Eiko intercambió miradas con Sesshomaru y los hanyous que la observaban sonrientes, incluso Akina. Sin poder esperar más Ren la abrazó con fuerza casi empujando a su padre. Akako y Akina se unieron en un abrazo grupal soltando lágrimas y llenándola de afecto y caricias. Aunque se encontraba confundida, la felicidad de tenerlos cerca le ganaba a esas dudas que tenía entonces por fin comprendió por qué encontró un refugio en Ren cuando lo perdió todo y cómo fue que la confianza siempre se había encontrado ahí esperando a encontrarlo. La hanyou mayor vio a su padre que se moría de ganas por abrazar a su madre por lo que fue la primera en pararse convenciendo a sus hermanos de abandonar el salón. Sin necesidad de palabras, Irasue y sus sirvientas salieron detrás de los hanyous dejando a Sesshomaru a solas con Eiko. Al cerrarse la puerta, el youkai se dejó caer en sus rodillas abrazando a la joven con fuerza haciendo que sintiera una sensación agradable en su estómago. Respondió al abrazo rodeando el suave cuello de Sesshomaru y refugiándose en su platinada y lisa cabellera.

-¿Lo supiste todo este tiempo?- preguntó con suavidad a Sesshomaru quien sólo asintió.

Se despegó ligeramente y besó con ternura su frente acariciando con suavidad el puente de la nariz con su boca hasta llegar a sus labios y sin darle tiempo a que continuara con más preguntas la besó sosteniendo su cuello y acariciándolo con devoción. La joven sintió de pronto una fuerza muy potente en su pecho; algo se encontraba latente dentro de ella, sentía el deseo de abrazarlo y no soltarlo nunca. Se aferró a su pecho continuando el beso lentamente, pasando sus dedos entre las puntas del cabello del youkai quien recorría los hombros y cintura de la joven con movimientos delicados que la estremecían.

Tantos años de espera, tantos meses de ansiedad y de impulsos atrapados, por fin habían terminado. La joven respondía al deseo que yacía dormido en ella desde el momento en que nació, de pronto su vida estaba completa. Tener al youkai en sus brazos, a su merced, demostrándole amor sincero, era un sueño que nunca habría imaginado vivir; cualquiera que le hubiera preguntado y conociera a Sesshomaru se habría reído de ella pero ahora no había razón para no creerlo, las pruebas estaban ahí, en esa habitación, en ese beso.

-Estuviste esperándome- dijo después de que el beso acabara en otro estrecho abrazo.

-Sí- respondió el youkai liberando su respuesta con un ligero suspiro que enchinó la piel de la joven de punta a punta mientras besaba el lóbulo de sus orejas provocando que su amada dejara escapar una pequeña risa que le derritió el corazón.

Tomó su rostro entre sus manos y exploró cada facción por enésima vez. Esos achocolatados ojos, siempre ahí, inconfundibles, lo miraban con dulzura como la primera vez en que la tomó como suya. Sesshomaru no pudo sonreír de una manera que le resultó desconocida a Eiko quien jamás había pensado que el youkai fuera capaz de manifestar alegría de esa manera. Acarició su cabello despejando esos brillantes ojos para apreciarlos mejor. No había duda que la espera valía la pena, siempre.

-Siento haberte hecho esperar tanto-

-No sólo a mí debes pedirle una disculpa- contestó sonriente.

Eiko sabía a quiénes se refería.