CAPITULO 50
29 de FEBRERO del 2004
Veintiocho años de edad.
El sol brilla en mi habitación y hoy cumplo veintiocho años de edad.
Me doy vuelta tan pronto como abro los ojos e inmediatamente me golpean. Todos los recuerdos, nuestros besos, nuestras caricias, instantáneamente fluyen en mí, llenándome con la vida y el hombre hacia el que siempre estoy intentando encontrar mi camino.
Edward.
Hoy, de todos los días, he despertado al lado de Edward. Anoche no fue sólo un sueño. Me aferré y me quedé.
Realmente me quedé.
Y esta vez, no habrá espera, ni búsqueda, ni dolorosa añoranza. Esta vez, él ya se encuentra aquí y esta vez, voy a tener ocho años seguidos con él. Es el mejor regalo de cumpleaños que he recibido. Es el único regalo que siempre he querido.
Mi corazón palpita en mi pecho y miro fijamente al hombre que hace que todo esto valga la pena. Realmente quiero despertarlo, pero también quiero disfrutar este momento, disfrutar de todos los recuerdos mientras ellos pasan a través de mí.
El sol entra por la habitación y miro alrededor. Puedo notar que realmente es la habitación en la que me quedé dormida anoche. Estoy acostada desnuda en nuestra cama, debajo de nuestro edredón, en nuestra habitación, en nuestro apartamento, todos nuestros recuerdos están aquí, instantáneamente.
Esta vez aún estoy aquí.
¿Cómo pudo pasar esto?
Edward comienza a moverse a mi lado y volteo a verlo. Sus ojos se abren de esa manera en la que tardan una eternidad en terminar de abrirse pero que es adorable observarlo y hoy más que nunca.
—Hola —saludo suavemente, mis dedos se elevan para quitar su incontrolable cabello de sus ojos.
Edward sonríe soñolientamente.
—Aún estás aquí —musita.
—Sí —confirmo parpadeando.
—Ven acá —Respira, su brazo se envuelve alrededor de mi cintura mientras me jala contra su cuerpo.
Todo sobre él, sobre mí y sobre nosotros se siente diferente hoy. Nuevo, fresco e inexplorado, no sé qué es. Sus dedos al bajar por mi espalda lentamente encienden mi cuerpo en llamas, como siempre, pero de alguna manera hoy es diferente. Las chispas se mueven lentamente, como si estuvieran ondulándose bajo mi piel y por mi columna. Me escucho gemir suavemente, siento mis manos deslizarse por su duro y cálido cuerpo. Todo es tan diferente, pero tan familiar al mismo tiempo.
—¿Así es para ti? —cuestiono con nuestros labios finalmente tocándose.
—¿Qué? —susurra besándome gentilmente.
—Nuevo. —Respiro—. Cada vez que vuelvo, ¿se siente como algo nuevo?
—Bella —comenta dándonos la vuelta para estar sobre mí—. Se siente como tú, nena, siempre se siente como tú.
—Edward —murmuro antes que su boca cubra la mía y ya no pueda hablar.
El cuerpo de Edward se coloca como un pesado pero reconfortante peso sobre mí. Deslizo mis manos lentamente sobre su espalda y alrededor de sus hombros mientras cae entre mis piernas, empujando dentro de mí y recordándome todo por lo que intento encontrar mi camino a casa.
—Edward —gimo, mi cuerpo se eleva a alturas de placer cuando comienza a moverse.
Es diferente pero exactamente como lo recuerdo.
No sé por qué se nos ha dado este día, esta oportunidad. Todo lo que sé es que esta vez no habrá días desperdiciados o semanas o meses intentando encontrarnos el uno al otro. Esta vez no hay explicación, ni tristeza, ni preocupación. Esta vez me han dado a Edward de inmediato.
Espero que este sea el comienzo de algo.
—¿Qué es lo que quieres hacer hoy, nena? —consulta Edward, moviendo sus dedos por mi columna mientras me encuentro recostada con la cabeza en su pecho.
—Nada —musito cerrando los ojos
—¿Nada? —interroga Edward, riéndose un poco.
Exhalo, feliz de quedarme justo donde estoy.
—Nop, nada.
El brazo de Edward se envuelve en mi cintura, jalando más fuerte contra él.
—¿Estás segura? —exclama con un cierto tono en su voz—. Hacer nada parece una horrible manera de desperdiciar un día.
Río deslizando mi pierna sobre la suya.
—Bueno no es exacto eso de nada —digo mientras deslizo mi mano de su pecho y la envuelvo rodeando su estómago, llegando hasta deslizar mis dedos por su cintura—. Y definitivamente no sería un desperdicio.
—Mmm —susurra—. Entonces dime, Bella, ¿qué implica exactamente nada?
Ladeo la cabeza, presionando un beso en la mandíbula de Edward mientras murmuro:
—Nada implica el no dejar esta cama en todo el día, Edward. —Presiono más besos por su cuello y observo cómo cierra sus ojos, escuchando el suave gruñido que sale de sus labios—. Porque según lo que veo. —Continuo mientras me siento a horcadas sobre la cintura de Edward—. Este día es todo menos un desperdicio. De hecho, es un gran bono.
Y lo es. Porque este es un día que normalmente no tengo con Edward. Es un día extra donde logro tenerlo para mí sola cuando nunca debí esperar tenerlo. Nunca antes he despertado con él en mi verdadero cumpleaños. Así que el día de hoy no es un desperdicio. Hoy es el mejor día de mi vida y planeo pasarlo haciendo exactamente lo que quiero.
—Bella —dice mientras me deslizo sobre él—. Estoy completamente de acuerdo en no hacer nada hoy, nena.
Sólo puedo sonreír y comenzar a moverme.
—¿Quieres comer algo? —consulta Edward más tarde y mi estómago gruñe justo a tiempo.
Me río.
—Sí creo que sí, puede que me hayas extenuado por un tiempo.
—Extenuarte —repite Edward mofándose, volteándome sobre mi estómago mientras me presiona hacia abajo con su cuerpo. Siento su boca en mi oído—. Nena, apenas estamos comenzando. —Y mi estómago da vuelta ante sus palabras. Es el mejor cumpleaños de todos.
Siento sus dientes en mi hombro, mordiéndome gentilmente y me doy vuelta sobre la almohada mientras envuelvo mi brazo alrededor de su cabeza y lo atraigo hacia mí para presionar un beso en sus labios.
—En ese caso, definitivamente voy a necesitar recargar —musito—. Así que ve a hacerme el desayuno, chico rudo.
Se ríe, sus brazos se encuentran a los lados de mi cuerpo mientras se empuja hacia arriba para levantarse. Aprovecho la oportunidad para darme vuelta y quedar sobre mi espalda debajo de él por lo que está apoyado sobre sus brazos sobre mí. Prácticamente jadeo del deseo; este hombre es puro músculo.
Sonríe ante la obvia lujuria que debe estar escrita sobre mi rostro.
—¿El desayuno o yo?
Trago con fuerza.
—Ambos —murmuro.
Ahora realmente gruño cuando Edward baja sobre mí, como si estuviera haciendo flexiones de brazo para presionar un beso sobre mis labios.
—Hecho —susurra, después se levanta y sale de la cama con demasiada energía para un hombre que acaba de pasar la mañana dándome el mejor ejercicio de mi vida.
Miro como se inclina para recoger un par de bóxer y me da la más hermosa vista de su trasero y eso repentinamente me da una idea.
—No —exclamo rápidamente—. Sin nada, me harás el desayuno sin ropa.
Edward se detiene y me mira con una gran sonrisa en su rostro.
—¿Sin nada? —duda, parándose junto a la cama usando exactamente eso.
—Sí —confirmo devolviéndole la sonrisa—. Mi cumpleaños, mi elección. Así que te escojo a ti —añado, señalándolo—, sin nada puesto.
—Nena —expresa riéndose—. Voy a estar trabajando con cosas peligrosas; aceite y sartén calientes. ¿Realmente quieres que este chico— menciona indicando hacia su cintura—, esté desprotegido ahí?
Me río fuertemente pensando que tal vez tenga razón.
—De acuerdo, pero sólo el bóxer.
Edward se ríe mientras se los pone.
—Sí, jefa —contesta, inclinándose para levantarme de la cama y deslizarme sobre su hombro—. Sin embargo, mi pequeña sexy petardo, tú sí puedes estar desnuda. —Chillo mientras golpeo con los puños su espalda sabiendo que no habrá ninguna diferencia. Edward me da una nalgada en mi trasero desnudo, el cual se encuentra actualmente elevado sobre su hombro mientras caminamos fuera de la habitación y entramos en la cocina, depositándome en la silla cuando va pasando—. Quédate —dice, su voz firme pese a que tiene una gran sonrisa en su rostro.
Le doy un saludo militar mientras cruzo las piernas y exclamo:
—¡Sí, señor!
Edward se ríe y observo cómo se mueve por la cocina, poniendo la tetera en el fuego y sacando los huevos, el pan y la cacerola.
—¿Qué estás haciéndome? —inquiero, subiendo la temperatura un poco. Si tengo que estar aquí desnuda, esto tiene que estar cálido.
Edward se da la vuelta y me encuentra con el termostato.
—¿Dije que podías levantarte? —increpa con voz severa.
Muerdo mi labio en un intento por dejar de sonreír mientras vuelvo a sentarme.
—No —batiendo las pestañas cuando levanto la mirada para verlo.
—Arriba —ordena Edward, intentando luchar contra una sonrisa.
No me molesto en esconder la mía, porque no puedo evitarla. Sé que sólo está jugando conmigo aun cuando intenta parecer completamente serio, no puedo evitar reírme. Es tan malditamente ardiente cuando actúa así. Este es el sexy, mandón y protector Edward y lo amo.
Me levanto y Edward camina hacia mí, sus ojos fijos en los míos, su cuerpo se mueve como un gato cazando a su presa. Trago con dificultad y mis dedos se retuercen entre ellos a mis espaldas mientras intento detenerme de levantar la mano y tomarlo. Cuando Edward me alcanza, se detiene, sólo hay poca distancia entre nosotros, la cual está zumbando con energía.
—Date la vuelta —ordena, su voz suave e inmediatamente hago lo que me pide. Edward se acerca y siento su cálido brazo envolverse en mi cintura y su boca en mí oído mientras explica—: Esta es sólo una advertencia. —Entonces su otra mano está en mi espalda, entre mis omoplatos, empujándome hacia adelante, así que ahora me encuentro doblada sobre la mesa y una sacudida de pura lujuria me recorre el cuerpo. Cuando jala mi cintura contra la suya, puedo sentir lo excitado que está por esto y por un segundo, nada pasa. Entonces, sin ninguna advertencia, me da una palmada en el trasero. Eso me hace gruñir por la fuerza, pero es un tipo de dolor al que le sigue mucho placer.
Siempre hemos jugado así, desde que éramos niños y comenzamos a jugar. Tal vez porque ninguno ha estado con nadie más o tal vez porque confiamos en el otro completamente, no lo sé. Aunque sí sé que no le tengo miedo y que nunca me herirá.
Me empuja hacia él y comienza a frotar mi trasero, justo donde me dio la palmada y juro que esta vez escucho gruñir a Edward, sus dedos se aprietan un poco en mi cintura. Me da una palmada más antes de que su mano se mueva a mi cuello, jalando hacia atrás. Aun envuelta en sus brazos, me da vuelta para que quede frente a él, con todo mi cuerpo presionado contra el suyo.
—¿Te comportarás ahora? —musita contra mis labios.
No, quiero decir inmediatamente.
—¿Qué sucede si no lo hago? —averiguo, mi cuerpo literalmente tiembla por el deseo.
Los brazos de Edward se aprietan y veo centellar sus ojos juguetonamente mientras finalmente se rinde y me sonríe.
—Entonces la comida no será lo único que será comido sobre la mesa, nena.
Gruño mientras presiono mis labios contra los suyos y mi cerebro inmediatamente comienza a pensar en formas de ganarme ese castigo.
Eventualmente, Edward logra servir tostadas francesas sobre frijoles guisados, todavía mis favoritas, sin más distracciones de mi parte. Estoy tentada, pero sinceramente, ver a Edward moviéndose en la cocina sólo en su ropa interior es suficiente por el momento. Además, estoy muriéndome de hambre.
—¿Está bueno? —consulta, sentándose en la silla a mi lado.
Asiento mientras meto otro bocado de comida en mi boca. Ahora también estoy usando una camiseta; mi sugerencia cuando señalé que mis bienes necesitan protección contra la comida caliente. Edward se rió y estuvo de acuerdo, la única condición que puso es que tenía que ser una de las suyas y que no se me permitía ponerme nada debajo.
—Feliz cumpleaños, nena —expresa inclinándose para besarme.
Trago un bocado de comida.
—Gracias y gracias por el desayuno.
Sonríe metiendo mi cabello detrás de mi oreja.
—Cuando quieras.
Comemos en silencio, la música que suena en la radio de la cocina es el único sonido llenando la habitación. Pero eventualmente tengo que decirlo. La única cosa que no hemos discutido esta mañana incluso es el elefante sentado justo aquí en la habitación con nosotros.
—¿Y crees que esto significa que se acabó? —interrogo, metiendo rápidamente otro bocado en mi boca. Edward me mira y se encoge de hombros antes de seguir comiendo—. ¿Qué? —inquiero, con la boca aún llena—. ¿Eso es todo?
—Eso es todo —confirma Edward, levantando la taza para tomar té. Observo sus movimientos, insegura de cómo interpretar su aparente despreocupada manera de tomar los eventos de la mañana. El decir que eso está fuera de lo ordinario sería tan irónico como menospreciativo.
Mi vida claramente no es ordinaria. Por todo lo que sé, es que ninguna otra persona en el planeta o en la existencia, disfruta del mismo destino que yo cuando llega el veintinueve de febrero. Aun así, el hecho que estoy sentada aquí con Edward, disfrutando del desayuno que hizo en mi cumpleaños como si fuéramos dos personas normales, como si fuera la cosa más normal en el mundo, es de hecho muy extraordinario. Y no sé bien como tomarlo.
—¿Cómo puedes decir 'eso es todo'? —increpo bajando mi tenedor mientras subo una pierna a la silla y envuelvo mi brazo alrededor de la rodilla.
Observo a Edward bajar la mirada y veo como sus ojos se oscurecen. Ahí recuerdo que no llevo ropa interior y bajo la pierna nuevamente frunciéndole el ceño a Edward que no me está tomando en serio.
—¿Qué? —cuestiona con una sonrisa pícara en su rostro—. ¿No se le permite a un hombre disfrutar del paisaje?
—Estoy intentado tener una conversación seria Edward —lo regaño alargando la mano para darle una palmada en el hombro.
—¡Oye! —exclama riendo—. Y te estoy contestando en serio, nena.
—No, no lo estás —afirmo.
—Bella —habla con voz seria ahora—. No tengo idea de lo que significa. No sé por qué te quedaste o si ya acabó o cómo podemos asegurarnos que esto ocurra la próxima vez que llegue un año de salto. —Se detiene y termina su taza de té antes de alargar su mano y tomar la mía con la suya llevándola hasta los labios y miro como presiona un beso en el dorso antes de continuar—: Pero sí sé una cosa con certeza absoluta y es que despertar a tu lado esta mañana fue lo mejor del mundo para mí. Se trata de un día, un momento y una oportunidad que normalmente no tenemos nena. Y no sé tú, pero no quiero investigar por qué justo ahora.
Miro fijamente a Edward mientras expresa esas palabras y la única cosa que puedo pensar es que está en lo cierto. ¿Por qué estar perdiendo tiempo pensando sobre eso? No sé por qué pasó y no sé cuánto durará, pero el punto es que ha sucedido. Y Edward tiene razón, no deberíamos desperdiciarlo, no deberíamos desaprovechar cualquier oportunidad que tenemos para estar juntos, porque nosotros más que nadie sabemos lo limitado que puede ser el tiempo.
—Tienes razón —reconozco finalmente, asintiendo en su dirección.
Edward sonríe, su sonrisa descarada ilumina todo su rostro.
—Um, ¿podrías decir eso otra vez, por favor? —dice.
Niego y me río, incapaz de evitarlo. Edward tiene ese talento; siempre puede levantarme el ánimo y hacerme reír con sólo una sonrisa o un comentario descarado. Es una de las muchas cosas que amo de él.
—Bella —me llama aun sonriendo—. Estoy esperando nena.
Me muerdo el labio.
—¿Esperando qué, Edward? —interrogo, intentando parecer inocente.
Sonríe.
—Sabes exactamente qué.
Sonriendo pregunto:
—¿Y si no lo digo?
—Bueno —afirma parándose mientras estira sus brazos frente a él, con los dedos entrelazados y los nudillos tronando—. Entonces puede que sea hora de darle su otro uso a esta mesa.
Y antes de darme cuenta la camisa de Edward está en el piso y me encuentro con mi espalda sobre la mesa justo como Edward lo prometió.
…
—¿Has tenido un buen día? —consulta, deslizándonos más profundo en la bañera, mientras él se acuesta con su espalda contra la orilla de esta con una toalla enrollada en su cuello.
Ambos estamos en la bañera, fue más o menos necesario después que nuestro tardío desayuno se convirtiera en sexo, el cual se volvió caótico sobre la mesa de la cocina y aún más caótico en el piso de la cocina. No sé cómo voy a volver a ver esa mesa con un rostro serio, mucho menos la próxima vez que tengamos invitados y estén comiendo en ella.
—Un día perfecto —comento, mi cabeza apoyada contra su pecho.
—¿No hacer nada todo el día es lo que esperabas que fuera? —cuestiona mientras presiona un beso en mi hombro.
—La única cosa que quería hacer hoy, Edward, era hacértelo —declaro, inclinando la cabeza para que pueda besar sus labios—. Y eso fue sin dudarlo todo lo que esperaba que fuera.
Siento a Edward reír, su cuerpo moviéndose debajo de mí. Envuelve sus brazos alrededor de mis hombros mientras se inclina y presiona un beso en mi cuello.
—El día aún no termina, nena —murmura haciéndome gemir.
Me estiro en la cálida y jabonosa agua. Mis pies apenas pueden alcanzar el tope y se ven pequeños comparados a los de Edward que están descansando sobre la orilla de la bañera. Hay suficiente espacio aquí para ambos y justo ahora me encuentro entre las piernas de Edward, descansando sobre su pecho y los brazos sobre sus rígidos músculos.
El baño es en realidad una de las cosas que nos encantan de este departamento la primera vez que lo miramos. Sólo tenemos uno, pero es tan grande y tiene una enorme bañera al lado de una ventana con vista de la ciudad. En este momento, esa ventana está llena de velas, una botella de vino y dos copas a medio beber. Toda la habitación está cálida y un vapor intenso cuelga en el aire. El clima exterior se ha convertido en lluvia y aguanieve que está golpeando la ventana con un goteo constante. Pero en el interior, las luces están apagadas y suena la música porque prácticamente está oscuro, hay una sensación de ensueño romántico en toda la habitación. Es absolutamente perfecto.
—¿Qué habrías hecho hoy si no hubiese estado aquí? —averiguo, alcanzando mi copa de vino.
La mano de Edward aparta el cabello de mi rostro.
—Ser miserable —dice simplemente.
Miro hacia él y me está observando, una intensidad en sus ojos que confirma que no sólo sus palabras son verdaderas, sino también lo contento que está de que eso no haya sucedido.
—También yo —digo, sabiendo que es verdad, aunque no hubiera sabido el porqué.
—Dime, ¿qué sientes cuando desapareces? —interroga de repente. Sorprendiéndome porque mayormente él no quiere hablar de esto. Ni sobre mi dejándolo y ni lo que sucede cuando desaparezco o estamos separados. Edward sólo se enfoca en el aquí y el ahora de nosotros.
—¿Te refieres al momento en que sucede? —Pongo mi vino de nuevo en el alfeizar de la ventana.
—Sí.
Respiro profundamente, suavizando con mis manos hacia abajo los muslos de Edward, con el dedo del pie giro suavemente el grifo, añadiendo un poco más de agua caliente en la bañera mientras trato de encontrar la manera de explicárselo.
—Es difícil de describir. —Comienzo—. Todo sucede rápidamente, pero al mismo tiempo es como si lo estuviera viendo desarrollarse en cámara lenta. —Cierro el grifo de nuevo con el pie, antes de rodar para que mi barbilla esté apoyada en el pecho de Edward. Mira hacia mí mientras su mano aparta mi cabello hacia atrás y envuelvo mis brazos en su cintura—. Te lo dije cuando éramos niños, sólo puedo sentirlo venir, ¿cierto? —Edward asiente y continúo—: Bien, cuando ocurre es como ver una película y todo lo que quiero hacer es ponerle pausa o detenerlo, pero no puedo. Estás allí justo en frente de mí y me estás mirando. Puedo ver tu rostro y escuchar tu voz. Puedo recordarte, también lo nuestro y todo lo que pasó, pero justo hasta el último segundo. Y luego al momento que parpadeó y… —Me quedo en silencio, odiando la siguiente parte.
—¿Y? —Pide que continúe, su dedo debajo mi barbilla, así que soy forzada a mirarlo.
—Y te recuerdo, cómo luces, cómo me haces sentir, Recuerdo cuánto te amo —susurro—. Y luego todo se oscurece.
—¿Oscurecerse? —replica, su pulgar ahora acariciando mi mejilla. Me mira con tanto amor, que es imposible no inclinarme y besarlo. No sé cómo demonios consigo olvidar a este hombre, pero estoy muy contenta que siempre encuentro una manera de recordarlo.
—Sí, oscuridad —aclaro en voz baja—. Todo se vuelve muy oscuro y luego todo ha desaparecido. Todo desaparece.
—¿Te asusta? —inquiere.
—No me asusta —reflexiono—. La mayor parte estoy tratando de encontrar la luz de nuevo, tratando de encontrar mi camino de regreso.
—¿Volver a la luz? —Duda.
—Volver a ti —explico en voz baja—. No sólo eres el primer recuerdo que tengo. Siempre eres también el último y el único al que estoy tratando de encontrar de nuevo, incluso si no me doy cuenta de inmediato.
—Nena. —Respira, sus brazos me jalan fuertemente contra su cuerpo antes de que sus labios presionen un beso fuertemente contra los míos.
—¿Cómo le explicas todo esto a las personas? —consulto al final, presionando un beso en su estómago antes de deslizarme en la cama por lo que mi cabeza está en el otro lado de la almohada. Hemos dejado el baño, junto con un enorme charco de agua en el suelo. Hemos estado en cuatro diferentes habitaciones del apartamento el día de hoy, aunque finalizamos la noche de vuelta en la cama.
—¿Te vas? —interroga.
—Sí.
Esto es lo máximo que hemos hablado sobre esto también, nuestras conversaciones de antes sólo hacía retrasar las cosas. Pero ha sido bueno hablar de ello, es un cambio. Casi se siente como un cierre y no puedo ayudar cuando espero que lo que esté pasando hoy, significa que todo ha terminado.
—No dije nada en absoluto cuando te fuiste la última vez —explica en voz baja—. No quería admitir ante nadie lo que pasó entre nosotros.
—¿No lo hiciste? —consulto.
Edward niega.
—No, porque si lo decía en voz alta, luego se hacía realidad y no quería que fuera verdad.
Cierro mis ojos, ya que sólo puedo imaginar lo difícil que debió haber sido. No sólo porque estábamos viviendo juntos en aquel entonces, sino también por lo que sucedió esa noche. Una noche en la que sabíamos que no íbamos a tener un mañana y tampoco íbamos a tener una solución. Me rehusé a escuchar a Edward, peleándome con él, luego desaparecí de una forma horrible, pero permanecer lejos demasiado tiempo fue lo peor que pude haber hecho. Nunca perderé este remordimiento.
—Sé lo que estás pensando, nena —declara Edward en voz baja, sus dedos recorriendo suavemente mi nariz antes de tocar mis labios. Presiona un suave beso en ellos.
—Lo sé —musito, mi corazón dolorido por todo lo que le hice—. Es simplemente difícil. Es lo único que desearía olvidar, sabes.
—No, Bella, por favor —ruega Edward, inclinándose para besarme esta vez—. Tenemos que dejarlo ir, nena. Fue un mal momento para nosotros y no quiero pensar más en ello. Por favor.
Me encojo de hombros sabiendo que nunca habrá palabras adecuadas para este momento.
—El pasado está en el pasado, Isabella. No podemos cambiarlo, no importa cuánto nos esforcemos o lo mucho que lo deseemos.
—Sé que no podemos —aseguro sabiendo que todavía me va a doler cada vez que me vea obligada a recordar ese momento.
—Déjalo ir, nena —pide, sus palabras son una súplica silenciosa—. Por mí.
Sólo puedo asentir mientras trato de empujar lejos ese momento, dejarlo ir para no arruinar este día juntos.
—Pero ¿cómo le explicaste a tu mamá y papá? —pregunto finalmente—. Quiero decir estábamos viviendo juntos.
—Si —afirma en voz baja—. Eso definitivamente hizo las cosas difíciles.
—Entonces, ¿qué les dijiste? —interrogo, extendiendo mi mano y tomando la suya, qué mentira dijiste de nosotros, sobre mí.
Edward exhala y una parte de mí se cuestiona si tal vez no importa lo que les dijo. Sus padres han aceptado que estoy de vuelta, Alice también y todos sus amigos. Ya hemos hablado de lo que pasó esa noche en la fiesta y sé que ninguno de nosotros quiere discutirlo o revivirlo nuevamente.
Pero al mismo tiempo, hoy se siente como el día para hablar de ello. Ha sido un día de descubrimientos y de segundas oportunidades y las cosas están lejos de ser normales. Así que hablar de esto, de alguna manera se siente como si tuviera que hacerse.
—Al principio les dije que te habías mudado a Londres a buscar un lugar para nosotros. En el momento que regresaron de sus vacaciones, mi carta había llegado, así que sabían que me estaba mudando para ahí. Les dije que te habías ido para encontrar un lugar para vivir y un trabajo —cuenta con voz suave en la oscuridad—. Les dije que luego te iba alcanzar cuando terminara lo de Fleet.
—¿Y te creyeron?
—No, por supuesto que no —dijo, apretando mis dedos—. Ellos te aman, Bella, nunca creyeron que te fuiste sin siquiera despedirte de ellos.
—No lo haría —digo consiente que él sabe lo mucho que también amo a su familia.
—Lo sé —admito en voz baja—. Además, yo era miserable, cualquiera podía ver eso.
—¿Entonces qué pasó? —inquiero.
Edward se inclina para besarme rápidamente, antes de consultar:
—¿Por qué estamos hablando de esto hoy?
Me encojo de hombros.
—No lo sé, ha sido un día extraño —comento.
—No es solamente extraño —asevera, levantando mi mano y llevándola a sus labios.
Sonrío.
—No —murmuro, deslizándome para que pueda besarlo. Me siento cuando Edward envuelve un brazo alrededor de mi cintura y me jala más cerca. Al igual que hizo esta mañana cuando nos despertamos. Eso me hace sonreír—. Sin embargo, dímelo. —Pido, mis labios contra los suyos.
Edward se empuja, sus dedos metiendo mi cabello detrás de mi oreja.
Exhala y puedo decir por su rostro que realmente no quiere hacerlo.
—Siempre hablamos de estas cosas, recuerdas —le digo, mis dedos rozan su mejilla mientras le recuerdo la promesa que ambos hicimos.
—Sé que lo hacemos —reconoce, volviendo a tomar mis dedos contra sus labios. Presiona besos a los extremos de cada uno de ellos antes de tomar mi mano con la suya de nuevo, manteniéndonos unidos.
—Así que dime, ¿por favor? —susurro.
—Finalmente me pidieron la verdadera historia. Así que, con el tiempo, les dije que habíamos tenido una pelea —revela Edward, todo el aire sale de sus pulmones en un ajetreo. No me está mirando, sus ojos mirando sus dedos, deja ir mi mano y empiezo a peinar mi cabello—. Entonces les dije que habías desaparecido.
—¿Qué? —pregunto, cuestionando exactamente qué quiere decir—. Tú quieres decir desaparecer, ¿cómo cuando desaparezco?
Edward niega.
—No, Bella, no así. Aunque no sabes cuantas veces he estado tan cerca de decirle a alguien, sólo para poder sacármelo del pecho —explica, sus ojos fijos en los míos de nuevo—. Es jodidamente difícil estar sin ti nena, pero a veces es peor explicar el por qué.
—Edward. —Respiro, mi mano ahora en su mejilla.
—Sólo quería explicártelo, sabes. Así la gente sabía que estábamos separados, así que Paul trataba de emparejarme con cada amiga de su última novia.
—¿Él hacía eso? —increpo con un repentino aumento de celos que cruza a través de mí.
Edward sonríe.
—Trató, nena, pero ya sabes cómo salió todo.
—¿Desearías que le hubiéramos dicho a alguien? —cuestiono, sabiendo que probablemente haría la vida de Edward mucho más fácil. En realidad, no me afectaría, porque soy la única que tiene que mudarse. Me despierto en una vida diferente sin memoria de la que he dejado atrás. No tengo conocimiento del enorme agujero que he dejado, especialmente para Edward. Él es el único que se queda para tratar de explicárselo a todo el mundo.
—Algunas veces sí —admite—. Pero luego me pregunto cómo haríamos. Creo que una parte de lo que me lo hizo más fácil, fue que sucedió frente a mí y también éramos niños, te conocía. —Observo a Edward, sonreírme—. De alguna manera este tipo de cosas siempre es más fácil de aceptar cuando somos niños.
—¿Este tipo de cosas? —inquiero sonriéndole.
Edward ríe.
—Sí, ya sabes, el tipo de cosas locas que no parecen reales, creíble o posibles. Es más fácil de aceptar cuando aún crees que la magia pueda hacer que suceda supongo.
—No estoy exactamente segura que sea magia —me burlo.
Edward sonríe ahora mientras se inclina para besarme.
—Definitivamente hay algo de magia involucrada, nena —susurra y parte de mi sabe que tiene razón. Ciertamente hay algún tipo de magia entre nosotros, siempre la ha habido.
—¿Quieres decirle a alguien? —interrogo con el tiempo—. ¿A tu familia o a Paul?
Edward me mira fijamente durante algunos segundos sin decir nada.
—Nah, me gusta saber que ahora es nuestro secreto —exclama finalmente—. Y bueno, tal vez no importe más.
Puedo escuchar la esperanza en su voz cuando lo expresa. La esperanza de saber lo que sentimos. Tal vez eso es todo lo que realmente pasó. Tal vez todas las cosas que pasamos, mis padres de mierda, la pelea, la caída de Edward, quizás la razón de todo esto es que llegáramos a este punto entre nosotros. Y lo que ahora tenemos sea lo correcto.
Sonrió, me deslizo más cerca, empujándome contra el cuerpo de Edward. Él nos da vuelta por lo que está encima de mí y llego a poner mis manos en su rostro.
—Tal vez ya no —murmuro.
Edward sonríe.
—Tanto si ocurre o no, nada va a cambiar lo que siento por ti, Bella— susurra, moviendo sus caderas contra las mías.
Me arqueo a su encuentro, cerrando mis ojos mientras se mueve dentro de mí.
—Te amo, Edward —musito en la oscuridad—. Gracias por el día de hoy.
Entonces me besa y hoy se convierte en el mañana y todavía estoy aquí.
Con Edward.
