Ya que no fue la semana pasada, toca esta la continuación de "Sexcuela". Entre tantas ideas que hay aún por escribir xD Pero bueno. Ha sido difícil, ando corto de tiempo estos días, pero he podido escribir y publicar.

Moon-9215: Me alegra que te gustara ^^

GT4RSR: Para cerrar su particular historia de amor (o lo que sea) :P Yo también le envidio (?)

carlosjim04: Pues creo que ya viste cual fue xD Me alegra que te gustara el capitulo ^^


Sexcuela II

Empezaba a amanecer en la escuela Kadic. La gran mayoría esperaba a que sonaran los despertadores, pues sus clases eran muy "físicas" y, aunque lo agradecían, el tiempo de sueño era vital para ellos. Pero en una de las habitaciones, concretamente una de los grupos masculinos, llevaba en pie hacía un buen rato. La noche anterior, William y Odd habían tenido una pequeña trifulca.

—¿En serio crees que podrías ganarme? ¿A mi? ¿A un videojuego? —dijo Odd.

—He dicho que "posiblemente" —recalcó William, poco interesado en seguirle el juego de provocaciones al chico.

—Bueno, podríamos comprobarlo. Mañana, antes de desayunar, un duelo. Una de karts, tres rounds de un combate, y un combate Pokoemon.

—Ni de coña.

—William es una gallina, William es una gallina —bromeó Odd, subiéndose a la cama e imitando el batir de alas del animal.

—Muy bien, bocazas, mañana nos levantamos media hora antes para que puedas perder.

Un "Uuuuuuh" inundó la sala. Lejos de asustarse, Odd sonrió con malicia. Había caído en su trampa. En su barrio era el mejor gamer y había estado a punto de competir en algún torneo... pero justo antes recibió la beca para aquella academia del sexo, y aunque no lo sabía en ese momento, era su prioridad.

—Pero va a ser un poco soso, ¿no? —comentó Ulrich—. ¿Por qué no os apostáis algo?

—Claro —aceptó Odd—. Pero venga, decidlo vosotros.

Todos aguardaron un momento mientras pensaban. Fue la voz de Carlos, que se había pasado un rato mirando su teléfono, pero atendiendo a la conversación, quien hizo una propuesta.

—El que pierda deberá pedirle un sujetador y un tanga a alguna de las chicas y llevarlo puesto cuando terminen las clases durante una semana.

—Joder. Qué bueno —dijo Javier—. ¿Cómo se te ha ocurrido?

Googleando "castigos absurdos para apuestas". Casualmente en el primer resultado estaba la web de la escuela. Qué cosas se les ocurren.

—Vaya forma de usar un aparato como ese —comentó Jeremy—. Años de desarrollo para buscar eso —añadió, negando con la cabeza y mirando su teléfono también.

Y fue un ligero movimiento de cejas lo que llamó de Dorjan, que aprovechó un despiste del chico para quitárselo y echarle un vistazo. Soltó una carcajada al verlo.

—¡Lo dice el mismo que intercambia fotos guarras con las chicas!

—¡Devuélvemelo! —rugió Jeremy, que se había puesto rojo.

—Toma —Dorjan obedeció. Jeremy decidió poner un código de desbloqueo, pues ya no se fiaba.

—Deberíamos dormir si mañana se van a enfrentar esos dos —propuso Hiroki, aunque en realidad tenía sueño y no le apetecía mucho seguir en pie.

—Por cierto, no se si habéis visto el horario de mañana... es muy raro que nos separen —comentó Johnny, revisando el papel.

—Supongo que nos querrán dar algunas charlas de educación para el sexo —pensó William.

—Mañana lo veremos. ¡A dormir todo el mundo! —dijo Odd, que se desnudó donde estaba, y caminó hacia su cama sin ningún pudor, aireando su miembro—. ¡Abrid paso al rey!

—De los pequeños momentos de la vida —bromeó William. Odd le dedicó un corte de manga.

Todos se desnudaron también para dormir. La calefacción estaba siempre a una temperatura considerable, algo razonable para que la gente no se quedara fría después del sexo. Estaba bien pensado, pues ellos apenas llevaban una semana, pero los demás grupos estaban tan acostumbrados a ese liberal ambiente que solían practicar sexo de forma indiscriminada.

Tan pronto podían pillar a una pareja teniendo relaciones en el baño, como un trío en mitad del parque, y un chico muy temerario que levantaba pesas mientras una espectacular chica le realizaba el sexo oral, para luego intercambiar posiciones. Un espectáculo.

Los despertadores sonaron al día siguiente a la hora acordada. Medio dormidos, todos se acercaron a la cama de Odd y William, que sacaron las consolas, y empezaron su apuesta. Tres carreras a tres vueltas en un videojuego de karts. Ninguno de los chicos tomó partido, y se limitaban a mirar en la consola de un chico o del otro.

Quizá con la excitación de la partida, a ambos competidores se les empezó a formar una erección. Disimuladamente, Jeremy les tomó una foto que compartió con las chicas. De pronto, Odd se puso en pie. Había ganado y se marcó una curiosa danza de la victoria. Todos se agacharon, sobre todo los que estaban más cerca, para evitar ser golpeados por su pene.

William no obstante estaba tranquilo. Se consideraba mejor jugador de combate, y así quedó probado cuando, en el juego siguiente, no tardó ni cinco minutos en derrotar a Odd. Este quedó tan impresionado que apenas pudo moverse antes de ser abatido.

—Empate —dejó caer Ulrich.

—El que gane el siguiente juego... —dijo Hiroki

—Gana la apuesta —asintió Javier.

Se hizo el silencio, que se rompió con la música de batalla. Los dos se concentraron, intentando valerse de las ventajas y desventajas respectivas para ganar al otro. Sin embargo, Odd había sometido a sus Pokoemons a un entrenamiento mejor, y justo a tiempo para bajar a desayunar, derrotó a William, repitiendo su baile de la victoria.

En el dormitorio de enfrente empezaba a amanecer también. Aelita intentaba dormir un poco más, pero escuchó el sonido de un obturador. Abrió los ojos. Sam la había tomado una foto. Y no estaba precisamente visible. Abrazada a la almohada, con una pierna pasada por encima, y... sin braguitas. Todo visible.

—¿Qué haces? —preguntó, intentando compenderlo.

—Jeremy ha pasado una foto de Odd y William. Pensé que estaría bien responderle —dijo ella tranquilamente.

—¿Pero cómo se te ocurre? —saltó Aelita—. ¡Borra eso!

—Tarde —dijo Sam, sacando la lengua.

—Chiiiiiicas, basta. Las dos —dijo Yumi con firmeza. No en balde era la mayor del grupo (por un año).

—¿Pero a ti te parece normal lo que hace esta enferma?

—Sam, por favor —dijo Sissi, intentando poner calma al asunto—. No hagas eso. Y Aelita... Cálmate, de todas formas, si nos han visto ya en esta semana de todas las formas.

—¡Pero es ella quien debe decidirlo! —apuntó Milly.

—O dormir más tapadita —bromeó Tamiya.

Un gemido las interrumpió. Emily estaba aún en la cama. Parecía que dormía. Laura y Alicia, que dormían una a cada lado, se acercaron a su cama, y lentamente, tiraron hacia abajo de la sábana. Se confirmó la evidencia de que se estaba masturbando. Pero era verdad que dormía. Increíble.

—Qué capacidad tiene... —comentó Alicia.

—Sí... me está dando envidia... —tuvo que admitir Laura.

Apenas un minuto despuś, Emily se despertó por el orgasmo que ella misma se había provocado durante el sueño. Confesó que se había imaginado en una orgía con todos los chicos.

Llegó el momento en que todos bajaron a desayunar. Por norma, todos vestidos (la higiene era importante). Se notaba tensión en el ambiente por ambos bandos. Johnny intentó distraer a todos preguntando de nuevo sobre esa separación de chicos por un lado y chicas por otro que tenían en las primeras clases. Era raro, pues habían tenido todas las clases mixtas, obviamente, hasta ese momento.

—Por cierto, William os tiene que pedir algo —soltó Odd hacia las chicas. William le mandó una mirada asesina.

—Yo os pido perdón por enviar la foto de la que más goza cuando lo está haciendo con vosotros —dejó caer Sam. Aelita intentó darle una patada por debajo de la mesa.

Intentando mantener la calma en ambos géneros, el grupo terminó el desayuno y subió por las escaleras. Ahí se separaron. Una puerta para ellos, y la de al lado, para ellas. Se despidieron hasta que terminaran las clases.

—Buenos días, chicas —saludó una profesora que hasta ese día no habían visto—. Pasad y sentaos, por favor.

Había cubierto el suelo con colchones, y estos con sábanas. Había una cama también, pero sólo con la sábana. Supusieron que ahí la profesora haría algún tipo de exposición.

—Os preguntaréis por qué no están aquí los chicos, ¿verdad? —preguntó. Las alumnas asintieron—. Bueno... esta es la clase de sexo homosexual. Vais a tener relaciones entre vosotras.

Estaba claro que nunca dejarían de sorprenderse en esa escuela. ¿Que pretendían que hicieran qué? Todas miraron a Sissi, pero ni ella conocía ese secreto. "Papá no me había contado esto...", pensó para sus adentros.

—Sé que al principio os puede costar —dijo la profesora—. No espero que os soltéis del todo en la primera clase. Pero sí que os abráis un poco.

—¿Es necesario? —preguntó Milly, tímidamente.

—Sí. Queremos ayudaros a explorar vuestra sexualidad, incluyendo el gusto por las personas del mismo sexo. A algunas os gustará, a otras no. Pero nuestra idea es que exploréis sin límites. ¿Quien se anima?

Ninguna de las chicas se animó a dar un paso al frente. Ahora entendían para qué era esa plataforma. Para las "voluntarias". Remolonearon. La profesora sacó de su bolsillo una lista.

—Pues si no hay voluntarias... Aelita... y Sam. Paso al frente, por favor.

Las chicas se miraron. Estaban muy enfadadas la una con la otra. ¿Y ahora iban a tener que tener relaciones?

—¡Ni de coña! —exclamaron ambas.

—No es una petición en realidad —dijo la profesora. El tono amable de su voz de había desvanecido—. Venid aquí.

Ambas caminaron. Por indicación de la profesora, se supieron a la cama. Se sentaron sobre sus rodillas, y esperaron a que la profesora les diera alguna indicación más. Con un chico, ya no les hacía falta. Pero se negaban a hacer nada entre ellas que no estuviera guiado.

—Podéis empezar por unas caricias y entrar en confianza.

"Pues como confíen un poco más se van a terminar asesinando", pensó Yumi, mientras contemplaba con las demás como Sam y Aelita se acariciaban las piernas y los brazos, pero sin ponerse atención. Desganadas. Apenas se miraban incluso.

La profesora le susurró algo a Sam. Se quedó mirando un rato a Aelita, y finalmente la pelirrosa le devolvió la mirada. La siguiente indicación fue para ella, que se echó hacia adelante un momento, y sus labios rozaron los de Sam.

—¿A eso lo llamáis beso? —ironizó la profesora.

Gruñeron, pero sabían que no convenía contradecir a los profesores. Desconocían a qué clase de castigos les podrían someter en esta particular escuela. Y mejor no arriesgarse. De forma que decidieron besarse, cerrando los ojos.

Ambas se imaginaron que estaban con los chicos, que les gustaba más. La primera en notar algo distinto fue Aelita. El sabor de los labios de Sam era muy particular. Diferentes. Continuó sin problemas. Sam estuvo tentada de acariciarle una mejilla, pero en su lugar, se limitó a ponerle las manos sobre los hombres.

La profesora se sentó en una silla e invitó a las demás a acomodarse en los colchones. Al fin y al cabo, luego les tocaría a ellas. Se imaginaron cual debía ser el siguiente paso, y se confirmó cuando Aelita empezó a quitarle la ropa a Sam.

Lo hizo lentamente, sin detenerse a probar el cuerpo de la chica, hasta que la hubo desnudado por completo. Luego se dejó hacer por ella, que correspondió en la delicadeza para desnudarla. Volvieron a quedarse quitas. En el dormitorio ya se habían visto desnudas, pero ahí era muy diferente.

Miraron a la profesora, que les indicó como continuar. Volvieron a acariciarse, lentamente. Aelita fue la primera en animarse a empezar por el vientre de Sam. Estaban nerviosas las dos. Pero a Aelita no se le olvidaba el enfado, y era un poco brusca en sus movimientos.

En un momento, Sam la empujó hacia atrás. Decidida a vengarse, acarició el cuerpo de la chica, sin cuidado. Al principio. Lentamente, los movimientos se volvieron más delicados, por la mirada que Aelita le lanzaba. Era tierna, y denotaba miedo. No podía herirla. Se tumbó sobre ella y le dio un beso tierno.

La profesora se apresuró a hacerle más indicaciones. Sam dudó al principio, pero luego acarició con ambas manos el cuerpo de Aelita, desde los hombros, pasando por los pechos, hasta las piernas de la chica. Ahí empezó a acariciar el interior del muslo, y poco a poco, se acercó a su sexo.

El cuerpo de Aelita se arqueó al sentir los dedos de la chica dentro de ella. La estaba masturbando. Despacio, placentero. Muy rico. Dejó que su cuerpo se moviera libremente por el placer. Sam sintió una extraña alegría al comprobar la reacción de su compañera a lo que hacía.

Con un pequeño, pero gozoso orgasmo, Aelita pidió a Sam detenerse. Era el momento de devolverle el favor. Se incorporó mientras Sam se tumbaba, y volvió a acariciar su cuerpo, esta vez de un modo distinto. Casi cariñoso. Se entretuvo un momento en los pechos de la chica (algo con lo que no tenía problema, pues solía hacerlo en los tríos) y a continuación, exploró con sus dedos el sexo de Sam.

Si esta sintió placer en ese momento no fue nada comparado con lo que notó cuando Aelita empezó a lamer su intimidad. Ni ella entendió cómo se había animado. Simplemente sentía que no quería quedarse atrás. Miró de reojo a sus amigas, y pudo ver un puñado de rostros encendidos. Sonrió, y se dedicó a regalar a Sam un orgasmo.

—¡Ha estado muy bien! —aplaudió la profesora—. Podéis descansar. Y ahora, las demás, por parejas, y... A gozar.

Sam y Aelita contemplaron como las chicas se emparejaban tímidamente. Vieron a Sissi tirar tímidamente de la mano de Laura, a Milly aproximándose a Alicia, y a Emily y Yumi siendo atraídas por Tamiya, pues eran impares. La profesora aprobó la exploración a tres bandas, por supuesto. Luego les dio otra idea a Aelita y Sam para que no se quedaran frías.

—Bueno... podríamos probar... —dijo Sam, no muy convencida.

—Aún estoy enfadada contigo —respondió Aelita. Y, en parte, era verdad.

Sam le dio un abrazo. Sus pechos quedaron en contacto. Y a ambas les gustó.

—Sé que no he hecho bien. ¿Me perdonas?

—Depende... Si ahora te portas bien...

Sam no supo si se refería a no volver a hacer lo de la foto, o al sexo. Y como no se quiso arriesgar, decidió empezar por lo del sexo. Se reclinó, y lentamente aproximó su intimidad a la de Aelita, entrecruzando sus respectivas piernas.

Aquello no les provocó nada, salvo mucha vergüenza. Fue el lento movimiento de fricción que ambas empezaron lo que las excitó. Todas se detuvieron a mirar, incluso Yumi, Emily y Tamiya interrumpieron su 69 a tres bandas para contemplarlas. Era muy erótico. Y más aún los gemidos de ambas.

Sam alcanzó su orgasmo, y sin darse cuenta, gritó el nombre de Aelita. Se dejó caer hacia atrás, muerta de vergüenza, mientras la pelirrosa culminaba también. Estaban muy cansadas.

La clase se estiró hasta la hora de comer. Aelita probó, además de con Sam, a tener relaciones con Yumi, que le parecieron más placenteras, y con Tamiya, que no se terminaba de adaptar al sexo lésbico. Por su parte, Sam estuvo con Alicia y con Sissi, dando rienda suelta al deseo sexual que tenía dentro. Pero cuando salieron del aula, las dos que habían peleado lo hicieron caminando de la mano.

—¿Que esta clase es de quééééé? —se escandalizó Jeremy.

El profesor les había dicho que iban a tener relaciones sexuales entre ellos y la negación había sido rotunda. Se echó a reír. Siempre ocurría igual. Decidió dar una oportunidad al grupo antes de empezar a sacar gente.

—Bueno, a mi me gusta determinar los roles antes de empezar. Así que veamos... ¿quien se ofrece a ser pasivo?

Nadie se movió. Pero de pronto, Odd se abalanzó hacia adelante. Pareció que se tropezaba.

—¡Fantástico! Y ahora, un activo...

—¡Me ofrezco! —gritó William.

Odd le miró, y en seguida lo comprendió. El muy cabrón... Le había empujado y ahora iba a dominarle. Ahí sintió miedo. William era más grande que él, y que le hubiera derrotado en el videojuego, le hacía pensar que pretendía vengarse. La sonrisa maliciosa que el chico le dedicó le señaló que no se equivocaba.

—Muy bien. Empezad por lo habitual. Manoseo, beso de esos con lengua, quitaros la ropa...

Estaba claro que el profesor buscaba espectáculo directo sin dar explicaciones. William no dudó en animarse en besar a Odd. No porque le gustara el beso, sino porque podía sentir el miedo del joven. Odd tembló cuando William empezó a acariciar su cuerpo.

Intentó no quedarse atrás, esperando que se amedrentara, pero no pareció que fuera a ocurrir. William parecía conocer bien el papel dominante. Se sentía seguro. "Pues ahora te vas a comer tus palabras de anoche... Y otra cosa, por imbécil", pensó para sus adentros Odd. Temió el momento en que se encontraran desnudos.

Poco a poco, sus ropas fueron cayendo hacia el suelo. Ambos estaban totalmente desnudos. La mano de William llegó al miembro de Odd, e intentando no pensar en ello, le masturbó. Odd le imitó, más despacio. No sabía dónde iba a llegar William. En ese momento, el profesor le dio una indicación. Tragó saliva.

Despacio, se situó de rodillas en el suelo y (agradeciendo que el suelo estuviera acolchonado para evitar dolores innecesarios), se llevó el miembro de William a la boca. De principio pensó que no le gustaba nada. Era incomodísimo practicarle una felación, y admiró a las chicas que lo habían hecho sin poner pegas. William le puso una mano en la nuca, y guió el ritmo del sexo oral. Odd se lo temió. Iba a correrse en su boca. Sintió que el miembro del chico temblaba, y cerró los ojos, preparándose para lo peor...

Pero en ese momento, William aparo su pene, y eyaculó al lado de Odd. Apenas le salpicó. Le miró, atónito. No se había vengado. Aún...

—Bravo —dijo el profesor—. Los demás, podéis ir empezando. William, mientras...

Le susurró algo al oído. William asintió. Derribó a Odd sobre un colchón, y, gateando hacia él, empezó a devorar su pene erecto. Odd golpeó el colchón. Qué placer. Aún así, estaba totalmente dominado, pues William, con una sola mano, le había sujetado las muñecas.

Miró a su lado, y vio a Jeremy, recibiendo placer por la boca de Johnny, a Ulrich devorando el miembro de Johnny, y Carlos, Javier e Hiroki en un improvisado trío de felaciones. En ese momento volvió a ser consciente de lo que le pasaba: William dilataba su ano.

Sin darse cuenta de sus intenciones, le había introducido ligeramente un dedo. Estaba claro lo que iba a pasar. Odd quería zafarse, pero no puso. Efectivamente, William era fuerte. Pensó que le dolería. Lo había hablado con las chicas en confianza. Y todas compartían el sentimiento de dolor. "Recuerda que alguna también te ha dicho que le terminó gustando", pero esa voz salió de su mente.

Unos momentos después, se vio dado la vuelta. William le levantó el culo, y se puso un preservativo que le había pedido al profesor. Odd inspiró. Aguardó a sentir la barra de carne del chico atravesándole. Pero en lugar de eso, notó una sensación muy molesta, que lentamente se abría paso en su ano.

William no estaba siendo brusco. Muy por el contrario, iba despacio. Se detuvo cuando le hubo introducido la mitad de su miembro, y le acarició las caderas mientras tanto. Luego le preguntó si estaba dispuesto a continuar.

—Sí —respondió Odd, tímidamente.

Una vez tenía toda la virilidad de William dentro de él, empezaron las acometidas. Lentas. Dolorosas, pero era un dolor que podía soportar. La mano de William se cerró sobre el pene de Odd, y lo masturbó nuevamente. Odd no se creía lo bien que se estaba portando William, que se resistía a aumentar el ritmo.

Odd terminó eyaculando, y William no puso contenerse. Empezó a acelerar el ritmo, intentando no hacer daño a Odd, pero su cuerpo le exigía una segunda liberación de semen. Odd procuró no protestar, y fue cuestión de minutos que William culminara.

El resto del día se permitieron probar con otros compañeros. Odd fue muy dominante con Ulrich, y luego fue la parte central de un "sándwich" con Carlos y Jeremy. William se dejó hacer por Javier en el siguiente round, y luego hizo también un trío con los jóvenes Hiroki y Johnny.

Cuando llegó la hora de comer, ambos grupos se apresuraron en compartir sus experiencias del día. Había algunos satisfechos, otros pasables, y algunos que preferirían evitar otra clase como esa, en ambos bandos. Aunque sabían que no les quedaría otro remedio.

Decidieron salir fuera después de comer. Y apenas abrieron la puerta del patio y salieron, contemplaron a su derecha a dos chicos, latinos con toda probabilidad. Uno apoyado en la pared, mientras el otro le penetraba repetidamente a gran velocidad.

—Joder. ¿Hoy nos han dado a todos la misma clase? —preguntó Tamiya, curiosa.

—No es eso... —jadeó el dominador—. Es que cuando... llega un nuevo grupo... Nos piden que no hagamos esto en las zonas comunes... ¡Aaaaaah! —se corrió.

—... Hasta que el nuevo grupo recibe su primera lección de este tipo —completó el dominador, de cuyo miembro empezaba a gotear líquido preseminal—. Para mantener la sorpresa.

El grupo caminó hacia la zona que se habían "asignado" automáticamente. Cerca de ellos, dos chicas se daban placer mutuamente en un 69, mientras una pareja hetero se masturbaba contemplándolos.

William se sentó bajo un arbol, con las piernas recogidas, totalmente desnudo. No le apetecía ponerse moreno, pero era un día clauroso y la ropa le sobraba. Y de pronto, alguien también desnudo se sentó sobre él a horcajadas. Era Odd.

—Hola... —le saludó.

—Hola. De nuevo. No hace tanto tiempo —bromeó William.

—Lo se. Sólo quería... Darte las gracias por no vengarte de lo de esta mañana.

—Tuve ganas —reconoció William—. Pero decidí dejarlo correr.

—Por eso te doy las gracias —dijo Odd—. Y bueno... No hace falta que cumplas la apuesta. Y si necesitas algo más... Dímelo con confianza.

Se besaron. La mano de Odd se dirigió al miembro de William.

—¡Oye, tramposos! —dijo Sissi—. Si vais a follar, aquí nos apuntamos todos —dijo.

El grupo alzó los puños y vociferó: "¡SÍ!"


¿Qué os ha parecido? Lo se, me habéis pedido otras cosas, pero tengo ideas en mente para esta particular escuela y me parecía propio que antes probaran "de todo" antes de los POVs, clases de anatomía... Y otras ideas ;) El domingo habrá capítulo de CLR. Con sorpresas, por supuesto, que os encantan. Y con lemmon. Con de todo :D Lemmon rules!