Descargo cualquier tipo de responsabilidad respecto a los personajes. Ninguno me pertenece y el relato es totalmente ficticio.
45. En tus mismas aguas profundas.
Sábado 18 de Julio de 2015.
Nueva York
Doce y cuarto de la madrugada marcaba el reloj de su celular. El pedaleo en esa bicicleta morada cada vez se volvía más intenso y el cuerpo de Lucy comenzaba a pasarle factura. Su pecho agitado, sus pulsaciones aceleradas y más que un suspiro de agotamiento eran la clara muestra de la desesperación que la gobernaba.
La llamada de Santana ameritaba dicha reacción por lo que pensar en ello solo generaba que su preocupación incrementase al igual que su devoción por llegar al lugar indicado.
Se encontraba sumergida en lo más profundo de esas aguas, mientras sus brazos y manos eran insuficientes para salir a flote. Hacía semanas lo padecía, a lo mejor años, solo lograba determinar que aquellas compuertas la llevaban hacia la nada.
Su cuerpo era, al igual que en aquel entonces donde vio a su papá con otra familia, un claro manojo de músculos tensionados y ansiosos que disociaban del entorno. Era verano, el clima se encontraba cálido pero la leve brisa le cortaba la circulación como si se tratase de pequeñas dosis de anestesia.
Fuera, de sí misma, la ciudad había enmudecido acoplando esa sordera en sus oídos. Nada. Nada y ella. Ella y todo.
Se mantenía firme en ese carril, siguiendo por instinto el recorrido que de sobra conocía. Los ojos se encontraban en blanco con la mirada vacía, ilesa, lúgubre, temerosa, invisible y sobretodo, muda.
Perdida en un mar de ensueños, balbuceando palabras inconexas, carente de sensaciones, agitada, laxa, abrumada, se veía abducida ante el resplandor de las luces titilantes indicando "Back Room". Había llegado.
Aún en movimiento, saltó de la bicicleta y dejó que esta se estrellase contra el suelo. Corrió los pasos necesarios dentro de ese callejón para hacerse con su objetivo.
Abrió la puerta con desesperación. - ¿Dónde está? – Arrojó con dificultad a causa de la falta de respiración.
Santana detuvo la limpieza de la barra y alzó la vista. – Ahí la tenés. – Arrojó, señalando con la cabeza hacia el costado.
La mirada de Lucy se dirigió hacia lo indicado y ahí estaba.
Rachel bailaba lenta pero alocadamente sobre ese escenario que tan bien conocían al ritmo de la música que sonaba en la radio del local. La danza descoordinada, proporcionada por la morocha, llevó a que la rubia se acercara con algo de desconcierto.
Situó ambas manos sobre el tablón de madera. - Rachel estás...
No logró continuar. El cuerpo de Rachel volteó de inmediato al escuchar su nombre y una sonrisa inmensa se dibujó en su rostro.
¡LUCY! – Chilló, dejándose caer a sus brazos. - ¡Te extrañé!
El rostro de la rubia se paralizó y la sujetó como pudo. Con dificultad, aún con la morocha colgando de su cuello, caminó hasta la barra donde se encontraba Santana.
¿Qué le pasa? – Indagó, luego de situarla sobre una banqueta.
La observó de reojo. - Está borracha… ¿Qué le va a pasar?
¿Borracha? – Frunció el ceño. - ¿Por eso me llamaste con tanta urgencia? ¡Pensé que le había pasado algo grave!
Es grave. – Enarcó una ceja. - Yo no puedo estar cuidando de ella como si tuviese quince años… ¿No te das cuenta que estoy ocupada?
Rachel masculló algunas incoherencias para luego dejarse caer sobre la barra ante ella, cubriendo su rostro con las manos.
¿Ocupada con qué? ¿En sacar brillo a esta mugrienta barra? – Se acercó a la latina, con ira. - ¡Estaba con algo importante! ¡Son las doce y media de la noche!
¡Por Dios, deja de gritar! – Presionó el tabique. - ¿Quién mierda te crees que sos para juzgar que tan importante es lo que estoy haciendo o no? Llevala a su casa de una maldita vez y listo. – Señaló hacia la puerta.
¿Perdón? – Abrió la boca por completo. ¿Que la lleve a su casa? ¡No soy una mamá canguro!
Acá tenés las llaves de mi auto – Arrojó las mismas a la altura de su pecho.
Lucy las atajó con torpeza y volvió a focalizarse en ella. - No voy a llevarla Santana. ¿No te quedó claro?
Un estruendo las retiró de esa batalla irracional que habían comenzado. Varios golpes de banquetas lo producían y el tambaleo efectuado por Rachel derivó en que su diminuto cuerpo se estrellase contra el de Lucy.
Rachel, ¿Qué haces? – Cuestionó, sujetándola nuevamente.
La morocha intentó reincorporarse pero fue en vano. Los brazos de Lucy eran el mejor sitio donde se podía hallar. Aunque no el sitio más deseado en ese preciso momento.
¡Me voy! – Chilló con incoherencia. - Cuando esta banqueta me suelte… No necesito de la caridad de ninguna de las dos... Al final, solo puedo entender... Nadie me quiere ¡Ninguna de ustedes dos! – Señaló hacia cualquier parte, menos directo a ellas. - Son... Son tan... ¡Me largo! – Anunció con seguridad pero su cuerpo ni siquiera logró moverse.
Ya perdió los pocos jugadores que le quedaban. – Indicó Santana, meciendo el rostro. - ¿Podes hacerme el favor de llevarla?
Lucy suspiró y comprendió que era lo mejor. - Vamos, Rach... Te llevo a casa. – Indicó con dulzura.
Rachel de inmediato generó un puchero, seguido de varios más, y negó con el rostro. - No… Porque no querés.
Claro que quiero. – Efectuó una media sonrisa. - Solo... ¿Podemos irnos? ¿Por favor?
…Volvemos con más noticias de bandas que prometían ser grandes y quedaron en el intento. Véase el caso del famoso cuarteto de mujeres sexys y rudas… "The Pretty Reckless". Es una verdadera lástima no contar con una mayor amplitud de temas realizados ya que juntas realmente sonaban…
Hasta la radio no me quiere… La banda… Amaba esa banda. – Musitó Rachel entre sollozos. - ¿Saben? Amaba esas giras con ustedes… Amaba…. – Fue interrumpida.
Matala o llevatela de una vez, no te lo digo de nuevo. – Arrojó Santana sin paciencia.
La rubia se acercó a ella y la sujetó de la cintura, provocando que la morocha pasara el brazo por su cuello. - Vamos Rachel. ¡Arriba!
Exigió lo dicho pero Rachel ni se movió. Las pupilas de Lucy se fijaron en las de la morocha, quien con el rostro negó por si no había quedado claro.
Te dije que no iré.
… Uno de sus tantos grandes éxitos, "Just Tonight". Disfrutenlo.
No te voy a dejar en este bar. – Humedeció los labios. – Te llevaré a tu casa, como sea.
Here we are and I can't think from all the pills rights
(Acá estamos y no puedo pensar por todas pastillas que me tome)
Start the car and take me home
(Encendé el auto y llevame a casa)
La puerta principal del bar se abrió con violencia a causa de un golpe con el pie. Lucy apareció en escena con Rachel en sus brazos. La morocha colgaba entre ellos, mientras la rubia generaba un esfuerzo mayor al posible para llevarla hasta el auto.
Las manos de Rachel rodeaban el cuello de Lucy, quien aferraba con fuerza la espalda y las piernas de ese diminuto y maltrecho cuerpo.
Here we are and you're too drunk to hear a word I say
(Acá estamos y estas demasiado borracha para escuchar lo que digo)
Start the car and take me home
(Encendé el auto y llevame a casa)
El trayecto parecía interminable y ver a Rachel en ese estado no ayudaba a la entereza en Lucy. Quería ser fuerte, mostrarse estable y recompuesta luego de la ruptura de la banda, pero tenerla entre sus brazos de esa forma no era de demasiada ayuda. Y sentirse en parte culpable por ello tampoco era algo que sumase en la ecuación.
Siempre me salvas… Al igual que aquella noche. - Masculló la morocha de forma prácticamente inaudible.
¿Qué noche? – Frunció el ceño.
Sonrió de medio lado. - La del karaoke... – Tragó saliva sin perder la mueca. - Mi guardaespaldas...
"And I will always love you… I will always love you…"
"¿Qué? ¿Desafiné de nuevo?"
"Sos un ángel."
Otra vez la voz.
Los ciclos se cerraban pero al parecer las voces en Lucy nunca dormían. De nada servía tenerla lejos, siempre el destino jugaba sus cartas para volver a unirlas y conectarlas. Esas frases, esos momentos, esos instantes desconocidos tenían la capacidad de transportarla hacia otra realidad confusa.
¿Por qué me mirás? – Consultó, retirándola de su ensimismamiento. - ¿Acaso soy un ángel?
El rostro de Lucy se paralizó y para su fortuna habían llegado. La alarma del auto se desactivo y de inmediato abrió la puerta del acompañante. Con sutileza, devoción y delicadeza, dejó repostar a la morocha en él.
La falta de luz dificultaba la correcta visión y el diminuto espacio entre ellas tampoco era de ayuda. Velozmente, Lucy se estiró para meter la llave y poner el auto en contacto. Las luces se encendieron y con ellas la radio comenzó a sonar.
Just tonight I will stay and we'll throw it all away
(Solo esta noche me quedaré y nos olvidaremos de todo)
When the light hits your eyes, it's telling me I'm right
(Cuando la luz llegue a tus ojos, estará dándome la razón)
And if I am through then it's all because of you
(Y si estoy pasando por todo esto es por vos)
Just tonight
(Solo esta noche)
Maldita emisora… - Susurró la rubia, intentando apagarla pero la mano de Rachel la detuvo.
Dejala… Me gusta cómo suena tu voz en los coros. – Arrojó con debilidad entrecerrando los ojos.
Un nuevo suspiro fue la respuesta y el ruido provocado por el cinturón abrochado fue el punto final.
La penumbra de la noche yacía ante ellas.
Lucy conducía con perspicacia, alternando su mirada entre la calle y Rachel. La miró por un instante y percibió la posición fetal que había adoptado. Su espalda daba hacia la rubia, mientras las rodillas se presionaban con fuerza contra el pecho. Ambos brazos las rodeaban y con la vista perdida miraba hacia la ventana sin mirar realmente.
Here I am and I can't seem to see straight
(Acá estoy y me parece que no podés verme bien)
But I'm too numb to feel right now
(Pero estoy demasiado insensible para sentir ahora mismo)
And here I am, watching the clock that's ticking away my time
(Y acá estoy, mirando el reloj que se lleva mi tiempo)
I'm too numb to feel right now
(Estoy demasiado insensible para sentir ahora mismo)
La parada obligada ante un semáforo, derivaba en una nueva inspección hacia su compañera por parte de Lucy. El mutismo en Rachel la llevaba a dudar sobre su estado.
Intentó localizar sus pupilas vivaces y marrones pero no solo las encontró apagadas, sino que además se hallaban cerradas. Estaba dormida, o al menos eso aparentaba.
Inclinando su cuerpo lo suficiente, dejó que fuesen las yemas de sus dedos las encargadas de transmitirle sus pesares. Repleta de dudas, fantasmas y miedos, retiró esos mechones insolentes capaces de rozar ese rostro tan perfecto.
Mi vida… - Susurró Lucy al percibir ese vacío en Rachel.
Just tonight I will stay and we'll throw it all away
(Solo esta noche me quedare y nos olvidaremos de todo)
When the light hits your eyes, it's telling me I'm right
(Cuando la luz llegue a tus ojos, estará dándome la razón)
And if I am through then it's all because of you
(Y si estoy pasando por todo esto es por vos)
Just tonight
(Solo esta noche)
Habían llegado. Llevarla a su casa no era la mejor opción pero intentar que Rachel le dijese donde vivía era un bien inalcanzable, por lo que sus posibilidades se limitaban a esa única.
Just tonight
(Solo esta noche)
La necesidad de tenerla a su lado era aún mayor con el correr del tiempo. Días más efímeros y noches más largas. Aún intentando hacer lo suficiente, ese suficiente solo quedaba en un simple intento.
Do you understand who I am do you wanna know?
(Entendes quien soy y aun así querés saberlo?)
Can you really see through me?
(Sos capaz de ver realmente a través de mi?)
Now I have got to go
(Estoy a punto de irme)
Cansada de no sonreír, necesitaba ese punto y final a todo eso sin nombre. No por falta de amor, sino por demasiado de él. Esa demasía que la llevaba a una reducción completa hasta convertirlo en nada.
Just tonight I won't leave
(Solo esta noche no me iré)
And I'll lie and you'll believe
(Y mentire y vos me creeras)
Just tonight I will see that it's all because of me
(Solo esta noche veré que es todo por mi culpa)
Solo esa noche la hospedaría, solo esa noche la cobijaría como se encontraba haciéndolo en su propia cama. Solo esa noche, Lucy volvería a desvivirse por ella. Después de todo, parte de esta situación también era su culpa.
Just tonight I will stay and we'll throw it all away
(Solo esta noche me quedare y nos olvidaremos de todo)
When the light hits your eyes, it's telling me I'm right
(Cuando la luz llegue a tus ojos, estará dandome la razón)
And if I am through then it's all because of you
(Y si estoy pasando por todo esto es por vos)
Tanto tiempo intentando demostrarse que no sabía estar sin ella, que la necesitaba a como diese lugar y que presente en cada uno de sus días la vida era más plena. Esa obsesión únicamente capaz de conseguir crear una dependencia total. No había salida posible, no otra más que huir.
Huida que se veía interpuesta por esos labios rozagantes deseosos de ser probados una única vez más. Beso del que no se creía dueña y a su vez incapaz de poder arrebatar.
Humedeció los labios, estiró su mano y nuevamente acarició el rostro perfecto ante ella. Eso era Rachel. Pureza y perfección. Titubeante, nerviosa e insegura, recorrió el labio inferior con la yema del pulgar.
"¿Vas a intentar besarme de nuevo?"
"Muero por hacerlo... Pero prefiero que estés sobria."
"Si seguís intentándolo en reiteradas ocasiones... No sé cuánto tiempo más pueda seguir evitándolo."
Esa maldita voz inoportuna, irrumpiendo ese momento donde solo sus cuerpos eran los encargados de hablar. Ese momento donde las culpas se dejaban de lado para abrir paso a que sus almas se expresasen.
Just tonight It's all because of you
(Solo esta noche es todo por tu culpa)
Just tonight
(Solo esta noche)
Te amo tanto… - Susurró sobre los labios de la morocha.
Temblando y conteniendo el llanto, se situó de pie dirigiéndose hacia la puerta. No podía dormir en su cama esa noche. No podría compartir el mismo ambiente con Rachel sin tentarse de hacerla suya.
Inspiró profundo y volteó hacia ella, plácidamente dormida. Realmente era un ángel y ella no más que una cobarde.
Simplemente era eso. Una niña asustada incapaz de determinar cómo explicarle que la amaba.
La resaca comenzaba a pasarle factura a Rachel. El intento por abrir los parpados se volvía casi imposible y el malestar general incrementaba con violencia. Sus labios resecos se encontraban deseos de líquido, mientras su cuerpo suplicaba por un rescate.
Lentamente, con pausa y pasividad, abrió sus ojos. El acolchado que la cubría no le resultaba familiar, por lo que con rapidez movió su cuerpo hasta hallarse boca arriba. El techo blanco e impoluto tampoco era el suyo y esa lámpara decorándolo lejos estaba de asemejarse a la de su habitación.
Palpó sobre la mesita a su lado y sobre ella nada encontró. Ni rastros de su celular, ni rastros de que se tratase de un hotel. Giró su mirada hacia la misma y percibió un cajón. Inclinó su cuerpo lo suficiente y dejó que su muñeca fuese la encargada de generar la fuerza necesaria para abrirlo. A ciegas, solo con su mano dentro, buscó algo que le determinase donde estaba. Unos papeles se toparon con ella.
Los retiró con cautela y lentamente comenzó a ojearlos. A medida que los mismos pasaban delante de sus ojos, su ceño se fruncía con mayor dureza. Acto seguido e inmediatamente se reincorporó en su totalidad y aún sentada sobre la cama quedó en una postura de noventa grados.
Alzó la vista, descreída y en shock, pero el nuevo panorama lejos estaba de esclarecerle nada. Esa pared frente a ella la golpeó de lleno transportándola hacia un sitio al cual no deseaba volver.
Las diez de la mañana indicaba el reloj colgante en la cocina y Lucy se encontraba preparándose un café. Aún en pijama, recién levantada, disfrutaba de la calidez y soledad que ese silencio le transmitía. Si bien, era consciente de que Rachel aún dormía en su cuarto, en ese sector podía disfrutar de ella misma. Sola. Sin fantasmas, sin gente.
Unos pasos lo suficientemente sonoros retumbaron sobre la madera que conformaba la escalera, por lo que crujió al sentirlos.
Lucy, aún de espaldas, sonrió. - ¿Cómo amane... – Fue interrumpida al voltear sobre su eje.
¡HIJA DE PUTA! – Gritó Rachel con violencia.
Frunció el ceño. - ¿Pero qué... – Nuevamente una interrupción le impidió terminar su frase, pero esta vez por cientos de papeles estrellándose contra su rostro.
¡Explicame que mierda es eso! – Indicó con la misma intensidad. - ¡EXPLICAMELO!
Los observó y de inmediato supo que eran los suyos. - ¿De dónde los sacaste?
De tu cajón y al parecer hacen juego con tu pared. ¿Cómo pudiste? – Achicó los ojos y contuvo el llanto. - ¿Cómo?
¿Como pude qué, Rachel? – Intensificó la presión de su entrecejo. - No entiendo qué te pasa... ¡Son dibujos y frases! ¡Privados por cierto!
¡Hija de puta! – Volvió a gritar, esta vez rompiendo en llanto. - ¿Privados? ¿PRIVADOS? ¡Es mi vida también! ¡NO SON SOLO DIBUJOS Y FRASES!
¿Tu vida? – Meció el rostro, desorientada. - ¿Qué decís? ¿Te encontrás bien? – Intentó generar unos pasos hacia ella.
¡No te me acerques! – Exigió con el dedo índice extendido. - No te me acerques porque estoy conteniéndome las ganas de golpearte... Sos la persona más desagradable que conozco. – Exhaló la totalidad del aire y suspiró. - Sos... Tan diferente a ella.
¿Diferente a quién? ¡Dios Rachel! – Gritó, infundida de saturación. - ¿Podés dejar de hablar en clave y ser clara de una maldita vez? ¿Porque me atacás? ¿Qué te hice yo?
El papel de imbécil te sale a la perfección... ¡Es increíble! – Rió con ironía. - ¿Qué más me ocultás? ¿Cuál es el nuevo secreto de Lucy Fabray?
Humedeció los labios. - Yo no te oculto nada y no voy a seguir hablando con vos si no me decís qué demonios te pasa.
¿Querés hablar? – Enarcó una ceja. - ¡Bien! ¿Por qué tenés esa frase tatuada?
¿Qué frase?
¡LA DE TU ESPALDA!
Yo... – Dudó y desvió su mirar. - ¡No lo sé! Me la hice hace mucho tiempo, cuando tuve el accidente.
¿Por qué esas palabras? ¿Por qué en ese orden? ¿Por qué esos dibujos? – Generó una bocanada de aire. - ¿Quién sos Lucy?
¿Podés sentarte y hablamos tranquilamente? – Señaló hacia una de las banquetas.
Negó con el rostro. - Estoy bien parada y estoy tranquila. ¡Habla!
Bien. – Mordió el labio inferior. - La frase, los dibujos... Todo, tiene el mismo origen. – Resopló. - Sueños… Voces.
¿Qué voces? ¿Qué escuchas? – Indagó presionando el tabique y observando hacia abajo. - Decime que escuchas...
Cosas inconclusas para las que no tengo explicación. – Exclamó con las cejas arqueadas. - No sé de dónde vienen, no sé quién las dice, no sé porqué tengo esos sueños extraños ni esas voces taladrando mi cabeza todo el tiempo. – Ese gesto ameno se volvió rudo. - ¡Y tampoco entiendo por qué demonios esto te influye!
Alzó la vista con los ojos repletos de lágrimas. - Porque soy yo, Lucy... Soy yo esa persona. – Explicó con la voz quebrada.
No entiendo... ¿Qué persona? – Disminuyó el tono.
Esa persona que escuchas soy yo. – Indicó y sus labios temblaron. - Esa persona que pintas... Todo... Todo soy yo
¿Qué? – Volvió a presionar el ceño. - ¿Estás loca? Es imposible que seas... – Fue interrumpida.
¡No me llames loca! – Gritó sin control, fulminándola con la mirada. - No me digas así, no cuando muchos durante cinco años me llamaron loca por decir que había encontrado al amor de mi vida en un sueño durante un coma. – Rompió en llanto. - No tengas el valor de llamarme loca, ¡Nunca más!
Rachel caminó con nervios sobre sus pasos, mientras Lucy solo podía observarla. Confusa, descreída y desorientada. Así se hallaba.
Volvió la mirada hacia la rubia. - ¿Por qué me mentiste? ¿Por qué me dijiste que no conocías el puente cuándo está perfectamente pintado en tu pared? – Se acercó a la vez que su llanto incrementaba. - ¿POR QUÉ?
¡Porque no lo conocía! – Elevó el tono al igual que la morocha. - Nunca había estado ahí hasta ese día… No entiendo que tiene que ver eso con vos. – Suspiró, colmada de resignación. - Soñé con un puente...
Ambas manos taparon sus oídos. – Callate.
Y vos estuviste en él... – Movió la cabeza, ignorando lo expresado. - ¿Qué más da? Es algo común entre la gente.
¡Callate de una maldita vez!
¡NO! – Chilló con todas sus fuerzas y se acercó lo suficiente. - ¡Necesito que entres en razón!
NO TE ME ACERQUES MÁS. – Exigió extendiendo el brazo para imponer distancia.
Rachel... No entiendo qué te pasa. – Respiró agitadamente e intentó mantenerse fuerte. - No sos esa voz. ¡Me habría dado cuenta!
¿En qué más me mentís? – Giró sobre sí misma y se autoabrazó.
¿Porque sos tan necia? – Entrelazó los cortos mechones de su cabello y los tiró. - ¡No te mentí!
¿Quién sos, Lucy? – Susurró, aún de espaldas.
La miró. - Alguien que no entiende tus preguntas extrañas y tus divagaciones. – Esperó un comentario que jamás llegó. - Tu compañera de banda, ¡La misma que te salvó de la borrachera de anoche!
Negame que te llamas Quinn. – Giró hacia ella.
Silencio. Solo eso.
Una lágrima muda rodó por la mejilla de Rachel. - Negame que alguna vez tuviste el pelo rosa. – Insistió, rota por completo.
Lucy mordió su labio inferior y desvió la vista. Rachel ya no quería que intentase disculparse ni que jugase a insistir, después de todo, las excusas ya existían antes de ella.
Alzó la vista y esta vez fue la morocha quien la desvió. No pretendía que la mirase como antes, ni que hablara en plural. La retórica era su arma más letal.
Y una vez más, el silencio se volvió pesado.
¿Ves? Mentiras… Solo eso. – Presionó con fuerza los labios. - Me mentiste todo este tiempo. Te llamaba Quinn, te decía que me recordabas a ella y jamás me dijiste que también era tu nombre ¡Jamás! – Chilló, dejando escapar unas lágrimas. - ¿Por qué? ¿Por qué, Lucy? ¿O debería llamarte Quinn? ¿O cómo te llamo? ¡Dios! – Sujetó la cabeza con furia. – Solo sos una farsa, una completa mentira.
Guardó silencio por un instante. - Que me llame Quinn no quiere decir que sea la tuya.
¡NO VUELVAS A HABLARME! – Explotó de forma amenazante.
Sin más, sin dudas ni titubeos, sujetó sus pertenencias y se dispuso a abandonar ese sitio que desafortunadamente compartían. La detestaba. No quería continuar respirando su mismo aire.
Rachel… ¿A dónde vas? – Intentó interrumpir su huida pero parecía en vano. - ¡Rachel! ¡Espera! – Gritó colocándose delante suyo, de espaldas a la puerta. - No te vayas así... Todo fue un malentendido. – Sus cejas arqueadas transmitían la pena interna. - No sé lo que pasa, no... no entiendo nada. ¡Estoy igual de confusa que vos! ¿O no lo ves?
¿Sabés qué? – Humedeció los labios. - No te creo nada y tengo que irme, me espera un avión. – Intentó retirarla de su trayecto pero Lucy ni se movió.
¿Qué avión?
Uno directo a Los Ángeles. – Sonrió de medio lado. - Lejos de toda esta mierda, lejos de lo que te rodea, lejos tuyo.
Esa frase final retumbó dentro de Lucy al igual que una granada recién estallada. Inmóvil, inerte, se dejó desplazar por Rachel, quien dispuso abandonar ese sitio de inmediato.
Qué desperdicio de cinco años... – Masculló entre dientes al abrir la puerta.
Meció el rostro, volviendo en sí. - ¿Qué se supone que harás en Los Ángeles?
Aprovechar la oferta de Troian, ser solista y por primera vez vivir mi vida sin pensar en vos… Al parecer vos hace tiempo dejaste de pensar en mí. – Abrió su bolso y retiró la libreta. – Tomá… Hace con ella lo que gustes, yo ya no la necesito. – Concluyó.
Y junto al portazo estridente, no solo cerró un ciclo sino que también finalizó cinco años de agonía.
Horas, eternas e infinitas horas, habían transcurrido desde la ida de Rachel. Lucy permanecía en un estado de shock absoluto y total al igual que como la había dejado. Rota por dentro, inexpresiva por fuera.
Sentada a los pies de la cama, con la vista perdida en la pared con garabatos sin sentidos, sujetaba con fuerza esa libreta que le había entregado.
Cerrada. Intacta. Así seguía.
Ese desorden en su mente, esa inestabilidad a la hora de comprender, solo podían tener una explicación. Y, a lo mejor, se encontraba dentro de esa libreta.
Temía abrirla. Barajaba la posibilidad de que su pasado volviese a golpearle y la contradicción en ella tomaba protagonismo. Abrirla y entender que Rachel no era más que lo mejor en su vida o dejarla cerrada, seguir con su rutina y vivir con esas voces para siempre.
No más miedos. No más cobardía. No más huida.
Inspiró profundo y abrió la libreta al medio. Nada. Solo una hoja al azar y en blanco. Pasó la página con sutileza y se encontró con lo mismo. Nada. Vacía. Blanca. Presionó el ceño y optó por ir a la primera carilla.
Y ahí estaba: El truco es seguir respirando.
Su tatuaje. Su lema. Su fuerza para seguir adelante. El amuleto de Rachel.
Un pinchazo intenso, aún más que los anteriores, se representó en el medio de su sien. Con torpeza presionó su frente y cerró los parpados.
"¿Alguna vez te preguntaste cuantas veces las cosas pasan de nuevo? ¿Alguna vez te preguntaste cuantas veces la vida vuelve a empezar? Rachel siempre te voy a amar… El truco es seguir respirando."
Y en esa oscuridad que apreciaba cada vez que los cerraba, ante ella, comenzaron a vagar millones de imagenes que hasta entonces desconocía.
Una puerta abriéndose, Rachel sonriendo tímidamente al otro lado. Un conservatorio. Una azotea. Un karaoke. Un muelle. Un mar. Un yate. Una carpa. Una libreta. Un hospital. Una despedida. Un amor. Y, finalmente, Elena, reviviéndola luego de retirarla de esa piscina.
Lucy abrió los parpados de inmediato y observó los dibujos. Esa mujer, esa espalda, ese pelo, esas manos sosteniendo una libreta no eran al azar, no pertenecían a cualquiera, no eran un personaje ficticio salido de la nada.
Sos vos… - Susurró.
Ahora lo entendía. Lo que para Rachel habían sido cinco meses para ella fueron tan solo cinco segundos. Ahora todo conectaba. Ahora las voces tenían sentido. Ahora su vida encontraba un rumbo.
Era ella.
Era ella y se estaba yendo a Los Ángeles.
Vuelo 912 directo a Los Ángeles, favor de abordar por la puerta cuatro. Gracias.
Exclamó la voz del altoparlante y Rachel observó su pasaje. Era su vuelo. Se situó de pie y relajada se dirigió hacia la escalera mecánica que la llevaba hacia la misma.
Las puertas corredizas se abrieron ante Lucy, quien con desesperación ingresó corriendo en aeropuerto. Observó hacia ambos lados, hacia el frente e inclusive detrás suyo, a la espera de que alguien le indicase donde se encontraba la mujer de su vida.
Reiteramos: Vuelo 912 directo a Los Ángeles, favor de abordar por la puerta cuatro. Gracias.
Repitió el altoparlante y la rubia suspiró. Con las pupilas localizó donde se encontraba la puerta mencionada y corrió hacia ella.
I know I fucked up this time, just give me one more try
(Sé que lo arruiné esta vez, solo dame una oportunidad mas)
I know you've made up your mind, so leave me here behind you
(Sé que tomaste una decisión, así que me quedaré detrás tuyo)
Esos altavoces comenzaban a reproducir uno de los temas de la banda del momento. De la banda a la cual pertenecían. Eran la novedad. La banda más talentosa de las últimas décadas, disuelta de un día para otro.
And all the things you've said made it harder to breathe
(Y todas esas cosas que dijiste hicieron difícil poder respirar)
Rachel oía cada palabra de ese tema compuesto por ella y consideraba que el destino, nuevamente, barajaba sus cartas y le golpeaba el corazón de lleno. Punzante, desleal y malvado.
Inerte, destrozada, dejaba que esas escaleras mecánicas la llevasen. Después de todo, estaba muerta en vida.
When I was lying on the floor I couldn't believe you wouldn't save me
(Cuando estaba tirada en el suelo no podía creer que no me salvaras)
La respiración de Lucy se encontraba agitada y sus pupilas buscaban con desesperación. A escasos metros se encontraba la puerta cuatro y de Rachel ni rastro.
Giró en círculos sobre su eje y ahí estaba, con su maleta rosa, inconfundible.
But you blame me and you cried…
(Pero me culpaste y me gritaste…)
¡Rach! – Gritó sin éxito. - ¡RACHEL! – Expresó con todo el aire de sus pulmones.
La morocha frenó en seco y su ceño se frunció. Lentamente volteó sobre su eje y detrás suyo se encontraba la portadora de esa voz que tan bien conocía.
Rachel… - Masculló al llegar frente a ella. - Te estoy gritando hace unos metr… - Fue interrumpida.
¿Qué haces acá?
Vine… - Dudó e inspiró profundo. - No te vayas Rachel, te vas a arrepentir.
¿Arrepentirme? ¿Yo? – Generó una risa irónica. - Estás muy equivocada… La que va a arrepentirse es otra persona.
Lo sé y ya estoy haciéndolo. – Arqueó las cejas y contuvo el llanto. - Solo quiero que me dejes demostrártelo. Necesito... necesito una oportunidad.
¿Ahora? ¿Después de cuánto? - Se mostró dura. - ¿A qué precio Quinn? ¿Lucy? ¿Señora "X"?
Me estás hiriendo.
Rió a carcajadas y varias personas las observaron. - ¡Al parecer te comiste a un payaso! ¿QUÉ DEMONIOS SABRÁS VOS LO QUE ES SENTIRSE HERIDA? Así estuve yo, llorándote durante cinco años, creyéndote inexistente, encontrándote y aun así sintiéndote otra persona… ¿Por qué? – Contorneó el labio con la lengua. - ¿Por qué a mí?
¿Cómo se supone que yo vaya a saber que vos estabas buscándome?¿Qué soñaste conmigo? ¿Qué era yo la Quinn de la que hablabas? ¿Cómo? – Se sujetó el pecho. - ¡Esto no tiene lógica alguna Rachel!
¿Y tu actitud si la tiene?¿Ocultarme tu verdadero nombre es lógico? – Ningún comentario provino por parte de Lucy. - Tomo tu silencio como una respuesta.
Rachel meció el rostro, desilusionada una vez más, y optó por la opción más coherente. Irse.
¡Para! – Gritó, deteniéndola.
¿Qué?
Sos la mujer de mis sueños.
Dejó escapar una carcajada. - Por Dios… No me vengas con cursilería barata.
No Rachel, no entendés. – Caminó hacia ella. - Sos la mujer de mis sueños, de los de cada noche, de los de hace meses, años. – Se hizo dueña de una de sus manos. - Ahora lo tengo claro… Sos la mujer que siempre oí.
Lo sé, te lo dije en tu departamento... – Se soltó. - ¡Y me llamaste loca!
Estaba confusa, no sabía que estaba pasando… Pero, cuando te fuiste, subí a mi habitación y lo supe. – Sonrió de medio lado. - ¡Lo supe, Rachel! ¡Lo vi! Todo este tiempo estuve soñando con vos y… - Tragó saliva con dificultad. - Yo también estuve buscándote sin saberlo por cinco años.
¡Oh! ¡Qué romántico! – Exclamó con rabia. - ¿Pero sabes qué? La temporada de cazar pelotudas e ingenuas se acabo hace unas horas. – Giró sobre su eje. - Hasta nunca.
When I was lying on the floor I couldn't believe you wouldn't save me
(Cuando estaba tirada en el suelo no podía creer que no me salvaras)
Con violencia la sujetó del brazo. - No voy a dejar que te vayas.
Ambos cuerpos volvieron a enfrentarse y el rostro de Rachel volteó hacia Lucy.
¿A no? ¿Y que pensás hacer para evitarlo?
Simplemente inhaló profundo y la besó, sin dejar de mirarla. Por un rato, por unos minutos, sintió que el mundo desapareció. Y solo pudo ver de nuevo imagenes, flashes de una vida que ni siquiera sabía que había vivido hacía una hora pero que ahora parecía incluso más real que la propia realidad.
Había pasado cinco años de su vida sin entender lo que pasaba con ella, sin comprender aquellas voces, sin encontrar una explicación razonable a todos esos sueños inconclusos sin un hilo conductor. Sin embargo ya tenía la pieza que le faltaba, y esa no era otra más que Rachel.
Sus labios, esos jugosos e inconfundibles labios la llevaban de nuevo a una sensación de paz absoluta, esta vez más tangible, más serena. Por un rato, por unos minutos.
Un rato que se volvió un instante. Efímero y amargo.
La mano derecha de Rachel se estampó contra su rostro de forma inmediata devolviéndola a la realidad. Esa que con el correr de los minutos se volvía cada vez más odiosa.
La observó por un instante, en el que cada suspiro se volvía eterno. En un acto reflejo se sujetó el rostro y cuando por fin se sentía lo suficientemente recompuesta como para poder replicar, la mano izquierda de la morocha accionó un segundo disparo.
Otro cachetazo volvía a dejarla fuera de combate.
¡Y esa es para que no se te olvide! – Amenazó con el dedo índice extendido y generó unos pasos hacia la puerta.
But you blame me and you cried:
(Pero me culpaste y me gritaste:)
"The fire just died, It's gone forever"
( "El fuego acaba de extinguirse, se fue para siempre")
And the chance to live our lives, It's gone forever
(Y la oportunidad de vivir nuestras vidas, se fue para siempre)
Se detuvo y la miró con una sonrisa. - ¿Estás escuchando? – Señaló hacia el altoparlante. – Cuando compuse este tema, jamás creí que fueses a ser tan acorde. – Una lagrima rodó por su mejilla. – El fuego acaba de extinguirse y la oportunidad de vivir nuestras vidas, se fue para siempre. – Repitió sobre la canción.
So far from never.
(Más lejos que nunca)
Y así, sin más, sin siquiera titubear un segundo, Rachel se perdió dentro de la manga que daba directo al avión. Llevándose junto a ella una maleta llena de sueños, decepciones y desesperanza. Dejando a Lucy sola con sus esperadas respuestas, sola con una historia de la que no se supo protagonista hasta una vez escrito el punto y final.
