Severus se había quedado dormido, sentado junto a Hermione. En una butaca alta. Lo mejor era conversarlo. Decirle lo que pensaba hacer, antes de que llegara a sus oídos por boca de otros.
Y apenas había dormido media hora, cuando Hermione ya se había despertado. Resultaba curioso que ninguno de los bebés tuviese apetito en ese preciso momento. Pasaban su tiempo durmiendo.
Pero al despertar, todo eso había cambiado. El estridente llanto de ambos, había despertado a Snape. De sobresalto.
— Hola, Severus. Buenas noches. ¡Vaya, mira la hora! He dormido hasta casi la madrugada.
— Asumí que así sería, luego de un parto de gemelos.
Hermione había sonreído, acomodándose en la cama para sentarse. Mientras intentaba poner en orden sus pensamientos, Eileen entraba junto a Molly Weasley. Sostenía cada una, uno de los pequeños. La joven Gryffindor, había sonreído como jamás Snape hubiese visto antes.
— Lamentamos interrumpir a mamá, pero creo que ya están listos para la comida del día.
La joven había asentido, tomando a uno de ellos para colocarlo en su regazo y de una u otra forma, había colocado a su hermano, en el otro pezón.
— Eso, ¡cuidado de no apretar tan fuerte!— Hermione había suspirado en silencio y luego, ladeado la cabeza a Snape, quien estaba ensimismado mirándolos. — No había pensado en un nombre para ellos, Severus. ¡Sabía que algo se me olvidaba!
El profesor de pociones había sonreído suavemente. Con una de sus manos, había acariciado la parte posterior de su cabeza.
— Algo se nos ocurrirá, luego. Por ahora, tenemos otras cosas que discutir. Hermione.
Molly se lo imaginaba y había desviado la vista hacia Eileen, que parpadeaba ligeramente sorprendida.
Por el tono de voz, parecía que algo iba a resultar mal e iba a romper toda esa momentánea "paz", que habían sentido luego del nacimiento de los bebés.
Ambas mujeres habían comprendido que lo mejor era abandonar la habitación. Hermione había dirigido su atención a Snape, mientras éste mantenía la vista fija sobre ambas criaturas.
La pequeña parecía tener el cabello tan negro como el suyo.
Abajo se había escuchado. La orden del fénix continuaba reunida, cuando Hermione había exclamado ante lo que Snape había dicho.
— ¿¡Morir! ¡Pero...no puedes!
Severus había hecho un gesto con las manos, para que bajara la voz. Pero resultaba imposible, Hermione estaba alterada. Incluso los bebés parecían contrarios al humor de Snape, sus palabras suaves. Estaban inquietos.
— Hermione, tranquilízate. Escúchame, déjame terminar. No te hará bien alterarte.
— ¿Y qué diablos pretendes? ¡No voy a alterarme cuando quieres morir por nosotros! Si no te has dado cuenta, ¡ninguno te ha pedido eso!
Lo sabía. Lidiar con Hermione Granger Snape, iba a resultar imposible. Realmente, ambos eran muy diferentes. Como Slytherin que él era y como Gryffindor que ella resultaba ser. Pero ella coincidía con el resto de la casa.
Nadie quería que se sacrificara.
— Si yo muriera por ellos, nada podría tocarlos hasta tener la mayoría de edad. Pero ya tendrías tiempo para pensar en algo.
Gruesas lágrimas habían resbalado por las mejillas de Hermione, mientras Snape permanecía adusto en su asiento, sin presionar. Había dado su punto de vista y una vez más, no esperaba que lo entendieran.
— Pero...no puedes, Severus. No puedes dejarnos solos. ¡Y no digas que estaré muy acompañada! Estoy hablando de mi esposo. ¡Estoy hablando del padre de mis hijos!
Severus permaneció en silencio, mientras la puerta de la habitación se abría. Albus Dumbledore se abría paso, junto a Sirius Black. Había escuchado acerca del plan y pensaba igual que Hermione, al respecto.
— Felicidades, Severus. Por ambos bebés. Y no pude evitar escucharlo, estando en el salón, lo que piensas hacer.
— Es la mejor forma y no voy a detenerme.
Albus había suspirado, mientras Hermione trataba de mantener el temple. Pero resultaba imposible, no podía evitarlo. Simplemente tenía que sentir las lágrimas de dolor. Ya lo había vivido. lo había "soñado". Severus se había salvado de la muerte que ella había soñado, pero...
¿Se podría salvar de una muerte premeditada? ¿De algo que realmente estaba buscando?
— Hay otras formas de realizar ese hechizo. En teoría ellos no podrían tocarlos, porque tendrían que pasar por encima de ti.
— ¡No les sería difícil matarme!
— Y muerto, Voldemort encontraría una forma de cumplir con su cometido. Lo hizo con Harry, Severus. Pudo volver, tomando su sangre y así, no ser vulnerable al amor de su madre. ¿No crees que podría hacer lo mismo, con Hermione? Además, es más probable que mientras sigas con vida, sea más fácil protegerlos. No dudo de las habilidades de Hermione, pero cuando tienes hijos, las cosas son diferentes. Ya no luchas por ti mismo, debes luchar por dos criaturas. Podrían estar vulnerables en cualquier momento.
Parecía que no se pondrían de acuerdo y él no podía dejar de pensar.
Solo podía hablar con una persona y desahogarse.
Su madre.
Y Eileen Prince, pensaría igual, pero al menos podía escuchar sin alterarse. Era más sencillo, por el asunto de ser madre e hijo.
De eso se trataba. De lazos familiares. Y mientras Severus meditaba, su cabeza permanecía sobre las piernas de su madre, en el sofá. Ella acariciaba su cabello en silencio.
Sabía que moriría de perderlo, pero sabía que tampoco podía detenerlo. Cuando algo se metía en su cabeza, era difícil sonsacarlo de ello.
Estaba preparada para perder a su hijo. Pero eso no significaba que no lucharía por lo contrario.
— Severus, tienes que escuchar a Hermione y a Albus Dumbledore. Morir no solucionará las cosas. Solo a largo plazo y entonces, el sacrificio será en vano.
— Cuando sean mayores de edad, podrán defenderse. Entonces, Hermione tendría más tiempo. Tendría...
— Pero podrían matarla a ella también. Entonces el amor de ambos, se habría acabado. No tiene sentido. La protección se terminaría. Estarían protegidos por un "hechizo", pero estarían desamparados en el mundo. Claro que los cuidaríamos, pero es una historia tan triste que no debe repetirse. Como el joven Potter.
Sí. Hubiese querido que las cosas fueran distintas.
— Entonces me temo, que no puedo solucionarlo. Que deberé entregar a uno de los bebés y verla sufrir por ello. No puedo, simplemente no...
— No limites a tu cabeza a pensar solamente en las desgracias, Severus. Algo se nos debe ocurrir.
¿Qué?
¿Qué diablos podía hacer?
Estaba atado de manos.
