los dos guerreros había esperado para medir al oponente: se habían lanzado con todo desde el principio, lo que hizo al trío recapacitar un poco sobre su decisión de tomárselo con calma y no observar el combate, ya que después de todo, quien ganara sería oponente de Mist en las semifinales.
Cuando pudieron abrirse paso de nuevo entre la marea de gente, lo primero que vieron fue a Tanith forcejeando con ambas manos contra Kyza, quien tenía atrapada la espada de la guerrera entre sus poderosas fauces; ella se lo quitó de encima con un puntapié a las costillas, no sin antes llevarse un arañazo al muslo, el cual le causó suficiente dolor como para hacerla caer sobre una rodilla. Sin embargo, su patada no había hecho gran daño a Kyza, quien se recuperó de inmediato y la embistió, dejándola rápidamente fuera de la plataforma.
- Bueno, esa es una sorpresa - Comentó Boyd con tono algo arrogante -, apenas pasó a esta etapa y le ganó a una de las mejores en el torneo…
Pero esa actitud se desvaneció totalmente cuando cayó en cuenta de que ya venía la ronda semifinal, la ronda que había anticipado desde el momento que se inscribió al torneo. Anna lo declaró con su voz animada y potente, encendiendo a la audiencia todavía más, como una llamarada de gritos en la yerba, al borde del lago y bajo el ocaso que comenzaba a teñir de dorado el agua cristalina de Hylia.
- ¡Este ha sido un emocionante torneo! ¡Todos los peleadores han demostrado por qué han llegado tan lejos en un espectáculo de impresionantes habilidades, y así han llegado hasta la semifinal!
- Creo que ha llegado la hora - Dijo Link con el crepúsculo brillando en los ojos azules del lobo. Boyd se paró a un lado de él, frente al muelle que conducía a las plataformas, los dos con los ojos fijos en la arena número dos.
- Parece que sí - Dijo el mercenario sonriendo, sin voltear a ver a su compañero -. Y vaya escena tan dramática, con el crepúsculo y todo…
- Es extraño - Señaló Link -, los crepúsculos parecen tener un significado especial para mí…
- Creo que estoy por darte una razón más para creer eso - Dijo Boyd -, y estando allí, dejamos de ser amigos y somos guerreros, ¿de acuerdo?
- Opino otra cosa - Declaró Link, volteando finalmente a verlo -. Nos encontramos como guerreros, es el respeto que nos debemos como amigos.
Los dos se sonrieron y volvieron a mirar la plataforma de su destino, mientras Mist, detrás de ellos, les sonreía también y les deseaba suerte a ambos. Cuando Anna anunció a ambos peleadores por nombre, se hizo oír el entusiasmo de la gente hasta Crimea y Gallia, los visitantes crimeanos y los locales hyrulianos, en específico, aplaudieron de pie y vitorearon a sus dos héroes, que comenzaron a caminar, lado a lado y paso a paso, hacia la plataforma.
- Va a comenzar el combate más interesante de este torneo - Comentó Rusl de brazos cruzados al sentarse junto a Titania.
- Vaya que lo creo - Le respondió ella -. Veamos cuánto han mejorado.
- Bueno, ya no somos quiénes para juzgar eso, al menos no mucho, ¿no crees? - Dijo Rusl sonriendo.
- No me refiero a juzgar, me refiero a qué tan satisfechos estaremos una vez que acabe la pelea - Respondió la pelirroja.
- Que un aprendiz sobrepase al maestro es la más grande satisfacción, ¿es lo que quieres decir? - Dijo Rusl, pero Titania no le respondió, sino que devolvió la sonrisa y ambos dirigieron sus miradas a la arena número dos.
Los gritos de emoción no cesaron, sino hasta que el par de guerreros se plantó en su respectivo lado de la plataforma, de pie de forma totalmente erguida, armas en la mano, mirándose fijamente sin decirse nada ni moverse, una tensión que transmitieron a todo el auditorio, quien comenzó a guardar silencio y a sentarse, hasta que Anna no dijera nada. Incluso las banderolas de color rojo de Malo Mart habían desaparecido del aire, con la expectativa del combate a tope.
- ¡Que comience el combate!
El Lago Hylia estalló, las gradas retumbaron en éxtasis, Mist tuvo esa sensación de nerviosa fascinación… pero ni Link ni Boyd se movieron, no en principio. Adoptaron posiciones de pelea y se miraron directamente a los ojos, sonriendo. Boyd fue el primero en hablar.
- ¿Sabes? La última vez que tuve tantas ganas de medirme contra alguien, fue contra Ike, hace años… Siempre quise alcanzarlo, y… y creo que la única forma en que logré ponerme a su nivel fue gracias al hechizo de los goron…
- Bueno, yo nunca peleé con Ike como para comparar - Añadió Link -, pero eres de los guerreros más fuertes que conozco, y eso me emociona. La Trifuerza también me hizo más poderoso de lo que en verdad soy, pero ahora ya no la tengo y así podemos medirnos con nuestros verdaderos poderes.
- Entonces… andando…
Apenas lo terminó Boyd de decir, y ya tenía a Link a un metro delante de él, girando sobre sí mismo, agachado y dejándose llevar hacia el frente con su propia inercia, propinando al mercenario un fuerte golpe en las costillas con el canto de la espada. Boyd cayó violentamente de espaldas tras volar un par de metros, y apenas reaccionó a tiempo para ver a Link descendiendo hacia él para lanzarle un mandoble.
Link frenó su ataque al ver que Boyd se recuperaba con velocidad pasmosa y se disponía a patearle de forma recta con ambos pies al mismo tiempo, desde el suelo. Boyd sí lanzó la patada, pero Link aterrizó en el momento justo sobre las botas de su ahora adversario, y aprovechó el empuje para saltar muy alto hacia atrás, girar varias veces en el aire y aterrizar agraciadamente a un par de pasos de la orilla de la plataforma… donde Boyd estaba a punto de aterrizar con un ataque idéntico al que Link estuvo a punto de lanzarle segundos antes. El rubio reunió fuerza en su espada y atacó de la misma forma con que liquidó a Nabarl, con un corte giratorio en el aire; Boyd lo bloqueó a mitad del aire, pero el empuje del golpe mandó a ambos contendientes de nuevo hacia las orillas de la arena, donde se detuvieron por unos segundos, jadeando, abrazados por la increíble emoción de la gente.
- … Están… ¡están dándolo todo desde el principio, es raro ver a mi hermano pelear así! - Dijo Rolf totalmente perplejo.
- Muestra del mínimo respeto que se merecen mútuamente - Declaró Oscar, su antinatural tranquilidad rota por una vez en la vida.
Boyd volvió a atacar esta vez, corriendo en línea recta con el hacha por el costado, con Link aguardándole con rostro confiado. El mercenario no se dio cuenta, hasta muy tarde, que el hyruliano le estaba tendiendo una trampa: el crimeano se frenó en cuanto vio que la figura de Link era traslúcida y se desvanecía conforme pasaban los segundos… un espejismo.
Pero el mercenario había visto la táctica en la ronda anterior, y sabía que solamente se trataba de un truco logrado por la alta velocidad del adversario. Sin embargo, fue incapaz de sentir la presencia de Link, y se llevó un fuerte golpe horizontal de la espada a su estómago, aunque sobreponiéndose al dolor, pudo girar sobre sí con el hacha tomada con ambas manos, ensartando a Link en ella, lanzándolo al aire, y luego lanzándose hacia él en un gran salto, volando por encima de él y rematándolo con otro golpe de su hacha, enviándolo a dar violentamente en la plataforma de piedra, agrietándola… Link se arrastró hasta quedar peligrosamente cerca del borde.
- Nada mal - Dijo Link levantando el torso, mostrando que el daño era casi nulo al sonreír y limpiarse la sangre del labio, luego poniéndose de pie -. A decir verdad, antes me disgustaban las peleas, pero les he agarrado el gusto, y esta parece que será muy divertida.
- Te hará falta más fuerza para ganarme, de una vez te lo digo - Respondió Boyd, alzando su voz sobre los gritos de fascinación de la gente.
Los dos atacaron a la vez, chocando sus armas y forcejeando, con Boyd ganando ventaja por su fuerza claramente superior… momento que Link aprovechó para ladear el cuerpo tan solo un poco, con el hacha pasando tan cerca que la sintió rozar su túnica. El mercenario se siguió de largo por la inercia, con lo que Link le hundió el puño en el estómago, volvió a golpearle la misma zona con la espada, giró sobre sí y le lanzó un mandoble a los tobillos cuando trataba de atacar, haciéndolo caer hacia atrás ganando altura. Volvió a darle un golpe ascendente a dos manos para hacerle volar más alto, y entonces lo atacó de la misma forma que él lo había rematado a él: saltó para alcanzarlo en el aire, dio una vuelta para darle más fuerza a su golpe, y lo mandó a la plataforma como meteorito… Sólo que, al estrellarse, Boyd rebotó en la piedra y se alzó un poco más, instante en que Link, cayendo para aterrizar, lo pateó de vuelta al piso.
- ¡Esto no es para nada una pelea de práctica! - Se le escapó el comentario a Anna a través del megáfono.
- ¿Así de fuerza es suficiente? - Comentó Link sarcásticamente -. Puedo hacerlo más rápido si quieres, también…
- Ni siquiera cerca - Dijo Boyd, costándole algo más de trabajo ponerse de pie, pero lográndolo al fin, limpiándose también la sangre que le había salido del labio.
No sentían dolor, ni humillación por culpa del otro. Tampoco nervios… de pronto, la final no lucía importante. La rivalidad ardía en sus ojos, en sus corazones, en sus sonrisas: de pronto, era lo único que importaba de ese duelo. Mist, Ilia, Rusl, Titania, Colin, Shinon, el resto de los mercenarios y la resistencia, Zelda… Todos miraban perplejos el encuentro, que había vuelto a un punto de respiro.
- Hay una razón por la que en verdad quería pelear contigo - Decía Boyd entre jadeos -, no por el puro hecho de que seas increíblemente fuerte, y tampoco tiene que ver con lo tuyo con Mist.
Link no dijo nada, ni se movió: por respeto, aguardó para escuchar a su amigo sobre las voces de la multitud que les rodeaba. La mitad de su rostro, y del de Boyd, estaban oscurecidos, en un brusco contraste consecuencia de la luz dorada del ocaso.
- Recuerdo que Ike era sólo un novato en el equipo cuando estalló la guerra de Ashnard y tuvo que asumir la cabeza de los mercenarios - Continuó Boyd -. Cuando éramos unos niños yo era capaz de ganarle en una pelea todo el tiempo. Su padre me aceptó como miembro activo de los mercenarios mucho antes que a él… Y aunque me daba mucho gusto ver a mi amigo crecer, una parte de mí se frustró… Él se convirtió en el hombre más fuerte que haya visto Tellius, y por más que lo intentaba, no podía alcanzarlo…
El viento sopló y sacudió sus cabelleras, la de Link cubriéndole parte de los ojos; también voló el gorro de Link, y con él, pétalos de flores a la orilla del lago. Susurró el pasto, el agua bailó gentilmente y bañó sus rostros.
- No sólo eso, de alguna forma también quería ser más fuerte… Por Mist… Por Rolf y Oscar, por Titania… quería ser mejor que Ike para protegerlos una vez que se fue - Añadió Boyd con una sonrisa agridulce, que luego se volvió sólo dulce -. Y para que ningún novato me volviera a desplazar dentro de los mercenarios… De cierta manera me sentí amenazado por ti, porque eres definitivamente un guerrero increíble. De nuevo tenía a quién admirar, una motivación para entrenar aún más duro…
- Boyd, eres muy fuerte - Respondió Link, y añadió a modo de broma: -, quizá seas el oponente más fuerte con el que haya peleado y que no se convierte en una bestia horrenda en algún momento… El hecho de que nos consideremos rivales indica la admiración mutua que sentimos como guerreros… Nuestras vidas nos llevaron a hacernos fuertes, luego a encontrarnos, y eso, a crecer más…
No sabían si la empatía de la gente en verdad les había hecho callarse y respetar el diálogo del dúo de contendientes, o si estaban tan aislados en su encuentro que cualquier otro ruido parecía haber desaparecido… Solamente quedaban ellos dos en la plataforma a mitad del agua dorada, sus duras sombras pegadas a sus cuerpos.
- Cuando ustedes me encontraron en el desierto, yo estaba tratando de cambiar el pasado - Relató Link, recordando la enorme piedra negra en la que el Espejo Crepuscular había proyectado su luz tiempo atrás, a mitad del desierto -, tratando de tomar un camino diferente al que había llegado. Pero gracias a ustedes he aprendido que todo es para crecer, para volvernos más fuertes como guerreros, y como personas.
El viento dejó de soplar, el gorro de Link cayó al agua, misma que dejó de rociarles las caras.
- Es una fuerza que debemos sacar al mundo, ¿no crees?
Boyd fue el primero en adoptar de nuevo una posición de ataque al tiempo que el barullo del torneo comenzaba a invadir sus oídos de nuevo. De algún modo, sabían que ese sería el último asalto, pues se sonrieron una última vez. Link le imitó y la audiencia se volvió loca.
El viento volvió a soplar, ahora con mucha más fuerza, hacia el oeste, como anunciando el inminente fin del encuentro. Los ojos del lobo se encontraron con los del coloso una vez más, y ambos se desprendieron del piso al mismo tiempo, echando a correr hacia adelante.
Espada y hacha chocaron furiosamente. Sus corazones de guerrero ardieron al máximo, y el torneo continuó.
La vida continuó.
~ * ~ Epílogo ~ * ~
La mañana llegó fresca y rosada, el sol naciente teñía el césped y los blancos muros el castillo en tonos aterciopelados que iban a perfecto juego con los cantos matinales de las aves. Un grupo de caballeros hyrulianos aguardaba en los jardines, todos ellos montados y formando dos filas que se encaraban entre sí, formando un corredor entre las puertas de la estructura central y las de la muralla que trazaba los límites de la real construcción.
Crujieron las puertas del castillo, haciendo un estruendoso eco en toda la extensión de sus terrenos, y emergieron de la gran torre central la reina Zelda, Ashei, Auru, Shad, Rusl, Ilia y Link, todos con la ropa que solían usar para viajar, y capas cubriéndoles del frío, a algunos de pies a cabeza, a otros solamente la espalda, a otros de hombro a tobillos. Detrás de ellos, un puñado de soldadados de la guardia real, que marcharon con ellos hasta el extremo del corredor formado por los demás militares, donde les aguardaban sus caballos, Epona entre ellos. También había varios soldados preparando un amplio carro para que la reina habitara por las noches, y cargaban casas de campaña en otros caballos.
- Nos espera un largo camino - Dijo Zelda al tiempo que Link la ayudaba a montar -. ¿Todos listos?
- Sí, Majestad - Respondieron varios soldados al unísono.
Respondieron automáticamente y con poca emoción, pues para varios de ellos se trataba de una misión más, de proteger a la reina en su camino. Pero para ella y sus comensales cercanos, sobre todo para Link entre ellos, éste iba a ser un viaje con un sentido muy emocional.
-Lidera la cabalgata por favor, Link - Dijo la reina cuando, habiéndose montado él sobre Epona, ayudó a Ilia a subir.
Las puertas de la muralla se abrieron de par en par, revelando el inicio del camino: las calles de Ciudad Hyrule eran solamente el comienzo del viaje, y era bueno ver que dicho comienzo era uno vivo, alegre, ruidoso con las voces del trabajo y de la paz. Link miró de frente y su semblante pasó de ser serio a sonriente, al tiempo que, una vez más, el viento matutino le acariciaba el rostro.
- ¿Doncella Azul, entonces?
La melancolía no cedió en nada ni siquiera días después, cuando la caravana de la reina hyruliana alcanzó Doncella Azul, donde el recibimiento, a pesar de todo, fue cálido para la monarca y sus comensales. No había un gobernante hyruliano oficialmente designado aún, y el interino, ocupado con labores de reconstrucción civil y reorganización militar, no pudo hacer más que mandar emisarios a recibir y acompañar a la reina Zelda.
Sin embargo, ya estaban ocupados con los viajeros que habían llegado a Doncella Azul uno o dos días antes incluso que la compañía de hyrulianos: Harkinian, con Aveil de cerca y una pequeña fuerza de guerreras; y todos los visitantes crimeanos con la reina Elincia y sus comensales, acompañados de todos los Mercenarios Greil.
Había cierto aire de hostilidad por parte de la gente del desierto, pero nada para propiciar el rompimiento de la diplomacia, todos se saludaron con caravanas y, en algunos casos, estrecharon las manos. Pero las miradas de Link a Mist y Boyd, y de regreso, mostraban una alegría amarga por verse las caras nuevamente.
- Los preparativos están completos, mi señora - Dijo un soldado de Doncella Azul, inclinándose ante la reina Zelda.
- Entonces vayamos al puerto - Declaró la joven monarca.
La reina Elincia pidió a todos los Mercenarios Greil que le acompañaran junto con su pequeña compañía de guardias cercanos, que incluía a Geoffrey, Lucia y Renning. Aveil no se despegó de Harkinian, quien fue seguido de otras diez guerreras. A Zelda le acompañaron todos los miembros de la Resistencia, junto con Ilia y un puñado de soldados.
- El resto, prepárense para zarpar también - Ordenó Renning con voz fuerte.
En caballos y carretas se trasladaron todos por las calles de Doncella Azul, sus tejados azules avivando aún más las calles abarrotadas de civiles, mercaderes, soldados que iban y venían por sus vidas en la ciudad que había vuelto a ser pacífica otra vez.
La última vez que los mercenarios habían estado en esa ciudad, había sido para tomar un barco y navegar de vuelta a Tellius. Habían ya pasado por muchas batallas antes de eso: habían peleado contra Zelda y contra Link, habían escapado de la vigilancia de Rasuka, se habían enfrentado a la Resistencia en Kakariko, habían encarado a Kotake por primera vez, y Boyd casi había muerto sacrificándose en la pelea contra el Gleerok en las minas de los gorones.
Junto con Link habían peleado muchas batallas desde entonces, habían competido, sufrido, perdido la esperanza, pasado por muchas preocupaciones y satisfacciones al verse crecer mútuamente. Habían superado hasta los retos que ellos mismos creían insuperables, habían hecho frente a Kotake y a su mismo odio encarnado. Y habían ganado.
Por todo aquello, era irreal ver el enorme mar azul abrirse delante de ellos, más allá del puerto al acabar la calle, reflejo de la vida que les quedaba por delante a todos ellos: vasta, bella, incierta, pero con emocionantes oportunidades por miles, aparentemente eterna, con un final indistinguible.
El trío de monarcas y sus acompañantes se embarcaron en una nave mediana, con suficiente espacio para no ir apretujados, y el marinero ordenó que se abrieran velas para zarpar a un destino próximo. El viento marino sacudió las cabelleras de todos, aunque no les tapó los ojos para apreciar el trayecto completo a la Isla de Midoro.
El navío se deslizó gentilmente sobre las olas azules, como una mano sobre seda, y se detuvo con aún más delicadeza cuando estuvo cerca del puerto de dicha isla de verdes selvas, donde el ancla cayó al agua sin que nadie la escuchara, las miradas de todos puestas en un navío que salía del puerto de Midoro, portando la bandera Hyruliana.
Conforme se acercaba la embarcación, Link y compañía pudieron ver de qué se trataba el asunto, al ver, entre los marineros, una manta blanca ondeando con el aire en lo posible, pues estaba amarrada a un objeto grande, redondo y más alto que los miembros de la tripulación. Link, Mist y Zelda le pusieron especial atención, más que el resto de sus acompañantes…
- ¿Pido que demos la vuelta y lo sigamos? - Inquirió Boyd al ver la expresión del trío. Fue Link el que respondió, con una sonrisa de satisfacción y los ojos cerrados relajadamente.
- No… Creo que es hora de dejarlo donde pertenece.
La tripulación del otro barco comenzó a amarrar el Espejo Oscuro con cadenas cuyos extremos tenían pesadas bolas de hierro, al menos unas cinco de esas. Link y el resto observaron con atención cómo el objeto de oscuridad, aquella siniestra arma que había dado forma a lo peor de ellos, era empujada por la tripulación de hyrulianos hacia la orilla del barco…
… No, debían recordar que esa oscuridad era parte de ellos y que siempre había existido, y el Espejo Oscuro solamente la había hecho salir… Si después de la guerra y la destrucción que ésta había dejado a su paso, había una lección valiosa, era esa.
Una que quedó grabada en sus corazones cuando el pesado artefacto oscuro golpeó las olas, levantando agua y estruendo mientras emitía burbujas, burbujas que marcaron su trayectoria al lugar donde debía permanecer para siempre: el fondo del océano.
- Las Sombras Fundidas y el Tridente del Poder ya fueron destruidos en batallas anteriores - Declaró Zelda solemnemente -, y la entrada al Inframundo ha quedado cerrada. La influencia de los Interventores Oscuros no aterrará más a este mundo.
- Nuestros países deberán alcanzar una merecida paz al fin - Dijo Elincia.
- Que dure muchos años - Dijo Harkinian con un dejo casi imperceptible de amargura en la voz.
Pero deseaban que fuera eterna como el mar que se extendía a su alrededor. Deseaban que perdurara para siempre, pelear hasta el final de sus días con el propósito de que sus familias, sus amigos, sus compatriotas viviera en paz. Permanecieron en silencio, abrazando en pensamiento a los amigos, enemigos, experiencias y aprendizajes que les había dejado su gran aventura, el cantar de las perpetuas olas inundando sus corazones…
Entonces quedaron anclados dos navíos hyrulianos a mitad del mar entre Doncella Azul y la Isla de Midoro, con una embarcación más grande portando la bandera crimeana, detenida entre los dos. Las tres naves estaban unidas por sus cubiertas gracias a improvisados puentes de madera, por los que transitaban soldados de ambas naciones cargando cajas, armamento, y provisiones para el viaje marítimo que les esperaba a los crimeanos.
Los extranjeros habían dejado atrás pequeñas fuerzas para asistir en la reconstrucción de Hyrule, pero los gobernantes debían volver ya: Nailah, Caineghis, Micaiah y Sanaki habían regresado ya a sus países con la mayoría de los soldados que les habían acompañado, pues también debían trabajar en sus países: aunque Kotake no había causado tantos estragos en Daein, Hatari, Gallia, Begnion, ni Crimea, esta última quizá la más afectada de todas las naciones; la gerudo sí había lanzado múltiples ataques, en un periodo en que todo Tellius continuaba su recuperación de la devastadora Guerra de Ashera.
El tiempo de separarse, al fin, había llegado.
- Supongo que aquí nos despedimos, entonces - Fue Rusl quien enunció, con un alegre tono discordante, la melancólica sentencia para el grupo de personas que platicaban en una de las embarcaciones hyrulianas.
- Así parece… - Dijo Link sin poder dejar de agachar la cabeza. Ilia le acarició el brazo y sonrió con resignación.
- Es curioso - Empezó a decir Titania - que hayamos comenzado nuestra relación enemistados gracias a Kotake. Nos vamos de Hyrule con muchos amigos.
- Totalmente de acuerdo - Declaró Elincia con amabilidad -. Agradeceremos siempre toda la ayuda de los hyrulianos. En especial la tuya, Link.
- El primer hyruliano que vimos - Dijo Renning amistosamente -. Recuerdo que aquél día sospechamos de él, pero vino a nuestra ayuda sin dudarlo. Un buen ejemplo de un hyruliano… de un hombre.
- Nosotros también estaremos eternamente con los crimeanos - Dijo Zelda mientras Link, a sus espaldas, se sonrojaba pero se mantenía serio para saludar con la cabeza a la guardia de Crimea.
- Que Tellius ahora esté conectado con Hyrule, y viceversa, es un gran cambio para el orden de nuestro mundo - Añadió Elincia, más seria -. Tendremos que trabajar muy de cerca todos…
- Lo que significa que éste no es un adiós definitivo - Dijo Zelda al ofrecerla la mano a su homóloga con una sonrisa -. Sólo una despedida.
- Efectivamente - Dijo Elincia respondiendo el gesto, y entonces, al sentir que Geoffrey se acercaba un par de pasos detrás de ella, declaró: -. Casi es hora de partir, así que terminaremos con los preparativos de nuestro barco mientras el resto tiene su despedida…
- Que el mar sea gentil con ustedes - Dijo Zelda con una inclinación que imitaron todos sus acompañantes, pero omitida por los gerudo que solamente sonrieron forzadamente. Así Lucia, Geoffrey, Renning, Kieran y Elincia cruzaron la viga hacia el navío crimeano, con la reina entrando de inmediato a las cabinas, y los otros comenzando a dar órdenes.
Los Mercenarios Greil se miraron con Zelda y los miembros de La Resistencia Hyruliana, encabezada por la reina, Rusl, Ilia y Link, quienes en el abrumador pero melancólico silencio marino dieron unos pasos al frente para acercarse a Mist, Boyd y Titania, y darse así la despedida.
- Entonces, supongo que esto es todo - Dijo Boyd poniendo los brazos detrás de la nuca y viendo hacia las velas del barco, para no tener que mirar a nadie y dejar más en evidencia que la nostalgia comenzaba a invadirle.
- Es un hasta luego - Dijo Link, más abierto a sus propios sentimientos que Boyd -, estoy seguro de que nos volveremos a ver.
- Titania tiene razón - Habló Mist sonriente -, nos vamos de Hyrule con muchos amigos.
- Lo mismo decimos - Respondió Zelda -. Los vamos a extrañar mucho…
- ¿De verdad nos veremos de nuevo? - Inquirió Mist un poco más sentimental, acercándose un par de pasos a Link.
- Bueno, pues - Link se rascó la nuca -… supongo que si el destino nos llevó a conocernos, no veo razón para que no nos lleve a encontrarnos de nuevo…
Antes de que pudiera reaccionar Link, Mist ya se le había ido encima en un afectuoso y tierno abrazo, uno que resumía con sentimientos todo por lo que habían pasado juntos, no sólo ella y él, sino todos sus amigos y todos a quienes querían. Ambos habían crecido mucho por ellos, habían crecido juntos.
- Yo también los voy a extrañar - Puso Link sus sentimientos en palabras, ocultando el temblor en su voz.
Sobre el hombro de Mist, Link vio al resto de los mercenarios observándolos, unos incluso sonriendo, o en el caso de Mia y Rolf, llorando con alegría melancólica por la partida inminente.
Las palabras y los pensamientos eran positivos, llenos de buenos deseos… pero siempre existía la posibilidad de no volverse a ver, tenían que despedirse sabiéndolo.
- Link, estaré viajando el mundo para volverme más fuerte… aún más fuerte que tú.
La líder mercenaria y el héroe hyruliano se separaron para poder encarar a quien había hablado, ni más ni menos que Mia, dando un paso al frente y cerrando el puño con energía y entusiasmo.
- Los Mercenarios Greil me encontraron en Crimea hace mucho, y desde entonces yo ya viajaba entrenando - Dijo la muchacha -. Y me separé de ellos en busca de oponentes más fuertes para entrenar… y claro, me volví a topar con mis viejos amigos en el camino, pero te encontré a ti, Link, y quedé fascinada por tu forma de pelear. Cuando nos volvamos a ver, ¡yo seré quien gane!
- Yo también entrenaré todo este tiempo - Dijo Link entre risas, levantando el pulgar -, así que más vale que te esfuerces.
- La verdad es que hiciste que varios de nosotros nos viéramos mal - Le dijo resignado Gatrie a Link -. Pero mejoraremos, ya lo verás.
- Los caballeros de Crimea tenemos un honor que defender - Añadió Oscar con su inmortal serenidad -. Entrenaremos duro.
- Mneh… lo hizo bien para ser un saltamontes orejón - Dijo Shinon con los brazos cruzados y sin mirar a Link, aunque sonriendo.
- También es un arquero bastante decente, ¿sabes? - Comentó Rolf en voz baja para contradecir a Shinon, ganándose un golpe en la nuca por parte de su mentor.
- Es bueno saber que hay jóvenes hombres buenos y fuertes como tú en otras partes del mundo, Link- Dijo Titania estrechando al joven guerrero por los hombros -. Por favor cuida de Hyrule y su gente.
- Lo haré - Dijo Link sonriéndole y reafirmando su confianza.
Mist le sonrió a Link en complicidad y con mucho cariño, al ver que prácticamente era un miembro de su familia también. La Resistencia Hyruliana, con la reina Zelda incluida, compartían ese sentimiento hacia los mercenarios, en especial hacia Mist y Boyd, quien miraba a Link con cierto recelo, como si aún fuera incapaz de despedirse, a pesar de que sus compañeros lo habían hecho ya.
Pareció aceptarlo de súbito, pues de pronto se volvió hacia Link, bajó los brazos y le sonrió…
- A pesar de todo - Dijo al estrechar la mano de Link y brindarle la sonrisa más sincera que el rubio había visto jamás -, estoy muy contento de haberte conocido, Link.
- Lo mismo digo -. Respondió el rubio devolviéndole ambas sonrisa y mirada, estrechando su mano fuertemente -. A pesar de todo las cosas acabaron bien, y dimos lo mejor de nosotros.
E inesperadamente, los dos terminaron abrazados y dándose palmadas en sus espaldas, para terminar con un fuerte apretón.
- Estaré esperando a la próxima vez que nos veamos para pelear de nuevo - Dijo Boyd cuando se separaron, levantando el pulgar del puño derecho.
- Quizá sea en un año… o dos… quizá diez o veinte - Decía Link, también mostrando su pulgar -. Pero estaré listo para entonces.
Todos sonrieron ante la melancólica escena, recordando los conflictos que habían atravesado como adversarios y como compañeros, como amigos. Las penas que ello les había traído, pero las grandes alegrías que les habían redituado. Entre abrazos y lágrimas de alegría, se despidieron los unos de los otros, preguntándose que les traería la vida…
Mia continuaría viajando por el mundo en busca de oponentes cada vez más fuertes, siempre con la mirada puesta en ser mejor día con día.
Gatrie formó parte de los Mercenarios Greil toda su vida, y se volvió todo un mercenario famoso. La fama lo llevó a conocer a muchas mujeres, pero jamás encontró el verdadero amor...
Su eterno compañero, Shinon, cuando no trabajaba de mercenario, dejaba pasar la vida en los bares que más frecuentaba. Era un adepto para toda actividad que adoptaba, pero nunca fue constante en ninguna…
Rolf, su discípulo, creció tanto como para igualarlo o superarlo en sus habilidades dentro del grupo de mercenarios. Era tal su habilidad que fue maestro de muchos alumnos...
Su hermano mayor, Oscar, continuó sirviendo lealmente a la corona crimeana, siempre bajo el mando de Lord Renning y Geoffrey. Siguió asistiendo a los mercenarios en su trabajo hasta que subió y subió de rango con los caballeros… algo que no dejaba de frustrar a Kieran…
Mia se separó de los mercenarios eventualmente para seguir viajando por el mundo en busca de oponentes más fuertes. Ocasionalmente volvía al fuerte de los Mercenarios Greil en Crimea para presumir lo mucho que había aprendido…
La guerrera de cabello escarlata, Titania, se mantuvo por muchos años como la segunda al mando de los Mercenarios Greil, y año con años visitaba las tumbas de sus compañeros caídos en batalla, su vieja familia… Vivió lo suficiente para ver a los nuevos Mercenarios Greil, su nueva familia, crecer cada vez más…
Boyd no dejó de entrenar jamás, siempre temeroso de perder su lugar dentro del grupo ante algún "tonto novato". Eso jamás ocurrió, pero siempre fue motivo de burla para sus amigos. Viajó a sus anchas por el mundo con los mercenarios en busca de misiones, y su mente siempre volvía a Hyrule…
Mist se convirtió en la legendaria y bella líder de los Mercenarios Greil, robando el corazón de muchos hombres a lo largo y ancho de Tellius. Su corazón sólo perteneció a uno, y dejando de vivir en el pasado, dio el paso más importante y se dejó guiar por sus emociones…
Y luego, al borde del desierto, a una hora en que las dunas se siguen viendo azules y su horizonte colindante con el Lago Hylia es indiscernible, se reunieron la Resistencia Hyruliana y la guardia de la reina Zelda, con el rey Harkinian y su compañía. El sol apenas rozaba el cielo y el viento fresco les agitaba la ropa.
- Nos mantendremos comunicados - Le dijo Zelda a Harkinian cuando estrecharon manos, aunque él se notaba amargamente serio.
- Por el bien de nuestros pueblos, sí - Dijo él sin retirarle la mirada, pero sin mostrarse alegre tampoco.
- Mandaremos los refuerzos hyrulianos tan pronto volvamos a la capital - Declaró Ashei sin ser amable ni grosera.
- Los esperaremos con ansias - Respondió Aveil con firmeza, sin sonreír, pero sin rechazar las palabras de su similar.
- Y Alteza - Dijo Link dando un paso adelante -… Lamentamos todo…
A Harkinian le atraparon las palabras de Link con la guardia baja, y no pudo ocultar que el gesto de empatía le había llegado al corazón, pero lo ocultó con cara dura en menos de un segundo, así que desvió la mirada y sonrió con ironía.
- Ya nos vamos, también hay mucho que nosotros tenemos que volver a construir - Se dio media vuelta sin ver a sus interlocutores, y echó a andar -. Ustedes también deberían ponerse a ello…
El resto de las gerudo se despidieron con una inclinación de cabeza antes de darse vuelta también y comenzar la marcha de regreso a su ciudad capital, Aru Ainu. Link, Zelda y compañía se quedaron con una sensación agridulce de esa despedida, y sólo les quedó confiar en que el tiempo ayudaría a curar los rencores.
Aveil permaneció al lado del rey Harkinian toda su vida, sirviéndole lealmente durante su largo mandato como rey de todas las gerudo. Se convirtió en una líder estricta, siempre apegada a su deber con su pueblo…
Y Harkinian tuvo un reinado largo, pues en coincidencia con las leyendas gerudo, el próximo hombre de su raza no nacería hasta cien años después de él; su esposa le dio puras mujeres. Harkinian tuvo una vida larga, en la cual, cada año, visitaba la escultura erigida a mitad de la plaza central de Aru Ainu, con la leyenda "Koume, bondadosa reina del desierto". Las relaciones entre Hyrule y Aru Ainu jamás fueron hostiles, pero siempre fueron tensas… A la larga, el orgullo hizo que la raza gerudo y su enorme legado, se mezclaran con otros pueblos, o simplemente se perdieran con el tiempo...
Amaneció, el sol ascendió a lo alto del cielo azul, sobre el lago, sobre los valles, sobre el Gran Puente de Hylia, iluminando sus rostros y calentando sus seres. La compañía de la reina Zelda había salido ya del lago y había ascendido hasta la gran estructura de piedra, que ya cruzaban todos.
Link, con Ilia, Rusl, Ashei, Auru y Shad encabezaba la marcha, con varios soldados detrás rodeando el carruaje de la reina, que no iba muy rezagado. Ella miraba con preocupación por la ventana de su transporte, los ojos fijos en el desierto que dejaban atrás, con el conocimiento en su corazón, mismo que éste no podía aceptar, de que Harkinian y compañía jamás confiarían en los hyrulianos.
Por otro lado, su fiel y joven héroe, Link, miraba el piso mientras caminaba, sintiéndose melancólico una vez más. Volvía a pasar por el puente donde el viaje con los Mercenarios Greil había iniciado, ya hacía tanto tiempo… Pero, por primera vez desde su despedida, cruzaba el Gran Puente de Hylia sin ellos. La última vez que todos habían estado ahí, juntos, no había sido hace mucho…
- ¿Y qué harás cuando volvamos a la capital? ¿Ahora que todo ha terminado? - Dijo la voz de Rusl a la vez que su mano tocaba el hombro de Link.
Sus miradas se encontraron, y Link recordó Ordon… Vio la aldea Ordon en los ojos de Rusl, quizá porque él era una de las dos personas en todo ese grupo que sabía de dónde venía el héroe de Hyrule, sus orígenes en esa aldea tranquila, donde la vida era pura sencillez. Habían pasado años en verdad desde que el Rey Bulblin había tomado la aldea por asalto y Link se había dado a la tarea de recuperar a Ilia y a los niños cuando él, Rusl, su maestro, había fallado en la labor… Prueba de los lejos que había llegado Link, y sin embargo, aún prevalecía esa ternura en la mirada de Rusl, del mentor y hermano mayor o padre subrogado que lo conocía tan bien.
- Quisiera pasar la noche en la posada de Telma, para despedirme - Dijo Link mirando al camino de frente -. Una vez que acabemos de trabajar en la ciudadela, creo que no volveremos a verla en un buen rato.
- … Quizá - Dijo Rusl solamente en un tono suspicaz.
- ¿Y ustedes, qué harán? - Inquirió Link mirando sobre su hombro a sus compañeros con una sonrisa, mientras Ilia se tomaba de su brazo.
- Bueno - Comenzó a decir Auru, sobándose la barbilla y mirando hacia arriba mientras caminaba -… aún no lo he decidido… Me gustaría viajar un poco más antes de que el cuerpo ya no resista viajes como el que hicimos a Tellius. Pero bueno, habrá que ver que acabe la reconstrucción primero, y entonces veré… ¿Qué tal ustedes, muchachos?
- Pues… la reina nos quiere tener cerca… a Ashei y a mí, quiero decir - Dijo Shad un poco dudoso -. A mí como consejero, y a ella como nueva líder de la Guardia Real…
- Oh, vaya - Musitó Rusl sorprendido -. ¿Y aceptarán?
- Ya saben cómo me siento respecto al cargo - Dijo Ashei con su típica seriedad, aunque dejando ver más emoción que en los viejos tiempos, pensando en Rasuka -. Y estábamos viajando juntos, Shad y yo, cuando todo esto empezó… retomar el viaje, ahora que el horizonte incluye a Tellius, también me parece muy buena idea…
- Cual sea su decisión, seguro será la mejor - Dijo Ilia con una sonrisa.
- En cuanto a mí - Dijo Rusl con aire relajado, cruzando los brazos, alzando la cabeza, y sonriendo con los ojos cerrados -… Creo que al fin ha llegado la hora de retirarme…
- ¿De qué hablas? - Le dio Ashei un codazo amistoso.
- Vamos, ya estoy demasiado viejo para aventuras como esta… - Respondió el veterano espadachín.
- ¡Viejo yo! - Dijo Auru entre risas.
- Vamos… a lo que me refiero… Mi hijo está creciendo muchísimo, y tengo una niña bebé a la que casi no vi en el último año gracias a esta guerra - Se defendió Rusl -. Quiero jugar con mis hijos, entrenar a Colin, pasar más tiempo con mi esposa… Además, con gente como Link y Ashei realmente me vuelvo innecesario, ¡y más cuando me han puesto las palizas que me han puesto en los dos últimos conflictos que ha tenido Hyrule! ¡Los guerreros no llegamos tan bien como tú a viejos, Auru!
- Tienes razón en eso - Dijo Auru sonriente y orgulloso, pero luego se enserió un poco -. En eso y en que Hyrule está en buenas manos con jóvenes como los nuestros… gente como Link y nuestra reina…
Y la reina miraba desde atrás, en su carruaje, habiéndose asomado cuando escuchó risas afuera. Risas que le contagiaron un poco, pero tuvo que guardársela para dejarlos ser, dejarlos convivir… Pues su deber era otro, y lo sería hasta el final de sus días…
Auru, para sorpresa de varios, viajó por muchos, muchos años más, desde Crimea hasta los confines del mundo más allá del este hyruliano. Sus libros incluso hablaron de los Mercenarios Greil, y fue el único de la Resistencia Hyruliana en volver a colaborar con ellos. Nunca tuvo nietos, pero en sus últimos días, muchos niños se reunían en la plaza central de Ciudad Hyrule para escuchar sus maravillosas historias…
Telma, la cantinera, vivió de su negocio el resto de su vida, sirviendo tragos a quien llegara y prestando un oído atento a todo cliente que abriera su corazón, aunque su disgusto por los hombres cobardes y empedernidamente ebrios alcanzó estatus legendario. Nunca se casó, pero alcanzó a cautivar muchos corazones con su carisma, amabilidad y fuerte personalidad…
Evelyn sirvió al ejército hyruliano al punto de volverse una de sus líderes más importantes. El desamor abandonó pronto su corazón cuando conoció a un viajero de Daein, con quien se casó y se fue a vivir a Tellius, dejando vacante el importante puesto de general…
Su hermano Carl, contra toda expectativa, mejoró al grado de ser candidato para ocupar el cargo que su hermana dejó atrás… No lo logró, pero pasó a ser un renombrado instructor en la Academia Militar, donde ni el impecable porte solemne pudo ocultar su torpeza innata...
Rusl, en efecto, volvió a Ordon una vez que Ciudad Hyrule pudo mantenerse en pie de nuevo. Jamás volvió a levantar una espada más que para entrenar a Colin, a Talo y a su tercer hijo en las artes donde, tantos años atrás, había instruido a Link. Se dedicó a la granja y vivió muy feliz con su esposa e hijos, asumiendo el cargo de alcalde cuando Bo se retiró.
Malo, cuando tuvo la edad suficiente para hacerlo, tomó todos sus ahorros para seguir creciendo como empresario… Partió con una carreta llena de rupias, cuyo escondite nadie nunca descubrió en años, para encontrarse con una fortuna aún más grande…
Shad, solitario, decidió aceptar la oferta de la reina de ser consejero suyo, labor que abordó con ahínco y algo de nerviosismo. No tardó en volverse embajador de la corona hyruliana, lo que lo llevó a viajar por muchos países, acompañado del amor que halló, por fin, donde menos lo esperaba…
Con su corazón aún herido, Ashei aceptó el puesto de capitana de la Guardia Real hyruliana, en honor de aquél a quien amó, tratando de ejercer su labor tan bien como él lo había hecho. La cercanía con Shad curó sus heridas y, eventualmente, los dos se casaron. Ambos sirvieron a la corona hyruliana toda su vida…
El general Viscen y el capitán Rasuka recibieron sus respectivas conmemoraciones póstumas. Monumentos a su imagen y semejanza, portando sus nombres, se erigieron en la capital, mismos nombres que pasaron a la historia en libros, cuentos y leyendas que hablaban de su estoicismo y heroísmo… De boca en boca, pronto fueron recordados por más que sus seres queridos, que los tuvieron en sitios especiales de sus corazones…
La reina Zelda pasó a ser recordada como una de las mejores gobernantes que había tenido Hyrule, levantando a su país de la ruina y convirtiéndolo en un referente del continente, incluso frente a Begnion. Se casó con un príncipe de Labrynna, pero no cedió el mando hasta que tuvo edad para hacerse cargo su hija, quien acorde a la tradición hyruliana, compartía su nombre…
… Ocho meses después…
"Querido Link:
¡Tanto tiempo sin saber de ustedes! Y aún así, nuestros recuerdos de ti y de Hyrule siguen muy frescos en nuestras mentes, y muy cálidos en nuestros corazones.
Escribo de parte de todos los Mercenarios Greil, tus amigos, pero sobre todo de parte de Boyd y mía, pues queremos contarte lo bien que están las cosas por aquí: tenemos más trabajo que nunca, mucha confianza de la gente y de la reina, pero en especial, somos felices entre nosotros, y más desde que Boyd y yo anunciamos al resto que… ¡vamos a casarnos! (Él no quiere que lo sepas, pero la que propuso matrimonio fui yo… ¡él no tiene idea de nada!).
Espero que las cosas en Ordon, pero sobre todo entre tú e Ilia, vayan muy bien. También saben que Hyrule cuenta con todo el apoyo de Crimea para lo que se necesite, aunque no dudo que ustedes ya hayan logrado levantar su reino… Y no lo digo a la ligera, yo estaba escribiendo esta carta cuando la reina Elincia en persona nos pagó un trabajo, y pidió que te diera ese mensaje.
Las puertas de nuestra casa están abiertas para ti y nuestra familia en Hyrule, lo saben. No creo que podamos ir de visita en un largo tiempo, pero quiero que sepas que esperamos volverlos a ver algún día, o al menos a ti, por lo menos.
Nuestros mejores deseos para todos ustedes, ¡esperamos verlos pronto!
Con cariño,
Mist"
Una vez más, comenzaba el sol su descenso sobre la aldea Ordon. Link se preparaba en el umbral de su casa cuando encontró un sobre rosado sobre la entrada, a un lado de la escalinata para descender a nivel del suelo. Leyó la carta y, llenándosele el pecho de alegre añoranza, sintiéndose feliz por sus amigos.
Guardó la carta en su sobre, y el sobre en el interior de la camisa. Luego Link se acomodó la túnica, la vieja capa marrón para viajar, el gorro verde, y finalmente se ajustó a la espalda su escudo y su espada, para por fin disponerse a bajar cuando una voz algo infantil, oscilando extrañamente entre los tonos agudos y graves, lo llamó.
- ¡Link! ¡Sal pronto, Link!
Antes de poder bajar, Link dirigió la mirada al sendero que conducía al centro de la aldea, y vio la sombra de quien se avecinaba proyectada en la ladera. Apareció Colin, más alto y espigado, su cabello habiendo crecido lo suficiente para amarrarlo en una pequeña cola. La espada auténtica que había tenido ya por un buen tiempo, no lucía tan grande ya colgando de su espada.
- Me sigue costando reconocer tu voz - Dijo Link con cierto dejo de burla en sus palabras, sonriendo pícaramente.
- Ya quiero que deje de cambiar - Dijo Colin con molestia cuando su voz volvió a desafinar, llevándose una mano a la garganta, pero luego le volvió el entusiasmo -. ¡Oye, tienes que venir conmigo! ¡Estábamos pescando y salió este pez enorme, y entonces Talo y yo competimos para ver quién podía pescarlo, y gané! ¡Es enorme, tienes que venir a verlo!
Colin estaba volviéndose un joven adulto ya, y sin embargo, Link sonrió al ver ese dejo de inocencia aún vivo en él, quizá de la misma forma que Rusl seguía viendo eso mismo en él, tantos años después.
Pero Colin se desconcertó al ver a Link equipado y vestido para viajar… se asomó sobre el hombro de su amigo y pudo vislumbrar a Epona cargada con lo que parecían ser cobijas, una tienda y algo de comida.
- ¿A dónde vas? - Le preguntó el muchacho.
- Me llegó hace rato una carta - Dijo Link sin inmutarse, metiéndose la mano a la camisa -, al parecer la reina me convoca… No me dijo para qué - Le mostró el sobre a Colin, quien con manos en jarras no lo creía en principio, pero aflojó el semblante momentos después -. ¿Ves?
- Bueno - Dijo Colin más conforme, y se volvió a emocionar -, ¡pero ven, es enorme!
- Iré enseguida, sólo dame un segundo - Le respondió Link con serenidad -, y no le digas a nadie lo de la carta, no quiero que se preocupen, y espero no tardar en volver…
- De acuerdo - Respondió Colin mientras corría de regreso por el sendero.
Y entonces Link se quedó callando, esperando mientras se volvía a guardar la carta en la camisa. Detrás de sí crujieron las bisagras de su puerta, y entonces miró sobre su hombro.
- Vamos a la aldea - Dijo Link, y sonrió -, solamente un rato más…
Se adelantó y echó a andar por el sendero con calma, como disfrutando cada segundo de ello… El crujir de la tierra y el pasto, el susurro del río y de los pinos acariciados por la brisa gentil, el reflejo de la luz, cada vez más dorada…
Se detuvo justo al extremo opuesto del sendero, donde ya no había enormes rocas ni laderas y se formaba el pequeño valle que abrazaba la aldea Ordon… Desde ese punto podía verse todo.
En efecto, había un pez bastante grande tumbado en el pequeño muelle para pesca al borde del río, aunque algo tan grande debía haber sido arrastrado desde la laguna al final de la aldea para haber llegado hasta allí, donde el agua era baja.
Colin presumía su presa ante los otros niños, y Talo, cuya madurez le había llevado a sentir empatía en vez de envidia, le daba palmadas en la espalda a su amigo. Beth se quejaba con Colin de lo asqueroso que se veía el animal, y Malo calculaba, silenciosamente, en cuánto podía vender la carne.
Los padres de Beth perseguían al gato, y los de Talo y Malo cosechaban en el huerto de calabazas. Bo se mecía en una silla en su pequeña, fumando una pipa y sonriendo ante la escena que montaban los niños. Más lejos, en la entrada al rancho, Fado, ya sano, forcejeaba con una de las azules cabras ordonianas que, para mantener la costumbre, se le había escapado. Uli ayudaba a caminar a su pequeña hija, con el padre, Rusl, riendo al jugar con ella.
Y el crepúsculo abrazaba toda la escena…
"Dime, Link, ¿no sientes tú también una extraña tristeza cuando cae el sol?".
Link comenzaba a recordar las palabras que Rusl le había dicho en una conversación casual, hacía ya tanto tiempo… Justamente un día antes de que la vida de Link cambiara para siempre. Los dos estaban sentados a la orilla de la laguna del espíritu Ordona, y Rusl le había ofrecido a él la oportunidad de sustituirlo como emisario del alcalde en Hyrule. A él, que nunca había ido a Hyrule, jamás había salido de su pequeña aldea granjera.
"Dicen que es la única hora en que nuestro mundo se entrelaza con el más allá… La única hora en que uno puede sentir el lamento de aquellos que abandonaron nuestro mundo, pero aún siguen apegados a él".
Apego… Esas palabras tomaban un nuevo sentido en ese momento, menos literal. El apego siempre quedaba, permanecía en la forma de los bellos recuerdos que se tenían de la vida pasada. En el caso de las almas, se iban porque tenían otros lados a dónde ir, una razón para dejar el mundo en que habían vivido hasta entonces.
"Por eso la hora del crepúsculo siempre trae consigo esta pena…"
Echó una última y muy buena mirada a todos ellos, que le habían acogido cuando lo encontraron en la aldea, con quienes había crecido y a quienes había visto crecer. Escuchó el crujir de los pasos en la yerba detrás de él, y recordó otra frase que Rusl le había dicho en esa conversación…
"Eres joven y deberías ver todo este mundo con tus propios ojos".
Una mano se entrelazó con la suya, sus dedos colándose tiernamente entre los suyos. Sin voltear a verla, y tratando de grabarse muy bien lo que veía en Ordon, sonrió y dijo con firmeza:
- … Es hora de irnos…
Nadie los vio cuando observaban desde la orilla de la aldea, así que nadie los vio cuando dejaron de hacerlo y desaparecieron. Nadie escuchó relinchar a Epona por última vez antes de irse de la aldea para siempre, con los dos jinetes en su lomo, sus miradas fijas en el horizonte. Los tres partieron con el crepúsculo, sin mirar atrás…
Inspirada por su mejor amigo de la infancia, y por los que conoció durante la guerra, Ilia decidió irse a ver el mundo con sus propios ojos. Nunca se separó de su lado, su admiración por él se convirtió en amor, y aunque su sensatez siempre evitó que el héroe fuera insensato, tuvo la madurez para jamás atarlo. Su bondad y devoción fueron fundamentales para que ambos salieran airosos en sus múltiples aventuras, cuyas historias contó cientos de veces a sus hijos…
Pues Link también quería ver el mundo. Quería aprender más de lo que ya sabía, y enseñar a otros lo que había aprendido. Conocer otras formas de ver el mundo, y la vida que en él transcurría. Había entendido que podía darle mejor uso a su vida que perseguir el pasado, así que buscó incontables aventuras en el presente. Se volvió un auténtico héroe legendario en Hyrule, su país, donde nadie más volvió a verle, y su nombre alcanzó países más allá del mar…
Las historias de estos jóvenes héroes perduraron en el tiempo… los Mercenarios Greil, la Resistencia Hyruliana, los valientes caballeros de Hyrule y Crimea, y muchos otros nombres que eran escritos en libros de historia o de cuentos fantásticos. Pero entre todos ellos resonaban los de un muchacho de verde, con espada y escudo, cuyo nombre se repetía a lo largo y ancho del mundo, pues en cada país por donde pasaba le tendía una mano a quien la pedía.
Un auténtico héroe que protagonizó muchas leyendas… Una de las cuáles ha llegado ya a su final...
~ * La Leyenda de Zelda: El Secreto del Palacio Midoro * ~
Fin
