— ¡Blaine! —sisea Kurt, despertando de golpe a su marido.— ¡Blaine!

— ¿Qué? ¿Qué pasa? —despierta en la penumbra de la madrugada, frotándose los ojos para ver a Kurt sentado completamente derecho y alarmado.

— Son casi las seis. Ella está todavía dormida.

— Oh Dios mío, —susurra, alarmado.— ¿Está bien?

Kurt se inclina para mirar en la cuna, presionando las costillas de Libby y haciéndola resoplar con sorpresa.— Bueno, está respirando.

— ¿Qué deberíamos hacer?

— No lo sé. ¿Qué dice el libro?

Blaine enciende la lámpara y busca a través del libro para encontrar el capítulo del sueño, poniéndose los anteojos para leer las letras en el libro.— No parece haber ninguna mención específica de qué hacer si tu bebé de días de nacida duerme por siete horas, —dice mientras escanea el libro.— Sólo dice que en algún momento entre los tres y los cuatro meses, tu bebé empezará a dormir por periodos más largos por la noche.

— Tal vez ella es muy avanzada, —dice Kurt alegremente, y el rostro de Blaine se ilumina.

— Apostaría a que es eso, —coincide.— Así que... no lo sé. Supongo que despertará cuando tenga hambre. Porque ella lo sabrá.

— Estoy tan feliz de que tengamos a una bebé inteligente, —suspira Kurt, acomodándose de nuevo bajo las sábanas para que Blaine se recueste sobre su pecho.

— Yo también.

Sin embargo su momento no dura mucho, cuando diez minutos después Libby despierta hambrienta, consumiendo una enorme cantidad de leche antes de devolverla casi toda sobre el pijama de Blaine.

— Me parece que fue demasiada leche, —sonríe Kurt, ayudándole a quitarse la parte superior del pijama.

— Sin embargo, parecía gustarle realmente.

— La próxima vez sé firme, —dice Kurt, tomando a la bebé y llevándola al baño.— No la consientas.

— ¿Cuál es el punto de tener una bebé si no puedes consentirla? —dice Blaine después de él.

— Tu mamá habría ido sobre ti con una tonelada de ladrillos por eso, —responde, y Blaine ríe alegremente.

Van de compras ese día, lo que les lleva el doble de tiempo de lo esperado dada la cantidad de gente deteniéndolos para hablarle cariñosamente a la hermosa bebé, y Kut y Blaine la presumen llenos de orgullo, diciéndole a todo el que quiera escuchar, lo inteligente que es. Tienen el gusanito de salir con ella, y se apresuran a regresar a casa para dejar los comestibles antes de ir a caminar a lo largo del muelle juntos, Kurt enlazando alegremente un brazo con el de Blaine mientras empuja la carreola.

— ¿Podríamos ir al trabajo y prsumirla un poco? —sugiere Blaine, y Kurt está de acuerdo. Riccardo está feliz de que su ensayo haya sido interrumpido por su miembro favorito de la orquesta y su más nueva adición, tomando a Libby de la carreola y gritándole a todo el mundo que él la conoció cuando sólo tenía un día de nacida. De ahí se dirigen a la oficina de Anna y Kurt, y Blaine se acomoda en un rincón para alimentar a Libby mientras Kurt revisa algunos diseños.

— ¿Por qué no te llevas eso a casa? —pregunta Anna, tendiéndole una pila de papeles a Kurt con una sonrisa.— Ya sabes, eres mucho mejor que yo diseñando. Mi corazón está en la costura. Estoy más que feliz de hacer los trajes de tus bocetos y patrones. Entonces puedes tener más tiempo en casa con tu hombre... y con Libby también, por supuesto.

— ¿Estás segura? Quiero decir...

— Kurt, en serio. Tener un bebé es maravilloso. Nunca volverás a tener estos momentos. Tómate tu tiempo para conocerla, disfruta cada día de su crecimiento. Pero te necesito dos veces a la semana, —agrega con una risa.

— Oh, lo haré, está bien. De hecho, está más que bien, —dice él, besando su mejilla.— Gracias.

. . .

El tiempo pasa. Su hija cumple dos semanas, luego un mes, y luego dos. Kurt y Blaine están interminablemente fascinados por su encanto. Ella continúa durmiendo durante toda la noche, y las publicaciones llenas de presunción que Kurt soñó, finalmente son una realidad. Lloran lágrimas de felicidad cuando Libby sonríe por primera vez, y luego pasan horas tratando de hacer que lo repita para la cámara. El flujo de visitantes sigue siendo constante, pero mejor mantenido, y los cariñosos abuelos descubren la absoluta felicidad de FaceTime cuando Blaine les regala un iPad a cada uno.

Santana es la tía amorosa que prometió que sería, cuidándola alegremente por Kurt y Blaine mientras ellos "consiguen algo" como ella delicadamente le dice, y Joe la cuida también para que tengan una muy ansiada cita. Kathy y Wes los visitan a principios de Mayo -un pequeño bulto empieza a notarse bajo la ropa de Kathy- y los cuatro disfrutan pasando tiempo juntos.

— No puedo creer cuánto ha crecido, —ríe Wes, levantando a Libby hasta su cara para hacerle caricias en su cuello.— Es toda una personita.

— Wes, Wes, ¿adivina qué? —pregunta Blaine emocionado, haciendo a Kurt reír ante la forma en que su marido se vuelve un niño emocionado en presencia de sus mejores amigos.— Cuando ella duerme, es realmente manejable. Puedes tomarle fotos y cosas así. Es hilarante. Mira.

— ¡Blaine! —chilla Kurt, moviéndose a través de toda la habitación para echar un vistazo al iPad.— Sigo preguntándote si estás haciendo eso, y tu sigues negándolo. ¡Es una bebé!

— Pero es muy divertido, —replica.— Mira. Ayer, cuando estabas trabajando, le puse distintos sombreros. El día anterior fueron pajaritas. Y mira esta. ¿Ves? Parece como si estuviera jugando baloncesto.

— Aw, quiero un bebé ahora, —gime Wes.

— Tendrás uno muy pronto, —le dice Kathy.— Y cuando lo tengas, no lo vas a vestir como un... ¿futbolista? Blaine, eso es cruel.

— Ella estuvo con el casco por poco tiempo, —protesta Blaine.— Esa fue cuando fuimos a visitar a Taylor, —le dice a Kurt.

— ¿Entonces todo el mundo sabía de esto menos yo?

— Mas o menos, sí.

— Ahora quiero que duerma su siesta para que yo también pueda jugar, —ríe alborotando el cabello de Blaine.— Eres un niño de cinco años. Pero te amo.

— Si es tan manejable como dices, ¿les gustaría visitarnos el próximo fin de semana? Creo que tu papá se está poniendo ansioso de ver a Libby otra vez, —Wes le dice a Blaine.— Y ya sabes que se muda el viernes. ¿Tal vez podrían venir a ayudarle? Estoy seguro que Kathy y Rachel cuidarían a Libby.

— Yo uh... no lo sé. —murmura Blaine, arrastrando los pies en el suelo.— Probablemente estorbaré. Finn y Cooper harán lo más pesado, y estás tú, y Seb, Burt...

— Baine, —dice Wes, acomodándolo en el sofá mientras Kathy y Kurt se hacen de la vista gorda.— Sé que es difícil, ¿okay? Pero piensa en lo doloroso que es para tu papá. Te necesita, Blaine. Necesita el hermoso rostro sonriente de Libby para distraerlo. Quién puede resistirse, ¿eh? —dice él, sonriéndole a la bebé quien alegremente le devuelve la sonrisa.— Por favor, él estuvo tan molesto cuando no pudiste ir.

— No lo estuvo, —dice Blaine negando con la cabeza, desafiante.— Dijo que entendía. Él puede recordar lo difícil que es viajar con un bebé.

— Porque no va a incomodarte, por eso, —dice Wes amablemebnte.— Él te ama demasiado, y sabe cómo te afecta esto. Pero yo lo veo casi diario, Blaine. Él vive para Libby, como dijo que haría. Ella es de lo único de lo que habla -lo grande que está, cómo sonríe, y cómo balbucea... Y está tan feliz de verlos asentados en sus vidas. Adora tener a Cooper y a los gemelos cerca, y creo que la siguiente meta es ver a Maddie y a Joe casados. Odia tener que mudarse, pero él sabe, y ú también lo sabes, que tiene sentido.

— Tengo esos momentos, —susurra Blaine mientras las lágrimas empiezan a caer.— Particularmente cuando mi papá sostiene a Libby... cuando puedo escuchar a mamá, —dice limpiándose los ojos.— La última vez que lo visité, la tenía en sus brazos y podía escucharlo diciéndole todo acerca de su abuela, y yo simplemente... pude escuchar a mamá. Pude escucharla regañándolo por hacerle caras a la bebé por temor a que la asuste, y cuando Libby le sonrió... pude verla, Wes. Pude verla justo ahí, inclinándose sobre su hombro y hablándole con adoración, diciéndole mi amor y diciéndonos lo hermosa que está, aún cuando ya lo sabemos, —hace una pausa, riendo entre lágrimas antes de ponerse triste otra vez.— Y estoy tan asustado de que ya no la veré nunca más, de que no seré capaz de escuchar su voz. Esa nueva casa no tendrá recuerdos de ella, y simplemente no estoy listo para dejarla ir.

Se desmorona completamente, provocando que Wes cambie a Libby a su otro brazo para sostener a Blaine lo mejor que puede, tranquilizándolo y reconfortándolo.— Ella siempre estará contigo. Lo sabes. LO SABES, —hace énfasis cuando siente que Blaine niega con la cabeza contra su cuello.— En tu corazón. Y sí, se volverá más difícil recordar el sonido de su voz, o cada pequeño detalle de ella... pero siempre estará ahí. Hablarás de ella con tu papá, con tu hermano, con Kurt... Ya sabes, el tiempo...

— No me digas que el tiempo todo lo cura, —solloza Blaine.— Simplemente no lo hagas.

— No iba a hacerlo. El tiempo apesta, porque nos aleja de los seres que amamos y que ya se han ido. Pero el tiempo también te da la habilidad de hablar de ellos sin que se sienta como un cuchillo en las entrañas cada que lo haces, nos ayuda a ver cosas o a escuchar cosas y pensar en lo mucho que nuestro ser querido habría disfrutado de ese comentario, o en lo mucho que le habría gustado esa foto, sin que nos traiga un ataque de lágrimas desgarradoras. El tiempo no sana, no. Siempre la vas a echar de menos y la vas a añorar, y no hay razón de pretender lo contrario. Pero eres tan afortunado de tener a tu alrededor a tantas personas que también la amaban y la atesoraban, muy especialmente Kurt. Y por supuesto, ver a esta damita crecer tiene que ser el mejor regalo que el tiempo te puede dar.

Besando la mejilla de Libby dulcemente, se la entrega a Blaine, frotando una mano tranquilizadora sobre su espalda.— Kathy y yo los veremos a los tres mañana para almorzar antes de irnos.

— Gracias, —dice Blaine en voz baja, mirando a Libby con una tierna sonrisa.— Y puedes esperarnos en Ohio el próximo fin de semana.

— Por supuesto, —dice Wes cuando se levanta.— Sólo asegúrate de llamarle a tu papá para avisarle.

. . .

Como ya es su hábito de costumbre, Kurt y Blaine se acurrucan en la cama esa noche para darle a Libby su último alimento, ambos cantando una suave canción de cuna mientras ella se queda dormida. Una vez que está instalada en su cuna y la luz apagada, Blaine se estira en la oscuridad para encontrar la mejilla de Kurt y pasar los dedos a lo largo de su mandíbula.

— Gracias por hablar con Wes, —susurra.

— ¿Te lo dijo?

— No, sólo lo supe.

— Bueno, por lo regular uno de los dos nos las arreglamos para llegar a ti, —dice Kurt moviéndose rápidamente hacia adelante para cerrar el pequeño espacio entre ellos y besar sus labios.— Me alegra que hayas cambiado de opinión.

— No es que no te haya escuchado, —empieza Blaine tentativamente.— Es sólo que...

— Es sólo que algunas veces es mejor escucharlo de otra persona que no sea tu esposo, lo entiendo.

— ¿Lo entiendes?

— Sí. Puedes decirme un millón de veces que estoy trabajando muy duro, y te ignoraré y seguiré. Pero si Anna me dice que luzco demacrado, dejo todo y tomo una siesta. Eso no significa que no te ame, porque a ti y a Libby los amo más que a nada en el mundo. Es sólo que algunas veces es más sencillo escucharlo de un extraño... No es que diga que Wes es un extraño, —agrega rápidamente.

— Nadie me conoce como tú, Kurt.— dice Blaine suavemente, juntando sus manos y sosteniéndolas entre sus pechos.— Nadie. Y nadie lo hará. Me comprendes porque me completas, tan simple como eso. Y tú, y nuestra hija, son todo para mi.

— Bésame, —susurra Kurt, y Blaine lo complace alegremente, rodando su peso sobre un muy ansioso Kurt, reclamando su boca por su propia cuenta.

— Espera, —murmura Blaine, salta de la cama y arrastra la cuna -completa con una bebé durmiente- hacia el pasillo.

— ¿Por qué la pusiste afuera? —preguta Kurt, sentándose y riendo con incredulidad.

— Sabes muy bien por qué, —dice Blaine, con la luz de la luna brillando en su cuerpo mientras se quita el pijama.

Kurt sonríe cuando Blaine sube a la cama junto a él.— Creo que podría necesitar que me enseñes.

— Puedo hacerlo, —susurra ardientemente, corriendo sus manos hacia arriba en la suave piel del costado de Kurt y quitándole la parte superior del pijama.— Aaaahhhhh, Kurt, —gime, depositando calientes besos sobre su pecho,— Tú... ugh. Simplemente... mmmm, —deja escapar mientras se mueve más abajo, deslizando el pantalón de Kurt hasta los tobillos antes de pasar suavemente las manos sobre sus muslos.

— Grandes elogios, —ríe Kurt.— Gracias.

— Déjame montarte, —ruega Blaine entrecortadamente desde donde ahora está su rostro acariciándose entre las piernas de Kurt.

— Joder, sí, —gime Kurt impaciente.— Pero sin lubricante. Déjame usar mi lengua.

La cabeza de Blaine se queda quieta, descansando justo al lado del miembro ahora duro de Kurt, que silenciosamente ruega por ser chupado. Él asiente, tratando de contener su sonrisa de oreja a oreja ante la perspectiva de su actividad favorita, pero falla y ríe.— Es como la jodida Navidad, —dice antes de tragar el miembro de Kurt. Chupa ansiosamente, sabiendo exactamente lo que más le gusta a Kurt, y sonríe alrededor de él mientras lo siente tensarse. Apartándose, se limpia delicadamente la comisura de su boca, riendo cuando Kurt se queja.

— Sólo estaba...

— Lo sé, —dice, envolviéndose sobre su cuerpo y besándolo bajo su barbilla.— Por eso me detuve.

Su esposo ríe, dándole la vuelta y raspando los dientes sobre su cuello.— Te amo, —murmura antes de besar su cuerpo, deteniéndose para pasar su lengua alrededor de la cabeza del miembro de Blaine.— Voltéate.

Blaine lo hace alegremente, levantando sus caderas para que Kurt deslice una almohada debajo de él, y resoplando en las sábanas cuando Kurt habla directamente en su oído.— Te vienes en mi almohada y hemos terminado, —dice él, haciendo a Blaine estremecerse ante la forma en que la sonrisa de Kurt se curva contra su oreja.

— Voy a contenerme, —sonríe, volviendo su rostro a un lado para mirar a Kurt mientras se mueve más abajo.— Quiero venirme contigo enterrado muy dentro de mi, —dice, luego grita cuando Kurt le muerde una nalga.

— Eso puede arreglarse.

Blaine gruñe fuertemente ante la sensación de la lengua de Kurt corriendo a lo largo del surco entre sus nalgas, inmediatamente metiendo sus rodillas para ponerse en exhibición, y Kurt lame profundamente su entrada, abriéndolo lentamente con su lengua y con sus dedos hasta que Blaine está aferrándose desesperadamente a las sábanas.— Por favor, por favor... la almohada va a tenerlo, —gruñe, lo que hace a Kurt reír y apartarse, recostándose sobre su espalda donde Blaine ansiosamente se coloca encima de él, frotando su pene unas cuantas veces con la palma mojada antes de hundirse.

— Oh santa mierda, es tan apretado, —exhala Kurt, cerrando los ojos de placer mientras Blaine sigue encima de él.

— Sí, —chilla.— Está... uh... sí...

— ¿Estás bien, tigre? —le sonríe Kurt, aceptando feliz el largo beso que Blaine le da.

— Perfectamente. Ardiendo, pero perfectamente, —ríe, apoyando su pecho en el de Kurt y besando su hombro.— Te amo, niño precioso.

— También te amo, viejito.

Se mueven juntos a la perfección, acomodándose en un ritmo que pronto tiene a Blaine apoyando un brazo contra la cabecera y gimiendo fuertemente ante el esfuerzo excesivo.— Joder, —jadea mientras Kurt parece duplicar sus esfuerzos, persiguiendo la liberación difícil de alcanzar.— Kuuuuurt.

Arqueando su espalda, grita fuertemente cuando Kurt alcanza su miembro y siente que su orgasmo se acerca rápidamente.— Kuuuuurt, —gime otra vez mientras se viene tan duro que su vision se vuelve negra, cayendo hacia adelante cuando Kurt se derrama dentro de él, agarrando fuertemente su espalda y gmiendo suavemente. Su respiración es dura y entrecortada, y permanecen abrazándose el mayor tiempo posible, hasta que Blaine se mueve hacia el baño a regañadientes. Regresa para limpiar tiernamente a un Kurt adormilado antes de reordenar las almohadas y acomodarse a su lado.

— ¡Mi almohada! —grita Kurt cuando apoya su cabeza en ella.— Está mojada.

— Uh... lo siento mucho, —dice Blaine, esperando que la oscuridad pueda esconder su sonrisa.— Puede que haya derramado un poco...

— Cambia conmigo, —intenta Kurt, pero Blaine está lejos de ello.

— No voy a cambiar, pero dejaré que compartas la mía.

— De todas maneras, nunca la usas, —ríe Kurt, deslizándose y abriendo un brazo para que Blaine se acurruque en su abrazo.— Utilizas mi pecho.

— Hmm, así es, —dice Blaine feliz.— Porque es perfecto.

Ambos cierran los ojos, completamente felices y relajados hasta que Blaine de pronto recuerda.— ¡Mierda! ¡Libby! —apresurándose hacia el pasillo, regresa la cuna, inclinándose para besar la dulce cabeza de su bebé antes de acomodarse con Kurt una vez más.

— Casi, —ríe Kurt.

— Lo sé. Hagas lo que hagas, no permitas que la deje en Ohio.

. . .

— ¿Cómo puede ser que una bebé tan inteligente esté tan unida a un horrible osito de peluche color naranja? —pregunta Kurt mientras conduce hacia Westerville.

— Es un misterio, —dice Blaine, volteándose para ver a Libby contemplando con adoración al oso naranja.

— Le hice uno también. Y ella simplemente lo ignora. Te lo digo, sus gustos tienen que mejorar.

— Estoy seguro que así será, —ríe Blaine.— Y una vez que crezca y tan pronto se de cuenta de que su papá es Kurt Anderson, el diseñador de vestuario más talentoso y más buscado de una generación, empezará a rogarte que le hagas su ropa.

— ¿Terminarás con eso? —pregunta Kurt, aunque sus mejillas se tiñen de rosa de placer.

— ¿Terminar con qué? —dice Blaine inocentemente.

— Con citar ese articulo del periódico, —le dice, rodando los ojos cariñosamente.

— Nop. —sonríe Blaine.— Nunca, —dice, tomando el periódico y leyendo en voz alta.

"En menos de un año, Anderson-Farris se han vuelto los líderes de la manada en el diseño de vestuario. Producciones que todavía están en la etapa de planeación están todas compitiendo por su atención, desesperados por conseguir sus servicios. Su talento ha sido reconocido también por páneles de la industria; el par ha sido galardonado como los mejores diseñadores en los Premios del Sindicato de Actores -mejor conocidos como los Premios SAG- por su trabajo en El Viento en Los Sauces, venciendo a la feroz competencia con los incondicionales. 'Él hace la mayoría de los diseños.' La Sra. Farris nos dice orgullosa de su joven protegido. 'Soy más feliz al hacer las piezas; no voy a pretender tener ni la mitad del talento que él tiene.' Esto, junto con las fotografías que el Sr. Anderson nos mostró lleno de orgullo de los trajes de boda que diseñó para él y para su esposo, además del vestido de novia que diseñó recientemente para una amiga, nos muestra que el Sr. Anderson es, sin lugar a dudas, el diseñador de vestuario más talentoso y más buscado de una generación."

— Me estoy ruborizando, —dice Kurt con una pequeña sonrisa.

— Sé que lo estás, y sigue siento tan caliente como cuando tenías dieciséis, —dice Blaine, alcanzando su mano.— Estoy tan orgulloso de ti.

— ¿Oh, en serio? —bromea Kurt.— No lo había notado. El sexo anoche no transmitió eso, ni tampoco los gemelos de diamantes, ni el pisacorbatas a juego.

— No puedo esperar a ir a la entrega de premios contigo, —dice Blaine con una enorme sonrisa.— Voy a usar mi gorra de El marido de más apoyo del Mundo.

— No lo harás, —dice Kurt, riendo a carcajadas.— Ambos usaremos los trajes que diseñé y que Anna está haciendo. No voy a subir a recoger mi premio en otra cosa que no sea un original Anderson-Farris.

— ¿Y asumiré que Anna estará mostrando uno de tus espectaculares vestidos de noche?

— Por supuesto, —sonríe Kurt, luego hace un puchero.— Quiero llevar a Libby.

— No, claro que no, —ríe Blaine.— Quieres diseñar un vestidito para ella, eso es todo. Lo que puedes hacer. Sin ofender a nuestro cariñito, pero nos divertiremos mucho más sin ella. No creo que los bebés tengan permitido estar en la ceremonia de la alfombra roja. Además, pienso que Santana te sacaría los ojos si le niegas el privilegio de cuidarla.

— Sigue molesta de que Kathy y Rachel la tienen hoy.

— Lo sé, pero no estoy listo todavía para dejarla en Chicago mientras pasamos el fin de semana en Ohio, —le dice Blaine.

— ¿Te sientes bien? —pregunta Kurt, apretando sus dedos.

— No, —responde honestamente.— Pero tiene que hacerse. Una casa es sólo una casa... ¿cierto?

— Cierto, —confirma Kurt.— Y sabes lo molesto que estuve cuando papá anunció que nos mudaríamos de casa hace años atrás, así que sé cómo te sientes, lo hago. Pero tus recuerdos están en tu corazón. Y esto es lo correcto para tu papá. Seamos honestos, lo está haciendo bien, pero tiene casi ochenta años. No es lo que solía ser. Lo mejor para él es una casa de retiro, Wes está a diez minutos de distancia en coche, hay una enfermera de guardia, y Rachel y Finn están muy cerca... todos verán por él.

— Es una lástima que Kathy ya no esté en mi vieja casa, —medita Blaine.— No son ni cinco minutos caminando.

— ¿Quieres que nos demos una vuelta por ahí y la veamos? —pregunta Kurt.— Wes dijo que los inquilinos han hecho maravillas con el jardín frontal.

— Estaba perfectamente aceptable cuando yo vivía ahí, —refunfuña Blaine.

— Era sólo pasto, y le pagabas a un chico para que lo podara por ti, —ríe Kurt.— Anda, no te quejes. Vayamos a ver.

Se siente extraño, sentarse afuera de una casa que técnicamente les pertenece, pero a la que no pueden entrar. Blaine suspira pesadamente, volteando la cabeza hacia Libby cuando balbucea.— ¿Qué es este lugar? Bueno, mi amor, aquí es donde me enamoré de papá- Cuando seas más grande te diré más, pero basta con decir que aprendimos muchísimo el uno del otro dentro de esas cuatro paredes.

— Oh, no creo que necesites decirle algo más que eso, —sonríe Kurt, sosteniendo su mano fuertemente.— Ahora vamos, tu padre nos espera.

Es un largo día, y muchas lágrimas son derramadas, pero para cuando llega la noche, Mike Anderson está instalado en su nueva casa de dos habitaciones y una sola planta. Los hombres de la mudanza salen, junto con la numerosa familia y amigos, y Kurt le dice a Blaine que se regresará con Wes y Kathy, dejándolos a Libby y a él a solas con Cooper y su papá.

— ¿Les gusta? —Mike pregunta tentativamente una vez que la puerta frontal está cerrada.

— Está genial, papá, —dice Cooper con brillante entusiasmo.

— Sí, —dice Blaine, meciendo a la bebé en su rodilla.— Realmente genial.

— Me siento mal... de que me guste, —dice Mike antes de romper en llanto.— Me siento con el corazón roto por haberme ido, pero emocionado de estar aquí, ¿está mal?

— No, no, —lo tranquiliza Cooper, apresurándose a ponerse de rodillas junto a su silla.— Para nada. Esto es mucho más manejable para ti.

— Lo es, —dice Mike, limpiándose los ojos.— Puedo caminar en el jardín, puedo tener gente y caminar de la cocina a la sala de estar sin tener que descansar pero... pero... pero...

— Pero ella no está aquí, —dice Blaine arrodillándose a su otro lado e ignorando la mirada mordaz de su hermano.— Lo entiendo, porque he estado sintiendo lo mismo.— Acomodando a Libby en el regazo de Mike, la mira, sonriendo ante la forma en que ella le da a Mike una sonrisa sin dientes.— Pero Libby está aquí, —dice él, pasando una mano sobre su cabeza.— Y prometiste que vivirías para conocerla, —dice en voz baja, mirando a su pequeña hija.— Mantuviste tu promesa, y ahora creo que ella disfrutaría mucho si su abuelo la viera crecer.

— Puedo hacer eso, —asiente Mike.— Y ya sabes, tengo una habitación de invitados. Ustedes tres podrían caber ahí, estoy seguro.

— Por supuesto que podríamos, —dice Blaien apretando su mano.— Y lo haremos. Pronto.

— ¿El próximo fin de semana? —pregunta Mike esperanzado.

— Tendría que hablarlo con Kurt...

— Él dijo que sí, —dice Mike con una sonrisa atrevida.— Y Cooper, puedes esperar a Taylor, a Maddie y a Joe para el próximo fin de semana también.

— Oh, —dice él sorprendido.

— Pensé que podríamos salir todos a cenar.

— Bueno, veo que ya tienes todo esto arreglado, —dice Blaine con una risa.— Así que cuenta con nosotros.

— Con nosotros también, —dice Cooper, levantándose y besando la cabeza de su padre.— Ahora Blaine y yo debemos irnos, —dice, instando a su hermano a ponerse de pie y a tomar a Libby.— Pero te veremos el próximo fin de semana.

— Y yo te veré mañana, —dice Blaine, besando su mejilla.— Esas fotos no se van a colocar solas.

— Me siento tan inútil, —dice Mike con tristeza.

— Bueno, no lo estés, —le dice Blaine.— Estás en servicio de niñera.

Mike ríe ante esto y se despiden, con Cooper y Blaine caminando hacia sus respectivos autos.— Pienso que estará bien, —dice Cooper, ajustando el cinturón de seguridad en la silla de Libby y besando su sonrosada mejilla.

— Estará solo, —dice Blaine suavemente, mirando al suelo.— No podemos seguir visitándolo cada fin de semana.

— Lo sé, —dice Cooper apoyando una mano en su hombro.— Pero no hay nada que podamos hacer al respecto. Sin embargo, hará amigos en el complejo, lo que será mejor a que esté sentado en casa mirando una foto de mamá, que es lo único que ha estado haciendo en los últimos tres meses.

— Supongo, —asiente Blaine, abrazándolo fuertemente.— Te veré en una semana.

Kurt lo abraza fuertemente esa noche mientras llora, y cuando se despierta en la mañana para tener a Kathy y a Wes diciéndoles en el desayuno que esperan una niña, él por supuesto vuelve a llorar. Pasan el día en la casa de Mike, almorzando con Burt y Carole cuando pasan por ahí, antes de partir por la tarde.

— Creo que deberíamos mudarnos de vuelta. —dice Kurt tan pronto como están fuera de la vista.

— ¿Qué?

— Creo que debemos volver a Ohio. No me lo tomes a mal, adoro Chicago y soy feliz ahí, pero odio esto. Odio tener que alejarme de tu papá y ver lágrimas en sus ojos. Odio ver a mi papá y a Carole envejecer y sentir que me estoy perdiendo demasiado. Odio la forma en que nunca tenemos tiempo suficiente con Wes y Kathy, Seb, Rachel y Finn. Y quiero que todos ellos sean parte de la vida de Libby. Si, o cuando, Rachel tenga bebés, serán los primos de Libby... y simplemente sabes que habrá un lazo de por vida entre la hija de Wes y la nuestra... y si no tenemos más, entonces me gustaría que sintiera que tiene alguna especie de unidad de apoyo mientras crece y no solo a sus dos locos papás, —sonríe.

— ¿Quieres más? —pregunta Blaine, tratando de medir su reacción mientras mantiene sus ojos en la carretera.

Kurt se vuelve a mirar a la bebé, durmiendo profundamente en su asiento, sosteniendo su oso de peluche naranja en una mano, mientras su boquita está ligeramente abierta.— Pienso que ella es perfecta, —sonríe.

— Realmente lo es, —coincide Blaine.

— Y yo diría que nuestra familia también lo es.

— Entonces no más bebés.

— No más.

— En cuanto a mudarnos de vuelta... Sí. Supongo que no estoy en contra de la idea, tendríamos que discutir la cuestión del trabajo y a dónde viviríamos.

— Estaba pensando que podría dejar la costura y sólo hacer diseño de vestuario.

— ¿Ah, sí?

— Si. Quiero decir, ahora tengo un gran portafolio. Anna es maravillosa; no estoy listo para dar fin a nuestra sociedad y ella tampoco, pero ella está harta del diseño. Podríamos trabajar perfectamente bien entre los dos, puedo mandarle los diseños por correo electrónico para que trabaje en ellos. Tendría que ir tal vez a Chicago una vez al mes o así, y para las noches de apertura -pero podríamos mantener nuestro apartamento. Si me las arreglara, podría trabajar la mayor parte del tiempo desde casa- de esa manera podría estar con Libby algunas veces durante el día, y estoy seguro que Carole saltaría de emoción ante la oportunidad de ayudar.

— Yo tendría que dejar la orquesta.

— No necesariamente, —señala Kurt.— Tal vez el violín. Pero estoy bastante seguro que Riccardo te rogaría para que siguieras como concertista de piano. Sin embargo depende de ti. Si te sientes listo para renunciar a tu liderazgo... creo que ese es el punto de fricción más grande.

— Podría volver a escribir.

— Por supuesto. Pero sé lo mucho que amas la sinfonía.

— Lo hago, —dice Blaine lentamente.— Pero estoy adorando cada vez más esta idea. Mantenemos el apartamento... podríamos incluso tratar de compaginar nuestros empleos para que estemos allá juntos, llevándonos a Libby con nosotros. ¿Pero dónde te gustaría establecerte? Digo, nunca he estado enamorado de Lima...

— Ya tenemos una casa.

— ¿Qué? ¿Te gustaría vivir ahí?

— ¡Por supuesto! —dice Kurt con una risa.— Ya está pagada y tiene nuestos mejores recuerdos. Mirándola en días pasados... pude vernos ahí. Pude ver a Libby en la calle aprendiendo a andar en bicicleta mientras tú lavas los autos y yo cultivo las flores del jardín. Puedo escucharlos a ambos en el piano mientras estoy en la cocina horneando galletas o al final del pasillo bocetando diseños... puedo vernos ahí siendo una familia, Blaine.
Además de que está cerca de tu papá, y ¿sabes qué? Mi papá estaba haciendo eco acerca de que él y Carole se mudarían a un lugar más pequeño. Ahora que se han retirado, podrían estar pensando en mudarse a Westerville para estar cerca también.

— Realmente has pensado en esto, ¿verdad?

— Lo he hecho, sí, —dice Kurt tímidamente.— Realmente creo que sería lo correcto para nosotros.

— Entonces hagámoslo.

— ¿En serio?

— Sí, —ríe Blaine.— ¿Por qué no? Me encanta la idea de estar más cerca de nuestros padres, y ya sabes, no me estoy volviendo más joven... Sería bueno si pudiéramos pasar más tiempo en casa juntos con Libby.

— ¡Oh Dios mío! —grita Kurt feliz.— ¡Voy a necesitar que te estaciones para que pueda besarte!

Blaine lo hace de buena gana, tomando el rostro de Kurt entre sus manos y besándolo profundamente en la boca.— ¿Quién le va a decir a tu papá? —pregunta.— ¿Puedo ser yo?

— Siempre y cuando yo pueda decirle al tuyo, —ríe Kurt.

— Tendrás que gritar.

— Está bien. Y por favor déjame estar presente cuando le digas a Wes.

— Va a llorar. Mierda, Kurt. ¡Vamos a hacerlo! ¡Regresaremos a Ohio!

. . .

En un soleado día de Septiembre, recién llegados de una triunfal gira con la Orquesta, seguidos por sus primeras vacaciones familiares en Hawaii y una semana antes del cumpleaños número cuarenta de Blaine, los Hummel-Anderson se estacionan en el camino de entrada de su nueva vieja casa. Todo el mundo está ahí para darles la bienvenida, todos los amigos y familia que son tan queridos para ellos, incluyendo a Olivia, la hija de Wes y Kathy de una semana de edad. Kurt sale del auto y recoge la caja que contiene a Martin, su gatito de tres meses de edad, y espera pacientemente a que Blaine tome de su asiento a Libby de seis meses de edad. Ella grita fuertemente ante la vista de todo el mundo esperando por ellos, y Kurt ríe mientras deja la caja del gatito en el suelo y besa su mejilla.

— Bueno, mi adorado viejito, —dice él, deslizando un brazo alrededor de la cintura de su amado esposo.— ¿Listo?

— Listo, —le sonríe Blaine sobre la cabeza de Libby, inclinándose para besar sus labios.— Te amo, mi niño precioso.

Libby presiona su carita entre ellos, riendo cuando ambos soplan ruidosos besos en cada una de sus mejillas.— Libby Darling, —dice Blaine con orgullo, cargándola en su cadera.— Bienvenida a casa.

... FIN ...