CAPÍTULO 49
Ya habían pasado dos meses desde la vuelta de las chicas de su viaje a París. Se podía decir, que aquel tiempo había sido de locos, sobre todo para Dianna. Había llegado el tiempo de los premios, de los reconocimientos en el mundo por el trabajo bien hecho y ambas podían estar contentas con los suyos. Lea por su disco, por el que fue nominada a cuatro premios Grammy, consiguiendo llevarse uno como mejor álbum vocal pop. Lea se emocionó por recibir aquel premio con su primer disco, algo que no pensaba que pasaría ni en sus mejores sueños y agradeció a los productores, sus fans, su familia y a ese amor misterioso por darle fuerza y motivarla día a día a seguir mejorando. Desafortunadamente, ese amor misterioso, Dianna, no pudo asistir a la gala, teniendo que conformarse con verla a través de la televisión totalmente orgullosa, emocionada y feliz por lo que acababa de conseguir la morena.
Por otro lado, estaban los premios de Dianna. Su interpretación en "Malavita" le había llevado a recibir nominaciones de todos los premios importantes como mejor actriz de reparto, tal y como se venía rumoreando desde su estreno. Oscar, Globo de Oro y SAG. Cuando en cada uno de los eventos para anunciar los candidatos a estos premios la nombraban, no terminaba de creérselo, no reaccionaba hasta pasados unos días, dándose cuenta entonces de la suerte que estaba teniendo, de todo lo que estaba consiguiendo.
Para suerte de Dianna, Lea pudo estar en la mayoría de estos premios. No como acompañante, estaba claro, pero si como personaje público, aprovechando aquellas invitaciones para presentar algún premio para estar cerca de una rubia muerta de nervios.
El único premio que pudo ganar Dianna fue el de los SAG. No lo esperaba. Aunque muchos vieran grandes posibilidades en ella, Dianna nunca pensó que pudiera llegar a ganar uno de esos premios, por lo que no llevarse el Oscar o el Globo de Oro, no supuso un mal trago, al contrario, lo disfrutó, lo saboreó y se emocionó como nunca. Por lo que sin poder evitar algunas lágrimas, subió al escenario para recibir su premio, otorgado por sus propios compañeros.
D: Esto es increíble. No sé ni que decir… - dijo cogiendo aire, respirando profundamente para empezar a hablar. - Cuando hice la película, sabía que me habían dado una oportunidad de oro, que tenía que aprovecharla y aprender de los grandes actores a los que acompaño en ella… No creo que me merezca este premio más que mis compañeras, pero agradezco infinitamente que hayáis valorado mi trabajo con este premio. No quiero ser aburrida, así que pasaré a agradecerle el premio al director, por tener paciencia conmigo en uno de los peores momentos de mi vida… - dijo con media sonrisa, recordando los meses que pasó en Francia llorando por Lea. – A todos y cada uno de mis compañeros por hacerme tan fácil el trabajo y ayudarme a crecer. A mis padres, a mi hermano y a todos mis amigos. – dijo derramando una lagrima. – Y este premio va sobre todo a ti, por estar conmigo siempre, por quererme como me quieres y por aguantar junto a mí. Te quiero, cariño. – dijo antes de abandonar el escenario, lanzando una breve mirada a Lea, haciéndole saber que aquella dedicatoria era para ella, para hacerle saber que en el momento más importante de su carrera, ella la llevaba en su pensamiento, como siempre.
En cuanto tuvo un momento para escaparse, Lea buscó a Dianna para poder darle un abrazo. Estaban rodeadas de cámaras, de fotógrafos, pero no le importaba, ya la habían visto llorar al ver a la rubia recoger el premio. No podían imaginar nada raro, eran compañeras, amigas para el resto del mundo y que se alegrara por ella y se emocionara era normal, igual que buscarla para felicitarla.
L: Eres la mejor. Estoy orgullosísima de ti… - susurró mientras la abrazaba con fuerza. – Te quiero. – dijo antes de separarse de ella, impidiendo que el abrazo se prolongara, buscando y encontrando la mirada de Dianna, que como la suya propia demostraba toda la felicidad que las llenaba en ese momento, con sus sonrisas iluminando aquel pasillo donde se encontraban.
D: Gracias… - dijo apenas sin voz.
L: Luego te veo. Quieren hacerte más entrevistas. Esta noche eres la estrella. – dijo guiñándole el ojo.
D: Aquí la única estrella eres tú. Mi estrella. – dijo antes de darle un rápido beso en la mejilla para alejarse de ella dirección a los periodistas, que ajenos a aquella conversación, esperaban ansiosos para preguntarle por sus impresiones y por supuesto, por aquel amor que acababa de confesar y el cual, era la primera noticia de la prensa. Ninguno consiguió nada. Dianna sabía salir del paso siendo amable, dejando su vida privada para ella, como siempre había hecho.
Después de esto, la rubia había tenido que viajar para seguir recogiendo algunos premios por Europa, llegando aquella misma mañana a su casa para poder tener una semana de descanso antes de empezar a rodar su próxima película. No era una superproducción. Era cine independiente, pero le había encantado la propuesta, quedando atrapada por el guión. Así que como no tenía nada que hacer hasta que empezara la promoción de Cincuenta Sombras, decidió comprometerse con el proyecto, que no duraría más de dos meses en Los Angeles.
Llevaba sin ver a Lea desde hacía diez días, pero no pudo verla al llegar, ya que a la morena le tocaba rodaje todo el día. La morena seguía incansable con Glee, pero empezando a buscar otros proyectos cinematográficos que pudiera compaginar con la serie. Ya había hecho algún casting y había salido contenta. Sentía que era momento de avanzar, de dejar de darle prioridad absoluta a Glee y enfocarse en otros proyectos.
La rubia decidió aprovechar que la morena trabajaba para arreglar su casa, para ponerse al día en algunos asuntos y para dormir. Lea se pasaría por su casa cuando terminara el rodaje, que según le había dicho sería algo tarde. Por lo que Dianna, recuperó todas las horas de sueño, se recuperó del cansancio de tanto viaje y después de darse un baño, cenó y dejó algo preparado para cuando llegara la morena.
El reencuentro entre ambas estuve lleno de besos, de miradas y sonrisas cómplices mientras la rubia acompañaba a Lea mientras cenaba. Era tarde, por lo que Dianna exigió a la morena que se quedara en su casa a dormir. No tardaron en irse a la cama, así como la rubia, no tardó en mostrar sus intenciones.
D: Te he echado mucho de menos, mi amor… - dijo llegando a la cama y tomando posición sobre una Lea que se encontraba tumbada boca arriba con una sonrisa.
L: Y yo a ti. – dijo dándole un beso cuando la tuvo a su altura. – Pero has estado recogiendo muchos premios por Europa…
D: No te cambio por ningún premio. – dijo volviendo a besarla, dibujando una sonrisa en el rostro de la morena.
L: Seguro que por el SAG sí que me cambias…
D: No, tampoco. Por ninguno. Tú eres mucho mejor que todo eso. – dijo besándola con más intensidad, pidiendo permiso a Lea para recorrer cada centímetro de su boca con la ayuda de su lengua, permiso que fue concedido sin ningún problema.
Estuvieron minutos besándose, subiendo la temperatura de la habitación, perdiendo la noción del tiempo. Dianna tomó el control, despojando a Lea de la simple camiseta que iba a utilizar para dormir, dejándola únicamente con sus braguitas. Bajó sus besos hasta su cuello, por su clavícula, entreteniéndose en sus pechos, esmerándose en su pelvis y dejando el rastro de su lengua por su abdomen.
La rubia no levantaba la cabeza, estaba totalmente concentrada en darle placer a su novia, así que siguió su camino hasta llegar al sitio que buscaba. Ni siquiera se molestó en quitar la prenda que se interponía entre ellas. La echó a un lado con sus dedos y dejó un besó en el centro de la morena. Dianna sin pensarlo dos veces pasó su lengua por aquel lugar, deleitándose con su novia, pero algo la desconcentró.
De pronto, escuchó la respiración de Lea algo pesada y con el ceño fruncido, levantó la cabeza para confirmar sus pensamientos.
D: ¡Lea! – dijo cuando la vio con los ojos cerrados. - ¡Te has quedado dormida! – dijo indignada mientras sacaba a su novia de esa pequeña ensoñación. – No me lo puedo creer. – dijo dándole un pequeño golpe en un muslo.
L: ¿Qué? – preguntó intentando mantenerse despierta.
D: ¿Qué? – exclamó incrédula. – Lea te has quedado dormida mientras estábamos haciendo el amor. – dijo viendo como la morena volvía a cerrar los ojos y esta vez se daba la vuelta, quedando de lado aun con Dianna apoyando sus piernas a cada lado de las suyas. – No te duermas. – exigió la rubia.
L: Estoy cansada, Di…
D: ¿Y qué? Mañana no trabajas y… Y no me puedes dejar así, Lea. – dijo negando con la cabeza. – Vamos, espabila. – dijo meneándola suavemente por el hombro, haciendo que Lea chasqueara la lengua por tanta interrupción en su sueño.
L: Cariño, tú estás muy descansada por que no has hecho nada en todo el día, pero yo no puedo con mi vida. Déjame dormir. – le pidió.
D: No me lo puedo creer… - dijo negando con su cabeza, echándose a un lado y poniéndose de rodillas en la cama. – Muy bien, pues si no quieres tema, vete a dormir al sofá. – dijo muy seria. – Si tienes tanto sueño no te molestará.
L: No voy a irme al sofá. Si quieres dormimos dándonos el culo o te vas tú, pero yo no me voy. – dijo mientras se rendía a Morfeo, notando su voz y sus movimientos con la boca demasiado lentos. – Ahora déjame ya, por favor.
Fue lo último que dijo, dejando a una Dianna enfadada al otro lado de la cama, con los brazos cruzados y la espalda apoyada en el cabecero, mirándola de reojo por si aquello era una broma. Parecía una niña pequeña a la que le quitan su caramelo, dándole vueltas a lo que acababa de pasar. Nunca le había pasado aquello. ¿Cómo era posible que Lea se quedara dormida mientras le hacía el amor?
D: Lea… - la llamó en un susurro, pero al no obtener respuesta volvió a probar algo más fuerte. – Lea.
L: ¿Qué? – dijo alargando la pregunta con tono cansado.
D: Yo… ¿Yo te excito? ¿Tú… disfrutas cuando lo hacemos? – preguntó mirando preocupada la espalda de su novia, aprovechando que se encontraba en una posición más alta para observar su reacción, que no fue otra que abrir los ojos aun de espaldas a ella y sonreír.
L: ¿Cómo? – preguntó girándose, aguantando la carcajada.
D: Pues eso…
L: ¿Por qué me preguntas esto? – preguntó divertida.
D: Creo que es normal… Lea te has quedado dormida mientras yo estaba toda entusiasmada en el tema. Algo tengo que estar haciendo mal cuando llevamos diez días sin vernos y tú no tienes ganas…
L: Di… - dijo mirándola a los ojos, pero no pudo continuar porque no pudo reprimir más la risa, haciendo que la rubia se molestase todavía más.
D: No tiene gracia.
L: Para mi si, lo siento. – dijo conteniéndose. – Es absurdo lo que me preguntas, cariño. Claro que disfruto y que me excitas, creo que te lo demuestro cada vez que tengo ocasión. – dijo de forma tierna, rodeando la cintura de la rubia con su brazo.
D: Pero ahora…
L: Estoy cansada, Di, muchísimo, por eso me he quedado dormida. Lo siento, de verdad, pero no te preocupes y no le des más vueltas al tema. – dijo dándole un beso en su brazo. – Ahora en serio, déjame dormir de una vez. – dijo al tiempo que se giraba para volver a darle la espalda y quedarse dormida, esta vez profundamente y con una sonrisa en su cara, pensando en lo adorable que era su novia.
En cambio Dianna, tardó varios minutos en dormirse, sin creerse del todo las palabras de Lea. Aquello le había tocado el orgullo. Cuando finalmente se durmió, lo hizo dándole el culo a la morena, tal y como había dicho Lea, cosa que cuando a la mañana siguiente la morena despertó y la vio en esa posición, no pudo evitar negar con la cabeza mientras sonreía por la actitud de su novia, decidiendo levantarse a por su preciado café después de dejar un beso en su cabeza.
Aquel día había amanecido lluvioso, por lo que decidieron pasar el día en la casa. Dianna no hizo referencia a la noche anterior en ningún momento, actuaba normal con la morena, que más de una vez, había intentado acabar lo que se quedó a medias la noche anterior. Pero la rubia huía en cuanto el ambiente se caldeaba. Lo hacía únicamente por diversión, por no darle el gusto a Lea. Una pequeña venganza que Lea se tomaba con humor.
Había llegado la tarde a Los Angeles. Dentro de la casa de la rubia, las cosas estaban tranquilas. Dianna después de ver una película junto a Lea, había optado por continuar con el libro que leía en aquel instante, mientras que Lea, aburrida, se dedicaba a ver la tele, mirar su móvil y saltarse la comida sana comiendo galletas y untándolas con crema de cacao, todo esto, con su cabeza en las piernas de la rubia.
L: Di… deja ya el libro. – se quejó como una niña. – No me haces caso.
D: Mira, como tu anoche… - dijo con una sonrisa, sin apartar la mirada del libro.
L: Vamos a hacer algo, me estoy aburriendo. – dijo levantándose para quedar sentada pegada a Dianna. – Cuéntame algo o pon otra película, no sé… - dijo sin obtener ninguna respuesta.
El siguiente paso de Lea fue rápido, borrando la sonrisa de Dianna en un segundo, justo lo que tardó en pasar su dedo por la mejilla de la rubia para llenarla de chocolate para acto seguido, retirarlo de allí con su propia lengua. Dianna la miró sorprendida, mientras ella con una sonrisa se hacia la inocente.
D: Eres una cochina, ¿lo sabes? – preguntó enarcando una ceja.
L: No sé de qué me hablas…
D: ¿Ah, no? Veo que tienes ganas de jugar… Vamos a ver si te devuelvo la memoria. – dijo empezando a mostrar una sonrisa maliciosa.
Lea sabía lo que venía. La conocía, así que en cuanto vio aquella sonrisa se levantó del sofá y empezó a correr por todo el salón seguida de Dianna, que hábilmente había manchado sus dedos de crema de cacao con un objetivo claro, Lea.
Rodearon una mesa, rodearon otra, entraron y salieron de la cocina y justo cuando Lea huía por el pasillo para encerrarse en la habitación, la rubia la capturó por atrás, consiguiendo unos grititos divertidos de Lea acompañados por esa risa tan escandalosa y que tanto adoraba.
Con una sonrisa consiguió tumbarla en la cama, quedando ella encima a horcajadas, sujetando con una mano las de la morena, mientras con la otra, llenaba de chocolate toda la cara de Lea, la cual no dejaba de moverla hacia los lados.
L: ¡Di! – se quejó entre risas, las mismas risas que invadían a Dianna viendo a su novia manchada.
D: ¿Vas haciendo memoria de lo que has hecho? – preguntó mientras seguía restregando el chocolate.
L: Si, lo siento, cariño. No lo volveré a hacer, pero para, por favor, estoy pegajosa. – dijo con cara de asco.
D: ¿Estás pegajosa? – dijo acercando su cara a la suya. – Vamos a quitar el chocolate ¿no?
Lea asintió a las palabras de la rubia, intentando levantarse de la cama, pero Dianna se lo impidió. La miró a los ojos y con una mirada intensa, se acercó a ella, lamiendo parte de la mejilla que estaba manchada de aquel dulce.
D: Mmm… El chocolate está delicioso. – dijo separándose unos centímetros para volver a mirarla, viendo a una Lea que ya no jugaba, al menos no al juego que ella había empezado. Aquel que estaba por empezar era más interesante y se lo hizo saber cuándo tragó saliva con dificultad, provocando una sonrisa traviesa en Dianna. – Creo que voy a comer un poco más…
Efectivamente, Dianna siguió recorriendo la cara de Lea con toda la tranquilidad del mundo, poniendo cada vez más nerviosa a la morena, que cuando llegó a la comisura de sus labios, creyó morir, confirmándolo instantes después, cuando la rubia de la forma más sensual que había visto nunca, recorrió sus labios con su lengua.
No podía más. Sin ningún cuidado, Lea besó con desesperación a Dianna, atrapando su lengua con su boca, recorriendo cada recoveco de la boca de la rubia y sin permitir un milímetro de separación, manteniéndola pegada a ella sujetando su cuello entre sus manos. Ese juego había encendido la mecha en la morena, que con un impulso de su cuerpo, hizo que cambiaran las tornas y las reglas del juego, quedando ella encima de Dianna.
L: Dices que no me excitas, pero eres capaz de ponerme taquicárdica con un beso… - dijo pasando a besar su cuello. – Ahora te voy a demostrar cuanto puedes llegar a ponerme, Lady Di. – susurró en su oído de forma insinuante antes de morderle el lóbulo, consiguiendo el primer jadeo en la rubia.
Dianna no dijo nada. Aunque hubiese querido, no podía. Estaba demasiado ocupada disfrutando de las caricias y besos de su novia, que ya había conseguido dejarla a ella únicamente con la parte inferior de la ropa interior, mientras que la morena mantenía toda su ropa interior, recorriendo el cuerpo de Dianna que disfrutaba de la boca de la morena en su pecho, jugueteando con sus pezones, volviéndola loca por momentos.
Los besos bajaban. Lea lamía el contorno del ombligo de la rubia, que arqueaba la espalda, buscando un mayor contacto con su novia, que ya hacía descender su mano peligrosamente. Acarició su entrepierna por encima de sus braguitas, notando a través de estas la humedad de Dianna. Sonreía satisfecha por estar en igualdad de condiciones.
Sin pensarlo mucho más, las despojó de la ropa que quedaba en ellas y poco a poco, con sumo cuidado y dulzura, se abrió hueco entre las piernas de Dianna, mirándola a los ojos y conectándolas a las dos, dejando ambas escapar un gemido.
Se sentía tan bien… Aquel balanceo entre las dos, aquel movimiento que se confundía con un baile. Las manos de Lea a ambos lados de la cara de Dianna, las de la rubia repartidas entre su trasero y su espalda, pegándola más a ella, queriendo sentirla en su totalidad. Los besos iban y venían, en sus bocas, en el pecho de la morena, provocándolas más.
L: Espero que no vuelvas a dudar nunca, que eres la única que me inspira para esto…
D: Te quiero… - dijo recibiendo un beso de la morena en su frente e inmediatamente, Lea aumento el ritmo de las embestidas, del balanceo, del movimiento de sus caderas que eran ayudadas en un suspiro por Dianna, ansiosa al igual que ella por llegar al tan esperado orgasmo.
El sudor empezaba a invadirlas, los jadeos y los gemidos cada vez más audibles envolvían la habitación y las sabanas intentaban sobrevivir a aquella guerra entre los dos cuerpos.
Tensión y relajación total, desde sus pies hasta su cabeza al mismo tiempo, mirándose a la cara, reflejando su amor y su admiración en ellas. No había nada mejor que aquello. Eran únicas en la cama, se entendían a la perfección y disfrutaban como nunca antes lo habían hecho. Lea, echada sobre Dianna mientras intentaba recuperar el ritmo cardiaco, lo sabía, y la rubia, acariciando la espalda de la morena buscando la tranquilidad, también lo sabía, estaban hechas la una para la otra en todos y cada uno de los aspectos de sus vidas.
