53- Cadena
Fox deja que abandone su garganta un suave gemido gutural enredando los dedos entre los del faisán. Sus ojos entrecerrados adivinan entre la penumbra a su amante cuya espalda se arquea ante el inherente placer del acto de hacer el amor, preocupado de que el hombre bajo él que se retuerce abrazándolo con un solo brazo que le queda libre se sienta como si estuviera volando sin la necesidad de un pájaro de metal.
Fuera de aquellas mantas hace frío y hay dolor y odio, pero una vez se han dado el primer beso, la primera caricia, todo entonces está bien en su refugio de amor.
-Ah... Fox...
Sus dedos se deslizan entonces entre sus plumas acariciando su piel sensible, aquel cuello fuerte y la cadena que cae por su pecho y que Fox aprovecha para atraerlo hacia él y robarle un beso largo.
-Te amo, te amo tanto...
El faisán se acerca más a él intentando salvar la escasa distancia entre sus pechos, dejando que sus manos acaricien los musculados brazos que insisten en rodearlo.
-Para, Falco. No puedo más.
Aunque al momento de decirlo su cuerpo lo aprieta, las piernas a sus caderas, los brazos a su espalda, y el dulce gemido de Fox hace eco en la estancia mientras Falco intenta todavía que él sienta algo más de placer.
-F-Falco...
-Déjate llevar...
Durante unos segundos se siente deshacerse como si fuera una nube mecida en el aire caliente que es su cuerpo.
-Falco... Nnn...
El faisán acuesta a su amado de nuevo, tímido todavía entre sus brazos como ninguno. El frío de aquellas chapas identificadoras en sus pechos viaja por su cuerpo y se deja estar allí, protegiéndolo con sus alas de todos los que una vez hayan querido hacerle daño.
-Falco...
Pasan largos minutos en silencio, entre beso y beso, caricia y caricia. El zorro se deja tratando de recuperar el aire que él le ha quitado con su cuerpo. El dulce calor de Falco lo adormece, aún así acaricia su espalda con mimo legando a veces a sus glúteos y sus caderas tan cerca de las suyas propias. Por un momento Fox siente que de verdad son uno como todos los amantes insisten cuando hacen el amor, solo que para todos ellos estos son inmorales, por eso la pareja furtiva se da amor a las altas horas de la madrugada, cuando Corneria duerme y las estrellas no los juzgan.
-...Tengo que irme.
-No lo hagas. Quédate.
-Fox... Sabes que nada me gustaría más, pero-
-Arriesguémonos, Falco. ¿A caso no estás cansado de esconderte?
El zorro deja a su mano acariciar la cadena en el pecho de Falco. Las placas identificadoras están frías todavía a pesar de sus abrazos y caricias y siente sus ojos azules amedrentados. Han sido tantas las ocasiones en las que han estado a punto de ser descubiertos que el simple hecho de dormir con él después de amarlo durante la noche, algo que ansía desde hace tanto tiempo, hace que su cuerpo tiemble una vez más ante las posibles represalias a su amor. Es tanto el odio ahí fuera que hay días que preferiría haber nacido de otra manera para no morirse al ver aquellos ojos verdes brillando en la oscuridad y sentir que quiere ser uno con él.
Su cuerpo, rígido, se deja acostar. Vivir en este momento parece una decisión arriesgada. Sería tan simple para todos aquellos, hacer el amor y dormir abrazado a la persona a la que amas sin tener que preocuparse de no ser oído, de esconderse para tener un gesto de cariño, de que a la mañana siguiente todos aquellos que los miran parezcan saber que están haciendo algo tan inmoral que se sienten morir por la dureza con la que son juzgados.
Las manos calientes de Fox acarician su espalda y calman sus pensamientos. Ser un guerrero valiente quiere decir afrontar los miedos. Quizá no sea tan malo que todos sepan que lo ama y que se siente orgulloso de él, y que que esas manos lo acaricien mientras lo besa es la sensación más digna de la que ha podido sentirse parte nunca. Quizá no sea tan malo que todos lo sepan y ser los primeros en librar una guerra en la que todos luchan contra ellos y esconden las manos con las que tiran piedras sin que se defiendan, pensando que se merecen el castigo a un delito que todos ellos también han cometido el cual es amar a aquel ser más importante en sus vidas.
Falco rodea con sus alas a su amado. Las sábanas de Fox son más suaves todavía de lo que nunca hubiera llegado a reparar antes, y hoy puede disfrutar con algo más de calma de su calor. La suavidad de su pelaje hace que sus plumas resbalen con dulzura en aquel su cuerpo menudo y bien torneado. Su amado le parece hoy, si no un ángel, el maná caído del cielo.
