Disclaimer: Los personajes son propiedad de JK Rowling, la histora es mía. Únicamente disfruto mucho metiéndome en la piel de los personajes y darles un poquito de vida.


Capítulo 45: Tú no eres James


La única noche del año en la que todo tenía que ser paz, armonía y amor, comenzaba con mal pie. Peter Pettigrew era consciente de ello, sentado a la mesa de los Potter, observando las miradas nerviosas que más de uno de sus amigos se lanzaban entre sí entre plato y plato.

-Ratita, ¿no quieres más?- le preguntó su novia, mirándole ella también con el ceño fruncido.

Él simplemente negó, sin apartar la vista de sus mejores amigos.

Hacía diez minutos que se habían sentado a la mesa, tras la llegada del primo de James a la mansión. Todos se habían quedado asombrados al ver a la fiera de Lily Evans desmayándose sin razón. Incluso Halliwell, aún entrando casi a rastras en la mansión, se había quedado quieta al ver a una de sus amigas en los brazos de su novio.

-Han sido secuelas del incidente que ella tuvo- había comentado el padre de James con serenidad minutos después de que Lily despertase.- Se repondrá enseguida, no os preocupéis.

Y así había sido. Una muy pálida Lily Evans despertaba minutos después en el regazo de James, mirando atónita a todos lados sin entender lo que le había sucedido.

-Aquí hay algo que no me gusta- musitó en voz baja, haciendo que su novia se tensase al oírle.

Y no era de extrañar sentir aquella preocupación, Peter era consciente de que algo malo iba a suceder y era eso lo que le hacía estar alerta ante cualquier cosa que pudiese pasar.

-¿Dónde has estado todo este tiempo, Rigel?- preguntó Remus con voz modulada queriendo relajar un poco la tensión.

El recién llegado mostró una fugaz sonrisa.

-Estudiando y aprendiendo nuevas formas de defensa mágica- comentó con tranquilidad obviando la mirada ceñuda que le dedicaba su tío- En estos tiempos, es mejor prevenir que curar.

Sirius asintió enfáticamente echando furtivas miradas hacia la entrada del pasillo, por la que esperaba ver llegar de un momento a otro a su rehén. Peter no pudo evitar suspirar de nuevo al ver en su expresión una determinación férrea a lograr lo que deseaba con respecto a su amiga.

-¿Y vosotros qué tal en la escuela?- preguntó Rigel- ¿Alguna broma interesante que hayáis hecho últimamente?.

Los cuatro merodeadores se miraron unos a otros, temiendo que alguna de las chicas presentes comentase algo referido al secuestro que acaban de organizar. Conociéndolas, aquella posibilidad era más bien un hecho irrefutable. Extrañados se quedaron al ver que tanto Elizabeth y como Lili miraban muy interesadas el plato de su cena sin comentar nada. Cosa nada normal en ellas, la verdad.

-¿Ese silencio quiere decir que habéis tramado algo que no se puede contar delante de todos?- insistió el primo de James mirando risueño a su tío.

-Todo puede ser- contestó Sirius misteriosamente alzando sus cejas.

Nadie más dijo nada, se dedicaron a cenar en silencio cada uno sumido en sus propios pensamientos.

Esta noche se presenta rara, muy rara, sentenció Peter para sí mismo sin poder evitar sentir que algo malo pasaría. Al menos eso parecía.

0o0o0

Había llegado la hora.

Alphard Black lo supo nada más se apareció en la entrada de la mansión y oyó ruidos de batalla. Al parecer su intuición había sido acertada, la lástima había sido no haber logrado llegar antes para echar una mano.

Suspirando sacó su varita y caminó hacia la puerta dispuesto a ayudar en lo que fuera posible. Sabía que probablemente no saldría vivo de aquella, pero no le importaba. Su tiempo ya había pasado y estaba contento con lo que había logrado.

Sobre todo porque sé que mi muchacho estará preparado para enfrentarse al mundo con mi ayuda, cuando ya no esté, pensó sin poder evitar recordar la vez que más triste había visto a Sirius Black.

-Flashback-

Últimamente necesitaba tomarse una copa de su cerveza de mantequilla favorita para poder conciliar el sueño. Sabía que el mundo mágico estaba sufriendo una inminente guerra y mucho se temía que no estaban preparados para enfrentarse a ella. Sabía que lo esencial para poder oponerse a una fuerza oscura era que todos se mostrasen unidos y cooperasen juntos, pero él mismo reconocía que aquello era imposible. Era un ejemplo de ello, ya que su propia familia le había repudiado injustamente.

-Te estás volviendo un viejo tonto- se recriminó suspirando mientras bebía un trago profundamente- Pensar en cosas pasadas ya no sirve para nada.

Intentó dejar la mente en blanco sin pensar en nada cuando un ruido en la entrada del local le sobresaltó, haciendo girar su vista hacia el extraño individuo que acababa de cruzar las puertas con brusquedad. Llevaba una túnica negra empapada y su rostro oculto. Era evidente que parecía que se escondía y que estaba muy alterado.

"No es asunto mío" pensó Alphard intentando concentrarse en su bebida y fue a beber un sorbo más cuando se quedó paralizado al ver que el recién llegado caminaba hacia él rápidamente. Abrió la boca para increparle por interrumpirle cuando descubrió quién había debajo de aquella túnica.

-¡Sirius!- exclamó levantándose en el acto.

El muchacho no respondió, se quedó parado mirándole fijamente. Al verle más cerca, Alphard descubrió entre sus manos un trozo de fotografía arrugada.

-¿Qué ha pasado?.

-Ya no tengo familia, tío, sólo eso- musitó con voz ronca sentándose a su lado- Oficialmente ya no pertenezco a la familia Black, me borraron del tapiz.

Al escuchar aquellas palabras dichas de su sobrino, se quedó un momento parado sin saber qué decir. Sabía que Walburga era a veces un poco extremista, pero rechazar de esa forma a uno de sus hijos era algo que nunca había esperado ver.

Observó durante un minuto como el joven Sirius Black miraba detenidamente una fotografía maltrecha, con los puños apretados.

-¿Por qué tu madre haría eso, hijo?.

-Soy una deshonra para el apellido Black según dicen, y todo por no apoyar su estúpida teoría contra los muggles, y los sangre sucia. Como si ser un mago nos hiciera estar por encima de los demás- comentó sarcástico- Simplemente colmé el vaso y ahora ya no tengo ningún sitio a donde ir. Para ellos es como si yo no existiera.

Ambos se quedaron callados asimilando en silencio lo que aquello suponía. Alphard reconocía que su familia era un tanto especial, pero rechazar de esa forma a su propio hijo era algo que él no pensaba dejar pasar como si nada. Quiso abrir la boca para decirle que él lo arreglaría todo cuando vio cómo su sobrino observaba con expresión contenida la fotografía que tenía entre sus manos.

Se inclinó ante él para ver cómo un par de chiquillos reía y jugaba en un patio. Eran Sirius y Regulus Black semanas antes de que éste último entrara en Hogwarts y fuera elegido para la casa Slytherin. Una de las últimas veces que les vio reír juntos como hermanos.

-Le perdí, tío- musitó Sirius tristemente- Quise protegerle y no me di cuenta que quién necesitaba protección era yo. Ya no tengo nada.

-Me tienes a mí, y tienes a tus amigos- le animó poniendo una mano sobre su hombro- Vamos muchacho.

-¿A dónde?.

-A darle de qué hablar a la familia Black, se arrepentirán de esto. Ya lo creo.

-Fin Flashback-

Sin poderlo evitar, sonrió como un viejo enloquecido recordando la mirada ofendida de Walburga y de Orión cuando les cantó en su cara lo idiotas que eran rechazando de aquello forma a su primogénito. Bien sabía que aquello le había costado su lugar en el clan Black, pero le daba igual. Si su sobrino había sido expulsado del tapiz, Alphard sabía que no pintaba nada que él estuviera.

Al menos financieramente Sirius estará protegido cuando yo ya no esté, es un alivio, se dijo respirando profundamente cuando oyó horrorizado el grito de avada kedavra en el piso superior de la mansión. Maldita sea, llego demasiado tarde.

Ya no lo pensó más. Corrió con todas sus fuerzas intentando minimizar los daños que hubieran podido ocasionar.

Sirius Black esto va por ti.

0o0o0

Gritos y voces por todas partes peleaban en su cabeza, amenazándola con perder sus nervios. Demasiado tiempo sin tomar la poción era lo que le ocasionaba que ahora las emociones de todos los presentes en la casa y de más allá, se metieran en su mente para torturarla. Quiero que pare de una vez, no quiero seguir con esto. Ojalá pudiera dejar de tener este don, que alguien me ayude por favor.

Alexandra gimió sin poderlo evitar enterrando su cabeza en la almohada. Tentada estuvo de llamar a Rodolphus y tocarle para dejar de sentir. En el callejón Knocturn dónde Black y los demás la habían encontrado había atisbado por primera vez la posibilidad de librarse para siempre de sentir las emociones de los demás, y la había desaprovechado por miedo ante lo desconocido.

Miedo no, por tus amigos y por él… por Black.

Se llamó tonta al recordar al joven moreno de ojos grises azulados. Tampoco podía olvidar la expresión de tristeza que se había formado en la facción de su compañero Gryffindor aquella noche. Al parecer que ella se mostrase compasiva con Remus le había dolido más de lo que podría sospechar.

¿Pero qué otra cosa podía haber hecho ella?. Había sentido cómo el corazón de Remus Lupin se rompía en mil pedazos. ¿Acaso no tenía que haber reaccionado?. ¿Tenía que permitir que él sufriera?.

-Esto es una locura- gimió ella con los ojos llenos de lágrimas- No puedo seguir torturándome con los sentimientos de los demás, hasta que yo no pueda dejar de sentir este dolor.

Quiso gritar para dejar pasar su frustración cuando oyó que alguien abría la puerta de su habitación y pasaba dentro con una taza humeante en las manos.

-Querida, perdona que haya tardado en venir a darte esto- musitó Harold Potter dejando la taza en la mesilla. - Acabo de recibir una carta de Dumbledore pidiéndome que te la diera nada más llegarás, pero con la visita de mi sobrino y de los chicos lo olvidé. Espero que te haga sentir mejor.

Con ternura acarició su frente antes de salir de la habitación dejándola de nuevo a oscuras.

Ansiosa Alexandra se incorporó y bebió de un trago la poción cerrando los ojos fuertemente. El roce de la mano del patriarca de los Potter casi había hecho que gritara. Hacía mucho tiempo que no sentía tanto dolor, pena y ansias de venganza en nadie. Por lo visto, el papa de James aún no había superado la pérdida de su mujer a manos de los mortífagos que tanto dolor estaban causando.

Al terminar de beberse su medicina, se tumbo de nuevo en la cama sabiendo que aún pasarían unas horas antes de que hiciera efecto en su cuerpo. Unas horas más y podría volver a sentirse tranquila, al menos por unos días más.

Quizá si intentaba descansar un poco podría pensar en qué hacer ahora que estaba atrapada en la mansión Potter. Sabía que Sirius Black no dejaría que se marchara así como así después de su ridículo secuestro, y a decir verdad ella tampoco quería marcharse. Sus amigos se encontraban allí y lo estarían durante las próximas dos semanas. Ella nunca había pasado una Navidad rodeada de gente que quisiera y que respetara y por una vez en su vida quería probarlo y ver qué se sentía disfrutando aquél tiempo mágico rodeada de sus amigos.

Quizás incluso podría encontrar algún hueco para hablar a solas con Remus. Si de ella dependía, no le dejaría seguir sufriendo tontamente.

0o0o0

Desesperada ante la falta de noticias, así se sentía Marlene dudando de qué hacer. Había intentando por todos los medios conectar con su marido para saber dónde estaba y qué estaba haciendo, pero no lo había logrado. Al parecer nadie sabía nada, y eso la estaba sacando de quicio.

Tras intentarlo todo, había decidido que lo mejor que podía hacer era salir a la calle e investigar en los barrios muggles. Su lado mágico le decía que su marido estaba en medio de alguna batalla contra los mortífagos y le daba pánico no estar con él para ayudarle. Siempre habían ido juntos a las contiendas y pensar que él estaba solo luchando contra quién sabía qué era algo que no podía soportar.

Decidida a investigar lo que estaba sucediendo, la joven de ojos castaños fue a coger su túnica y sus cosas, cuando oyó un ligero plof en la planta baja de la casa dejándola paralizada durante unos segundos. A continuación comenzó a oír ruidos de frascos de cristales rotos, lo que la llevó a pensar que alguien se encontraba en la habitación de pociones donde guardaban todas las pócimas.

-¿Mac?- susurró Marlene agarrando con fuerza su varita.

Su intuición le decía que sólo su marido conocía la entrada al cuarto de las pociones, pero le parecía raro que si fuera él no hubiera ido primero a visitarla, sobre todo teniendo en cuenta que llevaba todo el día sin saber nada él. Como sea un mortífago y le haya hecho daño, no respondo de mis actos.

Furiosa ante tal posibilidad, fue hasta allí veloz pero cautamente. Su entrenamiento como futura auror la había hecho ser sigilosa cuando la situación lo requería, y para pillar a un intruso el factor sorpresa era importante. Inspiró hondo un par de veces antes de entrar en la estancia con la varita en alto. Se quedó paralizada cuando se encontró a su chico agachado en unos de los armarios buscando frenéticamente un frasco del interior.

-¡Mac!- gritó ella yendo a su lado con el corazón latiéndole a mil.

Él se incorporó enseguida atrayéndola a sus brazos en un gesto natural, producto del cariño y del amor que se tenían. Marlene suspiró fuertemente sintiéndose a salvo ahora que estaba junto a él.

-¿Qué te ha pasado cariño?- preguntó acariciando con ternura un corte que tenía en una de sus cejas.- ¿Dónde has estado?.

-Luchando contra mortífagos cielo, tenemos que volver. Fabian y Gideon Prewett están en peligro.

-¿Los hermanos Prewett, pero no estaban ellos vigilando a…?.

-Sí, y por lo que he podido ver ya han matado al matrimonio que estaban protegiendo, Gideon estaba malherido y Fabian inconsciente. Yo mismo hubiera muerto si no hubiera sido por Alphard Black, que entró en la mansión distrayendo a los mortífagos. Aunque su acto le costó que ahora le estén torturando a él. Tengo que volver y ayudarles.

Ella tembló entre sus brazos, sabiendo lo que aquello podía significar. Sabía que su marido se había arriesgado mucho marchándose de allí en busca de una poción que le hiciera salvar su vida y la de sus amigos de la Orden. Una parte muy egoísta de su interior quería exigirle que no fuera para poder protegerle y que no saliera malparado pero sabía que no podía. Era su trabajo y su vida. Ayudar a los muggles era su razón de ser y nada cambiaba eso, ni siquiera su amor.

-Está bien cielo, consigamos esa poción y vamos hacia allá.

-Cariño, no quiero que…

Marlene le silenció besándole en los labios cálidamente. Mac nunca la pondría en peligro a propósito, pero al igual que ella no podía detenerle para que no fuera a luchar, él tampoco podría hacer que ella se quedara en casa esperándole. Eso lo leyó fácilmente en los ojos de su mujer, pues lo único que hizo fue sonreír antes de coger la poción que buscaba y desaparecerse de allí con rumbo a la mansión que estaba siendo atacada.

Pasara lo que pasara aquella noche, estarían juntos, y eso era lo único que ambos querían en aquellos momentos.

0o0o0

Carne quemada y gritos de horror. Severus Snape no podía dejar de oír los gritos de los muggles que había torturado y matado aquella noche. Ya no le importaba si había sido hacía unos cuantos minutos, segundos u horas. Había dado el paso definitivo, ya era un mortífago por completo y su corazón sangraba ante ese hecho.

Bellatrix, una vez que hubo visto lo quería ver en el novato, se marchó del lugar, dejándole solo para que terminara su hazaña. Y así solo había acabado con la vida de ocho muggles, que no habían hecho nada malo, sólo estar en el lugar equivocado el día menos propicio para ello.

Sus ojos oscuros brillaban mientras veía las llamas consumir el local donde instantes antes había estado. Ni siquiera se inmutó cuando escuchó la palabra por la que muchos de los mortífagos se morían por decir cada vez que salían a la caza de gente inferior como los muggles. Morsmordre. La señal de que las órdenes del Señor Tenebroso se habían cumplido.

Snape sabía por parte de Lucius y de Evan que ver en el cielo aquella marca era lo mejor que a un iniciado le podía pasar, porque eso demostraba que ya estaba a un paso de cumplir sus sueños realidad, sus ambiciones y deseos que estaban más allá de lo que estudiaban en Hogwarts y de lo que vivían día a día. Siempre había pensado que el sentimiento estaba sobreestimado, pero ahora veía que se equivocaba. Completamente. Nada le había preparado para esto.

-Enhorabuena Sev- le felicitó la voz de Evan Rosier a su espalda dándole una palmada fuerte.- Me crucé con Bella y me ha confesado que lo has hecho estupendamente. Ya eres un digno compañero de nuestra causa. No podría estar más orgulloso de ti, amigo mío.

El muchacho de Slytherin ni se inmutó. Simplemente se giro y comenzó a caminar hacia su casa. Tenía mucho en lo que reflexionar. Su vida había dado un giro de más de noventa grados en una sola noche, y no sabía cómo podía continuar a partir de ahora. El Severus Snape que había convivido con él los últimos dieciséis años era una pálida sombra del joven que iba a ser, y todo gracias a una decisión tomada en menos de un minuto.

Su destino acababa de empezar y ya no le quedaba más remedio que continuar hacia delante. Un nuevo Snape había renacido y ya nada sería igual en su vida.

0o0o0

Remus Lupin observaba las estrellas arrebujado en una manta, para cubrirse del frío que hacía a medianoche. Había salido hacía un rato para despejar su mente, y no había sido capaz de sanar sus heridas. El nombre de Elizabeth estaba grabado en su cabeza y en su piel a fuego, y sabía que era imposible dejar de pensar en ella, y más sabiendo que la tenía a pocos metros de allí, durmiendo apaciblemente en una de las camas de invitados.

Muchas veces en los últimos años se había quedado a dormir allí tras una salida en grupo con sus amigos, y nunca antes había deseado estar más lejos del lugar para dejar de pensar. Sentía que no podía respirar bien cuando recordaba la mirada dolida de Elizabeth ante el hecho de que Sirius se sintiera atraído por Alexandra.

Nunca ni en sus peores pesadillas se había imaginado que una situación así podría pasarle. ¿Quién le iba a preparar ante el hecho de saber que uno de sus mejores amigos era el amor platónico de la chica que él amaba?. Era una locura si quiera pensarlo. Sobre todo por los celos que aquél hecho deberían producirle, y que no llegaba a sentir.

Dolor sí, mucho. Ganas de llorar también. Impotencia quizás, pero no celos. No podía culpar a Sirius de que todas las chicas cayeran rendidas a sus pies. Tenía que reconocer que su amigo era en cierta manera atractivo, muy peligroso e inteligente. Unas cualidades que le hacían muy sexy ante los ojos de cualquiera chica, y Elizabeth era una de las mejores personas que él conocía.

Ambos harían buena pareja.

Y quizás era eso lo que más le dolía, se dijo Remus cabizbajo. Sirius era todo lo que él no era. Tenía dinero, contactos, seguridad en sí mismo. Estaba convencido que junto a Canuto nadie podría hacer daño nunca a Elizabeth, cosa que él no podía asegurar, sobre todo si se encontraba con ella en luna llena. Su pequeño problema peludo era su maldición y era la razón de que nunca podría llevar una vida normal.

Saber que a su Eli le gustaba Sirius era sólo una verdad más que tenía que aceptar y comprender, nada más. Ojalá su corazón le hiciera caso a la razón.

-Remus, amigo, ¿qué haces aquí tan solito?.

No se giro al oír las palabras de James, ni a sentir cómo se sentaba a su lado. Ambos estaban en el tejado de la mansión. Tácitamente los cuatro merodeadores habían acordado que cuando subieran allí era para estar a solas y tranquilos con sus pensamientos. Era evidente que si James había subido era porqué él también tenía algo contra lo que luchar y vencer.

-No, no te vayas- le pidió el joven con lentes apoyando sus brazos en las piernas, mientras observaba el paisaje que les rodeaba con cariño.- Sé qué te pasa algo Remus, te conozco. No eres el mismo desde que volvimos del callejón Knocturn. Tu mente está en otra parte.

-Digamos que he comprendido algo que estoy intentando aceptar- contestó pasados unos minutos.- A veces el querer a alguien complica las cosas más de lo necesario, Cornamenta.

-¿Esto tiene que ver con Elizabeth?.

El lobito asintió poniéndose en pie. Sus ojos miel habían perdido el brillo que les caracterizaba y eso a James no le gustó nada. Quiso decir algo que consolara a su amigo, o al menos que le ayudara a sentirse mejor, pero impotente le vio marcharse lentamente.

-Estaré bien, Jamsie- le dijo antes de iniciar la bajada a la casa- Además ya es Navidad, quizás ocurra algún milagro. ¿Quién sabe?.

0o0o0

Más feliz que una niñita con un caramelo nuevo, así de contenta y excitada se sentía Bellatrix Lestrange mientras caminaba por una villa muggle, hiriendo y matando a todos aquellos con los que se encontraba. No le importaba ni su edad, condición ni sexo. Muggle que veía, muggle que caía ante ella, y eso le gustaba, le hacía sentirse poderosa. Haber visto cómo el novato más esquivo, como lo había sido Severus Snape hasta aquella noche, torturaba a sangre fría, le había hecho desear usar su propia varita para sembrar el caos y la desgracia allá donde pisara y lo estaba haciendo con gran placer.

Sabía que su amo estaría muy orgulloso de ella y de los suyos. Causar destrucción y pánico una de los noches más absurdamente pacíficas del año, la hacían sentirse dichosa. Excitada. Lamentaba no tener cerca a su prometido parar terminar de culminar la noche que tan maravillosa estaba siendo.

Habrá tiempo después para ello, pensó Bella girando en círculos mientras reía estridentemente. Sabía que muchos podrían pensar que estaba loca, pero eso a ella le daba igual. Ya tenía fama de extravagante, que pensarán que era peligrosa estaba más que bien, la verdad.

Giró por una esquina persiguiendo a un muggle que corría desesperado, cuando se encontró en sus narices a un encapuchado que la miraba a los ojos fijamente. Frunció los labios cuando le reconoció sin poderlo evitar. Mucho se temía que su diversión estaba a punto de acabar.

-Bella, Bella, Bella, es hora de volver a casa- musitó Mcnair taladrándola con la mirada, mientras acababa con la vida del muggle que ella había perseguido con un solo movimiento de varita.

-Pero me lo estaba pasando bien- susurró ella frunciendo los labios en un puchero que a muchos hombres les parecería atractivo, de no ser por su mirada malvada que no presagiaba nada bueno.

-Órdenes del Señor Tenebroso- argumentó otra vez apareciendo detrás señalando la marca que todos tenían en su antebrazo y la que ondeaba en el cielo.- Nos llama. ¿No irás a negarte a ir, verdad?.

-Como si no lo supieras, Rigel- le escupió ella mirándole ferozmente.

No soportaba que nadie pusiera en duda cuáles eran sus obligaciones.

-Os veré allí entonces. No lleguéis tarde.

Y sin dar una mirada atrás, Bellatrix Black comenzó a caminar con un rumbo fijo, emocionada ante lo que se avecinaba. Su instinto le decía que su Señor le recompensaría por todo lo que había logrado en una noche para la causa.

0o0o0

En su cama, Elizabeth Turner daba vueltas y más vueltas sin poderlo evitar. Su mente bullía de actividad, buscando la mejor manera para alejar de una vez por todas a Alexandra Halliwell de los merodeadores, pero seguía sin encontrar nada que ayudará a su propósito.

Durante la cena que habían tenido horas atrás, había temido ver aparecer a la causante de los quebraderos de cabeza que sentía, sobre todo por la posible reacción de Black y de Remus. Por suerte eso no había sucedido. Para muchos de sus amigos había significado una preocupación al no ver a la morena aparecer para cenar con ellos, para ella había sido un alivio.

Ahora lo que tenía que hacer era poner en marcha un plan que cumpliera con sus expectativas y sus planes. No podía permitir que Halliwell comenzara a salir con Remus, o con Black. Sería un desastre. Ya era malo que Lily hubiera comenzado algo con Potter, pero que otra de sus amigas se uniera a un merodeador sería un desastre. Una locura.

Eli se giro en la cama por undécima vez frustrada, porque no se le ocurría nada. Quería pensar en algo que causará una brecha entre los merodeadores y Alexandra, pero no quería hacerles daño, por eso, no lograba encontrar una solución con facilidad. ¿Cómo se le rompía a una amiga el corazón, con el pretexto de hacerlo por su bien?. Lily la mataría si supiera lo que estaba pensando ahora mismo.

-¿Qué puedo hacer?.

-Intentar dormirte estaría bien, cariño.

Se sentó de golpe en la cama al oír la voz risueña de la pelirroja en la que recién estaba pensando. Llevó una de su mano al corazón para intentar controlar su latido. Desde el ataque que había sufrido, y tras la muerte de su madre, cualquier acercamiento inesperado la alteraba y no se lo podía permitir. No pienses en Rosier y en los suyos, se ordenó enojada.

-Lilian Evans, cielo, no me asustes de este modo. Casi me da algo.

-Una pequeña regañina es lo que merecerías que te diera, y no lo voy a hacer- comentó ella risueña, lanzándose de un golpe a la cama de su amiga como un torbellino.

-¡Auch!- Gimió la castaña mirándola con cara de pocos amigos-Eso duele.

La pelirroja río abrazando a su amiga con cariño. Por un mini segundo, Eli se tensó ante el abrazo de su mejor amiga. Tras lo que le había pasado, no soportaba que nadie la tocase, menos Remus claro. Pero ahora el chico de ojos miel que ella apreciaba tanto estaba colgado por Alexandra y no querría abrazarla nunca más. Apretó los puños con rabia, aceptando el cariño de su mejor amiga, cerrando los ojos dispuesta a relajarse.

No podía permitir que sus miedos recién descubiertos la bloquearan.

-Eli cielo, te conozco, sé que algo te pasa- comenzó a decir Lily taladrándola con la mirada clara de sus ojos verdes- Sé que los chicos me han ocultado algo que te ha pasado y no soy capaz de pensar qué puede ser. Lo único de lo que soy consciente es de que sufres, y me gustaría poder ayudarte.

-Si quieres ayudarme, habla con James y convéncele para que él a su vez hable con los otros merodeadores para que se alejen de Halliwell. Así me harías feliz.

Eli se negó a sentirse culpable al ver cómo su amiga se cruzaba de brazos para mirarla más fijamente aún tras oírla.

-¿Aún sigues con eso?.

-Halliwell no saldrá ni con Black, ni con Remus- No lo permitiré.- ¿No ves que es lo que ella ha perseguido todo el curso?. Hasta este año, dormíamos todas en el mismo cuarto, y no nos dirigió casi la palabra. Casualmente en este curso nos habla, se ha hecho amiga nuestra y resulta que dos de los merodeadores pierden la baba por ella. ¿No te parece extraño?.

-Sabes que no es así. Alexandra no ha hecho nada de…

-Lils- la cortó- Sé de lo que hablo. Conozco todas las artimañas femeninas que existen. Por algo crecí con Rosemund Turner.

Sintió que su corazón latía más fuerte al recordar la última mirada que su madre le dirigió al morir ante sus ojos.

-Ella me ha enseñado muy bien, y no voy a dejar que sus enseñanzas caigan en balde ahora que ella ya no está.

-Eli, no tienes que buscar una manera para lograr que Remus y Black…

La pelirroja se interrumpió al ver cómo los ojos de su mejor amiga se llenaban de lágrimas no derramadas. Fue entonces cuando comprendió la tristeza que había tras aquellas palabras que había pronunciado.

-¿Ahora que ella no está, has dicho?- preguntó Lily con suavidad- ¿Acaso ella está…?.

-Murió Lils. Mi padrastro la mató- masculló con rabia omitiendo el detalle de haberlo tenido que presenciar- Y unos mortífagos le mataron a él después, hiriéndome a mí en el proceso. He estado en la casa de Remus con sus padres, recuperándome hasta hoy. Era la primera vez que salía a la calle desde el ataque.

Jadeó sin poderlo evitar al sentir como Lily la abrazaba con fuerza, queriendo demostrarle todo su amor y cariño de amiga con ese gesto. Eli se dejo abrazar sabiendo qué necesitaba de ese consuelo. Aún se le hacía increíble pensar que nunca más vería a su madre. Haber vivido con Remus los últimos días había sido como una panacea para ella ante el dolor, ahora lejos de él, todo lo malo volvía a herirla y no sabía si estaba preparada para dejarlo salir.

No le había contado ni a Lils, ni a Remus el verdadero ataque que había sufrido a manos de los mortífagos. Si de ella dependía, nadie nunca sabría que su condición de mujer había sido mancillado de aquella forma tan cruel. No quería ver en sus ojos compasión, ni ningún sentimiento parecido.

Necesitaba seguir adelante, y para ello le hacía falta una causa. Impedir que Alexandra se liara con uno de los merodeadores sería lo que la motivara a seguir.

-Cariño, lo siento tanto…- susurraba Lily dándole todo tu apoyo- No puedo ni imaginar por lo que pueda estar pasando ahora.

-Necesito estar sola, sólo eso- aceptó separándose de ella mirándola con ternura- Déjame ahora sola un rato, pero no te alejes mucho ¿sí?.

-Somos amigas, y sé que Alice y Alexandra también te apoyarán.

-Yo no quiero que…

Lily Evans la silenció guiñándole un ojo tranquila, mientras besaba su mejilla antes de salir del dormitorio para darle la intimidad que intuía que su amiga necesitaba. Elizabeth suspiró tumbándose de nuevo en la cama cerrando los ojos con fuerza. Necesitaba un aliciente para no derrumbarse, y para bien o para mal, lo había encontrado.

Lástima que su propósito tuviera que ser ir en contra de una de sus mejores amigas.

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Una, dos, tres horas. No sabía con exactitud cuánto tiempo había estado tumbado en el tejado de su casa tras ver marchar a Remus de allí. Aún en su conciencia batallaba la lucha de saber que al lobito le pasaba algo que estaba haciéndole daño, y se sentía impotente por no poder ayudarle.

Estoy casi seguro que el principal problema de Lunático es el amor que siente por Eli, y si mi intuición merodeadora no está muy mal encaminada, algo me dice que en el secuestro de Halliwell ha ido mal algún cabo suelto. Sino Remus no tendría esa expresión tan triste en su rostro.

Confuso James Potter alzó su mirada y escrudiñó el paisaje que rodeaba su mansión con melancolía. Pocos meses habían pasado desde que él había estado allí en ese mismo lugar, esperando para salir de viaje con su madre y su padre. Sin ir más lejos, el año anterior por Navidades habían disfrutado juntos los tres de unas semanas en la montaña. Felices y en familia, como debía ser.

Aquella Navidad no estarían juntos, su madre ya no estaba, aunque tenía que reconocer que no todo era malo. Su Lily era su novia, y estaba allí con él a su lado, al igual que sus amigos. Había perdido en el camino alguien importante como lo era la persona que le dio la vida y le enseñó a ser el muchacho que ahora era, pero había encontrado en cambio otras cosas por las que merecía la pena luchar y seguir adelante.

Y por mis amigos lo voy a dar todo, decidió mientras le brillaban los ojos tras el cristal de sus gafas, no sé lo que le pasará a Remus, pero lo averiguaré y lograré que se sienta bien. Incluso puedo pedirle ayuda a mi pelirroja para que ella hable con Turner, y propicien un acercamiento romántico.

Satisfecho ante el curso de acción planteado, James se levantó cogiendo impulso dispuesto a dormir el resto de la noche como un bebé. Necesitaba conciliar unas poquitas horas de sueño para prepararse ante el día que se avecinaba.

Fue a guiar sus pasos hasta la escalerilla que llevaba al piso inferior, cuando vio en el camino principal de entrada, la figura de una persona cruzar descuidadamente el patio, rumbo a la laguna que su padre y él años atrás habían ayudado a mantener y reformar. Reconocería aquella figura en todas partes.

Al parecer su amada pelirroja se sentía tan inquieta como él para poder dormir, y había decidido salir a pasear un rato antes de irse a la comida.

-Bueno Jamsie, esto retrasa un poco tus planes de irte a dormir- se dijo con sorna sonriendo traviesamente, dispuesto a seguir a su novia hacia el lago- quizás unos besos y arrumacos de Lily Evans me hagan soñar cosas interesantes esta noche.

Y riendo en voz baja comenzó a bajar por la escalerilla, sin fijarse en que en el lago se hallaba otra figura, encapuchada de negro de pies a cabeza, esperando tranquilamente la llegada de la propia Lily Evans.

0o0o0

Sentado en su despacho Rodolphus Lestrange contaba las horas del reloj deseando que se hiciera de día para que su plan se pusiera en marcha. Sabía que funcionaría a la perfección, como todo lo que él preveía. Convencer a la estúpida de Isabella había sido fácil, una pequeña amenaza, el temor de ella no volver a ver a su prometido y listo, la tenía en el bote. Su as en la manga lograría separar a Halliwell del único obstáculo que había que ella se le entregara, y estaba deseando sortearlo lo antes posible.

Bebió de nuevo un trago del whisky hasta casi acabarse con la botella él solo sin sentir el fuego del alcohol quemando por su garganta a su paso. Sabía que estaba más ebrio que sobrio, pero no le importaba. No todos los días, una mocosa de Hogwarts se negaba a hacer lo que él deseaba, y eso le ponía en un estado un tanto desequilibrado, como se sentía ahora mismo.

Tan raro de ánimo estaba, que ni siquiera había acudido a la llamada de su amo minutos antes. Rodolphus era consciente de que le esperaba un buen castigo cuando al fin se presentase ante al Señor Tenebroso, pero ahora mismo era el menor de sus problemas. Prefería mil veces sentir el dolor de las maldiciones imperdonables en su propia piel, que no el despecho que corría por sus venas nada más pensaba en Halliwell y en el traidor a la sangre de Sirius Black.

Maldito mocoso entrometido, escupió arrojando la botella a las llamas de la chimenea, rabioso ante el recuerdo de la mirada de Alexandra en aquél callejón. Ella podía haber sido suya, la tenía en la palma de su mano, y de no haber sido por la aparición de Black, la había atraído a su bando con un simple gesto afectuoso por su parte. Pero tuvo que aparecer y me fastidió el plan y la noche.

Frustrado caminó hacia su dormitorio dispuesto a darse una ducha bien fría para quitarse de su memoria lo que podía haber sido aquella noche, y que no sería hasta dentro de un tiempo. Fantasías eróticas, podían pensar algunos, y no lo negaría, evidentemente. Pero para él era algo más, era lograr el objetivo que llevaba meses planeando desde la primera vez que la vio en la sala común de Slytherin. Ese primer encuentro le había hecho sentir lo diferente que ella podía ser si la entrenaba con mano dura y la atraía a su causa mortífaga.

Y finalmente lo lograría, aunque para ello tuviera que depender de las artes de seducción de Issy. Aquella italiana le ayudaría, si no quería terminar mal.

Nadie le hacía fracasar en una misión y salía vivo para contarlo.

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La brisa del agua le alborotaba los cabellos pelirrojos, y le hacía tener que recoger los mechones de su pelo detrás de sus orejas cada poco rato pero a Lily aquello no le importaba. Había visto desde la casa aquél lago tras su conversación con Eli, y se había sentido atraída hacia allí como un imán. Y ahora que estaba allí, comprendía el porqué.

Era un lago maravilloso, lleno de color. El agua tan cristalina, tan pura, que le hacía desear darse un chapuzón. Lástima que estuvieran en invierno, y que no estuviera vestida para cumplir su deseo en aquellos instantes. Si no hacía rato que hubiera estado sumergida hasta la cintura, disfrutando de la sensación de estar bajo el agua.

Su charla con Elizabeth la había hecho sentirse como una mala amiga al no darse cuenta de la desgracia que ella había tenido que enfrentar sola. Ver como la persona que te había criado como un padre, asesina a su madre era algo duro de aceptar y de comprender. Si ella hubiera estado en la piel de su amiga, seguro que no habría tenido tanta calma.

Caminó por la orilla en dirección a la izquierda pasando sus manos por los hombros al sentir la corriendo helando un poquito su piel, mientras recordaba lo analítica que siempre había sido Elizabeth a la hora de tomar cada decisión. A veces, de pequeñas, muchos le habían acusado de ser una persona fría por no exteriorizar sus sentimientos, pero eso a Lily le parecía una tontería. Lo bueno de Eli siempre había sido su capacidad de analizar cada pequeña cosa para saber si la tenía que realizar o no.

Quizá se la podía acusar de ser una persona muy segura, pero ¿fría?. Una persona fría no sufría como su amiga lo hacía. Aquella noche sus ojos estaban anegados de lágrimas, y eso mostraba un sentimiento tan puro de dolor y de tristeza que no permitiría que nadie lo negase y le hiciera daño por ello. Por eso tengo que tener paciencia, con su obsesión por separar a Alexandra de Black y de Remus, pensó sobrecogida.

Lils temía cuando Elizabeth se obsesionaba con algo. Iba a costarle mucho esfuerzo y paciencia quitarle a su amiga de la cabeza la idea de ver cómo algo malo que un merodeador como Black se hubiera fijado medio románticamente en Alexandra, como lo había aceptado días atrás. En su opinión, Alexandra Halliwell era lo que Sirius Black necesitaba para centrarse un poco.

-Centrarse- repitió la pelirroja sonriendo tontamente- Ya, como si a Black salir con alguien le hiciera dejar de ser quién es. Ese argumento mejor no lo uses como algo bueno, porque si no estás perdida, nena.

Una voz en su oído riéndose, le hizo dar un salto y a punto estuvo de caerse al lago, de no ser por unos brazos fuertes que la cogieron de la cintura y la tomaron con fuerza.

-Hablas sola y parece que quieres caerte al agua. Últimamente parece que desmayarte delante de mi es lo tuyo.

Lils sintió que su corazón latía muy a su disgusto a mil, al verse delante de Rigel Potter, mirándole con tanta intensidad, que por un momento le costó comprender por qué no debía acercase tanto a él.

-Rigel.

-Te acuerdas de mi nombre- sonrió él sin soltarla ni un poco- Eso está bien.

-Eres el primo de James- logró vocalizar ella buscando con ello las fuerzas para separarse de su abrazo.

Él asintió, cumpliéndole el deseo de ser libre, mientras dejaba caer los brazos para que ella se alejara dos pasos, con cuidado de no caerse en el lago. Respirando profundamente, se negó a mirarle a la cara, mientras clavaba su mirada en el agua, recordando la primera vez que le había visto, en la villa muggle cercana a su casa semanas antes.

-Eres un mortífago- pronunció lentamente cerrando fuertemente los ojos.

A su mente vino la imagen de la persona que disfrazada mágicamente de James Potter, la atacó en Halloween en el castillo, al igual que no pudo evitar pensar en la figura que había matado a la mamá de su novio poco después, junto a los abuelos de Alice. Ambos eran mortífagos.

-¿vas a delatarme delante de mi primo y sus amigos?- preguntó Rigel, obligándole a que fijase su vista en él, mientras con sus dedos acariciaba su mentón y hacía que le mirase los ojos.

Se enfrentó a una mirada verdosa llena de dudas y de miedo, pero sobre todo de indecisión. Lily sabía que estaba metida en un lío del cual no sabía cómo salir. Una parte de ella, aunque fuera ínfima, reconocía que se sentía atraída hacia aquél ser que la hacía sentirse tan indefensa con un pequeño toque de sus manos. Como estaba haciendo ahora.

Pero otra parte más fuerte en ella que predominaba, le hacía recordar la mirada clara y sincera de James Potter, mientras la besaba y cuidaba de ella como venía haciendo las últimas semanas. Todo en ella le hacía recordar su amor por James, incluso la mirada de Rigel, pues eran primos y se parecían en cierta manera.

-Vamos pelirroja- susurró él acercando sus labios tanto a los suyos que sólo los separaban un suspiro el uno del otro- Dime, ¿me vas a delatar?.

Durante un segundo estuvo tentada de dejarse llevar y decirle que no. Recordaba la promesa de protegerla que había formulado cuando se conocieron. Soy el mortífago que te protegerá. No había podido olvidar aquél encuentro por mucho que lo hubiera intentado.

-Déjate llevar, nadie lo sabrá nunca- suspiró Rigel.

-Lo sabría yo- dijo Lily poniendo las manos en sus hombros mientras se daba impulso y se alejaba de él- y tú no eres James.

Aquellas palabras eran la clave de todo lo que sucedía. Era cierta que una parte de ella que horrorizaba podía sentirse atraída hacia el lado oscuro que presentía y sabía que había en Rigel, pero ni todo eso junto, le hacía querer hacer daño a James. Para bien o para mal, se había enamorado del merodeador. Y por mucho que a veces la sacara de quicio, le quería, y nunca le traicionaría.

-No te delataré todavía… porque es Navidad- admitió ella caminando de regreso alejándose del lago- pero en Año Nuevo prepárate. No creo que a mi James le guste saber que su primo ha intentando seducir a su novia.

Y sin más, caminó hacia la mansión, pensando que necesitaba abrazar a su chico con fuerza para calmar el alocado latir de su corazón. Parecía que se le iba a salir del pecho de un momento a otro. Tanto que quiso pararse a tomar un poco de aire, cuando sintió que unos brazos la cogían y unos labios la besaban con ardor y amor.

Por un segundo temió que fuera Rigel y que no hubiera aceptado su decisión de marcharse de allí dejando las cosas como estaban, pero enseguida sintió en el beso, los labios y la pasión de James Potter, y no puedo evitar entregarse apasionadamente a su chico, besándole con amor.

-mmm mi Lily, adoro tus besos- suspiró él acariciando sus rizos pelirrojas con ternura- Esta Navidad va a ser genial teniéndote a ti a mi lado.

-¿Tú crees?- suspiró ella mientras pasaba sus manos por el cuello de su chico atrayéndola hacia su lado lentamente, robándole un pequeño beso.

James alzó una ceja sorprendido.

-¿Estás cariñosa hoy, nena?.

-Estoy enamorada ya sabes- reconoció Lils, haciendo que las mejillas del chico se tornasen poco a poco de color rojo.- Soy la chica de un merodeador, se me permite a veces ser cariñosa contigo, ¿no?.

-Ni pienses que yo te lo voy a impedir- admitió él feliz besándola- Eres mi sueño convertido en realidad, cada cosa que me des, yo la acepto encantado cariño.

La pelirroja asintió mientras se dejaba llevar por sus sentimientos. Quizás James tenía razón y aquella Navidad podía llegar a ser muy especial. Al menos ella ya había recibido un regalo precioso.

Tenía el amor de James Potter en sus manos y no pensaba hacer nada para perderlo. Si de ella dependía, todo lo relacionado con Rigel se quedaría guardado en un cajoncito de sus recuerdos, apartado para siempre. Su felicidad estaba junto a ese merodeador, era su James, y no estaba de más, que comenzase a luchar un poquito por él. Era su novia a fin de cuentas. Y estaba comenzando a darse cuenta de los beneficios que podía tener ser la chica de un merodeador.

-Vamos a la casa cielo- susurró James tomándola en brazos haciéndola reír sin poderlo evitar- Mañana tendrás un regalo genial esperando por ti. Te encantará ya verás.

Lily asintió acurrucándose en sus brazos. Ella también tenía un regalo guardado muy especial para él.

Iba a entregarle su corazón, nada podía ir mal aquél día. Era Navidad.


Continuará...

Bueno tras año y medio la inspiración volvió a mí, ayer escribí el capítulo casi entero, tengo rachas.

En fin, espero que lo disfruteis.

Un saludo cariñoso.